Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

martes, 13 de octubre de 2015

ANSELMO LORENZO Y EL FEMINISMO


Anselmo Lorenzo (1841-1914), al igual que la mayoría de los internacionalistas, partió de las ideas de Bakunin sobre la mujer que quedaron recogidas en los congresos de la sección española de la Internacional. Pero no podemos olvidar que Lorenzo se había formado en Madrid en un movimiento más amplio que creció tras el Sexenio Revolucionario (1868-1874): el mencionado movimiento librepensador. Pero además, dentro del obrerismo internacionalista algunas mujeres, especialmente Teresa Claramunt y Teresa Mañé, construyeron un feminismo anarquista que indudablemente Lorenzo conoció por coincidir, sobre todo con Claramunt,  en el núcleo Regeneración, en el semanario La Anarquía de Madrid del que eran corresponsales, en el círculo que se articulaba alrededor del semanario El Productor de Barcelona y en el periódico ácrata, La Tramontana. Josep Llunas, el director de este último periódico, anarquista y masón como Lorenzo, además de amigos, tenía lazos de amistad con Antoni Gurri, marido de Claramunt. Este mismo periódico, en 1892, calificaba de notables pensadores del socialismo radical español a un núcleo formado por Anselmo Lorenzo, el matrimonio Gurri-Claramunt, Fernando Tarrida, Jaume Torrents, Juan Montseny, Teresa Mañé (Soledad Gustavo) y Eudald Canibell. Claramunt y Lorenzo volvieron a coincidir por su condición de detenidos en el Proceso de Montjuïc y obligados a expatriarse se encontraron en París cuando, desde Londres, llegaron la pareja Gurri-Claramunt. En la capital francesa se encontraron con Lorenzo que  trabajaba como impresor y corrector de pruebas y otros muchos procesados en Montjuïc, además de poder recurrir a la ayuda de un comité de socorros a los expulsados españoles. Cuando pudieron regresar a España a partir de 1897, volvemos a coincidir en la campaña por la revisión del proceso, al igual que en el impulso de la importante huelga de 1902[1]. Estaban, pues, integrados en un grupo de anarquistas[2], que participaba de un proyecto obrerista que, desde 1886, planteaba unas tácticas que desembocaron en el Sindicalismo Revolucionario. Aunque Lorenzo y Claramunt fueron de nuevo expatriados fuera de Cataluña a raíz de la Semana Trágica, la desconfianza de Claramunt hacia el sindicalismo cuando se fundó Solidaridad Obrera (1907) los distanció definitivamente.
Los feminismos librepensador y obrerista compartían espacios de sociabilidad comunes en los círculos librepensadores formados por republicanos, espiritistas, masones y anarquistas. Estos contactos venían facilitados por el ideario fraternal e interclasista que otorgaba protagonismo a ciertas elites políticas e intelectuales y constituía uno de los elementos de la cultura de izquierdas del momento.

TERESA CLARAMUNT
Teresa Claramunt, protagonista privilegiada de los feminismos librepensador y obrerista, se integró en la FTRE a través de su participación, como secretaria, en la constitución de la “Sección Varia de Trabajadoras Anarco-Colectivistas de Sabadell” (octubre 1884-julio 1885). La iniciativa de crear una organización que se dirigía a las asalariadas era, en sí misma, insólita e inhabitual dentro del movimiento obrero, incluso del obrerismo ácrata. La “Sección Varia” se constituyó  como asociación en defensa de las obreras con el objetivo de lograr la emancipación de los dos sexos, ya que la lucha era común, aunque planteaban la necesidad de remarcar la lucha contra la explotación de las obreras[3]. A la identidad de “clase”, punto central de las ideologías obreras, se superponía de manera inédita la identidad de sexo. Las obreras reunidas en la “Sección Varia” transmitían una verdadera impresión de grupo[4] aunque no había unanimidad en la manera de entender la naturaleza de las relaciones de los sexos.
Aunque la “Sección Varia” tuvo una vida muy breve, para Claramunt fue el inicio de un activismo en favor de la emancipación de la mujer que se manifestó tanto desde el punto de vista organizativo como ideológico. En 1891 vivía ya en Barcelona, concretamente en Gracia, un núcleo con una acusada tradición obrera industrial con multitud de espacios de sociabilidad de la cultura de izquierdas: ateneos obreros, círculos librepensadores como “La Luz”; centros espiritistas como “La Buena Nueva”; escuelas laicas como la regentada por la masona y espiritista, Julia Ayma; la logia masónica “Constancia”; se editaba el periódico espiritista “La Luz del Porvenir”; tenía su sede la organización feminista “Sociedad Autónoma de Mujeres y  vivían sus tres principales impulsoras: Claramunt, Amalia Domingo Soler y Ángeles López de Ayala[5]; había casinos republicanos e importantes núcleos ácratas como lo demuestra el hecho de que se fundara en Gracia el quincenario Tierra y Libertad y fuera en Gracia donde nació el anarco-comunismo catalán.

ÁNGELES LÓPEZ DE AYALA
Todo lo dicho indica que Lorenzo conocía perfectamente el feminismo obrerista que Claramunt estaba desarrollando a través de múltiples artículos en la prensa, en la que ambos colaboraban[6], y que conocía también su folleto,  La mujer. Consideraciones Generales sobre su estado ante las prerrogativas del hombre, editado en 1905. De la misma manera Lorenzo debía conocer la opción de Claramunt (a diferencia de Teresa Mañé) de vehiculizar la lucha por la emancipación a través de organismos específicamente femeninos, ya fueran anarquistas o librepensadores[7].
De toda esta diversidad de influencias señaladas y de un pensamiento  que Anselmo Lorenzo fue desarrollando con sus lecturas y que arraigaba en el positivismo, el liberalismo y el socialismo, es decir, en la conciliación de la racionalidad científica, la libertad individual y la justicia social, manó la concepción que sintetizó en los cuatro capítulos titulados “La Mujer” y recogidos en su obra El Pueblo (1909)[8].
El planteamiento ilustrado de la consecución de la felicidad está presente en estos capítulos, el feminismo tenía que hallar el modo de que la mujer fuera dichosa al igual que el hombre, este objetivo, imprescindible para la organización de la sociedad anárquica, solo podía lograrse si hombre y mujer eran unidades equivalentes e iguales.
El primer capítulo de “La Mujer” (el X en la obra) pone el acento en descubrir cómo las leyes han construido la civilización en base a la injusticia y la desigualdad y en cómo esta tiene dos pilares sobre los que se sustenta: las desigualdades entre hombres y mujeres y de forma análoga las desigualdades entre ricos y pobres. Destaca la denuncia del patriarcado, en la misma línea que habían hecho Teresa Claramunt y Teresa Mañé cuando afirmaron que sobre la desigualdad de sexos se había constituido la sociedad que había envenenado a los hombres haciéndoles despóticos y tiranos con sus semejantes. La superioridad física del hombre sirvió de excusa, desde la prehistoria, para dominar a la mujer y marginarla de los asuntos públicos:
La mujer es y ha sido para el hombre, un ser incapacitado para todo, y, salvo muy honrosas excepciones, nadie durante siglos la ha defendido de esa usurpación de facultades. Se la ha considerado como el eterno niño[9].

Lorenzo remarca, como hizo Bakunin  en  “La mujer, el matrimonio y la familia”,  la  necesidad de acabar con unas leyes, como las recogidas en el Código civil y penal españoles, que legalizan la inferioridad, la obediencia y el sometimiento de la mujer al hombre.  Para reforzar el cuestionamiento de unas leyes opuestas al progreso de la humanidad trata de demostrar, desde la autoridad de diversos autores (Cesare Lombroso, Alexis de Tocqueville, Pascal Duprat, Gabriel Tarde y Nicolas Condorcet entre otros) que desarrollaban su labor intelectual en disciplinas como la filosofía, la sociología, la  historia, la psicología social, la psiquiatría, etc.,  la igualdad de los sexos.          



[1] Todas estas referencias sobre las coincidencias de Teresa Claramunt y Anselmo Lorenzo en Laura Vicente, Teresa Claramunt, págs. 120, 143, 153, 156 y 193.
[2] En este grupo encontramos a Jaume Torrents, Fernando Tarrida, Joan Torrents Ros, Pere Esteve, Josep Llunas, Anselmo Lorenzo, Francisco Abayá, Francisco Fó, Teresa Mañé y Joan Montseny, entre otros.
[3] La información sobre la constitución de la “Sección Varia” apareció en Los Desheredados, 127, 1-11-1884.
[4] Este grupo, que debía rondar la veintena, escribió un escrito de protesta en Los Desheredados, 179, 6-11-1885. En él destacan, además de la propia Teresa Claramunt, Federación López Montenegro, Gertrudis Fau de Fau y Asunción Ballvé. Laura Vicente, Teresa Claramunt. Pionera del feminismo obrerista anarquista. Fundación Anselmo Lorenzo, 2006, Madrid, pág. 84.
[5] Laura Vicente, Teresa Claramunt, pág.113.
[6] En Laura Vicente, “Teresa Claramunt. Des de l’altre banda de la <<Perfecta casada>>. La dona sotmesa al tirano de blusa y alpargata. Revista Cercles, Universitat de Barcelona, 8, Gener 2005, pp 231-256, se reproducen diversos artículos y escritos que Teresa Claramunt escribió, entre 1887 y 1913, sobre la mujer.
[7] Teresa Claramunt participó en asociaciones obreras de oficio femeninas en la línea del internacionalismo revolucionario como la mencionada “Sección Varia de Sabadell” (1884) y, posteriormente, la “Agrupación de Trabajadoras de Barcelona” (1891) y el “Sindicato de Mujeres del Arte Fabril” (1901). Pero participó también en asociaciones de mujeres de condición social diversa y librepensadoras: la “Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona” (1889) y la “Asociación Librepensadora de Mujeres” (1896).
[8] Anselmo Lorenzo, El Pueblo (Estudio Libertario), Valencia, Sempere, 1909.
[9] CLARAMUNT, Teresa: La mujer. Consideraciones generales sobre su estado ante las prerrogativas del hombre. Buenos Aires, A. Zuccarelli, s. f., p. 4.

sábado, 3 de octubre de 2015

HISTORIA Y FICCIÓN, TIMOTHY SNYDER Y VASILI GROSSMAN

Tras las elecciones celebradas en Cataluña el domingo pasado, 27 de septiembre, tenía previsto escribir algo sobre los resultados. Aunque he desistido de hacerlo, he encontrado una idea en una de las obras a la que haré referencia ahora que me ha iluminado sobre lo que hace Artur Mas y su coalición:
Imaginarse un mundo sin España y después adaptar el mundo, aunque sea de manera imperfecta, a sus visiones. Todas sus acciones pierden peso moral porque se impregnan de la ficción que la provocó.
Dejo al margen la política en Cataluña llena de visiones que soslayan la realidad de los votos emitidos el domingo pasado para pasar a hablar de Historia y Ficción.

En el viaje de este verano a Polonia leí Todo fluye de Vasili Grossman, del que ya había leído Vida y destino. Poco después combiné otras novelas de ficción con la extraordinaria obra del historiador Timothy Snyder, Tierras de sangre, que reseñaré en su momento. En esta obra aparece una mención a Vasili Grossman en las páginas 452 a 454 que me servirá de base para introducir la novela.
Grossman narra desde la ficción la realidad de lo sucedido durante la II Guerra Mundial y en el periodo inmediatamente anterior a ella, la misma etapa que estudia Snyder (1933-1945).

 
La Europa de Vasili Grossman era un continente en el que la URSS y la Alemania nazi estaban en guerra. Grossman, escritor de ficción convertido en corresponsal de guerra soviético, presenció el avance del Ejército Rojo en el Este y fue testigo de los crímenes alemanes y soviéticos. Intentó explicarse el asesinato en masa de judíos por parte de los alemanes y ese propósito le condujo a desarrollar una condena política del fascismo y de Alemania. El antisemitismo que tras la guerra sufrió Grossman y la comunidad judía en la URSS le llevó a librarse de la interpretación política anterior. Rompió con los tabús del siglo y situó los crímenes de los regímenes nazi y soviético en las mismas páginas y en las mismas escenas de Vida y destino (terminada en 1959 y publicada fuera de la URSS en 1980) y de Todo fluye (quedó incompleta al morir Grossman en 1964 y fue publicada fuera de la URSS en 1970).

En esta última novela utiliza la familiaridad con las escenas de los campos de concentración alemanes para presentar el hambre en Ucrania. Por otro lado retoma la comparación del régimen soviético con el nazi puesto que ambos se planteaban privar a grupos humanos del derecho  a ser considerados como tales. Grossman hizo que las voces de las víctimas fueran audibles. Y de esta forma se desvía de sacar conclusiones políticas, intelectuales, literarias o psicológicas de los asesinatos en masa que presupongan una falsa armonía, señalando que la pregunta esencial es: ¿cómo fue posible (cómo es posible) que se infligiera un final violento a tantas vidas humanas?


PUENTE QUE COMUNICABA EL BARRIO JUDÍO CON EL GUETO AL SER OCUPADA LA CIUDAD POR LOS NAZIS. CRACOVIA


La novela está centrada en Iván Grigórievich, en su vida tras ser liberado de un campo de prisioneros soviético en el que ha estado  treinta años. Partiendo de este esquema narrativo básico, el autor va añadiendo, a modo de crónicas, otros hechos, reflexiones propias sobre la culpa y el significado de humanidad, y diversas consideraciones y valoraciones sobre la historia de Rusia y de la posterior URSS. Poco a poco, en el desarrollo y el desenlace final, Grossman va asumiendo el protagonismo y es muy difícil no verlo como el auténtico narrador. 

MONUMENTO A LAS VÍCTIMAS DE LA HAMBRUNA EN UCRANIA EN 1932-1933.
 CRACOVIA

En este sentido, como novela, la obra no logra mantenerse en la ficción y la realidad se va colando por todos los intersticios hasta acaparar la atención del autor y del lector/a. Seguramente perderá lectores por ese exceso de realismo y de acaparamiento del autor sobre su obra, pero yo me reafirmo en su calidad para  conmover, emocionar, intrigar, etc.
El Estado se convirtió en el amo. El elemento nacional pasó de la forma a la sustancia y acabó siendo esencial, mientras se relegaba el elemento socialista a un segundo plano: a la fraseología, a la cáscara, a la forma externa.La ley sagrada de la vida se formuló con una evidencia trágica: la libertad del hombre está por encima de todo; no hay en el mundo objetivo por el cual se pueda sacrificar la libertad del hombre (226).
Estamos ante una obra que merece la pena leer porque tiene pasajes asombrosos, bellos, emocionantes y bien escritos. Desde mi punto de vista destacan la hambruna que se produjo en Ucrania en los inicios de la década de los treinta y las reacciones ante la vuelta de Iván Grigórievich por parte de aquellos que se libraron de ser acusados de cualquier delito. Uno de los aspectos que pone de relevancia el autor es justamente la arbitrariedad como rasgo destacado de cualquier sistema totalitario como era el soviético.
Hay una fuerza satánica en prohibir, en reprimir. Apresada por el dique, el agua de los ríos y de los torrentes manifiesta una fuerza misteriosa, oscura. Esta fuerza oscura escondida en el chapoteo amable, en los reflejos de los rayos del sol, en la oscilación de los nenúfares, de repente descubre la maldad implacable del agua, que destruye las piedras e impulsa las aspas delas turbinas a una velocidad de locura (138).
La necesidad de Grossman de denunciar la represión del Partido Comunista le lleva, en algunos momentos, a sacrificar la trama en aras de sus opiniones que le llevan a proclamar la libertad como bien más preciado del ser humano. Una lectura muy interesante, un testimonio para no olvidar.


martes, 22 de septiembre de 2015

CATALUÑA, REPÚBLICA DE EUFEMISMOS

Eso sería mi moral: desconfiar y, cuando uno se convierte en víctima, oponer  resistencia; cómo, no sé. (…) pero hay otras posibilidades para defenderse y cuestionar permanentemente la infalibilidad de la prensa. Esa sería mi moral.
Heinrich Böll, entrevista en TV, 1974.
En Cataluña  existe un discurso oculto, del que me siento partícipe, el de los otros actores de la sociedad catalana que permanecen al margen de entidades políticas, ya sean partidos u organismos de la llamada sociedad civil subvencionada, los ciudadanos desubicados frente a la actual situación política. La Generalitat con gran potencial  político y una constante presencia mediática ha establecido una distancia enorme entre los dominantes, que defienden la independencia arrasando con cualquier posible crítica contraria a su política social o sobre la corrupción practicada durante decenios, y los dominados que han quedado silenciados para expresar su descontento y escasamente representados por una izquierda exenta de contaminación nacionalista.


Tal es la hegemonía actual de este bloque dominante que, en la campaña para las elecciones autónomicas-plebiscitarias, apenas se hablará del subdesarrollo social de Catalunya[1] propiciado por los sucesivos gobiernos de CIU. El deterioro del bienestar y de la calidad de vida de las clases populares es de tal magnitud que hemos descendido hasta la peor situación de la época democrática, tal y como afirma Vicenç Navarro. El desempleo afecta a uno de cada cuatro adultos y más de la mitad de los jóvenes están en paro, el número de personas que llevan buscando trabajo durante dos años sin éxito ha crecido en un 1.000%. También ha aumentado el número de familias en las que todos los miembros activos de la unidad familiar buscan, pero no encuentran, trabajo. La mayor destrucción de empleo se ha producido desde 2011 con gobierno de CIU (ahora divididos en CDC y UDC). Estos y otros datos que proporciona el artículo de Vicenç Navarro ha provocado que Catalunya sea el país con mayores desigualdades después de Grecia, Portugal y España. Sin embargo todo este dolor humano, que se ha creado durante la crisis y del que son responsables CIU y ERC por su apoyo constante a las políticas de CIU, no emergerá en la campaña electoral y será acallado por el dominio mediático que ejerce sin contemplaciones el poder político y que es coreado por una masa disciplinada que arremete contra quien intenta ponerlo sobre la mesa de la actualidad electoral. ¿Cómo han llegado súbitamente (hasta hace menos de un decenio el independentismo a duras penas llegaba al 20% en Cataluña) miles de ciudadanos/as a esta ceguera fanática? La potenciación de la identidad y la autoconfianza, señala Juan M. Blanco[2], en un mundo de dudas e inseguridades interiores, es el mecanismo psicológico que alimenta el nacionalismo. Identificarse con una nación permite atribuirse cualidades, nunca defectos, que el nacionalismo atribuye a esa idealizada colectividad. No sirve de nada visibilizar los datos del derrumbe social catalán, el nacionalismo como creencia que es, se mueve por emociones mesiánicas y nada razonado les apartará del camino de la “salvación” (=de la independencia).

Por tanto, cuanto más arbitrariamente se ejerce el poder, el discurso público de los dominados adquiere una forma más estereotipada y ritualista, en otras palabras, cuanto más amenazante sea el poder, más gruesa será la máscara de silencio tras la que se esconden[3]. Sin embargo, los dominados existen y se expresan desde el ámbito de la infrapolítica, nos advierten que existe una gran variedad de acciones de resistencia que recurren a formas indirectas de expresión como chistes, canciones, imágenes, blasfemias, chismes, juegos de palabras, metáforas, gestos y desorden (que hoy viajan por WhatsApp y las diversas redes sociales pero que también se expresan en bares, cafés y mercados). Algo que nos recuerda a lo sucedido durante la Transición democrática (1975-1982). En Cataluña a este sector que compone la mayoría de la población, desmovilizada pero obstinadamente renuente a votar la propuesta independentista, le identifican el anonimato y el silencio excepto cuando se siente seguro entre gente de confianza. Una peligrosa situación de marginación que podría verse atraída por “cantos de sirena” de la derecha representada por el nacionalismo español populista de Xavier García Albiol, de idéntico ideario al que ha prosperado en algunos países europeos, como Dinamarca, ahora tan admirados por el sector predominante del independentismo.

El discurso público de los dominadores, representado hoy por la candidatura de “Junts pel sí” en la que aúnan sus intereses gobierno y oposición (CDC y ERC), tiene por fundamentos primordiales la afirmación, el ocultamiento, la unanimidad y los eufemismos[4].

La afirmación viene de la mano de algunos acontecimientos que  se plantean como afirmaciones discursivas de un modelo específico de dominación, las manifestaciones de los últimos tres años de la Diada son muestras de exhibición del poder, un ritual nacionalista orquestado para “convencer”. Si los subordinados creen en el poder de sus superiores, esa misma impresión ayudará a que estos se impongan y, a su vez, aumentará su poder real. Las apariencias importan y por ello estas manifestaciones de fuerza se promueven como una demostración de autoafirmación para acallar al oponente e impresionar a los dominados.

EL ROTO
La ocultación pretende eliminar del discurso público hechos que todo el mundo podría conocer porque se han publicado. Que la desigualdad ha crecido está cuantificada en cifras y muy visible en el temido por los independentistas “cinturón rojo” de Barcelona. Que la renta disponible para el 20% más rico, sobre el 20% más pobre, ha crecido desde las 4,7 veces en el inicio de la crisis (2007) a las 5,7 veces en 2013, con un incremento del 21%. Mientras el promedio de la UE-15 fue de 4,9 veces. Esta desigualdad de rentas, la mayor de la UE-15 después de Grecia, España y Portugal, es incluso mayor cuando se comparan al 10% de la población catalana de mayor y menor renta. Desde el inicio de la crisis hasta el año 2012, los más ricos (10% superior) pasaron de tener 7,65 veces más que los pobres (el 10% inferior) a 15,35 veces (un incremento nada menos que de un 100%)[5].

Hoy en Cataluña se está desarrollando una cultura doble: la cultura oficial llena de deslumbrantes eufemismos, silencios y lugares comunes, y la cultura no oficial que tiene su propia historia, su propia literatura, poesía, música, una propia percepción de la escasez, la corrupción y las desigualdades. La afirmación y la ocultación han logrado calar en amplios sectores de la población, especialmente de clase media pero también entre los sectores más populares, que han canalizado su descontento a través de consignas patrióticas exculpando a los verdaderos responsables de su situación. Avalando de una forma inconsciente la ocultación y la mentira sistemática utilizadas para mantener el poder político e incluso incrementarlo mediante el alzamiento de unas nuevas fronteras y un nuevo estado.

Si por algo se caracteriza en la actualidad la situación política de Cataluña es por los eufemismos que utiliza el independentismo agrupado en “Junts pel sí” para soslayar los  temas delicados, para borrar lo que se considera negativo o que puede convertirse en un problema si se declara explícitamente. Se trata de ocultar “hechos desagradables de la dominación y su transformación en formas inofensivas o esterilizadas” (Scott, 2003: 89).

¿Cómo no esconder los desproporcionados recortes en gasto público social, los más elevados que se han producido en España y en la UE-15? Recortes que se han producido especialmente en aquello más desintegrador y que acrecienta la desigualdad como sanidad, educación, servicios domiciliarios a personas discapacitadas, vivienda social y servicios de prevención de la exclusión social. ¿Quizás culpando de todo ello a España bajo el famoso, “España nos roba”, que exculpa, por arte de magia, a CIU, el partido que ha pilotado Cataluña durante la crisis?

Las instituciones sanitarias y docentes han sido las que más empleados públicos han perdido durante los últimos cinco años en Cataluña, durante los gobiernos Mas y Mas-Colell. Desde 2010, los recortes presupuestarios han reducido el personal de la Generalitat en 6.832 personas (son datos publicados en su propia página web). El 55% de estos puestos de trabajo perdidos corresponden a esos dos sectores, salud y educación, los pilares del, muy mercantilizado y privatizado, estado de bienestar catalán. Sólo los cuerpos de seguridad, Mossos d'Esquadra y bomberos, han visto incrementar a sus efectivos en unas 1.000 personas (el aumento se debe, básicamente, a una convocatoria de empleo público para mossos en 2011). Los cuerpos de seguridad han pasado de sumar 16.108 agentes en junio de 2010 a 17.152 durante el mismo periodo de 2015 (casi todos ellos funcionarios, sólo hay 32 interinos).

En Cataluña llevamos muchos años “decidiendo” a través del voto a quién le damos la confianza para que nos gobierne, sin embargo la campaña por “el derecho a decidir” parece haber borrado de un plumazo que CIU ha gobernado el 80% de los años de democracia en que ha sido elegido por la ciudadanía. La “decisión” de hombres y mujeres de Cataluña durante casi cuarenta años ha sido otorgar confianza a un partido nacionalista moderado, no independentista, de la derecha neoliberal que ha sido el responsable de la situación de penuria social que sufre hoy Cataluña. Su colaboración con los gobiernos españoles del PP y del PSOE durante toda la etapa democrática parece haber desaparecido del frágil recuerdo de miles de ciudadanos/as que “creen” en la construcción narrativa de este partido que pretende hacernos creer que han luchado contra España, no desde hace cuarenta años, sino desde hace trescientos.


Cada vez que un eufemismo oficial logra imponerse sobre otras versiones, discordantes, los subordinados aceptan explícitamente el monopolio del conocimiento público que ejercen los dominadores. Puede ser que los subordinados no tengan otra opción; pero, mientras no sea cuestionado abiertamente, ese monopolio no tiene “que dar explicaciones”, no tiene que “darle cuentas a nadie” (Scott, 2003: 90).

El eufemismo no se limita al lenguaje, esteladas en los balcones, calles y ayuntamientos, ceremonias públicas como la Diada, himnos y diversos rituales, como las famosas ruedas de prensa del Sr. Mas o los abrazos con el representante de la extrema izquierda independentista, el Sr. Fernández, son aspectos a través de los cuales los poderosos intentan presentar su dominación de acuerdo con sus gustos. “Vistos en conjunto, todos esos eufemismos representan el halagador autorretrato de la elite dominante” (Scott, 2003: 91). Estigmatizar a quien discrepa no resulta difícil sobre todo en centros de sociabilidad (comisiones de bailes populares, centros excursionistas, corales, etc.) o en pueblos pequeños donde el control se hace agobiante sobre aquellos/as que se salen de la normatividad impuesta por el discurso oficial.

Se busca, naturalmente la unanimidad, el nombre de la candidatura lo revela, Juntos (por el sí), en la línea de aunar a todos haciendo un gran esfuerzo por alimentar una imagen pública de cohesión y de creencias comunes. Juntos la derecha y la izquierda (incluso es posible que la extrema izquierda en el último momento decisivo de la proclamación de la independencia) en un complicado pacto que, no se ha dado a conocer públicamente, para reducir al mínimo los desacuerdos. Para que las divisiones no aparezcan se estipula un discurso irreal, genérico, centrado en el victimismo y en el enemigo común. Para lograr esta unanimidad se reducen las discusiones informales, los comentarios espontáneos y se confinan en espacios afines que eviten situaciones embarazosas  o tensas, resulta esperpéntico que el Sr. Romeva afirme sin pudor que solo irá a entrevistas en TV3. Los desacuerdos debilitan y se tienen que desterrar. Si la apariencia de unanimidad se extiende hasta los subordinados, su control se incrementa aún más.

Las manifestaciones públicas, como la Diada, son el componente visual y oral de una ideología hegemónica, la ceremonia formal en que se ha transformado esta manifestación en los tres últimos años sirve a los poderosos para celebrar y dramatizar su dominio. Han sido interpretadas como apoyo a sus gobernantes sin los cuales dichas ceremonias no serían posibles. Ninguna manifestación ha contado nunca en la época democrática con todos los medios de infraestructura (por ejemplo, más de 2.000 autocares fueron facilitados por la “generosa” Asamblea Nacional que trasladaron durante todo el día a alrededor de unos 100.000 participantes), publicidad y protección policial a su disposición para realizarla. Incluso para ensayarla días antes como una puesta en escena.

Y es que se plantea así, como un espectáculo aéreo para ser retransmitido por las televisiones. Los participantes son actores al servicio del simbolismo orquestado por los organizadores que marcan la hora simbólica del inicio, 17:14, dónde se han de situar los participantes, de qué color  deben llevar la camiseta y los punteros y cuándo han de recoger todo y marchar a sus casas. El recorrido de la última Diada se dividió en 135 tramos, agrupados en 10 bloques, tantos como ejes sobre los que los organizadores desean que se construya la República Catalana, cuya vindicación es el sentido de marcha. Dentro de los tramos se agrupaban los diversos colectivos que apoyaban la manifestación, jóvenes en el eje "democracia", sindicalistas en "justicia social", etc.

Nadie va a ver la manifestación. El espectáculo es de meros actores y actrices sin público, es una ceremonia que el poder organiza para sí mismo y para los medios de comunicación. Cuadro vivo de la disciplina y del control centralizado. Existe una inteligencia unificada que, desde el centro, dirige todos los movimientos del “cuerpo” Toda la escena, como imagen y como demostración de poder, transmite el sentido de unidad y de disciplina bajo una autoridad única y decidida. Cualquier desorden, división, indisciplina e informalidad se elimina de la escena pública, se crea una imagen de cómo deberían ser las cosas, el desfile es una idealización eficaz de una creación irreal (Scott, 2003: 99-100).

El mensaje que se quiso transmitir, al servicio de una opción política particular (la de los Sres. Mas y Junqueras), es la de la obligación de los subordinados a manifestar su sumisión y se les da a entender que no tienen nada que hacer, que su proyecto político es imparable y cuenta con la unanimidad de quienes aman su tierra, por tanto, su única opción es obedecer. Ocasionales rebeldías serán castigadas con la marginación, desautorización, cuestionamiento de su catalanidad, sospechas de traición y de su auténtica ideología que no puede ser sino de derechas, o por qué no, ya puestos, fascista. Lo importante es que el poder  de la imagen de un frente unido para asombrar e intimidar a los subordinados.

Pero los subordinados existimos, no nos aúna una patria alternativa ni una bandera diferente, lo demuestra el hecho de que no se haya formado una candidatura nacionalista española y sea impensable la unión de la derecha y la izquierda. Existen e intentan pensar con autonomía, empoderarse para lograr el poder que, mediante la autogestión, mejore las condiciones de vida de los más débiles, de los que más sufrimiento han soportado durante la crisis. De esa parte de la población que no está incluida en la hoja de ruta de “Junts pel sí”, la coalición de partidos que ha ocasionado esa situación de crisis social.






[1] Este es el significativo título que Vicenç Navarro puso a un interesantísimo artículo: “Las causas reales (y ocultas) del subdesarrollo social de Catalunya”, público.es, Pensamiento crítico, 14 septiembre 2015.
http://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2015/09/14/las-causas-reales-y-ocultas-del-subdesarrollo-social-de-catalunya/
[2]Estas afirmaciones se basan en The Psychology of Nationalism de Joshua Searle-White, recogidas por Juan M. Blanco, “Psicopatología del nacionalismo”. Vozpopuli, 12-09-2015. http://vozpopuli.com/analisis/68131-psicopatologia-del-nacionalismo.
[3] Estos planteamientos del discurso público y oculto son una propuesta de James C. Scott (2003): Los dominados y el arte de la resistencia. Txalaparta, Tafalla.
[4] De nuevo tomamos como referencia la obra de James C. Scott (2003).
[5] Vicenç Navarro (2015):  “Las causas reales (y ocultas) del subdesarrollo social de Catalunya”.

domingo, 13 de septiembre de 2015

CATALUÑA Y LOS RELATOS DE LA NACIÓN

Resulta inevitable hablar de un tema que lo acapara todo en Cataluña hasta el 27 de septiembre, fecha de las elecciones autonómicas-referéndum-unilateral orquestado por el partido del Sr. Mas, que hace aguas entre la corrupción que le llega al cuello y su política neoliberal de recortes sociales, después de años de unipartidismo en esta comunidad (solo roto por dos gobiernos tripartitos que sumaron siete años escasos de gobierno entre 2003 y 2010). Tengo pensado escribir un artículo que veremos si finalmente acaba saliendo antes de las elecciones, pero me ha salido al paso este aspecto concreto vinculado a mi quehacer histórico, y aquí está.


Uno de los efectos indeseados de cualquier nacionalismo es la creación de un relato de la nación que implica manipulación de la historia para distorsionar los hechos, algo  que bien poco importa sobre todo si estropean el relato. Si estas narrativas se realizan desde el poder, como ocurre ahora en Cataluña, la creación de mitos busca producir silencio entre quienes no se los “creen”, mientras  que, repetidos hasta la saciedad por los fieles creyentes, se convierten en “verdades históricas” que no se pueden poner en cuestión sin correr el riesgo de ser condenados como traidores, o  botiflers a la catalana, a la patria. Resulta más cómodo guardar silencio que separar la verdad de la falsedad, ese es el peligro de los mitos que, opuestos a la explicación racional del mundo,  hay que aceptarlos completos aunque sustituyan a la realidad. He dejado claro en la primera línea que me refiero a TODOS los nacionalismos, no hago distingos entre los nacionalismos presentes en España, por supuesto el español entre ellos, ni fuera de ella.

Vivir hoy en Cataluña, siendo historiadora, significa sufrir, hoy sí y mañana también, escuchando o leyendo el “simplista” relato nacional (o independentista como le gusta a la izquierda que teme el nacionalismo como a una mala pena) que ha ido creciendo al calor del poder y de sus recursos (medios de comunicación, ediciones, congresos, museos, becas, etc.) en los últimos tres años, voceados desde las instituciones, desde la voz “autorizada” de diputados/as, políticos/as, miembros de la llamada sociedad civil o comentaristas de cualquier medio de comunicación que de pronto son expertos/as en historia, en economía, en sociología, en filosofía y en otras muchas  materias.

La última afirmación que me ha dejado en estado casi catatónico la he leído en lamarea nº 30, de boca del exdiputado de CUP-AE, Quim Arrufat, cuando afirma tranquilamente, sin que se le mueva un músculo, que:
No hay en la historia contemporánea del Estado español movilización alguna que se acerque a lo sucedido los últimos años en Cataluña.
Deduzco que el Sr. Arrufat debe referirse a las movilizaciones del 11 de septiembre de los últimos tres años, que sin entrar en detalles sobre quién y cómo han sido convocadas, han sido multitudinarias pero que, a fecha de hoy, está por ver los efectos que tendrán. El Sr. Arrufat debería repasar la historia contemporánea española antes de hacer afirmaciones tan contundentes y recordar que desde 1916 se configuró en España, con un protagonismo importante en Cataluña, un sindicalismo revolucionario vinculado a la CNT que, ese sí, protagonizó movilizaciones muchos más relevantes, que las que a él le parecen únicas, en el período 1916-1939.

En la historia de Occidente no es rara la negación de la dominación en el pensamiento, lo raro es que se pueda llevar a efecto abierta y plenamente, cosa que ha ocurrido en muy pocos ocasiones en Europa: en la guerra campesina alemana, la guerra civil inglesa, la Revolución Francesa, la Revolución Rusa y la república española en 1936. Destaco el momento movilizador más importante de la historia contemporánea española en el que vislumbramos algo de las utopías de justicia y venganza que normalmente permanecen marginadas en el discurso oculto de los dominados. No es el único caso en que se han producido movilizaciones excepcionales y desligadas totalmente del poder institucional, cosa dudosa en los 11 de septiembre últimos, pero he querido citar la más importante de todas ellas para hacer visible de forma breve el desconocimiento de la historia contemporánea española del Sr. Arrufat, no sé si por ignorancia o por malicia. 

jueves, 3 de septiembre de 2015

AUSCHWITZ Y LA HISTORIA



El día siguiente me lo pasé cavilando, sin moverme. Pensaba en la Historia, con mayúsculas, y en mi historia, en la nuestra. ¿Los que escriben la una conocen la otra? ¿Cómo retiene la memoria de algunos lo que otros han olvidado o jamás han visto? ¿Quién tiene razón, el que no se decide a arrojar a la oscuridad los momentos pasados, o quien arroja a la nada lo que no le interesa? Puede que vivir, seguir viviendo, sea saber que lo real no lo es totalmente, puede que sea elegir otra realidad cuando la que hemos conocido adquiere un peso insoportable. Después de todo, ¿no es eso lo que yo hice en el campo? ¿No elegí vivir en el recuerdo y el presente de Emélia, proyectando mi vida real a la irrealidad de la pesadilla? ¿Será la Historia una verdad superior compuesta de millones de mentiras individuales cosidas unas a otras, como las viejas colchas que cuando era pequeño hacía Fédorine para sobrevivir? Parecían nuevas, flamantes, con su arco iris de colores, pero estaban hechas de retales disparejos, de lanas de dudosa calidad y procedencia desconocida.
PHILIPPE CLAUDEL, El informe de Brodeck, pp. 267-268.

Esta reflexión sobre la historia,  recogida en la excelente novela de Claudel, me sirve de punto de partida para relatar brevemente mi visita a Auschwitz. Llevo mucho tiempo dándole vueltas a lo sucedido en la década de los treinta y en la II Guerra Mundial en Europa. He leído ensayos, historia, poesía y ficción, buscando qué pudo motivar la maldad presente en los campos de concentración.
Sé que la historia de la humanidad da muchos ejemplos de matanzas indiscriminadas, de crueldad y de maldad, y que hoy sigue siendo así en muchos puntos del planeta. Sin embargo, no encuentro otro ejemplo comparable al intento de exterminio del pueblo judío llevado a cabo durante la II Guerra Mundial en los campos de concentración y, en especial, en Auschwitz, un campo en el que murieron entre 1.300.000 y 1.600.000 personas, de las que casi un millón fueron judíos.

De los once millones de judíos que vivían en Europa antes de estallar la guerra, en la URSS habitaban cinco millones, en Polonia tres millones y el resto repartidos por otros países europeos. De esta cifra, seis millones fueron exterminados por los nazis. Auschwitz-Birkenau tenía capacidad para matar a 10.000 personas diarias.

Todas estas cifras son bien conocidas, en este mismo espacio he reseñado algunos libros que hablan de ello desde diversas perspectivas. En esta ocasión solo quiero contar mis impresiones y mis emociones al visitar este inmenso campo.

A mediados de agosto hacía un calor abrasador en Auschwitz 2, cuando me aproximé caminando hacia la famosa puerta de entrada pensaba en cómo el calor agravaba la situación de las personas prisioneras en el campo (tenía reciente la lectura del libro de Primo Levi, Si esto es un hombre). Era muy consciente, cuando me aproximaba a la puerta, que entraba en un lugar concebido para matar, que entraba en un campo de exterminio, la mayoría de las personas que llegaban en los vagones por las vías que ya veía por fuera, morían en los primeros días tras descender del vagón.

Cuando atravesé la puerta y vi la inmensidad del campo (2,5 Km por 2 Km), las vías y los andenes a los que bajaban miles de personas después de un largo viaje en los vagones para ganado, sentí una sensación de angustia que me llevo al borde del llanto. No quería llorar, pero las lágrimas se escaparon y fue mejor. El resto de la visita fue viajar por la irrealidad de la pesadilla que dice Claudel, alambradas, focos, garitas de vigilancia, los restos de la cámara de gas y los hornos crematorios que los propios nazis volaron para borrar lo inconcebible, los espacios destinados a acumular cualquier objeto útil de las víctimas llamadas “canadás”…

La Historia en mayúsculas ha recogido detalladamente cómo los nazis construyeron campos para matar con sistema, eficacia y frialdad. Para matar a quienes consideraban inferiores degradándoles a niveles inconcebibles para que cuando entraban mansamente en las cámaras de gas parecieran autómatas, no personas. Para matar a otras razas consideradas inferiores (gitanos, eslavos…). Para matar a aquellos que tenían defectos físicos o enfermedades que podían malograr la raza aria. Para matar opositores políticos. Para matar y matar.

Mataban extrayendo el máximo de beneficio y rentabilidad con sus bienes materiales (viviendas, muebles, ropa, maletas, gafas, zapatos, relojes, brochas de afeitar, joyas, etc.), su capacidad para trabajar e incluso sus “bienes” personales: pelo, piel o dientes de oro. Convirtieron a miles de personas en objeto de experimentos médicos y psicológicos. Cualquier cosa, en definitiva, que los nazis consideraran beneficiosa para su nación y los componentes de su raza.

La historia en minúscula es la historia de cada una de las personas que sufrieron persecución, torturas, prisión, campos y muerte. ¿Cómo recoger tanta humillación, mezquindad, crueldad, degradación, dolor y sufrimiento en la Historia?

¿Cómo puede destilar la Historia con mayúsculas, millones de historias individuales que han desaparecido o que recuerdan los que sobrevivieron, momentos pasados que no se decide[n] a arrojar a la oscuridad (…), o quien arroja a la nada lo que no le interesa?

Me parece necesario tener presente lo ocurrido, visitar un campo como Auschwitz, empatizar con las víctimas, acercarse a su sufrimiento siendo conscientes del horror y sacar conclusiones del significado de ideologías nacionalistas, excluyentes y xenófobas que hoy crecen de nuevo en Europa.
Y cierro esta humilde reflexión con un fragmento referido a otros campos, los soviéticos, o gulags, del comunista y judío Vasili Grossman en su libro Todo fluye (p. 169):

El castigo del verdugo es éste: no considera a su víctima un hombre y él mismo deja de ser un hombre; mata al hombre que hay en él, se convierte en su propio verdugo; la víctima, por mucho que la destruyan, continuará siendo un ser humano para toda la eternidad.