Participé en el Panel de Clausura de las Jornadas conmemorativas del 90 Aniversario de la Revolución Social Española organizadas por el Programa de Investigación del Anarquismo del CeDInCI
La organización de las Jornadas nos propusieron seis preguntas y 25 minutos para responderlas, solo llegué a la mitad (la tercera la he reducido) y aquí está completo lo que preparé.
1)- ¿Qué fue la Revolución Social Española?
Entiendo la historia como un cúmulo de hechos y
acontecimientos discontinuos y contradictorios, no lineales ni ordenados,
accidentales y contingentes, nada anuncia que se van a producir, pueden suceder
o no, en todo caso, no entiendo la historia como un proceso mecánico y causal.
En esta manera de concebir la historia, los «momentos» (Jacques
Ranciere) se producen de manera intempestiva, no fundan su existencia en la
necesidad histórica, son heterogéneos frente a las formas de experiencia
estructuradas por el tiempo de la dominación[1]. Los «momentos» ponen de
manifiesto la acción de sujetos colectivos y la consistencia de la construcción
de mundos alternativos.
Los momentos revolucionarios, como la revolución de la que
vamos a hablar, son aquellos que ocurren cuando la temporalidad del consenso
establecido es interrumpida, cuando una fuerza es capaz de actualizar la
imaginación de la comunidad que está comprometida allí y de oponerle otra
configuración de la relación de cada uno con todos[2].
El momento revolucionario [anarquista] que se desarrolló a
partir del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 fue posible por la
desaparición o el debilitamiento de las instituciones estatales y por la
pérdida de influencia de los partidos institucionales. Ese momento fue un
desplazamiento de los equilibrios y la instauración de otro curso del tiempo, los
momentos revolucionarios trastocan el tiempo.
Lo
expreso bien Juan Gómez Casas, Los cruces de caminos, p. 10.
«Fue
un tiempo de plenitud que no he vuelto a percibir en ningún otro momento de mi
existencia. Creo que es algo que sólo se da espaciadamente, en el curso de
acontecimientos políticos o sociales extraordinarios, en las grandes revoluciones que cambian el mundo, o al
menos lo pretenden en los momentos iniciales. Esto lo conocen de un modo u otro
cuantos vivieron los primeros meses de la guerra-revolución de 1936, lo mismo
en Madrid que en Barcelona, Valencia y las demás localidades de la zona. La
gente fraternizaba en la calle, se comunicaba sus impresiones, familias
separadas por rencores tenaces se abrazaban y establecían una nueva
convivencia. Había también los lados oscuros
inevitables en toda lucha sin cuartel que se entabla. Para mí se abrió
entonces, según lo veo ahora, cuarenta y cinco años después, un paréntesis un
tanto mágico que sólo terminó con la propia finalización de la contienda».
¿Qué rasgos la distinguen de otros procesos
revolucionarios del siglo XX? Menciono
dos:
--Fue un momento revolucionario anarquista y libertario.
--Las mujeres (junto con los
hombres en algunos espacios) protagonizaron una revolución de la existencia que
no se ha tenido en cuenta en la historiografía que ha estudiado este
acontecimiento.
2)- ¿Quiénes fueron los
principales protagonistas del proceso? ¿Qué lugar ocuparon las organizaciones y
militantes anarquistas en su desarrollo?
El golpe de Estado se detuvo en la calle con la
gente común, simples trabajadores y trabajadoras impulsados por fuerzas
políticas y sindicales, en gran parte anarquistas. La sublevación militar debilitó gravemente el Estado republicano,
como mínimo provocó el colapso de sus mecanismos de coerción por la división
que el golpe provocó en el ejército y en las fuerzas de seguridad y no pudo
impedir el protagonismo popular. De este modo, ese «momento»
podemos calificarlo, en gran parte, como anarquista[3].
Allí
donde el Movimiento Libertario (CNT, FAI, JJLL) era mayoritario, allí se
produjo la Revolución Social (se incorporaron según los territorios el POUM,
socialistas de izquierda…).
Cuando se produjo en
España el golpe de Estado (julio 1936) se rompió de forma intempestiva el
tiempo «normal» de la existencia, el tiempo de la dominación. Este imponía sus
ritmos, fijaba el ritmo del trabajo, el de los cuidados, el de la reproducción,
el de los comicios, el orden de la adquisición de conocimientos y diplomas,
etc. Todos los testimonios de aquellos primeros días tras el golpe de Estado
mostraban a las gentes que los vivían, expectantes, inquietas, aceleradas,
tensas, excitadas, con miedo, confusas, nerviosas, etc.
El
tiempo capitalista saltó por los aires: no se trabajaba ni en el medio rural ni en el urbano,
en algunos casos porque se declaró huelga general, pero en la mayoría de los
casos la gente no acudió a trabajar, muchos trenes estaban interrumpidos,
muchas tiendas estaban cerradas, también muchas fábricas, tierras de labor sin
trabajar, etc.
El 19 de julio se puso en
marcha una Revolución Libertaria y Anarquista, una revolución
modelizada, es decir, una revolución pautada por el modelo de sociedad que se
aspiraba a construir, es decir, por un objetivo a largo plazo: el comunismo
libertario. El modelo de sociedad que se aspiraba a construir condicionó los
pasos que se dieron, fue más importante que lo que estaba ocurriendo en ese
momento. El plan a largo plazo inspiró tres actuaciones: los Comités, las
Milicias y las Colectividades. Esta revolución es la más conocida pero no la
única puesto que ellas impulsaron «otra» revolución.
Para ellas también
hubo un tiempo de ruptura, pero, aunque las mujeres estuvieron
preocupadas, inquietas y nerviosas como podían estar ellos, siguieron aportando
el soporte logístico, la alimentación, la contención emocional y sexual a los
hombres. Mientras ellos luchaban, hablaban, decidían, las mujeres estaban
concentradas en el mantenimiento de la vida, a costa muchas veces de la palabra
y de la visibilidad. Pensemos que cuando se cerraron las tiendas, se
interrumpió el trabajo o la comunicación por tren, ellas siguieron asumiendo
que era cosa suya seguir cubriendo las necesidades básicas de la familia
(propia y colectiva). Hoy les llamamos cuidados, entendidos en sentido amplio
como gestión de la vida, es decir, todo lo necesario para que la vida funcione
y que no está en el centro de la economía capitalista sino invisibilizados y
tradicionalmente realizados de manera gratuita por las mujeres.
La revolución modelizada contó poco con ellas, las mujeres
fueron «apartadas» de los espacios en los que los hombres llevaban a cabo «la»
revolución, especialmente en el frente de batalla a través de las milicias y en
los Comités.
Las mujeres actuaron con ideas y realizaron una labor de
escucha de lo que estaba pasando, no de lo que debía pasar según la línea
sindical y política del Movimiento Libertario. De esta manera existió una
revolución «sin modelo» preexistente, sin equipaje, sin plan a largo plazo, una
revolución que dejó que las prácticas se desarrollaran sin apelar a unos
principios que las dirigieran. La práctica, a partir de ella misma, elaboró su
propia justificación y construyó sus propios principios que fueron tan
múltiples como la propia multiplicidad de las situaciones vividas. Los
criterios para actuar, para escribir y para pensar solo provenían de las
situaciones y de las prácticas de la propia vida cotidiana y estaban ligadas a
su modo de vida.
La agencia revolucionaria de quienes participaron en lo que
podemos llamar el «momento de las mujeres» vivió un distanciamiento del
concepto heroico y patriarcal de revolución y la
desarrollaron sin el protagonismo masculino, algo que las obligó a
reinventarlo todo:
1º Practicaron formas de lucha no violenta, donde se
exaltaba la vida en lugar de la muerte, formas de lucha que no se agotaron en
eternos y cansados debates especulando sobre una perspectiva ideológica
singular y totalizante, sino que pensaron desde la multiplicidad y desde una
complejidad de ideas y de organización abierta y siempre incompleta.
2º Practicaron la «escucha» de
lo que estaba sucediendo y trataron de comprender las potencias de la situación
abriéndose a lo desconocido, a lo contradictorio, intentando impulsar las
potencialidades de la situación y centrándose en resolver problemas allí donde
estaban. Su enfoque fue práctico y eficaz, poniendo el cuerpo en lo que hacían.
Su revolución empezó en las guarderías, en los comedores colectivos, en las
maternidades, entre las personas refugiadas, entre los niños y niñas huérfanas,
entre las prostitutas.
3º Practicaron la prefiguración
política, un modo de acción experimental, que no dependía de principios, que desdibujaba
los límites entre medios y fines y que se concentraba en el presente y en la
posibilidad de transformarlo. Era el presente de la acción directa. Lo que se
trataba de alcanzar ya no era «el otro mundo» sino el «mundo otro», es decir,
«la vida otra», otra manera de estar en el mundo.
4º Inventaron otras relaciones posibles con la política
emancipadora, descubrieron que para la emancipación no se trataba de ganar en
una correlación de fuerzas, ni en suplantar modos de gobierno, sino en
inventar, experimentar y explorar las capacidades individuales y colectivas de
quienes se emancipaban. Pretendieron construir otra representación del mundo,
otros saberes basados en esa peculiar revolución en la que era clave capturar
la singularidad de cada uno de los acontecimientos, pluralizar las perspectivas
y construir un calidoscopio de verdades, aunque fueran precarias, capaces de
mantenerse leales a la singularidad de las experiencias. Sintieron la vibración
que produce en los cuerpos cuando son atravesados por el proceso de
emancipación. Así lo expresó Concha Liaño cuando afirmó: «Creo que fuimos
privilegiados, a pesar de la derrota: al menos tuvimos una etapa en la cual,
sabíamos para que vivíamos».
Se ha dicho que las mujeres estuvieron «ausentes» de la
revolución, pero no es cierto, las mujeres «estaban» en la revolución, se
ocupaban de la vida y querían cambiarla porque conocían las necesidades, las
penurias, los talentos y debilidades de la comunidad. La guerra no las
paralizó, ellas estuvieron en lo que venía aconteciendo.
Las mujeres en la retaguardia se centraron en atender los cuidados desde una perspectiva revolucionaria puesto que 1º existía una responsabilidad colectiva en sostener la vida desde la
solidaridad y el apoyo mutuo y 2º provocaron una ruptura con las lógicas de la
economía capitalista. Siguiendo esta perspectiva asistieron a los combatientes,
a la población desplazada, a la infancia, a la maternidad y sus necesidades,
etc. Incluso afrontaron los cuidados domésticos con una perspectiva
comunitaria: comedores populares, guarderías, higiene urbana y habitacional,
educación y cultura.
Todas estas tareas asistenciales no
tenían un esquema previo, no había un modelo de referencia sobre cómo canalizar
la solidaridad. Se pensaron las ayudas a partir de los detalles que había que
afrontar (cuidar a los heridos, enterrar a los muertos y atender a sus familias,
atender a los mutilados, ropa para afrontar el frío, hospitales, refugiados,
evacuados, huérfanos, etc.), y por ello, se mantuvo la materialidad de las
cosas. La clave fue la
preocupación por lo particular: estas personas, estos problemas, estas
soluciones, y luego se introducían principios universales -la solidaridad, la
justicia, el cuidado- para apoyar esos compromisos iniciales.
Las mujeres no tenían un plan revolucionario y partieron de
su manera de entender el mundo desde el cuerpo, desde la experiencia. Cambiar
el mundo, revolucionarlo, era una cuestión de práctica, no de teoría basada en
principios ideológicos y un plan de actuación previo. Ellas partieron de las
prácticas y la escucha.
1ºLímites externos:
· El contexto internacional: crisis económica (crac del 29 y crisis
mundial) La polarización derecha/izquierda (con dos modelos
totalitarios en Europa: fascismo/comunismo) hizo difícil estabilizar el primer
sistema democrático que hubo en España y provocó que durante la Guerra Civil la
República contara con pocos apoyos internacionales y con pocas armas en
comparación con el otro bando.
· La fuerza de las
posiciones contrarevolucionarias debido a la política antifascista adoptada
en 1935 en el
Séptimo Congreso de la Internacional Comunista (Komintern) aprobando la táctica
de los Frentes
Populares. Con esto, El PC de la URSS y el resto de los
partidos comunistas, incluido el español, dejaron de impulsar revoluciones y
pasaron a colaborar con las burguesías democráticas para frenar al fascismo. A
esta política se unió la socialdemocracia y los partidos republicanos
burgueses.
2ºLímites internos del
propio Movimiento Libertario
· La decisión muy temprana de participar en
los gobiernos (octubre/noviembre 1936) tomado por las cúpulas de la CNT y
la FAI echando por tierra los planteamientos anarquistas y anarcosindicalistas.
Se produjo un contraste entre las bases y las cúpulas dirigentes. Lo que se
produjo de revolucionario vino por las bases a pesar de las cúpulas dirigentes.
· La militarización de las milicias,
adoptando una estructura jerárquica, de obediencia militarista asumiendo las
formas de lucha armada del enemigo social en lugar de optar por la guerrilla
más acorde con los planteamientos anarquistas.
· Respecto al planteamiento patriarcal y de
género hubo un sector importante del Movimiento Libertario que apenas lo
cuestionó, excluyendo a las mujeres de “la” revolución modelizada.
Pese a todo lo dicho, los
planteamientos revolucionarios supieron buscar las grietas de los
planteamientos hegemónicos dentro del Movimiento Libertario y siguieron
existiendo hasta 1939.
Invisibilizar
toda la obra constructiva, innovadora y transformadora del Movimiento
Libertario, tiene como propósito que muera el recuerdo de aquello que puede
producir efectos sobre el presente. Descargar, desde el poder político, mediático y académico, toda la basura antilibertaria contra unas experiencias emancipadoras que es mejor
enterrar tiene como objetivo que desde el presente, no se puedan percibir
posibles futuros emancipadores. Si nos prohíben el futuro, el pasado solo se
repite una y otra vez bajo la forma de la nostalgia y la retromanía.
Por otro lado, la otra manera de hacer la revolución que
protagonizaron sobre todo las mujeres nos ha permitido observar aspectos que
han pasado desapercibidos para la historiografía condicionada por esa
revolución «con modelo» que ha condicionado la lectura de los testimonios, de
las fuentes escritas, etc.
6)- A noventa
años de su inicio, ¿por qué creen que sigue siendo importante estudiar y
debatir la Revolución Social Española? ¿Qué legados nos dejó y qué aspectos de
aquella experiencia consideran que continúan siendo relevantes para pensar la
política, la organización social y los proyectos emancipatorios del presente?
Es importante por lo que ya he señalado: la
importancia genealógica que tiene el conocimiento de experiencias
revolucionarias y emancipadoras, aunque hayan fracasado porque son referentes,
experiencias y saberes útiles en el siglo XXI.
No se
trata de imitar o copiar el pasado que aconteció hace 90 años puesto que el
anarquismo se forja en las circunstancias que vive, no en las del pasado.
Debemos huir de la «melancolía (de izquierda) anarquista» que es una postura en
la cual el apego a una identidad o a un análisis político del pasado es más
fuerte que el interés en las posibilidades actuales de movilización, alianza o transformación.
El sujeto melancólico se identifica con los ideales perdidos y experimenta su
ausencia como sentimientos de desolación y abatimiento.
El anarquismo es movimiento, no puede pararse
en el pasado, aunque puede recoger del pasado el deseo de rebeldía, de
resistencia y de lucha.





