Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

martes, 18 de abril de 2023

Y MÁS SOBRE GENEALOGÍA Y FEMINISMO ANARQUISTA

 

JURE KRAVANJA

Entiendo la historia desde lo que se denomina genealogía y desde ahí busco estudiar acontecimientos, personajes, hechos discontinuos, sorprendentes e inesperados para escudriñar el presente y poder percibir los posibles futuros.

La labor de la genealogía es indagar en las historias discontinuas, en las convergencias, en los accidentes y en los desórdenes que acontecen y llevar un registro retrospectivo del conjunto de estratos sedimentarios depositados en cada subjetividad para su comunidad.

La tarea investigadora es por ello arqueológica, debemos asumir la temporalidad esencial de la comunidad misma y reconocer que los estratos sedimentarios son los depósitos dados por las generaciones anteriores. Así, toda subjetividad, toda comunidad tiene un fondo constituido por un humus de significaciones legadas por la tradición a la cual pertenece, y para su actividad de formación de sentido lega a las generaciones futuras una capa suplementaria de significaciones: esta relación incesante define entonces la Historia como el movimiento vivo de interacción y de implicación recíproca entre la formación de sentido y la sedimentación de sentidos originarios. Por eso no se puede definir la comunidad solamente por las relaciones sociales entre los contemporáneos, sino que también, y fundamentalmente, por las relaciones históricas con los ancestros. Yo soy lo que soy en tanto que herencia.

Sin embargo, la Modernidad estableció que la Historia era una línea de causalidad y construyó un corpus de pensamiento y de acción que se fundamentaba en una transmisión intencional de una generación a otra siguiendo una línea de progreso. Todo aquello que se considera erróneo, desviado, contradictorio o fracasado en esa concepción lineal se ha descartado de la gran Historia (con mayúscula). Recuperar esa herencia descartada no es fácil, pero es necesario para reconstruir la genealogía, por ejemplo, del feminismo anarquista.

Si buscamos y rebuscamos en esa herencia del feminismo anarquista encontraremos, entre otros muchos aspectos:

·       La conciencia de la subordinación que sufrían las mujeres (especialmente hablamos de las trabajadoras) y la poca importancia que se les daba en sus propias filas del movimiento libertario. La experiencia de Mujeres Libres durante la Guerra Civil es un buen ejemplo.

·       La distancia y diferenciación respecto al feminismo burgués que no tenía en cuenta la situación de las mujeres proletarias del siglo XIX y XX. Sus planteamientos anticapitalistas se pueden rastrear en muchos acontecimientos del pasado.

·       El rechazo para buscar en las leyes penales del Estado la solución a
problemas como la violencia contra ellas, posicionándose en un claro antipunitivismo. Emma Goldman siempre es una referencia en este sentido.

·       Su planteamiento revolucionario que pone en primera línea todo lo que tiene que ver con la existencia, con la vida. La revolución que Mujeres Libres impulsó es un acontecimiento breve pero fulgurante.

·       El cuestionamiento de la naturalización de la familia y la sexualidad heteropatriarcal, la maternidad despolitizada que refuerza esos instrumentos de dominación de las mujeres.

·       El cuestionamiento de la sexualización del cuerpo de las mujeres y su visión de la prostitución como dependencia económica de los hombres con quienes intercambia sexo (igual da que sea dentro del matrimonio que en la calle).

·       Y tantos otros aspectos que conforman esa herencia descartada por la Historia con mayúsculas y que tenemos que recuperar en la medida de lo posible. La herencia nos mostrará aspectos descartables para el presente pero nos mostrará tantas luchas, tantos acontecimientos, tantos fracasos y éxitos que pueden iluminar diversos futuros.

 Laura Vicente

lunes, 3 de abril de 2023

ANARCOFEMINISMO PARA EL SIGLO XXI: GENEALOGÍA

 

Genealogía de Paco Aguilar


Hace más de dos años escribí un texto[1] que pretendía, con excesivo optimismo, mover las tranquilas aguas del espacio del feminismo anarquista. Deseé que aquella reflexión provocara ondas circulares que se propagaran en todas las direcciones como cuando se lanza una piedra al agua en una laguna. Nada de eso sucedió, la piedra produjo ondas microscópicas y se hundió sin más.

Este segundo texto parte de una idea modesta y sencilla pero necesaria desde mi punto de vista: el anarcofeminismo es un espacio con propuestas diferentes a las de otros espacios feministas en la actualidad, no es solo «pasado», no es una etiqueta que queda bien. Puesto que el anarcofeminismo es «presente», resulta necesario pensar con qué bagaje contamos y sobre qué aspectos deberíamos reflexionar para que nuestras propuestas respondan a la realidad del siglo XXI.

En aquel texto de 2020 hacía referencia a la importancia de la genealogía del feminismo anarquista rota por la larga dictadura franquista. Esa referencia genealógica la entendía como movimiento social formalmente organizado y con una identidad que se reflejaba en una simbología y en unas actuaciones concretas. Así mismo, esa concepción podía entenderse como el deseo de construir un relato lineal que señalaba una evolución a lo largo del tiempo que valía la pena transmitir de unas generaciones a otras.

Arropa mucho, sobre todo cuando el presente no es muy optimista, el pensar que formamos parte de una tradición cuyo pasado ha sido «glorioso». Me refiero especialmente a la organización (y revista) de Mujeres Libres y a la construcción de una revolución feminista de la existencia durante la Guerra Civil española. Si por un lado arropa, por otro lado, ese pasado puede llegar a ser una pesada carga que nos desborda en el presente.

Sin renunciar a visibilizar ese pasado que la «memoria» institucionalizada pretende borrar, la genealogía no la entiendo como una voluntad o un designio que construye «historias» con una dirección causa-efecto o con un fin. La historia no es propulsada, no avanza, por ello no tiene una lógica o continuidad narrativa. Si la construyéramos así, la genealogía tendría que ser asaltada e introducir la discontinuidad y las contradicciones para desfamiliarizarnos, como decía Nietzsche, con lo que consideramos «natural» en un relato lineal. La genealogía debe recoger historias discontinuas, aunque ininterrumpidas, y llevar a cabo un registro retrospectivo de conflictos, convergencias, accidentes, desórdenes, etc., mostrando esos fenómenos como «episodios» más que como «culminaciones»[2].

Dice Chiara Bottici[3] refiriéndose al anarquismo que elaborar una genealogía puede consistir, no en presentar un relato lineal de cómo evolucionó sino preguntarnos qué entendemos por «anarquía» y «anarquismo» y por qué actualmente lo concebimos de esta forma y no de otra. Una genealogía compuesta de muchas historias con sus distintas facetas (Bottici, p. 103-104).

Como vemos, la genealogía no tiene una definición exacta, pero si resulta claro que uno de sus principales objetivos es desnaturalizar fuerzas y formaciones existentes, revelar el modo contingente en que se produjo lo dado y se afianzó, y mostrar hasta qué punto no está predestinado ni tiene un significado inmutable. Este tipo de historia es opuesta a la historia teleológica ya que trata el presente como la producción accidental de un pasado contingente, en lugar de tratar el pasado como el camino seguro y necesario a un presente inevitable. La herencia trazada por la genealogía no construye una línea evolutiva en la que existe una «adquisición» de episodios históricos que se acumulan y se solidifican a través del tiempo, sino una imagen «geológica» en la que el peso de la historia funciona a través de una acumulación espacial de «capas heterogéneas» (Brown, p. 148).

Esta imagen «geológica» confirma la afirmación de Laura Llevadot[4] respecto a su rechazo a pensar el feminismo en términos de olas (pese a su utilidad para explicarlo), otorgándole una historicidad lineal cuando la realidad es que «en el feminismo actual coexisten todas las posiciones que un día la necesidad hizo nacer».

La genealogía del feminismo anarquista en España está muy marcada por Mujeres Libres y las experiencias que se desarrollaron durante la Guerra Civil. Ha costado mucho visibilizar su relevancia incluso en el espacio libertario, queda mucho por hacer, pero no podemos convertir lo sucedido en un canon con el que relacionar el feminismo anarquista actual, ni el feminismo anarquista actual es resultado del de los años treinta del siglo XX. Es necesario, por tanto, deshacernos de esa tradición entendida como un corpus de pensamiento y de agencia que implica su transmisión intencional de una generación a otra y centrarnos en una genealogía entendida como campo de posibilidades a través de las cuales se pueden perseguir diversos futuros (Brown, p. 148).

Puesto que la genealogía es la historia escrita en virtud de los intereses actuales y, como tal, interviene en el momento actual, deberíamos ser capaces de ampliar el foco genealógico más allá de nuestro eurocentrismo para, como dice Bottici, «provincializar» las historias que se han dado en nuestro país y abrir camino a la pluralidad de historias y genealogías (Bottici, p. 107). Esta autora dice haber encontrado algunas de las intuiciones anarcafeministas[5] más productivas en escritoras, filósofas y activistas que no se identificaron como tales, por ejemplo, las feministas negras (Bottici, p. 28). Quizás deberíamos potenciar, siguiendo su planteamiento, un diálogo entre textos, proyectos políticos e ideas filosóficas que no se suelen asociar ya que mientras unas se autodefinen como anarcafeministas, otras no lo hacen.

Desde ese planteamiento genealógico, el anarcofeminismo se puede entender también como una colección de ideales que se remontan en el tiempo más allá del surgimiento de cualquier feminismo y anarquismo (vinculado a la Ilustración y la Modernidad) y que tienen un alcance global (en «Construyamos el anarcofeminismo del siglo XXI» hay algunas reflexiones al respecto). Hay elementos de la cultura política anarquista y feminista que se han manifestado en diversos momentos de la historia y en diversos espacios geográficos no siempre enunciándose como tales. Fue Kropotkin, en su libro El Apoyo Mutuo, quien constataba que elementos básicos del anarquismo como la asociación voluntaria, la autoorganización y el apoyo mutuo, se referían a formas de comportamiento humano que habían formado parte de la humanidad desde sus inicios. Debemos indagar en el pasado para encontrar esa misma genealogía feminista entendida desde el anarquismo. Desde la antropología, David Graeber[6] confirmaba este planteamiento y consideraba que el anarquismo ha sido un discurso ético sobre la práctica revolucionaria y, por tanto, una actitud más que un cuerpo teórico.

El que no se aspire a crear una «Gran Teoría», no significa renunciar a una base teórica para el anarquismo y para el anarcofeminismo ya que aunque la agencia no debe depender de la teoría, esta puede orientarnos en la lista de tareas actuales: la identidad, sujetos de la transformación social, cómo se manifiesta la diversidad de la dominación, repensar ideas como la libertad o el poder y tantas otras cuestiones.

Hay elementos de la cultura anarquista y feminista del pasado que debemos descartar porque son producto de circunstancias pasadas. Si persistimos en mantener dichos elementos, como lo estamos haciendo, no hacemos sino repetir, perdiendo la creatividad que tuvo el anarquismo en «el siglo obrero» (así lo denomina Tomás Ibañez, aunque es algo más de un siglo: desde la Revolución francesa y la Ilustración hasta la Revolución española durante la Guerra Civil).

El descarte del pasado (que no implica olvidarlo e ignorarlo) implica una labor de «escucha» de lo que hay, es decir, de las circunstancias que vivimos para arraigarnos a la realidad, detectar los problemas y desarrollar una agencia que los enfrente. En esa labor de «escucha» se une pensamiento y vida y en esa unión hay fuego porque supone poner el cuerpo en las cosas y no solo las ideas.

Pero descartar el pasado no significa hacer tabla rasa con todo lo que ha constituido la idiosincrasia de los anarquismos que han influido en el feminismo (y me atrevería a decir que a la inversa). Hay aspectos de los anarquismos que podemos considerar invariables, Tomás Ibañez propone cuatro: considerarlos como una sensibilidad política amplia que aspira a una sociedad libre e igualitaria, la incompatibilidad radical con la dominación, el compromiso ético vinculado a la idea fecunda de las políticas prefigurativas, y, por último, la fusión de vida y política[7] (a mí me resulta más fértil y creativa la fusión de pensamiento y vida). El feminismo aporta a los anarquismos la importancia del anti-patriarcalismo (quizás mejor anti-androcracia global[8]) que forma parte de la dominación pero que tiene un alcance tan relevante como para hacerlo explícito en este texto).

Orbitando alrededor de estos elementos considero destacado el desarrollo de una agencia política basada en la acción directa y en la construcción de alternativas de base con formas organizativas descentralizadas, horizontales y basadas en el consenso. En esta línea, David Graeber[9] consideraba el anarquismo como una sensibilidad política amplia que aspiraba a generar una sociedad auténticamente libre en la que los y las anarquistas debían estar dispuestas a colaborar en coaliciones amplias siempre que funcionaran sobre principios horizontales, dando relevancia a la democracia directa frente a la representativa.

Todo esto implica plantearnos qué entendemos hoy por anarcofeminismo[10] y por qué hoy lo concebimos de una forma y no de otra, entendiendo que no hay una sola manera de captarlo, siendo fundamental forjarlo en las circunstancias que estamos viviendo en estos inicios del siglo XXI. Si de paso podemos clarificar y dilucidar algunos de los encendidos debates del momento actual, mejor que mejor.

Laura Vicente

 


[1] VICENTE, Laura: «Construyamos el anarcofeminismo del siglo XXI», en Libre Pensamiento 102 (primavera 2020), pp. 63-69.

[2] BROWN, Wendy (2014): La política fuera de la historia. Enclave de libros, Madrid, p. 150.

[3] BOTTICI, Chiara (2022): Anarcafeminismo. NED Ediciones, España, pp. 103-104.

[4] LLEVADOT, Laura (2022): Mi herida existía antes que yo. Feminismo y crítica de la diferencia sexual. Tusquets, Barcelona, p. 49.

[5] Chiara Bottici feminiza el concepto «anarca» para dar visibilidad a la faceta específicamente feminista dentro de la teoría y práctica anarquista.

[6] GRAEBER, David (2019): Fragmentos de antropología anarquista. Virus, Barcelona, p. 21

[7] IBÁÑEZ, Tomás (2022): Anarquismos en perspectiva. Conjugando el pensamiento libertario para disputar el presente. Descontrol, Barcelona. En este libro el autor habla de «la invariable anarquista», señalando cuatro aspectos.

[8] Señala Bottici en Anarcafeminismo que, aunque el patriarcado, que significa la ley del macho cabeza de familia, ha sido derrocado en muchos contextos, el poder de los hombres, o androcracia, sobre el segundo sexo se mantiene.

[9] GRAEBER, David (2014): Somos el 99 %. Una historia, una crisis, un movimiento. Capitan Swing, Madrid.

[10] En la línea de este texto, pretendo seguir reflexionando sobre otros muchos temas a lo largo de 2023.

jueves, 23 de marzo de 2023

«A mi aire»

 Hacía tiempo que no abría paso a esta sección más ligera, así que aquí está de nuevo


«A mi aire» (6 octubre)

La posibilidad real de un ataque nuclear controlado por parte de Rusia me provoca escalofríos, especialmente por la población ucraniana, pero también por toda Europa. ¿En qué escenario nos situaría algo así?

Aporta dosis de pesimismo (no sé si es posible más) a mi percepción de la izquierda silente ante la agresión rusa y las protestas de los hombres llamados a filas y su entorno.

No sé cómo bailar «a mi aire» ante el panorama que nos rodea.

«A mi aire» (13 octubre)

Me doy cuenta de que los últimos «a mi aire» han tenido un tono pesimista, desolado, lleno de incertidumbres, «líquido» …

Me gustaría pensar que es posible revertir la sensación de «pérdida del norte» que me invade por momentos, descabalgar el peso del futuro que veo sombrío y que el bienestar y la armonía que siento cuando veo amanecer perdure más allá de un fugaz instante. 

No sé si seré capaz, pero que no desaparezcan esos instantes en que recupero la vida «a mi aire».

«A mi aire» (20 octubre)

Cuando puedo ir a caminar temprano acostumbro a salir de casa hacia las 7:00 h. Ahora es de noche, no amanece hasta una hora después.

En casa me dicen que dónde voy de noche…

¿Cómo puedo explicar que me gusta caminar cuando aún es de noche y ver emerger el sol del mar? No me canso nunca de ver ese espectáculo. ¿Cómo explicar que me gusta caminar por calles y espigones solitarios? Esas sensaciones que atesoro con fruición (y otras muchas) forman parte de mi forma de vivir «a mi aire».

«A mi aire» (27 octubre)

Solo la amistad (y mis ideas de referencia, que no ideología) me hace emerger del pozo del escepticismo, no tengo muchas amigas/os porque no es fácil construir amistades que perduren en el tiempo.

Es cierto que, a veces, aparece alguna persona que desembarca con su amistad en mi vida y eso siempre es estimulante. También es cierto que pocas de esas amistades fulgurantes permanecen con el paso del tiempo, seguramente tengo mi parte de responsabilidad porque mi manera de entender la amistad es, quizás, demasiado parca en efusividades y sobrada de sinceridad.

Brindo porque las amistades nos salven de la incredulidad.

«A mi aire» (3 noviembre)

¡¡Por favorrrr, quiero otoño!!

Que este tiempo vuelva a su ser, que haga fresco, que los colores, los olores, las sensaciones, la calma del adormecimiento de la naturaleza se vaya imponiendo…

Y sé que esto irá a peor, el cambio climático no es una broma o una circunstancia puntual, lo hemos provocado la humanidad (una humanidad más que otras) con nuestra forma de vida dislocada y consumista inducida por un capitalismo completamente enloquecido y suicida.

Y mientras tanto nuestra clase política nos da azucarillos y nos desvía la mirada.

«A mi aire» (10 noviembre)

Me voy reconciliando con el hecho de participar en actos donde percibo que no está el mismo tipo de personas que era habitual.

Mi participación en el curso de posgrado de la Universidad Federal de Río de Janeiro ha sido un chute de positividad y de aprendizaje que no voy a olvidar fácilmente. Los lazos que voy estrechando con Brasil me proporcionan mucha alegría (y puede haber más sorpresas… que no desvelo para que no se fastidien).

«A mi aire» (17 noviembre)

Vida y pensamiento, esa es la fórmula que cuajó Emma Goldman y la que intento que funcione en mi existencia. Siempre, naturalmente, «A mi aire»

«A mi aire» (24 noviembre)

Por fin, la lluvia, el fresco, la calma, la armonía de la naturaleza que entra en fase de adormecimiento y que provocará luego su florecimiento.

También los seres humanos deberíamos poder disfrutar de esos ritmos al compás de lo que nos rodea (a poder ser no asfalto, ruido, prisas, estrés).

lunes, 13 de marzo de 2023

SALVADOR SEGUÍ: SU PENSAMIENTO

 


El 10 de marzo de 2023 se cumple el centenario del asesinato de Salvador Seguí, anarco sindicalista de CNT por parte de pistoleros del Sindicato Libre. Este es un resumen de su pensamiento.

Releyendo textos sobre Salvador Seguí, para preparar esta intervención, he confirmado una convicción que tenía cuando realicé la Tesis Doctoral sobre el sindicalismo en los años veinte del siglo pasado:  que estamos ante una persona que ha sido mitificada, entre otros aspectos por ser asesinado joven (35 años). Seguí se convirtió en su momento en una leyenda como líder del sindicalismo, se construyó una figura que acumuló un compendio de virtudes, íntimas y públicas, por su dedicación a la difusión y defensa de la emancipación obrera.

Seguí ha tenido sus seguidores/as ayer y hoy. Es más, o menos alabado y mitificado en función de las necesidades organizativas o de la aparición de nuevos movimientos que reclaman la memoria de este dirigente para justificar nuevas realidades.

Por un lado, en estos tiempos líquidos se ha ido construyendo el relato de que Seguí formaba parte de un grupo de anarquistas catalanes inteligentes, pacíficos (pese a que iba armado) y dispuestos a abandonar la utopía infantil del anarquismo, ya que estaban rodeados de grupúsculos de ácratas, que habían nacido fuera de Cataluña, y que soñaban con dicha utopía a golpe de bomba o de pistola star.

Por otro lado, hay pseudo-historiadores a los que la historia solo les interesa como una suerte de gran bazar en donde adquirir todos aquellos hechos que sirvan para apoyar un inamovible argumento de partida. La historia nacionalista catalana echa mano de aquellos elementos que le convienen, desecha como ajenos aquellos que no hilan el relato o la memoria que les interesa y ven en Seguí a un nacionalista partidario de la independencia y de la formación de un partido para lograrlo junto a Companys y Layret.

Por último, hay quien ve en Seguí un intelectual, incluso un filósofo, que supo reinventar el anarco-sindicalismo en Barcelona a comienzos del siglo XX. Seguí es el héroe de las huelgas obreras, el coloso de las luchas obreras que concita el odio de la patronal catalana y de las autoridades. Sin embargo, Seguí no fue el único: 205 sindicalistas y anarquistas fueron asesinados entre 1917 y 1923 en Barcelona. Un sindicalista de la talla de Seguí fue Evelio Boal, Secretario General de la CNT, ejecutado en Barcelona por la Ley de Fugas en 1921 junto con Antoni Feliu, tesorero del sindicato a las puertas de la Modelo (no fue gran orador pero destacó como escritor). ¿Quién a recordado a Boal?

Voy a intentar mostrar a un Seguí humano, alejado del mito y de las muchas manipulaciones que sigue sufriendo. Si lo logro o no es otra cuestión. Como Joan Zambrana ha explicado muy bien la biografía de Seguí, solo voy a detenerme en su pensamiento y en algunos aspectos biográficos que confirman que este sindicalista era un hombre con rasgos brillantes pero no excepcionales ni únicos dentro del ámbito libertario.

1. Salvador Seguí fue un trabajador «ilustrado», es decir, un  autodidacta formado a través de muchas y diversas lecturas, que tenía además una gran facilidad para expresarse oralmente en tertulias, mítines, conferencias, etc. Cuentan quienes le oyeron que era un gran improvisador y muy elocuente. Aspectos que no eran algo extraño entre algunos hombres y mujeres sindicalistas y anarquistas de aquella época en los que predominaba la oralidad. CLARAMUNT

Sin embargo, su oralidad fácil y convincente no se traducía en la escritura, algo que también era frecuente entre hombres y mujeres autodidactas y que trabajaban muchas horas en su oficio. A sus textos les falta coherencia, estructura, orden y tenían referencias cruzadas y reiteraciones, algo muy habitual cuando predomina la oralidad. La realidad es que tenemos muy pocos textos de Seguí, la mayoría son de autoría indirecta, es decir, son otras personas, que escuchan a Seguí en mítines, tertulias o conferencias, quienes reconstruyen y reelaboran lo que han escuchado, a veces, muchos años después cuando ya era considerado un mito. Por este motivo, Manuel Cruells, uno de sus biógrafos cuestionó su condición de escritor.

2.

¿Dónde se dio a conocer Seguí y se convirtió en el líder carismático que conocemos? Como tantos otros hombres y mujeres fue en la vida cotidiana de los sindicatos, en los conflictos sociales en que intervino (especialmente en la huelga de la Canadiense) y en la cárcel, verdadera escuela de militantes y de líderes (estancias en enero/junio 1920 y noviembre 1920/abril 1922). Estamos ante un gran organizador que se puso como objetivo que la CNT fuera un sindicato decisivo en el mundo del trabajo, que tenía una notable visión de futuro respecto a cómo lograrlo, un orador convincente y un líder carismático.

Si algo podemos afirmar con seguridad es que SS es un anarcosindicalista, por ello nos interesa sobremanera conocer cómo entendía el sindicalismo y el anarquismo. Seguí disponía de una genealogía muy rica para definir su pensamiento sindical. Esta genealogía arrancaba por lo menos desde la entrada del internacionalismo en 1870. Vamos a diferenciar dos etapas en esta genealogía:

1ª Etapa: 1870-1916 [FRE (1870) / FTRE (1881)] Respecto al sindicalismo, en esta etapa se fue definiendo un sindicalismo emergente con dos modelos organizativos, el de gestión de clara inspiración marxista y el radical (o revolucionario) de influencia anarquista.

El sindicalismo radical quedó definido alrededor de los rasgos siguientes:

·       En cuanto a la forma organizativa: unidad de los trabajadores/as en una misma organización de carácter económico, los intereses materiales eran el lazo natural y permanente que cimentaba la unidad de los trabajadores/as y aseguraba el descubrimiento del verdadero enemigo, el capital.

La base organizativa fueron las sociedades obreras de oficio.

·       La unidad estaba basada en la flexibilidad ideológica para lograr dicha unión de clase, esto implicaba, necesariamente, el apoliticismo que suponía dejar fuera del sindicato las ideas políticas. Se rechazaban además las peticiones de soluciones legales a los problemas laborales. Al reconocer a la lucha sindical un valor político en sí misma se negaba su subordinación a otros grupos como podían ser los partidos políticos. Es un sindicalismo pragmático y posibilista, ya que pretendía armonizar la implantación de mejoras con lo que permitían las circunstancias.

·       En cuanto a la táctica: acción directa, sin mediación política, a través de la acción huelguística para enfrentarse con eficacia a la patronal. El fracaso de las huelgas era valorado como un factor desmoralizador y que podía debilitar a la organización. La violencia estaba prácticamente ausente de los conflictos aunque éstos pudieran llegar a ser muy duros.

·       En cuanto a las reivindicaciones: la jornada laboral de las ocho horas como símbolo de la guerra abierta entre la burguesía y el proletariado.

El sindicalismo de gestión (UGT, fundada en 1888) se basaba en la idea de que toda iniciativa conflictiva debía estar sujeta a la organización. Los rasgos que definían este modelo de sindicalismo eran, sobre todo, de carácter táctico:

·       La perfecta organización y preparación de cualquier conflicto y, especialmente, de las huelgas. La huelga era un recurso más entre otros y sólo debía recurrirse a ella cuando no quedaba otro remedio. Cuando, agotados todos los recursos para obtener una mejora, se llegaba a la huelga, ésta debía estar perfectamente organizada, con fondos, para que no fracasara.

·       La gestión del comité directivo de la sociedad obrera en todo el desarrollo del conflicto tenía un gran protagonismo. En el comité, por tanto, estaban los sindicalistas más capacitados y los huelguistas se limitaban a suspender el trabajo. Las asambleas no eran necesarias puesto que el comité tenía capacidad de decisión para gestionar la salida del conflicto.

·       La prudencia y la cautela cuando se producía un conflicto. No se deseaba el enfrentamiento abierto y directo con los patronos y trataban de evitar la generalización de los conflictos para mantener la armonía social.

·       Respecto a las reivindicaciones, pretendían la dignificación del oficio a través de la defensa y mejora de las condiciones de trabajo, la clave era su moderación y su carácter estrictamente económico. Este sindicalismo procuraba ganarse el respeto y el favor de las autoridades planteando sus reclamaciones con prudencia y evitando que el conflicto saliera del marco legal convirtiéndose en problema de orden público

La genealogía del anarco-sindicalismo proviene de este sindicalismo radicalizado. Tenía numerosas similitudes con el sindicalismo revolucionario que se desarrolló en Francia en la primera década del siglo XX [carta de Amiens (1906)]. Pero el sindicalismo radical era un tipo de sindicalismo que no necesitaba de la influencia francesa ya que la evolución del sindicalismo español desde la Iª Internacional explicaban por sí solo este modelo sindical.

El problema principal de este sindicalismo era explicar la articulación de una lucha por reivindicaciones laborales (por definición integrada en el sistema) dentro de un movimiento que se definía como radical o revolucionario. Pero el anarquismo, especialmente a partir de 1906/07, argumentó que las luchas concretas podían favorecer la revolución:

·       Las reformas proporcionaban motivos para trabar batallas en la guerra entre burguesía y proletariado. Con ellas este último se preparaba para el combate, despertaba a la lucha, a la agitación y a la solidaridad.

·       Más que un adiestramiento material era una preparación psicológica con efectos concienciadores. En este aspecto, eran importantes las huelgas de dignidad, imposibles de conseguir (hacerse valer como persona, no aceptar las humillaciones o que lo degraden= sobre el trato recibido por parte de los empresarios, por ejemplo).

·       La lucha sindical, y la huelga especialmente, era la expresión espontánea de la rebeldía obrera y el medio más eficaz de «perturbar el orden» capitalista.

El sindicalismo también transformó al anarquismo abriéndolo a la acción de masas y a la alianza con otras organizaciones obreras. Esa unión de anarquismo y sindicalismo fraguó en la CNT, que se diferenciaba del sindicalismo radical en varios aspectos:

·       Por un lado, la existencia de un objetivo revolucionario de transformación social.

·       Por otro lado, la presencia de cierta influencia de la ideología anarquista que reducía la flexibilidad ideológica

·       Y, por último, un claro antipoliticismo que rechazaba la mediación de la acción directa también en la vía electoral.

Seguí mamó la formación de este sindicalismo, no tuvo que inventarlo ni reinventarlo puesto que nació en época internacionalista (1887), empezó a trabajar a los doce años (aprendiz de pintor), participando con 15 años en la huelga general de 1902 (Ahí conoció a una auténtica lideresa de esta forma de entender el sindicalismo desde el anarquismo: Teresa Claramunt).

Cuando se produjo el cambio de etapa (en 1916), Seguí tenía 29 años y una trayectoria dentro del sindicalismo, había conocido el populismo lerrouxista, la constitución de Solidaridad Obrera, la Semana Trágica, el nacimiento de CNT y tenía ya una experiencia como orador,  como organizador y como participante en numerosos conflictos sociales. Desde muy joven había entrado en contacto con el anarquismo y se definió como tal. Consideraba el anarquismo como una filosofía, una ética, una concepción del ser humano y de la sociedad que no podía realizarse de un día para otro. El anarquismo debía tener una traducción en la realidad cotidiana de la gente, si no era así podía caer en la mera especulación filosófica. Por este motivo, sindicalismo y anarquismo se complementaban.

2ª Etapa: 1916-(1923 para Seguí)1939. Se produjo un cambio transcendental: el sindicalismo revolucionario se transformó en un movimiento de masas, dando protagonismo al anarquismo que siempre fue minoritario. En el resto de Europa este sindicalismo casi desapareció en aras del sindicalismo de gestión posibilista y negociador unido al crecimiento de partidos socialdemócratas que soltaban el lastre del marxismo para, desde posturas reformistas, aceptar el capitalismo y la sociedad de clases. Al poco estalló la Revolución Rusa (1917) que pareció contradecir el triunfo del reformismo socialista y por eso resultó tan atractiva para el anarco-sindicalismo en un primer momento (CNT ingresó en la III Internacional en 1919). El «Informe Pestaña», que fue publicado en 1922, fue contrario a permanecer en la III Internacional por considerar la revolución bolchevique centralizada y burocratizada

¿Cómo se explica el arraigó del anarco-sindicalismo en España? Está muy relacionado con dos factores:

·       El contexto histórico.

·       Su habilidad para adaptar su práctica al contexto.

1-El contexto histórico: El sistema liberal denominado «Sistema de la Restauración» (1874-1931) fue un sistema basado en el bipartidismo y el turnismo que tenía su fundamento en la manipulación electoral a través del caciquismo o de los gobernadores civiles. Era muy difícil, durante la «Restauración», hacer atractiva una opción basada en la acción política y en las posibles mejoras sociales que podían producirse a través de una política reformista en la que confiaban republicanos y marxistas.

2-La habilidad para adaptar su práctica al contexto histórico.

En el contexto represivo y caciquil, el antipoliticismo y la acción directa resultaron más útiles para una parte importante de las clases trabajadoras que la táctica política.

La CNT supo construir un sindicalismo moderno, eficaz y efectivo en sus objetivos que lograba victorias en los conflictos sociales. No fue ajeno a ello el paso de la sociedad obrera de oficio, como base organizativa, a los Sindicatos Únicos de rama productiva, adoptados en Cataluña en el Congreso de Sans, junio/julio de 1918, que se generalizaron en toda la CNT en la 2ª mitad del año 1919. 

De esta manera, la CNT se convirtió en un sindicato fuerte, una organización de masas cercana al millón de afiliados/as a finales de la segunda década del siglo XX.

De esta genealogía sindical de casi 50 años se alimentó Seguí. Esta cultura organizativa se puso a prueba en la Huelga de la Canadiense en cuyo desarrollo tuvo tanto protagonismo SS y en la que impulsó la solidaridad y la colaboración desde la organización sindical. El fracaso final de esta huelga y la aparición de la violencia puso en cuestión el modelo normalizador que impulsaba Seguí y que buscaba construir una alternativa social con tranquilidad y a largo plazo, es decir, gradualista y moderada. Su concepción de la revolución, en efecto, respondía a una evolución progresiva que avanzara a la velocidad de la capacidad de preparación y organización del proletariado. Esta concepción gradualista le alejaba de los sectores impacientes que abogaban por provocar el estallido revolucionario a través, si era preciso, de la violencia.

Para Seguí, tan importante como la vertiente social de los Sindicatos Únicos era convertir el sindicato en herramienta de capacitación, para ello la CNT construyó dichos sindicatos como un espacio formativo de cultura y educación, como elementos de emancipación personal y colectiva. Se trataba de crear formas de contrasociedad igualitaria (cooperativas de producción, formas de vida colectivas, instituciones educativas y culturales, etc.) en el seno mismo de la sociedad desigualitaria. El Sindicato se considera un medio de capacitar a los y las trabajadoras en el oficio del autogobierno. Para Seguí el Sindicato es el epicentro social, político y cultural.

No obstante, recordemos que esta tarea de capacitación y de creación de formas de contrasociedad no contaba solo con los sindicatos sino con ateneos de barrio, escuelas, grupos excursionistas, naturistas, vegetarianos, grupos de mujeres, etc. Y sí, también grupos de acción. Seguí estuvo de acuerdo puntualmente con la violencia obrera como respuesta razonable al trato recibido del Estado y de la Patronal. Era el derecho a la legítima defensa. Sin embargo, la violencia es ineficaz por la correlación de fuerzas que nunca dará la victoria a la parte obrera. Además de por razones éticas derivadas del propio anarquismo.

Seguí podía aceptar pactos circunstanciales y flexibles con otros sindicatos e incluso con partidos políticos, pero rechaza que un partido pueda erigirse en representante de la clase trabajadora. Por lo mismo rechaza con claridad el marxismo por su exaltación del Estado y por su deseo de ejercer el poder sustituyendo a una minoría por otra con la consiguiente limitación de las libertades (la revolución rusa era un ejemplo práctico de este comportamiento del que Seguí marcó distancias). Esta manera de entender la revolución condujo a Seguí a rechazar la existencia de un partido obrero.

Seguí estuvo empeñado en seducir y atraer a la intelectualidad para que se incorporaran a los sindicatos y a la lucha sindical por su sentido de la libertad y la justicia.

Por último, la famosa cuestión nacional supuestamente planteada en un discurso que dio en el Ateneo de Madrid el 4 de octubre de 1919. Aclaremos algunos aspectos:

1º El 4 de octubre Seguí llegó a Madrid y no habló en el Ateneo sino en el teatro de la Casa del Pueblo, en un evento organizado por la Escuela Nueva.

2º El discurso de Seguí en el teatro de la Casa del Pueblo fue taquigrafiado y se publicó entero en el diario madrileño España Nueva (con repeticiones, reiteraciones y estructura de espontaneidad oral). También será recogido después en el folleto El Sindicalismo Libertario en Cataluña, aunque sin la parte de Seguí referente al catalanismo y a la Lliga Regionalista, así como en diferentes trabajos publicados en Francia e Iberoamérica desde los años 50, y en España tras el franquismo.

3º Pere Foix, un veterano anarcosindicalista pasado al catalanismo, tergiversó las palabras de Seguí al reproducir el discurso de la Casa del Pueblo en su obra Apòstols i mercaders, concluida al menos desde 1949 (ganadora de los Juegos Florales de Montevideo) y editada en México DF en 1957. ¿Intencionadamente? No lo sabemos. Quizá no; quizá lo escribiera siguiendo el guion de otro diario de la época y aportara el resto de memoria (en el libro, en general, abundan las imprecisiones).

Es el texto de Pere Foix el que ha tomado como referencia el nacionalismo catalán para señalar a Seguí como tal. En concreto este párrafo: «(…) nosotros, los trabajadores, como sea que con una Cataluña independiente no perderían nada, antes al contrario, ganaríamos mucho, la independencia de nuestra tierra no nos da miedo».

Si nos atenemos al resto de textos de Seguí, para él el conflicto que había en la segunda década del siglo XX en Cataluña era social, no nacional. En ese conflicto la burguesía y el catalanismo de la Lliga Regionalista  identificaba al anarco-sindicalismo como el enemigo a abatir y para ello puso en marcha el somaten, grupos de pistoleros, el sindicato libre, etc. Por su parte, Seguí consideraba a la Lliga (y Cambó) como el peor enemigo del anarco-sindicalismo y trató de transmitir en Madrid que no representaba a Cataluña, que pretendía utilizar el discurso de la autonomía para controlar la sociedad catalana.

Conclusión: Seguí es un sindicalista y anarquista que desarrolló un sindicalismo que procedía de una rica genealogía que siguió evolucionando hasta 1939. Tenía rasgos brillantes como líder sindical, como orador y como organizador. Un sindicalista a recordar pero no un mito ni un héroe a ensalzar o, peor, a manipular.

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Seguí y muchos otros sindicalistas y anarquistas podían estar en la línea del republicanismo federal de Pi i Margall que basaba el federalismo en la soberanía absoluta de individuos y municipios, no de Estados en que toda relación se basa en pactos libres, transitorios y revocables en función de las necesidades de los individuos o de las actividades.