Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

lunes, 13 de septiembre de 2021

UNA FOTO, UNA PEQUEÑA HISTORIA (Transición, mitin PCE, expulsión del mitin por no callar)

 


¿Quién podía imaginar que iba a llegar a mis manos una fotografía de la llamada «Transición Democrática» en la que pude encontrarme sin demasiadas dificultades?

 Os sitúo:

Se trata de la Plaza de Toros de Zaragoza llena a rebosar  en la celebración del primer gran mitin del Partido Comunista de España (PCE). En él participaba el mítico Santiago Carrillo y otras personas que no recuerdo y que poco importan para explicaros esta  historia pequeña.

El PCE contaba con una gran fuerza propia: se había involucrado en la resistencia antifranquista, disponía de militantes, intelectuales, bases materiales, infraestructura y legitimidad derivada de esta lucha. Pese a ello, consideraron esta fuerza insuficiente para propiciar la «ruptura» con la Dictadura y decidieron abandonar esa posibilidad, aceptando la negociación, para impulsar el «cambio», con el gobierno heredado del franquismo.

Se entró de esta forma en un intercambio de fuerza por reconocimiento y el PCE fue renunciando, en un auténtico proceso de autoinmolación, a aquello que le había caracterizado hasta ese momento (principios internos y fundamentos identitarios) en un tiempo récord. Entre estas renuncias abandonó la República para aceptar la Monarquía.

 


Me sitúo:

Hacía poco que había entrado en la Universidad. Una rareza en la época: hija de un obrero del metal comunista y una modista que vivía en un barrio obrero de Zaragoza. Mi padre, el Instituto de Bachillerato Pignatelli (el primero mixto) y la Universidad fueron mi escuela para entrar en el activismo estudiantil. Mi ideología estaba por definir (era muy joven) pero me movía entre los planteamientos autónomos y anarquistas.

¿Qué hacía en un mitin del PCE?

La respuesta es sencilla: una suma de curiosidad y asombro ante los primeros mítines legales. El PCE, como he dicho antes, acababa de abandonar la vía rupturista y teníamos curiosidad por escuchar  lo que tenían que decir.

Así que allí me fui con unos amigos.

El mitin:

Como he dicho, la Plaza de Toros estaba llena de gente y no encontramos más sitio que en el «gallinero».  Al poco rato de empezar el mitin un pequeño grupo de personas delante de donde estábamos sacó una bandera republicana. En cuestión de minutos, el «servicio de orden» del partido  estaba allí para quitarles la bandera a tirones. Como es raro que me calle ante una situación que considero injusta, les interpele sobre lo surrealista que era que reprimieran una bandera que hasta hace unos meses era suya.

La cosa acabó regular. Entre empujones y malas maneras nos expulsaron del mitin a quienes habían sacado la bandera y a mí de propina que no tenía nada que ver con ellos. Me agarraron del brazo, me condujeron a la planta de abajo y me pusieron de «patitas en la calle». Yo le iba diciendo «cositas» al del «servicio de orden», pero él tenía claro su trabajo: echar alborotadores/as para que el acto transcurriera en perfecto orden.  

Este incidente fue muy aleccionador para mí

Me di cuenta del papel normalizador que el PCE (y el PSOE) estaban cumpliendo en el proceso de la «Transición Democratica». Quienes estábamos luchando por la «ruptura» en la calle, en la Universidad, en los lugares de trabajo y otros espacios, íbamos a perder la apuesta, como así fue.

Me percaté de que el pueblo, o la clase obrera, se habían convertido de la noche al día en electorado y que la acción entre iguales era sustituida por la división entre gobernantes y gobernados.

Se impuso el realismo, entendiendo por real, no una red de relaciones que, a su vez, engendra la acción, sino el mero conjunto de las condiciones existentes.

La actitud autoritaria y jerárquica del PCE, de la que oía hablar a mí alrededor, se encarnó en aquel empujón y en aquel agarrón del brazo que iba incrementando la presión conforme le iba diciendo que tenía derecho a expresarme libremente y que para eso estábamos luchando contra los continuadores de la Dictadura.

Nunca más fui a un acto del PCE.

¿Cómo obtuve esa foto hace unos pocos meses?

De forma absolutamente inverosímil. Estábamos varias personas desayunando en Ruesta en la Escuela Libertaria de CGT cuando salió en la conversación el tema de la «Transición» y el PCE y yo conté lo que me ocurrió en el mitin. Una persona del grupo dijo, ante mi sorpresa, yo tengo una foto de ese incidente, cuando llegue a casa te la envío. Y así fue.

En la foto no hay huella de la bandera republicana, pero sí del revuelo que se produjo y de la presencia de numerosos miembros del «servicio de orden» del PCE en la zona cercana al incidente. Y allí aparezco recriminando la retirada de la bandera republicana.

Y por último:

La lectura de dos libros me han impulsado a escribir esta pequeña historia personal y colectiva: el de Amador Fernández Savater, La fuerza de los débiles; y el de Miguel Abensour, Para una filosofía política crítica.

 

 

viernes, 3 de septiembre de 2021

Historia de las mujeres: inicio de la «reparación de ausencias»

 


Fue el feminismo (especialmente en la segunda mitad del siglo XX) el que impulsó un proyecto coherente de Historia de las Mujeres, un proyecto que aspiraba a una nueva historia.

En la década de 1960 se avanzó en la Historia de las Mujeres dando lugar a una etapa que designamos hoy como de «reparación de ausencias». Fueron estudios específicos que tenían a la mujer como objeto privilegiado de análisis, es decir, se nombraba a las mujeres. Se sabía que la ausencia de las mujeres en la historia no era empírica sino simbólica; sin embargo estos estudios específicos visibilizaban a las mujeres a costa de subrayar siempre su diferencia con los hombres. Por ello no hacían sino colaborar en mantener la distribución  simbólica de papeles de género.

En la década de 1970 se aspiró a explicar las razones de las presencias y de las ausencias femeninas. Para ello, no solo había que nombrar a las mujeres, era preciso resignificar las categorías con las que éstas habían sido nombradas; explicar, más allá de la pura descripción positivista, que  el binomio sexo-género ha actuado como eje vertebrador de jerarquías entre lo masculino y lo femenino y revisar una vieja historia que dejaba al margen a las mujeres en favor de los hombres.

Desde entonces, la Historia de las Mujeres ha avanzado llenando de contenidos las enormes lagunas dejadas por la investigación académica.

La Historia de las Mujeres que cobró vida desde los años setenta se situó en el centro de las preocupaciones de la renovación historiográfica. Era una historia en construcción que necesitaba replantearse casi todo el oficio, desde las fuentes a los objetos de estudio, desde el método, que no puede ser otro que la crítica y la interrogación de problemas y de épocas cerradas en falso, hasta la necesidad de plantearse otras esferas: la vida privada, la doméstica, la moral, las representaciones, las prácticas.

Por eso la Historia de las Mujeres era una historia nueva que se enraizaba con las nuevas fuentes y métodos de la nueva historia, de la historia crítica, de la historia social y, sobre todo, cultural.

Seis décadas de estudios sobre Historia de las Mujeres nos han puesto de manifiesto la riqueza y complejidad que reviste este campo de estudio, cuyos postulados han de armonizar criterios de marginación y subordinación con poderosos frentes de presencia y de agencia femenina. A esta riqueza y complejidad de planteamientos viene acercándose con éxito la historiografía feminista del cambio de siglo. Un ejemplo son los  Coloquios Internacionales de la Asociación Española de Investigación de Historia de las Mujeres (AEIHM) que llevan diecinueve celebrados si no me equivoco.

Desde 2005, la AEIHM viene organizando un Seminario Internacional Historia y Feminismo, con carácter bienal, destinado a profundizar en los aspectos centrales de la práctica historiográfica desde una perspectiva interdisciplinar en el campo de la Historia de las Mujeres y del Género, a la luz de las relaciones e influencias en la historiografía feminista internacional y la producción historiográfica española. En sus ediciones se pretende generar un foro de reflexión en torno a cuestiones metodológicas y teóricas que ayuden a enriquecer la disciplina de la Historia. El último celebrado fue el VIII Seminario Internacional de la AEIHM cuyo título fue: «Historia Pública: La Historia de las Mujeres ante los nuevos retos de difusión social», celebrado en Madrid en 2019.

Universidad de verano de Jaca, LAS MUJERES, SUJETO ACTIVO EN LA HISTORIA DEL S. XX. ENFOQUES PARA EL AULA. Laura Vicente.

lunes, 23 de agosto de 2021

KROPOTKIN, APOYO MUTUO Y ANARCOFEMINISMO

 


Este libro que acaba de salir para recordar los cien años de la muerte de Kropotkin está escrito por diversos autores y autoras (Paco Madrid, Susana Sueiro, Joan Zambrana, Rafael Cid, Carlos Taibo, María Migueláñez, entre otros/as). Nuestra humilde contribución tiene el mérito de ser resultado de un debate colectivo que cuatro mujeres hemos ordenado y organizado para su publicación. Aquí os dejo la presentación de nuestro grupo REDES y la Introducción del texto que hemos aportado. 

Nuestro grupo, “REDES”, busca ser una corriente de debate que pretende, dialogando poco a poco, tejiendo redes, habitando fragmentos... formar un «nosotras» inclusivo. Queremos ser pensadoras teóricas y, a la vez, activistas y «activadoras» de pensamiento, de proyectos de autonomía y autogestión y de realizaciones culturales que ocurren fuera del Estado y del Mercado[1]. El activismo lo llevan a cabo las mujeres del grupo en sus respectivos lugares de vida y trabajo, puesto que REDES es una comunidad online.

Ahora mismo en el grupo de debate somos trece mujeres y hay un segundo círculo con otras nueve, que no participa, de manera tan activa, pero tiene interés  en conocer nuestra dinámica. Debido a la presencia intermitente de las personas del grupo, siempre «somos las que estamos», para cada circunstancia, evento o toma de decisión. En el grupo hay una situación itinerante y transitoria, un ir y venir de acuerdo con las diversas situaciones de las integrantes del grupo. Este trajín permite que haya personas que aportan ideas y trabajo que resultan ricas y creativas pero que pueden ser efímeras o intermitentes. Sin que esto afecte a la permanencia, esfuerzo y trabajo conjunto.

Introducción

El texto que aportamos a este libro colectivo es, por tanto, una iniciativa de grupo en un espacio de discusión online del que nos hemos dotamos mujeres que nos sentimos cómodas dentro de lo que denominamos anarcofeminismo. El tiempo de lectura de los textos se llevó a cabo entre el 18 de noviembre de 2019 y el 8 de enero 2020, y el de debate entre el 8 y el 28 de enero 2020.

Este reto colectivo de debatir y reflexionar para enriquecer nuestra manera de entender el feminismo desde el anarquismo o lo libertario, requiere pasión, ganas y dejarnos sorprender por los derroteros por los que nos puede llevar un texto, tal y como ocurrió en el caso que nos ocupa.

Desde el principio hemos sido conscientes de las diferencias que hay entre las mujeres del grupo, diferencias que provienen de experiencias vitales dispares, edades muy distintas, formación académica y trabajos desiguales, espacios territoriales diferentes, etc. Pero siempre hemos convertido la diversidad y diferencias en riqueza, puesto que no queremos estar todas de acuerdo: no votamos, ni tampoco consensuamos: recogemos todas las perspectivas que surgen de los textos.

Así aunamos las diferencias entre el saber colectivo y el individual, el conocimiento que se deriva de la experiencia y el intelectual, los papeles que cada una de nosotras adopta en el debate y su implicación en él.

Al ser un grupo online, las intervenciones están todas escritas y eso facilita el paso del desarrollo vivo del debate a un texto organizado. No queremos dar una imagen idealizada de nuestra apuesta por debate colectivo online, ya que este tiene sus ventajas y sus desventajas., pero es la herramienta de la que nos hemos dotado y que se adapta a nuestras propias circunstancias temporales y espaciales. En todo caso el artículo que ahora presentamos es producto del trabajo de cuatro personas que nos hemos ofrecido voluntarias para hacerlo.

Así pues, con todas las ventajas e inconvenientes que implica el trabajo colectivo encaramos la lectura de los capítulos 7 y 8, «La ayuda mutua en la sociedad moderna» y la conclusión de la obra El Apoyo Mutuo de Kropotkin; y cabe señalar que. para nosotras este debate ha sido sorprendentemente fructífero y nos ha permitido hablar de múltiples temas y vincularlos al feminismo.

Enseguida tuvimos la impresión de que se han escapado muchos de los beneficios que en ese momento (finales del siglo XIX- principios del siglo XX) nos brindaron hombres y mujeres a través de su trabajo, su lucha y sus vidas. En parte tenemos la sensación de que toda la elaboración de un pensamiento social y de lucha ha sido sustituida por un credo, además «simplón», del que apenas se desprenden cuatro eslóganes vacíos.

Grupo REDES (Diana García Kulikova, Clara González-Garzón Finat, Emilia Moreno de la Vieja, Laura Vicente Villanueva).



[1]                     Nos sentimos identificadas con esta manera de entender el debate que aparece recogido en  Silvia Rivera Cusicanqui. Un mundo ch’ixi es posible. Ensayos desde un presente en crisis. (Buenos Aires: Tinta limón, 2018), pp. 108-109.

 

viernes, 13 de agosto de 2021

Ausencia de las mujeres en la historia: «Las mujeres no me aparecen»

 

Este texto es una breve introducción que forma parte de la exposición que desarrollé en la Universidad de Verano en Jaca el 8 de julio de 2021. El título de mi exposición era "Las mujeres, sujeto activo en la Historia del siglo XX. Enfoques para el aula", formaba parte del curso: "Enseñar la Historia del siglo XX. Nuevas perspectivas y didáctica de la Historia".



La Historia, tal y como ha sido narrada durante mucho tiempo, no es más que una historia sesgada basada en una mirada androcéntrica. El paradigma historiográfico que sigue impregnando la enseñanza de la historia es el que se basa en el historicismo
[1], la diacronía[2] y, en definitiva, la hegemonía de las historias generales.

La historia de las mujeres sigue siendo considerada por amplios sectores de la comunidad académica como una historia parcial y militante, por tanto carente de la «cientificidad necesaria» para formar parte del conocimiento universal. Por eso se puede admitir como una optativa, pero no como parte de la enseñanza básica.

«Las mujeres no me aparecen», fue la respuesta de un amigo historiador cuando le pregunté acerca de dónde estaban las mujeres en su investigación histórica. Su respuesta oculta que la ausencia de las mujeres en la historia es el resultado de una elección. Sabemos que los documentos hablan si se sabe interrogarles: hacerles las preguntas pertinentes. Y son esas preguntas y miradas las que contribuyen a la ampliación de la documentación histórica. Basta con un cambio de pregunta a la documentación tradicional para operar una ruptura.

Además hay que recordar las lagunas, los olvidos, los silencios de la documentación  y por qué se producen. Sea consciente o inconscientemente las condiciones de producción del documento deben ser minuciosamente establecidas ya que las estructuras de poder de una sociedad comprenden el poder de las categorías y testimonios susceptibles de orientar la historiografía en un sentido o en otro. En el proceso de selección, clasificación y codificación de la documentación existente se profundiza la invisibilidad de las mujeres: por ejemplo, en la documentación gremial: en los censos y padrones no se diferencian a mujeres de varones en los oficios, jefaturas de casa, etc.

El cambio debe centrarse en la metodología de la historia hacia una historia abierta, en construcción e interpretativa. Mientras no se produzca este cambio de modelo, la Historia de las Mujeres será algo anecdótico puesto que es incompatible con una historiografía tradicional caracterizada por su parcialidad, androcentrismo y sexismo.



[1] El historicismo considera toda la realidad como el producto de un devenir histórico. Es la base de la concepción lineal de la historia que lleva al progreso= MODERNIDAD

[2] Diacronía: evolución de un hecho, un fenómeno o una circunstancia a través del tiempo.

martes, 3 de agosto de 2021

MUJERES LIBRES: LA REVOLUCIÓN DE LA EXISTENCIA


 


Crisi es un espacio (en la ciudad de Barcelona) al que me siento vinculada desde su inicio por la afinidad y amistad que me une a una de sus fundadoras (luego el cariño se ha ampliado al resto de componentes de esta cooperativa del conocimiento y de la lectura). De ellas he recibido el entusiasmo para animarme a dar algún curso (presencial y/o online).

La experiencia ha sido muy buena y, por ese motivo, el viernes 15 y el sábado 16 de octubre (2 sesiones) daré este curso presencial sobre Mujeres Libres (haz clic y te llevo a toda la información sobre el curso, su precio, lugar, etc.).

Este curso pretende visibilizar una experiencia vinculada a la organización Mujeres Libres y a la revista (1936-1938) del mismo nombre en el contexto de Guerra Civil que propició la experiencia única de una Revolución social anarquista. 

Mujeres Libres puso en marcha una revolución tejida con palabras y con hechos cuyos hilos fueron los cuerpos y las vidas de las mujeres. Una revolución poco reconocida por la historiografía y por el propio Movimiento Libertario porque se centró en la transformación de la existencia. Trataron de socavar unos sedimentos culturales que se habían acumulado durante miles de años en las estructuras mentales y el imaginario social, consolidados en comportamientos autoritarios y valores jerárquicos propios de sociedades patriarcales.

Y aquí os dejo un esquema con las ideas principales que trabajaremos en este curso:

1- Introducción: Mujeres Libres y las «imágenes de cambio» que proporcionaron historias inspiradoras

·        Las mujeres excluidas de la palabra, toman la palabra

·        Mujeres Libres toma la palabra y construye «imágenes de cambio»

·        Inventan su propia política

·   Necesidad de otra concepción de la historia para captar los cambios que se «escurren» de la época en que acontecen y la «memoria» no suele recatar.

2- La revolución en femenino: una mutación cultural que implicaba una revolución de la existencia

·         Contexto

·         Mujeres Libres: excluidas de la revolución modelizada y lineal. Invisibles

·         Inventan su propia revolución «en femenino»: características

3- El proyecto de «las redes de cordialidad»: desafíos y contiendas encarnadas

·         Red de cordialidad-Red-Cordialidad-Cuerpo

·         Mujeres Libres creando red y política de cordialidad: plan de actuación

·        Golpe de Estado-Guerra-Revolución: aceleración del plan

·     «Revolución en femenino»: desde la experiencia vivida, excluidas de la revolución modelizada fueron situadas en la retaguardia desde donde redefinieron la realidad: Gestión de la vida = «cuidados» (autonomía, maternidad, sexualidad, prostitución, refugiados/as, huérfanos/as, problemas sanitarios e higiénicos, etc.) + desembarco en el espacio público por necesidades de la guerra (trabajo, política, cultura y educación)

4- Las activistas de Mujeres Libres, agentes de sus propias vidas.

·        Autonomía personal en sociedades autónomas

·        Activistas de la revista

·        Activistas de la organización: feminismo social, organización

·        La guerra experiencia de libertad

5- A modo de conclusión

 

viernes, 23 de julio de 2021

EL FRANQUISMO HIZO PAGAR EN «PROPIA CARNE» A LAS MUJERES LA OSADÍA DE ENFRENTARSE AL PATRIARCADO

 


1-Introducción: prácticas violentas en el frente y la retaguardia

Puesto que la violencia ha sido un componente fundamental de las guerras y las dictaduras, analizar las experiencias y vivencias de las mujeres en los conflictos bélicos tendría que estar vinculado a las de las prácticas violentas que las acompañaban. En el caso de las guerras civiles debería tenerse en cuenta tanto la violencia militar (batallas, combates y bombardeos) como la violencia civil y política que se producía en el frente, pero especialmente en la retaguardia, espacio fundamentalmente femenino.

Las mujeres del ML, especialmente las vinculadas a MMLL reinterpretaron su papel en la retaguardia y aprovecharon las oportunidades que les brindó esta para redefinir la realidad. Mi tesis: Revolución modelizada (masculina)/revolución femenina, una revolución «a su manera».

Pese a que se suele subestimar la retaguardia en las guerras, la sociedad española vivió un terremoto en este espacio que se feminizó. La retaguardia devino un lugar en el que hubo muchas mujeres protagonizando pequeñas insurgencias que desestabilizaron las normas y jerarquías en el día a día, asumiendo múltiples responsabilidades solas. Mujeres cuya vida mutó al desaprender la pasividad de sus vidas y hacerse responsables de sí mismas y de la marcha del mundo (local).

Lo que hicieron estas mujeres fue partir de la situación, no de una situación que previamente se ha modelizado sino de la situación en la que se encontraban y en medio de la cual trataron de identificar dónde se encontraba el potencial de cambio y cómo explotarlo[1].

No quedaron fijadas en un objetivo final (el comunismo libertario de la revolución modelizada) porque eso era un obstáculo para la evolución de la situación, sino que explotaron una disposición: la gestión de la vida en la retaguardia o «cuidados» (entendemos por «cuidados» todo lo necesario para que la vida funcione, no solo la limpieza, la crianza o el cuidado de personas mayores). 

Esa forma de actuar y conseguir logros no requería riesgos, partían de la situación y no del Yo-sujeto. No había heroicidad como la había en la revolución modelizada. Se adaptaban a la propensión y la acompañaban; no había que guiar (ir por delante), sino secundar, es decir, estar en segundo plano, modestamente, sin gloria, incluso sin llamar la atención, para que esta propensión se desarrollara. Por eso casi nunca es reconocido, nadie se detiene a elogiarlo. No hay espectacularidad ni gloria, de alguna manera el ego se frustra, pero el ego de las mujeres estaba siempre ninguneado, no sintieron esa frustración que sienten los hombres.

De todas maneras, el papel de las mujeres no se limitó a los «cuidados» ya que el momento (el «momentum» del que habla Ranciére es aquel en el que hay un desplazamiento de los equilibrios y la instauración de otro curso del tiempo, «una reconfiguración del universo de los posibles»[2].) era lo suficientemente excepcional y grave como para que estas tuvieran que asumir otras tareas por la guerra. Para poder asumirlas tenían que capacitarse puesto que no estaban preparadas para realizarlas debido a la posición de inferioridad, subalternidad (sectores marginalizados de la sociedad) y subordinación que habían sufrido. La entrada en el espacio público fue evidente en el mundo del trabajo, en la política y en el acceso a la educación y la cultura.

Demasiada heterodoxia, subversión y cuestionamiento del sistema capitalista, y patriarcal como para no sufrir la violencia de los vencedores.

2- La violencia específica contra las mujeres

Costó entender, como en otros muchos aspectos, que  hubo prácticas de violencia diferenciadas contra las mujeres. Pese a ello, como señalaba Maud Joly[3], las violencias perpetradas contra las mujeres siguen siendo un tema marginal y marginalizado. Y es que la especificidad de las violencias sexuadas cuenta con el problema de la fragmentación de las fuentes y los silencios. No es fácil, y eso es común a la historia de las mujeres, escribir cuando contamos con pocas huellas documentales de esas violencias diferenciadas. Reformular preguntas a la documentación.

Aunque han existido muchos tipos de violencia específica contra las mujeres, infligir una violencia sexual extrema sobre ellas, suponía que la batalla se perpetraba en el cuerpo de las mujeres, que eran el botín de una guerra y postguerra decidida, financiada y ejecutada por hombres. La violación ha acompañado a las guerras y las dictaduras en prácticamente todas las épocas históricas conocidas, ha sido utilizada como un arma con la que se amenaza para extender el terror entre la población. Se ha usado frecuentemente como guerra psicológica con el fin de humillar al opositor y enemigo y minar su moral[4].

Las violencias específicas contra las mujeres durante la Guerra Civil y el primer franquismo (hasta la década de 1950) se llevaron a cabo para castigar a las mujeres por realizar actos que transgredían el modelo femenino tradicional, se pretendía redibujar este modelo que, en opinión de los represores, la II República había desdibujado[5]. En realidad, no fue solo la II República, el feminismo en España llevaba cien años evolucionando y creciendo, especialmente en los núcleos urbanos. Es el caso de la genealogía del feminismo anarquista (explicar brevemente que se inicia claramente desde la IªInternacional).

Los sublevados cortaron de tajo esta genealogía feminista conforme iban ocupando  el territorio, los tribunales militares  consideraron delitos: empuñar una bandera, participar en una manifestación, expresar en público ideas políticas o vestirse de milicianas. En una palabra, era delito que hubieran salido a la calle (tirarse a la calle dirán los jueces en las sentencias), abandonando el espacio doméstico y privado que les era propio y haciéndose visibles en el espacio público (Sánchez, 2012: 108). De todas ellas, las milicianas, las «mujeres en armas» (muy pocas porque fueron rápidamente excluidas y situadas en su espacio: la retaguardia), fueron condenadas a muerte por considerarlas irrecuperables. La violencia era monopolio masculino, admitir mujeres en el ejército era inconcebible para el pensamiento falangista, después franquista. Las mujeres que transgredían esa frontera confirmaban que iban contra su propia naturaleza, por tanto, eran algo más que malas mujeres, eran no-mujeres situadas del lado de la animalidad: fieras, hienas, rabiosas, perversas, en definitiva, monstruosas por ir contra natura.

A través de las sentencias y los informes de conducta se fue configurando otro  instrumento represivo: un lenguaje, connotativo y eufemístico, que creaba y nombraba las realidades del nuevo régimen, imponiendo su uso a la población y obligando a vivir a las vencidas en una realidad hostil y deshumanizada: rojas, individuas, sujetas, mujeres de dudosa moral… Los vencedores utilizaban con las mujeres un lenguaje más despectivo que con los hombres. La expresión «mujeres de dudosa moral»  era un juicio moral, que se convertía en juicio penal, con su correspondiente castigo público y ejemplarizante. En la roja, la transgresión moral (el amancebamiento, el atentado contra la Iglesia católica, etc.) se unía a la político-social, agravando el delito supuestamente cometido. La mujer revolucionaria era brutalizada y, por tanto, tras la victoria franquista, podía y debía ser represaliada con total impunidad (González, 2012: 120-121).

3- Los cuerpos femeninos como auténticos campos de batalla

El franquismo tuvo una vertiente de género, por ello, igual que durante la guerra,  hubo prácticas específicas de violencia contra las mujeres que introdujeron elementos simbólicos-sexuales ausentes en las violencias ejercidas contra los hombres. Para el franquismo no solo había numerosas mujeres opuestas a su propósito de «salvar España», ocurría también que, con su actitud y su mensaje emancipatorio, ponían en entredicho el orden social y político y, lo que quizá era más grave, el sistema de dominación patriarcal. Demasiado atrevimiento para que, en medio de una «cruzada» que pretendía hacer limpieza, no se vieran alcanzadas por una marea depuradora que, entre otras cosas, rezumaba una profunda misoginia.

Los cuerpos de las víctimas fueron castigados por haber faltado a su naturaleza, se produjo una negación simbólica de la feminidad y se buscó su redención en actos pensados para purificar los cuerpos pecaminosos de esas no-mujeres. La construcción de la figura de la enemiga se fundamentó en que estas mujeres se desviaron del rol de género, del rol natural y tradicional de esposa y madre cristiana según la mentalidad de los franquistas.

Veamos algunos aspectos a través de los cuales se desviaron las mujeres libertarias y anarquistas de dicho rol natural,  cuestionándolo, desobedeciéndolo y desmontándolo.

1) MMLL fue partidaria de la maternidad consciente que implicaba el reconocimiento de los derechos reproductivos de las mujeres junto a la disociación de la actividad sexual y la procreación (anticonceptivos). Presuponía, sin embargo, que la maternidad era una función social de las mujeres según una base biológica de carácter esencial (no fueron capaces de cuestionar ese mandato patriarcal salvo no teniendo criaturas).

2) Hablaron también de la necesidad de acabar con el modelo de familia tradicional puesto que esta servía como transmisora de la autoridad, la propiedad y la jerarquía imperantes en la sociedad burguesa. La castidad hasta el matrimonio y los tipos sociales derivados de este modelo de familia (solterona, monja, madre soltera, etc.) llevaban aparejados males como: la prostitución, el infanticidio, o la inclusa.

3) Cuando el matrimonio estaba motivado por cualquier interés diferente al amor, era considerado «prostitución a todos los niveles» o «prostitución estabilizada». La clave, de lo que Mujeres Libres entendía por prostitución, era la dependencia económica de las mujeres respecto a los hombres, aunque fueran los maridos legítimos. Cuestionaban la familia que mantenía a las mujeres en su posición de siempre: alejadas de la producción, sin derecho alguno y, por tanto, abocadas a prostituirse, ser meros objetos sexuales, en la calle o a través del matrimonio.

La prostitución era un tema colateral a la familia y al matrimonio, una «válvula de escape» para que pudiese seguir funcionando el modelo de familia burguesa, por ello era considerada «la mayor llaga sexual de la sociedad» heredada del capitalismo. Burgueses y «señoritos», explotaban a las prostitutas que en su mayoría provenían de clases populares. Desde esta posición se deslegitimaba el discurso que trataba a la prostituta como la «mujer caída» frente a la «mujer decente».

Desde el anarquismo se  pensaba que la única forma de acabar con la prostitución era encontrando la forma en que las prostitutas tuvieran otro medio de ganarse la vida para ser económicamente libres.

Mujeres Libres era claramente abolicionista, la prostitución degradaba a las mujeres y era la mayor de las esclavitudes: la que incapacitaba para todo vivir digno. Pese a ello, eran contrarias a suprimir sin más la prostitución porque eso suponía «dejar a unas mujeres en la calle, sin medio alguno de vida».[6] Para  ello organizaron los llamados «liberatorios de prostitución», de carácter voluntario, que debían desarrollar un plan de rehabilitación integral:

«1º Investigación y tratamiento médico-psiquiátricos.

2º Curación psicológica y ética para fomentar en las alumnas un sentido de responsabilidad.

3º Orientación y capacitación profesional.

4º Ayuda moral y material en cualquier momento que les sea necesaria, aún después de haberse independizado de los liberatorios».

 

En realidad, la única solución a la existencia de la prostitución era la revolución social.

Los defensores del rol tradicional de la mujer vieron con horror estos planteamientos y por eso el castigo tuvo grandes dimensiones.

Enseguida se percataron de que lo más vulnerable de aquellas mujeres eran sus cuerpos, unos cuerpos que podían degradar y deformar, quitándoles cualquier atractivo. Sus cuerpos se convirtieron, por tanto, en el lugar del castigo de sus delitos que, además, permitía humillarlas y aniquilar al grupo enemigo en su conjunto, especialmente cuando el hombre estaba ausente. Si en algún caso es claro que las violencias, las humillaciones, etc. están inscritas en el cuerpo de las víctimas, estos castigos son especialmente corpóreos o encarnados. Las mujeres sufrieron casos de trabajos domésticos forzados, amenazas, malos tratos, encarcelamientos, rapado del cabello, marcaciones y violaciones.

Rapar los cabellos de las mujeres era un acto que atravesaba siglos, pero en la Guerra Civil afectó a miles de mujeres en todo el territorio sublevado. Cuando eran detenidas se las golpeaba y se las pelaba (a veces se acompañaba con el rapado de las cejas), se las hacía ingerir aceite de ricino y eran paseadas bajo los efectos purgantes de dicho aceite por la vía pública, teniendo que entrar, incluso, en alguna misa. El espectáculo buscaba la humillación pública y el escarnio de las mujeres castigadas ante los vecinos/as y ser diferenciadas del resto de la población (González, 2012: 27). El rapado proclamaba la vergüenza del comportamiento pasado y la aceptación (forzada) del retorno a la moral, todo pasaba por la expiación y la reeducación de las mujeres.

Se produjeron también marcaciones de los cuerpos: cuerpos tatuados con mensajes en la cara y otras partes del cuerpo, insignias colgadas en una cresta de pelo que se les dejaba en la parte alta de la cabeza, etc. Era una manera de implantar el terror en la comunidad.

Las violaciones.

La degradación de los cuerpos femeninos se entendía como una deshumanización y una anomia (aislamiento de la persona) asociada a las prácticas de guerra (González, 2012: 189). Pese a que lo contempló mucha gente, no se ha hablado apenas de ello. La amnesia histórica funcionó perfectamente y desde el principio.

Pero la represión no se producían solo en vida sino también durante y después de la muerte. El trabajo de Laura Muñoz-Encinar[7], con la exhumación y el análisis de fosas comunes y la compilación de testimonios orales, entre otros métodos, ha logrado evidenciar que la represión específica contra las mujeres por su condición de género no se daba únicamente en vida

La arqueóloga, que ha estudiado la represión irregular (personas asesinadas en aplicación del bando de guerra entre 1936 y 1948) en distintas zonas de Extremadura, escenario de su investigación, ha certificado que en las distintas fosas comunes analizadas «existía un patrón diferencial muy claro» entre hombres y mujeres en los procesos de ejecución y enterramiento: «En las fosas hemos encontrado un patrón distinto sobre cómo acaban los hombres y las mujeres dentro de un mismo depósito. Generalmente, las mujeres fueron las últimas en ser introducidas dentro de las fosas y se solían depositar en la misma área».

Durante el estudio de las fosas se advirtieron también determinadas 'particularidades' sobre «la violencia específica ejercida sobre el cuerpo de las mujeres, basada en el fin purificador del franquismo y la política de deshumanizar a las mujeres antifascistas», y no solo relativas a la violencia sexual. Muñoz-Encinar descubrió que «varias mujeres fueron enterradas desnudas entre dos varones, con un alto componente simbólico».

«En Fregenal de la Sierra documentamos los cuerpos de dos hombres y una mujer enterrados superpuestos, en la posición supina. La mujer fue ubicada entre los cadáveres de los hombres con la cabeza orientada al oeste; los hombres, orientados al este», ha expuesto en su investigación, que centra también la atención en casos similares, como el de Antonia Regalado. Tenía 22 años cuando fue ejecutada, dice la arqueóloga, que recogió el testimonio de un vecino de la zona, José Vázquez López, para señalar que la deshumanización por parte de los fascistas «continuó en la tumba».

Vázquez se sirvió de los detalles proporcionados por el sepulturero –según Muñoz-Espinar ya había contado anteriormente «lo que habían hecho con el cuerpo, cómo lo habían colocado una vez ya ejecutada»– para explicar cómo tuvo lugar la ejecución de Regalado y su entierro»: La hicieron correr por el cementerio y abusaron de ella. Luego la mataron. Puso a un hombre debajo de ella, luego puso (el cuerpo de) mi tía encima y (el cuerpo de) otro hombre penetrándola encima; uno abajo y otro arriba […] El sepulturero enterró su cuerpo en esta posición y dijo: «La hemos enterrado como una puta».

La investigadora rescató también de esta zona el recuerdo del fatal desenlace que sufrió Matilde Morillo, profesora y activista en defensa de la República que fue «torturada, violada y ejecutada», y cuyo cuerpo «permanece aún desaparecido». Fue su hija Aurora quien relató a Muñoz-Encinar que, al regresar a Fregenal de la Sierra «en un tren de vagones de ganado», su madre fue identificada y violada, y añadió: «También se dice que fue llevada al cementerio y la orgía continuó en el sala de autopsias […] Los asesinos regresaron al pueblo en una camioneta al amanecer. Llevaban el abrigo de mi madre al final de un rifle como si fuera una bandera, como un trofeo».

4- Conclusiones

Las mujeres durante la Guerra Civil, y posterior franquismo, fueron sometidas a rituales de humillación. Se pretendía la ofensa visual de las víctimas, privándolas de un   símbolo de belleza y cuidado personal, y marcándolas emocionalmente a ellas y, por extensión, a sus familias. Con la violencia sexual se evidenciaba que los vencedores podían y debían enseñorearse del cuerpo de las mujeres «desafectas» al nuevo régimen. Era una demostración del poder del macho vencedor. Formaba parte del desposeimiento de los hombres vencidos, de su humillación permanente y de su progresiva despersonalización.

Se añadía la insidia sobre la inmoralidad de aquellas mujeres a las que se forzaba a la introspección y al silencio para sí y para sus hijos e hijas. Ellas eran la imagen de una desoladora tristeza y de la desmoralización del bando vencido.

Las rojas eran el eje central para la desprogramación política de la nación. Tenían que callar, olvidar su identidad política anterior, someterse a las arbitrariedades del nuevo régimen y trabajar en lo que fuera y como fuera, lo que las llevaba a la despolitización completa. Estas mujeres estaban vencidas definitivamente. Servían como primer escalón para la desmemoria, llevando a sus hogares al silencio, la pérdida de identidad y la vergüenza (Gonzalez, 2012: 51).

El caso de Lucía Sánchez Saornil. Era una de las mujeres más militantes y la más implicada en la lucha sindical, feminista, propagandística y revolucionaria. Salió al exilio en 1939, en su caso protegida por su pertenencia a SIA. Sin embargo, decidió regresar con su compañera Mery, en 1942, a Madrid trasladándose después a Valencia. Abandonó el activismo y poca gente conoció su paradero, tuvo que callar y olvidar su identidad política anterior.

No olvidemos, por otro lado, los sufrimientos de las mujeres que salieron al exilio. Este  supuso para ellas abandonar todo lo que había sido su vida hasta ese momento y sufrir la condición de refugiadas en un momento en que el auge del fascismo y los sones de guerra en Europa lo complicaban más de lo habitual. De hecho, sufrieron la huida hacia Francia,  los campos franceses y el intento de rehacer la vida sin documentos.

Las mujeres, muchas veces solas, arrastrando de sus hijos e hijas y de sus mayores, se convirtieron en el único bastión de los suyos. Aprendieron a vivir en campos de concentración y refugios, soportando toda clase de privaciones (alimenticias, higiénicas, sanitarias), con un único aliado: su infinita capacidad de resistencia.[8]

Por último:

Sorprende, sin embargo, que haya habido momentos muy posteriores a la Guerra Civil y el primer franquismo en que se volvió a rapar a mujeres para castigar su heterodoxia, una fue con ocasión de las huelgas mineras en Asturias de 1962. El 2 de septiembre de 1963, Ana Sirgo y Constantina Pérez fueron detenidas mientras intentaban movilizar a un grupo de mujeres para bloquear el acceso al Pozo Fondón. En los calabozos de la policía en Sama, ante las protestas de las detenidas, los funcionarios, «respondieron golpeando a las detenidas, a las que acabaron rapándoles el pelo»[9]

Mar Cambrollé, activista trans, afirmó también recientemente que en aplicación de la Ley de peligrosidad social, abolida en 1979, en Andalucía «a las mujeres transexuales las rapaban, las despojaban de sus ropas femeninas y sufrían todo tipo de vejaciones»[10].

Un arma de humillación y violencia contra las mujeres cuyas dimensiones están todavía por descubrir. 

Laura Vicente, texto de mi intervención en Ruesta, 3 de Julio de 2021.

[1] Este planteamiento lo desarrolla François Jullien (2006/2015): Conferencia sobre la eficacia. Madrid, Katz. Es la base del pensamiento chino en contraste con el pensamiento griego que es la base de nuestro pensamiento occidental.

 

[2] Ràncière, 2011, p. 141.

[3] Joly, Maud (2008): “Las violencias sexuadas de la guerra civil española: paradigma para una lectura cultural del conflicto”, Historia Social, nº 61,  p. 93.

[4] González Duro, Enrique (2012): Las rapadas. El franquismo contra la mujer. Siglo XXI, Madrid, p. 45.

[5] Sánchez, Pura  (2012): “Individuas de dudosa moral”. En Osborne, Raquel (ed.) (2012): Mujeres bajo sospecha. (Memoria y sexualidad 1930-1980). Madrid, Fundamentos, p. 108.

 

[6] Liberatorios de prostitución”, Mujeres Libres, nº 5, día 65 de la Revolución, septiembre 1936.

[7]  Laura Muñoz-Encinar, Descubriendo la represión de género: un análisis de la violencia sufrida por las mujeres durante la guerra civil y la dictadura de Franco en el suroeste de España”.

https://www.lasexta.com/noticias/nacional/castigadas-mas-alla-muerte-investigacion-destapa-vejaciones-postmortem-franquismo-mujeres_202008125f331a8cffbf6a00012aaa5c.html?so=so%3Asour-telegram

[8] Rodrigo, Mujer y exilio, p. 16.

[9] Claudia Cabrero Blanco “Las mujeres y las huelgas de 1962”. Asturias social, enero de 2010. Fundación Juan Muñiz Zapico. http://www.fundacionjuanmunizzapico.org/huelgas1962/huelgas1962_prensa_2003-2011.htm?IdNoticia=as_201001 (Consultado 09-02-2019).

[10] El Salto, Febrero 2019, nº 22, “Las personas trans somos el verbo de la disidencia”.