Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

lunes, 23 de marzo de 2026

NEOLIBERALISMO Y POLÍTICAS AUTORITARIAS (IV)

 Y con esta cuarta entrega concluiremos de momento aunque debemos seguir porque necesitamos comprender lo que está ocurriendo en estos momentos. Esta cuarta entrega aterriza en constataciones que nos pueden ayudar a pensar desde la agencia cómo afrontar este neoliberalismo y sus políticas autoritarias.

 

Escuchaba hace poco que los feminismos están en un momento de retroceso respecto al auge que vivieron durante el periodo anterior a la pandemia del COVID. Como suele ocurrir, los enfrentamientos internos dentro del movimiento han aportado su contribución a dicho retroceso, pero hay muchos otros desencadenantes y no es menor el hecho de que el ataque de las rebeliones antidemocráticas lo son también contra los feminismos.

No es extraño que la extrema derecha no reconozca la violencia de género y proponga como alternativa la violencia intrafamiliar. Las normas patriarcales familiares están incrustadas dentro del autodenominado «bienestar neoliberal». En la moral tradicional que defiende el neoliberalismo la familia tiene un papel relevante para proporcionar, a través de las mujeres, los cuidados familiares. De esta forma arraiga la idea naturalizadora de que la mujer debe ser la encargada de dichos cuidados abandonando el trabajo asalariado.  

ESPAÑA

Puesto que la sociedad no existe, el objetivo es desmasificar, apuntalando a los individuos y a las familias como los que deben proveer las necesidades humanas desde la libertad. Al neoliberalismo le da igual casi todo mientras el mercado sea el centro, sin embargo, a la extrema derecha y sus políticas autoritarias les viene muy bien la moral tradicional para designar a las familias como sustitutas del Estado social. Las familias serían, por tanto, las responsables de los embarazos de las adolescentes, los costes de la educación y la provisión de los cuidados para personas dependientes (infancia, personas discapacitadas y personas adultas mayores), etc.

La articulación de neoliberalismo y moral tradicional anima las campañas de la extrema derecha. Estas campañas señalan como ataques contra la libertad y la moral toda política social que desafía la reproducción social de las jerarquías de género y sexo. De esta manera queda a salvo el privilegio de la masculinidad que contará con el apoyo incluso de los sectores sociales con menos recursos económicos y que puede explicar en parte el voto, en los barrios populares, a la extrema derecha.


                                                               ECUADOR

Los feminismos[1] son un enemigo de primera fila para la extrema derecha con su defensa de la diversidad sexual, su concepción de otros modelos de familia, su defensa del igualitarismo, sus planteamientos sociales, el desvelamiento del racismo, etc. El desmantelamiento del Estado del bienestar va acompañado de la extensión de la esfera privada para deslegitimar el concepto de provisión del bienestar social y el proyecto de democratización de los poderes sociales de clase, raza, género y sexualidad. La vida cotidiana es mercantilizada en una dirección y familiarizada en otra, estos procesos cuestionan principios de igualdad, laicismo, pluralismo e inclusión, y la determinación democrática de un bien común.

Lejos de lo público y lo democrático, la nación aparece de forma privada y familiarista, y el Estado y su represntante como el paterfamilias. De esta manera las naciones se vuelven legítimamente intolerantes contra las personas aborrecidas en el interior (básicamente las personas pobres) y contra los «invasores» del exterior. El estatismo, el control policial y el autoritarismo también se ramifican, ya que la construcción de muros y la securitización es autorizada y requerida por esa privatización.

Desde los anarquismos siempre hemos sido muy críticos con la democracia liberal, nuestra manera de entender la democracia es desde «lo político», llevada a la práctica como democracia radical, como democracia directa. Ahora que el capitalismo considera innecesaria la democracia liberal y opta por la «democracia autoritaria» o «iliberalismo», ahora que logran extender la práctica de una «libertad» entendida solo desde el mercado, ¿cómo deshacer los indecentes oximorones de un neoliberalismo sin prejuicios? ¿cómo enfrentarnos a la ira de los poderosos? ¿cómo liberar la libertad de los mercados o la democracia del autoritarismo?

En primer lugar, los anarquismos tenemos puntos en común que debemos llevar a nuestras prácticas y reflexionar sobre ellas: revolucionar la vida individual y colectivamente desde un claro compromiso ético; rechazar cualquier forma de dominación; por último, pensar, soñar y practicar colectivamente la igualdad y la libertad de la existencia.

El futuro no nos lo va a poner fácil, nos enfrentamos a un capitalismo salvaje, neoliberal, caótico y suicida cuyos objetivos son la obtención de beneficios y que ha colonizado el mundo, no solo territorialmente, sino que ha colonizado nuestra subjetividad profundamente. La sociedad se ha fragmentado en identidades e individualidades cuya fragilidad nos convierte en presa fácil del conformismo que ofrece poca resistencia a las dominaciones. El auge de la extrema derecha y de los nacionalismos agresivos y excluyentes a la vez que nos conducen a guerras que provocan inseguridad mundial, les da argumentos para exigir cada vez más medidas de seguridad, control y vigilancia generando Estados cada vez más autoritarios y represivos que imponen una «seguridad preventiva».

La tecnología militar que nos rodea ha creado las condiciones para la emergencia de una total movilización. En adelante, allí donde nos encontremos, podemos ser identificados, llamados al orden, neutralizados si es necesario. La multiplicación de datos ha hecho de la humanidad un único sistema nervioso, un mecanismo formado por configuraciones estándares previsibles. Estamos ya militarizados, preparados para la guerra[2].

Siempre hemos dado por hecho que los sectores más pobres, más oprimidos, más explotados, más ignorados, tenían una tendencia innata, «natural», a rechazar los privilegios de cualquier tipo. De pronto, nos ha estallado en la cara que no es así y que la población defiende privilegios aún a costa de apoyar al 1% de los milmillonarios votando a sus lacayos de la extrema derecha.



El resentimiento, el rencor, la rabia, la reacción a la humillación y el sufrimiento están en juego en el populismo de derecha y en el apoyo al liderazgo autoritario de hoy en día. Esta política del resentimiento surge de los que han sido históricamente dominantes que sienten la decadencia de ese dominio, incluso los sectores más pobres defienden la blanquitud y la masculinidad que les dan una protección limitada ante las pérdidas de los cuarenta años de neoliberalismo. A esto hay que añadir la estratificación, determinada por la riqueza, que no es nueva pero cuya privatización neoliberal y la legitimación de la desigualdad la hacen más intensa.

Wendy Brown se plantea una pregunta que debemos hacernos: ¿Qué pasa cuando el resentimiento nace del destronamiento, de la pérdida del derecho al privilegio, antes que de la debilidad (como decía Nietzsche)?

Dicen que VOX está siendo capaz de canalizar el descontento en estos momentos, es decir, que está sabiendo canalizar la rabia convirtiéndola en una permanente política de la venganza contra aquellos a quienes se culpa por la pérdida de los privilegios: la masculinidad, la blanquitud, la nación definida como propia y de la que nace el resentimiento de aquellos que sufren la pérdida de los derechos al poder conferido históricamente. El derecho al privilegio destronado denuncia la igualdad (¿Por qué va a ser igual que yo un recién llegado?) e incluso el mérito, para afirmar su supremacía basada en nada más que el derecho tradicional. Y de ahí al asalto neoliberal a la igualdad, la democracia, lo social y lo político hay un trecho muy pequeño.

¿Qué hacer? No lo sé, ojalá tuviera el programa, la estrategia, la táctica y los y las sujetas apropiadas, pero no es así.

Mi tentación últimamente es la deserción, palabra que procede del verbo latino deserĕre: romper un compromiso. Pero yo voy más lejos, mi tentación es abandonar las obligaciones y los ideales.

No voy tan lejos como «Bifo» Berardi que propone la deserción psíquica y física como respuesta racional ante el colapso civilizatorio, climático, guerrero y financiero actual.

De momento no estoy en ese punto pero comprendo su radicalidad.

Pese a esas tentaciones, algunas posibilidades a continuación.




Siguiendo la estela de Foucault: RESISTIR, porque es en los actos de resistencia donde nos hacemos realmente libres.

Desde el punto de vista feminista, persistir en los objetivos, que son diversos según la concepción de la lucha feminista y buscar puntos comunes, por pocos que sean, abandonando la lucha cainita contra las otras concepciones feministas. ¿Es difícil? Mucho. Pero no podemos perder el tiempo en esas luchas en un momento de fuerte cuestionamiento y ataque contra los feminismos y de intento de reforzar el sistema patriarcal más duro.

Algo similar desde los anarquismos, igual de difícil o más. Concentrarnos en las luchas contra todo tipo de dominaciones y explotaciones, buscar la fórmula para desactivar la rabia, el resentimiento, la defensa de los privilegios o en todo caso canalizarlo hacia quienes lo tienen todo, no contra los que viven en nuestros barrios, en nuestros bloques de pisos. Dar un nuevo sentido a la libertad (no la del mercado, no la de la alegría neoliberal-ayusoniana), a la democracia anárquica[3] y a la igualdad real, al apoyo mutuo, a la solidaridad, a cuidarnos colectivamente.

Pensemos la revolución aquí y ahora, quizás no sea tan épica y heroica como las que se pensaron hace cien años, pero quizás sean más eficaces que aquellas. O no, el tiempo lo dirá.

 

Laura Vicente

[1] Somos conscientes de que los planteamientos, reivindicaciones, sujetos y políticas son muy diversos dentro de los feminismos y por eso su uso en plural, pero aquí mezclamos todos porque para la extrema derecha no hay feminismo «bueno».

[2] Es muy revelador el libro de Giuliano da Empoli (2025, 2ª ed.): El mago del Kremlin. Barcelona, Seix Barral.

[3] Es excesivamente académico y filosófico, pero es muy fructífera la lectura del libro de Donatella Di Cesare (2025): Democracia y anarquía. El poder en la polis. Barcelona, Herder.

viernes, 13 de marzo de 2026

NEOLIBERALISMO Y POLÍTICAS AUTORITARIAS (III)

 

                                                         Ugland House. Islas Caiman


Como decíamos, «lo político», es la energía de conflicto de toda comunidad que subyace a la sociedad y crea las bases sobre las que se asienta el orden político, es decir «la política». Los poderes de «lo político» son generados por la comunidad y, ante el entramado de estructuras e instituciones de «la política», conforma la posibilidad de transgredirlas y superarlas. El ámbito de «lo político» no es el de la solución de problemas, sino el de las preguntas[1]. No obstante, el neoliberalismo arremete y cuestiona ambos ámbitos porque cuestiona los fundamentos de la forma política.


Pero no se queda ahí la cosa, destruir lo político significa desmantelar a la comunidad, a la sociedad. El neoliberalismo, con su defensa de los milmillonarios, sueña con escapar del Estado y huir de lo repulsivo que les parece la idea de lo público. Llevan décadas, como ya hemos dicho anteriormente, practicando agujeros en el tejido social e impulsando que desertemos de lo colectivo. Para evitar los programas de protección social, los derechos socioeconómicos y el gasto en ámbitos como la protección medioambiental, la educación y la sanidad pública, lo más «práctico» es que no haya democracia.

Toca reiterar que la democracia liberal nos ha llevado hasta aquí, no es el sistema a defender, pero el plan del neoliberalismo es una economía de mercado sin normas, sin reglas, sin límites. Algo que ya practica el capitalismo, con el visto buenos de dichas democracias, practicando agujeros en el territorio del Estado nación, creando zonas de excepción con legislaciones diferentes y, muchas veces, ajenas al control democrático. Por poner un ejemplo, es el caso del Edifico Ugland House, en las Islas Caimán que es la sede de doce mil sociedades empresariales. En su momento Barack Obama dijo: «O bien es el edificio más grande del mundo, o bien es el mayor fraude fiscal del que tenemos constancia». Era legal, un elemento cotidiano en el sistema financiero global[2].

Pero volvamos al desmantelamiento de lo social, es decir, al estatuto demonizado de lo social en la gubernamentalidad neoliberal. El ataque a la sociedad y a la justicia social es muy típico del proyecto de destrucción y de desprecio del Estado social en nombre de individuos libres responsabilizados.

Este desmantelamiento de lo social tiene lugar en muchos frentes. Uno de ellos consiste en negar la existencia de la propia sociedad como hizo M. Thatcher en 1980 o, simplemente, en banalizar la preocupación de la sociedad por la desigualdad o por no pagar impuestos las grandes empresas haciendo referencia a la «política de la envidia» de los pobres a los ricos. La justicia social, de esta manera, se desafía de la mano de la autoridad natural de los valores tradicionales. Mientras decrecen las inversiones sociales en salud, educación, vivienda, cuidado infantil, cuidado a los mayores y seguridad social, se reasigna a la familia (en especial a las mujeres) la responsabilidad de sostener a todo tipo de personas dependientes.

Este asalto a la justicia social desafía la igualdad, pone en la palestra las guerras culturales, convierte la libertad (de los mercados, de los milmillonarios) en argumento para desafiar y cuestionar otros elementos como el laicismo, la protección del medio ambiente, de la seguridad del trabajo, etc. y desorienta a la izquierda que no sabe cómo encarar este desafío. Si no hay sociedad, sino solo individuos y familias regidos por los mercados, la desigualdad no tiene el terreno vital de la justicia puesto que es en lo social donde se viven las sujeciones y las exclusiones, estas se identifican y se pueden cuestionar. Si solo hay individuos y familias la tentación de pensar que somos nosotras las culpables de la exclusión es muy fuerte. Cuando el neoliberalismo hace desaparecer las jerarquías sociales y las reivindicaciones colectivas, reducen todo a «lloriqueos» de personas fracasadas, a woke.

La libertad sin la sociedad es un puro instrumento del poder, desprovisto de las preocupaciones por los otros, el mundo o el futuro. De hecho, aparece la consideración de que es libertad de expresión todo sentimiento de (pérdida de) privilegio basado en la blanquitud, la masculinidad o la españolidad/catalanidad/vasquedad (en peligro), a la vez que niega que sea un producto social. El derecho al privilegio perdido se convierte fácilmente en rabia «justificada» que a su vez se convierte en la expresión de la libertad.

Afirma Wendy Brown que es un signo del triunfo de la razón neoliberal el hecho de que la gramática de lo social, incluyendo su relación con la democracia, haya desaparecido en gran medida de las visiones de futuro de la izquierda. La herramienta más poderosa para reemplazar la democracia por los mercados desregulados es arrancar la libertad de la sociedad y de la política.



[1] Donatella Di Cesare (2025): Democracia y anarquía. El poder en la polis. Barcelona, Herder, p. 41.

[2] Quinn Slobodian (2023): El capitalismo de la fragmentación. El radicalismo de mercado y el sueño de un mundo sin democracia. Barcelona, Paidós, pp. 15-16

martes, 3 de marzo de 2026

«A mi aire»

 


2026

(de mi cuenta de IG: @lauramartierra)

«A mi aire» (1 enero)

Empiezo el año tranquila… ¿cuánto tardaré en perderla?

Me siento una ceniza y de verdad que lo siento.

Quizás este 2026 acabe el libro en el que llevo enfrascada unos años, ojalá…

Mis mejores deseos (por favor, que se cumplan algunos).


«A mi aire» (8 enero)

El escepticismo tiene mala prensa, pero para mí es un indicador de cierta orientación ética en el mundo.


«A mi aire» (15 enero)

Si algo tenemos que agradecer a la evidencia de que el mundo esté en manos de mafiosos cuyo único objetivo es el negocio y el beneficio, es la claridad de lo que nos espera a todas, excepto a su club mafioso de milmillonarios.


«A mi aire» (22 enero)

La táctica mafiosa se fundamenta en el terror y la violencia, pero no es menos importante el gregarismo social que lo sustenta. Todo ello está en la base del totalitarismo.


«A mi aire» (29 enero)

Dice la neurociencia que el pensamiento es dialógico y yo me lo creo porque si algo caracteriza al anarquismo en el que me siento cómoda es dialogar sobre cómo organizarse y cómo llevar a la práctica la revolución del aquí y ahora.

lunes, 23 de febrero de 2026

NEOLIBERALISMO Y POLÍTICAS AUTORITARIAS (II)

 



Pese a nuestro escepticismo y rechazo hacia las democracias liberales, las rebeliones antidemocráticas que crecen a nuestro alrededor suponen un ataque en toda regla a lo político, lo social, el bien público, el igualitarismo y la justicia social en nombre de la libertad y la moralidad tradicional.

El ataque neoliberal tiene como objetivo «lo político» puesto que es lo que sostiene la posibilidad de la democracia, entendida como gobierno del pueblo. Hay una diferencia importante entre «lo político» y «la política», esta segunda se refiere a las instituciones, coincide con los Estados y se identifica con las particularidades del poder político.

«Lo político», es la energía de conflicto de toda comunidad que subyace a la sociedad y crea las bases sobre las que se asienta el orden político, es decir la política. Wendy Brown dice que es una especie de teatro de deliberaciones, poderes, acciones y valores donde la existencia común es pensada, formada y gobernada. Los poderes de «lo político» son generados por la comunidad y crean un espacio distintivo de sentido para un pueblo, que genera identidad individual y colectiva de cara a otros.

Por todo ello, el neoliberalismo quiere limitar y contener lo político, separándolo de la soberanía, eliminando su forma democrática. Busca limitar y desdemocratizar lo político. Para este fin, los neoliberales han impulsado Estados e instituciones supranacionales despolitizadas, leyes para proteger la economía mundial, modelos de gobernanza basados en principios empresariales, sujetos orientados por el interés y disciplinados por los mercados y la moral. Es decir, potencian la gestión, la ley y la tecnocracia, en contra de la deliberación democrática, la protesta y el reparto de poder.

Nos olvidamos cuando vemos los resultados de los partidos de extrema derecha que crecen, aparentemente, sin hacer nada, que llevamos varias décadas de hostilidad contra lo político y que esa aversión ha generado, en poblaciones neoliberalizadas con un individualismo extremo, desorientación respecto a la diferencia que existe entre las democracias liberales y los sistemas totalitarios.

El neoliberalismo trata de desacreditar las democracias desvinculandolas de los estándares de veracidad, de lo razonable, de la responsabilidad y de la solución de los problemas a través de la comprensión y negociación de las diferencias. En combinación con el declive de la calidad de vida en el Norte Global, rasgo predecible de la globalización neoliberal, y con un futuro existencialmente amenazado, el ataque de la ira populista contra la democracia crece. Ese camino conduce a un sistema híbrido llamado «democracia autoritaria» o «iliberalismo», que funciona en la práctica como una autocracia. Aunque mantiene fachadas electorales, concentra el poder en líderes que restringen libertades, debilitan contrapesos institucionales y utilizan el Estado para perpetuarse, anulando la alternancia política. Esta es la peligrosa deriva que Trump está llevando a cabo en Estados Unidos.

Todos los planteamientos neoliberales, cuyos intelectuales tienen algunas diferencias (Milton Friedman, Friedrich Hayek, los ordoliberales cercanos a Carl Schmitt entre otros), coinciden sin embargo en algunos aspectos:

1.     Perciben las libertades individuales y los mercados, junto con la moralidad tradicional, como amenazados por los intereses y los poderes coercitivos y arbitrarios albergados en lo político.

2.     Todos cuestionan que lo político genere intereses que puedan distorsionar los mercados: las mayorías democráticas, los pobres, las mujeres, las personas racializadas o quienes promueven nociones como el bien común son algunos ejemplos.

3.     Se oponen al diseño político de la sociedad y, por tanto, a las políticas y los bienes públicos. Para ello tratan de contener los poderes políticos sometiendo a la política a coordenadas y medidas económicas y ponerla bajo el yugo del mercado.

Lo político, o lo que algunas denominan «democracia fuerte», es decir, movimientos sociales, democracia directa e incluso demandas democráticas al Estado, es marcado por el neoliberalismo como totalitarismo, fascismo o gobierno de las mafias. No pretenden, sin embargo, un Estado débil, sino que lo que buscan es un Estado unificado y fuerte, austero, no soberano y al margen de los compromisos pluralistas y las demandas de la población. El neoliberalismo teme a los sectores pobres y las clases trabajadoras que están interesadas en un Estado social. Las posibilidades para evitar su fuerza son privarles o dificultarles el derecho a voto o engañarles recurriendo a los privilegios y poderes apelando a la libertad antes que a la igualdad. Ingenuamente habíamos pensado en el pasado que los sectores populares se movilizaban siempre en contra de los privilegios y estamos viendo que en el siglo XXI, en momentos de deterioro de su situación económica y social, pueden movilizarse por defender lo que consideran privilegios: la blanquitud frente a la población racializada, la masculinidad frente a las mujeres, la nacionalidad frente a la población migrante, la heterosexualidad frente a la diversidad, etc.

Los efectos de la globalización que han incrementado las desigualdades y la inseguridad se han configurado como las bases de los populismos de derecha y de la demagogia política en el poder. La extrema derecha está sabiendo canalizar un descontento social que crece (salarios bajos, vivienda que absorbe gran parte de los ingresos, precios del comer que agravan la situación de los consumidores, dificultad de acceso a las ayudas sociales, etc.) y lo está sabiendo dirigir contra un falso «enemigo»: la migración y contra la clase política tradicional.

La crítica a la democracia y a lo político está enmascarada a través de la libertad individual. Los llamamientos a limitar el poder político en nombre de la libertad, algo en lo que insisten VOX y Ayuso en España, justifica el rechazo del Estado que regula y defiende limitar la voz política del pueblo. Y eso pese a que la famosa Ley Mordaza se muestra intocable por parte del gobierno socialdemócrata, llamado «progresista».

 

viernes, 13 de febrero de 2026

NEOLIBERALISMO Y POLÍTICAS AUTORITARIAS (I)

 



El Neoliberalismo lleva unas cuantas décadas extendiéndose por el mundo sin que haya encontrado una oposición importante en el terreno institucional. Más resistencia y lucha ha encontrado en la calle: movimientos antiglobalización de la década de los noventa del siglo XX y movimientos de las plazas contra la crisis financiera mundial y la recesión económica de 2008 que generaron una profunda crisis social.

En el terreno institucional, da igual que haya gobernado el conservadurismo que la socialdemocracia, desde la década de los ochenta del siglo pasado, el neoliberalismo se ha ido imponiendo aun cuando ha ido evolucionando e integrando nuevos elementos. Por ese motivo, algunas autoras hablan de que actualmente está en «ruinas»[1] si se atiende a cómo fue concebido en su origen.

Ciertamente el neoliberalismo se asoció a instituciones, políticas y relaciones básicamente económicas:

·       *Privatización de la propiedad y los servicios públicos (en España hemos vivido procesos de privatización de Repsol, del agua, de Telefónica, de la vivienda, del ferrocarril, de los servicios de hospitales públicos, etc.). Esta privatización ha ido reduciendo el Estado social.

·       *Desregulación del capital más o menos intensa según los países. Elon Musk está muy interesado en intensificar dicha desregulación en Europa y está dispuesto a declararle la «guerra» si no cede.

·      *Control del factor trabajo y quiebra de las organizaciones de trabajadores y trabajadoras. El proceso es evidente en España y en todos los países.

·       *Impuestos y tarifas que favorecen las inversiones extranjeras. También es un proceso evidente desde hace años.

Algunos analistas, especialmente los neo marxistas, entienden el neoliberalismo como una nueva versión del capitalismo que ya no necesita realizar concesiones económicas, políticas y sociales debido al derrumbe del llamado «socialismo real» que sobre todo a partir de 1945, acabada la II Guerra Mundial, parecía ser una alternativa al capitalismo.

Sin embargo, Michael Foucault ya consideró que el neoliberalismo era sobre todo una alteración de los valores, coordenadas y principios de realidad que gobernaban el liberalismo. Para él, el neoliberalismo es una racionalidad nueva que desbordaba lo económico convirtiendo los principios de mercado en principios de gobierno aplicados por y al Estado (da igual quienes sean sus gestores: conservadores o socialdemócratas). Puesto que estos principios circulan a través de las más diversas instituciones y entidades en toda la sociedad (centros de enseñanza, lugares de trabjo, centros sanitarios, ocio, etc.), son «principios saturadores de realidad» puesto que gobiernan todas las esferas de la existencia.

Los mercados, además, necesitan apoyo político y de ahí surge lo que Foucault denomina «gubernamentalización del Estado» que consiste en que el gobierno está orientado a favorecer a los mercados y estos deben ser construidos, favorecidos, equipados y eventualmente rescatados por el Estado. De esta manera se produce una transformación de la gubernamentalidad liberal a la neoliberal en la que el Estado, el capital y el trabajo se reprograman de manera novedosa.

Coincido con quienes consideran que estamos en presencia de algo nuevo, distinto de los autoritarismos, fascismos, despotismos o tiranías de otros tiempos y espacios (Wendy Brown). Lo que viene sucediendo, no puede entenderse con las herramientas conceptuales de la política tradicional. Requiere, más bien, una interpretación antropológica de cómo las sociedades occidentales (y gran parte del planeta) han mutado tras la destrucción del movimiento obrero organizado y su perspectiva internacionalista. No se trata de un simple retorno al fascismo, aunque el nacionalismo fascista sea el referente discursivo de la clase política reaccionaria. Su ideología no nace de la política ni del pensamiento, sino de una mutación antropológica: la descerebración producida por la tecnología y la psicopatía[2]. Son solo dos ejemplos, Brown y Berardi, de que nos enfrentamos a algo nuevo, probablemente más feroz y cruel que lo que ocurrió en el siglo XX.

El anarquismo y otros sectores de la izquierda no institucional (excluido el llamado «progresismo» que ha colaborado en este proceso de neoliberalización), ¿comprendemos lo que está sucediendo en el mundo con el ascenso de las políticas neoliberales y antidemocráticas? Y no es que defendamos la democracia como el mejor sistema político puesto que su base es el capitalismo puro y duro, pero sì debemos entender los motivos por los que el neoliberalismo acaba defendiendo posiciones antidemocráticas, es decir autoritarias. Sería muy inoportuno y desmoralizador que no fuéramos capaces de interpretar lo que sucede con el «trumpismo» y sus diversas versiones en el mundo (también en España, claro) que crecen como una ola imparable. 


Laura Vicente



[1] Así lo afirma Wendy Brown (2021): En las ruinas del neoliberalismo. El ascenso de las políticas antidemocráticas en Occidente. Madrid, Traficantes de sueños. Otros libros suyos: La política fuera de la historia (2014). Madrid Enclave de libros. Estados amurallados, soberanía en declive (2015). Barcelona, Herder. Estados del agravio. Poder y libertad en la modernidad tardía (2019). Madrid, Lengua de trapo. Estos libros han influido mucho en este texto. 

[2] Franco Berardi Bifo (2025): Pensar después de Gaza. Ensayo sobre la ferocidad y la extinción de lo humano. Buenos Aires, Tinta Limón.

martes, 3 de febrero de 2026

«A mi aire»

 


2025

(de mi cuenta de IG: @lauramartierra)

«A mi aire» (4 diciembre)

La teoría (de cualquier cosa, individual o social) es una cosa y la práctica es otra. La teoría no suele cambiar la práctica, en cambio sí es posible, al contrario.

La práctica está condicionada por muchos factores, no siempre basados en la lógica y en la razón. Es por ahí por donde debemos empezar, luego ya teorizaremos si lo vemos necesario.


«A mi aire» (11 diciembre)

Dedicado a Putin y Netanyahu

Dice el Tao:

«Toda victoria es horrible

y hermosa la encuentra solamente

aquel a quien le gusta matar;

y aquel a quien le gusta matar

jamás conquistará los demás reinos».


«A mi aire» (18 diciembre)

En Australia han prohibido a los menores de 16 años acceder a las redes sociales.

Las prohibiciones no me gustan, significan que las cosas se han descontrolado y solo queda castigar. Mirar hacia otro lado como si no sucediera nada cuando las cosas se han descontrolado, me parece la táctica del avestruz.

¿Las cosas están en nuestras manos o ya no?


«A mi aire» (25 diciembre)

Hay pocas oportunidades para ser optimista, hoy no es una excepción.

Me deja para el arrastre que las agresiones y el acoso sexual y laboral no sean una línea roja para los partidos que apoyan al Gobierno.

Disfrutad de lo que quiera que hagáis un día como hoy.



viernes, 23 de enero de 2026

DIALOGAR O ENJUICIAR

 


El tiempo siempre atempera las pasiones, en este caso me refiero a las que producen las ideas y los proyectos de transformación. Quizás por eso, hoy me gusta más que en el pasado compartir, conversar, debatir, reflexionar y meditar sobre ideas y sobre agencias lo más situadas posible en la realidad, en la cotidianeidad, en las luchas, en la vida, en la experiencia…

Siempre que puedo me gusta practicar el ejercicio de dialogar, ese ejercicio de atención colectiva sin guion, ni algoritmo que organice. Cuando las conversaciones son en público e intervienen más de dos personas comprendo que hay que dejar espacio para que cada cual intervenga o guarde silencio. Es cierto que esta afirmación tiene una lectura de género difícil de revertir, a saber: que los hombres intervienen mucho y las mujeres guardan mucho silencio.

Como señala Amador Fernández Savater, es muy positivo acompañar la palabra del otro con la escucha, un gesto de aliento o la repregunta. La conversación se teje y se sostiene entre todas. Las palabras derivan, se trenzan y destrenzan; nos autorizamos a reír, a poetizar, a pensar. Salimos de nosotras mismas. Y es que conversar, con-vertere significa tornarse uno hacia el otro. Si interviene la moral, la conciencia, el diálogo se atasca, no circula con fluidez

Últimamente mis escritos provocan reacciones polémicas, a veces airadas, e incluso parece que atentan contra la «conciencia» de quienes las han reclamado o las leen. Siempre he pensado que, a diferencia del marxismo, el anarquismo no tiene santos-pensadores intocables (por supuesto hombres) y aunque es cierto que hubo bakuninistas en el siglo XIX, no tuvo continuidad como si la tiene con los marxistas todavía hoy.

Los marxistas han acostumbrado a debatir y a enfrentarse, incluso a odiarse, por temas doctrinarios, teóricos (en los cuales se incluye la defensa de sus referentes: Marx, Engels, Lenin, Gramsci, y otros muchos, incluso Stalin… que ya hay que tener ganas). Los anarquistas, en cambio, han debatido, y sí, se han odiado también, más por cuestiones organizativas y de práctica de algún tipo: disputas como las que enfrentaron a anarco-colectivistas con anarco-comunistas, a anarco-sindicalistas con sindicalistas, a plataformistas, consejistas, individualistas, insurreccionalistas, etc., etc.

Quizás por preocuparse más por la práctica que por la teoría, al ámbito anarquista le ha gustado dialogar, conversar, debatir, reflexionar y meditar sin que la doctrina, la ideología, la verdad o el enjuiciamiento moral de la «conciencia» lo impidan. No digo que siempre sea así y que no haya habido lo contrario, pero comparto con David Graeber que gran parte de la práctica anarquista gira alrededor de un cierto principio diálogico. ¿Cuántas vueltas hemos dado en el ámbito anarquista a aprender cómo tomar decisiones pragmáticas, intentar que sea por unanimidad y procurar no recurrir a votar para no subsumir, a quienes son minoría, bajo el punto de vista de la mayoría?

Parece que en realidad el pensamiento real es dialógico, no cartesiano en el sentido de que se inicia con el individuo autoconsciente y después le da vueltas a cómo comunicarse con otras personas.

Aunque nos han educado en la unidad de teoría y práctica, el anarquismo casi siempre ha optado por la práctica de forma mucho más pronunciada que otras corrientes socialistas, desde luego que el marxismo.

Resumiendo: cuando alguien quiere saber la opinión de otra persona sobre algún tema es que está dispuesta al diálogo, al debate, a la reflexión. No se pregunta la opinión cuando previamente se la ha anatemizado alegando su «conciencia», es decir enjuiciándola desde la moral.

 Laura Vicente