Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

lunes, 23 de enero de 2023

PELÍCULAS Y RECUERDOS

ANKA ZHURAVLEVA  

Mi entorno ha sido siempre urbano y mi mentalidad y forma de vida también lo es, siempre ha habido algo en los ambientes rurales que me ha resultado asfixiante y que me ha generado alarma y desconfianza. Los espacios pequeños, con poca población y cuyos habitantes se conocen todos, nunca me han resultado atrayentes.

Esta pequeña reflexión tiene su origen en la película «As Bestas» que he visto estos días de enero en el cine, pero está presente también la película «Alcarrás» que vi en casa, pero no pude acabar.

Pero hay algo más, recordé un suceso que ha podido influir en esas sensaciones que he descrito y que afloraron al ver «Alcarrás», un pueblo de casi diez mil habitantes de la provincia de Lérida que poco tiene que ver con la diminuta aldea gallega que aparece en «As Bestas» aunque ambos encajan en esa denominación de zona rural. Curiosamente en ambos casos es la propuesta de instalar energía alternativa con un hipotético beneficio económico (placas solares en Alcarrás y molinos eólicos en la aldea gallega) la que desencadena problemas entre las familias y entre el vecindario.

Mientras estaba viendo «Alcarrás», una sensación desagradable fue creciendo más y más: ese pueblo, su vecindario, sus formas de vida aparentemente armoniosas me recordaba otro pueblo muy cercano, Almacellas. Un suceso personal, cual magdalena de Proust en forma cinematográfica, me obligó  a dejar de ver la película.

Cuando tenía 18 años fui a ese pueblo a recoger fruta para ganar un dinero y afrontar el curso siguiente. La idea parecía buena porque tenía una amiga que era de ese pueblo y podía estar en su casa con lo que podía evitar gastos y además estar con ella. Los buenos planes se convirtieron en malos porque en una casa que consideraba segura sufrí un intento de violación muy serio y del que escapé por los pelos.

Pocas personas conocen ese suceso y jamás pensé que escribiría sobre él. Dejé la película a medias con muy mal sabor de boca y muy agobiada y, de nuevo, arrinconé ese recuerdo en el «cajón» de la memoria. Sin embargo, la película «As Bestas», que he visto hace unos días, me volvió a situar en el entorno rural y la historia relatada se acercaba más y más a mi mal recuerdo. Las sensaciones de asfixia y desconfianza que, ahora hice consciente, tenían más que ver con mi experiencia personal que con el entorno rural, aunque es probable que nunca los pueda deslindar.

La revelación personal que ambas películas me han despertado ha permitido hacerme entender que algo aparentemente olvidado no se ha disuelto, sigue en mi memoria. Las mujeres no solemos hablar de las agresiones que hemos sufrido, las guardamos como si no hubieran sucedido, pero están ahí, ya que un recuerdo se hace, se deshace y, a veces como en este caso, se rehace.

Ambas películas están recibiendo buenas críticas y premios, pero como habréis descubierto este texto no pretende hacer una reseña o crítica cinematográfica. Esta reflexión, ahora entiendo que tardía, me interpela como mujer, me confirma cómo silenciamos las agresiones y los abusos. ¿Qué hace que las callemos, las ocultemos, las olvidemos? Estaría bien intentar buscar respuestas y compartirlas colectivamente como ya hacen algunas mujeres dentro de los feminismos o en grupos de afinidad o amistad.

 Laura Vicente

viernes, 13 de enero de 2023

PERSPECTIVAS SOBRE LOS ANARQUISMOS II

 



Tomando como pretexto el libro de Tomás IbáñezAnarquismos en perspectiva. Conjugando el pensamiento libertario para disputar el presente, el autor nos convocó para establecer un diálogo en torno a tres cuestiones de carácter bastante general sobre las cuales intervendríamos unos cinco minutos.

La segunda pregunta fue: 

2ª Nuestra visión del futuro inmediato de los anarquismos, por dónde  pueden ir las cosas en los próximos años

Creo que el futuro plantea unos retos considerables a cualquier opción transformadora y que los anarquismos actuales no están a al altura de esos retos si no se producen cambios radicales y solucionan los problemas, desajustes e insuficiencias señalados en la anterior pregunta.

Comparto con George Woodcook, en su libro El anarquismo, que los anarquismos no dependen de ninguna organización estable y me gustaría creer en su magnífica metáfora de que los anarquismos pueden florecer cuando las circunstancias le sean favorables, para volver, como planta del desierto, a adormecerse durante temporadas  e incluso años, esperando las lluvias que les hagan retoñar.

¿Cuáles son las circunstancias previsibles de cara al futuro?

De hecho, estas circunstancias ya existen en la actualidad y sintetizo en los siguientes aspectos:

1º Un capitalismo caótico y suicida en busca de beneficios inmediatos y que ha colonizado el mundo.

2º Una sociedad conformista e individualista que opone poca resistencia a la dominación y a los ensayos de control social (un buen ejemplo ha sido la pandemia de covid).

3º Sin ser colapsista, el cambio climático que parece irreversible con las consecuencias que conlleva de extensión de la pobreza en el mundo.

4º Auge de la extrema derecha y los nacionalismos.

¿Los anarquismos pueden florecer en estas circunstancias?



martes, 3 de enero de 2023

LA GUERRA DE UCRANIA Y LA IDEOLOGÍA DE IZQUIERDAS

  



Me ha costado mucho decidirme a escribir sobre el tema de la guerra en Ucrania y la actitud de la izquierda, incluidos sectores libertarios, hacia este conflicto bélico (no caeré en el justificante ideológico de decir «guerras» cuando quiero decir guerra en Ucrania). Asumo el riesgo que conlleva esta reflexión a contracorriente, busco el debate y el intercambio de pareceres.

No voy a adentrarme en un análisis geoestratégico, ni en cifras sobre armamento de los contendientes y sus respectivos apoyos, ni voy a recordar lo que acordó Rusia con Ucrania en 1990 sobre las armas nucleares en territorio ucraniano, mucho menos si Ucrania tiene identidad para constituirse como Estado-nación o es  solo la periferia de Rusia siendo la cuna de este Estado desde la Edad Media en el contexto del Kievan Rus (Estado eslavo oriental).

Mi interés no es analizar el conflicto desde esta perspectiva, entre otras cuestiones porque no conozco el tema lo suficiente para adentrarme con solvencia en sus intrincadas conexiones con las grandes potencias de principios del siglo XXI. Mi reflexión va por otros caminos puesto que me interesa entender porque la izquierda no se ha movilizado contra la invasión y guerra de Ucrania como si lo hizo, por ejemplo, contra la invasión y guerra de Irak en 2003.

En aquellas movilizaciones contra la guerra de Irak, en las que participé activamente, se nombraba la guerra en singular y, por supuesto, había otras guerras en el mundo en aquel momento. En aquella ocasión teníamos claro quién era el agresor (Estados Unidos y sus aliados entre los que se encontraba España) y quién el agredido (Irak). En las manifestaciones, además, se coreaban gritos de asesinos al «trio de las Azores» (Blair, Bush y Aznar). De hecho, la respuesta fue tan ágil que ya existían plataformas en contra de «la guerra» antes de producirse la invasión, las cuales convocaron una manifestación en todas las grandes ciudades para la tarde del día en que comenzara la invasión, sea cual fuere. Por último, se estima que en España se manifestaron entre ocho y once millones de personas.

La actitud de la izquierda ante la guerra de Ucrania ha sido muy diferente (también es cierto que en 2003 gobernaba el PP, mientras que en 2022 gobierna la coalición PSOE/UP). Parece que Ucrania no es un país defendible porque, por poner un ejemplo, hay nazis (algo que sorprendentemente se asume de la propaganda rusa para justificar la agresión a Ucrania, olvidando qué fuerzas políticas europeas y de algunos países americanos reciben y dan su apoyo a Putin). Incluso, no queda claro que sea un país agredido porque la guerra es entre dos bloques y los perdedores se darán en los dos países que se enfrentan (como si Ucrania no estuviera enfrentada a la segunda potencia militar del mundo). No he visto manifestaciones gritando asesino a Putin, aunque en realidad es que no ha habido manifestaciones, ni plataformas contra la guerra de Ucrania, así que las protestas no han movilizado sino a unos miles de personas, mayoritariamente ucranianas y sobre todo en los primeros días de la guerra.

La ideología, entendida como doctrina que pretende que la explicación de todo es una fórmula única, desarraiga de la realidad y entorpece la labor de «escucha» de esta, algo que debería ser obligado entre libertarios/as. Sin embargo, está primando la «no-escucha» de la realidad y se están trazando las pautas de cómo se quiere que sea, y cómo se quiere ordenar para hacerla cuadrar con el proyecto ideológico. Una pirueta que se sostiene solo desde la coherencia interna del discurso pero que no soporta el testimonio de quienes lo están viviendo. En definitiva, la izquierda (incluida una parte de la libertaria) parte de la ideología para construir los hechos y no que sean las ideas las que broten de los hechos.

¿Cómo podemos obviar algunas realidades patentes? La segunda potencia mundial en armamento, Rusia, fue quien decidió en febrero de 2022 agredir e invadir a Ucrania, un país muy inferior desde el punto de vista militar. Rusia justifica la invasión porque dice combatir el fascismo tocando la fibra emocional de la población exsoviética que fue educada en el recuerdo de la «Gran Guerra Patria». Tras unos meses en los que Ucrania, con la ayuda de países europeos y de la OTAN, ha impedido una victoria rápida de Rusia, esta se está centrando en destruir las infraestructuras energéticas de Ucrania con el único objetivo de socavar la resistencia de la población civil ucraniana ante el largo invierno que ya ha empezado.

Convendría centrarse en quienes son las víctimas principales de esta guerra: éxodo de población desde el inicio de la guerra, la totalidad de las muertes (igualmente de personas heridas y desaparecidas) de civiles, la destrucción de viviendas y de lugares de trabajo, la falta de alimentos y de electricidad para afrontar el frío, la amenaza permanente de bombardeos sobre ciudades sin ningún interés militar y tantos otros efectos de la guerra provocada por Rusia, sobre población civil.  Nada de esto sucede en Rusia.

Resulta sorprendente el impulso de una bienintencionada izquierda por aplastar toda sensibilidad, por vaciar el corazón ante el sufrimiento de la población civil ucraniana escudándose en la ideología. Sin embargo, «el corazón es la sede de la participación en el mundo, de la disposición a ser afectado por él y afectarlo a su vez»[1]. Recuperemos la capacidad de acción o de «afectar» y «ser afectada» a partir de la facultad de percibir a la otra persona y de entrar en relaciones comunes con los otros seres humanos, algo que desde mi parecer forma parte de la idiosincrasia anarquista y libertaria.

A partir de esa labor de «escucha» y arraigo a la realidad con la sensibilidad hacia las víctimas y las personas vulnerables, podremos además hablar de geoestrategia, de bloques, de posibilidades de encarar las guerras desde el antimilitarismo y el antimperialismo, etc., cuestiones, por otro lado, que no dependen de la coyuntura de una guerra y que son luchas permanentes.



[1] Manifiesto conspiracionista. Logroño: Pepitas de Calabaza, 2022, p. 19.

viernes, 23 de diciembre de 2022

PERSPECTIVAS SOBRE LOS ANARQUISMOS I




Tomando como pretexto el libro de Tomás Ibáñez: Anarquismos en perspectiva. Conjugando el pensamiento libertario para disputar el presente, el autor nos convocó para establecer un diálogo en torno a tres cuestiones de carácter bastante general sobre las cuales intervendríamos unos cinco minutos.

Voy a recoger mi participación en el acto empezando por la primera pregunta: 

1ª Nuestra valoración de los problemas, desajustes o insuficiencias de los anarquismos en el momento actual.

DOS PROBLEMAS:
--Los enfrentamientos dentro del ámbito libertario, de por sí de reducidas dimensiones, que limitan su capacidad de agencia. Es cierto que, a veces, los grupos pequeños, sin afán de poder institucional, pueden convertirse en semilleros de ideas nuevas que se gestan en los márgenes políticos. No percibo ese pensamiento nuevo.

--Seguimos entendiendo (o teniendo en el imaginario) la revolución como revolución modelizada, es decir, como movimiento histórico conducido hacia un objetivo final previamente diseñado. Esta concepción implica pensar la revolución como un desplomamiento de la realidad, que interesa a casi toda la humanidad y que se inicia con lo que llamamos "la gran noche". La revolución debería salir de ese modelo clásico.

DOS DESAJUSTES:

--El pasado "glorioso" (especialmente 1936-1938) se ha convertido en una pesada losa que ha construido un corpus de pensamiento y acción que se fundamenta en una transmisión intencional de una generación a otra siguiendo la línea de progreso que marca la Modernidad. Esta concepción obliga a una relación constante de los anarquismos actuales con los del pasado (convertido en dogma, en doctrina inamovible). La historia no es una línea de causalidad, sino una acumulación de acontecimientos y factores dispersos, con errores, desviaciones, fracasos y múltiples contradicciones que van acumulando experiencias y saberes cuyo desarrollo es imprevisible.

--El hecho de que el modelo organizativo que se impone dentro del movimiento libertario actual sea el sindicalismo, eterniza la idea de que el sujeto de las transformaciones sociales es la clase obrera. El resto de sujetos encajan mal en el sindicalismo.

UNA INSUFICIENCIA

La escasa base teórica actualizada y adaptada al s. XXI. Comparto con Tomás Ibáñez o con David Graeber, que los anarquismos son más una actitud que un cuerpo teórico. Pero considero necesario también esa base teórica que hoy es insuficiente.

martes, 13 de diciembre de 2022

GENERISMO DE ESTADO

 

Bastien Lecouffe-Deharme 

No es mi intención intervenir en la polémica que está copando espacios en los medios de comunicación estos días de noviembre: me refiero a la reducción de penas para algunos agresores sexuales como consecuencia de la entrada en vigor el mes pasado de la conocida como «Ley del solo sí es sí». La Ley impulsada por Irene Montero desde el Ministerio de Igualdad ha propiciado estos días silencios y comentarios diversos dentro y fuera del Gobierno de coalición y declaraciones de la titular de Igualdad en el sentido de que había jueces que «estaban incumpliendo la ley por machismo».

Sorprende que Montero diga algo tan obvio como que los jueces y las juezas desprenden machismo (sí, las juezas también). El problema no es solo la judicatura sino el conjunto del Estado, en el que ella como ministra y su partido están integrados, y que está impregnado de generismo. Para entender lo ocurrido con esta ley, y otras muchas, hay que poner en el centro del debate la norma heterosexual como régimen político y económico que da pie a la división sexual del trabajo y a su vez origina las desigualdades estructurales entre los géneros que están atravesados por especificidades de raza/etnia, clase, disidencia sexual, etc.

Por tanto, hablamos de masculinismo[1] o generismo del Estado porque éste tiene unas características que dan significado, sancionan, sostienen y representan el poder masculino como forma de dominación. Esta dominación se expresa en la judicatura, y en cualquier otra institución del Estado, como el poder que tiene de establecer la descripción y la dirección del mundo en manos de los hombres.

La demanda de protección para las mujeres realizada por el lobby político del feminismo institucional hacia el Estado es un contrasentido si no se cuestiona su masculinidad, por ello el Estado es un instrumento esencialmente problemático para llevar a cabo un cambio político feminista. Los tratos con el Estado conllevan un alto precio a cambio de la protección política institucionalizada que implica siempre un grado de dependencia y un compromiso de actuación dentro del marco de normas dictadas por el protector. Cualquier agujero impensado puede ser aprovechado, además, para poner en cuestión la ley más protectora que una ministra pueda pensar.

A lo largo de la historia, la idea de que las mujeres necesitan la protección de y por parte de los hombres ha sido fundamental a la hora de legitimar la exclusión de las mujeres de ciertos ámbitos de trato y su confinamiento en otros. Así mismo, la vinculación de la «feminidad» con razas y clases privilegiadas pueden acabar convirtiendo las normas protectoras en marcas y vehículos de esas mismas divisiones entre las mujeres beneficiando a las privilegiadas e intensificando la vulnerabilidad y la degradación de aquellas que han quedado en el lado de la intemperie (mujeres pobres, racializadas, disidentes sexuales, etc.)

El poder del Estado es, por tanto, un conjunto inconexo y heterogéneo de relaciones de poder y un vehículo masivo de dominación y, por ello, está problemáticamente determinado por el género. El feminismo anarquista debe plantearse estas consideraciones y partir de una repolitización crítica en contraofensiva al generismo y masculinismo del Estado así como al lobby político del feminismo institucional, en el cual, mal que le pese, está Irene Montero y Unidas Podemos.

 



[1] De «masculinismo» habla Wendy Brown en su libro: Estados del agravio. Poder y libertad en la modernidad tardía y de «generismo» habla Sayak Valencia en «Trans-feminismos, necropolítica y política postmortem en las economías sexuales de la muerte». Ambas lecturas son clarificadoras del papel del Estado en las luchas feministas.

 

sábado, 3 de diciembre de 2022

¿Hasta qué punto el pensamiento revolucionario de Emma Goldman influye en Mujeres Libres?

 


Esta fue una de las preguntas que me hice en el curso y que traté   contestar (aquí solo queda recogida la reflexión final).

Desde luego, Emma G. es considerada por las redactoras de la revista Mujeres Libres como un referente,  su admiración hacia ella es patente en las cartas que Mercedes Comaposada le escribe en nombre de la revista.  Quieren que escriba porque eso eleva el prestigio de la revista y, por ello, podemos deducir que, al menos  algunas mujeres, conocen su pensamiento y les sirve como fuente de inspiración.

AGUSTÍN COMOTTO

No es que Emma Goldman esté influyendo directamente en estas mujeres, en el feminismo anarquista de Mujeres Libres, pero es indudable que hay un saber acumulado y hay mujeres que conocen y leen a Emma Goldman. La revolución feminista y anarquista es un episodio breve (dos años y medio) que tiene mucho de accidental y de contingente (nada anuncia que pudiera ocurrir) y que aporta una capa más que se acumula en la historia. Una historia más discontinua y contradictoria de lo que estamos dispuestas a aceptar por la visión lineal y de progreso en que nos ha educado la modernidad. Pero ese es el rico legado genealógico del que hoy disponemos, no lo ignoremos en estos tiempos de incertidumbre que nos ha tocado vivir.

 

miércoles, 23 de noviembre de 2022

LAS VISITAS DE EMMA GOLDMAN A ESPAÑA DURANTE LA GUERRA CIVIL

 El día 20 de octubre participé en el curso organizado por Nociones Comunes en Madrid: 

EMMA GOLDMAN Y EL FEMINISMO ANARQUISTA

La sesión que impartí se titulaba: 

EMMA GOLDMAN EN ESPAÑA. LA GUERRA, LA REVOLUCIÓN Y LA EXPERIENCIA DE MUJERES LIBRES

De esta sesión reproduzco solo un apartado que hace referencia a las visitas que hizo Goldman a España para conocer y ayudar a la Revolución que se produjo en España a partir del 19 de julio de 1936




Cuando estalla la Guerra Civil española, Goldman acaba de vivir la muerte por suicidio de su compañero de vida, Alexander Berkman (junio de 1936). El mundo se detiene para ella. Pero el estallido de la Revolución el 19 de julio, pone en marcha, de nuevo, sus ganas de vivir. Viene a conocer y a vivir la Revolución con su mirada entusiasta y crítica a la vez, puesto que viene de otra gran ilusión defraudada en Rusia y no se fía de las apariencias.

Sus cartas recogen su apasionada implicación, su empatía con la revolución y con la suerte de los y las anarquistas, sintiéndose parte de ella y utilizando enseguida el «nosotros»

cuando habla de ella. Dolores de cabeza, insomnios, preocupación por las amenazas internas y externas que percibe, se sienten latiendo en sus cartas[1].

Visita España en tres ocasiones, siempre a finales de verano y otoño (septiembre a noviembre o diciembre de 1936, 1937 y 1938). Al igual que hace en Rusia se dedica a viajar y observar los esfuerzos constructivos en marcha (colectividades, la Maternidad de Barcelona, colonias infantiles, etc.) y la primera línea del frente para entrar en contacto con las columnas de milicianos (esto en su primera visita). Quiere conocer de primera mano la información que le permita vislumbrar el carácter de la revolución (con el inconveniente de la barrera de la lengua que no tiene en Rusia, motivo por el que tiene que ir siempre acompañada con intérprete).

Como en el caso de Rusia, ella enseguida sabe diferenciar, en este caso, entre dirigentes y bases de las organizaciones del Movimiento Libertario que, pese a la guerra, están construyendo, con creatividad y entusiasmo, una revolución inspirada en el anarquismo que ella ya no espera vivir a sus casi setenta años (en su primer viaje tenía 67 años).

Se posiciona claramente contra la colaboración con las fuerzas estatistas y sus críticas a Mariano, R. Vázquez, Federica Montseny («Es una “Lenin” con faldas») y Juan García Oliver, son contundentes. Ve reforzada su creencia previa de que los líderes del propio movimiento anarquista son personalmente susceptibles de corrupción autoritaria si su liderazgo no es controlado desde las bases en las que confiaba plenamente.

Los mismos temas le preocupan en Rusia y en España: la adulteración de la revolución por las organizaciones y dirigentes, el estatismo, la libertad, los valores humanos, etc., pero a diferencia de su país de origen, Emma G. defiende la revolución española frente a las críticas que llegan de algunos sectores anarquistas de otros países. Y esa defensa tiene más valor porque es consciente de los errores de los dirigentes de la CNT-FAI por su integración en el Gobierno de Largo Caballero y su colaboración frentepopulista, en especial la que supone ignorar el peligro que supone el comunismo español dominado por el estalinismo. Interesante su reflexión sobre la naturaleza de la revolución y la diferencia que marca entre anarquismo y revolución, afirmando que eran dos cosas diferentes:

«La revolución es siempre coercitiva y violenta; es siempre la expresión culminante de los errores e injusticias acumulados, así como de las brutalidades causadas por nuestro sistema (…)». Por eso, «(…) no podemos esperar que el anarquismo se exprese en plenitud durante el periodo revolucionario. Todo lo que podemos esperar es que los anarquistas eviten la dictadura y el terror organizado (…)».

La violencia que comporta una revolución es lo contrario de lo que representa el anarquismo:

«(…) la violencia es contradictoria con el anarquismo. Como filosofía social, y como teoría sobre los derechos del individuo y sobre la libertad de la colectividad, el anarquismo es la única teoría que no propaga la violencia».

La función del anarquismo en un periodo revolucionario es minimizar la violencia de la revolución y reemplazarla por los esfuerzos constructivos. Y concluye: «Me temo que se necesitará más de una revolución antes de que sea posible que el anarquismo emerja en toda su belleza y toda su humanidad».

Emma G. se ofrece a ayudar en la propaganda internacional, a hacer de enfermera, de camarera, o a divulgar métodos de control de la natalidad e higiene. Pero el escaso conocimiento de la lengua y los argumentos de los/las anarquistas españolas de que su mayor contribución es la propaganda en el exterior, la convencen de abandonar España y llevar a cabo esa tarea desde Gran Bretaña.

Respecto a esta colaboración es interesante señalar su papel en SIA (Solidaridad Internacional Antifascista, organización humanitaria (A) internacional). En septiembre de 1938 viaja por última vez a España, el 1 de octubre asiste a la sesión plenaria ordinaria del Consejo General de SIA en Barcelona, en esta reunión le acompañan Lucía Sánchez, como Secretaria General, Mateo Baruta, como Vice-Secretario, Fidel Miró vocal de Propaganda y Lucas vocal de Contabilidad. Abrió la reunión Lucía Sánchez que, «visto que la lengua española causa dificultades a la camarada Emma, se designa a la camarada Cristina Kon, agregada de Propaganda y Secretaria de actas de las reuniones, como interprete», por el dominio que tiene de varios idiomas. Por tanto, tenemos a las protagonistas de la famosa foto en la que aparecen las tres: Goldman, Kon-Rabe y Sánchez, caminando por las calles de Barcelona veinte días después de la reunión de SIA.

Goldman apoya a Mujeres Libres desde el principio, es Mercedes Comaposada quien se pone en contacto con ella a través de una carta escrita el 17 de abril de 1936, pidiéndole su colaboración y explicándole los objetivos de la revista. Emma G. les envía una carta publicada en el nº 1 y Mercedes C. se lo agradece y le solicita en una nueva carta con fecha de 16 de junio una nueva colaboración para el tercer número.

Estos contactos con Mujeres Libres y su disponibilidad a ayudar a la Revolución da lugar a diversas credenciales para actuar en Gran Bretaña. Mercedes Comaposada le envío dos acreditaciones en julio de 1937 en que la nombran «corresponsal y representante de las Publicaciones Mujeres Libres en Europa y Estados Unidos de América», así como representante y «delegada de la nueva Federación Nacional de Mujeres Libres».



[1] Estas cartas aparecen reproducidas y estudiadas en David Porter (editor), (2006): Visión en llamas. Emma Goldman y la revolución española. Barcelona, El Viejo Topo.