Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

jueves, 23 de abril de 2026

Democracia y Anarquía. Reflexiones sobre un libro

 



El libro de Donatella Di Cesare: Democracia y anarquía[1] es un libro exigente que obliga a quien lo lee a adentrarse en el significado y etimología de palabras y conceptos de la Grecia clásica analizando, en algunos casos, sus cambios de forma y significado a lo largo del tiempo. La lectura, salvando este obstáculo, es fluida y sencilla.

Di Cesare parte de la actualidad para señalar que la democracia griega se ha ido transformando en un «monumento», un arquetipo inmóvil, un modelo fugaz para poder ser colonizado por las «verdaderas» democracias que son las modernas.

En la base de la visión monumental está la fe en la homogeneidad y en la continuidad, una cadena que se desarrolla ininterrumpidamente a lo largo de los milenios. La historia monumental acerca, generaliza e iguala lo disímil; falsea con analogías engañosas, ilusiona con semejanzas seductoras. En contraposición, grandes partes del pasado se olvidan y se desprecian.

La autora se plantea la cuestión del método para una investigación que no pretenda ni recorrer el itinerario ya trillado de la historia monumental ni seguir las huellas de la cronología rectilínea que desde el inicio milagroso conduce al resultado final. Recupera a Foucault cuando retoma la crítica para conjurar la «quimera del origen» que se cierne sobre toda investigación histórica y asume que es necesario deconstruir esa tradición dominante. Di Cesare retoma el concepto de «arqueología filosófica», que es la práctica que en toda indagación histórica tiene que ver no con el origen sino con el punto de surgimiento del fenómeno que debe confrontarse con las fuentes y con la tradición. El objetivo de la arqueología es llegar a la línea de falla. La atención se dirige, no al origen, sino al surgimiento.

La investigación de la democracia busca excavar en esa historia monumental para que emerja esa línea de falla en la que aparece un elemento reprimido durante siglos: la anarquía. Pese a que ese elemento se ha ignorado e invisibilizado, la autora considera que la democracia es, en esencia, anárquica.

Para fundamentar esta visión de la democracia, la autora recurre a la fuente griega y a ello se dedica en seis capítulos. El capítulo segundo, titulado expresivamente: «Anarqueología. La excavación filosófica», señala que la relación con el pasado (en su caso con los griegos) se ha planteado desde dos posiciones: la posición historicista que plantea que hay que tener una fidelidad al legado que hay que transmitir, tal como es, a la posteridad y la posición ahistórica: que implica el olvido del pasado.

La autora considera que hay un camino diferente: el abierto por la hermenéutica filosófica que consiste en reeducar la mirada. Requiere liberarse de las ataduras histórico-eruditas y ponerse a la escucha de palabras en las que parecen condensarse las experiencias originarias del pensamiento. Dialogar con los griegos no significa regresar a una lejanía arcaica, fuera del presente, sino escuchar desde lejos una palabra que para el presente nunca se ha perdido.

Partiendo de este método, en los capítulos tres y cuatro indaga en el espectro de la anarquía (es decir, falta de mando, ausencia de gobierno) y entiende que la democracia se aleja de las formas políticas árquicas (las que se apoyan en el fundamento soberano) y pretende poner el poder en manos de todos los ciudadanos porque la virtud política ha sido distribuida a todos. Es el gesto anárquico el que inaugura el espacio político y pone en marcha la democracia, el nacimiento de lo político se debe a una destronización de la arché (principio, fundamento/mando).

Continúa la autora indagando en los capítulos cuatro, cinco y seis en la trama de la historia de los bajos fondos y márgenes olvidados o ignorados por las historias memorables. Así mismo presta atención a la dominación desenmascarada, a la relación de fuerzas que se invierte, a la palabra inédita, lanzada como lema de desafío o reafirmada como sello de una victoria que pasa también por la lengua. Busca ese punto de emergencia, esa línea de falla, rechazando como ya hemos dicho el desarrollo lineal de la historia monumental.

Y las conclusiones a las que llega es que la polis era una comunidad aestatal, descentralizada, no apoyada en vínculos parentales, ni girando en torno a un arché, sino confiada solo a vínculos políticos. Desde luego hay un riesgo continuo y aparente que era el de la disolución.

Son en particular las mujeres las que traen el tumulto, que es la interferencia perturbadora entre dentro y fuera. En la insurrección del pueblo, la acción más sediciosa es la de las mujeres, es una revuelta dentro de la revuelta de unas inesperadas compañeras que se enfrentan a los oligarcas con las armas improvisadas de los no combatientes. Amenazan al mismo tiempo la política de los hombres, presionando en los confines de la polis. En su íntima extrañeza, y en su extraña intimidad, desdibujan la frontera entre el adentro y el afuera, dejando aflorar lo reprimido de la an-arché de fondo.

Sabemos que la reducción liberal, ha convertido la palabra «democracia» en una etiqueta manida y obvia, anquilosada y asentada. La pérdida de claridad la ha convertido en un comodín opaco, en la fórmula de una representación recurrente. Ahora parece solo un poder nominal.

La desaparición de la democracia parece hoy posible y se plantea a la sombra del desencanto. Es desafiada desde el exterior por amenazas autoritarias, desde el interior por gobiernos tecnocráticos y por presiones populistas. Ante esa situación de peligro las propias democracias se plantean contenerla, regularla, disciplinarla; se vislumbran normas para aumentar la gubernamentalidad. Todas estas teorías normativas consideran la democracia simplemente como un régimen político y un conjunto de instituciones que pueden caer en la ineficacia y que necesita reglas

El libro de Di Cesare se sitúa en el polo opuesto del normativismo, inscribiéndose en lo que se denomina «democracia radical». Si la democracia muere es por no ser suficientemente democrática, por privarla de su dinamismo y de su inventiva. En la radicalidad democrática desaparece el fundamento (es in-fundada), el principio, el arché. Radical para la democracia significa no estar arraigada en ningún fundamento que no sea su propia realización. La democracia radical reivindica su conflictividad política, el desorden permanente, se revela cercana a una contestación, a una interrupción del poder.

Está claro que la democracia radical no es una escuela de pensamiento homogénea y cohesionada, sin embargo entre las diversas tendencias que, a veces, pueden entrar en conflicto, se pueden distinguir tres motivos en común:

1.La democracia no tiene un principio estable, un fundamento último (un arché que tiene el doble sentido de principio y mando). Lo que se discute es el fundamento último, no cualquier fundamento con desarrollo histórico. Solo donde el fundamento cede, el principio ya no aparece como tal, sale a la luz la an-arché que marca la democracia.

2.La democracia no parece limitable ni a un régimen político ni a un conjunto de instituciones. La complejidad inestable, la contingencia de fondo, la indeterminación en la base de la democracia no puede reducirla a principios y fundamentos.

3.Las teorías radicales se sitúan en la divisoria de esa distinción entre la política (ejercicio institucionalizado) y lo político (el ámbito extrainstitucional y extraestatal). Por un lado, está el entramado de estructuras e instituciones y, por otro lado, la posibilidad de transgredirlas y superarlas. La política es el cálculo y la gobernanza, que administra con el objetivo de resolver los problemas. El ámbito de lo político no es el de la solución, sino el de la pregunta.

Como es in-fundada desde su origen, la democracia solo puede sostenerse gracias al vínculo político que de esta manera se inaugura. Concebir el desorden, el magma, el vacío y la falta de fundamento en términos de an-arché permite pensar en una política an-arquica. Pero también permite interpretar el contexto actual según coordenadas aún no experimentadas. Es posible que la amenaza que se cierne no sea el espectro de la anarquía, sino la pesadilla de la arché.

Se propone aquí considerar la política en la tensión entre un polo árquico y un polo anarquico opuesto, entre los cuales se abre un especio de continuidad. La democracia puede mantenerse, con todas sus dificultades, en su an-arché estructural, o puede ser empujada hacia un arché que, mientras que debería sostenerla, la cierra, la amuralla, la cerca. El dispositivo árquico, que deslegitima y vacía la fuerza del kratos (poder, dominio, autoridad) reconduciéndolo al poder de la arché, al mando del inicio, al inicio del mando. Así se produce también una desautorización de la política.

El totalitarismo hace su aparición en la historia en concomitancia con la democracia y constituye su peligro interno. Hoy se puede observar dos tendencias que marcan la política:

·       Una tendencia arcaica, que vuelve a proponer la identidad del inicio.

·        Una tendencia árquica, que reafirma la del mando.

La mayoría de las veces convergen. Estos dos poderes de la arché son las dos caras actuales que revelan la defección de la política y la crisis de la democracia. La democracia es una doble interrupción, además de romper el círculo de un inicio que manda y un mando que inicia, interrumpe la arché también en dos sentidos:

·       Abroga el nacimiento que ordena y dispone, es decir, la autoridad natural, la línea de filiación, la transmisión de lo propio, los lazos de sangre y suelo, el derecho de herencia, el código de la autoctonía; en resumen, la forma arcaica de comunidad.

·       Interrumpe la arché entendida como poder del comienzo que se legitima hoy en el mando estatal.

La despolitización actual debe verse no solo como el predominio del oikos (casa, hogar) de la familia y la economía en la polis, sino también como la reconducción del kratos a la arché. De aquí deriva la impotencia política del pueblo que ya no encuentra la capacidad de intervenir, es decir, de deshacer las partes, y dividirse también a sí mismo gracias a su carga conflictiva.

Un libro para pensar, para reflexionar y para inspirar otra manera de acercarnos a la historia y a la democracia, uno y otra tan adulterados por el pensamiento hegemónico.

Laura Vicente
 

 



[1] Donatella Di Cesare (2025): Democracia y anarquía. El poder en la polis. Barcelona, Herder.

 

lunes, 13 de abril de 2026

Presen Carrasquer, mujeres que hacen brotar la historia

 



Pocas mujeres[1] durante la II República, la Guerra Civil y la lucha antifranquista tuvieron una actividad y militancia dentro del anarquismo por sí mismas (una parte importante de ellas estuvieron dentro del proyecto de Mujeres Libres). La mayoría de las mujeres fueron anarquistas o libertarias por conexión familiar, porque eran anarquistas sus padres, hermanos, compañeros e hijos (sería el caso de Presen Carrasquer). Muchos de sus nombres ni siquiera se conocen porque siempre se nombraban por su relación familiar con ellos que eran los protagonistas.

Voy a poner un ejemplo que encontré por casualidad… Cuando falleció Pepita Not, la noticia de Solidaridad Obrera (5 junio 1938) llevaba este título: «Las compañeras de nuestros héroes. Ha fallecido Pepita Not, compañera de Ricardo Sanz». Y una foto de él, no de ella.

En la necrológica que escribe Juan García Oliver la caracteriza así: «Pequeñita, reducida, y, víctima de lenta enfermedad, ha fallecido, lejos de su Ricardo… la leal y consecuente anarquista Pepita Not».

Señala luego que no era muy conocida en esos momentos, pero sí en los años veinte en los que muchos recordaban «a la compañerita de Sanz que, silenciosamente, colaboraba [con los grupos de acción a los que pertenecía] por el doble derecho de su ayuda personal y por ser la compañera de uno de sus miembros».

La alaba por su «sencillez proletaria» y «dentro de esta sencillez vivía dichosa, ayudando a Sanz en sus luchas y en sus prisiones, velando por el triunfo de la causa proletaria y por la salud y educación de sus hijos. Ella vivía para los suyos y para los demás, consumiéndose lentamente, sin quejas ni lamentaciones, sonriendo dulcemente». Y pasa a hablar de lo orgullosa que estaba de su compañero que estaba al frente de una gran unidad del Ejército Popular y que estaba sufriendo pérdidas importantes como la muerte del padre de Ricardo Sanz y su compañera, Pepita Not.

¡Más de la mitad de la noticia dedicada a él!

Pero Pepita Not que nació en 1900, se afilió muy joven a la CNT, de la que fue una activa propagandista. En 1918, conoció al destacado militante anarquista Ricardo Sanz, quien se convirtió en su compañero. Durante los años 1922 y 1923, formó parte del grupo armado de acción Los Solidarios, en el que hizo de correo llevando correspondencia, dinero y armamento a militantes de Asturias, País Vasco, Aragón y Cataluña. Durante la II República, Not participó en los grupos de apoyo a los presos. Murió a causa de las complicaciones en el parto de su hija, Violeta, (nada se dice en el escrito de García Oliver).

La vida de Presen Carrasquer Launed (1919-2012)[2]

Presen nació en Albalate de Cinca, era la quinta de cinco hermanos, todos chicos menos ella. Su madre murió cuando tenía tres años.

1922-1933

Etapa en la que recibió una importante influencia religiosa por sus tíos y por la educación escolar.

Debido a que el padre se quedó viudo, enviaron a Presen con dos tíos maternos, Félix que era sacerdote y su hermana Carmen.

Su padre se volvió a casar un año después de enviudar y aunque al poco tiempo la retornaron con la familia, la niña no se adaptó y se la volvieron a llevar los tíos. Estuvo con ellos hasta los once años (1930).

En su autobiografía afirma que su infancia fue plácida, sin carencias materiales ni afectivas. Al ser educada por un sacerdote y su hermana hubo una importante influencia religiosa y una educación estricta y aburrida por parte de su tía (cachetes, no jugar apenas con las niñas de su edad, madrugar a las siete para ir a misa cada día, la tía la llevaba a sus visitas, paseos con ella…).

A los once años la dejaron interna en el colegio de Santa Rosa de Huesca para estudiar el bachillerato (1930-1933). Allí estudió los tres primeros cursos de bachillerato, otros tres de piano y cuatro de solfeo. Ella afirmaba en su autobiografía que el colegio era como un cuartel: disciplina y monjas muy rigurosas.

1933-1942

·       Influencia familiar anarquista (tres hermanos). Contacta, a través de ellos, con la pedagogía libertaria.

·       Distanciamiento religioso.

·       Traslado a Barcelona (1934).

·       Guerra Civil.

En 1933, su padre fue a buscarla para llevarla a Albalate, su madrastra pensó, según Presen, que podía ayudarle en las faenas caseras.

Su hermano Félix, que trabajaba haciendo pan en Albalate, se había hecho anarquista cuando aprendió el oficio en Barcelona y un día le dijo que dios no existía, lo cual le impactó mucho puesto que ella era muy creyente. La convivencia con sus hermanos debió generar un interés por la pedagogía al conocer la Agrupación Cultural que había puesto en marcha Félix. Se produce así, vía familiar, su primer contacto con el anarquismo y la pedagogía.

Inicialmente el cambio no le gustó nada por el mal carácter de su madrastra, el cuestionamiento de sus creencias religiosas y el continuo movimiento en la casa.

Su hermano José había acabado la carrera de Magisterio y le destinaron a Aguilar en el Pirineo oscense (al acabar el verano de 1933), pueblo muy pequeño y aislado. Fueron con él, Presen y Jesús su medio hermano (8 años). Ella con 14 años se encargaba, mal según su opinión, de las faenas domésticas y también enseñaba a leer y escribir a los adultos de las clases nocturnas siguiendo la guía de José, anarquista e interesado por la pedagogía. Se preparaba también el 4º curso de bachillerato.

En diciembre de 1933 hubo un conato de revolución en Albalate en el que estaba involucrado Félix que tuvo que escapar del pueblo. Detuvieron también al padre unos días.

A raíz de ese hecho se produce una breve dispersión de la familia. En septiembre de 1934: Félix, Francisco (ambos anarquistas) y Presen marcharon a Barcelona. José (también anarquista) volvió a Aguilar. El padre, la madrastra y Jesús se fueron a Los Corrales, cerca de Huesca, donde el padre ejerció de secretario del Ayuntamiento.

En Barcelona, la convivencia con sus hermanos incrementó su influencia sobre Presen, le decían que era ñoña, monjil y anticuada y la animaban para que fuera más desenvuelta, deportista y moderna.

Félix pensaba en la escuela como medio para mejorar a las personas y a la sociedad. El Ateneo Libertario de Las Corts quiso organizar una escuela racionalista con el apoyo de la CNT y se pusieron en contacto con los hermanos Carrasquer. Para legalizarla necesitaban que uno tuviera el título de magisterio y José fue a Barcelona a participar en el proyecto de la escuela Eliseo Reclús (calle Vallespir)

También el padre, la madrastra y Jesús fueron a vivir a Barcelona.

La fundamentación pedagógica de la escuela se basaba en buena parte en el movimiento de la Escuela Nueva con la huella de Freinet. Pero Félix Carrasquer aporta los planteamientos libertarios que diferencia su escuela de la Escuela Nueva: concepción radical de la libertad y la solidaridad como principios nucleares de la actividad educativa. Organización autogestionaria de la escuela.

Los hermanos y Presen estaban entregados a la escuela y vivían modestamente de su trabajo, pero solo duró el curso 1935-1936.

La Guerra Civil lo cambió todo. Sus hermanos Francisco y José se incorporaron a las milicias y ella se fue con ellos (Caspe, Escatrón). Félix, al ser ciego, se quedó en Barcelona y en octubre de 1936 se marchó a Monzón donde puso en marcha la Escuela de Militantes. Resulta extraña esta elección por parte de Presen.

Presen se dio cuenta de que la violencia que entrañaba la guerra y que también practicaba la izquierda era lo más detestable del mundo (además fusilaron a su tío, el sacerdote).

Cuando las milicias pasaron a ser ejército regular (1937) ella se volvió a Barcelona sin haber pegado un tiro, eso sí, conoció las colectividades, un plan, según sus palabras, «lo más hermoso, humano y justo en lo económico y laboral». José (murió en 1938) en el frente

 En Barcelona trabajó como parvulista en una escuela de la Generalitat y así pasó la guerra.

Presen salió a Francia por la Junquera y en los campos de refugiados, pasó tanta hambre que en 1942 volvió a Barcelona.

¿La podemos considerar anarquista? Su posición era más humanista, quizás libertaria, que anarquista, y con un sentido claro de la justicia social y la libertad.

1942-2012

Etapa más larga de su vida caracterizada por:

·       Autonomía personal y laboral.

·       El distanciamiento de la familia por las consecuencias de la guerra, aunque siempre mantuvo vínculos muy fuertes con su familia disgregada.

·       Retorno a la religiosidad, pero su experiencia vivida entre 1933 y 1943 definen su personalidad para no someterse a una religión estricta y dogmática como era durante el franquismo.

·       Vinculación con la enseñanza aplicando lo que podía de la pedagogía de la escuela racionalista aprendida con sus hermanos.

-1942-1950: Barcelona y alrededores

Hacia el año 1943 fue a ver a su tía Carmen que cuidaba y vivía con una señora mayor enferma en un pueblo de Lérida: Castelló de Farfanya. La tía le convenció para que hiciera ejercicios espirituales e iniciara una fase de búsqueda de dios. El franquismo favoreció el retorno a la vida religiosa, así como la disminución de la influencia familiar: su hermano Francisco no volvió a España, Félix volvió a Barcelona y enseguida fue detenido y condenado a 25 años de prisión (cumplió 12 años), y José murió en el frente durante la guerra.

Para ganarse la vida en la larga posguerra trabajo cuidando criaturas, dando clases particulares y se vinculó a una institución benéfica, Cottolengo, que acogía a personas con discapacidades físicas o psíquicas, ancianos pobres o enfermos incurables. Dio clases en barrios de chabolas (1946-1950) aplicando la pedagogía que había aprendido de las escuelas racionalistas (método Decroly: por centros de interés).

También estuvo muy relacionada con las Damas Negras, congregación religiosa de origen francés en la que Presen estuvo de seglar unos meses (entre 1949-1950) pero no le gustó por su régimen estricto y dogmático.

-1950-1959: Madrid

Se trasladó a Madrid porque habían enviado a Félix al hospital para presos enfermos (estaba mal del hígado por el maltrato sufrido) que tenían en Yeserías. En esta ciudad vivió 10 años hasta que Félix salió de prisión en 1959.

-1959-1966: Las Hurdes, París, Madrid y Fuenterrabía

Trabajó en una pequeña escuela en Las Hurdes en el curso 1959/ 1960.

Marchó a París donde se había trasladado Félix y Matilde para dominar el francés y sacarse un título (1960-1961). Trabajo de fregona.

Entre 1961 1965 vuelve a Madrid: trabaja en un colegio en la zona de chabolas de Vallecas vinculado a Cottolengo y las Damas Negras entre 1961 y 1964. Del 1964 a 1965 se quedó como residente en Cottolengo.

El curso 1965-1966: Fuenterrabía en el colegio de las Damas Negras.

-1966 a 1974: Barcelona

En el colegio de las Damas Negras.

La casita de uno de sus tíos en Albalate se la arregló Presen para pasar allí los veranos a partir de 1970. En 1974, con 55 años, descontenta por el trato laboral que le dieron las monjas, pidió un año de excedencia y ya no volvió al colegio ni a vivir en Barcelona.


-1974-2012: Albalate (con 55 años, muere a los 93 años)

En su pueblo con las clases particulares, una pequeña pensión de orfandad al morir su madrastra y, la de jubilación más tarde, pudo vivir durante 38 años.

En su autobiografía Presen afirmó que no conoció el amor quizás por las circunstancias de su vida, tampoco lo buscó. Si que sintió no haber sido madre, consideró que era algo «maravilloso, admirable, generoso y conmovedor de la vida humana».

Señala que «habría sido feliz dedicándome a niñas huérfanas (…) o a bebés abandonados, pero sintiéndome libre, sin imposiciones arbitrarias o contrarias a mis opiniones o criterios. Y eso en mi juventud, no era factible, por estar toda la beneficencia monopolizada por las monjas».

Ella misma concluyó que su existencia había sido más bien triste, pero que le agradecía a Dios por su excelente salud, «por esa luz interior que me ha iluminado en todo momento», por su vocación pedagógica y por la suerte de encontrar siempre trabajo.

 Laura Vicente



[1] Este escrito fue parte de mi intervención en el acto titulado: «Flores. Mujeres que hacen brotar la historia. Presentación Carrasquer». Celebrado en Huesca el 25 de marzo de 2026. Organizado por el Instituto de Estudios Altoaragoneses.

[2] PRESEN CARRASQUER LAUNED, Mi vida. Año 2000. Manuscrito.

 

viernes, 3 de abril de 2026

«A mi aire»

 


2026

(de mi cuenta de IG: @lauramartierra)

«A mi aire» (5 febrero)

Como historiadora y profesora de historia he investigado y leído sobre sucesos ocurridos en el siglo XX. No sé porqué he tenido la impresión de que los sucesos políticos, sociales y militares más graves era difícil que se reprodujeran adaptados a otra época.

Sin embargo, he vivido situaciones que me han demostrado que lo peor no es nada difícil que ocurra y ahora observo en otros países que es así.

Lo peor es humano, la crueldad es humana, exclusivamente humana.


«A mi aire» (12 febrero)

¿Qué es una enamorada de la montaña? Es alguien que se estremece de placer con la primera nieve sobre los prados, tiembla ante el pináculo soleado de una cumbre, siente un nudo en la garganta ante el minarete de un pico, admira las campanillas azules de las gencianas y siente asombro por los manantiales cantarines. La pendiente siempre es nueva para quien la recorre desde hace años. No hay aburrimiento en repetir lo mismo.

Leed, si os gusta la montaña: «De la amistad con una montaña» de Pascal Bruckner.


«A mi aire» (19 febrero)

La inteligencia (artificial) emancipada de la conciencia ética (sensible al bien de la otra persona como extensión de una misma) puede devenir homicida.


«A mi aire» (26 febrero)

Es agotador comprobar cada día la existencia de agresiones sexuales y abusos de autoridad de los hombres sobre las mujeres.

Pese a que la transversalidad es evidente, la reacción es ocultar los hechos, silenciar a las víctimas y revictimizar a las mujeres agredidas, cuando no matarlas.

Hablo de lo más grave, ¿pero cuantas veces aguantamos las mujeres que se nos cuestione por no responder al modelo que esperan de nosotras ellos, que no se nos respete, que no se nos escuche cuando hablamos?

Estoy harta de verdad.

lunes, 23 de marzo de 2026

NEOLIBERALISMO Y POLÍTICAS AUTORITARIAS (IV)

 Y con esta cuarta entrega concluiremos de momento aunque debemos seguir porque necesitamos comprender lo que está ocurriendo en estos momentos. Esta cuarta entrega aterriza en constataciones que nos pueden ayudar a pensar desde la agencia cómo afrontar este neoliberalismo y sus políticas autoritarias.

 

Escuchaba hace poco que los feminismos están en un momento de retroceso respecto al auge que vivieron durante el periodo anterior a la pandemia del COVID. Como suele ocurrir, los enfrentamientos internos dentro del movimiento han aportado su contribución a dicho retroceso, pero hay muchos otros desencadenantes y no es menor el hecho de que el ataque de las rebeliones antidemocráticas lo son también contra los feminismos.

No es extraño que la extrema derecha no reconozca la violencia de género y proponga como alternativa la violencia intrafamiliar. Las normas patriarcales familiares están incrustadas dentro del autodenominado «bienestar neoliberal». En la moral tradicional que defiende el neoliberalismo la familia tiene un papel relevante para proporcionar, a través de las mujeres, los cuidados familiares. De esta forma arraiga la idea naturalizadora de que la mujer debe ser la encargada de dichos cuidados abandonando el trabajo asalariado.  

ESPAÑA

Puesto que la sociedad no existe, el objetivo es desmasificar, apuntalando a los individuos y a las familias como los que deben proveer las necesidades humanas desde la libertad. Al neoliberalismo le da igual casi todo mientras el mercado sea el centro, sin embargo, a la extrema derecha y sus políticas autoritarias les viene muy bien la moral tradicional para designar a las familias como sustitutas del Estado social. Las familias serían, por tanto, las responsables de los embarazos de las adolescentes, los costes de la educación y la provisión de los cuidados para personas dependientes (infancia, personas discapacitadas y personas adultas mayores), etc.

La articulación de neoliberalismo y moral tradicional anima las campañas de la extrema derecha. Estas campañas señalan como ataques contra la libertad y la moral toda política social que desafía la reproducción social de las jerarquías de género y sexo. De esta manera queda a salvo el privilegio de la masculinidad que contará con el apoyo incluso de los sectores sociales con menos recursos económicos y que puede explicar en parte el voto, en los barrios populares, a la extrema derecha.


                                                               ECUADOR

Los feminismos[1] son un enemigo de primera fila para la extrema derecha con su defensa de la diversidad sexual, su concepción de otros modelos de familia, su defensa del igualitarismo, sus planteamientos sociales, el desvelamiento del racismo, etc. El desmantelamiento del Estado del bienestar va acompañado de la extensión de la esfera privada para deslegitimar el concepto de provisión del bienestar social y el proyecto de democratización de los poderes sociales de clase, raza, género y sexualidad. La vida cotidiana es mercantilizada en una dirección y familiarizada en otra, estos procesos cuestionan principios de igualdad, laicismo, pluralismo e inclusión, y la determinación democrática de un bien común.

Lejos de lo público y lo democrático, la nación aparece de forma privada y familiarista, y el Estado y su represntante como el paterfamilias. De esta manera las naciones se vuelven legítimamente intolerantes contra las personas aborrecidas en el interior (básicamente las personas pobres) y contra los «invasores» del exterior. El estatismo, el control policial y el autoritarismo también se ramifican, ya que la construcción de muros y la securitización es autorizada y requerida por esa privatización.

Desde los anarquismos siempre hemos sido muy críticos con la democracia liberal, nuestra manera de entender la democracia es desde «lo político», llevada a la práctica como democracia radical, como democracia directa. Ahora que el capitalismo considera innecesaria la democracia liberal y opta por la «democracia autoritaria» o «iliberalismo», ahora que logran extender la práctica de una «libertad» entendida solo desde el mercado, ¿cómo deshacer los indecentes oximorones de un neoliberalismo sin prejuicios? ¿cómo enfrentarnos a la ira de los poderosos? ¿cómo liberar la libertad de los mercados o la democracia del autoritarismo?

En primer lugar, los anarquismos tenemos puntos en común que debemos llevar a nuestras prácticas y reflexionar sobre ellas: revolucionar la vida individual y colectivamente desde un claro compromiso ético; rechazar cualquier forma de dominación; por último, pensar, soñar y practicar colectivamente la igualdad y la libertad de la existencia.

El futuro no nos lo va a poner fácil, nos enfrentamos a un capitalismo salvaje, neoliberal, caótico y suicida cuyos objetivos son la obtención de beneficios y que ha colonizado el mundo, no solo territorialmente, sino que ha colonizado nuestra subjetividad profundamente. La sociedad se ha fragmentado en identidades e individualidades cuya fragilidad nos convierte en presa fácil del conformismo que ofrece poca resistencia a las dominaciones. El auge de la extrema derecha y de los nacionalismos agresivos y excluyentes a la vez que nos conducen a guerras que provocan inseguridad mundial, les da argumentos para exigir cada vez más medidas de seguridad, control y vigilancia generando Estados cada vez más autoritarios y represivos que imponen una «seguridad preventiva».

La tecnología militar que nos rodea ha creado las condiciones para la emergencia de una total movilización. En adelante, allí donde nos encontremos, podemos ser identificados, llamados al orden, neutralizados si es necesario. La multiplicación de datos ha hecho de la humanidad un único sistema nervioso, un mecanismo formado por configuraciones estándares previsibles. Estamos ya militarizados, preparados para la guerra[2].

Siempre hemos dado por hecho que los sectores más pobres, más oprimidos, más explotados, más ignorados, tenían una tendencia innata, «natural», a rechazar los privilegios de cualquier tipo. De pronto, nos ha estallado en la cara que no es así y que la población defiende privilegios aún a costa de apoyar al 1% de los milmillonarios votando a sus lacayos de la extrema derecha.



El resentimiento, el rencor, la rabia, la reacción a la humillación y el sufrimiento están en juego en el populismo de derecha y en el apoyo al liderazgo autoritario de hoy en día. Esta política del resentimiento surge de los que han sido históricamente dominantes que sienten la decadencia de ese dominio, incluso los sectores más pobres defienden la blanquitud y la masculinidad que les dan una protección limitada ante las pérdidas de los cuarenta años de neoliberalismo. A esto hay que añadir la estratificación, determinada por la riqueza, que no es nueva pero cuya privatización neoliberal y la legitimación de la desigualdad la hacen más intensa.

Wendy Brown se plantea una pregunta que debemos hacernos: ¿Qué pasa cuando el resentimiento nace del destronamiento, de la pérdida del derecho al privilegio, antes que de la debilidad (como decía Nietzsche)?

Dicen que VOX está siendo capaz de canalizar el descontento en estos momentos, es decir, que está sabiendo canalizar la rabia convirtiéndola en una permanente política de la venganza contra aquellos a quienes se culpa por la pérdida de los privilegios: la masculinidad, la blanquitud, la nación definida como propia y de la que nace el resentimiento de aquellos que sufren la pérdida de los derechos al poder conferido históricamente. El derecho al privilegio destronado denuncia la igualdad (¿Por qué va a ser igual que yo un recién llegado?) e incluso el mérito, para afirmar su supremacía basada en nada más que el derecho tradicional. Y de ahí al asalto neoliberal a la igualdad, la democracia, lo social y lo político hay un trecho muy pequeño.

¿Qué hacer? No lo sé, ojalá tuviera el programa, la estrategia, la táctica y los y las sujetas apropiadas, pero no es así.

Mi tentación últimamente es la deserción, palabra que procede del verbo latino deserĕre: romper un compromiso. Pero yo voy más lejos, mi tentación es abandonar las obligaciones y los ideales.

No voy tan lejos como «Bifo» Berardi que propone la deserción psíquica y física como respuesta racional ante el colapso civilizatorio, climático, guerrero y financiero actual.

De momento no estoy en ese punto pero comprendo su radicalidad.

Pese a esas tentaciones, algunas posibilidades a continuación.




Siguiendo la estela de Foucault: RESISTIR, porque es en los actos de resistencia donde nos hacemos realmente libres.

Desde el punto de vista feminista, persistir en los objetivos, que son diversos según la concepción de la lucha feminista y buscar puntos comunes, por pocos que sean, abandonando la lucha cainita contra las otras concepciones feministas. ¿Es difícil? Mucho. Pero no podemos perder el tiempo en esas luchas en un momento de fuerte cuestionamiento y ataque contra los feminismos y de intento de reforzar el sistema patriarcal más duro.

Algo similar desde los anarquismos, igual de difícil o más. Concentrarnos en las luchas contra todo tipo de dominaciones y explotaciones, buscar la fórmula para desactivar la rabia, el resentimiento, la defensa de los privilegios o en todo caso canalizarlo hacia quienes lo tienen todo, no contra los que viven en nuestros barrios, en nuestros bloques de pisos. Dar un nuevo sentido a la libertad (no la del mercado, no la de la alegría neoliberal-ayusoniana), a la democracia anárquica[3] y a la igualdad real, al apoyo mutuo, a la solidaridad, a cuidarnos colectivamente.

Pensemos la revolución aquí y ahora, quizás no sea tan épica y heroica como las que se pensaron hace cien años, pero quizás sean más eficaces que aquellas. O no, el tiempo lo dirá.

 

Laura Vicente

[1] Somos conscientes de que los planteamientos, reivindicaciones, sujetos y políticas son muy diversos dentro de los feminismos y por eso su uso en plural, pero aquí mezclamos todos porque para la extrema derecha no hay feminismo «bueno».

[2] Es muy revelador el libro de Giuliano da Empoli (2025, 2ª ed.): El mago del Kremlin. Barcelona, Seix Barral.

[3] Es excesivamente académico y filosófico, pero es muy fructífera la lectura del libro de Donatella Di Cesare (2025): Democracia y anarquía. El poder en la polis. Barcelona, Herder.

viernes, 13 de marzo de 2026

NEOLIBERALISMO Y POLÍTICAS AUTORITARIAS (III)

 

                                                         Ugland House. Islas Caiman


Como decíamos, «lo político», es la energía de conflicto de toda comunidad que subyace a la sociedad y crea las bases sobre las que se asienta el orden político, es decir «la política». Los poderes de «lo político» son generados por la comunidad y, ante el entramado de estructuras e instituciones de «la política», conforma la posibilidad de transgredirlas y superarlas. El ámbito de «lo político» no es el de la solución de problemas, sino el de las preguntas[1]. No obstante, el neoliberalismo arremete y cuestiona ambos ámbitos porque cuestiona los fundamentos de la forma política.


Pero no se queda ahí la cosa, destruir lo político significa desmantelar a la comunidad, a la sociedad. El neoliberalismo, con su defensa de los milmillonarios, sueña con escapar del Estado y huir de lo repulsivo que les parece la idea de lo público. Llevan décadas, como ya hemos dicho anteriormente, practicando agujeros en el tejido social e impulsando que desertemos de lo colectivo. Para evitar los programas de protección social, los derechos socioeconómicos y el gasto en ámbitos como la protección medioambiental, la educación y la sanidad pública, lo más «práctico» es que no haya democracia.

Toca reiterar que la democracia liberal nos ha llevado hasta aquí, no es el sistema a defender, pero el plan del neoliberalismo es una economía de mercado sin normas, sin reglas, sin límites. Algo que ya practica el capitalismo, con el visto buenos de dichas democracias, practicando agujeros en el territorio del Estado nación, creando zonas de excepción con legislaciones diferentes y, muchas veces, ajenas al control democrático. Por poner un ejemplo, es el caso del Edifico Ugland House, en las Islas Caimán que es la sede de doce mil sociedades empresariales. En su momento Barack Obama dijo: «O bien es el edificio más grande del mundo, o bien es el mayor fraude fiscal del que tenemos constancia». Era legal, un elemento cotidiano en el sistema financiero global[2].

Pero volvamos al desmantelamiento de lo social, es decir, al estatuto demonizado de lo social en la gubernamentalidad neoliberal. El ataque a la sociedad y a la justicia social es muy típico del proyecto de destrucción y de desprecio del Estado social en nombre de individuos libres responsabilizados.

Este desmantelamiento de lo social tiene lugar en muchos frentes. Uno de ellos consiste en negar la existencia de la propia sociedad como hizo M. Thatcher en 1980 o, simplemente, en banalizar la preocupación de la sociedad por la desigualdad o por no pagar impuestos las grandes empresas haciendo referencia a la «política de la envidia» de los pobres a los ricos. La justicia social, de esta manera, se desafía de la mano de la autoridad natural de los valores tradicionales. Mientras decrecen las inversiones sociales en salud, educación, vivienda, cuidado infantil, cuidado a los mayores y seguridad social, se reasigna a la familia (en especial a las mujeres) la responsabilidad de sostener a todo tipo de personas dependientes.

Este asalto a la justicia social desafía la igualdad, pone en la palestra las guerras culturales, convierte la libertad (de los mercados, de los milmillonarios) en argumento para desafiar y cuestionar otros elementos como el laicismo, la protección del medio ambiente, de la seguridad del trabajo, etc. y desorienta a la izquierda que no sabe cómo encarar este desafío. Si no hay sociedad, sino solo individuos y familias regidos por los mercados, la desigualdad no tiene el terreno vital de la justicia puesto que es en lo social donde se viven las sujeciones y las exclusiones, estas se identifican y se pueden cuestionar. Si solo hay individuos y familias la tentación de pensar que somos nosotras las culpables de la exclusión es muy fuerte. Cuando el neoliberalismo hace desaparecer las jerarquías sociales y las reivindicaciones colectivas, reducen todo a «lloriqueos» de personas fracasadas, a woke.

La libertad sin la sociedad es un puro instrumento del poder, desprovisto de las preocupaciones por los otros, el mundo o el futuro. De hecho, aparece la consideración de que es libertad de expresión todo sentimiento de (pérdida de) privilegio basado en la blanquitud, la masculinidad o la españolidad/catalanidad/vasquedad (en peligro), a la vez que niega que sea un producto social. El derecho al privilegio perdido se convierte fácilmente en rabia «justificada» que a su vez se convierte en la expresión de la libertad.

Afirma Wendy Brown que es un signo del triunfo de la razón neoliberal el hecho de que la gramática de lo social, incluyendo su relación con la democracia, haya desaparecido en gran medida de las visiones de futuro de la izquierda. La herramienta más poderosa para reemplazar la democracia por los mercados desregulados es arrancar la libertad de la sociedad y de la política.



[1] Donatella Di Cesare (2025): Democracia y anarquía. El poder en la polis. Barcelona, Herder, p. 41.

[2] Quinn Slobodian (2023): El capitalismo de la fragmentación. El radicalismo de mercado y el sueño de un mundo sin democracia. Barcelona, Paidós, pp. 15-16