Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

martes, 13 de octubre de 2026

JORNADAS CONMEMORATIVAS POR EL 90 ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN SOCIAL ESPAÑOLA. Buenos Aires, 18 septiembre 2026

 

Participé en el Panel de Clausura de las Jornadas conmemorativas del 90 Aniversario de la Revolución Social Española organizadas por el Programa de Investigación del Anarquismo del CeDInCI 

La organización de las Jornadas nos propusieron seis preguntas y 25 minutos para responderlas, solo llegué a la mitad (la tercera la he reducido) y aquí está completo lo que preparé.




 

1)- ¿Qué fue la Revolución Social Española?

Entiendo la historia como un cúmulo de hechos y acontecimientos discontinuos y contradictorios, no lineales ni ordenados, accidentales y contingentes, nada anuncia que se van a producir, pueden suceder o no, en todo caso, no entiendo la historia como un proceso mecánico y causal. En esta manera de concebir la historia, los «momentos» (Jacques Ranciere) se producen de manera intempestiva, no fundan su existencia en la necesidad histórica, son heterogéneos frente a las formas de experiencia estructuradas por el tiempo de la dominación[1]. Los «momentos» ponen de manifiesto la acción de sujetos colectivos y la consistencia de la construcción de mundos alternativos.

Los momentos revolucionarios, como la revolución de la que vamos a hablar, son aquellos que ocurren cuando la temporalidad del consenso establecido es interrumpida, cuando una fuerza es capaz de actualizar la imaginación de la comunidad que está comprometida allí y de oponerle otra configuración de la relación de cada uno con todos[2].

El momento revolucionario [anarquista] que se desarrolló a partir del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 fue posible por la desaparición o el debilitamiento de las instituciones estatales y por la pérdida de influencia de los partidos institucionales. Ese momento fue un desplazamiento de los equilibrios y la instauración de otro curso del tiempo, los momentos revolucionarios trastocan el tiempo.

Lo expreso bien Juan Gómez Casas, Los cruces de caminos, p. 10.

«Fue un tiempo de plenitud que no he vuelto a percibir en ningún otro momento de mi existencia. Creo que es algo que sólo se da espaciadamente, en el curso de acontecimientos políticos o sociales extraordinarios, en las grandes revoluciones que cambian el mundo, o al menos lo pretenden en los momentos iniciales. Esto lo conocen de un modo u otro cuantos vivieron los primeros meses de la guerra-revolución de 1936, lo mismo en Madrid que en Barcelona, Valencia y las demás localidades de la zona. La gente fraternizaba en la calle, se comunicaba sus impresiones, familias separadas por rencores tenaces se abrazaban y establecían una nueva convivencia. Había también los lados oscuros inevitables en toda lucha sin cuartel que se entabla. Para mí se abrió entonces, según lo veo ahora, cuarenta y cinco años después, un paréntesis un tanto mágico que sólo terminó con la propia finalización de la contienda».

 

¿Qué rasgos la distinguen de otros procesos revolucionarios del siglo XX? Menciono dos:

--Fue un momento revolucionario anarquista y libertario.

--Las mujeres (junto con los hombres en algunos espacios) protagonizaron una revolución de la existencia que no se ha tenido en cuenta en la historiografía que ha estudiado este acontecimiento.

2)- ¿Quiénes fueron los principales protagonistas del proceso? ¿Qué lugar ocuparon las organizaciones y militantes anarquistas en su desarrollo?

El golpe de Estado se detuvo en la calle con la gente común, simples trabajadores y trabajadoras impulsados por fuerzas políticas y sindicales, en gran parte anarquistas. La sublevación militar debilitó gravemente el Estado republicano, como mínimo provocó el colapso de sus mecanismos de coerción por la división que el golpe provocó en el ejército y en las fuerzas de seguridad y no pudo impedir el protagonismo popular. De este modo, ese «momento» podemos calificarlo, en gran parte, como anarquista[3].

Allí donde el Movimiento Libertario (CNT, FAI, JJLL) era mayoritario, allí se produjo la Revolución Social (se incorporaron según los territorios el POUM, socialistas de izquierda…).

3)- ¿Cuáles fueron las principales realizaciones de la Revolución Social Española? Según su criterio, ¿cuál consideran que fue su aspecto más innovador o transgresor?
Me gustaría centrarme en otra forma de entender y de llevar a cabo la Revolución Social que fue protagonizada sobre todo por las mujeres, pero no solo por ellas.

Cuando se produjo en España el golpe de Estado (julio 1936) se rompió de forma intempestiva el tiempo «normal» de la existencia, el tiempo de la dominación. Este imponía sus ritmos, fijaba el ritmo del trabajo, el de los cuidados, el de la reproducción, el de los comicios, el orden de la adquisición de conocimientos y diplomas, etc. Todos los testimonios de aquellos primeros días tras el golpe de Estado mostraban a las gentes que los vivían, expectantes, inquietas, aceleradas, tensas, excitadas, con miedo, confusas, nerviosas, etc.

El tiempo capitalista saltó por los aires: no se trabajaba ni en el medio rural ni en el urbano, en algunos casos porque se declaró huelga general, pero en la mayoría de los casos la gente no acudió a trabajar, muchos trenes estaban interrumpidos, muchas tiendas estaban cerradas, también muchas fábricas, tierras de labor sin trabajar, etc.

El 19 de julio se puso en marcha una Revolución Libertaria y Anarquista, una revolución modelizada, es decir, una revolución pautada por el modelo de sociedad que se aspiraba a construir, es decir, por un objetivo a largo plazo: el comunismo libertario. El modelo de sociedad que se aspiraba a construir condicionó los pasos que se dieron, fue más importante que lo que estaba ocurriendo en ese momento. El plan a largo plazo inspiró tres actuaciones: los Comités, las Milicias y las Colectividades. Esta revolución es la más conocida pero no la única puesto que ellas impulsaron «otra» revolución.

Para ellas también hubo un tiempo de ruptura, pero, aunque las mujeres estuvieron preocupadas, inquietas y nerviosas como podían estar ellos, siguieron aportando el soporte logístico, la alimentación, la contención emocional y sexual a los hombres. Mientras ellos luchaban, hablaban, decidían, las mujeres estaban concentradas en el mantenimiento de la vida, a costa muchas veces de la palabra y de la visibilidad. Pensemos que cuando se cerraron las tiendas, se interrumpió el trabajo o la comunicación por tren, ellas siguieron asumiendo que era cosa suya seguir cubriendo las necesidades básicas de la familia (propia y colectiva). Hoy les llamamos cuidados, entendidos en sentido amplio como gestión de la vida, es decir, todo lo necesario para que la vida funcione y que no está en el centro de la economía capitalista sino invisibilizados y tradicionalmente realizados de manera gratuita por las mujeres.

La revolución modelizada contó poco con ellas, las mujeres fueron «apartadas» de los espacios en los que los hombres llevaban a cabo «la» revolución, especialmente en el frente de batalla a través de las milicias y en los Comités.

Las mujeres actuaron con ideas y realizaron una labor de escucha de lo que estaba pasando, no de lo que debía pasar según la línea sindical y política del Movimiento Libertario. De esta manera existió una revolución «sin modelo» preexistente, sin equipaje, sin plan a largo plazo, una revolución que dejó que las prácticas se desarrollaran sin apelar a unos principios que las dirigieran. La práctica, a partir de ella misma, elaboró su propia justificación y construyó sus propios principios que fueron tan múltiples como la propia multiplicidad de las situaciones vividas. Los criterios para actuar, para escribir y para pensar solo provenían de las situaciones y de las prácticas de la propia vida cotidiana y estaban ligadas a su modo de vida.

La agencia revolucionaria de quienes participaron en lo que podemos llamar el «momento de las mujeres» vivió un distanciamiento del concepto heroico y patriarcal de revolución y la desarrollaron sin el protagonismo masculino, algo que las obligó a reinventarlo todo:

1º Practicaron formas de lucha no violenta, donde se exaltaba la vida en lugar de la muerte, formas de lucha que no se agotaron en eternos y cansados debates especulando sobre una perspectiva ideológica singular y totalizante, sino que pensaron desde la multiplicidad y desde una complejidad de ideas y de organización abierta y siempre incompleta.

2º Practicaron la «escucha» de lo que estaba sucediendo y trataron de comprender las potencias de la situación abriéndose a lo desconocido, a lo contradictorio, intentando impulsar las potencialidades de la situación y centrándose en resolver problemas allí donde estaban. Su enfoque fue práctico y eficaz, poniendo el cuerpo en lo que hacían. Su revolución empezó en las guarderías, en los comedores colectivos, en las maternidades, entre las personas refugiadas, entre los niños y niñas huérfanas, entre las prostitutas.

3º Practicaron la prefiguración política, un modo de acción experimental, que no dependía de principios, que desdibujaba los límites entre medios y fines y que se concentraba en el presente y en la posibilidad de transformarlo. Era el presente de la acción directa. Lo que se trataba de alcanzar ya no era «el otro mundo» sino el «mundo otro», es decir, «la vida otra», otra manera de estar en el mundo.

4º Inventaron otras relaciones posibles con la política emancipadora, descubrieron que para la emancipación no se trataba de ganar en una correlación de fuerzas, ni en suplantar modos de gobierno, sino en inventar, experimentar y explorar las capacidades individuales y colectivas de quienes se emancipaban. Pretendieron construir otra representación del mundo, otros saberes basados en esa peculiar revolución en la que era clave capturar la singularidad de cada uno de los acontecimientos, pluralizar las perspectivas y construir un calidoscopio de verdades, aunque fueran precarias, capaces de mantenerse leales a la singularidad de las experiencias. Sintieron la vibración que produce en los cuerpos cuando son atravesados por el proceso de emancipación. Así lo expresó Concha Liaño cuando afirmó: «Creo que fuimos privilegiados, a pesar de la derrota: al menos tuvimos una etapa en la cual, sabíamos para que vivíamos».

Se ha dicho que las mujeres estuvieron «ausentes» de la revolución, pero no es cierto, las mujeres «estaban» en la revolución, se ocupaban de la vida y querían cambiarla porque conocían las necesidades, las penurias, los talentos y debilidades de la comunidad. La guerra no las paralizó, ellas estuvieron en lo que venía aconteciendo.

Las mujeres en la retaguardia se centraron en atender los cuidados desde una perspectiva revolucionaria puesto que 1º existía una responsabilidad colectiva en sostener la vida desde la solidaridad y el apoyo mutuo y 2º provocaron una ruptura con las lógicas de la economía capitalista. Siguiendo esta perspectiva asistieron a los combatientes, a la población desplazada, a la infancia, a la maternidad y sus necesidades, etc. Incluso afrontaron los cuidados domésticos con una perspectiva comunitaria: comedores populares, guarderías, higiene urbana y habitacional, educación y cultura.

Todas estas tareas asistenciales no tenían un esquema previo, no había un modelo de referencia sobre cómo canalizar la solidaridad. Se pensaron las ayudas a partir de los detalles que había que afrontar (cuidar a los heridos, enterrar a los muertos y atender a sus familias, atender a los mutilados, ropa para afrontar el frío, hospitales, refugiados, evacuados, huérfanos, etc.), y por ello, se mantuvo la materialidad de las cosas.  La clave fue la preocupación por lo particular: estas personas, estos problemas, estas soluciones, y luego se introducían principios universales -la solidaridad, la justicia, el cuidado- para apoyar esos compromisos iniciales.

Las mujeres no tenían un plan revolucionario y partieron de su manera de entender el mundo desde el cuerpo, desde la experiencia. Cambiar el mundo, revolucionarlo, era una cuestión de práctica, no de teoría basada en principios ideológicos y un plan de actuación previo. Ellas partieron de las prácticas y la escucha.

4)- ¿Cuáles fueron los principales límites y obstáculos que enfrentó la Revolución Social Española? ¿Qué tensiones y contradicciones marcaron su desarrollo y contribuyeron a su derrota?
Señalo algunos aspectos:

1ºLímites externos:

·       El contexto internacional: crisis económica (crac del 29 y crisis mundial) La polarización derecha/izquierda (con dos modelos totalitarios en Europa: fascismo/comunismo) hizo difícil estabilizar el primer sistema democrático que hubo en España y provocó que durante la Guerra Civil la República contara con pocos apoyos internacionales y con pocas armas en comparación con el otro bando.

·       La fuerza de las posiciones contrarevolucionarias debido a la política antifascista adoptada en 1935 en el Séptimo Congreso de la Internacional Comunista (Komintern) aprobando la táctica de los Frentes Populares. Con esto, El PC de la URSS y el resto de los partidos comunistas, incluido el español, dejaron de impulsar revoluciones y pasaron a colaborar con las burguesías democráticas para frenar al fascismo. A esta política se unió la socialdemocracia y los partidos republicanos burgueses.

2ºLímites internos del propio Movimiento Libertario

·       La decisión muy temprana de participar en los gobiernos (octubre/noviembre 1936) tomado por las cúpulas de la CNT y la FAI echando por tierra los planteamientos anarquistas y anarcosindicalistas. Se produjo un contraste entre las bases y las cúpulas dirigentes. Lo que se produjo de revolucionario vino por las bases a pesar de las cúpulas dirigentes.

·       La militarización de las milicias, adoptando una estructura jerárquica, de obediencia militarista asumiendo las formas de lucha armada del enemigo social en lugar de optar por la guerrilla más acorde con los planteamientos anarquistas.

·       Respecto al planteamiento patriarcal y de género hubo un sector importante del Movimiento Libertario que apenas lo cuestionó, excluyendo a las mujeres de “la” revolución modelizada.

Pese a todo lo dicho, los planteamientos revolucionarios supieron buscar las grietas de los planteamientos hegemónicos dentro del Movimiento Libertario y siguieron existiendo hasta 1939.

 

5)- ¿Qué lugar ocupa hoy la Revolución Social Española en la historiografía? ¿Cuáles consideran que son los principales consensos, debates y desafíos pendientes para su estudio en la actualidad?
En la historiografía es un tema al que se le ha dedicado atención y hay numerosas investigaciones. Sin embargo, en cuanto a los historiadores e historiadoras más cercanos al poder mediático, académico y político, y la memoria de la Guerra Civil hubo, y hay, una historia basura antilibertaria que ha descrito la revolución como la irrupción de fuerzas sociales oscuras, rayando en la delincuencia, violentas e incultas.

Invisibilizar toda la obra constructiva, innovadora y transformadora del Movimiento Libertario, tiene como propósito que muera el recuerdo de aquello que puede producir efectos sobre el presente. Descargar, desde el poder político, mediático y académico, toda la basura antilibertaria contra unas experiencias emancipadoras que es mejor enterrar tiene como objetivo que desde el presente, no se puedan percibir posibles futuros emancipadores. Si nos prohíben el futuro, el pasado solo se repite una y otra vez bajo la forma de la nostalgia y la retromanía.

 

Por otro lado, la otra manera de hacer la revolución que protagonizaron sobre todo las mujeres nos ha permitido observar aspectos que han pasado desapercibidos para la historiografía condicionada por esa revolución «con modelo» que ha condicionado la lectura de los testimonios, de las fuentes escritas, etc.

 

6)- A noventa años de su inicio, ¿por qué creen que sigue siendo importante estudiar y debatir la Revolución Social Española? ¿Qué legados nos dejó y qué aspectos de aquella experiencia consideran que continúan siendo relevantes para pensar la política, la organización social y los proyectos emancipatorios del presente?

Es importante por lo que ya he señalado: la importancia genealógica que tiene el conocimiento de experiencias revolucionarias y emancipadoras, aunque hayan fracasado porque son referentes, experiencias y saberes útiles en el siglo XXI.

No se trata de imitar o copiar el pasado que aconteció hace 90 años puesto que el anarquismo se forja en las circunstancias que vive, no en las del pasado. Debemos huir de la «melancolía (de izquierda) anarquista» que es una postura en la cual el apego a una identidad o a un análisis político del pasado es más fuerte que el interés en las posibilidades actuales de movilización, alianza o transformación. El sujeto melancólico se identifica con los ideales perdidos y experimenta su ausencia como sentimientos de desolación y abatimiento.

El anarquismo es movimiento, no puede pararse en el pasado, aunque puede recoger del pasado el deseo de rebeldía, de resistencia y de lucha.



[2] Jacques Rancière ha desarrollado el concepto de «momento político» y «momento comunista» en el que nos basamos en Rancière, Momentos políticos.

[3] Rancière en Momentos políticos, p, 141, los denomina en sentido genérico: «momentos comunistas».

sábado, 3 de octubre de 2026

«A mi aire»


ESTOCOLMO


«A mi aire» (6 agosto)

Qué largo se me está haciendo el verano, me deja la capacidad de pensar disminuida y la vitalidad bajo mínimos.

Toca entrar en modo letargo [de verdad, no exagero]


«A mi aire» (13 agosto)

¿Cuántas situaciones y acontecimientos migratorios nos quedan por ver? Que se manipule políticamente a personas en una grave situación de pobreza o de persecución política es terrorífico. Qué poco vale la vida de algunas personas como nos recuerda el historiador Achille Mbembe.


*Cuando estoy de viaje me salto «A mi aire» y improviso algo relacionado con el viaje que no queda registrado


«A mi aire» (27 agosto)

Leía no sé dónde lo difícil que es la propia introspección y lo importante que es para conocernos. Saber quiénes somos no creo que lo podamos lograr, pero limar nuestra cara exterior y pensar en la interior nos libraría de algunos problemas y nos evitaría, quizás, algunos disgustos.

O no. En este terreno no es fácil moverse.


miércoles, 23 de septiembre de 2026

DANDO VUELTAS A LA ANARQUÍA

 



Leí hace poco un libro en el que David Graeber[1] entabla un diálogo sobre la «anarquía» con Mehdi Belhaj Kacem, Nika Dubrosvsky y Assia Turquier-Zauberman. Es un libro con profundidad pero, a la vez, sencillo de leer por el dinamismo que le confiere el formato de diálogo.

No quiero hacer una síntesis de las ideas del libro sino que voy a resaltar aquello que a mí me ha gustado más, por tanto, opto por la subjetividad pura y dura.

Anarquismo:

Hace mucho que sé que el anarquismo es muy diferente al marxismo.

No está impulsado por pensadores heroicos que analizan todo elaborando una teoría a partir de la cual actuar. Al contrario, gran parte de la práctica anarquista gira en torno a un cierto principio dialógico.

Y resulta que la neurociencia ha demostrado que el pensamiento real es casi totalmente dialógico y no como dice Descartes que empieza con el individuo autoconsciente y solo después se pregunta cómo es que este puede relacionarse comunicativamente con otros individuos.

El anarquismo es una comunidad de propósito sin una comunidad de definición. Hoy la política es lo contrario, se supone que todos debemos estar de acuerdo en lo que es la realidad, para luego enfrentarnos porque carecemos de un propósito común o tenemos identidades e intereses contradictorios

Marxismo (una buena razón por la que no soy marxista)

El marxismo se condenó a sí mismo al adoptar una definición extremadamente patriarcal (y machista) del trabajo. Al fin y al cabo, la mayor parte del trabajo no es «productivo» en sentido literal; consiste en cuidar, limpiar, transportar, atender, repasar, organizar, mantener cosas (personas, animales, plantas…). «Produces» una taza, la lavas mil veces. Todo eso se deja de lado en la formulación marxista clásica, se descarta como trabajo de mujeres.

La ética feminista del cuidado

Es clave para alimentar la ética feminista del cuidado partir de una preocupación por lo particular: esta persona, este problema, este paisaje o ecosistema que queremos preservar, y luego se introducen principios universales -la razón, la justicia, la no violencia- para apoyar ese compromiso inicial. Lo general se introduce para servir a los fines de lo particular, en lugar de que lo particular se considere generado por las generalidades. 

El cuidado y la libertad se pueden considerar como base de la economía política. Como suelen señalar economistas feministas cualquier acción económica puede considerarse un trabajo de cuidado. El elemento de libertad es clave porque no se trata de cuidado si te aprisiona, por tanto, cuidado es cualquier acción destinada a mantener o aumentar la libertad de otra persona.

Y tres perlas

1ª En un proceso basado en el consenso, no se intenta que las personas lleguen a una definición común de la realidad. No se busca la uniformidad ideológica.

2ª El problema está en lo que te han enseñado a pensar como posible.

3ª Los juegos justos son solo aquellos en los que todas las reglas están claras.

En el libro hay mucho más, por ejemplo:

La combinación de juego y libertad.

El tema de reglas y procesos.

Para acabar (y esto es opinión personal)

La anarquía da mucho juego siempre y cuando no se la quiera constreñir dentro de teorías (peor si son trasnochadas), dentro de «la» organización anarquista, dentro de revueltas modelizadas con su táctica y estrategia como si fuera un pack completo, etc.

Laura Vicente

 

 



[1] David Graeber (2025): Anarquía, qué si no. Un diálogo. Bauplan. Seriecero

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

El sujeto, el proletariado, la organización anarquista y otras nostalgias

 

Barricada en Sevilla, verano 1936


Es muy posible que nadie le haga mucho caso a este breve escrito, pero por si acaso diré por anticipado que mi pretensión es modesta y que no pretendo polemizar, aunque no me importaría compartir argumentos y pensar, saliendo de los estereotipos que todas tenemos y que nos conducen a ser obtusas y, en ocasiones, a la ceguera.

Hay compañeros que llevan tiempo dándole vueltas a la existencia o no del proletariado, a buscar el perdido sujeto revolucionario, a construir “la” organización anarquista capaz de elaborar “un” programa, “una” estrategia y tácticas concretas que nos conduzcan por la senda de la revolución. No he leído todos los escritos, siento decirlo, porque me agota esa dificultad del anarquismo para imaginar una salida al capitalismo que no sea volver al pasado y a la nostalgia, incluso a la melancolía. Así lo perciben dos autoras Gibson y Graham en su libro Una política poscapitalista. Afirman que la falta de imaginación es una patología de la izquierda, algo que me recuerda la “melancolía” de la izquierda, extensible al anarquismo, que plantea Wendy Brown en su ensayo sobre este tema. La melancolía de izquierda es una postura en la cual el apego a una identidad o a un análisis político del pasado es más fuerte que el interés en las posibilidades actuales de movilización, alianza o transformación. El sujeto melancólico se identifica con los ideales perdidos y experimenta su ausencia como sentimientos de desolación y abatimiento. En la fijación con el pasado hay una clara relación con la teoría paranoica total que dice que nada puede suceder. Fisher lo llama un “severo superyo leninista”[1].

El proletariado, la clase obrera fueron el sujeto de la revolución en otra época de desarrollo industrial que acabó a mediados del siglo XX y no fue porque no hubiera otros sujetos (o sujetas) sino por la potencia del relato que apostaba por el proletariado. Cuando se habla de la conciencia obrera sustento de su “ser sujeto” parece que hablemos de algo preexistente y que solo hay que despertar, descubrir. Pero la toma de conciencia, en realidad, es una práctica de discusión colectiva que subrayaba las desigualdades bajo las cuales viven colectivamente las personas. La conciencia no preexiste, no está dada, sino que hay que construirla a partir de nuestro lugar dentro de una estructura de desigualdad (capitalismo, patriarcado, supremacía blanca, colonialismo. La manera de construirla es con otras personas que comparten una existencia material similar

La conciencia de clase ha retrocedido porque ha avanzado la idea de que no hay alternativa al capitalismo, el relato ha hecho aguas.

Por otro lado, hacer seminarios cerrados, esperar la información adecuada, la discusión política e ideológica avanzada que configure una estrategia bien definida que “despierte” al sujeto revolucionario haciendo emerger la situación capaz de despertar la acción del pueblo o de cualquier otro sujeto, no me cuadra hoy ,ni ayer, en lo que he indagado en la historia. Ninguna teoría ha transformado nunca la realidad.

No me olvido de la necesidad de “organizar el anarquismo” como si no estuviera organizado, da la impresión de que en realidad se quiere poner orden en la diversidad y multiplicidad anarquista y convertir esas redes de nodos interconectados, horizontales, descentralizadas y sin jerarquías en partes de un todo que tiene que ser “la” organización anarquista eficaz, hiperorganizada, con militancia fuerte, etc.[2]

Hace poco dije en un espacio anarquista que este debate es de hombres. La realidad es que, aun habiendo mujeres, los escritos que he visto son de autoría masculina. Y pensando en el asunto concluí que las mujeres y las mujeres percibidas como tales hace tiempo que sabemos que hay otras sujetas y sujetos revolucionarios (pensemos en Mujeres Libres creando su propia revolución entre 1936-1939 y siendo ignoradas por el mundo mundial, motivo por el cual me apetece destacarlas).

Las luchas y sucesos del movimiento feminista fueron capaces de movilizar una transformación social a una escala sin precedentes, sin recurrir a un partido de vanguardia o a cualquiera de las otras “necesidades” que hemos asociado con la organización política (estrategia, tácticas, relatos ideologizados, revoluciones modelizadas, etc.). Los feminismos no burgueses, transfeministas, libertarios, horizontales y descentralizados se centran en construir prácticas encarnadas, lenguaje compartido, construyendo sobre las acciones in situ un imaginario capaz de invertir las tendencias hegemónicas dentro de nuestras vidas situadas y territorializadas.

Las luchas, no solo las feministas, se producen siempre en lugares concretos y es ahí donde interrumpen el funcionamiento de la dominación. Hacer organización se hace siempre que hay una lucha, por humilde que pueda parecer, puesto que se dota de las herramientas que precisa y que nunca serán las mismas que otras coetáneas o que se produjeron en el pasado. Son valiosas en si mismas, en su singularidad, no son partes de un todo. Pudiera ser (o no) que acabaran construyendo una subjetividad revolucionaria que conciba la posibilidad de acabar con el capitalismo, el patriarcado y cualquier forma de dominación.

Perdonadme los más ortodoxos por acabar con un no anarquista, por acabar con Mark Fisher cuando decía en Deseo Postcapitalista que los proyectos de izquierda son todos inadecuados y todos por la misma razón, en el sentido que no toman en serio el deseo de los capitalizados. Lo rechazan y siguen reinscribiendo el moralismo y, al hacerlo, siguen invocando la distinción entre un adentro y un afuera, entre la inminencia y la trascendencia, entre el reino del capital y un reino fuera de él, que sería puro y estaría libre del capital.

Y otra perla cruel de Fisher: Puede que se reclame éticamente vivir en un mundo diferente, pero libidinalmente, al nivel del deseo, el compromiso es con la vida en el mundo capitalista actual. Por eso es importante plantear la siguiente pregunta: ¿existe realmente un deseo de algo más allá de cualquier forma de dominación?

 Laura Vicente

 

[1] Mark Fisher (2021): Deseo Postcapitalista. Las últimas clases. Buenos Aires, Caja Negra. 

[2] Todo esto está mucho más desarrollado en un artículo del que soy autora publicado en diversas webs entre las cuales: Redes Libertarias https://redeslibertarias.com/2025/12/30/anarquismos-el-especi%ef%ac%81smo/

jueves, 3 de septiembre de 2026

«A mi aire»

 

2026

(de mi cuenta de IG: @lauramartierra

«A mi aire» (2 julio)

Decía Simone Weil que la realidad es esencialmente la contradicción.

Sin embargo, la contradicción tiene mala prensa y siempre intentamos ignorarla o resolverla de la manera que sea.

Nadie mejor que Weil debió saber lo duro que es vivir en la realidad y en la contradicción.

 

«A mi aire» (9 julio)

Tanto calor requiere refugio.

El mío siempre es la lectura a la sombra si es que es acogedora.

Si se complica, la sombra se recrea bajo techo.

El verano es una estación de búsqueda de resguardo, de cobijo.

 

«A mi aire» (16 julio)

Me gusta la conversación: estar dispuesta a escuchar, abierta a lo desconocido, a aceptar la contradicción, a pensar en compañía algo complejo, a apasionarnos cuando argumentamos, a ser capaces de cambiar de opinión (no es un ejercicio fácil).

No me gusta la cháchara (da igual que sea sobre política, sobre ropa o sobre el tiempo).

 

«A mi aire» (23 julio)

La imaginación, la ensoñación, los sueños diurnos… son cada vez más difíciles de lograr porque el neoliberalismo (o como queramos llamarlo) coloniza nuestras vidas en lo más íntimo y profundo.

Su pretensión es tener respuesta a todos nuestros deseos a través del mercado. Es, obviamente, una falacia que produce frustración, malestar e incapacidad para resistir.

Pensemos y sintamos. Huyamos lo más rápido posible.

 

«A mi aire» (30 julio)

El tema de los incendios es un tema muy serio para una “historia” de IG.

Sin embargo, no puedo evitar lanzar un grito de SOS para que pensemos, exijamos y luchemos para salvar una vegetación que tanto necesitamos para subsistir en los veranos tórridos que vivimos y viviremos en el futuro.

En las ciudades no se puede vivir con el calor abrasador, pero abandonamos las zonas rurales sin solución para afrontar incendios de cuarta generación (así los llaman).

Los montes se queman, la vegetación arde, el territorio se desertiza y se vacía de vida…

domingo, 23 de agosto de 2026

Laura Vicente (II) «María Moliner, de la luz a la penumbra» en Ateneo Pilar y Paco Ponzán, La cultura silenciada. Represión en Aragón (1936-1975). Comuniter, Zaragoza, 2026


 Segunda y última parte de mi contribución a este libro

La labor de María Moliner durante la Guerra Civil

La nueva situación tras el golpe de Estado supuso para ella asumir nuevas responsabilidades. En septiembre de 1936 fue llamada por el rector de la Universidad de Valencia, José Puche Álvarez, hombre cercano al socialista Juan Negrín, para dirigir la Biblioteca Universitaria que reunía las de Derecho, Ciencias, Filosofía y Medicina, así como el Archivo Universitario. Tenía carácter de Biblioteca Provincial y dependían de ella las Bibliotecas Populares de Casa Vestuario, Escuela del Trabajo e instituto Luis Vives. Un reto a la medida de sus posibilidades que no dejó pasar[1].

En noviembre de 1936 el Gobierno republicano se trasladó a Valencia. La universidad valenciana acogió al Ministerio de Instrucción Pública, esa situación de proximidad facilitó que conociera a los máximos responsables de la política cultural. Sin embargo, en plena Guerra Civil, a finales de 1937, tuvo que abandonar el puesto para entregarse de lleno a la dirección de la Oficina de Adquisición y Cambio Internacional de Publicaciones y para trabajar como vocal de la Sección de Bibliotecas del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico. La capacidad organizativa de María Moliner quedó plasmada en las directrices que redactó como Proyecto de Plan de Bibliotecas del Estado, las cuales se publicaron a principios de 1939.

Una de las prerrogativas de la Oficina era crear sucursales de las Bibliotecas existentes o atender a las solicitudes para abrir otras nuevas. Para atender estas peticiones Moliner contaba con la ayuda  de Mercedes Sáenz y María Brey Mariño. Con esta última llegó a tener una duradera amistad hasta el punto de que el 26 de enero de 1939, al casarse  con Antonio Rodríguez-Moñino, Moliner actuó como madrina y testigo.

La estancia en Valencia de Rodríguez-Moñino aportó a Moliner una nueva amistad y, además, por el interés de este estudioso en la conversación, el poder asistir a alguna tertulia alentada por él. Estos encuentros, que tenían como trasfondo la guerra y los bombardeos sobre la ciudad, buscaban alejarse de la confrontación de la guerra y crear un entorno de cultura y tolerancia[2].

En noviembre de 1938 Moliner dejó la Oficina a causa de una disputa con la delegación de Madrid y volvió a la Biblioteca Universitaria como una funcionaria más. A estas alturas de la guerra Moliner se definía más por las tareas que realizaba que por el fluctuante baile de cargos o la denominación  exacta de sus atribuciones. De hecho ella seguía siendo directora de la Biblioteca-Escuela.

Al iniciarse 1939  comenzó para Moliner una etapa de despojamiento de cargos y responsabilidades. Muchas de las personas que le habían confiado responsabilidades se estaban yendo a Barcelona en previsión de pasar la frontera camino del exilio. Quizás por no estar al frente de ninguna institución y no considerarse mujer política, no temió por las represalias de los vencedores[3].

Postguerra y represión

Al no considerarse como personas politizadas (ni ella ni su marido) decidieron no  exiliarse, sin embargo, María Moliner, como tantos otros profesionales, fue represaliada al acabar la Guerra Civil por su implicación en el proyecto bibliotecario y cultural republicano. Entre los cargos que figuraban en el expediente de depuración figuraban los puestos de responsabilidad que tuvo: Jefe de la Biblioteca Universitaria de Valencia, Directora de la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros en esa misma ciudad, Delegada del Consejo Central de Archivos y de la Dirección de Bellas Artes, Jefe del Archivo de la Delegación de Hacienda de Valencia y encargada de cursillos para la preparación de bibliotecarios/as:

«Tal absorción de cargos confirma los dichos de muchos testigos que la consideran izquierdista y afecta al régimen rojo y persona de confianza de la máxima dirigente Teresa de Andrés; ¿y cómo si no hubiera sido titular de tan numerosos cargos? No faltan, sin embargo, declaraciones de personas fidedignas que atestiguan buena conducta profesional y excelentes procederes con los compañeros, pero todo ello podrá servir para graduar la sanción que proceda».

Así constaba en el informe del juez-instructor el 13 de noviembre de 1939. Por otro lado pesaba la calificación de «muy leal por los dirigentes rojos». De hecho apuntaba que sólo «seis son los funcionarios que obtuvieron este calificativo, los Sres. Giner Pantoja, Navarro Tomás, González Rodríguez, ausentes de España y cesantes, y además el Sr. Álvarez de Luna y la Srta. Martínez Bara. Esta relación es suficiente para comprender y explicar tan alto calificativo en el concepto marxista».

Por este motivo el juez continuaba argumentando que fue nombrada directora de la Biblioteca Universitaria el 15 de septiembre de 1937, por el requerimiento del Rector para ocupar ese puesto por falta de funcionarios facultativos, pero consideraba que lo grave era «el nombramiento oficial por el gobierno comunista en 12 de septiembre de 1937 cuando en Valencia hay excesivo número de funcionarios desplazados, no diré con más aptitudes, pero sí con más experiencia en Bibliotecas».

Sobre la dirección de la Oficina de Adquisición de Libros el juez justificaba que era «otra muestra de la ilimitada confianza que los dirigentes rojos tenían en la Sra. Moliner. En Valencia estaban ya funcionarios que habían pertenecido a esa Oficina con mayor práctica profesional y técnica». Asimismo es calificada como «simpatizantes con los rojos y roja», según atestiguaban varios funcionarios declarantes: Emilio González Díaz de Celis, Florentino Zamora Luque, Felipe Mateu Llopis, Federico Navarro Franco, Gonzalo Ortiz Montalbán, Eduardo Ponce de León (Delegado de Información e Investigación en el SPE/Falange), Abelardo Palanca Pons, Rafael Raga, Amadeo Tortajada, Manuel Pérez Búa, Pedro Longás, Cuadra, Bordonau, Morcuende, y Oliveros.

Finalmente concluía que, a pesar de «la buena intención que animó a la Sra. Moliner en aquel periodo, de plena confianza con los dirigentes rojos, de la que no abusó ni en perjuicio del servicio, ni de los funcionarios en situación inestable; sus antecedentes de mujer y madre honorable y digna que el que suscribe se complace en reconocer; la falta de intención de causar daño con las ideas que positivamente profesaba, aun cuando sean origen de todo lo pasado».

Por este motivo propuso al Director General de Archivos y al Ministro de Educación la aplicación de las siguientes sanciones: postergación durante 3 años e inhabilitación para el desempeño de puestos de mando o de confianza, además fue degradada dieciocho puestos en el escalafón y volvió a su antiguo puesto en el Archivo de Hacienda. 

Su marido fue expulsado de la cátedra aunque la recuperó primero en Murcia y luego en Salamanca. Este destino provocó que María Moliner se trasladara en 1946 a Madrid con sus hijos e hija siendo trasladada a la Biblioteca de la Escuela de Ingenieros de Madrid, en donde permaneció hasta su jubilación en 1970[4].

3-Conclusiones

María Moliner fue una mujer progresista en lo referente a la educación y la cultura, republicana porque fue este sistema político el que le permitió desarrollar sus intereses culturales y vivir en un ambiente de inquietud intelectual, moderada desde el punto de vista vital. Cuestionó, solo en parte, el papel tradicional que le adjudicaba el discurso de género imperante en el primer tercio del siglo XIX. La II República dio el derecho de ciudadanía a las mujeres con la igualdad ante la ley y mujeres que habían accedido a la educación superior pudieron beneficiarse de esta igualdad formal que facilitaba su acceso a puestos de responsabilidad bien pagados y prestigiosos.

Participó muy activamente en las Misiones Pedagógicas, la palabra «misión» tiene el sentido de trabajo, tarea, quehacer o cometido. ​ Esta acepción permite la concepción de un cierto carácter misionero en las personas, ministerios e instituciones, independientemente de su origen o de su condición religiosa o laical. El trasfondo de estas Misiones era que la clase media culta llevaba la cultura académica a las clases populares incultas. Rezuma, por tanto, una cierta idea de cultura clasista, aunque ilustrada, obviando que existía una cultura oral basada en la experiencia que predominaba entre las clases populares y que tenía también un gran valor.

La Guerra Civil, debido a la movilización de los hombres al frente de batalla y los cambios políticos que se produjeron, permitió a las mujeres ocupar puestos de trabajo y responsabilidades políticas impensables en el inicio de la II República (no olvidemos que incluso una mujer llegó a ser ministra en 1936, la anarquista Federica Montseny). Las mujeres ocuparon muchos trabajos en los que la presencia femenina eran minoritaria o inexistente; en el caso del  mundo bibliotecario las mujeres tomaron el timón[5] sin duda alguna, entre ellas María Molinar logró hacer una carrera fulgurante.

Su perfil político fue bajo, no militó en ningún partido político u organización sindical y, por ello, pensó que podía quedarse en España y no salir al exilio como hicieron miles de mujeres más comprometidas que ella. Sin embargo, este escaso compromiso político no la libró de ser depurada y represaliada. Su carrera en el mundo bibliotecario quedó cortada en seco, tuvo que conformarse con su puesto de funcionaria haciendo un trabajo monótono y sin perspectivas de promoción. De la luz a la penumbra que decíamos en el título de esta breve biografía.

El franquismo no perdonaba a las mujeres que habían desarrollado un trabajo y habían asumido responsabilidades importantes como fue el caso de Moliner. Si además fueron promocionadas en estos puestos por autoridades republicanas («rojas») tenían que castigar su atrevimiento reduciendo drásticamente sus posibilidades laborales y de promoción, devolviéndolas a la penumbra del espacio doméstico. María Moliner se rebeló contra ese futuro gris que el nuevo régimen imponía a las mujeres que no se plegaban a vivir en el mundo reducido de la domesticidad. Elaborar el Diccionario de uso del español, sin ayuda económica alguna y sin apoyo académico parecía una tarea imposible, para ella fue su manera de sobrevivir en el mundo rutinario, monótono y gris del franquismo.

4- Bibliografía

-Dacosta, Joaquín, “Un hito de la lexicografía española”, en Mercurio, nº 204, octubre 2018, pp. 12/13

-De la Fuente, Inmaculada (2018): El exilio interior. La vida de María Moliner. Madrid, Turner Noema.

-De la Fuente, Inmaculada “María Moliner. Una heroína moderna”, en Mercurio, nº 204, octubre 2018.

-García Mouton, Pilar,  “Ideología y feminismo”, en Mercurio, nº 204, octubre 2018, pp. 10/11.

-Martín Zorraquino, María Antonia, “Originalidad, alcance, proyección”, en Mercurio, nº 204, octubre 2018, pp. 8/9.

-Martínez Rus, Ana, “María Moliner y las bibliotecas públicas: un compromiso con la democracia republicana y la difusión de la cultura”. En: Métodos de información (MEI), II Época, Vol. 1, 2010, pp. 21-23.

 

Webgrafía

-«Lugares para el Recuerdo: Escuela Cossío». Plataforma per la Memòria del País Valencià (anexo: propuestas). 2016. Consultado el 2 de octubre de 2020. https://plataformamemoriapv.files.wordpress.com/2016/02/anexo-castellano.pdf

-María Moliner, «La organización de una red de bibliotecas en la región de Valencia» [fragmento],1935.  https://gredos.usal.es/bitstream/handle/10366/119710/EB22_N175_P46-48.pdf;jsessionid=2581DFC098AF0EC36BC1340C6EF6E696?sequence=1 Consultado el 6 de octubre de 2020.

-«Valencia y la República. Guía urbana, 1931-1939». Consultado el 2 de octubre de 2020. https://www.uv.es/republica/plano/educacion/educa-tres.htm



[1] Inmaculada de la Fuente, El exilio interior, p. 140.

[2] A estas tertulias asistieron poetas y gentes de letras como Timoteo Pérez rubio, Rosa Chacel, Dámaso Alonso, Emilio Prados, Sánchez ventura, Manuel Altoaguirre, Tomás Navarro y la propia María Moliner. Inmaculada de la Fuente, El exilio interior, pp. 149-150.

[3] Inmaculada de la Fuente, El exilio interior, pp. 166-167.

[4] La explicación del expediente de depuración en Ana Martínez Rus. “María Moliner y las bibliotecas públicas: un compromiso con la democracia republicana y la difusión de la cultura”. En: Métodos de información (MEI), II Época, Vol. 1, 2010, pp. 21-23.

[5] Inmaculada de la Fuente, El exilio interior, p. 149.