Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt
viernes, 8 de marzo de 2019
lunes, 25 de febrero de 2019
80 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE ANTONIO MACHADO
IBA A CALLARME, PERO NO ME DA LA GANA. TAMPOCO ME CALLÉ AYER.
CEMENTERIO DE COLLIURE
Hace tiempo que voy con un grupo de gente anarquista a Colliure, de este lado de la frontera y del otro. Nos gusta la poesía, nos gusta Machado, nos gusta la consecuencia con la que actuó el escritor que simboliza a tantos miles y miles que pasaron la frontera en la Retirada en febrero de 1939 (entre otras, personas de mi familia).
Pero ayer, el Sr. Pedro Sánchez decidió que era el día (como si no hubiera otros 364 días de cada uno de los 40 años desde que hay "democracia" en España) para visitar la tumba de Machado. Y también fue el día elegido, para boicotear al presidente del Gobierno y lo que representa, por parte de los/las nacionalistas catalanas con sus banderas, su único color y sus estandartes para hacer lo propio.
El resultado final fue que la policía francesa nos impidió el paso y los/las nacionalistas catalanas nos interpelaron e increparon a quienes no tenemos nada que ver y abominamos de banderas, las suyas y las otras. Mancharon un acto que siempre es sencillo y emotivo. Hasta tres horas después de lo previsto no pudimos entrar al cementerio.
La foto es esa porque siempre estoy acompañada por otras personas que no sé si quieren salir por aquí. Me acompañaba mi bolsa de Amparo Poch, de Mujeres Libres, que también salió como Machado en la Retirada, y mi viejísimo primer libro de Machado... Fue él quien dijo:
"... para los estrategas, los políticos y los historiadores todo estará claro: hemos perdido la guerra. Humanamente hablando, yo no estoy seguro. Quizá la hemos ganado".
80 años después seguimos librando batallas que perdemos... el ruido de los nacionalismos, de sus banderas y de sus sentimientos intocables es alto y agresivo, pero desde el punto de vista humano, ganamos......... o eso quiero pensar, no estoy segura.
sábado, 23 de febrero de 2019
BRIGITTE VASALLO, Pensamiento monógamo. Terror poliamoroso
En la contraportada se presenta como investigación
histórica y no lo es puesto que no utiliza nunca fuentes directas. Se trata más
bien de un ensayo, desde mi punto de vista irregular, con momentos brillantes
como cuando caracteriza el amor romántico y con generalizaciones que no se
molesta en documentar o en argumentar como cuando establece la relación de
monogamia e implantación del sistema capitalista allá por la p. 113. Claro que
ella misma defiende el tomarse licencias cuando se escribe como forma de
disidencia, es decir, afirmar algo no demostrable para disentir del pensamiento
académico (p. 98). Flipante. Inventemos o afirmemos intuiciones y
justifiquémoslo bajo el manto de la disidencia…
La vinculación de la monogamia con el MAL: opresión,
heteronormatividad, jerarquía, violencia, necesidad reproductiva, etc., etc.
lleva a la autora a afirmar la necesidad de destruirla. Sin embargo parece que
las relaciones poliamorosas no son capaces de escapar de la dinámica de la
monogamia aunque la autora las mira con simpatía, incluida la poligamia que sin
embargo, que yo sepa desde mi ignorancia no ha logrado desarrollar relaciones
más igualitarias, libres, de apoyo, etc. Flipante la afirmación, sin explicación,
de “la posibilidad, por ejemplo, de emancipación a través del velo islámico”
(seguro que ya me he ganado el ser islamofóbica).
Pero si alguien puede desmontar “la casa del amo”
son las mujeres porque están hechas “de otra pasta” (¿Por qué será que me suena
a esencialismo?). No he sido capaz de apreciar cuáles son esas herramientas más
allá de la solidaridad, el apoyo mutuo, los afectos, los cuidados, el respeto,
etc.; herramientas no exclusivas de las mujeres y que no todas las mujeres
utilizan.
Me ha molestado especialmente que mezcle poliamor, que se emplea como término paraguas para representar
todas las prácticas que no exigen exclusividad afectiva y/o sexual, con anarquismo relacional (p. 73).
Una explicación muy básica sobre el anarquismo
relacional que la autora no se molesta en explicar:
La Anarquía Relacional o Anarquismo Relacional (AR) es
la práctica de formar relaciones que no estén sometidas a un conjunto
preexistente de categorías. Se basa en las ideas y principios del Anarquismo (rechazo
a las prácticas autoritarias y jerárquicas, y fomento de la autogestión)
aplicándolos y adaptándolos a los vínculos personales.
Se diferencia claramente del poliamor por la
crítica a la necesidad de establecer una distinción formal entre los diferentes
tipos de relaciones. Las personas anarquistas relacionales ven cada relación
(sexo-afectiva o no) como un vínculo particular y no como un elemento dentro de
una categoría establecida por las normas sociales como por ejemplo "sólo
amigos", "en una relación" o "en una relación abierta",
etc.
Las personas Anarquistas Relacionales prefieren no
diferenciar las relaciones en dos conjuntos: las consideradas "de
pareja" y las que no. En lugar de eso, se sigue una aproximación más
flexible en la que las características de las relaciones no están fijadas y
pueden variar a lo largo del tiempo. Las relaciones no monógamas, con el
Poliamor como movimiento destacado entre ellas, se consideran una posibilidad
y, en todo caso, un efecto secundario de la práctica de la Anarquía Relacional
en tanto muchas personas Anarquistas Relacionales mantienen múltiples vínculos
sexo-afectivos, pero con la salvedad de no diferenciar unas relaciones de otras
con etiquetas. Consideran que tal
categorización es contraproducente para disfrutar, mantener y expresar el amor en
sus relaciones, pero eso no implica que todos los vínculos han de ser iguales
en términos de intensidad, pasión, entrega, tiempo, etc. Los rasgos de cada
relación son diferentes, pero no están sometidos a las expectativas asociadas a
una categoría concreta. No hay obligaciones y expectativas como las que se
asocian al amor romántico por un lado o a la amistad por otro, sino que las
prácticas se van adaptando al caso específico y al momento concreto. Se
cuestiona, eso sí, la hegemonía del modelo monógamo, tradicional en muchas
culturas.
El ensayo de
Vasallo tiene, desde mi punto de vista, aspectos endebles, intuiciones brillantes, y
con muchos guiños a un público que está convencido de lo que le va a contar
antes de leer el libro.
lunes, 11 de febrero de 2019
RECORDANDO A MERCEDES COMAPOSADA GUILLÉN EN EL 25 ANIVERSARIO DE SU MUERTE (11 DE FEBRERO 1994) Antonina Rodrigo y Laura Vicente
MERCEDES COMAPOSADA
Su vida
Mercedes
Comaposada Guillén (1901-1994),
nació en Barcelona y murió en París. Estudió en una escuela
graduada y aprendió mecanografía a los doce años[1], abandonó los estudios
para empezar a trabajar como montadora en una empresa de producción
cinematográfica. Hacia 1916-1917 se afilió a CNT y antes de cumplir los veinte años se marchó a
Madrid a estudiar Derecho, carrera que no terminó, formándose como pedagoga.
Durante los primeros años de la II República, conoció a dos personas
importantes en su vida: Lucía Sánchez Saornil con quien coincidió en la prensa libertaria donde
trabajaban ambas y Baltasar Lobo, escultor e ilustrador al que conoció en 1932
en los ambientes anarquistas y de vanguardia que frecuentaban ambos. Cuando se
conocieron ella era una mujer que sobrepasaba la treintena y Lobo un veinteañero
atraído por el anarquismo. Empezaron a convivir juntos en 1934 y se casaron en
octubre de 1936.
Valeriano Orobón Fernández la convenció en 1934 de
ponerse al frente de una especie de “centro de estudios para la juventud”[2]
en la Federación Local de Sindicatos de Madrid, dirigido a grupos de obreros/as para
prepararlos y capacitarlos a través de clases elementales, charlas, debates y
conferencias.
Comaposada y Sánchez Saornil amigas, además de compañeras de ideas, se “confabularon” en sus paseos por el parque
del Retiro para dar lugar a algunas iniciativas que se revelaron decisivas
tiempo después. Comaposada debió explicarle que los cursos encargados por
Orobón no funcionaban y, pese a que eran partidarias de la enseñanza mixta,
decidieron separar a las mujeres de sus compañeros para dotarlas de una
personalidad autónoma que les permitiera incorporarse a los sindicatos y
ateneos pudiendo desempeñar cualquier cargo en las organizaciones libertarias.
La segunda decisión fue impulsar la aparición de una
revista, iniciativa a la que se unió Amparo Poch: “la labor a desarrollar tenía
dos expresiones: una interior, clases elementales, y otra exterior, Mujeres Libres”[3]. De esta manera
empezó la trayectoria pedagógica de Comaposada y el proyecto de la revista. Sus
compañeras[4]
coincidían en resaltar la importancia de Comaposada en Mujeres Libres a través
de sus cursillos, clases orales y conferencias para preparar a mujeres muy
jóvenes sin preparación académica alguna. Estas clases buscaban la preparación
cultural, la formación social (sindical y sociológica) y la orientación en la
propaganda: “nos preparaba para poder dar charlas y
pequeñas conferencias, y nos acompañaba para darnos confianza, y brindarnos su
calor humano” (VVAA, 1999: 70).
Esta tarea de formación y capacitación empezó en Madrid en las clases que
daba en la Federación Local y continuó en Barcelona a partir de 1936. Quizás
por su salud delicada decidió, en cuanto estalló la Guerra civil, quedarse a
vivir en su ciudad de origen separada de su compañero que no fue a Barcelona
hasta finales de 1938.
El
difícil destino de los y las exiliadas lo vivieron como miles de personas
puesto que ella fue ingresada en el Champ la Lioure, cerca de la localidad de
Chomérac y Lobo en
Argelès sur Mer. Ambos se evadieron de estos campos de internamiento y a mediados
de 1939 se encontraron en París[5].
La pareja Comaposada/Lobo se encontró en una
situación problemática: sin papeles, sin dinero (para intentar el viaje a
México) y vagabundeando por las calles con el exclusivo apoyo de otros
refugiados/as. Ella había salvado, y llevado consigo en su huida, dibujos de
Lobo que le llevaron a Picasso, gracias a su protección consiguieron pasaporte
y residencia, pudiendo quedarse a vivir en París. Quizás por ello Picasso
ejerció una importante influencia sobre la pareja, incluso ideológica, que les
acercó al comunismo. Según opinión de Sara Berenguer, Comaposada cuando marchó
al exilio se replegó en sí misma y se
consagró a la obra de su marido.
Su manera de entender el feminismo
Comaposada hilvanó
durante la Guerra civil una red de cordialidad entre mujeres capacitadas por su
formación y mujeres con poca preparación académica para enseñarles herramientas
culturales básicas y que estas capacitaran a su vez a otras haciendo crecer
esas redes de emancipación que nunca olvidaron. El malestar con sus compañeros de organización
acercó a muchas de estas jóvenes a Mujeres Libres (organización y revista),
viviendo una experiencia vital que no olvidaron nunca. La Guerra civil
desencadenó una red solidaria que permitió a las mujeres obreras alfabetizarse,
leer, ampliar sus horizontes, cambiar de trabajo, tener iniciativa propia, en
definitiva, romper la cadena patriarcal de sumisión secular.
La concepción feminista de Comaposada se centró en
el papel fundamental del acceso a la cultura y la educación de la mujer obrera.
La cultura dotaría a las mujeres de capacitación espiritual para conseguir “el cultivo de la sensibilidad que enriquece
la vida” y la mejora de “la sensibilidad individual, la percepción y la
expresión esencial de las cosas”[6].
Esta capacitación les permitiría aprender a saborear la vida en toda su
plenitud, sabiendo apreciar el arte, la belleza o la literatura.
La cultura dotaría a las mujeres también de
capacitación material: las obreras podrían acceder a empleos mejor pagados que les permitieran ganar en
autonomía personal para romper con las relaciones de dependencia respecto a los
hombres. Ese ambicioso plan de capacitación espiritual y material que
Comaposada fue tejiendo con delicadeza y sabiduría encontró su concreción en
los institutos de Mujeres Libres y en el Casal de la Dona Treballadora[7]:
“A la mujer
le corresponde en nuestra lucha la tarea más ardua: ha de comenzar por combatir
consigo misma hasta conquistarse: ha de crearse una auténtica personalidad al
mismo tiempo que la ejercita; ha de robustecer su sentido humano a la vez que
se prepara para un trabajo útil; debe asumir la responsabilidad que por mitad
le corresponde en la Revolución y en la guerra, aportando su trabajo, sus
iniciativas, su valor heroico y sereno”.
Las mujeres tenían que superarse, cambiar su
personalidad heredada del pasado para crear una nueva, Comaposada aborrecía y
rechazaba el arquetipo de mujer pasiva, que consideraba a las mujeres incapaces
de cambio. Esta pasividad solo favorecía a los hombres, las mujeres eran
capaces de cambiar impulsando una
transformación llena de sorpresas vitales. El cambio con el que soñaba no se
basaba en imitar al hombre, la mujer tenía que partir de las virtudes de la
naturaleza femenina, la clave del cambio estaba en las mismas mujeres,
consistía en ser ellas mismas, “naturales“, rechazando la
artificiosidad.
[1] Algunos
datos biográficos en Antonina Rodrigo (2002): Una mujer libre. Amparo Poch y Gascón, médica y anarquista. Flor
del viento, Barcelona, pp. 83-98.
[2] Sara
Berenguer (1988): Entre el sol y la
tormenta. Treinta y dos meses de guerra (1936-1939). Seuba, Barcelona, p.
255.
[3] Así lo
señalaba Mercedes Comaposada en Tierra y
Libertad, nº 11, 27 marzo 1937.
[4]
Entre ellas contamos con los testimonios de Sara Berenguer, Soledad Estorach,
Conchita Liaño, Pepina Carpena y Conchita Guillen en VVAA (1999): Mujeres Libres. Luchadoras Libertarias.
Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid.
[5] Documental
“La soledad del escultor”.
[6]
“Esquemas”,
Publicaciones de Mujeres Libres, s.l.s.d., en Mary Nash (1976): “Mujeres Libres” España 1936-1939. Tusquets,
Barcelona, pp. 115-118.
domingo, 3 de febrero de 2019
FOUCAULT Y LA HISTORIA y III
3-Discurso y método de análisis
(arqueología/genealogía)
Foucault busca
un método de análisis de la historia
innovador que consiste en una crítica de los grandes temas de la historia de
las ideas (unidad, continuidad, totalidad, origen) y al abordar los documentos
como restos arqueológicos, se detiene en el estudio de las reglas de formación
de los discursos y de sus
discontinuidades, permitiendo la descripción del espacio de dispersión de los
saberes. No hay fuentes privilegiadas, hay que leerlo todo.
La episteme o discurso sería una especie de
recipiente donde todos vivimos sin ser conscientes de él y la arqueología y la
genealogía lo que pretenden es revelárnoslo. Ambas
operan en el contexto de una historia discontinua, agujereada y sin sentido
alguno.
a) El discurso
Lo que
Foucault denomina discurso es lo que no está dicho y permanece implícito, la
singularidad (cada hecho histórico se revela como una singularidad), la
extrañeza. Las singularidades las
evoca con los siguientes términos: “discurso”, “prácticas discursivas”,
“presuposiciones”, “episteme”, “dispositivo”
El discurso no es (son):
·
una infraestructura en el sentido marxista de la
palabra;
·
otro nombre para denominar la ideología;
·
una instancia distinta que determinaría la evolución
histórica.
El discurso es (son):
·
las gafas a través de las cuales, en cada época, los
hombres han percibido las cosas, han pensado y han actuado;
·
se impone a los dominantes tanto como a los dominados, no son mentiras inventadas
por aquellos para engañar a éstos y justificar su dominación;
·
el hecho de
que cada hecho histórico se revela como una singularidad
a la penetrante mirada del historiador;
·
la forma que tiene la singularidad, por lo tanto,
forma parte de ese objeto singular, es inmanente a él, no es otra cosa que el
trazado de las “fronteras históricas” de un acontecimiento.
El discurso
pone en juego todo un dispositivo (leyes, actos, palabras o prácticas que
constituyen una formación histórica, sea esta la ciencia, el hospital, el amor
sexual o el ejército) y dicho discurso es inmanente al dispositivo que se
modela a partir de él y que lo encarna en la sociedad.
El discurso
con su dispositivo institucional y social es un statu quo que solo se impone
mientras la coyuntura histórica y la libertad humana no lo sustituyen por otro.
Salimos del discurso (de nuestra pecera provisional) bajo la presión de nuevos
acontecimientos del momento o también porque un hombre ha inventado un nuevo
discurso y ha tenido éxito. Pero solo cambiamos de discurso (de pecera) para
encontrarnos en otro.
El discurso
es lo que podríamos llamar un a priori histórico
(espacio general del saber o saber único o episteme)
que es cambiante e inconsciente. Este a
priori es lo que, en una época dada, recorta un campo posible del saber
dentro de la experiencia, define el modo de ser de los objetos que aparecen en
él, otorga poder teórico a la mirada cotidiana y define las condiciones en las
que puede sustentarse un discurso reconocido como verdadero, sobre las cosas.
El a priori se da siempre como algo ya constituido, como
el basamento positivo de los conocimientos, y su análisis no depende de la
historia de las ideas o de las ciencias. En una cultura y en un momento dados,
solo hay siempre un episteme, que
define las condiciones de posibilidad de todo saber, sea que se manifieste en
una teoría o que quede silenciosamente investida en una práctica (son las tramas que la historia relata y en las que los
hombres y mujeres han visto verdades y lucha en torno a ellas). Debe dar
cuenta, sincrónicamente, de la convergencia de todos los saberes de una época
en la misma episteme. Cada sociedad
posee su régimen de verdad, su política general de la verdad y solo se
considerará que dicen verdad, por sus contemporáneos/as, quienes hablen conforme al discurso del
momento[1].
El
pensamiento se forma en el interior del dispositivo que él impregna y se impone
mediante ese dispositivo. El discurso no está sostenido solo por la conciencia
sino por las clases sociales, los intereses económicos, las normas, las
instituciones y los reglamentos. Los
discursos cartografían lo que las gentes hacen y piensan realmente, y sin
saberlo.
Los
historiadores/as escriben la historia multiplicando los detalles convincentes, los rasgos pertinentes que precisan el
retrato del referente y permiten distinguirlo de acontecimientos que ofrecen una
similitud engañosa con él. Gracias a
esa densificación, a este cruce de pequeños hechos verdaderos, se evita
incurrir en sumarios artefactos esencialistas como la raza, el genio nacional,
etc[2].
b) El método de análisis
El objetivo
de la arqueología y de la genealogía es
desentrañar las articulaciones internas y externas del discurso o episteme.
La arqueología[3]:
muestra la composición interior del discurso y sus procesos de construcción de
la verdad, explicando el entramado de reglas que constituyen los saberes
propios de una época.
Como ya se ha
dicho el acontecimiento, es decir, el hecho en su singularidad,
irrepetibilidad, individualidad, extrañeza, etc., tiene bajo su superficie unas
profundidades (o capas subterráneas o sedimentarias o estratos) a través de las
cuales se pueden desentramar las relaciones de saber, de poder y de verdad que las
soportan. La arqueología es la nueva mirada que se sumerge en dichas
profundidades del acontecimiento (que no remiten obligatoriamente al pasado) y
que se sitúa en una región media entre la mirada codificada y el conocimiento
reflexivo (¿la historia?). Esas capas sedimentarias o estratos (también
llamadas formaciones históricas) están hechas de[4]:
COSAS PALABRAS
VER HABLAR
VISIBLE DECIBLE
SUPERFICIES
DE VISIBILIDAD CAMPOS DE
LEGIBILIDAD
CONTENIDOS EXPRESIONES
Visibilidades
que ocupan una época Enunciados que expresan una época
NO
DISCURSIVAS O DE MEDIOS DISCURSIVAS O DE ENUNCIADOS
Cada estrato
está hecho de una combinación de ambos. Cuando se produce un cambio de estrato,
se produce una variación de ambas y de su manera de combinarse[5]. Nada hay previo al saber, pues el saber se define
por esas combinaciones de visible y de enunciable específicas de cada estrato,
de cada formación histórica. El saber es un agenciamiento práctico, un
“dispositivo” de enunciados y de visibilidades.
La genealogía[6]:
muestra los efectos externos del discurso y sus relaciones sociales
concomitantes expresadas en prácticas institucionales aplicadas sobre sujetos
concretos en una época determinada. Se posiciona de forma frontal contra una concepción de la historia lineal,
vectorizada desde un origen hasta un final.
La historia genealógica estudia fenómenos empíricos y
no pretende descubrir una verdad total. Busca conclusiones de detalle que estén
científicamente establecidas, perpetuamente provisionales y revisables. La verdad descansa sobre un dispositivo hecho de reglas, de tradiciones, de
enseñanzas, de instituciones, de poderes, etc. Todo poder, toda autoridad, toda
moralidad se reivindica como la verdad. Unas veces el amo/a, o sus consejeros/as,
inventan una nueva manera de gobernar que se convierte de inmediato en verdad,
lo que engendra una nueva división sobre lo verdadero y lo falso. Podemos
vislumbrar, si no lo que somos, al menos lo que acabamos de dejar de ser, serán
otras generaciones, convertidas en algo distinto de nosotros las que lo podrán
hacer. No conocemos y nunca conoceremos más que diferencias.
La genealogía debe localizar la
singularidad de los acontecimientos, atisbarlos donde menos se los espera,
reconocer sus sacudidas, sus sorpresas, las vacilantes victorias, las derrotas
mal digeridas… La historia, con sus intensidades, sus desfallecimientos, sus
furores secretos, sus grandes agitaciones febriles tanto como sus síncopes, es
el cuerpo mismo del devenir.
La genealogía buscará la dispersión del accidente
mostrando la heterogeneidad y las diferencias que conforman la historia. La
idea es rastrear y comprobar que en la historia, detrás de las cosas hay otra
cosa bien distinta. La genealogía toma el material histórico para analizar el
conflicto de relaciones de fuerza históricas que ha permitido la producción de
los acontecimientos. Está atenta a la historia entendida como un entramado de
relaciones de fuerzas en conflicto, inadvertidas y fortuitas. Se centra en el
análisis del movimiento y las formas de configuración de las relaciones de
fuerzas y sus estrategias de poder. Se aplica para descubrir las armazones del
poder y sus prácticas sociales.
El/La genealogista busca el comienzo,
por eso el análisis de la procedencia permite disociar el yo[7]
y hacer pulular mil acontecimientos ahora perdidos. Seguir el hilo complejo de
la procedencia es, al contrario, conservar lo que ha sucedido en su propia
dispersión: accidentes, mínimas desviaciones, los errores, etc[8].
La historia
es genealogía porque abarca la historia tradicional, pero la estructura en
torno a prácticas: las tramas que relata son las prácticas (es decir lo que se
hace/hacía) en que los seres humanos han visto verdades y la lucha en torno a
ellas: es la historia del saber, como historia del poder.
Foucault se inclina por la genealogía como perspectiva
general porque su interés se centra en el
presente, en nosotros, hoy, y pasa por deconstruir nuestra
propia experiencia intentando poner de manifiesto tanto su radical contingencia,
como el modo de construcción del “a priori”[9]
que la hace posible.
4-Su concepción del poder
El poder pone en acción un saber y todo un dispositivo de leyes, de derechos, de reglamentos, de prácticas e
institucionaliza el conjunto como si fuera la verdad misma.
El poder está
en todas partes, la gente se ajusta a unas reglas, sigue unas costumbres que le
parecen evidentes. No podemos reducir el poder solo al Estado, al poder
central. El poder consiste en la capacidad de conducir no físicamente las
conductas del prójimo. Hay poder en la familia, entre dos amantes, en la
oficina, en el taller y en las calles de sentido único. Millones de pequeños
poderes forman la trama de la sociedad de la que los individuos forman el lizo.
De ello se desprende que hay libertad en todas partes, puesto que hay poder en
todas partes y constatamos que unos protestan mientras otros se dejan dominar.
En ningún sitio podemos escapar de las relaciones de poder; en cambio, siempre
y en todas partes podemos modificarlas, pues el poder es una relación
bilateral, que forma pareja con la obediencia, la cual somos libres de ofrecer
con mayor o menor resistencia. La libertad puede rebasar el dispositivo del
momento presente, pero es este dispositivo mental y social lo que rebasa. En
todas partes hay poder, hay pensamiento, hay libertad.
El
dispositivo es menos un límite puesto a la iniciativa de los sujetos que el
obstáculo contra el cual esa iniciativa se manifiesta. El pensamiento tiene la
libertad de tomar una distancia crítica con su propia construcción retirándoles
a las cosas su engañosa “familiaridad”. La sociedad dicta, en un tiempo y en un
lugar dados, cuál es el decir verdadero y el decir-falso. Todo concepto que
creemos eterno tiene una historia, “ha llegado a ser”, y sus orígenes no tienen
nada de sublime[10].
El problema
del poder se lo replantea Foucault sugiriendo, en Vigilar y castigar, el
abandono de un cierto número de postulados que han marcado la posición
tradicional de la izquierda[11]:
*Postulado de
la propiedad: el poder es propiedad de una clase que lo ha conquistado. Foucault
dice que el poder no es una propiedad
sino una estrategia; el poder se ejerce más que se posee. El poder se
ejerce a partir de innumerables puntos y en el juego de relaciones no
igualitarias y móviles. El poder carece de homogeneidad, pero se define por las
singularidades.
*Postulado de
la localización, el poder sería poder de Estado. Foucault muestra que el Estado es un efecto de conjunto o
una resultante de una multiplicidad de engranajes y de núcleos que se sitúan a
un nivel completamente distinto, y que constituyen una “microfísica del poder”.
*Postulado de
la subordinación: el poder encarnado en el aparato de Estado estaría
subordinado a un modo de producción como infraestructura. Foucault afirma que no existe esa determinación económica.
*Postulado de
la esencia o del atributo: el poder tendría una esencia y sería un atributo que
cualificaría a aquellos que lo poseen (dominantes) distinguiéndolos de aquellos
sobre los que se ejerce (dominados). Foucault dice que el poder carece de esencia, es operatorio. No es atributo, sino
relación: la relación de poder es el
conjunto de las relaciones de fuerzas,
que pasa tanto por las fuerzas dominadas como por las dominantes.
*Postulado de
la modalidad: el poder actuaría a través de la violencia o de la ideología. Foucault
no lo ve así, el poder más que reprimir
“produce realidad” y más que
ideologizar, más que abstraer u ocultar, produce
verdad. La represión y la ideología no explican nada, sino que suponen un agenciamiento
o dispositivo en el que actúan, y no a la inversa.
*Postulado de
legalidad: el poder de Estado se expresaría en la ley. Foucault dice que la ley es una gestión de los ilegalismos.
5- Y escuetamente, ¿qué aporta Foucault a la Historia?
·
La ruptura con
la unidad y la continuidad en la historia y, de paso, con la causalidad de
esta.
·
No hay sujetos
que conscientemente marquen el devenir histórico. El sujeto es un entramado de
relaciones históricas.
·
La verdad es
una construcción resultado de relaciones sociales concretas y que se produce en
los discursos de saber y poder.
·
Un método de
análisis de la historia: la arqueología y la genealogía.
·
Un tratamiento
diferente del documento.
·
Su concepto del
poder.
·
Concepto de
contra-historia.
6- Bibliografía
-Deleuze, Gilles
(2015-1987): Foucault. Paidos,
Barcelona.
-Farés, Celina (2003):
“Paul Veyne; Cómo se escribe la historia. Foucault revoluciona la historia.
Madrid, Alianza, 1984”. Revista Confluencia,
año 1, nº 2, primavera 2003, Mendoza, Argentina.
-Foucault, Michel (1997): Nietzsche, la genealogía, la historia. Pre-Textos,
Valencia.
-Foucault, Michel (2014): El pensamiento del afuera. Pre-Textos,
Valencia.
-Foucault, Michel y otros
autores (2015): Saber, historia y
discurso. Prometeo, Buenos Aires
(Argentina).
-Ibáñez, Tomás (2001): Municiones
para disidentes. Barcelona, Gedisa.
Cap. Incitaciones Foucaltianas.
-Ibáñez, Tomás (2009): Contra la dominación. Barcelona, Gedisa. Cap.: El proyecto intelectual de Foucault.
-Márquez Estrada, José Wilson “Michel Foucault y la
Contra-Historia”, Revista Historia y
MEMORIA, núm 8, enero-junio, 2014, pp. 211-243. Universidad Pedagógica y
Tecnológica de Colombia.
-Veyne, Paul (1984): Cómo se escribe la historia. Foucault
revoluciona la historia. Alianza, Madrid.
-Veyne,
Paul (2017): Foucault. Pensamiento y vida.
Paidós, Barcelona.
[3]
Paul Veyne (1984):
65-66. Celina Farés
(2003): “Paul Veyne; Cómo se escribe la historia. Foucault revoluciona la
historia. Madrid, Alianza, 1984”. Revista Confluencia,
año 1, nº 2, primavera 2003, Mendoza, Argentina, 219. Michel Foucault y
otros autores (2015): 115 y 129. José Wilson Márquez Estrada, “Michel Foucault y la Contra-Historia”, 236.
[5] Todo
esto está explicado con más detalle en las páginas 8-11 de este mismo escrito: El saber,
el poder y el sí mismo.
[7]
El historiador/a
mientras piensa, debe saber observar desde fuera los discursos y generalidades
que pasan por verdaderos en cada época,
es decir, tratar de ver qué es verdad en los distintos tiempos históricos. Pero
a la vez, el historiador/a, vive en esa época y como persona que toma
decisiones concretas forma parte de esos discursos y generalidades.
[8]
Michel Foucault (1997): Nietzsche,
la genealogía, la historia. Pre-Textos, Valencia, pp. 27-28.
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