Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt
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miércoles, 3 de octubre de 2018

ANTONINA RODRIGO, Mujeres granadinas represaliadas.



La autora de este libro, Antonina Rodrigo, recoge historias de mujeres granadinas que sufrieron la represión dura y contundente de las nuevas autoridades que controlaron la ciudad de Granada, tan solo con la oposición del barrio del Albaicín, en julio de 1936.


Antonina Rodrigo se centra en lo que se denomina pequeña historia, que supone la construcción de  un relato detallado y significativo sobre la gente común y real. La biografía es entendida en este libro más que como un género, como un método para hacer historia, para enlazar lo individual con lo colectivo, lo particular con lo general y lo personal con lo político.
Especialmente relevante es la recuperación de trayectorias de mujeres del pasado por los escasos testimonios del protagonismo femenino. El asunto se vuelve complicado por no decir imposible  cuando las mujeres que se biografían se mueven entre los márgenes que marcan tres coordenadas: el sexo, una condición social humilde y unos ideales políticos revolucionarios. Este es el caso de algunas de las mujeres que desfilan por esta galería de mujeres granadina represaliadas.
Aparecen en este libro numerosos ejemplos del devastador impacto psicológico de la violencia del pasado en una familia, trastocando la paz interior de quienes siguieron viviendo. Está por estudiar el tremendo desamparo que sufrieron los niños/as arrebatados a sus madres cuando fueron encarceladas y, algunas de ellas, ejecutadas.  Pese a no tener significación política, muchas mujeres fueron víctimas de los asesinatos extrajudiciales desencadenados y justificados por el golpe militar y llevados a cabo por pelotones de ejecución fascistas.
Las mujeres, que rescata del olvido Antonina Rodrigo, buscaron su autonomía personal a través de las decisiones que fueron tomando siendo muy jóvenes. Esto, que hoy puede parecernos normal, era excepcional, pero posible, en la España republicana de los años treinta. La II República fue un importante momento de visibilidad de las mujeres. La Constitución permitió la igualdad jurídica entre los sexos y favoreció un desembarco de las mujeres en el espacio público, del que habían estado excluidas. La legislación igualitaria hizo posible la aparición de una “mujer nueva”, emancipada de la tutela masculina y que cuestionó las normas de género de la feminidad. Algunas mujeres estaban construyendo un proceso de liberación, que no solo se basaba en la independencia económica, sino en la autonomía y la afirmación de la personalidad femenina.
El golpe de Estado tuvo un contenido de género puesto que uno de los objetivos de los militares fue restaurar el orden social en el que la mujer tenía que volver  a su papel de subordinación y dependencia respecto al hombre y a una mitificada y artificial feminidad. Aquí aparecen mujeres que habían alterado el orden social conservador y habían buscado y construido su manera de entenderse como personas fuera de los estereotipos de género tradicionales.
Y tenía que pagar por ello.
Estas diecisiete mujeres (muchas más aparecen en las historias de estas mujeres) sufrieron represalias diversas, llegando a la tortura y la muerte de algunas de ellas, por ser mujeres progresistas, algunas de ellas emancipadas y librepensadoras. Miles de mujeres fueron maltratadas en las cárceles, violadas, insultadas (“perras rojas”), separadas de sus criaturas, encarceladas o ejecutadas. No solo sufrieron ellas la violencia y el terror sino también sus criaturas, ser hijo/a de “roja” era un estigma que había que eliminar reeducando a esas criaturas cuando no matándolas.
En la restauración del orden social, la iglesia católica tuvo un papel protagonista. Los curas construyeron una “cruzada” para justificar la guerra civil y se involucraron en la represión como es perceptible en alguno de los casos que se explican en este libro.
Este friso de mujeres, como lo denomina la autora, abarca mujeres muy distintas: mujeres muy humildes y mujeres acomodadas; mujeres intelectuales o maestras y profesoras, y mujeres analfabetas cuya pobreza les impidió acceder al saber académico; mujeres comprometidas sindicalmente o políticamente hablando y mujeres sin compromiso militante. Todas ellas habían compartido la coordenada del sexo durante un tiempo histórico en el cual las leyes y los mecanismos culturales de control social informal desarrollaban un discurso de inferioridad y subordinación a la vez que las confinaban al ámbito doméstico. Igualmente vivieron, con esperanza e ilusión, la proclamación de la República y sus leyes igualitarias que les permitió votar y salir del espacio doméstico en el que la mayoría estaban recluidas.
Estas son las protagonistas de este libro: Matilde Robles, Agustina González, la maestra de la propia Antonina, Doña Paquita, Concha Moreno, las hermanas Peinado, Nicolasa Ortega, Matilde Cantos, Ángeles Fernández, Vicenta Lorca, Trinidad Capeli, Clotilde García, Laura de los Ríos Giner, María garrido, Isabel García Lorca, Rosario Fregenal, Maruja Ruíz, Elvira Pérez, Purificación y Enriqueta Rivas y diversas mujeres agrupadas en el epígrafe de las milicianas.
El franquismo cortó de tajo el camino de la emancipación femenina que aceleró la II República y la propia Guerra Civil en la zona republicana. La Dictadura fue un duro correctivo para las mujeres que no estaban dispuestas a someterse de nuevo a la sumisión impuesta por el Régimen y, en consecuencia, marcharon al exilio o vivieron en un auténtico exilio interior durante casi cuarenta años.


domingo, 23 de octubre de 2016

HOMENAJE A FRANCISCO GRANADO Y JOAQUÍN DELGADO. MADRID 7 DE OCTUBRE 2016




En este homenaje en el que se recordó la ejecución de Granado y Delgado, militantes de las Juventudes Libertarias (JJLL) intervine para recordar que también había mujeres en la resistencia antifranquista en el exilio que participaron en el mismo proyectos que estos dos jóvenes asesinados por la Dictadura franquista. Este texto reproduce mi intervención.

La guerra civil española tuvo también un componente de género. Las mujeres se jugaron en ella la larga genealogía de cien años que había ido trazando un camino de emancipación. El conflicto bélico  constituyó una experiencia de libertad y de responsabilidad sin precedentes para las mujeres, asumieron una gran novedad: la mujer tenía que vivir sola, salir sola y asumir las responsabilidades familiares sola, algo que siempre se había considerado imposible y peligroso.
El franquismo cortó de tajo ese camino de emancipación femenina y fue un duro correctivo para muchas mujeres que vivieron un largo y silencioso exilio interior en España o bien marcharon fuera.
Hoy estamos aquí para recordar un trágico suceso, la ejecución de Francisco Granado y Joaquín Delgado el 17 de agosto de 1963. Y estamos aquí también para recordar que existió una oposición al franquismo que no se rindió nunca, que una parte de dicha oposición era anarquista y que en ella había mujeres como no podía ser menos.
No son pocas las mujeres que a principios de la década de 1960 estaban integradas en el Movimiento Libertario en el exilio, una parte de ellas en las JJLL y cumpliendo diversas funciones relacionadas con Defensa Interior (DI). La mayoría de estas mujeres eran hijas de militantes de la CNT y sus parejas también formaban parte del Movimiento Libertario. Las más mayores habían participado en la guerra civil, las más jóvenes no lo habían hecho por su edad, incluso había mujeres francesas, italianas o inglesas vinculadas al antifranquismo libertario.

Sus nombres son menos conocidos que los de sus compañeros, pero es nuestra obligación rescatarlas del olvido, conocerlas y reivindicarlas: Placida Aranda, Jacinta Escudero, Rosa Beriain, Casilda Likiniano (La miliciana), Teresa Margalef, Montse Turtós, Jeanine Valet, Paquita Román, Alicia Mur, Julia Hermosilla y Sara Berenguer entre otras mujeres.

No podemos olvidar tampoco a Pilar Vaquerizo, la compañera de Francisco Granado que quedó viuda con un hijo y dos hijas, Richard, María y Roxana, la mayor con unos doce años.

Entre estas activistas destacaré cuatro: Alicia Mur, Paquita Román, Sara Berenguer y Julia Hermosilla (Sara y Julia relacionadas además con MMLL).

ALICIA MUR
Alicia Mur nació en 1935, hija de militantes de la CNT, empezó a  militar en Paris siendo adolescente en las JJLL y desde el comienzo de las actividades de DI aportó su colaboración y solidaridad.
Fue detenida en Madrid en octubre de 1966, junto a Luis Andrés Edo y otros, acusada de pertenecer al grupo “Primero de Mayo”. Alicia Mur se había desplazó a finales de agosto o principios de septiembre de 1966 a Madrid para alquilar un piso, que posteriormente debían utilizar unos compañeros para llevar a cabo una acción que ella desconocía por no tener que participar en ella. 
En diferentes medios se ha asegurado que este grupo preparaba el secuestro de un alto militar americano de la Base militar de Torrejón de Ardoz. Sin embargo, Alicia Mur en su relato de lo sucedido niega tal posibilidad y asegura que la acción, por lo que ella vivió, era confusa y poco preparada. La detención en Madrid se debió a un confidente que en todo momento informó de los pasos del grupo y que, obviamente, no fue detenido (Alicia lo nombra como "Martínez").
Juzgada el 4 de julio de 1967, se la condenó a tres años y medio y cumplió tres.

Paquita Román era hija de militantes de la CNT y ella se integró en las JJLL de Paris, desde el comienzo de las actividades de DI aportó su colaboración y solidaridad.
Ella e Yvette Parent fueron enviadas como enlaces de sondeo y cayeron en la trampa que les tenía preparada la policía española. Detenida en Madrid en septiembre de 1962 en relación con los jóvenes libertarios detenidos también en Barcelona, Zaragoza y Vigo ese mismo año. Estaba encarcelada cuando la ejecución de Granados y Delgado. Fue puesta en libertad a mediados de 1965.

SARA BERENGUER

Sara Berenguer nació en 1919 en Barcelona, hija de cenetista, trabajó desde los 12 años primero en una carnicería y luego en un taller  donde aprendió el oficio de corsetera. Durante la guerra se dedicó intensamente a la lucha formando parte de varios comités e integrándose en las JJLL, Consejo Nacional de SIA (Solidaridad Internacional Antifascista) y MMLL (ocupó la secretaría de propaganda de MMLL y más tarde la secretaria general). Dio clases como maestra de párvulos en el Ateneo Cultural de Les Corts[1].
Al acabar la guerra civil pasó a Francia y entre 1941-45 fue enlace de la resistencia antinazi.
A comienzos de 1960 aparece ligada a los grupos de acción antifranquista, tras la reunificación de CNT, al lado de Alberola, Mera, Cañete y otros. Junto a su compañero Jesús Guillén formaban parte de la base fronteriza de Béziers con que contaba DI. Su casa en Montady, rodeada de huerto y jardín que construyeron con sus manos, fue una plataforma para el exilio y refugio de grupos españoles libertarios que entraban y salían de España clandestinamente, como Granados y Delgado[2].

JULIA HERMOSILLA

Julia Hermosilla, menos conocida que Sara, nació en 1916 en Sestao, Vizcaya. Sus padres eran ambos de la CNT desde 1910. Julia fue militante de las JJLL desde los 17 años; cuando estalló la guerra y la revolución, Julia con 20 años se enroló como miliciana en Bilbao y fue herida gravemente perdiendo audición en ambos oídos.
A la caída de Bilbao se trasladó con su compañero y su familia a Santander y allí embarcaron hacia Francia. Estuvo dos meses en Francia y volvieron a entrar de nuevo a Cataluña. Embarazada dio a luz en octubre de 1937 a su hija Vida y en Barcelona trabajó en una fábrica de cintos para el Ejército. En esta ciudad es donde conoció a Sara y se hicieron amigas para siempre.
Pasaron de nuevo a Francia al acabar la guerra y en 1940 se integró en la resistencia contra los nazis. Acabada la II Guerra Mundial Julia pasaba a Bilbao y Barcelona clandestinamente llevando prensa y documentación.
Junto con su compañero Ángel Aransáez formaban parte de la base fronteriza de Bayona con que contaba DI.
Julia realizó con Joaquín Delgado misiones de contacto en 1960 o 1961, por cuenta del Comité Intercontinental, con los grupos de la CNT en España durante el proceso de reunificación. También realizó una importante misión de estudio de los alrededores del Palacio de Ayete en San Sebastián para el proyecto de atentado contra Franco de 1962.
No podemos glosar aquí las vidas de todas las activistas que participaron en el mismo proyecto que Granados y Delgado, pero si recordar que estas mujeres además de militar, trabajar y sufrir penalidades, criaron a sus hijos e hijas y desde su humildad siempre pensaron que no habían hecho nada importante. Compartían con el anarquista Ramón Acín que nosotros no tenemos santos, nosotros no tenemos apóstoles, nosotros no tenemos ni mártires; pero tenemos corazón y somos amigos del amigo y camaradas del camarada[3].
Algo parecido les escribía la octogenaria Julia en una carta a Sara Berenguer el año 2002:
Somos una gran familia, vivimos con las mismas inquietudes. Luchamos por nuestras ideas ayudando a todo aquel que llama a la puerta, esas ideas que tantos dolores de cabeza nos dieron pero que cada día que pasa me siento más identificada con ellas (…).





[1] Antonina Rodrigo (2003): Mujer y exilio 1939. Flor del Viento, Barcelona, pp. 89-90.
[2] Antonina Rodrigo (2003), p. 98.
[3] Ramón Acín, “Florecicas”, Solidaridad Obrera, 23 de marzo de 1923,
No he conseguido encontrar ninguna fotografía de Paquita Román.