Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

martes, 13 de abril de 2021

PENSANDO SOBRE EL 8M Y EL MOVIMIENTO OBRERO

 



No está de más recordar algunos aspectos históricos del 8M.

Origen: fue el 28 de febrero de 1909 cuando se celebró por primera vez en Nueva York el Día Nacional de la Mujer organizado por las mujeres socialistas tras una declaración del Partido Socialista de los EUA en honor a la huelga de las trabajadores textiles que en 1908 protestaron por las penosas condiciones de trabajo exigiendo la reducción de la jornada laboral, mejores salarios y el derecho al voto.

En 1910, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas reunida en Copenhague se reiteró la demanda de sufragio universal y, a propuesta de Clara Zetkin, se proclamó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Pocos días después de celebrarse por primera vez, se produjo el incendio en la fábrica de camisas Triangle de Nueva York el 25 de marzo de 1911. Murieron 146 mujeres y 71 resultaron heridas por no poder salir del edificio, pues habían sido encerradas sin posibilidad de escapar.

En plena Iª GM  se produjo en Rusia la Revolución.  El 8 de marzo de 1917, día Internacional de la Mujer, hubo incidentes en las largas colas de mujeres para conseguir pan, que se convirtieron en manifestaciones espontáneas a favor del final de la guerra.

***

Estos aspectos históricos del 8 M, nos llevan a algunas reflexiones:

I-

El origen del 8 M está asociado a las mujeres trabajadoras asalariadas y a la industria textil, sector muy feminizado en el que las niñas y las mujeres trabajaron por salarios muy bajos, jornadas laborales largas y malas condiciones de trabajo. En este sentido podemos recordar a las anarquistas: Emma Goldman en EUA (describe  su experiencia como trabajadora textil en Viviendo mi vida) o a Teresa Claramunt tejedora que participó en la «Huelga de las siete semanas» en Sabadell en 1883, por la reducción de la jornada laboral.

Pero esta jornada está asociada también al socialismo que enseguida introdujo entre las reivindicaciones laborales el derecho a voto. La socialdemocracia consideraba fundamental desarrollar las mejoras en las instituciones. Son patentes los intentos de institucionalización del 8M

II-

Las mujeres no son solo trabajadoras asalariadas sino que están encargadas de los «cuidados», es decir, de todo lo necesario para que la vida funcione pero que no está en el centro de la economía capitalista, es  la cara oculta de la economía que tienen que afrontar las mujeres. Tenemos una economía en la que la vida no es responsabilidad colectiva sino que es individual de las mujeres. El sistema necesita esa cara invisible porque se basa en el expolio de la vida.

Esto explica que las mujeres tengan protagonismo en conflictos que ponen la vida en el centro: vivienda (alquileres, deshaucios), la renta, los alimentos, la tierra, la paz, etc.

En este sentido podemos hablar de las huelgas de alquileres potenciadas en la primera década del siglo XX por mujeres, entre ellas Teresa Claramunt. Las protestas por las subsistencias que se produjeron en 1918 en España o en Rusia durante la Iª GM, la luchas por el pan y la paz. En España hubo mujeres pacifistas, entre las anarquistas: Amparo Poch.

III-

Las mujeres en múltiples ocasiones han sentido una clara incomodidad en las instituciones, organizaciones y movimientos de protesta, revuelta y revolución por su carácter patriarcal. En este sentido, las mujeres anarquistas en España enseguida mostraron su malestar por el trato que recibían en las sociedades obreras internacionalistas y luego sindicatos y optaron por no ingresar en estas organizaciones o limitarse a ser afiliadas. Algunas de ellas decidieron: constituir sociedades obreras de mujeres, organizaciones feministas de afinidad (librepensadoras o claramente libertarias) o reunirse por separado de los hombres para luego tener más fuerza para intervenir en los Sindicatos. En definitiva buscaron crear organismos igualitarios, seguros (no mixto), sindical o feminista. Ambas identidades, la de género y la de clase, se interseccionaron.

1) Creación de organismos obreros de mujeres, TC estuvo involucrada en algunos de ellos: Sección Varia de Trabajadoras anarco-colectivistas de Sabadell (1884), la Agrupación de Trabajadoras de Barcelona (1891) y el posterior Sindicato de Mujeres del Arte Fabril (1901). Son organizaciones que se plantearon como asociaciones de obreras cuya base organizativa era la sociedad de oficio; su objetivo era la emancipación de los dos sexos ya que la lucha era común, pero haciendo especial hincapié en la lucha contra la explotación de las obreras. En su seno se fue definiendo un feminismo obrero de carácter social.

2) Reuniones de mujeres previas a las reuniones mixtas, sabemos que las hubo en los años treinta.

3) Organizaciones de mujeres no sindicales

·         Organizaciones feministas Librepensadoras. Teresa Claramunt participó en la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona (1889) o la Asociación Librepensadora de Mujeres (1896) y la Sociedad Progresiva Femenina en 1898. Eran  organizaciones de mujeres de condición social muy variada y con una procedencia ideológica diversa encontraron puntos de coincidencia dentro del movimiento librepensador. Feminismo social.

·         Grupo Cultural Femenino (Barcelona, 1934) era un grupo de mujeres que se basaba en la afinidad, no en el oficio. Sus objetivos[1] estaban relacionados con el acceso a la libertad, la cultura y el ámbito público.

·         Mujeres Libres (Madrid y Barcelona, 1936) era una organización basada en la afinidad, no en el oficio, es solo de mujeres, su contenido no es sindical y tiene un claro contenido feminista (social).




IV

Un acontecimiento: La revolución social (1936)

Mujeres Libres participó «a su manera» en la Revolución social de 1936 en la que desarrollaron un «más allá» del imaginario revolucionario clásico, del modelo de revolución modelizada (explicar). Las mujeres no entraron en ese modelo: de las milicias fueron expulsadas a la retaguardia, en los Comités apenas tuvieron cabida, solo en las colectivizaciones tuvieron cierta presencia.

La revolución de Mujeres Libres se desarrolló con otra lógica en la que no hubo prioridad en los acontecimientos, no hubo modelización, no hubo épica ni heroicidad, la revolución fue  silenciosa, poco aparente, sin espectacularidad. Una revolución entendida como mutación cultural que implicaba un cambio vital, una revolución de la vida, de la existencia. Una revolución que transcurrió como un río subterráneo que cuestionó el patriarcado.

Las mujeres, sin apenas principios ideológicos consignados más allá de unas nociones libertarias muy elementales (actuaron más desde la experiencia que desde el pensamiento), se embarcaron en la aventura de cambiar la vida desde la vida. La retaguardia se convirtió en un espacio en que hubo mujeres protagonizando pequeñas insurgencias que desestabilizaron las normas y jerarquías en el día a día.

Se dedicaron a gestionar la vida, a ser solucionadoras de problemas y preservadoras de la vida en lo cotidiano. Se ocuparon de organizar de otra manera las maternidades, de organizar guarderías y comedores colectivos para poder trabajar y tener los «cuidados» asegurados, se ocuparon de las personas refugiadas, de capacitar a mujeres analfabetas, y de un sinfín de problemas cotidianos.

Organizaron sus vidas personales y las de las personas a su cargo, vivieron sus emociones, sus pasiones, su sexualidad, la crianza, el trabajo y el activismo para que fueran compatibles. Muchas de ellas lo hicieron solas, sin hombres, por primera vez en sus vidas. Esa fue «su revolución de la vida», una transformación de largo recorrido que empezó a cambiar las formas de vida, las relaciones personales, el trabajo, los «cuidados» y un sinfín de aspectos más.

Estas mujeres vislumbraron otros mundos posibles, construyeron un «más allá» de la utopía, no quisieron destruir el mundo viejo sino redefinir la realidad. Esa fue su revolución, ese caudal lo sigue teniendo hoy el movimiento feminista impregnado de anarquismo.

Algunas conclusiones:

1) Desde su origen el 8M ha estado asociado a las mujeres asalariadas en trabajos precarios y mal pagados.

2) Se ha tardado mucho en entender, e integrar en las reclamaciones del 8M, que las mujeres realizan trabajos de manera gratuita imprescindibles para la reproducción del capitalismo: los «cuidados».

3) Los «cuidados» son todo lo necesario para que la vida funcione, por ello las mujeres suelen protagonizar conflictos que ponen la vida en el centro.

4) Las mujeres no se han sentido cómodas en las organizaciones del Movimiento Obrero por diversos motivos y han procurado crear organizaciones y protestas más acordes con su manera de entender las organizaciones, las reivindicaciones y los objetivos.

5) Cuando han participado en una Revolución social, han participado «a su manera» y por eso su actuación ha sido invisibilizada por la historia.

 

 

 



[1] 1º La importancia del acceso de las mujeres a la libertad de la que estaban privadas por la «milenaria cadena del Patriarcado».

2º El rechazo de la domesticidad (que no la maternidad).

3º La importancia de la cultura, que era también libertad, para que las mujeres pudieran acceder a la verdad y huir del fanatismo religioso.

4º La necesidad de que la CNT (extensible a los Ateneos y las Juventudes Libertarias) contara con las mujeres en sus sindicatos puesto que sufrían la misma explotación y opresión que los hombres.

 

sábado, 3 de abril de 2021

CULTURA DE LA TRANSICIÓN, ¿PRESENTE O PASADO?

 



La Cultura de la Transición (CT)[1], dice Guillem Martínez, es la observación de los límites de la cultura que cedió la izquierda  durante la Transición, era lo que podía aportar a dicho proceso (hay que añadir que aportó también paz social, algo muy importante en esa coyuntura). La cultura consistió, desde la Transición, en crear estabilidad política y cohesión social. Desaparecieron, por tanto, los productos culturales problemáticos.

Señala el coordinador de este conjunto de diecinueve aportaciones que, en un sistema democrático, los límites a la libertad de expresión no son las leyes. Son límites culturales. Es la cultura.

El Estado con su dinero, sus premios, sus honores, facilitó (y en gran medida sigue facilitando) las cosas al decidir qué es la cultura y qué no lo es. Los intelectuales se comprometieron en contra de lo problemático y con el Estado a cambio de las citadas prebendas. Quien no entraba en el «juego» quedaba excluido y su forma de vida dentro de la actividad cultural, tenía muchas dificultades.

El libro fue editado en 2012 cuando el Movimiento 15 M estaba muy reciente y subsistía todavía fuera de las plazas en los barrios, desconozco que opinarán hoy sus autores y autoras, algunos/as, probablemente, en Podemos (y sus múltiples nombres) o en su órbita.

Algunos autores, como Amador Fernández-Savater, afirman que la CT se ha ido vaciando con los años y que han ido disminuyendo los miedos que la CT administraba e instrumentalizaba en tanto que «poder de salvación» (ante un posible golpe militar, ETA, ruptura de España, etc.). Me parece que esas «amenazas» resucitan por parte de la derecha y de la izquierda al recuperar la dinámica del «enemigo» que el Movimiento 15 M resituó con el formato: arriba/abajo, en lugar de derecha/izquierda.

Ciertamente, el 15 M fue la mayor brecha (no la única) en el muro de la CT, cuestionó todas las bases de dicha cultura consensual y devolvió a la cultura su capacidad de objeto problemático, parcial y combativo. Pasados ya casi diez años, algunas cosas han vuelto a su cauce.

Es cierto que la gente más joven consume cada vez menos CT y cada vez más cultura de mercado que unido al desplome del Estado del bienestar ha generado un contexto de neoliberalismo y capitalismo suicida que ha ido vaciando de contenido la CT.

No obstante, subsisten aspectos de la CT que echa mano de la «Ley Mordaza» para imponer condenas de cárcel a quienes han pretendido salirse, en exceso, de las pautas de la CT (el llamado «gobierno progresista» aún no ha encontrado el modo de derogarla). La pandemia del Covid, con sus muchas dificultades sanitarias y sociales, y sus muchos avances de una sociedad de control y de dominación,  introduce aspectos novedosos que convendrá analizar.

Pese a estas transformaciones, este libro contiene la suficiente información y actualidad de la CT como para resultar interesante su lectura. Estaría muy bien una puesta al día nueve años después de ser editado.



[1] Guillem Martínez (Coord.) (2012): CT o la Cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española. Barcelona, Random House Mondadori.

 

jueves, 18 de marzo de 2021

LA COMUNA DE PARÍS Y LAS MUJERES (150 ANIVERSARIO DE LA COMUNA)


 


La adhesión femenina a la Comuna de Paris (18 de marzo a 27 de mayo de 1871) se explica por el hecho de que la mayoría de ellas nada tenía que perder y sí algo que ganar. Su condición queda magistralmente descrita por Víctor Hugo:

El hombre puso todos los deberes del lado de la mujer y todos los derechos del suyo, cargando de manera desigual los dos platillos de la balanza… Esta menor, según la ley, esta esclava, según la realidad, es la mujer.

Desde 1860 el feminismo organizado se había extendido y nacieron los Comités de Mujeres y entre las mujeres que se integraron en ellos  destacamos a Louise Michel, la virgen negra. Casi todas procedían de la burguesía pero habían abandonado su clase para permanecer libres y militar por la liberación de la mujer. Muchas trabajaban de institutrices, encuadernadoras, etc. Dedicaban la noche a reuniones, conferencias y a la creación de comités.

Louise Michel

Fueron mujeres las que en la mañana del 18 de marzo de 1871 plantaron cara a las tropas taponando las calles y mezclándose con los soldados, a los que pedían que confraternizaran con la ciudadanía. Louise Michel destacó entre ellas. En este contexto revolucionario se formó la Unión de Mujeres para la Defensa de París y la Ayuda a los Heridos, cuyo Consejo Provisional estuvo formado por siete obreras, entre ellas la rusa Elisabeth Dmitrief enviada por K. Marx a París como representante del Consejo General de la Internacional. En la composición del Ejecutivo de la Comuna hubo cuatro obreras y otras cuatro mujeres más entre las que se encontraba Dmitrief que dirigía la mencionada Unión de Mujeres. La institutriz Louise Michel, mientras tanto, peleó como simple soldado en el batallón nº 61. Capítulo aparte merecen las Petroleras, nombre dado a las mujeres dedicadas a la quema de edificios. Nunca se comprobó su existencia siendo considerado como una leyenda para perseguir a las mujeres más activas y que costó la vida a cientos de ellas.

En la represión sangrienta que acabó con la Comuna murieron alrededor de 20.000 personas, 44.000 fueron detenidas, de las cuales 23 fueron condenadas a muerte y 7.500 fueron deportadas. Entre estas últimas estuvo Luisa Michel, deportada a Nueva Caledonia, de donde regresó en 1880. Destaquemos su intervención ante el consejo de Guerra:

Pertenezco enteramente a la revolución social y declaro asumir la responsabilidad de mis actos. Lo que reclamo de vosotros… que os pretendéis jueces… es el campo de Satory donde ya han caído mis hermanos. Puesto que, al parecer, todo corazón que lucha por la libertad no tiene derecho más que a un poco de plomo, yo reclamo mi parte. Si me dejáis con vida, no cesaré de gritar venganza.

Interrumpida por el presidente, Louise Michel replica:

Si no sois unos cobardes, matadme.

Dmitrief logró abandonar Francia y fue condenada en rebeldía. Regresó a Rusia y se casó con un condenado al destierro al que acompañó a Siberia.

Nathalie Lémel, que formó parte del ejecutivo de la Comuna, fue deportada a Nueva Caledonia y se negó a aceptar la gracia que sus amigos solicitaron para ella. Ciega y pobre fue admitida en 1915 en el hospicio de Ivry.

 Laura Vicente

lunes, 8 de marzo de 2021

8 M PANDÉMICO Y POLÉMICO

 


Sin duda alguna el 8M de 2021 será una jornada diferente a la de los últimos años. Por lo menos dos circunstancias nos hacen prever que será así. En primer lugar será imposible que haya manifestaciones multitudinarias debido a la pandemia que pone limitaciones a grandes concentraciones de personas. La situación de crisis económica que ha desencadenado la emergencia sanitaria hará difícil que la palabra «huelga» se pueda conjugar con cierta solvencia.

En la actualidad el capitalismo global y financiero, que ha extendido la precariedad como modalidad central de trabajo y la fragmentación dentro de las empresas, ya ha provocado la desarticulación del cuerpo social y que la huelga productiva sea un recurso impracticable para muchas trabajadoras/es. La pandemia ha empeorado la situación laboral y de vida de millones de personas afectadas por las tasas de paro disparadas o maquilladas por los ERTEs, la extensión del teletrabajo, la mayor afectación de la crisis sobre las mujeres, especialmente migrantes, etc. En estas circunstancias, la huelga productiva y las manifestaciones multitudinarias no alcanzarán las cotas de años anteriores. Quizás ha llegado el momento de reconsiderar el mito de la huelga productiva y que el Movimiento Feminista (MF) reflexione sobre nuevos métodos de lucha puntual (me refiero a jornadas como el 8M) acordes con la situación laboral y existencial del siglo XXI.

Pero la pandemia no es el único factor que influye en que el 8M sea una jornada especial este año. El MF ha tenido siempre algunas connotaciones libertarias muy interesantes: nunca ha construido una organización única y centralizada que se pudiera institucionalizar, y nunca ha aspirado a tomar el poder. El pensamiento occidental, desde la Grecia clásica, se ha basado en construir una forma modelo, ideal, cuyo plan se trazaba y a la que se le adjudica un objetivo; luego había que empezar a actuar de acuerdo con ese plan. Primero hay modelización, luego esa modelización requiere su aplicación.

El imaginario subversivo de los siglos XIX y XX se basaba en esa idea de la modelización, de que el objetivo de la acción revolucionaria era avanzar gracias a un proyecto claramente definido hacia la confrontación decisiva que creaba las condiciones para la construcción de la utopía. En todos los casos aparecía el pueblo heroico armado derrocando el poder establecido.

Esta modelización se unía al hecho de que la imagen popular del sujeto revolucionario tenía un carácter claramente masculino. La revolución implicaba una división de género, las mujeres débiles y oprimidas eran socorridas por la intervención salvadora del movimiento revolucionario; rara vez  aparecían las mujeres como sujetos históricos.

El hecho de que las mujeres no jugaran un papel relevante en ese imaginario subversivo nos ha salvado de recurrir a las fracasadas fórmulas masculinas. El MF ha tendido a adoptar fórmulas libertarias siempre desde posiciones más discretas (faltas de la heroicidad masculina), silenciosas, subterráneas, que pretendían ir horadando una dominación ancestral como es el patriarcado. Una «rebelión» constituida de insurgencias personales y colectivas, entendidas como un «más allá» de la utopía, como una  mutación cultural que implicaba un cambio vital, una revolución de la vida, de la existencia. El MF no ha querido destruir el mundo viejo sino redefinir la realidad.

Estos planteamientos no han librado al MF de enfrentamientos, polémicas y agresividad. Hoy vivimos un crescendo de dicha situación centrado en las identidades sexuales (y como hecho más mediático en la «ley trans» y las luchas de poder en el gobierno actual). Los cuerpos son específicos y están moldeados por las particularidades de raza, clase, cultura, historia. No hay un solo cuerpo que pueda representar a «la mujer» en toda su riqueza y diversidad. Igualmente, la sexualidad está estructurada socialmente y es definida y regulada por el grupo que tiene más fuerza social y económica.

Muchas mujeres hemos entendido las asambleas del 8M como espacios comunes en los que podamos confluir puntualmente para visibilizar aquello en lo que coincidimos y no convertir esos espacios de consenso en campos de batalla. Hoy, cualquier espacio puede convertirse en campo de batalla respecto a la transexualidad (antes fue la prostitución/trabajadoras del sexo), en realidad, no estamos ante un debate, ninguna de las partes se escucha e intenta entender lo que dice la otra parte para responder. Por el contrario, no se escuchan porque ya creen saberlo todo de la otra parte, por creerse imbuidas de verdad convirtiendo a la otra en «la enemiga». Unas y otras son una especie de «comisarias políticas» que dictaminan sobre quién es más y mejor feminista y utilizan el insulto agresivo y descalificador para la otra parte.

El debate-batalla se dirime por cosas concretas  (como ahora la ley) pero detrás hay mucho más, hay una concepción del sujeto feminista, de la lucha y de la teoría feminista.  Es un tema suficientemente importante para pensarlo y debatirlo con tranquilidad fuera de los espacios de confluencia y consenso como las asambleas del 8M. Hoy por hoy, existen diversas concepciones del feminismo, del sujeto feminista, de las identidades y  tienen derecho a existir sin ser agredidas verbalmente dentro del propio Movimiento Feminista.

Laura Vicente 

 

martes, 23 de febrero de 2021

LA NECROPOLÍTICA Y ACHILLE MBEMBE

 



La primera vez que escuche esta palabra fue a una amiga, yo hablaba de la política del capitalismo suicida que plantea la novedosa idea de que a ciertos sectores de la población se los considera desechables y ella mencionó este concepto de «necropolítica». Es característica del capitalismo actual la cosificación del ser humano, el cuerpo se convierte en mercancía, susceptible de ser desechada.

La racionalidad del mercado es la que está decidiendo a quién es necesario proteger y a quién no, cuáles son las vidas que se van a apoyar, quienes van a encontrar sostén para su salud. Hay políticas que buscan explícitamente la muerte de ciertas poblaciones y otras que crean las condiciones de negligencia sistemática que provocan la muerte de tantas personas.

Foucault habla del biopoder: término para referirse a un régimen inédito que toma como nuevo objetivo y vehículo de acción el bienestar de la población y la sumisión corporal y sanitaria de sus ciudadanos/as. Sería el antecedente de la necropolítica de Achille Mbembe. O como dice Elisabeth Falomir Archambault en la Introducción  del libro Necropolítica[1], este concepto es el envés de la noción foucaltiana de biopoder y una concepción radical y transgresora de la relación entre Estado y ciudadanía.

La necropolítica es una suerte de contrabiopoder ligado al concepto de necrocapitalismo, capitalismo que organiza sus formas de acumulación de capital como un fin absoluto que prevalece por encima de cualquier otra lógica o metanarrativa. Por tanto, la necropolítica se refiere al uso del poder social y político para dictar cómo algunas personas pueden vivir y como algunas deben morir. La soberanía es el poder de dar vida o muerte, en definitiva, plantea el derecho a exponer a otras personas a la muerte.

¿Cómo se ha llegado a la necropolítica? La respuesta es que es uno de los numerosos imaginarios de la soberanía propios de la modernidad. La percepción de la existencia del «Otro» como un atentado a mi propia vida, como una amenaza mortal o un peligro absoluto cuya eliminación biofísica reforzaría mi potencial de vida y de seguridad. La segregación de las personas que deben morir supone el control en el campo biológico dividiendo a la especie humana en diferentes grupos y subgrupos y estableciendo una ruptura biológica entre unos y otros.

Esta visión y este poder es profundamente racista y está inscrita en la forma en que funcionan todos los Estados modernos. El Estado nazi abrió la vía a la consolidación del derecho a matar, que culminó con la «solución final», combinando las características de un Estado racista, mortífero y suicida. Las premisas materialesdel exterminio nazi pueden localizarse en el imperialismo colonial y en los mecanismos técnicos de ejecución de las personas desarrollados entre laRevolución Industrial y la Iª Guerra Mundial.

La relación entre la modernidad y el terror provienen de fuentes múltiples que Achille Mbembe repasa en este ensayo como el mundo colonial y la esclavitud, las prácticas políticas del Antiguo Régimen o la Revolución francesa.

[En el libro hay otro interesante ensayo titulado: «Sobre el gobierno privado» indirecto centrado especialmente en África].

 

 



[1] Achille Mbembe (2011): Necropolítica. España, Melusina.

sábado, 13 de febrero de 2021

CUERPO POLÍTICO NEGRO

 


La RAE define al cuerpo como un conjunto de partes que forman un ser vivo, se puede agregar a este concepto inicial, el lenguaje simbólico significado por la cultura, estableciéndolo entonces, como una categoría política. Por ello, el cuerpo lo podemos considerar como lugar de lo político.

El cuerpo político marca una diferencia con el cuerpo «natural» que sería el objeto del discurso médico. Al margen de si existe esta diferencia entre cuerpo natural y cuerpo político, importa hacer hablar el cuerpo y configurar su lenguaje desde su poder intrínseco, inherente, inalienable, para generar colectivamente configuraciones culturales hacia lo comunitario.

Hemos empezado por el título del libro[1] porque en su brevedad me llamó mucho la atención cuando me lo enseñaron, confieso que pensé que se refería a cuerpos de mujeres y no es así aunque ellas están presentes en este libro.

El libro está compuesto por diecisiete textos de autores y autoras (hay unas líneas biográficas de cada una de estas personas) de diferentes épocas, edades, géneros y, supongo, situaciones sociales. Los textos tienen contenidos diferentes, algunos de ellos sorprendentes, como el dedicado a las «Políticas del pelo negro» o la diferencia entre la población negra procedente de la esclavitud y la que procede de la inmigración reciente en el texto de «La construcción de Afroamérica».

En todo caso, aunque los temas son muy diferentes, todos los textos giran en torno al cuerpo político negro, en definitiva, al racismo en Estados Unidos. Ese racismo hacia el cuerpo negro va aflorando, va hablando, va sintiendo, a lo largo de todos y cada uno de los textos. Su lectura nos va conduciendo a una triste conclusión: la población negra nunca ha sido aceptada en Estados Unidos en pie de igualdad con la población blanca. Siempre ha sido maltratada utilizando los métodos más zafios y groseros o los métodos más refinados y sutiles, pero siempre considerándola como un problema en su propio país.

Me he acercado a aspectos del racismo en los que nunca había pensado porque el racismo es muy simple y muy complejo a la vez y tiene muchos recovecos que los estudios de este libro van desvelando poco a poco. Romper con la invisibilidad del racismo es importante y, en ese sentido, este libro habla del lenguaje político del cuerpo negro y enuncia tanto como ha sufrido, y sufre, en Estados Unidos. Nos ayuda a pensar y vivir el cuerpo de otras formas que sean críticas con los modelos hegemónicos, y nos acerca a todo lo que un cuerpo puede ser y lo que nos gustaría que fuese, desde una perspectiva transformadora.



[1]Mireia Sentís (compiladora) (2017): Cuerpo político negro. Madrid, ediciones del oriente y el mediterráneo/BAAM

 

miércoles, 3 de febrero de 2021

PARADIGMA DE GOBIERNO O PARADIGMA DEL HABITAR

 

El Consejo Nocturno (CN) [1] no es un autor o autora, ni un colectivo u organización. Su existencia, como dicen en la Introducción, está en la órbita del Partido Imaginario o del Comité Invisible y es solo «de ocasión»: sus miembros se limitan a reunirse en momentos de intervención y, en este caso, se sitúan en México.

Este libro habla de los territorios, de cómo defenderlos, de cómo vivir autónomamente en ellos, fuera y en contra del poder. Optan por luchas heteróclitas, es decir, que no se ajustan a las normas.


La Metrópoli

El centro de la reflexión se ubica en la Metrópoli, espacio del capital por antonomasia en el siglo XXI. Como tal espacio, la Metrópoli impulsa el culto al crecimiento. Los nuevos «Jinetes del Apocalipsis» suman muchos más de cuatro: cambios climáticos, agotamiento genético, contaminación, colapso de las diversas protecciones inmunitarias, aumento del nivel del mar y cada año millones de refugiados que huyen.

La Metrópoli es la organización misma de los espacios y de los tiempos que persigue directa e indirectamente, racional e irracionalmente, el capital; organización en función del máximo rendimiento y de la máxima eficiencia posibles en cada momento.

Bajo la Metrópoli, los humanos experimentan constantemente una destrucción de todo habitar. Lo que ofertan los poderes metropolitanos es hacer intercambiables, como el resto de las cosas en el sistema mercantil de equivalencia, todos los lugares que podían guardar algún principio de habitabilidad. Lo que predomina bajo la Metrópoli es una condición generalizada de extranjería.

El individuo metropolitano no sabe hacer nada, provoca la imposibilidad, por tanto, del habitar y de toda praxis autónoma, en definitiva, del estar en el mundo[2]. En un orden que no reconoce afuera alguno, el enemigo solo puede ser interno, lo cual exige un control generalizado y sin precedentes de todos aquellos lugares del continuum metropolitano que representan potencialmente una desestabilización, una falla, un ingobernable, es decir, todos los lugares.

Habitar

Si las críticas se centran solo en el aspecto económico del dominio capitalista, apenas se pueden percibir la proliferación de mecanismos de reestructuración del capital en múltiples dimensiones (la vida cotidiana, el sexo, el cuidado, la amistad, el agua, el transporte, etc.). La Metrópoli, esta especie de Imperio que se quiere incontestable, pretende anular toda perturbación, toda desviación, toda negatividad que interrumpa el avance infinito de la economía. Pero el CN sostiene que «existe una constelación de mundos autónomos erigidos combativamente y en cuyo interior se afirma siempre, de mil maneras diferentes, una férrea indisponibilidad  hacia cualquier gobierno de los hombres y las cosas (…)»[3].

Por tanto, la alternativa tiene que basarse en la ruptura con cualquier avatar del paradigma de gobierno en favor del paradigma del habitar[4]. La política que viene está completamente volcada al principio de las formas-de-vida y su cuidado autónomo antes que a cualquier reivindicación de «abstracciones jurídicas» (los derechos humanos) o económicas (la fuerza de trabajo, la producción).

El paradigma de gobierno hace de nosotros  unos lisiados y nos separa de nuestra propia potencia. «Se trata por tanto de procurarse una presencia integra a partir de la cual podamos organizarnos para tomar de nuevo en nuestras manos cada uno de los detalles de nuestra existencia, por ínfimos que sean, porque lo ínfimo es también dominio del poder»[5]. Esto pasa por la fractura de las individualidades, pasa por el encuentro con los aliados y la conformación de un nuevo pueblo donde los afectos y los saberes  autónomos expulsen de entre nosotros a todo «experto» en gobierno y biopolítica.

«Una potencia (…) es índice de sí misma, permanece siempre autónoma con respecto a cualquier forma de poder, no lo tiene como una norma para ser. (…). (…) se trata siempre de componer un tipo de actuar político que permanezca autónomo y heterogéneo luchando cuerpo a cuerpo con la ley sin jamás cederle terreno, al mismo tiempo que persevera en la búsqueda de una salida fuera de sus arquitecturas categoriales»[6].

Habitar es devenir ingobernable, es fuerza de vinculación y tejimiento de relaciones autónomas[7]. Es necesario construir comunidad que tiene como norte la creación de poder popular. Con una doble vertiente: que sean iniciativas por fuera del mercado y del Estado; y que las gestionen los mismos miembros del movimiento de forma colectiva.

Devenir autónomos es entrar en contacto con todas las escalas y detalles de nuestras existencias. Habitar es un entrelazamiento de vínculos. Es pertenecer  a los lugares en la misma medida en que ellos nos pertenecen. Es estar anclados. Habitar antes que gobernar entraña una ruptura con toda lógica productivista.

Las zonas de autonomía son «agujeros negros ilegibles para el poder, una constelación de mundos sustraídos a las relaciones mercantiles (…)»[8]. Autonomía absoluta supone que no se entablan relaciones con el Gobierno. Cambiar el mundo sin tomar el poder, sí, pero constituyendo una potencia.

 


[1] Consejo Nocturno (2018): Un habitar más fuerte que la metrópoli. Logroño, Pepitas de Calabaza, pp. 46-48.

[2] Consejo Nocturno, p. 54.

 [3]Consejo Nocturno, p. 9.

[4]Consejo Nocturno, p. 10

[5] Consejo Nocturno, p. 81.

[6] Consejo Nocturno, p. 74.

[7] Consejo Nocturno, p. 88.

[8] Consejo Nocturno, p. 119.