Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt
Mostrando entradas con la etiqueta IBÁÑEZ Tomás. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta IBÁÑEZ Tomás. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de junio de 2024

LA DERECHA NOS ROBA LOS «MUEBLES»: ANARQUISMO Y LO LIBERTARIO

 


Hace tiempo que tengo la sensación molesta de que la derecha se apropia de términos que no les han pertenecido y que los medios de comunicación, ¡¡como no!!, ayudan en la  consolidación de dicha apropiación.

Nos ayudaremos para demostrarlo del excelente libro de Daniel Colson titulado: Pequeño léxico filosófico del anarquismo. De Proudhon a Deleuze[1]. Digamos en primer lugar que el término Movimiento Libertario fue utilizado en España con profusión durante la década de 1930 para referirse a la vinculación y coordinación de la CNT, la FAI y las Juventudes Libertarias, mientras que el Partido Libertario (Libertarian Party) fue fundado en Estados Unidos en diciembre de 1971. Estoy segura de que el término «libertario» ha aparecido también con anterioridad a la década de 1930 en España y en otros países sin el contenido liberal y reaccionario del Partido Libertario yanki.


Bien, nuestra manera de entender lo libertario hace referencia a una fuerza colectiva de prácticas y opiniones enamorada de la libertad y que no tiene ninguna relación con el resentimiento tan particular que utiliza la derecha libertariana. El pensamiento libertario no tiene nada que ver con la identificación del individuo como un ser sin cualidades singulares, un ser dependiente y reducido a la pobreza mecánica y exterior que presuponen e imponen los propulsores del mercado o quienes defienden la lógica electoral. Por lo mismo, no comparte con la derecha libertariana que se reduzca el Estado a su mínima expresión, pero a la vez sea feroz y todopoderoso, soberano absoluto, vigilante del estricto juego impiadoso donde, como nuevos «robinsones», los individuos se comporten con ferocidad en la lucha por el beneficio y el éxito, siendo multitud en los supermercados, estadios y actos políticos o religiosos.


Para lo libertario, la persona tiene un papel clave como tal y además actuando colectivamente, las personas libertarias se intentan capacitar para pensar de forma diferente a como quieren que lo hagamos y trata de resistir la dominación por cualquier grieta que encuentre siendo relevante vivir de otra forma dejando de desear lo que nos ofrece el capitalismo. El Estado reducido a la mínima expresión en lo económico pero omnipresente en la vigilancia y el control nunca podrá contar con el apoyo de lo libertario. Libertad no es consumir, no es la servidumbre de los mercados, no es dejarnos gobernar por estos y sus dulces cantos de sirena. Esta posición implica, como señala Tomás Ibáñez en su libro: Anarquismo no fundacional. Afrontando la dominación en el siglo XXI[2], desarrollar un arte de no ser gobernado que requiere una ética de la revuelta que defina una manera de estar en el mundo, donde la persona se enfrenta constantemente al poder y se esfuerza por ser ingobernable.


Que la derecha más reaccionaria se sienta cómoda con el término «anarco capitalismo» molesta e irrita puesto que la defensa de una anarquismo de libre mercado o de propiedad privada, nada tiene que ver con el término anarquía y ni siquiera con el termino anarquismo que ha rechazado mayoritariamente la propiedad privada y el libre mercado capitalista.

Anarquía o an-arkhé es la negación del arkhé que tiene una doble cara: la del poder, que ha sido la contemplada por el anarquismo político, y la del rechazo de todo principio inicial, de toda causa primera, de toda dependencia de los seres frente a un origen único (Colson). Este significado tiene su origen en Grecia que estableció la necesidad de referir el mundo a ese principio primero que permitiese entender su constitución. Ese principio instaura de facto una cadena de mando, una jerarquía sin la cual impera el desorden (an-arkhé).


Resulta evidente que el llamado «anarco capitalismo», o neoliberalismo, ni rechaza el poder ni mucho menos ese principio primero, todo lo contrario. Como señala Amador Fernandez-Savater en su libro: Capitalismo Libidinal. Antropología neoliberal, políticas del deseo, derechización del malestar[3], este capitalismo implica una forma de organizar el mundo y la vida que hace de la competencia la norma universal de los comportamientos. El «anarco capitalismo» gobierna a través de la presión ejercida sobre las personas por las situaciones de competencia que crea. Esa razón es mundial y «hace mundo», atraviesa todas las esferas de la existencia humana. Es un verdadero proyecto de sociedad y cierta fabricación del ser humano.


El anarquismo, como ya hemos dicho, ha rechazado el poder tradicionalmente (un tema que debemos revisar en el sentido de qué y cómo entendemos el poder… eso para otro día) pero debe rechazar esos principios primeros para afirmar que es la práctica la que a partir de sí misma elabora su propia justificación y construye sus propios principios que serán tan múltiples como la propia multiplicidad de las situaciones vividas (Ibáñez). La anarquía es, por tanto, la afirmación de lo múltiple, de la diversidad ilimitada de los seres y de su capacidad para componer un mundo sin jerarquías, sin dominación, sin otras dependencias que la libre asociación de fuerzas radicalmente libres y autónomas (Colson).


En conclusión, nada que ver con la dictadura del mercado, de la competencia, de la propiedad privada que atraviesa todas las esferas de la existencia humana y convierte a las personas en seres dependientes de unos deseos creados por el capital para generar más beneficios y más pobreza material y del pensar.


Proclamemos a los cuatro vientos que «su» anarquía y «su» libertarianismo es una apropiación indebida y que los «muebles» forman parte de nuestra genealogía de la que nos alimentamos siempre desde el pensamiento crítico y no desde la idea de principios inamovibles y únicos.


Laura Vicente



[1] El libro es de 2001, traducido en 2003 por la editorial Nueva Visión de Buenos Aires.

[2] El libro es de 2024 y ha sido publicado por Gedisa.

[3] El libro es de 2024 y ha sido publicado por Ned.


lunes, 13 de mayo de 2024

ANARQUISMO NO FUNDACIONAL [«una manera de estar en el mundo»]


Tomás Ibáñez lleva años pensando cómo el anarquismo puede «estar en el mundo» del siglo XXI. Su último libro[1] es una pieza más del puzle que tan laboriosamente está construyendo casi siempre a través de artículos en la prensa libertaria que luego une en una auténtica labor de orfebrería. En 2006 se publicó su primera compilación de artículos: ¿Por qué A? Fragmentos dispersos para un anarquismo sin dogmas; la segunda compilación fue publicada en 2017: Anarquismos a contratiempo; la tercera en 2022: Anarquismos en perspectiva; y, acaba de salir este último libro: Anarquismo no fundacional.



Los títulos de esta colección de textos escritos a lo largo del tiempo indican mucho de por dónde va la indagación de Tomás Ibáñez desde una «extraña fidelidad» al anarquismo que él mismo reconoce. Una de las maneras de estar en el mundo de Tomás Ibáñez es adentrándose, como decía Mercier Vega, en una auténtica selva de signos de interrogación. Haciéndose preguntas, leyendo y reflexionando, ha ido avanzando hacia un enfoque minimalista del anarquismo consistente en depurarlo de todos aquellos elementos que pudieran lastrar su compromiso con la no reproducción de la dominación.

Fue Amedeo Bertolo quien afirmo que el anarquismo del siglo XXI era obsoleto, que había que podar sus ramas conservando el núcleo duro del viejo (porque sin ese núcleo no hay anarquismo) envuelto de una pulpa de pensamiento y de acción flexible, adaptable, experimentable, discutible, absolutamente no dogmática, inventando un anarquismo cambiante y multiforme. Tomás Ibáñez ha colaborado en la poda de ese tronco y basándose en «el menos es más» plantea reducir al anarquismo a sus rasgos más básicos, aunque eso suponga algo tan arriesgado como privarle de lo que ha constituido su atractivo y su riqueza y que confieso, a mí me incomoda.

¿Qué ramas quiere podar el autor en su propuesta de anarquismo no fundacional? En palabras suyas, aquellas imperfecciones capaces de suscitar deseos que conllevan trazas de dominación: expulsar las utopías, el sueño de una sociedad libertaria, la ilusión de multitudes en las organizaciones libertarias, la fraternidad de una identidad común, erradicar el poder, etc. Sin embargo, la necesidad de cambio es impotente sin deseo de cambio. Las imperfecciones son claves para prestar atención a las posiciones de deseo, los cambios de ánimo, los estados anímicos. El capitalismo lo sabe muy bien cuando fabrica a un ser humano con vínculos con los demás y con el mundo, por lo que podemos considerarlo como un capitalismo existencial que produce formas de vida deseables.

Pero Tomás Ibáñez tiene razones de peso cuando propone un anarquismo no fundacional y nos centraremos en ellas. No quiero alargarme en exceso en esta reseña, tiempo habrá para debatir, resolver dudas, incluso hacer propuestas que arropen el minimalismo de este anarquismo. Los puntos 1 y 2 los voy a pasar casi por alto porque son puntos que tienen importancia, pero son periféricos y me centraré en los puntos 3 y 4 que es donde establece el autor las condiciones de posibilidad de la emergencia de este anarquismo no fundacional en las esferas simbólica y material.

Antes que nada, quiero señalar la capacidad de Tomás Ibáñez  sintetizando su planteamiento y hacerlo accesible a cualquier persona que desee (de nuevo los deseos) leerlo con calma y meditar sus propuestas (el libro tiene 106 páginas más la bibliografía).


Los puntos 1 y 2 los dedica a clarificar las características de la etapa de formación del anarquismo refiriéndose a las condiciones históricas en las que nace y se desarrolla (aproximadamente, desde finales del siglo XVIII hasta ­mediados del siglo XX). El autor demuestra cómo el anarquismo quedó impregnado por postulados ideológicos que conformaron la ideología de la Modernidad. Son justamente los cambios que se producen a partir de la segunda mitad del siglo XX (punto 2) lo que provoca el agotamiento de la onda expansiva de la Revolución Francesa y la extinción del llamado «siglo obrero», con una nueva vuelta de tuerca en lo que va del siglo XXI en la que el proletariado tiene menos relevancia transformadora y el anarquismo pierde su base obrera.

El acierto de las críticas a la Modernidad desde el postestructuralismo las agrupa el autor en tres grandes bloques: en el primero, los valores relacionados con la centralidad del sujeto, la perspectiva de la emancipación, la naturaleza humana, los procesos de subjetivación y el esencialismo. El segundo bloque se centra en la crítica de la perspectiva totalizante que subyace en el concepto de revolución. Y, por último, la crítica a la esencialización del poder.

Centrándonos ya en el punto 3: «Aproximaciones al concepto de anarquismo no fundacional» (esfera simbólica) y 4: «La inserción del anarquismo no fundacional en la sociedad del siglo XXI» (esfera material), el autor señala que este anarquismo está en fase de gestación, es «uno de los muchos riachuelos de donde puede beber el pensamiento anarquista». Con este matiz importante, veamos cuál es la propuesta.

En primer lugar, el autor se centra en clarificar en qué consisten las «fundaciones», de dónde provienen y cuáles son sus efectos. Para ello parte del concepto de arkhé que el anarquismo político contempló como poder, pero que tenía otra cara que ignoró y que hace referencia al principio fundacional del mundo cuyo origen se sitúa en Grecia que estableció, sobre todo con Aristóteles, la necesidad de referir el mundo a un principio primero que permitiese entender su constitución. Ese principio instaura de facto una cadena de mando, una jerarquía sin la cual imperaría el desorden o anarkhé (anarquía). Al ignorar este segundo aspecto el anarquismo político sustituyó el principio soberano por el principio de razón, dejando intacta la exigencia de que siempre debe haber un principio rector. No alteró, por tanto, la lógica propia del arkhé y se limitó a sustituir un principio por otro que consideró más adecuado.

¿Qué sentido puede tener un anarquismo carente de fundaciones y de principios que lo guíen?, se pregunta el autor. Para ello se adentra en dos aspectos muy relevantes: el concepto del a priori práctico a partir del cual afirma la importancia de la práctica sobre la teoría y el énfasis puesto sobre la resistencia frente a cualquier forma de poder. El anarquismo debería ser incompatible con cualquier participación en lo que representa su antítesis, es decir, constituirse a sí mismo como una modalidad de poder opuesta al poder vigente.

Si se arranca desde las prácticas de las luchas para extraer principios y concepciones teóricas (que el autor no niega que puedan intervenir en las prácticas), estas están desprovistas de los principios primeros porque no se aplican desde fuera de las prácticas, sino que nacen de forma contingente en su seno. Si el anarquismo rehúye constituirse como una modalidad de poder, promoverá la condición de ingobernabilidad y de mantener la resistencia en el seno de cualquier modelo de sociedad impulsando una ética de la revuelta más que una épica de la revolución.

Algo que me inquieta sobremanera es que parece que los análisis y planteamientos suelen corresponder con las características materiales y culturales de la sociedad en la que vivimos. Por un lado, parece lógico que así sea, pero, por otro lado, ¿podemos escapar a quedar impregnadas de los postulados ideológicos que conforman la ideología del poder de la sociedad en la que vivimos? He aquí la selva de signos de interrogación en la que nos adentramos de la mano del autor.

En el punto 4, la esfera material, Tomás Ibáñez se pregunta por el «ser de la técnica», por la propia naturaleza de la técnica que busca asegurar al ser humano el pleno dominio de su entorno. El problema no está tanto en las técnicas concretas sino en el tipo de relación entre el hombre y el mundo instaurada por la esencia de la técnica. El «ser de la técnica» encuentra el terreno más favorable en el capitalismo, por lo que debilitar a este es debilitar el «ser de la técnica». Una de las formas más eficaces de debilitar al capitalismo es renunciar al modo de vida que nos ofrece viviendo de otra forma, dejando de desear (de nuevo el deseo) lo que nos ofrece, algo que se va complicando cada vez más.

Aun cuando los artefactos técnicos sumados al «ser de la técnica» desestabilizan y quiebran las fundaciones, la informatización del mundo está creando las condiciones para un totalitarismo de nuevo tipo temible por su capacidad de control que se pueden completar con técnicas de intervención respecto a transgresiones y disfuncionamientos. Esto hace cada vez más difícil el enfrentamiento con el Estado que acostumbra además a contar con la aceptación social. Un ejemplo a tener en cuenta es el paradigma de la prevención basada en los riesgos globales o locales que implican la vigilancia permanente y la intervención preventiva [iba leyendo y pensando que en el punitivismo asimilado por una parte importante de los feminismos hay algo de este trasfondo ideológico].

¿Hay cierta posibilidad de oponerle resistencia a este nuevo totalitarismo, que me atrevo a afirmar no es un proyecto exclusivo de la derecha sino también de la izquierda institucional? ¿Hay posibilidades de ser ingobernables, de no hacer lo que el poder quiere que se haga? ¿Podemos inmunizarnos contra los discursos del poder y distanciarnos de su lógica? Y de nuevo la selva de signos de interrogación.

La respuesta solo puede emerger de las propias prácticas de resistencia, nunca de una teoría que nos indique cómo resistir. No hay más fórmula que las prácticas de lucha y las formas de vivir diferentes, solo de ahí saldrán nuevas formas de resistencia.

Para concluir, el autor en el Epílogo trata de deshacer entuertos que quizás no quedan claros en el desarrollo del libro. Interesantes entuertos que he pensado leyendo el libro y que son elementos de debate para quienes quieran adentrarse en el anarquismo no fundacional. Tras el Epílogo, una Adenda que más que apéndice me parece una buena síntesis de lo tratado en el libro.

Y no me queda más que recomendaros la lectura del libro de Tomás Ibáñez si deseáis adentraros en una selva de signos de interrogación, en una propuesta innovadora para concebir «una manera de estar en el mundo» frente a la manera que nos cautiva del capitalismo del siglo XXI, acompañado por el nuevo totalitarismo, que ni siquiera nos deja desobedecer porque no requiere la obediencia para realizar sus designios.


Laura Vicente

 


[1][1] Ibáñez, Tomás, Anarquismo no fundacional. Afrontando la dominación en el siglo XXI, España, Gedisa, 2024.

sábado, 13 de enero de 2024

JEANINE Y MONTSE, UN RECUERDO INOLVIDABLE

 El 7 de octubre de 2016 participé en Madrid en un acto de recuerdo de Francisco Granados y Joaquín Delgado, ejecutados el 17 de agosto de 1963. En aquel acto quisimos recordar que existió una oposición al franquismo que no se rindió nunca, que una parte de dicha oposición era anarquista y que en ella había mujeres como no podía ser menos.

Mi intervención giró en torno a algunas mujeres que a principios de la década de 1960 estaban integradas en el Movimiento Libertario en el exilio, una parte de ellas en la Federación Ibérica de las Juventudes Libertarias (FIJL) que a raíz del dictamen de 1961  creó el organismo conspirativo Defensa Interior (DI).  La mayoría de las mujeres españolas eran hijas de militantes de la CNT y sus parejas también formaban parte del Movimiento Libertario. Las más mayores habían participado en la guerra civil, las más jóvenes no lo habían hecho por su edad, incluso había mujeres francesas, italianas o inglesas vinculadas al antifranquismo libertario. Sus nombres son menos conocidos que los de sus compañeros, en ocasiones desconocidos para la memoria, la historia y la genealogía anarquista y libertaria, en aquel acto quisimos rescatarlas del olvido, conocerlas y reivindicarlas.

Mi participación en aquel acto me dejó la impresión de que no sabía gran cosa sobre ellas y se presentó la ocasión de conocer más y mejor a aquellas mujeres[1] y a finales del mismo mes de octubre nos desplazamos al sur de Francia para entrevistarlas.

La pequeña comunidad de anarquistas octogenarias nos recibió extraordinariamente bien, nos invitaron a sus casas a comer y fueron generosas con sus recuerdos que compartieron conmigo que les hacía la entrevista y el cámara que las grababa. Una de las cosas que más me llamó la atención fue la humildad de las mujeres al contarnos su participación en la FIJL; era sorprendente la unanimidad en el comentario de que ellas no habían hecho nada y que no entendían porqué las queríamos entrevistar. Esta actitud, situadas siempre en segundo plano, encajaba perfectamente con lo que me dijo Tomás Ibáñez por correo electrónico los primeros días de noviembre de 2016:

«A la luz de los bienvenidos avances que ha aportado la lucha feminista en las últimas décadas no cabe duda de que la FIJL era una organización terriblemente machista (¡¡por ejemplo, si repasas la composición de las Comisiones de Relaciones de la FIJL—en “Insurgencia”— quizás te sorprenderá comprobar que salvo la compañera Rosa Vaqué en la CR de 1956 ninguna otra mujer ocupa cargo en el máximo órgano entre congresos de la FIJL !!).

Lo que no quería decir, ni mucho menos, que las compañeras no tuviesen criterio y no lo manifestasen en contextos más restringidos, tampoco significaba que no estuviesen tan o más decididas que los compañeros a correr riesgos o a contribuir a las tareas de la organización, pero permanecían en un segundo plano y casi todos lo encontraban “normal”».

JEANINE LALET

Entre estas mujeres que conocí, dos me produjeron una grata impresión: Montse Turtós y Jeanine Lalet, ambas desgranaron con sencillez su participación de enlaces e informantes en diversas actuaciones entre España y Francia. En el caso de Jeanine, junto con su compañero Jordi Gonzálvo, formaban parte de la base fronteriza de Perpiñán con que contaba el DI. Esta base, formada por más personas, no se acostumbraba a implicar directamente en las acciones del DI pero sí de los pases clandestinos, tanto de personas como de propaganda.


MONTSE TURTÓS

Montse nos relató su vida personal y su acceso a las ideas libertarias de forma muy vivida, desprendiéndose de dicho relato su manera de entenderlas. En su casa y la de su expareja, José Morato, se realizaba desde hacía años una tertulia los domingos sobre la situación de España. En 2016 tuvimos la suerte de grabarla en su casa un domingo soleado en el jardín y de participar en la comida con un grupo que mantenía dicha tradición.

Estos recuerdos que conservo en la memoria han aflorado al tener noticia de la muerte de ambas: el 10 de diciembre de 2023 Montse, y quince días antes su amiga Jeanine. Que la tierra les sea leve.

Laura Vicente



[1] El SP de CGT consideró relevante realizar entrevistas a las mujeres que vivían en Toulouse, Perpiñán y alrededores.

lunes, 3 de abril de 2023

ANARCOFEMINISMO PARA EL SIGLO XXI: GENEALOGÍA

 

Genealogía de Paco Aguilar


Hace más de dos años escribí un texto[1] que pretendía, con excesivo optimismo, mover las tranquilas aguas del espacio del feminismo anarquista. Deseé que aquella reflexión provocara ondas circulares que se propagaran en todas las direcciones como cuando se lanza una piedra al agua en una laguna. Nada de eso sucedió, la piedra produjo ondas microscópicas y se hundió sin más.

Este segundo texto parte de una idea modesta y sencilla pero necesaria desde mi punto de vista: el anarcofeminismo es un espacio con propuestas diferentes a las de otros espacios feministas en la actualidad, no es solo «pasado», no es una etiqueta que queda bien. Puesto que el anarcofeminismo es «presente», resulta necesario pensar con qué bagaje contamos y sobre qué aspectos deberíamos reflexionar para que nuestras propuestas respondan a la realidad del siglo XXI.

En aquel texto de 2020 hacía referencia a la importancia de la genealogía del feminismo anarquista rota por la larga dictadura franquista. Esa referencia genealógica la entendía como movimiento social formalmente organizado y con una identidad que se reflejaba en una simbología y en unas actuaciones concretas. Así mismo, esa concepción podía entenderse como el deseo de construir un relato lineal que señalaba una evolución a lo largo del tiempo que valía la pena transmitir de unas generaciones a otras.

Arropa mucho, sobre todo cuando el presente no es muy optimista, el pensar que formamos parte de una tradición cuyo pasado ha sido «glorioso». Me refiero especialmente a la organización (y revista) de Mujeres Libres y a la construcción de una revolución feminista de la existencia durante la Guerra Civil española. Si por un lado arropa, por otro lado, ese pasado puede llegar a ser una pesada carga que nos desborda en el presente.

Sin renunciar a visibilizar ese pasado que la «memoria» institucionalizada pretende borrar, la genealogía no la entiendo como una voluntad o un designio que construye «historias» con una dirección causa-efecto o con un fin. La historia no es propulsada, no avanza, por ello no tiene una lógica o continuidad narrativa. Si la construyéramos así, la genealogía tendría que ser asaltada e introducir la discontinuidad y las contradicciones para desfamiliarizarnos, como decía Nietzsche, con lo que consideramos «natural» en un relato lineal. La genealogía debe recoger historias discontinuas, aunque ininterrumpidas, y llevar a cabo un registro retrospectivo de conflictos, convergencias, accidentes, desórdenes, etc., mostrando esos fenómenos como «episodios» más que como «culminaciones»[2].

Dice Chiara Bottici[3] refiriéndose al anarquismo que elaborar una genealogía puede consistir, no en presentar un relato lineal de cómo evolucionó sino preguntarnos qué entendemos por «anarquía» y «anarquismo» y por qué actualmente lo concebimos de esta forma y no de otra. Una genealogía compuesta de muchas historias con sus distintas facetas (Bottici, p. 103-104).

Como vemos, la genealogía no tiene una definición exacta, pero si resulta claro que uno de sus principales objetivos es desnaturalizar fuerzas y formaciones existentes, revelar el modo contingente en que se produjo lo dado y se afianzó, y mostrar hasta qué punto no está predestinado ni tiene un significado inmutable. Este tipo de historia es opuesta a la historia teleológica ya que trata el presente como la producción accidental de un pasado contingente, en lugar de tratar el pasado como el camino seguro y necesario a un presente inevitable. La herencia trazada por la genealogía no construye una línea evolutiva en la que existe una «adquisición» de episodios históricos que se acumulan y se solidifican a través del tiempo, sino una imagen «geológica» en la que el peso de la historia funciona a través de una acumulación espacial de «capas heterogéneas» (Brown, p. 148).

Esta imagen «geológica» confirma la afirmación de Laura Llevadot[4] respecto a su rechazo a pensar el feminismo en términos de olas (pese a su utilidad para explicarlo), otorgándole una historicidad lineal cuando la realidad es que «en el feminismo actual coexisten todas las posiciones que un día la necesidad hizo nacer».

La genealogía del feminismo anarquista en España está muy marcada por Mujeres Libres y las experiencias que se desarrollaron durante la Guerra Civil. Ha costado mucho visibilizar su relevancia incluso en el espacio libertario, queda mucho por hacer, pero no podemos convertir lo sucedido en un canon con el que relacionar el feminismo anarquista actual, ni el feminismo anarquista actual es resultado del de los años treinta del siglo XX. Es necesario, por tanto, deshacernos de esa tradición entendida como un corpus de pensamiento y de agencia que implica su transmisión intencional de una generación a otra y centrarnos en una genealogía entendida como campo de posibilidades a través de las cuales se pueden perseguir diversos futuros (Brown, p. 148).

Puesto que la genealogía es la historia escrita en virtud de los intereses actuales y, como tal, interviene en el momento actual, deberíamos ser capaces de ampliar el foco genealógico más allá de nuestro eurocentrismo para, como dice Bottici, «provincializar» las historias que se han dado en nuestro país y abrir camino a la pluralidad de historias y genealogías (Bottici, p. 107). Esta autora dice haber encontrado algunas de las intuiciones anarcafeministas[5] más productivas en escritoras, filósofas y activistas que no se identificaron como tales, por ejemplo, las feministas negras (Bottici, p. 28). Quizás deberíamos potenciar, siguiendo su planteamiento, un diálogo entre textos, proyectos políticos e ideas filosóficas que no se suelen asociar ya que mientras unas se autodefinen como anarcafeministas, otras no lo hacen.

Desde ese planteamiento genealógico, el anarcofeminismo se puede entender también como una colección de ideales que se remontan en el tiempo más allá del surgimiento de cualquier feminismo y anarquismo (vinculado a la Ilustración y la Modernidad) y que tienen un alcance global (en «Construyamos el anarcofeminismo del siglo XXI» hay algunas reflexiones al respecto). Hay elementos de la cultura política anarquista y feminista que se han manifestado en diversos momentos de la historia y en diversos espacios geográficos no siempre enunciándose como tales. Fue Kropotkin, en su libro El Apoyo Mutuo, quien constataba que elementos básicos del anarquismo como la asociación voluntaria, la autoorganización y el apoyo mutuo, se referían a formas de comportamiento humano que habían formado parte de la humanidad desde sus inicios. Debemos indagar en el pasado para encontrar esa misma genealogía feminista entendida desde el anarquismo. Desde la antropología, David Graeber[6] confirmaba este planteamiento y consideraba que el anarquismo ha sido un discurso ético sobre la práctica revolucionaria y, por tanto, una actitud más que un cuerpo teórico.

El que no se aspire a crear una «Gran Teoría», no significa renunciar a una base teórica para el anarquismo y para el anarcofeminismo ya que aunque la agencia no debe depender de la teoría, esta puede orientarnos en la lista de tareas actuales: la identidad, sujetos de la transformación social, cómo se manifiesta la diversidad de la dominación, repensar ideas como la libertad o el poder y tantas otras cuestiones.

Hay elementos de la cultura anarquista y feminista del pasado que debemos descartar porque son producto de circunstancias pasadas. Si persistimos en mantener dichos elementos, como lo estamos haciendo, no hacemos sino repetir, perdiendo la creatividad que tuvo el anarquismo en «el siglo obrero» (así lo denomina Tomás Ibañez, aunque es algo más de un siglo: desde la Revolución francesa y la Ilustración hasta la Revolución española durante la Guerra Civil).

El descarte del pasado (que no implica olvidarlo e ignorarlo) implica una labor de «escucha» de lo que hay, es decir, de las circunstancias que vivimos para arraigarnos a la realidad, detectar los problemas y desarrollar una agencia que los enfrente. En esa labor de «escucha» se une pensamiento y vida y en esa unión hay fuego porque supone poner el cuerpo en las cosas y no solo las ideas.

Pero descartar el pasado no significa hacer tabla rasa con todo lo que ha constituido la idiosincrasia de los anarquismos que han influido en el feminismo (y me atrevería a decir que a la inversa). Hay aspectos de los anarquismos que podemos considerar invariables, Tomás Ibañez propone cuatro: considerarlos como una sensibilidad política amplia que aspira a una sociedad libre e igualitaria, la incompatibilidad radical con la dominación, el compromiso ético vinculado a la idea fecunda de las políticas prefigurativas, y, por último, la fusión de vida y política[7] (a mí me resulta más fértil y creativa la fusión de pensamiento y vida). El feminismo aporta a los anarquismos la importancia del anti-patriarcalismo (quizás mejor anti-androcracia global[8]) que forma parte de la dominación pero que tiene un alcance tan relevante como para hacerlo explícito en este texto).

Orbitando alrededor de estos elementos considero destacado el desarrollo de una agencia política basada en la acción directa y en la construcción de alternativas de base con formas organizativas descentralizadas, horizontales y basadas en el consenso. En esta línea, David Graeber[9] consideraba el anarquismo como una sensibilidad política amplia que aspiraba a generar una sociedad auténticamente libre en la que los y las anarquistas debían estar dispuestas a colaborar en coaliciones amplias siempre que funcionaran sobre principios horizontales, dando relevancia a la democracia directa frente a la representativa.

Todo esto implica plantearnos qué entendemos hoy por anarcofeminismo[10] y por qué hoy lo concebimos de una forma y no de otra, entendiendo que no hay una sola manera de captarlo, siendo fundamental forjarlo en las circunstancias que estamos viviendo en estos inicios del siglo XXI. Si de paso podemos clarificar y dilucidar algunos de los encendidos debates del momento actual, mejor que mejor.

Laura Vicente

 


[1] VICENTE, Laura: «Construyamos el anarcofeminismo del siglo XXI», en Libre Pensamiento 102 (primavera 2020), pp. 63-69.

[2] BROWN, Wendy (2014): La política fuera de la historia. Enclave de libros, Madrid, p. 150.

[3] BOTTICI, Chiara (2022): Anarcafeminismo. NED Ediciones, España, pp. 103-104.

[4] LLEVADOT, Laura (2022): Mi herida existía antes que yo. Feminismo y crítica de la diferencia sexual. Tusquets, Barcelona, p. 49.

[5] Chiara Bottici feminiza el concepto «anarca» para dar visibilidad a la faceta específicamente feminista dentro de la teoría y práctica anarquista.

[6] GRAEBER, David (2019): Fragmentos de antropología anarquista. Virus, Barcelona, p. 21

[7] IBÁÑEZ, Tomás (2022): Anarquismos en perspectiva. Conjugando el pensamiento libertario para disputar el presente. Descontrol, Barcelona. En este libro el autor habla de «la invariable anarquista», señalando cuatro aspectos.

[8] Señala Bottici en Anarcafeminismo que, aunque el patriarcado, que significa la ley del macho cabeza de familia, ha sido derrocado en muchos contextos, el poder de los hombres, o androcracia, sobre el segundo sexo se mantiene.

[9] GRAEBER, David (2014): Somos el 99 %. Una historia, una crisis, un movimiento. Capitan Swing, Madrid.

[10] En la línea de este texto, pretendo seguir reflexionando sobre otros muchos temas a lo largo de 2023.

jueves, 23 de febrero de 2023

PERSPECTIVAS SOBRE LOS ANARQUISMOS III

 


Y ÚLTIMA PARTE

3ª ¿Por dónde quisiéramos que fueran los anarquismos?

Quisiera que los anarquismos trataran de resolver problemas, desajustes e insuficiencias porque la realidad (y el futuro) es muy dura y no va a mejorar.

¿Qué pueden hacer los anarquismos?

EN LO ORGANIZATIVO

--Acabar con los enfrentamientos dentro del Movimiento Libertario, que no quiere decir unirse en los mismos organismos. Como señala Tomás Ibáñez en su libro se puede mantener la fragmentación organizativa pero compartir aspectos claves de los anarquismo (lo que Tomás llama la invariable anarquista):

·       Considerar a los anarquismos como una sensibilidad política amplia que aspira a una sociedad libre e igualitaria.

·       Incompatibilidad radical con la dominación.

·       Compromiso ético a través de políticas prefigurativas.

·       Fusión vida-política.

--Inspirándonos en Lucía Sánchez Saornil, que propuso en 1936 tejer una red de núcleos de mujeres en torno a la revista Mujeres Libres, quizás fuera posible construir densas redes de personas, grupos, colectivos, sindicatos… que se comunican y coordinan de manera intensiva y llevan a cabo diversas acciones. En todo caso, y siguiendo a Lucía Sánchez, que estas redes en torno a diversas iniciativas se llevaron a cabo desde la cordialidad haciendo una apuesta por el entendimiento y no por la confrontación.

--En paralelo, como proponía David Graeber, colaborar en coaliciones amplias siempre que funcionen sobre principios horizontales, dando relevancia a la democracia directa frente a la representativa.

EN EL PENSEMIENTO Y LA VIDA

--Parto de Emma Goldman que supo como nadie lograr una trabazón de pensamiento y vida. Dice Amador Fernández-Savater que las mujeres tienen una practicidad de la vida, que no es innata ni esencial, que las ha apartado de la épica del «gran momento» para partir de la «escucha» de lo que pasa y resolver los problemas. La «escucha» nos arraiga y nos aleja de la ideología, nos permite ser, como dice Rita Segato, solucionadoras de problemas. El arraigo a la realidad nos debería alejar del imaginario de la revolución modelizada, de la épica de la «gran noche o gran momento», de la losa de la historia que nos condena a ser continuadores de lo hecho hace ochenta años. Cuando únicos pensamiento y vida hay «fuego porque eso supone poner el cuerpo en las cosas, no solo en las ideas». Así tiene relevancia la transformación subjetiva, no solo los social.

--Dice Tomás Ibáñez en su libro que los anarquismos se forjan en las circunstancias que viven. Ese contexto, siglo XXI, debe ayudarnos a indagar y definir unos anarquismos para el siglo XXI. Aunque la agencia no debe depender de la teoría, esta debe orientarnos en la lista de tareas actuales: sujetos, cómo se manifiesta la diversidad de la dominación, repensar ideas como la libertad, el Estado y tantas otras cuestiones. Tomás lo sintetiza

«(…) para pensar de otra forma es necesario vivir de otro modo y vivir de otro modo posibilita pensar de otra forma.

 

CONCLUYO felicitando a Tomás Ibáñez porque su libro es un fecundo semillero de ideas, de propuestas, etc., pero, además palpita vida en este escrito y eso,                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       estemos de acuerdo en todo o no, siempre es una provocación para la revuelta y contestación permanente.

 

                                        

 

 

viernes, 13 de enero de 2023

PERSPECTIVAS SOBRE LOS ANARQUISMOS II

 



Tomando como pretexto el libro de Tomás IbáñezAnarquismos en perspectiva. Conjugando el pensamiento libertario para disputar el presente, el autor nos convocó para establecer un diálogo en torno a tres cuestiones de carácter bastante general sobre las cuales intervendríamos unos cinco minutos.

La segunda pregunta fue: 

2ª Nuestra visión del futuro inmediato de los anarquismos, por dónde  pueden ir las cosas en los próximos años

Creo que el futuro plantea unos retos considerables a cualquier opción transformadora y que los anarquismos actuales no están a al altura de esos retos si no se producen cambios radicales y solucionan los problemas, desajustes e insuficiencias señalados en la anterior pregunta.

Comparto con George Woodcook, en su libro El anarquismo, que los anarquismos no dependen de ninguna organización estable y me gustaría creer en su magnífica metáfora de que los anarquismos pueden florecer cuando las circunstancias le sean favorables, para volver, como planta del desierto, a adormecerse durante temporadas  e incluso años, esperando las lluvias que les hagan retoñar.

¿Cuáles son las circunstancias previsibles de cara al futuro?

De hecho, estas circunstancias ya existen en la actualidad y sintetizo en los siguientes aspectos:

1º Un capitalismo caótico y suicida en busca de beneficios inmediatos y que ha colonizado el mundo.

2º Una sociedad conformista e individualista que opone poca resistencia a la dominación y a los ensayos de control social (un buen ejemplo ha sido la pandemia de covid).

3º Sin ser colapsista, el cambio climático que parece irreversible con las consecuencias que conlleva de extensión de la pobreza en el mundo.

4º Auge de la extrema derecha y los nacionalismos.

¿Los anarquismos pueden florecer en estas circunstancias?



viernes, 23 de diciembre de 2022

PERSPECTIVAS SOBRE LOS ANARQUISMOS I




Tomando como pretexto el libro de Tomás Ibáñez: Anarquismos en perspectiva. Conjugando el pensamiento libertario para disputar el presente, el autor nos convocó para establecer un diálogo en torno a tres cuestiones de carácter bastante general sobre las cuales intervendríamos unos cinco minutos.

Voy a recoger mi participación en el acto empezando por la primera pregunta: 

1ª Nuestra valoración de los problemas, desajustes o insuficiencias de los anarquismos en el momento actual.

DOS PROBLEMAS:
--Los enfrentamientos dentro del ámbito libertario, de por sí de reducidas dimensiones, que limitan su capacidad de agencia. Es cierto que, a veces, los grupos pequeños, sin afán de poder institucional, pueden convertirse en semilleros de ideas nuevas que se gestan en los márgenes políticos. No percibo ese pensamiento nuevo.

--Seguimos entendiendo (o teniendo en el imaginario) la revolución como revolución modelizada, es decir, como movimiento histórico conducido hacia un objetivo final previamente diseñado. Esta concepción implica pensar la revolución como un desplomamiento de la realidad, que interesa a casi toda la humanidad y que se inicia con lo que llamamos "la gran noche". La revolución debería salir de ese modelo clásico.

DOS DESAJUSTES:

--El pasado "glorioso" (especialmente 1936-1938) se ha convertido en una pesada losa que ha construido un corpus de pensamiento y acción que se fundamenta en una transmisión intencional de una generación a otra siguiendo la línea de progreso que marca la Modernidad. Esta concepción obliga a una relación constante de los anarquismos actuales con los del pasado (convertido en dogma, en doctrina inamovible). La historia no es una línea de causalidad, sino una acumulación de acontecimientos y factores dispersos, con errores, desviaciones, fracasos y múltiples contradicciones que van acumulando experiencias y saberes cuyo desarrollo es imprevisible.

--El hecho de que el modelo organizativo que se impone dentro del movimiento libertario actual sea el sindicalismo, eterniza la idea de que el sujeto de las transformaciones sociales es la clase obrera. El resto de sujetos encajan mal en el sindicalismo.

UNA INSUFICIENCIA

La escasa base teórica actualizada y adaptada al s. XXI. Comparto con Tomás Ibáñez o con David Graeber, que los anarquismos son más una actitud que un cuerpo teórico. Pero considero necesario también esa base teórica que hoy es insuficiente.