Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

sábado, 24 de enero de 2015

EL PODER SIEMPRE ESTÁ AHÍ


Hace unos días quiso el azar que viera en el mismo día una película, un documental y una exposición que, siendo de lugares y temas diferentes, tenían un punto en común: el PODER imponiéndose de múltiples maneras y provocando la impresión de que no es posible escapar de él.
La película es Leviatán, el documental la Ciutat Morta y la exposición de fotografías Mujeres en Afganistán.


Leviatán (2014), dirigida por el ruso Andrei Zvyagintsev, tiene como protagonista a Kolia, que vive en un pueblo a orillas del mar de Barents, al norte de Rusia. Tiene un taller de mecánica al lado de su casa, donde vive con su esposa y su hijo, fruto de una relación anterior. El alcalde del pueblo quiere expropiar esos terrenos por intereses inmobiliarios. Primero intenta comprar el terreno, pero Kolia no está dispuesto a vender.


Ciutat Morta (2013), dirigida por Xavier Artigas y Xapo Ortega, es un documental que narra cómo varios jóvenes acaban detenidos por la policía urbana de Barcelona al resultar gravemente herido uno de ellos por el lanzamiento de una maceta desde un teatro okupado tras una carga policial. La realidad es que los detenidos no estaban en el interior del edificio, Patricia Heras y su amigo ni siquiera habían estado en el lugar de los hechos, pero eran sudamericanos y/o jóvenes de estética considerada antisistema.


Mujeres en Afganistán. La Asociación para los Derechos Humanos en Afganistán (ASDHA) muestra la difícil situación de la mujer en Afganistán trece años después de la caída del régimen talibán en una exposición con fotos de Gervasio Sánchez y textos de Mónica Bernabé, que se puede visitar en el Palau Robert de Barcelona.

En estos tres documentos gráficos aparece el poder en sus versiones más odiosas, dice Foucault que el poder es tolerable sólo con la condición de enmascarar una parte importante de sí mismo. Su éxito está en proporción directa con lo que logra esconder de sus mecanismos. El secreto, por tanto, es indispensable para su funcionamiento, no solo porque lo impone a quienes somete, sino porque también a éstos les resulta igualmente indispensable para aceptarlo. El poder, como límite trazado a la libertad, es la condición para ser aceptado, puesto que se considera que deja intacta otra parte de la libertad.

Byung-Chul Han dice que el poder represivo que describe Foucault es cosa del pasado, que el poder represor permitía ver al oprimido y al opresor y que en cambio el neoliberalismo no necesita imponerse sino que seduce y cautiva. En el siglo XXI el poder ya no deja nada visible, no hay un oponente que reprime o limita la libertad, el secreto se impone totalmente y las personas se creen totalmente libres.

En Leviatán se muestra cómo el poder en Rusia ha mutado pero se mantiene en manos de muchos de los que lo tenían en nombre del PCUS, y ahora de la democracia, pero el poder frio y represor está dispuesto a emplearse a fondo para “enseñar respeto”, como dice el alcalde de la película, con el apoyo de la iglesia ortodoxa, a aquellos que piensan que hay libertad, leyes y justicia. Es esa palabra, justicia, la que más se nombra en la Ciutat Morta por inexistente. La máquina policial y la justicia están dispuestas a avalar al poder político, en definitiva, a las estructuras del Estado de la Generalitat de Cataluña para triturar a unos jóvenes que se sitúan en el margen del sistema y que deben pagar por ello pese a su inocencia. La muestra fotográfica, por último, pone de manifiesto que la violencia contra las mujeres en Afganistán es una violencia endémica y estructural, potenciada por la guerra, la impunidad generalizada, la falta de educación, la instrumentalización de la religión y las leyes machistas.

miércoles, 14 de enero de 2015

CHARLIE HEBDO CONTRA EL TOTALITARISMO


Cuando se produce un hecho violento como el acontecido en París es preciso ser concisos al identificarlo. Después llegará el turno de los analistas, sociólogos/as, periodistas, expertos/as e historiadores/as.

Quienes asesinaron a gran parte de los dibujantes de Charlie Hebdo son defensores del totalitarismo puesto que son partidarios de suprimir los derechos y libertades usando la violencia y se burlaron de la voluntad de la mayoría, puesto que las caricaturas son una expresión de democracia. Los yihadistas querían asesinar la libertad de expresión y eligieron una revista que destacaba por su radicalismo libertario, su rebeldía, su ateísmo, su crítica a que las religiones se inmiscuyan en la vida política y social y sean algo más que una decisión personal.

El fanatismo religioso añade un componente más al totalitarismo de que hicieron gala los yihadistas al asesinar a otras personas, incluidos miembros de su misma religión, que nada tienen que ver con su manera de practicarla.

Su comportamiento busca, igual que la extrema derecha francesa del Frente Nacional, hacer imposible la integración de los más de cuatro millones de musulmanes franceses resaltando las diferencias identitarias y convirtiéndolas en la marca de separación de civilizaciones contra la que luchaba el humor y la sátira de Charlie Hebdo. Fueron personas excepcionales porque aun sabiendo el peligro que corrían se mantuvieron, como señala H. Arendt, internamente libres:
Sí sabemos que hubo seres excepcionales que, perdidos en un océano de confusión, de muerte y de terror, supieron discernir lo más elemental del comportamiento humano y se mantuvieron internamente libres para discernir lo que estaba bien y lo que estaba mal. Seres excepcionales para actuar con normalidad en momentos excepcionales. Su existencia nos regala la esperanza en el género humano, ayer y hoy.

lunes, 5 de enero de 2015

MUJERES CULTAS E INSTRUIDAS. LAS "MARISABIDILLAS" DOMÉSTICAS III

Aunque lo habitual en estas revistas, como ya se ha dicho, es que no existan referencias a acontecimientos de carácter político, sindical o cultural, con la intención de aislar a la mujer de su entorno concreto, sí aparecieron algunas menciones de este tipo destacando por encima de todo la importancia que dio La Ilustración de la Mujer a la convocatoria de un Congreso Femenino Nacional. Resulta evidente la conexión de las mujeres que están detrás de estas revistas con colegios que defendían el acceso de la mujer a la educación y la cultura y con intentos organizativos para consolidar alguna asociación femenina estable.

La Muger era la revista que estaba más atenta a los acontecimientos concretos, por ejemplo mencionaba la celebración del “primer meeting del bello sexo” al que habían asistido 37 señoras y cuya secretaria había sido la directora del periódico Therese Coudray de Arámburu. En este mitin se habían tomado dos decisiones que eran un claro reflejo de los planteamientos de esta revista: “nombrar una Comisión de obreras para velar por ellas y contribuir a su perfeccionamiento” y en segundo lugar “fundar una Sociedad general de señoras sin distinción de clases ni categorías”. De ninguna de las dos iniciativas, una dirigida a las obreras y la otra a las señoras, se volvió a hablar en la revista, pero la iniciativa nos indica que había un grupo más o menos coordinado que tenía interés en organizarse de forma permanente. En este grupo es factible que estuvieran las colaboradoras de La Muger, A. Dela, Concepción Gimeno, Luisa de Altamira, Amparo, Conchita Tey y Mª Pilar Sinués.
Sin duda alguna la más conocida de este grupo de colaboradoras fue Mª Pilar Sinués, nació en Zaragoza hacia 1835 y profesó en un convento del que salió para casarse con José Marco, periodista y escritor, por poderes. Fue una de las autoras más prolíficas de su tiempo con activa vida social. Falleció en Madrid el 19 de noviembre de 1893, sola y abandonada por su esposo, después de haber dedicado gran parte de su obra a aconsejar al resto de las mujeres sobre el matrimonio.


Su obra emblemática fue El Ángel del Hogar (1859), donde mostró con nitidez los perfiles isabelinos que configuraban la domesticidad española y explicaban la temprana canonicidad de sus escritos. Entró en contacto con obras más laicas de procedencia francesa y tradujo y adaptó biografías de mujeres célebres, adoptando incluso ciertas técnicas realistas. Puede considerarse la figura isabelina más liberal y burguesa de la época.

Sinués, es una figura clave en el desarrollo de la lucha por la autonomía femenina, a pesar de que los críticos que han examinado su obra la consideran una autora de segunda fila, mediocre y promotora de la ideología dominada por la figura femenina del ángel del hogar, escritora sentimental e intelectual antifeminista y antiemancipacionista. Pese a ello, Sinués “escribió explícitamente para las mujeres y buscó de forma constante el acceso a una educación más amplia para ellas”. No es sorprendente, según Mª Cristina Urruela, que Sinués reflejara en su obra actitudes de la cultura dominante, comenzó a escribir “en una era influenciada por la ideología romántica, en la que las mujeres raramente alcanzaban la autonomía intelectual. Más tarde, cuando se impuso la tradición realista, la percepción general (…) era que las mujeres no podían escribir este tipo de novelas, ya que carecían de experiencia”.


Sinués fue una escritora que estuvo a favor de la educación de las mujeres y de la ampliación de su papel productivo en la sociedad. Como escritora profesional entra en contradicción con ese ideal femenino del ángel del hogar que se detecta en su obra. Fue económicamente independiente, no tuvo hijos y se separó de su marido.
La colaboración de Sinués en La Muger en el año 1882 corrobora esta evolución en pro de la autonomía de las mujeres.

En la misma línea organizativa que planteó el mitin del bello sexo celebrado en 1882, estaba la propuesta de celebración del Congreso Femenino Nacional de 1883. La iniciativa de una “Junta de señoras” de Palma de Mallorca para la celebración de un Congreso, apareció publicada en la prensa en agosto de 1883. Esta Junta de señoras había aprobado varios acuerdos entre los que estaba la elaboración de una circular manifiesto exponiendo el objeto del Congreso y la organización en toda España de numerosas asociaciones “que respondan a la grandeza de la idea iniciada”, prescindiendo por completo de la política, para evitar prevenciones o antagonismos. La circular fue bien acogida por La Ilustración que les envió a “las distinguidas señoras” el pláceme y también por La Tramontana, periódico librepensador y ácrata, que consideró importante el documento por ser un “lloable progrés en la part de la humanitat fins avuy més refractaria a aceptar las innovacions dels temps moderns”.


La Circular de la Junta de señoras sintetizaba perfectamente el pensamiento de las organizadoras, que se puede encuadrar dentro de lo que se ha denominado en este trabajo como feminismo liberal.
La Circular empezaba haciendo referencia a que:

 “… a medida que la fuerza intelectual del hombre se ha ido desplegando y a medida que, por consecuencia ineludible se han dado pasos más firmes en la senda del progreso, la mujer ha visto ensanchar sus horizontes y ha logrado un puesto que hubiera parecido un sueño para los hombres primitivos”.

Afirmaba que en aquel momento la mujer había llegado a ser “casi la compañera del hombre” y dicen casi porque “aún es el territorio adquirido por conquista a quien se va concediendo (…) derechos que sólo se le niegan porque el dominador no siente todavía esos generosos impulsos que a la igualdad conducen”.
Esta propuesta de igualdad venía acompañada de una clara crítica de los estereotipos femeninos que dotaban al hombre con la virtud de la razón y a la mujer con la virtud del sentimiento y planteaban que hombre y mujer podía complementarse:

“A primera vista es inconcebible este deslinde que el hombre hace: por un lado merma cuanto puede la nivelación de condiciones porque él supone valer más; por otro dispensa a la mujer toda protección y ayuda. (…) Cuando el hombre piensa, la mujer no pasa de la categoría de auxiliar poco apto (…). Cuando el hombre siente, cuando se abandona a sus propios impulsos, la mujer sube de talla y en su exagerado sentimentalismo llega a doblar la rodilla ante los altares que en su honor levanta. (…) La mujer no es un auxiliar ni una diosa: es sencillamente el complemento y con frecuencia el corrector y a veces hasta el director del hombre”.

Por tanto, la Circular consideraba equivocada la idea de que la mujer era más sensibilidad que inteligencia. Pero aun reconociendo que la mujer pudiera ser más sensible que inteligente, esto no justificaba su falta de educación sino al contrario, llevaba a la necesidad de educar la inteligencia de la mujer porque así “valdrá más cuanto más piense y sepa”. Consideraba la Circular que el hombre tenía que:
“(…) educar a la que ha de ser madre, cargo importantísimo, a la esposa y aun hasta a la joven abandonada y sola, que si más supiera no se vería llevada a las puertas de la prostitución…”

Rechazaba la Circular, la razón de la costumbre, como razón para mantener la desigualdad de la mujer ya que hay muchas excepciones de mujeres que demostraban su inteligencia a pesar de que “el hombre ha acaparado siempre los medios de educación y de progreso que a la mujer negara”.


Los objetivos de la lucha de la Junta de Señoras y del Congreso, eran claros: “la regeneración de la mujer mediante su educación e instrucción”. La eterna lucha entre la ignorancia y la instrucción, la tradición y la modernidad, la luz y la oscuridad, era una batalla en esos momentos esencialmente femenina:

“Han acabado los tiempos del oscurantismo para el hombre, pero aun vive en las sombras la mujer y es preciso derramar sobre su cabeza la luz de la verdad, para que no sea la inconsciente víctima de todas las torpezas (…) para que cuente con la protección de un escudo sólido que haga invulnerable su virtud”.
El cambio permitirá a la mujer “cumplir dignamente las responsabilidades anejas a su condición de madre y al mismo tiempo participar de los incalculables beneficios que le ha de deparar la nueva era de progreso ciencia y amor. Trilogía simbólica del siglo XIX, siglo de las luces, del vapor y de la electricidad (…)”.

El medio para llevar a cabo este “vasto plan”, es decir,  la regeneración de la mujer era la atrevida empresa de convocar un Congreso Femenino Nacional. El Congreso tendría lugar  en Palma de Mallorca, localidad donde estaba ubicada la Junta de señoras,  cuando lo decidieran las Asociaciones “que se irán estableciendo en todas las capitales del territorio español y la Junta que suscribe…”. “La Asamblea será nacional” aunque se invitará a “eminencias extranjeras”. “Oportunamente se anunciarán los temas que deban tratarse…” y más adelante aparecerá un periódico “órgano de esta Junta y de las otras de España”.
Poco después aparecieron publicados veinte acuerdos de la Junta de Señoras entre los que destacaban los de carácter organizativo:

El 3º que habla de “Organizar en toda España numerosas asociaciones que respondan a la grandeza de la idea iniciada, prescindiendo por completo de la política, cuidando de que no se susciten prevenciones o antagonismos que puedan malquistar con creencias religiosas, sociales o filosóficas”.
El 6º “Invitar a las señoras hoy asociadas a reunirse con la mayor frecuencia posible: adquirir un local y practicar deberes para con la beneficencia”.
El 8º “Ponerse en contacto (…) con todos los centros científicos, literarios, políticos, religiosos, de industria, comercio, agricultura, artes y oficios, instructivos, económicos, sociedades obreras y demás (…)”.

La reacción de La Ilustración, ya se ha señalado que fue de entusiasmo y apoyo, tal y como quedó reflejado en un artículo sin firma, titulado “Adelante”. Este artículo muestra el grado de coincidencia con las organizadoras del Congreso y con sus objetivos. El artículo afirmaba que el manifiesto del Congreso estaba “escrito con una discreción y templanza que augura[ban] el éxito más completo”.

El artículo afirmaba que el manifiesto mostraba:
“…una fe sólida e inquebrantable en la justicia de la causa que la mujer defiende. La falta de esa creencia, diríamos que es la causa de hallarse aún la mujer postergada, pues tan largo ha sido el periodo de su abatimiento, y tanto había oído decir que era incapaz e inferior al hombre, que apenas se atrevía a dar crédito a los que generosamente venían a despertarla de su letargo”.

Incidía también en la importancia de la:
“… asociación de las voluntades y las inteligencias” para conseguir resultados “en cuestión de proyectos y aspiraciones hacia la emancipación o bienestar de una clase determinada”.
“Hoy día es infinito el número de mujeres que tiene verdadera conciencia de sus derechos, pero el aislamiento en que se encuentran y los impulsos de la modestia les impide hacer alarde de sus convicciones”.

La iniciativa de la Junta de señoras indicaba, según el artículo,  “que se entra[ba]  franca y decididamente en un periodo de acción colectiva” que animará a actuar a las mujeres. También indicaba “que existe en la mujer española, ese ánimo viril que tanto se encomia en las extranjeras”. Parecía que la mujer “del mediodía” aceptaba su suerte, o sea ser una eterna menor de edad, soportando “su cadena cubierta de flores”. Y afirmaba que:
“Se puede ser hermosa y tener seso, y sobre todo, cuidar de sus derechos (…) para salir de la categoría de mueble de adorno, animal de recreo o bestia de carga, que es a lo que viene a parar, en definitiva la mujer que se anula política y civilmente en época en que los hombres andan tan celosos de su dignidad de ciudadanos…”.

Reclamaba  que nadie le regalara nada a la mujer, ésta había  de levantar “su frente y pidiendo lo que legítimamente le corresponde, es la mayor prueba de que los merece y es digna de disfrutarlos”.
No rechazaba el artículo, la colaboración masculina pero convenía “cierto espíritu de independencia y que se haga sentir la voluntad y el criterio propio de las interesadas”.
Concluía gritando un “¡Adelante!” y que no se respondiera a las provocaciones porque “los hombres que han de oponerse a vuestro intento, son los que temen representar un papel ridículo al lado de la mujer ilustrada”.

Este Congreso, a pesar de que no se celebró, aunó muchas iniciativas que estaban fraguando en diversas zonas y con ideologías diferentes. Se sabe, por ejemplo, que La Constante Alona, logia en la que estaba Mercedes de Vargas, “Juana de Arco”, apoyó esta iniciativa. Fue Mercedes de Vargas quien redactó una Circular de adhesión aparecida en La Humanidad.

TODAS LAS LITOGRAFÍAS REPRODUCIDAS SON DE EL ÁNGEL DEL HOGAR MODA, Mª PILAR SINUÉS.

jueves, 25 de diciembre de 2014

ANARQUISMO NO ES TERRORISMO


Desde el último tercio del siglo XIX hubo capas importantes de la población en España (en la Cataluña industrial, en el campo andaluz, en Zaragoza, por poner tres ejemplos destacados) que soñaron una manera de organizar la sociedad desde abajo, muy distinta a los proyectos de la oligarquía y la burguesía liberal. Las clases trabajadoras fueron transmitiendo, generación tras generación, la necesidad de auto-organización y resistencia; así como la importancia de poseer organismos (sindicatos, ateneos, cooperativas, etc) para desarrollar formas económicas y de sociabilidad basadas en la autogestión y la cooperación. Esas capas fueron laminadas, desactivadas y perseguidas periódicamente mediante la represión, aprovechando estallidos de ira individual (en 1896 el atentado de Canvis Nous) o colectiva (La “Semana Trágica” en 1909, “Casas Viejas” en enero de 1933, o durante y después de la Guerra Civil). Con el aplauso de las clases dirigentes, en especial la catalana.

El anarquismo argumentó muy pronto que la rebelión no era solo económica y se posicionó en contra de la opresión que brotaba de todos los ámbitos de lo social. Por su dimensión ética convirtió la cultura y  la educación en  elementos fundamentales. Por eso también se fijó en aspectos claves de la existencia: alimentación, salud, familia, amor, sexualidad, relación y respeto a la naturaleza.

Entre sus seguidores arraigo también la idea de que era necesario acelerar el proceso a través de la práctica violenta del atentado, la llamada “propaganda por el hecho”. No fueron los únicos. A comienzos de  la década de 1880 se dejaron sentir los temblores del terremoto de la I Guerra Mundial. El asesinato del zar Alejandro II en 1881 fue seguido en los siguientes 25 años por el asesinato de un presidente francés, un monarca italiano, una emperatriz austriaca y su heredero, un rey portugués y su heredero, un primer ministro español, dos presidentes estadounidenses, un rey de Grecia, un rey de Serbia y poderosos políticos conservadores  de Rusia, Irlanda y Japón. Algunos de estos asesinatos fueron efectuados por anarquistas, pero muy pronto siguieron su estela nacionalistas, republicanos o socialistas. Sin embargo solo el anarquismo se quedó con la fama de violento y terrorista.


La democracia insiste hoy, desde el poder político y mediático, en borrar de la memoria social la importancia que tuvo el anarquismo en este país, intentando ignorarlo, banalizarlo, criminalizarlo y desprestigiarlo,  destacando su supuesta vocación hacia la violencia. Desde enero del actual 2014, en que se produjeron las protesta en El Gamonal (Burgos), un titular de El País afirmó que, tras lo acontecido en ese barrio, se vislumbraba una dirección de elementos anarquistas; en mayo, desde la Generalitat de Cataluña, llovieron las acusaciones de violencia respecto a las manifestaciones de resistencia y protesta por el desalojo y derribo de Can Vies en el barrio de Sans de Barcelona. Y parece que no podía acabar el año sin la detención de anarquistas, también en Barcelona, acusados de terroristas pero sin señalar ni uno solo de los “atentados” de los que se les acusa y por los que, cuando escribo estas líneas, han ingresado siete personas en prisión.

Pese a la poca notoriedad que tienen en los medios de comunicación se están construyendo a lo largo de todo el país, en especial en las grandes ciudades, zonas de libertad arrebatadas al poder que son percibidas, desde los sectores e instituciones de orden, como peligrosas, y no precisamente porque sean violentas.

¿Será que en diversos barrios de las grandes ciudades se ha logrado juntar espacios y lugares de resistencia? ¿Será que llevan tiempo territorializando un antagonismo con flujos y reflujos de lucha y han tejido un espacio de contrapoder alternativo? Parece que se han construido espacios colectivos autónomos y heterogéneos, de apoyo mutuo, que intentan reapropiarse de la capacidad de hacer política de base, practicando la democracia directa.

Hay lugares en que se vienen desarrollando prácticas que al poder preocupan mucho y que califican de subversivas: movilizaciones, actividades de ocio (fiestas alternativas), espacios con potencialidad económica (proyectos de economía social, comercios y espacios afines), grupos de cultura popular y política (medios de comunicación propios, red social propia) y todo ello llevado a cabo por una numerosa red de locales sociales que constituyen una esfera pública no estatal donde actúan colectivos variopintos entre los que están los anarquistas.

Este movimiento fundamentado en arrebatar espacios de libertad al poder es una manera de construir hoy la utopía a escala humana, entendida como incitación a la lucha y rechazo del mundo que nos imponen para construir una posibilidad de sociedad más alentadora con formas de relación entre las personas diferentes a las impuestas. Quizás sea eso lo más temible del anarquismo y lo que incentiva el mantenimiento del mito de la violencia que hay que alimentar cada poco tiempo para estigmatizar a un movimiento que no aspira al poder institucional.

lunes, 15 de diciembre de 2014

MUJERES CULTAS E INSTRUIDAS. LAS "MARISABIDILLAS" DOMÉSTICAS II

Este reducido núcleo de mujeres acomodadas e instruidas, algunas de ellas universitarias o que admiraban a las que lo eran, abasteció de redactoras a las cuatro revistas que analizamos en este artículo y que no eran portavoces de un movimiento de mujeres consolidado que las reivindicaran. Eran marisabidillas ridiculizadas en el ambiente culto y burgués de las literatas y despreciadas en los ambientes obreros.
Las mujeres instruidas eligieron las redacciones de los periódicos y revistas, antes que la publicación de libros, porque era más fácil encontrar un público lector entre los suscriptores que mantenían la prensa periódica. La prensa era una manera de darse a conocer y así se preparaban para proyectos de mayor envergadura. Además una colaboración en una revista de moda, de orientación moderada y conservadora, era considerada de buen tono por la sociedad masculina. 


El núcleo de mujeres redactoras y colaboradoras de La Ilustración de la Mujer estaba formado por Josefa Pujol de Collado (con el sobrenombre de “Evelio del Monte”); María Mendoza de Vives; Dolors Monserdà; Clotilde Cerdá y Bosch (“Esmeralda Cervantes”); Emilia Calí Torres de Quintero; Faustina Sáez de Melgar; Gertrudis Gómez de Avellaneda; Josefa Estévez de G. del Canto; Julia de Asensi; Luisa Durán de León; Magdalena G. Bravo y Patrocinio Biedma (Ticiano Imab). Las cuatro primeras serían las más implicadas en La Ilustración y entre ellas se encuentran algunas de las que dirigieron la revista (Gómez de Avellaneda, Pujol de Collado y Monserdá).

GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA

El núcleo de redactoras de La Muger eran: Madame D’Arámburu (nacida Therese Coudray), A. Dela, Luisa de Altamira, Amparo y Conchita Tey. Su continuadora, El Album del Bello Sexo, incorporó además de a Madame d’Arámburu a Dª Mª Luisa de Sañéz. Therese Coudray fue directora de ambas.
Las redactoras de El Sacerdocio de la Mujer eran: Esperanza de Belmar (“Lía de Senaar”), Berenice, Amparo, Elisa Gutiérrez y Camelia Cociña de Llansó.
El patrocinio masculino en las labores de edición y redacción parece probado. En La Ilustración había tantas redactoras como redactores y la publicación fue auspiciada por la Sociedad de Crédito Intelectual, dirigida por Nicolás Díaz de Benjumea que parece ser que era esoterista y estaba relacionado con el republicanismo federal.
En La Muger también colaboraban hombres (Homo, Mardocheo y Alfredo Herrera) y el editor fue Felíx Aramburu Rodríguez, marido de la directora Therese Coudray de Aramburu. En El Álbum del Bello Sexo, continuadora de La Muger, apareció ya como propietaria y directora Therese Coudray. Apenas se tiene información, ya que sólo se conservan dos números, de El Sacerdocio de la Mujer.
Estas mujeres compartían algunos rasgos biográficos comunes: casi todas publicaron sus creaciones muy pronto (Faustina Sáez  a los 9 años, María Mendoza a los 13, Maria Josepa Massanés a los 22, Dolors Monserdá a los 24, Concepción Gimeno a los 26 y Gómez de Avellaneda a los 27).
Sus biografías siempre estuvieron ligadas a la órbita familiar. Se dedicaron al hogar en la mayoría de los casos y el matrimonio era su aspiración principal. Cuatro enviudaron, como ocurrió con Patrocinio de Biedna (enviudó a los 25 años) y María Mendoza (a los 44 años). Si quedaban viudas, estaba bien visto que se casaran en segundas nupcias, como fue el caso de las dos mencionadas. El matrimonio era una salida a sus vidas, casi una profesión. La mayoría de estas marisabidillas tuvieron hijos y vivieron la muerte de algunos de ellos; en dos casos, Biedma y Monserdá, la muerte de una criatura las impulsó a lanzarse con mayor ímpetu a la escritura. Sus biografías indican que son mujeres plenamente domésticas y que debieron sufrir la contradicción de escribir y conservar la virtud femenina. La mujer puede asumir la faceta de literata siempre que no olvide sus sagrados deberes y lo haga como mero divertimento del espíritu.

DOLORS MONSERDÀ
Respecto a la situación económica y social de las marisabidillas, hay un grupo que pertenecía a sectores económicos acomodados de la nobleza y la burguesía y que, por ese motivo, recibieron una mejor y esmerada instrucción. Era el caso de Patrocinio de Biedma, hija de Diego José de Biedma e Isabel María de la Moneda y Riofrío, ambos de la nobleza andaluza; Concepción Gimeno, nacida en Alcañiz, y que accedió a la instrucción en Zaragoza y luego se desplazó a la Corte; de familia burguesa, Clotilde Cerdá y Bosch, hija de Ildefonso Cerdá, ingeniero autor del Ensanche de Barcelona y de Clotilde de Bosch, se pudo educar en París y Viena. Había, no obstante, otro grupo de mujeres de clase media, hijas de pequeños comerciantes, artesanos, militares o trabajadores  que tenían existencias más modestas y, por tanto, una menor preparación que suplían con el autodidactismo y el entusiasmo. Las marisabidillas más modestas serían Dolors Monserdá, hija de un artesano que encuadernaba libros; Josefa Pujol, hija de un popular librero de la Rambla de Canaletas; María Mendoza, hija de un médico y Maria Josepa Massanes, hija de un militar. Estas mujeres temían, dada la precariedad de su situación económica, que, si no tenían instrucción y no podían optar a un trabajo remunerado, la ruina familiar o la viudedad pudiera llevarlas al lindar de la indigencia.
Para justificar el acceso a la instrucción, las marisabidillas trataron de definir su identidad buscando referentes, en el pasado, en mujeres de talento. De ahí que las “galerías de mujeres célebres”, que buscaban dignificar el talento femenino, fueran tan comunes en esta prensa. Encontramos una “galería de mujeres notables” en La Ilustración de la Mujer y una “galería de mujeres célebres” en El Álbum del Bello Sexo.
La “galería de mujeres notables”, que iba siempre acompañada de un retrato en la primera página, indica la búsqueda de una genealogía:
 “(…) con la publicación en cada número del retrato y biografía de una mujer notable, hemos querido significar que ésta en todos los tiempos, a pesar de las preocupaciones que les ponen óbices y obstáculos para que desenvuelva libremente su inteligencia, ha sabido elevarse a las regiones de la ciencia y las artes, contribuyendo así a la glorificación de su sexo”.
Los referentes genealógicos los buscaban mayoritariamente entre actrices y cantantes (once mujeres), también era importante el número de escritoras y poetas (ocho mujeres); por último, dos mujeres dedicadas a la música, dos princesas o reinas, una médica y una viajera.
Especial relevancia, en la búsqueda de genealogía, tuvieron las mujeres dedicadas a la ciencia y, sobre todo, las dedicadas a la medicina, ya que había sido un campo históricamente controlado por los hombres, pero en el que las mujeres habían estado presentes desde el origen de la humanidad por medio del uso de hierbas, pomadas, etc. El caso de Martina Castells fue especial ya que La Ilustración le dedicó dos artículos, el primero de José de Letamendi, padrino de Martina y doctor en medicina y cirujano, el segundo de “Esmeralda Cervantes” cuando se produjo el fallecimiento de la doctora Castells. La Muger también mencionó a Martina Castells y Dolores Aleu Riera, como las dos únicas mujeres que en mayo de 1882 habían obtenido en España la licenciatura de Medicina y Cirugía, frente a Estados Unidos con 400 mujeres tituladas, siendo también numerosas en Rusia y en Francia.

DOLORES ALEU RIERA

Resulta interesante el artículo de José de Letamendi en defensa de la incorporación de las mujeres a los estudios superiores debido a que no admitía “para las humanas jerarquías limitación de edad, sexo, ni raza, y sí solo la naturalísima de la prueba de capacidad…”. A pesar de su defensa de la capacidad como único criterio para el estudio, el autor del artículo se sintió en la necesidad de defender a su ahijada de las acusaciones de falta de pudor, lanzadas contra ella por estudiar anatomía. Letamendi afirmaba que el pudor, la vergüenza, la dignidad, la honra y el decoro, constituían el “sentimiento de conservación moral” y no eran “peculiar[es] a ningún sexo”. A pesar de estos argumentos igualitarios afirmaba que quien se acercaba a conocer a Marina Castells, quedaba encantado “al ver la más natural humildad en quien pensaron hallar petulante engreimiento, y el más infantil pudor…”, en definitiva humildad y pudor para no salirse de las virtudes que se exigían a las mujeres. No había unanimidad, ni siquiera dentro de los colaboradores de las revistas, en la defensa de la dedicación de las mujeres a la ciencia.
Letamendi razonaba en su artículo que la opción por la medicina de Castells se había debido a sus antecedentes familiares, era biznieta, nieta, hija y hermana de médicos; pero también a la revolución de 1868, de la que hablaba con admiración, que había permitido a las mujeres cursar las llamadas “carreras mayores”.
La Muger y La Ilustración buscaron también genealogía en mujeres anónimas que rompían las limitaciones impuestas por razón de sexo. Estas revistas defendieron el acceso de las mujeres a la educación superior, ya que “por la senda de la instrucción es como puede la mujer abrirse paso”. También se mencionaban cuestiones de carácter político como la celebración de un mitin sufragista en Londres o de carácter social como la explosión de la caldera de la fábrica Morell y Murillo en la que murieron dieciséis personas.






viernes, 5 de diciembre de 2014

HILDEGART RODRIGUEZ


Si os interesa conocer algo más sobre la figura de Hildegart Rodríguez y sobre la época en la que vivió, la Cátedra de la Memoria Histórica de la Universidad Complutense de Madrid organiza un Seminario el día 9 de diciembre.

Por mi parte, participo en el segundo Panel: "HILDEGART RODRÍGUEZ CARBALLEIRA. Republicanismo, anarquismo y revolución sexual".


domingo, 30 de noviembre de 2014

FERRER, ASCASO Y DURRUTI: LAS DIVERSAS CARAS DEL ANARQUISMO

Tres mujeres, Antonina Rodrigo, Joaquina Dorado y Concha Pérez, decidieron hace unos años (dieciséis o diecisite) que, con ocasión de la fecha del 20 de noviembre, en que murió Buenaventura Durruti, se podía homenajear a los tres hombres que reposan juntos en el Cementerio de Montjuïc. Y este año me invitaron a tomar la palabra, he aquí mi breve intervención.



La mayoría de las personas, que hoy os habéis acercado aquí, conocéis la biografía de estos tres hombres. Es el momento de  destacar  aspectos que brillan con luz propia y que nos acercan a alguna de las múltiples caras del anarquismo. Porque si algo define a este movimiento, a este ideal, es su carácter diverso, primero unido en sus orígenes a las luchas demócratas, en especial a las republicanas. Ligado después al internacionalismo y al sindicalismo revolucionario. Preocupado por la educación y la cultura; por la alimentación y la higiene; por la sexualidad y el contacto con la naturaleza; por la música en las corales populares; por el teatro social; por la poesía combativa; por el excursionismo y las fiestas de hermandad; y por tantas manifestaciones que conformaron una sociedad nueva en esta sociedad. Esta multiplicidad poliédrica vino favorecida por no definir un cuerpo doctrinario cerrado y acabado, sino abierto a la incorporación de las heterodoxias sociales que cada momento histórico genera. Esta diversidad es vivificadora pero no ha hecho fácil mantener el equilibrio en el seno del movimiento libertario. La unidad fue siempre difícil e inestable y pese a ese potencial desmembrador ha habido un cemento común que los unió (y nos une) frente al exterior.


Lo más valioso del anarquismo hoy son las intuiciones básicas que han echado hondas raíces en experiencias variadas que han ido depositando, a modo de capas superpuestas, multitud de hombres y mujeres que han protagonizado mil y un combates anteriores. Se trata de recuperar lo menos doctrinario, lo más informal, en definitiva, lo más difuso, que, a veces, percibimos como debilidad cuando su fortaleza está presente en las muchas voces de la disconformidad del siglo XXI.


Ferrer i Guardia vivió en un momento histórico en el que, al compás del internacionalismo, el anarquismo se fue definiendo de forma semejante en toda Europa. Ferrer entendió muy pronto que la rebelión no podía ser solo económica sino que debía dirigirse en contra de la opresión que brota de todos los ámbitos de lo social. Esta manera de entender la rebelión tiene una dimensión ética que convierte la cultura y  la educación en  elementos fundamentales (cosa que por desgracia el neoliberalismo ha comprendido para recortarla a los más necesitados). Por eso también se fija en aspectos claves de la existencia, como señalaba al principio, la alimentación, la salud, la familia, el amor, la sexualidad, la relación y respeto a la naturaleza, etc.
Por este motivo Ferrer no vio ninguna contradicción entre fundar la Escuela Moderna en 1901 y fomentar, por las mismas fechas, la huelga como arma revolucionaria a través de un periódico, La Huelga General, que editó a su costa. La pedagogía libertaria que presidía la Escuela Moderna dejaba al margen la enseñanza religiosa para centrarse en las materias científicas y humanistas, fomentando la no competitividad, el pensamiento libre e individual y el desarrollo integral del niño y la niña. Al convertirse en un referente por su impulso de la pedagogía libertaria  en España y en algunos países europeos, el Estado de la Restauración lo percibió como un hombre peligroso que había que eliminar. Este sistema estaba acostumbrado a un combinado que pretendía marginar a la mayoría de la población del ámbito político: manipulación electoral, ignorancia de la cuestión social y represión cuando esta emergía. La oportunidad de eliminar a Ferrer llegó a raíz de la llamada “Semana Trágica” y el poder no la desaprovechó deteniendo a Ferrer y convirtiendo su juicio, sin las mínimas garantías procesales, en un castigo ejemplar, ejecutándolo en esta “montaña maldita”, el 13 de octubre de 1909.


Francisco Ascaso  y Buenaventura Durruti  vivieron un momento en el que se produjo un cambio transcendental que convirtió al anarquismo español en un movimiento excepcional, distanciado del resto de Europa. El sindicalismo revolucionario, al transformarse en un movimiento de masas a partir de 1916, dio un protagonismo al anarquismo que siempre fue minoritario.
Por este motivo algunos sectores anarquistas vieron la revolución como algo posible y, por ello, la necesidad de acelerarla mediante los grupos de acción y la coordinación en la FAI (1927) de los muchos, y diversos grupos que existían (en 1933, 546 grupos). El estallido de la guerra civil permitió poner en marcha esa revolución que, pese a ser deseada y buscada, nunca imaginaron que fuera tan difícil de llevar a cabo por las circunstancias de subordinación a una guerra y por el acoso de múltiples enemigos.


En ese intento murieron ambos, Ascaso muy pronto (el 20 de julio) en el asalto al cuartel de Atarazanas y Durruti cuatro meses más tarde en Madrid (20 de noviembre).
Siendo la rebelión una de las guías de su activismo y de su ideario, ésta no tenía consistencia sin la libertad y el antipoliticismo. La libertad presidió las vidas de los tres,  actuaron siguiendo los dictados de su propia voluntad y, cada uno a su manera, quisieron preservar el poder sobre su presente y su destino. Libertad como antítesis de la autoridad, no de la sociedad ni de la política  entendida como “res pública”, es decir, bien común, que entiende ésta, en un sentido mucho más amplio que el de gobernar, o el de elegir a quienes nos han de gobernar, que es lo que rechazaba el anarquismo por la delegación de poder que se cede en manos de las instituciones.
Los tres, un catalán, un aragonés y un leonés, participaron de un ideal y de un proyecto común de base internacionalista en el que el objetivo no era otro que la emancipación de la humanidad de cualquier tipo de explotación y opresión. El objetivo era utópico y la derrota por intentar alcanzarlo conllevo muerte, represión y exilio.
La situación actual no es propicia para retar al Estado frontalmente como lo hicieron ellos, nada resultaría, sino un fútil martirio, de una colisión frontal con el Estado de la megacorporación al servicio de la clase corporativa. Sin embargo, Ferrer, Ascaso, Durruti y otros miles de hombres y mujeres, tuvieron muy claro algo que nos conduce a la Utopía y cuya base fundamental tan bien sintetizo el poeta Mario Benedetti: 
“Uno no siempre hace lo que quiere pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere”.
El anarquismo o es una utopía o no es nada, ahí reside su actualidad, en los deseos que canaliza de una sociedad cuyo epicentro es la libertad. Nadie como el escritor Eduardo Galeano lo supo decir:
“Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”.