Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt
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sábado, 13 de junio de 2026

URGENCIA PERSONAL, VOMITONA INCONTENIBLE, SACIAR LA RABIETA


Este título recoge las primeras palabras de Diana J. Torres en su libro Vomitorium[1]. Con una sinceridad que desarma dice la autora que este libro es un síntoma, «es mi estar al borde del hartazgo: estoy muy cansada de que seamos tan torpes para gestionar las alianzas, los egos, las críticas; harta de nuestras discapacidades emocionales, de la oscura hiel de las envidias, de la inmensa carencia de comunicación sana y directa y de las violencias internas».

La autora sitúa su contexto para señalar a quién le puede resultar útil el libro: europeo, blanco, feminista, disidente, queer, anarquista, etc. Quiere tejer autocrítica constructiva, aunque es difícil agradar a todas las personas cuando se dice lo que se piensa sin rodeos.

Y realmente, Diana J. Torres habla (escribe) sin rodeos y el primer paso es cargarse todo lo que ha significado, y triturado, la palabra coherencia. Leí hace tiempo en otro de sus textos (no recuerdo cuál, lo siento) su apuesta por la consecuencia frente a la coherencia, que significa llevar a la práctica nuestras ideas en la medida de lo posible, aunque ello implique contradicciones que de todos modos son algo que no vamos a poder eludir. Poder conocer, respetar y asumir nuestras propias contradicciones es algo valioso, sano y que puede fortalecernos como personas, como integrantes de los colectivos y de las luchas. Criticar desde el amor al colectivo y a la persona a la que dirigimos la crítica y si no es así, callar. Ahí es nada lo complicado que es eso y si lo logramos, lo constructivo y revolucionario que puede ser.

La autora también reniega de entender la vida «como algo compuesto exclusivamente por enemigxs, aliadxs y desconocidxs» y que esas categorías sean inmutables y permanentes. Ese planteamiento solo conduce a sectarismos y prejuicios inútiles. Por ello, mejor ser un poco más flexibles con los supuestos «bandos» y percibir que, algunas veces, están más diluidos e inestables de lo que parece.

A partir de estas aclaraciones, la autora comienza un periplo de reflexiones sobre las disidencias y, en especial, aquellas que la autora considera más rígidas, excluyentes y defensoras acérrimas de la coherencia purista, que acostumbran también a adoctrinar con más intensidad.

La alimentación es el primer tema que encara, el veganismo, convertido en la única opción que se sirve a los comensales en todos los eventos relacionados con cuestiones feministas o anarquistas, «forma rápida de ganar credibilidad ética por parte de cualquier lucha antisistema». Su reflexión habla de tipos de alimentación y de contradicciones de cualquier opción que quiera ser ética, a veces olvidando las condiciones de trabajo humano en los cultivos y otras cuestiones.

Las drogas, lo sexoafectivo, la espiritualidad, la salud, el dinero y el trabajo, la comunicación, los privilegios y opresiones y las patologías del feminismo, todo va pasando por el tamiz de la mirada y la experiencia de Diana J. Torres. Y esa mirada crítica pero afable, ácida pero comprensiva, dura y flexible a la vez, va sembrando un reguero de preguntas, de dudas, de eurekas y de asombros que dejan siempre un camino abierto para repensar aquello que parecía cerrado y definitivo.

Me alegra la idea de que existe una diversidad inmensa en los modos de adquirir sabiduría (se refiere a las drogas pero me parece válido para cualquier otra cosa).

Me dibuja una sonrisa el concepto de moralómetro libertario.

Me preocupa que se haya convertido en «una constante que en comunidades feministas se den situaciones “internas” relacionadas con lo sexoafectivo que desembocan en tener que expulsar gente o hacer juicios públicos que a veces parecen más bien quemas de brujas». Pero ¿no éramos antipunitivistas?

El capítulo de “Patologías del feminismo” duele, pero duele porque son reconocibles y visibles si queremos ver los «padecimientos que están sucediendo en el gran cuerpo, diverso y monstruoso del feminismo»:

1.     La ultracategorización delirante, por ejemplo, para nombrar las disidencias sexuales para que nadie salga herida en su susceptibilidad y nadie se considere excluida. Hablar con miedo es una de las asquerosas consecuencias de esta patología.

2.     Trigerwarnitis aguda terminal (trigger warnings significa “advertencia”), relacionada con los discursos de lo políticamente correcto, con diferentes formas de adquirir poder mediante el victimismo y con la expresión más fea de eso que se llama «policía interior».

3.     Feministometriosis, es como un dispositivo de control para dictaminar quien es feminista y quién no lo es. La autora considera que quienes se denominan feministas, SON feministas, aunque su manera de practicarlo nos parezca la antítesis del feminismo que nosotras practicamos.

Concluyendo, el libro de Diana J. Torres reduce el dogmatismo, el vicio de la exclusión, de lo cerrado y definitivo. Abre puertas y ventanas para pensar y dudar, facilita cuestionar cosas que parecen graníticas y que son aceptadas, aparentemente, por toto el mundo. Adelante «las valientes que se atreven a la autocrítica y a alzar la voz».

ADELANTE.

 



[1] El libro ha sido publicado en México y Argentina y editado por Sueños de Sabotaje en 2024. Yo lo compré en el Huerto Okupado Ca La Trava el 25 de abril de 2026 y pude hablar con la autora.

 

miércoles, 3 de diciembre de 2025

EL MUNDO DESPUÉS DE GAZA

 



He terminado hace unos días la lectura del libro de Pankaj Mishra[1] cuyo título es el que le he dado a este escrito. Confieso mi prevención porque el material que he leído sobre Gaza tras el 7 de octubre de 2023 me ha gustado poco. Este libro rompe esa racha y procuraré explicar las razones por los que me ha gustado y, de esa forma, hablaré de este libro.

1ª RAZÓN

La sorprendente decisión de que la primera parte del libro esté dedicada a la Shoah y a sus postrimerías, me parece una sabia decisión por parte del autor.

La Shoah, como no podía ser de otra manera, marcó a varias generaciones de judíos. El 7 de octubre de 2023 era fácil revivir el miedo a otro Holocausto. Cuando se formó Israel en 1948 pareció el único refugio posible, sin embargo, no fue así al establecerse en un espacio en el que se tuvo que llevar a cabo una limpieza étnica y quedar rodeado de pueblos desposeídos y naciones  vengativas.

Los primeros colonos sionistas que llegaron a la zona de Palestina llevaron ideas socialistas (las granjas colectivas), los sindicatos y la planificación económica. Quizás por ese motivo Stalin maniobró en favor de los sionistas y de la constitución del Estado de Israel. No fue el único apoyo desde la izquierda que recibieron.

Pero a medida que se aceleró la descolonización en Asia y África, muchos izquierdistas de una nueva generación comenzaron a alinearse con los pueblos del Tercer Mundo que habían sido colonias y empezaron a tildar a Israel, especialmente tras la guerra de los Seis Días en 1967, de empresa racista y colonialista. Esta guerra fue la segunda fundación de Israel, el país se reafirmó como potencia expansionista con la ocupación de tierras árabes. En este contexto se reavivó y se incorporó la Shoah en la retórica oficial israelí, convirtiendo el asesinato de seis millones de judíos en la nueva base de la identidad de Israel.

A partir de este análisis, Mishra trata de clarificar dos cuestiones que para muchas personas continúa siendo incomprensibles: cómo había llegado Israel, un país construido para acoger a un pueblo perseguido y sin hogar, a ejercer un poder terrible sobre la vida y la muerte de otro pueblo de refugiados; y cómo puede la mayoría del poder político y periodístico occidental ignorar, incluso justificar, sus injusticias y su crueldad sistemática.

Se revisa y explica la cruel experiencia judía de la modernidad que los consideró sistemáticamente «extranjeros» en Occidente; cómo el antiguo odio hacia los judíos se fue convirtiendo, con el auge del nacionalismo, en antisemitismo racial; el surgimiento  de la idea de una patria judía que dio paso al nacionalismo sionista; el culmen de estos factores con el Holocausto que concibió Alemania pero que contó con el silencio o el apoyo de Europa, Estados Unidos y, de otra manera, la URSS; la recuperación de la Shoah en los años sesenta que aceleró la conversión de las víctimas y supervivientes en una serie de argumentos ideológicos y políticos al servicio del sionismo; el giro de Israel hacia la derecha después de la segunda intifada palestina (2000-2005).

Estos acontecimientos han convertido a Israel en un reducto de etnonacionalismo cruel y en un «laboratorio» para la producción y ensayo de las herramientas empleadas por otros etnonacionalistas para reprimir a sus pueblos.

2ª RAZÓN

Tengo una mala relación con el campo activista y/o institucional de lo que se denomina memoria. Concuerdo con lo que señaló en una ocasión Susan Sontag: «Eso que llaman memoria colectiva no es un recuerdo, sino la imposición de que algo es importante (…)». El recorrido que el autor realiza sobre la manipulación de la Shoah en los países occidentales resulta importante para cuestionarnos el papel que tiene la «memoria» y la posición poco crítica por parte de sectores de la izquierda.

La Shoah/Holocausto pasó de la inexistencia hasta principios de los años sesenta del siglo XX, a una etapa posterior que llega hasta la actualidad en la que existe una cultura del recuerdo sin precedentes sobre el Holocausto. La memoria colectiva de la Shoah en Europa y en Israel se construyó, según el autor, a posteriori, en ocasiones deliberadamente, y con fines políticos específicos.

Pankaj Mishra proporciona numerosos datos de como las víctimas judías de Hitler pasaron de ser ignoradas a convertirse en un pilar clave de la identidad paneuropea que alberga la Unión Europea. Para justificar esta opinión, el autor recorre la posición de Alemania (Occidental y Oriental de formas diferentes) después de la guerra de un rechazo profundo y a veces cruel a enfrentarse con lo que realmente pasó y reconciliarse con ello. Y cómo al reclamar la cultura de la memoria de la Shoah, a partir de los años sesenta, se las hubieran arreglado para evitar reconocer los crímenes que la hicieron posible.

Y de Alemania salta a Estados Unidos porque tampoco en este país han sido inofensivas las manipulaciones de la memoria de la Shoah. Recordar y conmemorar la Shoah en los países occidentales eliminó recuerdos incómodos de su posición durante la guerra respecto a lo que conocían del exterminio de la población judía. Las barreras a la emigración de los refugiados judíos fueron en Estados Unidos muy duras en plena guerra y una vez finalizada esta. Por ejemplo, 250.000 judíos se vieron condenados a pasar años en un limbo de campos de desplazados dirigidos por los Aliados, porque no había ningún país dispuesto a acogerlos.

También Israel dio un dramático y funesto giro de guion cuando la clase dirigente de Israel que había sido abiertamente laica empezó a considerar a los sionistas religiosos como socios suyos en el proyecto de judaizar la tierra que habían tomado en 1967. La memoria de la Shoah cumplió un papel tanto en Israel como entre los judíos estadounidenses estableciéndose vínculos, cada vez más profundos, entre los gobiernos israelíes, los grupos judíos pro-Israel y los supremacistas blancos.

El recorrido que hace el autor partiendo de estos vínculos es inquietante y extrañamente clarificadora de la actualidad muy relacionado también con la descolonización y el consiguiente neocolonialismo racial.

3ª RAZÓN

La relevancia del racismo en toda esta historia.

El racismo como algo más que un repugnante prejuicio personal, es decir, como una forma de ordenar la vida económica y social en gran parte del mundo. La «línea de color» como «religión» de la raza blanca desde principios del siglo XX que provocó el más violento de los fanatismos y la descolonización como una promesa de igualdad.

La idea de raza como «significante móvil», que no está conectada sin más a la clasificación biológica: es más bien una categoría flexible desde el punto de vista ideológico para definir a los otros. Eso abre un escenario de fraternidad humana y solidaridad más amplio que la comunidad étnico-racial, y una gama más amplia de víctimas de la modernidad.

La memoria de la Shoah se ha convertido, dice el autor, en una contranarrativa en la que se ha pervertido su memoria para permitir el asesinato masivo al tiempo que oscurecer una historia más amplia, la de la violencia occidental moderna fuera de Occidente.

Pero el autor no hace este análisis para caer en el maniqueísmo de buenos y malos, es consciente como Primo Levi de la «zona gris» y señala que, igual que la Shoah se considera el mayor de todos los males, incomparable y sin precedentes, los que describen el sionismo como ideología genocida pretenden aligerar la carga simbólica de la Shoah y representar la destrucción de Gaza como el verdadero mal de nuestro tiempo.

El autor es consciente, sin por ello justificarlo, del tortuoso camino que han recorrido los judíos para construir su Estado. Tan tortuoso como el de tantos otros pueblos colonizados. Y en tanto que gente que no encajaba, se convirtió en víctima propiciatoria de la nueva fe laica del nacionalismo.

Sabemos lo rápido que una víctima puede convertirse en un victimario inhumano y sucumbir a la idea de que una puede restablecer su propia identidad matando. Y deberíamos volver a leer a Primo Levi para entenderlo.

Recorrer ese «camino tortuoso» con Mishra es como bajar a los infiernos y una prueba de que este autor merece la pena ser leído, lo que no quiere decir estar de acuerdo en todo con él.

 

4ª RAZÓN

Releer a Primo Levi siempre salva de creerse en el lado correcto de la historia. El siglo XX dejó a la vista los peligros de un mundo donde no existía ningún límite ético que indicara lo que los seres humanos podían hacer o a lo que podrían atreverse. Gaza nos enfrenta de verdad a la enfermedad crónica de nuestras sociedades. Gaza provoca vértigo, provoca miedo, provoca pavor a la indiferencia de la muerte sistemática.

El libro abre muchos frentes de cuestionamiento y de reflexión que agradezco. Pero también encuentro temas que no acabo de ver claros, por ejemplo, la idea de que el fascismo lleva existiendo desde hace siglos. No comparto convertir el fascismo, una realidad del siglo XX, en un cajón de sastre donde cabe todo.

Tilda a algunos historiadores de anticomunistas, como Timothy Snyder, como si el comunismo fuera defendible, algo que no puedo compartir.

 Laura Vicente



[1] Pankaj Mishra (2025): El mundo después de Gaza. Una breve historia. Barcelona, Galaxia Gutenberg.

jueves, 23 de enero de 2025

Sara Ahmed, Vivir una vida feminista, Barcelona, Bellaterra, 2018.


Este libro tiene una dedicatoria: «A todas las feministas aguafiestas que se lo están currando: VA POR VOSOTRAS».

Con toda seguridad es la primera vez que inicio una reseña por la dedicatoria. Lo hago porque me he sentido tantas veces, en tantos espacios y en tantos momentos, una «feminista aguafiestas» que reivindicarlo colectivamente, como hace Sara Ahmed, me ha resultado profundamente liberador.

La autora es una escritora inglesa cuyos estudios se centran en la intersección de feminismo, teoría queer, crítica al racismo y postcolonialismo. En Vivir una vida feminista emergen todos estos temas desde la vivencia de los cuerpos, desde la cotidianidad de la vida, de ahí que la Introducción se titule: «Traer la teoría feminista a casa». Vivir una vida feminista no significa adoptar ideas, teorías o normas de conducta, significa, dice la autora, hacernos preguntas éticas sobre cómo vivir en un mundo no feminista, es decir, en un mundo injusto y desigual, cómo crear relaciones más equitativas, de apoyo mutuo, con nuestro entorno, cómo descubrir formas solidarias con las personas que más lo necesitan. Algo tan anarquista (aunque Sara Ahmed no se considere como tal) como priorizar la práctica sobre la teoría y prefigurar, en la medida de nuestras posibilidades, otra vida, otras relaciones, otra manera de pensar plenamente feminista.

Partir de la experiencia de la vida, partir de nuestra participación en el mundo, puede resultar más fácil que perdernos en teorías abstractas que producen distancia. Si lo logramos, producimos lo que la autora denomina «conceptos sudorosos», es decir, aquellos que salen de la descripción de un cuerpo que no se siente a gusto en el mundo, que intentan transformar un mundo desde la experiencia práctica.

Este libro se estructura en tres partes. La primera se titula «Hacerse feminista», la autora explica cómo se hace alguien feminista, cómo se hizo la propia autora: el punto inicial suele ser sentir las injusticias y tomar conciencia de ellas; el cuestionamiento de la felicidad, algo tan deseado y perseguido; y la voluntariedad feminista. La segunda parte, titulada «Trabajo de diversidad», se centra en la labor de transformar el racismo o el sexismo desde dentro de las instituciones. Muchas veces ese trabajo lleva a quien lo realiza a ser cuestionada, a tener que enfrentarse con verdaderos muros de ladrillo. Muros que constituyen «la residencia del amo». La tercera parte titulada «Vivir las consecuencias» nos sitúa en las conexiones frágiles, en la necesidad del chasquido feminista, en su mirada desde el feminismo lesbiano y la necesidad de la interseccionalidad. El libro se cierra con el sugestivo y cautivador kit de supervivencia de la aguafiestas   y con un glorioso Manifiesto aguafiestas.

El libro de Sara Ahmed es un borboteo impetuoso de vivencias, reflexiones, propuestas, ideas, enfados, alegrías, impotencia, capacidad, posibilidades, que es totalmente inabarcable, se desborda como agua entre las manos. Por tanto, señalaré los aspectos que me han parecido más esclarecedores y, a la vez, brillantes.

1.

Las «chicas voluntariosas» son mujeres obstinadas, testarudas, mujeres que tienen una voluntad que desea, mujeres desobedientes, mujeres que agitan y se agitan, mujeres que, a veces, en su agitación traspasan la frontera entre la cordura y la locura.

2.

«Otra reunión [o comida] arruinada»: reconocer esa escena que cuenta y comparte la autora. Ser la feminista a la mesa en el trabajo, en una reunión o en la mesa familiar. Cada vez que habla, a la mujer que habla como feminista suelen oírla como la causante de la discusión. Ella es el obstáculo en el espacio conversacional antes de que abra la boca siquiera: ella supone un problema porque sigue exponiendo un problema.  

3.    

«Chasquido feminista», tiene que ver con las tendencias que adquirimos colectivamente y que nos permiten romper vínculos que son dañinos, a la vez que invertimos en nuevas posibilidades. Hay que explorar de dónde se puede sacar la energía y los recursos para seguir adelante y no acabar derrotada por el desgaste que supone vivir una vida feminista.

4.                                                                                        

¿Qué es lo que hace que un privilegio sea un privilegio?: las experiencias contra las que estás protegida; los pensamientos que no tienes que pensar. Entender el privilegio como un dispositivo de ahorro de energía puede ser especialmente apropiado para pensar sobre el privilegio del cuerpo íntegro: nos ahorramos saber lo que nos ahorramos hacer.

5.

Slogan de las Sisters Uncut: «Si cortáis, sangramos». Acción directa: arriesgar tu cuerpo, interponerte, frenar el flujo del tráfico, poner tinta roja en el agua de Trafalgar Square…

6.

La identificación de la mujer tiene que ver con negarse, como mujeres, a identificarnos con la cultura masculina. Negarse a identificarse así es retirar tu energía de las relaciones con los hombres.

7.

El kit de supervivencia de la aguafiestas es necesario para cuando sientes que la vida se te complica más de lo necesario. Son cosas personales que se acumulan con el tiempo, que se necesitan cerca para seguir adelante con un proyecto feminista compartido: libros, cosas, herramientas, tiempo, vida, notas de permiso, otras aguafiestas, humor, sensaciones, cuerpos.

8.

Me quedan pocas palabras para completar esta reseña que no puede superar las mil, pero queda la guinda del libro: el Manifiesto Aguafiestas. Esta declaración aguafiestas no es un programa de acción que puede disociarse de la forma de estar en el mundo. El feminismo es práctica, hay que llevar a la práctica el mundo al que se aspira y que la autora sintetiza en unas «declaraciones de voluntad» o principios: No estar dispuesta a hacer de la felicidad mi causa; estar dispuesta a causar infelicidad; estar dispuesta a apoyar a otras que están dispuestas a causar infelicidad; no reírme de los chistes cuyo propósito es ofender; no estar dispuesta a pasar de historias que no dejan de pasar; no estar dispuesta a ser incluida si la inclusión significa que te incluyan en un sistema injusto, violento y desigual; y así hasta diez.

Leed el Manifiesto, por favor, es una gozada.    


Reseña: Laura Vicente   (revista Redes Libertarias, nº 2)      

viernes, 3 de marzo de 2023

RELEYENDO A BAKUNIN

 

DANIEL JONEZ

Para ser libre hay que carecer de deudas y lazos y, sin embargo, estamos atados al Estado, a la comunidad, a la familia; nuestros pensamientos están sometidos a la lengua que hablamos. El hombre aislado, completamente libre, es un fantasma. Es imposible vivir en el vacío. Consciente o inconscientemente, somos por educación esclavos de las costumbres, de la religión, de las ideologías; respiramos el aire de la época.

Stefan Zweig, Montaigne, p. 77. 

 

Leí el libro de Bakunin: Dios y el Estado[1] con apenas 20 años, no había vuelto nunca a él hasta ahora. Quién sabe porqué un día decidí releer esa vieja edición de Júcar que se desmadejó toda conforme iba leyendo (para evitarlo he comprado los dos primeros tomos de las Obras completas del autor que está publicando la editorial Imperdible).

No voy a decir que la relectura me haya deslumbrado, pero me han interesado mucho sus reflexiones sobre el Estado (mucho menos la parte de Dios, que tiene, sin embargo, algunos aspectos apeteciblemente irreverentes). Voy a prescindir por tanto de sus reflexiones sobre dios y las religiones.

Como bien señala Zweig: «respiramos el aire de la época» y Bakunin lo muestra en esta obra en la que el caldo de cultivo de su pensamiento fueron las ideas de la Ilustración. Sin duda alguna Bakunin sustenta sus ideas en este libro sobre principios propios de la modernidad entre ellos la propuesta de una revolución para el conjunto de la sociedad que se considera, por tanto, universal. La importancia de la razón y, por ello, de la ciencia. Y una concepción de la historia como línea de causalidad que construye un corpus de pensamiento y acción que se fundamenta en una transmisión intencional de una generación a otra siguiendo una línea de progreso.

Sin embargo, he encontrado algunas intuiciones brillantemente actuales y esa es la razón de esta breve reflexión.

1.

Su concepción de la autoridad no refleja el simplismo del dualismo: dominados/dominantes y la idea de que la autoridad está estáticamente localizada en los que tienen el poder, tal y como se aprecia en esta brillante afirmación: «Cada uno es autoridad dirigente y cada uno es dirigido a su vez. Por tanto, no hay autoridad fija y constante, sino un cambio continuo de autoridad y subordinación mutuas, pasajeras y sobre todo voluntarias» (p. 65).

2.

El papel de la «vida» en relación con la ciencia y la propia historia puede resultar en algunos aspectos muy actual. Bakunin pone el foco en la vivencia, en la multidimensionalidad de la experiencia, como punto de partida para la indagación crítica.

Dice Bakunin que: «La verdadera escuela para el pueblo y para todos los hombres hechos es la vida» (p. 76). Entiende la «vida» en contraste con la ciencia que tan admirada era en el siglo XIX: «(…) la ciencia es la brújula de la vida, pero no es la vida. […] La vida es fugitiva, pasajera, pero también palpitante de realidad y de individualidad, de sensibilidad, de sufrimientos, de alegrías, de aspiraciones, de necesidades y de pasiones. Es ella la que espontáneamente crea las cosas y todos los seres reales» (p. 94). Bakunin desconfía de la ciencia y por ello del gobierno de la ciencia (que bien nos hubiera venido pensar sobre estas afirmaciones en los dos años de covid por los que hemos pasado). Por este motivo, afirma que «(…) la ciencia tiene por misión única esclarecer la vida, no gobernarla», su rechazo a esa posibilidad es contundente cuando señala que el gobierno de la ciencia y de los hombres de ciencia, no puede ser sino impotente, ridículo, inhumano y cruel, opresivo, explotador, malhechor. Se puede decir que los hombres de ciencia «no tienen ni sentido ni corazón para los seres individuales y vivientes» (p. 95).

Bakunin intuye «que el gobierno de los sabios, si se le deja hacer, querrá someter a los hombres vivos a experiencias científicas», y todavía va más lejos al afirmar que si los sabios no pueden hacer experiencias sobre el cuerpo de los hombres, no querrán nada mejor que hacerlas sobre el cuerpo social y he ahí lo que hay que impedir a toda costa (p. 96). Bakunin parece presentir algo obvio en nuestro siglo, que la biopolítica, es decir, el ejercicio del poder, con la inestimable ayuda de la ciencia, sobre la vida de los individuos y las poblaciones, sería una realidad.

Y puesto que para los «seres reales, compuestos no solo de ideas sino realmente de carne y sangre, la ciencia no tiene corazón», Bakunin afirma que lo que «predico es, pues, hasta un cierto punto, la rebelión de la vida contra la ciencia, o más bien contra el gobierno de la ciencia. No para destruir la ciencia (…) sino para ponerla en su puesto, de manera que no pueda volver a salir de él» (p. 99). De hecho, hace tiempo que salió.

3.

Otra idea brillante tiene que ver con la indivisibilidad de la libertad: una persona no puede ser libre a menos que los demás sean igualmente libres. Por ello el sometimiento de cualquier sector de la sociedad no puede reducirse a algo que solo atañe a esa parte de la sociedad. Bakunin seguramente pondría en cuestión la soberanía de la(s) identidad(es). En este libro hay una «Nota sobre Rousseau» en la que aparece uno de los fragmentos más repetidos y conocidos de Bakunin que confirma esta clave de la indivisibilidad de la libertad:

«No soy verdaderamente libre más que cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres. La libertad de otro, lejos de ser un límite o la negación de mi libertad, es al contrario su condición necesaria y su confirmación. No me hago libre verdaderamente más que por la libertad de los otros, de suerte que cuanto más numerosos son los hombres libres que me rodean y más vasta es su libertad, más extensa, más profunda y más amplia se vuelve mi libertad. Es, al contrario, la esclavitud de los hombres la que pone una barrera a mi libertad, o lo que es lo mismo, su animalidad es una negación de mi humanidad, porque -una vez más- no puedo decirme verdaderamente libre más que cuando mi libertad, o, lo que quiere decir lo mismo, cuando mi dignidad de hombre, mi derecho humano, que consiste en no obedecer a ningún otro hombre y en no determinar mis actos más que conforme a mis convicciones propias, reflejados por la conciencia igualmente libre de todos, vuelven a mi confirmados por el asentimiento de todo el mundo. Mi libertad personal, confirmada así por la libertad de todo el mundo, se extiende hasta el infinito» (pp. 151-152).

4.

Bakunin cuestiona en cierta forma la existencia de la naturaleza humana, es contrario a pensar que el individuo sea un ser universal y abstracto, por el contrario afirma Bakunin, cada uno nace con una naturaleza o un carácter individual materialmente determinado (influyen desde acciones materiales a geográficas, etnográficas, climatológicas, higiénicas etc. etc.). El ser humano, señala Bakunin, no aporta al nacer ideas y sentimientos innatos, como lo pretenden los idealistas, sino la capacidad a la vez material y formal de sentir, de pensar, de hablar y de querer. No aporta consigo más que la facultad de formar y de desarrollar las ideas, un poder de actividad por completo formal, sin contenido alguno ¿Quién le da su primer contenido? La sociedad (pp. 158-159).

Y termino…

Sin duda alguna esta relectura ha sido mucho más enriquecedora que la de mi juventud, cuento en mi vista cansancio, pero también muchas lecturas que me han permitido encontrar intuiciones y razonamientos brillantes en un autor que resiste en algunos aspectos el paso del tiempo.

 LAURA VICENTE

[1] Miguel Bakunin (1871/1979, 4ª ed.): Dios y el Estado. Barcelona, Júcar.

 

 

martes, 13 de septiembre de 2022

TOMÁS IBÁÑEZ Y SU EXTRAÑA FIDELIDAD AL ANARQUISMO

 


Conocí a Tomás Ibáñez con la lectura de su primera compilación de artículos (¿Por qué A? Fragmentos dispersos para un anarquismo sin dogmas) publicado en 2006. Le acompañé en la presentación en Barcelona de su segunda compilación publicada en 2017 (Anarquismos a contratiempo) y reseño con sumo placer esta tercera (Anarquismos en perspectiva. Conjugando el pensamiento libertario para disputar el presente)[1]. Entre medio de estas recopilaciones hemos compartido redacción de la revista Libre Pensamiento y unas cuantas conversaciones, a menudo en trayectos de tren.

Los títulos de esta colección de textos escritos a lo largo de sesenta años indican mucho de la posición de Tomás: «anarquismo sin dogmas», «anarquismos a contracorriente» y «anarquismos en perspectiva». En primer lugar, esa extraña fidelidad al anarquismo que él mismo reconoce y que le ha llevado a reflexionar sobre los anarquismos desde 1962. En segundo lugar, que haya pasado del singular al plural en sus dos últimas compilaciones (anarquismos), resulta acertado puesto que no hay uno sino muchos anarquismos, la anarquía es un fenómeno que se construye por prácticas contingentes y cambiantes, que no puede seguir siendo ella misma si no varía, no hay pureza original que haya que guardar como si de un templo sagrado se tratara. Y, por último, su vocación antidogmática, a contratiempo, puesto que cuando Tomás pone los anarquismos en perspectiva incide en la importancia de pensar y actuar a contratiempo, pero sin dejar por ello de pertenecer a nuestro tiempo. Su deseo de sintonizar con el presente y, a la vez, contradecirlo de manera radical, provoca que, a veces, coseche mala reputación por su insistencia en reflexionar sobre la constante necesidad de renovación del pensamiento anarquista. Agita las aguas y eso no siempre es bien recibido.

En Anarquismos en perspectiva, ha agrupado sus textos en tres bloques: el encaje en la situación actual y sus perspectivas de evolución, las cuestiones teóricas del pensamiento anarquista que tendrían que renovarse, y el actual totalitarismo y las prácticas de resistencia necesarias.

En estos textos Tomás vuelve sobre temas sobre los que le interesa pensar y repensar, reflexionar, profundizar: anarquismo y revolución, el poder/dominación, el Estado, la libertad, el contexto actual y las tensiones que produce en el anarquismo.

Hay una sugerente afirmación de Louis Mercier Vega que aparece reproducida en este libro señalando que «el militante anarquista debe aprender a vivir y a actuar en medio de una selva de signos de interrogación». Hombres y mujeres anarquistas hemos perdido por el camino en los últimos cincuenta años las certezas que el anarquismo histórico tenía y que tantos logros cosechó en este país. Y es que los anarquismos han visto desintegrarse, como bien explica el autor, el marco referencial que había servido de guía: la ideología de la Ilustración. Queda minada la confianza y las certezas que nos había legado la Modernidad: la hipervalorización de la razón, el universalismo que postula el carácter absoluto de los valores, la afirmación de la centralidad y autonomía de un sujeto transparente a su propia conciencia y la creencia en el progreso.

¿Y qué queda en su lugar? Incertezas, confusión, miedo, inseguridad…

¿Cómo seguir enfrentando y resistiendo a los dispositivos de dominación que se van transformando en el transcurso del tiempo histórico? ¿Qué conservar del anarquismo histórico, es decir, cuál es la invariante anarquista? ¿Cómo dejar por el camino el lastre que impide la renovación para construir un neoanarquismo(s)?

Como bien decía Mercier Vega: una auténtica selva de signos de interrogación.

Hay demasiados dogmas arraigados que cuesta cuestionar, muchas tensiones en torno a la manera de entender el poder o la libertad, la añoranza de un único sujeto de las luchas y no la fragmentación organizativa actual, la facilidad con que caemos en esencialismos, la idea de revolución como «vuelco total», la importancia de profundizar en el concepto tan de moda de la prefiguración, y tantos otros temas sobre los que el autor nos provoca, nos agita, nos remueve individual y colectivamente.

Tomás Ibáñez no da soluciones, da pistas con la vida en el centro, instrumentos de análisis, propuestas de prácticas de resistencia ante el totalitarismo de nuevo tipo que avanza. Ese totalitarismo de hoy se ha visto ayudado por epidemias como el covid, guerras, tecnología de última generación que ayuda a desarrollar un modelo de poder/dominación basado en la gestión de la vida y en el control productivo y normalizador de las poblaciones (el biopoder que anticipó Foucault).

 Anarquismos en perspectiva, como se recoge en el título, pretende disputar el presente, no rendirse, resistir. Por eso Tomás Ibáñez dedica su libro a «quienes mantienen vivo el deseo de revolución y lo manifiestan en sus prácticas cotidianas de lucha».

 



[1] Por orden cronológico, las editoriales que han publicado estas compilaciones son: Anthropos, Virus y Descontrol.

sábado, 23 de abril de 2022

COMENTARIOS SOBRE UN LIBRO DE WENDY BROWN

 

El libro de Wendy Brown me atrajo inmediatamente por el título: La política fuera de la historia[1]. Hace tiempo que llevó dándole vueltas a mi labor como historiadora y este título me resultó provocativo y tentador. No me equivoqué.

La autora nos interpela continuamente con múltiples preguntas que no siempre tienen una respuesta clara (o a mi no me lo ha parecido en todos los casos), pese a ello el libro me ha interesado mucho. Es cierto que no todos los capítulos me han atraído de la misma forma.

El punto de partida del libro es que muchos han perdido la confianza en una historiografía ligada a la noción de progreso o de cualquier otro tipo de finalidad, sin acuñar un sustituto político que permita la progresiva comprensión del lugar de donde venimos y de la dirección en que nos movemos. Todo ello además en un momento en que hay una auténtica oleada de inseguridad, ansiedad y desesperación al hacer aguas el pensamiento crítico y especialmente las teorías revolucionarias.

El primer capítulo, tras la Introducción, se titula: «Síntomas. Moralismo como antipolítica». Brown parte de la desintegración de las alternativas de la izquierda. Señala que como ni la izquierda ni los liberales se han desvinculado de la idea del progreso de la historia, ninguno de los dos es capaz de concebir la libertad o la igualdad sin derechos, sin soberanía y sin el Estado. Esto provoca rabia e impotencia en esas corrientes políticas y se expresa a través del moralismo político basado en el reproche que la autora critica en este capítulo.

Me han interesado poco los capítulos tres, cuatro y seis: «Deseo. El deseo de ser castigado: “pegan a un niño” de Sigmund Freud», «Poder. Poder sin lógica sin Marx» y «Democracia. La democracia contra sí misma: el desafío de Nietzsche». No quiero decir con ello que no tengan interés, sino que los tres tratan temas que hoy me motivan poco.

El capítulo que quiero resaltar es el cinco: «Política. Políticas sin barandillas: política genealógica en Nietzsche y Foucault». Hace mucho que trato de encontrar la vía para aplicar los planteamientos genealógicos a la investigación de la historia. La autora considera que la genealogía formulada por Nietzsche y revisitada por Foucault puede funcionar como punto de partida alternativo para generar objetivos políticos. Este capítulo, por tanto, está más enfocado hacia la política, pero naturalmente también hay referencias a la manera de entender la historia.

La genealogía es una historia que a la vez es una crítica: crear una genealogía no es presentar un relato lineal de cómo evolucionó un tema, sino preguntarnos qué entendemos por dicho tema y por qué actualmente lo concebimos de esta forma y no de otra. Es importante ser conscientes de nuestra ubicación peculiar en esa genealogía que está compuesta de muchísimas historias con sus distintas facetas.

También me ha parecido una incitación al pensamiento el capítulo siete: «Futuros. Espectros y ángeles: Benjamin y Derrida». Por un lado, Derrida trata de reconsiderar de manera novedosa el empuje de la historia sobre el presente, un empeño que podría romper con la historiografía lineal aún más radicalmente que la genealogía tal y como la formulan Nietzsche y Foucault.

Por otro lado, la dialéctica que Walter Benjamin retomó del marxismo reelaborándola radicalmente no expresa el proceso por el que se mueve la historia, sino que tiende a capturar el encuentro peculiar de pasado y presente que tiene lugar en la imagen del pasado que «estalla». La dialéctica es el nombre de un proceso por el cual se hacen vivir en el presente algunos elementos del pasado, que resultan revividos por el presente y, en semejante iluminación, quedan transformados tanto el pasado como el presente. El pasado puede haber acontecido sin memoria, pero sin memoria no puede vivir en el presente; significativamente la memoria histórica se expresa a través de imágenes aun cuando es la narración que la vehicula.

Un libro, el de Wendy Brown, que desarrolla una reflexión plena de actualidad y que nos puede dar claves sobre la pobreza del pensamiento y la agencia de izquierdas en el siglo actual.

 

 


[1] Wendy Brown (2014): La política fuera de la historia. Enclave de libros, Madrid

 

domingo, 3 de abril de 2022

EL «MANIFIESTO ANARCAFEMINISTA» DE CHIARA BOTTICI (Laura Vicente: mi lectura personal)

 


La lectura de este Manifiesto de Chiara Bottici[1], a finales de 2021, fue un golpe de aire fresco en el panorama del feminismo anarquista falto de ideas, ya no digamos de construcción de movimiento social, en este país. No minusvaloro, ni mucho menos, todos los esfuerzos que se hacen por construir una propuesta feminista desde el anarquismo, todo es útil y, mucho más, en estos tiempos. Sin embargo, tenemos que reconocer lo difícil y lento que es ponerlo en marcha: unas veces por falta de ideas, otras porque el activismo en otros campos deja poco tiempo a la creación de grupos anarco(a)feministas sólidos y con continuidad en el tiempo y, por último, muchas veces porque los enfrentamientos dominan el espacio feminista y anarquista y se pierde tiempo y energías en ellos.

Además de la lectura del Manifiesto, asistí en Barcelona (el 7 de marzo de 2022) a la conferencia en la que la autora sintetizó sus ideas que explica en un libro[2] que acaba de salir y en cuya lectura ando enfrascada en estos días.

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¿Por qué un Manifiesto? La necesidad de un Manifiesto aquí y ahora viene dada por la existencia de cuerpos generizados que son explotados y dominados en todo el mundo, no porque se plantee como un plan que pueda darse de una vez por todas y aplicarse en todos los contextos. Esto último entraría en flagrante contradicción con el anarquismo que impregna este Manifiesto y que debe ser abierto y en constante desarrollo, tal y como plantea la autora.

¿Por qué Anarcafeminista? Anarquismo significa que no hay arché (que no hay ley, que no hay principio único que explique la opresión de las mujeres) y se feminiza el concepto anarcA para dar visibilidad a la faceta específicamente feminista dentro de la teoría y práctica anarquistas.

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Contenido del Manifiesto (siguiendo la idea de que el Manifiesto es abierto y en constante desarrollo, debe quedar claro que esto no es un resumen del Manifiesto, lo he hecho mío y lo he troceado a mi gusto).

La autora parte de la existencia de una androcracia global. Aunque el patriarcado, que significa la ley del macho cabeza de familia, ha sido derrocado en muchos contextos, el poder de los hombres sobre el «segundo sexo» (término que toma prestado de El segundo sexo de Simone de Beauvoir[3]) se mantiene a través de la muerte, el Estado, el capital y lo imaginal. A estos cuatro instrumentos de la androcracia dedica Bottici siete de los nueve capítulos que forman su Manifiesto.

Respecto a la muerte (capítulo 1), la autora señala la existencia de un auténtico generocidio mundial contra personas percibidas como mujeres.

El segundo instrumento de la androcracia es el Estado (capítulos 2 y 3) y su dimensión de género. El Estado siempre ha sido una herramienta de una minoría (donde apenas hay mujeres) que gobierna a la mayoría.

El capital (capítulo 4) es el tercer instrumento de la androcracia, necesita de la división por géneros del trabajo, de esa manera puede conseguir la extracción de plusvalía del trabajo productivo asalariado y también del trabajo reproductivo no remunerado. Se sustenta en la expansión del lucro y, por ello, el capitalismo también necesita extraer recursos naturales gratuitos del medioambiente. Para ello ocupó tierras extranjeras a través del colonialismo y dividió la población mundial en razas diferentes otorgando a la raza blanca el papel de suprema.

Lo imaginal (capítulos 5, 6 y 7)[4] es el cuarto instrumento de la androcracia y el más filosófico y que todavía tengo que digerir. La autora señala que «mujeres» no es una esencia eterna ni un objeto pre-dado. Las mujeres no son objetos sino procesos (el lugar de un devenir); no son cosas sino relaciones sociales. Tomando ideas de la filosofía de la transindividualidad, la autora sostiene que los cuerpos son procesos nunca completos que siempre exceden los límites individuales: no hay tal cosa como una individualidad que no sea al mismo tiempo una transindividualidad, es decir, un proceso de individuación que tiene lugar en tres niveles:

·       inter (los cuerpos nacen de un encuentro interindividual, como el de un espermatozoide y un óvulo).

·       supra (los cuerpos se conforman por fuerzas supraindividuales como su localización geográfica en el capitalismo global racializado).

·       intra (los cuerpos son construidos por elementos intraindividuales como el aire que respiramos y las hormonas que ingerimos al comer).

Los cuerpos de las mujeres, como todos los cuerpos, son cuerpos en plural porque son procesos, procesos constituidos por mecanismos de afecto y asociaciones que suceden en los tres niveles señalados. Moléculas que inhalamos, átomos que comemos, bacterias y otros individuos que habitan nuestros cuerpos, son parte de nuestro ser trans-individual (esto no significa el abandono de lo individual ni de las distinciones).

Lo trans-individual es un prisma mediante el que entender la individualidad de las mujeres:

1)     Ecología y feminismo no están separadas ya que el medioambiente es constitutivo de nuestra individualidad.

2)     Las construcciones imaginales colectivas como el sexo, la raza y la clase se conceptualizan desde el principio como constitutivas de nuestra individualidad. El aparato imaginal que sostiene la androcracia global se ha infiltrado incluso en el proceso mismo de devenir mujer. Los cuerpos de las mujeres son objeto de un proceso de disciplina, cuyo propósito consiste en: gobernar cuerpos e instilar en nosotras la idea de que nuestros cuerpos necesitan ser gobernados.

3)     Cuando los cuerpos de las mujeres se teorizan como procesos transindividuales, podemos hablar de «mujeres» sin incurrir en esencialismos o culturalismos. No hay lugar para la oposición sexo (naturaleza) y género (cultura). Además, este planteamiento permitiría incluir todo tipo de mujeres no solo las mujeres cis.

Imágenes y rituales de salud, belleza y cuidado son uno de los enclaves más poderosos para el ejercicio de las «tecnologías androcráticas del yo»[5]. Así crean sujetos dóciles tanto mediante reglas desde fuera como a través de la participación voluntaria en la sumisión.

Aunque transindividualidad no significa trans-género, sin embargo, el proceso de transgenerización es una de las maneras posibles de individuarse e individualizarse y no una anomalía.

¿Qué plantea el anarcafeminismo? (capítulos 8 y 9 y fragmentos de otros capítulos anteriores).

La autora parte de que el anarquismo es un método, no un plan que pueda darse de una vez por todas y aplicarse en todos los contextos. Eso no significa que no pueda haber programas limitados en el tiempo y para lugares específicos. Partiendo de este planteamiento veamos las aportaciones del anarquismo al feminismo, o lo que es lo mismo, qué se entiende por anarcafeminismo.

El anarquismo no es ausencia de orden, sino búsqueda de un orden social sin ordenante, por tanto, desarrolla un feminismo sin arché, es decir, sin jerarquías ni gobernantes. Desde este planteamiento el anarcafeminismo cuestiona procesos de normalización que conducen a la exclusión y al establecimiento de jerarquías, incluyendo las basadas en el género y el sexo.

No se puede combatir una forma de opresión sin combatirlas todas al mismo tiempo, esto nos conduce a la interseccionalidad puesto que todas las formas de opresión habitan la misma casa, que es la creencia según la cual algunas personas se consideran superiores a otras, y esta superioridad justifica su dominación.

La libertad es el fin y es una contradicción pensar en alcanzarla mediante cualquier cosa que no sea la libertad misma. La libertad es indivisible y por ello el feminismo significa la liberación de todos los géneros, desde esta perspectiva la lucha es por un mundo más allá de la oposición entre hombres y mujeres, más allá del feminismo.

Pensar globalmente, actuar localmente. La lucha, que ha de ser global, tiene que afrontar el legado del colonialismo y el sistema racial en la producción de conocimiento (contenido decolonial).

El anarcafeminismo es ecofeminista, es eco-afectividad (ecología como co-afectividad). Es la capacidad de afectar y ser afectado por todos y cada uno de los seres, lo que pone en cuestión cualquier jerarquía entre seres, así como las fronteras que los separan. La noción de afecto es central para una «política de renaturalización», donde la naturaleza es devuelta al centro del pensamiento y la acción política. Un enfoque anarcafeminista de la ecología es «sin» Naturaleza en su forma alienante, pero sí «a través» de la naturaleza, en el sentido de una única sustancia transindividual infinita.

Desde estos planteamientos…

Empieza tu revolución ahora, ejerce tu poder desde hoy mismo. Tomar el poder del Estado es reproducir la estructura de poder que hay que cuestionar, por tanto, just do it (solo hazlo): ninguna rebelión es demasiado pequeña y las revueltas no son excluyentes. Sé una «pirata del género»[6]: resiste ante las normas de género, juega con ellas, deja de cumplirlas, desobedece, boicotea, combate el capitalismo… Estas acciones son la prefiguración de un mundo diferente.

 



[1] Chiara Bottici (2021): Manifiesto Anarcafeminista. NED Ediciones, España.

[2] Chiara Bottici (2022): Anarcafeminismo. NED Ediciones, España.

 

 

[3] No obstante, entiende por «segundo sexo» todas aquellas personas excluidas del «primer sexo», básicamente hombres cisgénero.

[4] Se entiende por imaginal el carácter propio de las sociedades contemporáneas que, en un primer aspecto, se experimentan en lo cotidiano a partir de singularidades estéticas de vinculación entre individuos y, en segundo término, dan cuenta de una indistinción entre las imágenes y lo que propiamente se puede denominar lo social. E. Marcos Dipaola (2019): “Producciones imaginales: lazo social y subjetivación en una sociedad entre imágenes”. Ediciones Complutense. https://revistas.ucm.es/index.php/ARIS/article/view/59483

[5] «Tecnologías del yo» es el título de un seminario impartido por Michel Foucault en que describe las tecnologías del yo como aquellas que «permiten a los individuos efectuar por sus propios medios o con la ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre sus propios cuerpos y almas, pensamientos, conducta y forma de ser, para transformarse a sí mismos con el objetivo de alcanzar cierto estado de felicidad, pureza, sabiduría, perfección o inmortalidad». Citado por Chiara Bottici, Manifiesto anarcafeminista, p.64.

[6] Paul B. Preciado (2020): Testo yonqui. Sexo, drogas y biopolítica. Anagrama, Barcelona, p. 55.