Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

lunes, 3 de octubre de 2022

CONVERSACIÓN QUE NO HA PODIDO SER CON ANTONINA RODRIGO (I). Alicante, 17 de septiembre 2022

 

ANTONINA RODRIGO ENSAYANDO A GARCÍA LORCA (mayo 2022)

Estaba prevista una conversación con Antonina Rodrigo en los actos, organizados por CGT en Alicante, para recordar el 85 Aniversario de la Federación Nacional de Mujeres Libres (agosto 1937).

Pero Antonina no pudo asistir por motivos de salud, así que indagando en dos textos suyos de este año pudimos reproducir una conversación sin estar ella. Los textos son: 

El Pregón de la feria del libro, Granada, 13 de mayo de 2022.  

El Discurso con motivo de su investidura como doctora honoris causa por la Universidad de Granada, 14 junio 2022


LOS LIBROS

Comparto muchas cosas con Antonina, entre ellas nuestro interés por los libros.

Estoy convencida que la identidad de una persona no la define la sangre ni el territorio sino las decisiones intelectuales y éticas que cada persona toma a lo largo de su vida. Los flujos culturales dan forma a nuestro pensamiento y comportamiento, estos vienen en gran parte de las lecturas.

Veamos algunos apuntes sobre la importancia que tienen para Antonina los libros.

Durante la primera y oscura postguerra, en una edición para niños de Don Quijote de la Mancha, los alumnos granadinos del colegio republicano de doña Paquita Casares Contreras aprendimos a leer y, al mismo tiempo, a vislumbrar realidad e ideal al modo crítico cervantino.

En mi adolescencia compraba aleluyas en las tiendas de chamarileros de la calle de Elvira, pequeños comercios con toda clase de objetos viejos, herrumbrosos y polvorientos. Para mí eran lugares mágicos, la mercancía se amontonaba a puerta de calle: cosas inauditas, imprevistas, libros, estampas, romances. La suciedad la quitábamos con goma de borrar, frotábamos los Lopes de Vega, los Calderones, los Cervantes; por supuesto, no había Lorcas, ni Machados, ni Hernández, por la sencilla razón de que estaban prohibidos por la censura franquista.

HISTORIA: LAS BIOGRAFÍAS 

Conocí a Antonina allá por 2005 cuando estaba realizando la biografía de Teresa Claramunt. Desde mi perspectiva, las biografías tienen interés cuando no están centradas únicamente en el personaje, sino que partiendo del sujeto individual y del relato de su vida, lo incluye y lo integra en los análisis políticos y sociales de la época.

¿Cuándo empezó su afición por la Historia? La primera biografía que publicó fue la de Mariana Pineda aparecida en 1965, luego vinieron otras muchas.

En tercero de bachillerato estalló mí aventura con la historia, en las clases de don Antonio Domínguez Ortiz, catedrático de Geografía e Historia, en el Instituto Ángel Ganivet. Un profesor motivador y próximo. Para mí, una niña, fue un encuentro revelador, una verdadera epifanía creativa. Su sencillez, su entrega al trabajo, la voluntad de ser accesible, su cercanía, su interés por mis inquietudes y mis primeros escritos, iniciaron una relación ininterrumpida, que llegó hasta el fin de sus días.    


Mi primer libro estuvo dedicado al teatro infantil. Quise hacer un estudio sobre la mujer en la historia de Granada y descubría monjas escritoras. Creo que la mujer, íntimamente, siempre ha escrito como una forma de defensa, de reacción, de salvación, de autoestima y crecimiento personal. Entre estas mujeres, refulgía un personaje lleno de luz: Mariana de Pineda, única   mujer que tenía una estatua en Granada.

De chica la había conocido como personaje de una canción   popular:

 

¡Oh, qué día tan triste en Granada que a las piedras hacía llorar

al ver que Marianita se muere en cadalso por no declarar!

 

La historia de Mariana es la de una mujer que lucha en la sombra, frente al poder, por un ideal, hasta dar la vida. El suyo fue el compromiso de una mujer revolucionaria contra la tiranía absolutista de Fernando VII, ejecutada al rechazar el indulto que le ofrecían a cambio de la delación de sus compañeros de causa. Durante los años que duró mi investigación, me quedé prendida y prendada de su ética y de su valentía. Hoy nos sigue guiando, desde el pedestal de su estatua, como icono de libertad y defensa de los derechos civiles.

Mariana es una figura con la que crecí. Representa un papel activo en mi toma de conciencia. Desde entonces me dediqué a los estudios biográficos, en especial sobre la mujer.


viernes, 23 de septiembre de 2022

LA LIBERTAD AMOROSA EN EL CAMPO ARAGONÉS EN 1936

 


La lectura del testimonio de Antoine Gimenez, titulado: Del amor, la guerra y la revolución. Recuerdos de la guerra de España del 19 de julio de 1936 al 9 de febrero de 1939, resulta deslumbrante. Antoine Gimenez, italiano, resulta ser Bruno Salvadori, un anarquista que vivió el nacimiento y la actividad de las milicias anarquistas desde el inicio de la Guerra Civil en el Frente de Aragón.

El relato de este anarquista italiano no se queda solo en las actividades militares en el frente de batalla dentro del Grupo Internacional vinculado a la Columna Durruti, sino que no duda en incluir diversos aspectos de la vida cotidiana que muestran que la revolución va mucho más allá de que el pueblo estuviera armado o de las colectivizaciones. Y es que la revolución, si lo es, tiene que ser una revolución de la vida, de la existencia, una mutación cultural profunda que, curiosamente, suele considerarse irrelevante. Así que nuestro italiano no duda en escribir (en 1974) sobre las comidas, sobre los momentos de ocio, sobre sus amistades, su segunda familia en Pina, un pueblo de unos dos mil habitantes muy cerca de Zaragoza, o de sus relaciones amorosas.

Este último aspecto le valió el desprecio de los posibles editores cuando los buscó y no los encontró ni en Francia ni en España. Entre quienes lo rechazaron se encontraban algunos con la etiqueta de libertarios que le propusieron al autor que se lo publicarían si suprimía los pasajes «escabrosos», algo que Antoine Gimenez no acepta.


Este libro está acompañado por otro volumen, con más páginas que las que tiene los Recuerdos del italiano, cuyos autores son Los Gimenólogos, un grupo de historiadores-investigadores no profesionales interesados en todo lo relacionado con la Revolución Social que se dio en amplias zonas de la España de 1936. La gimenología es la ciencia que estudia las andanzas de los ilustres y utópicos desconocidos/as. Este volumen se titula En busca de los Hijos de la Noche[1] (unidades de francotiradores que recibieron dicho nombre) y está formado por 82 notas de larga extensión vinculadas al libro de Antoine Gimenez, notas biográficas de varias personas que aparecen en el libro y seis anexos.

Es la nota nº 45 la que me ha llamado la atención y voy a reproducir en parte. Se trata de una nota relacionada con la libertad sexual y amorosa que describe Antoine Gimenez:

«Para quienes duden de la realidad de esa libertad amorosa en el campo aragonés de 1936, veamos otros testimonios recogidos por la historiadora Hanneke Willemse. Según una antigua habitante de Albalate de Cinca, la revolución social aportó pocos cambios en la vida de las mujeres adultas de este villorrio agrícola. Por el contrario, convulsionó la de las jóvenes solteras. ¡Nada de curas, nada de autoridad pública para señalar con el dedo las parejas no casadas! Muchachas y muchachos estaban siempre juntos y compartían las mismas ideas: militaban en la Juventudes Libertarias.

Un antiguo militante de la Columna Durruti señala por su parte que

a partir del año 1933, se produjo una cierta evolución en materia de relaciones sexuales. Sí que se hablaba de amor libre. […] Y hasta hablábamos de anticonceptivos. […] [Pero] las chicas no se dejaban tocar.

Cuando volvió del frente, en diciembre de 1936, para descansar en el pueblo, comprobó que su hermana y todas sus compañeras exhibían públicamente sus relaciones, y no rehuían de tener relaciones sexuales. Él mismo se acostaba con su amiga Rosalía. Ahora bien, si su padre lo hubiera sabido, ¡le habría matado!

Dicho de otro modo, y Gimenez nos lo deja ver, las madres podían ser cómplices de las hijas, con el fin de que el padre no se enterara… Puede que las jóvenes aragonesas hubieran ganado cierta confianza en sus comportamientos puesto que la nueva comunidad aldeana ya las consideraba un poco más como individuos de cuerpo entero. O bien porque se encontraban un poco más entregadas a sí mismas debido a los trastornos producidos en la vida cotidiana. Félix Carrasquer, que participó activamente en la colectividad campesina de la misma Albalate de Cinca, evoca en parte la cuestión en su libro:

En cuanto al llamado conflicto generacional, no puede decirse que dentro de las colectividades existiera realmente; porque […] la tradicional oposición de estos últimos no llegó a darse de una manera sistemática ni con la radicalización de otras veces. […]  el principio de autoridad

 […] estaba siendo socavado gracias al impacto de las colectividades, cuyo modelo de relación basado en la participación libre y solidaria actuaba de catalizador entre la habitual intransigencia de los mayores y la rebeldía de los jóvenes […]».

Una nota (que no he reproducido completa) que tiene un interés fundamental para indagar en aspectos poco tratados cuando se estudia la vida de las milicias en el frente o las colectividades en las que, aparentemente, las mujeres tuvieron poca relevancia. O al menos eso parece a día de hoy.



[1] Los dos libros están publicados por la editorial Pepitas de calabaza en 2009.

martes, 13 de septiembre de 2022

TOMÁS IBÁÑEZ Y SU EXTRAÑA FIDELIDAD AL ANARQUISMO

 


Conocí a Tomás Ibáñez con la lectura de su primera compilación de artículos (¿Por qué A? Fragmentos dispersos para un anarquismo sin dogmas) publicado en 2006. Le acompañé en la presentación en Barcelona de su segunda compilación publicada en 2017 (Anarquismos a contratiempo) y reseño con sumo placer esta tercera (Anarquismos en perspectiva. Conjugando el pensamiento libertario para disputar el presente)[1]. Entre medio de estas recopilaciones hemos compartido redacción de la revista Libre Pensamiento y unas cuantas conversaciones, a menudo en trayectos de tren.

Los títulos de esta colección de textos escritos a lo largo de sesenta años indican mucho de la posición de Tomás: «anarquismo sin dogmas», «anarquismos a contracorriente» y «anarquismos en perspectiva». En primer lugar, esa extraña fidelidad al anarquismo que él mismo reconoce y que le ha llevado a reflexionar sobre los anarquismos desde 1962. En segundo lugar, que haya pasado del singular al plural en sus dos últimas compilaciones (anarquismos), resulta acertado puesto que no hay uno sino muchos anarquismos, la anarquía es un fenómeno que se construye por prácticas contingentes y cambiantes, que no puede seguir siendo ella misma si no varía, no hay pureza original que haya que guardar como si de un templo sagrado se tratara. Y, por último, su vocación antidogmática, a contratiempo, puesto que cuando Tomás pone los anarquismos en perspectiva incide en la importancia de pensar y actuar a contratiempo, pero sin dejar por ello de pertenecer a nuestro tiempo. Su deseo de sintonizar con el presente y, a la vez, contradecirlo de manera radical, provoca que, a veces, coseche mala reputación por su insistencia en reflexionar sobre la constante necesidad de renovación del pensamiento anarquista. Agita las aguas y eso no siempre es bien recibido.

En Anarquismos en perspectiva, ha agrupado sus textos en tres bloques: el encaje en la situación actual y sus perspectivas de evolución, las cuestiones teóricas del pensamiento anarquista que tendrían que renovarse, y el actual totalitarismo y las prácticas de resistencia necesarias.

En estos textos Tomás vuelve sobre temas sobre los que le interesa pensar y repensar, reflexionar, profundizar: anarquismo y revolución, el poder/dominación, el Estado, la libertad, el contexto actual y las tensiones que produce en el anarquismo.

Hay una sugerente afirmación de Louis Mercier Vega que aparece reproducida en este libro señalando que «el militante anarquista debe aprender a vivir y a actuar en medio de una selva de signos de interrogación». Hombres y mujeres anarquistas hemos perdido por el camino en los últimos cincuenta años las certezas que el anarquismo histórico tenía y que tantos logros cosechó en este país. Y es que los anarquismos han visto desintegrarse, como bien explica el autor, el marco referencial que había servido de guía: la ideología de la Ilustración. Queda minada la confianza y las certezas que nos había legado la Modernidad: la hipervalorización de la razón, el universalismo que postula el carácter absoluto de los valores, la afirmación de la centralidad y autonomía de un sujeto transparente a su propia conciencia y la creencia en el progreso.

¿Y qué queda en su lugar? Incertezas, confusión, miedo, inseguridad…

¿Cómo seguir enfrentando y resistiendo a los dispositivos de dominación que se van transformando en el transcurso del tiempo histórico? ¿Qué conservar del anarquismo histórico, es decir, cuál es la invariante anarquista? ¿Cómo dejar por el camino el lastre que impide la renovación para construir un neoanarquismo(s)?

Como bien decía Mercier Vega: una auténtica selva de signos de interrogación.

Hay demasiados dogmas arraigados que cuesta cuestionar, muchas tensiones en torno a la manera de entender el poder o la libertad, la añoranza de un único sujeto de las luchas y no la fragmentación organizativa actual, la facilidad con que caemos en esencialismos, la idea de revolución como «vuelco total», la importancia de profundizar en el concepto tan de moda de la prefiguración, y tantos otros temas sobre los que el autor nos provoca, nos agita, nos remueve individual y colectivamente.

Tomás Ibáñez no da soluciones, da pistas con la vida en el centro, instrumentos de análisis, propuestas de prácticas de resistencia ante el totalitarismo de nuevo tipo que avanza. Ese totalitarismo de hoy se ha visto ayudado por epidemias como el covid, guerras, tecnología de última generación que ayuda a desarrollar un modelo de poder/dominación basado en la gestión de la vida y en el control productivo y normalizador de las poblaciones (el biopoder que anticipó Foucault).

 Anarquismos en perspectiva, como se recoge en el título, pretende disputar el presente, no rendirse, resistir. Por eso Tomás Ibáñez dedica su libro a «quienes mantienen vivo el deseo de revolución y lo manifiestan en sus prácticas cotidianas de lucha».

 



[1] Por orden cronológico, las editoriales que han publicado estas compilaciones son: Anthropos, Virus y Descontrol.

sábado, 3 de septiembre de 2022

REVOLUCIÓN Y GUERRA

 


Mis últimas lecturas buscan cualquier detalle sobre la vida cotidiana de la Revolución social que se produjo tras el golpe de Estado y el inicio de la Guerra Civil española en julio de 1936. Por tanto, los libros de recueros y de memorias me interesan especialmente. En este caso, la lectura se centra en los recuerdos de una pareja trotskistas, Mary Low y Juan Breà, ella anglo-australiana y él cubano. Viajan a España en cuanto saben que la Revolución se ha iniciado en España, apenas unos días después del golpe de Estado.

Enseguida que llegan a Barcelona se van a la sede del POUM al final de la Rambla. Desconfían de los sindicatos y partidos de izquierda que renunciaron a la Revolución por motivos tácticos. Poco a poco van confluyendo CNT y el POUM con la idea certera de coincidir en lo que les interesa: la Revolución  que, de todas formas, conciben de manera diferenciada.

Low y Breà, eran una pareja que, como otras, vinieron a colaborar en la Revolución. Breà  logró trasladarse al Frente de batalla y pudo sacar conclusiones al igual que quienes se quedaban en la retaguardia y realizaban otros trabajos. Cuaderno rojo. De la guerra de España, es un buen libro puesto que recoge interesantes aspectos de la cotidianeidad de la vida en Barcelona durante los seis meses que vivieron en España. La Revolución no se mide por lo más espectacular sino por lo pequeño, aquello que transforma la vida de las personas.

Podría hablar de subjetividad y de ser una pareja excesivamente ideologizada, sin embargo, no lo haré porque los valores del libro superan con creces estos aspectos, igual que las posiciones más políticas no ocultan la información que nos proporcionan y el sentimiento que nos transmiten de estar viviendo acontecimientos excepcionales.

Pero hasta los mejores sueños se rompen. La persecución de que fueron objeto los trotskistas por parte del estalinismo y también organismos vinculados al PCE, les condujo a salir de España para salvar la vida. Episodios poco conocidos de la Guerra Civil española y que son imprescindibles para entender lo ocurrido.

martes, 23 de agosto de 2022

HUELGA DE INQUILINOS/AS

 

¿Acaso no flota en el ambiente algo del aire que respiraron quienes nos precedieron? ¿No hay en las voces a las que prestamos oídos un eco de voces ya acalladas?

Walter Benjamín, Sobre el concepto de historia

Participé en el Movimiento 15 M, a partir de 2011, desde el sector de enseñanza machacado por los recortes que aún hoy no se han revertido. Entre otras muchas cosas fue un movimiento transversal en el que participaban colectivos de la sanidad, de personas en paro y, especialmente, de personas desahuciadas a través de las PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca). De aquellas asambleas que englobaban movimientos diversos solo subsisten hoy las PAHs que afrontan desahucios de personas que ahora incluyen a quienes no pueden pagar el alquiler.

Las acciones de las PAH que viví dentro de la Asamblea 15 M de mi ciudad en el siglo XXI tenían antecedentes lejanos que, como mínimo se remontaban más de cien años. Me refiero a la Huelga de Inquilinos que tuvo su origen en un acuerdo del III Congreso de la FRET (Federación Regional Española de Trabajadores) celebrado en mayo de 1903. Desde 1900 era patente el hacinamiento en el casco antiguo barcelonés de las familias obreras que vivían en los altos edificios alineados en las estrechas callejuelas del «Barrio Chino». En la misma situación se encontraban quienes vivían en barrios obreros como Montjuïc, Hostafrancs, el Clot, Poble Nou, Poble Sec, etc. Las viviendas subarrendadas muchas veces o las barracas que se alquilaban pagaban alquileres que proporcionaban mucha renta a los propietarios porque no arreglaban ni reponían los desperfectos.


En esas fechas se estaba viviendo una crisis de trabajo que imposibilitaba a muchas familias obreras pagar el alquiler y se estaba produciendo, según la prensa de la época, infinidad de desahucios que propiciaron la campaña en favor de la Huelga de Inquilinos en 1903. Los argumentos para la huelga eran: el encarecimiento de los alquileres y las condiciones antihigiénicas de las viviendas. A diferencia de una huelga laboral, esta huelga planteaba un problema de calidad de vida que afectaba a la mayoría de la población y que se circunscribía a la ciudad. Esta perspectiva involucraba especialmente a las mujeres, fueran trabajadoras asalariadas o no, al frente de las cuales estuvo Teresa Claramunt, sindicalista, anarquista y feminista. Para canalizar la protesta se creó un grupo,
Los Desheredados, cuyo nombre era muy frecuente en el movimiento obrero anarquista. La lucha se centró en exigir una rebaja del 50% del alquiler de las viviendas o, dejar de pagarlo si no se lograba el descuento:

«Queremos poco; no pedimos la desaparición completa de la propiedad como es la justicia, nos limitamos con la rebaja en los alquileres para poder pagar con su sobrante a la tienda, a la panadería, a los que nos fían los alimentos y que hoy no podemos pagar a causa en gran parte de la fabulosidad del precio de la destartalada habitación»[1].

A principios de 1904 se pasó de los llamamientos a los actos públicos. Sin embargo, el primer mitin que se convocó fue prohibido por las autoridades esgrimiendo el argumento del peligro de atentados. Finalmente se celebró en junio de 1904, en el Circo Español, un mitin de inquilinos en el que tomaron la palabra algunos obreros y Teresa Claramunt. El mitin contó con el apoyo de diversas sociedades obreras y centros republicanos pero la campaña no cuajó en la deseada huelga por la escasa capacidad organizativa   del movimiento sindical y anarquista en esos momentos. La movilización se fue diluyendo hasta desaparecer en la segunda mitad de 1904.

La siguiente Huelga de Inquilinos se produjo casi treinta años después en 1931, esta con mayor éxito al contar con el apoyo firme de la CNT que tenía capacidad organizativa suficiente para hacerla efectiva; pero de eso hablaremos en otra ocasión.

  



[1] «¡A la huelga inquilinos!», grupo Los Desheredados, El Productor (Barcelona), nº 55, 12-XII-1903.

La información de este artículo se puede encontrar en: Laura Vicente (2006): Teresa Claramunt. Pionera del feminismo obrerista anarquista. Madrid, Fal, pp. 230-233.

La fotografía corresponde a una huelga de inquilinas en Argentina en 1907

sábado, 13 de agosto de 2022

«A mi aire»

 

«A mi aire» (2 junio)

¿Qué persiste en una persona cuando cambian las características corporales por el paso del tiempo?

Una respuesta es que persiste el carácter (James Hillman lo llama ADN individual).

Sin embargo, me gusta más la respuesta de Franco Berardi cuando señala que lo que persiste es su ser en los ojos de los otros/as.

«A mi aire» (9 junio)

Siempre he pensado que viajar enriquece, como me gusta confirmarlo.

«A mi aire» (16 junio)

Me gustan los manantiales de agua cristalina, los bosques umbríos, el olor a hojas húmedas, las casas con patios llenos de macetas, el olor a hierba con el rocío de la mañana, me gustan los helados, las ensaladas y ensaladillas.

Todo esto para contaros que no soporto el calor, me enferma.

«A mi aire» (23 junio)

Cuando presento un libro, aspiro a pensar en público. No siempre sucede, para que así sea es preciso que la gente que viene esté dispuesta a hacerse preguntas a sí misma. Si logro conectar con las dudas, con el interés, con las ganas… se produce la magia. Que no me canse nunca de buscarla.

«A mi aire» (30 junio)

Mi problema es que entiendo la normalización y sus efectos como las peores patologías políticas.

«A mi aire» (7 julio)

Mi forma de hablar resulta, a veces, contundente. Oídos sensibles pueden considerar que es intimidante. No soy ni una cosa ni la otra, solo las circunstancias me han obligado a construir la coraza que a duras penas me ha evitado pesares y disgustos.

Comprendo que haya personas que se alejen, admiro a quienes persisten.

«A mi aire» (14 julio)

Desenredarse de todo aquello que nos enreda en las normas, en la dominación, en el malestar, en el odio hacia las personas afines, en la agresividad, en el consumismo degradante, en la violencia, en el mainstream empobrecedor.

Enredarse en lo simple y sencillo, en los afectos, en la sobriedad, en poder hablar con claridad, en disfrutar con aquello que no se puede mercantilizar, en disentir, en vivir, en tejer apoyo mutuo, en construirnos a nuestro aire.

«A mi aire» (21 julio)

Ojalá me fuera posible, en la línea de lo que decía hace una semana, que me bastaran dos maletas para estar en casa en cualquier parte. Esto lo decía Stefan Zweig en 1935, no era raro que lo dijera un judío austriaco dos años después de que Hitler llegara al poder y en plena escalada de la propaganda nazi en Austria (finalmente fue ocupada en 1938).

Los malos tiempos llevan a pensar en acarrear poco lastre.

«A mi aire» (28 julio)

Es muy frecuente que utilice el hashtag (#): «leeresresistir». Resistir es liberar una potencia de vida que había sido aprisionada. Leer es una posibilidad, pero hay otras muchas otras formas.

 


miércoles, 3 de agosto de 2022

CUANDO LO PRINCIPAL ES LA IDEOLOGÍA

 



No voy a extenderme mucho. Es agosto, se espera un otoño complicado desde el punto de vista económico (la política para mi es un campo minado de desconfianzas), pero ahora, entre olas de calor, se impone el «carpe diem» y que cada cual haga vacaciones a su medida (de bolsillo). El covid solo existe para los mayores de 60 años, solo de esa población se dan datos y no son malos (¿quién marca los márgenes de la maldad o bondad de los datos?).

Pero me estoy desviando del tema (o quizás no).

Dijo Luis Althusser que la «(…) ideología, está cuando las respuestas preceden a las preguntas».  La ideología ha pasado de estar bien aceptada a generar desencanto, decepción y desafección. La ideología se convierte en una jaula de barrotes casi unidos para impedir que lleguen los rayos del sol.

Me hice, hace un tiempo, con numerosos libros sobre esos pocos años tan prolijos en acontecimientos, me refiero al período de 1936 a 1939. Los acontecimientos nacen cuando se rompen las normas y en ese periodo muchas se rompieron. La historiografía ha sido prolija en su estudio y la ideología siempre ha rondado a sus investigadores e investigadoras. No comparto la idea de la objetividad (una ensoñación liberal propia de la Modernidad) de aquellos historiadores/as que creen ser neutrales. Quienes investigamos la historia tenemos ideas como no podía ser de otra manera, nos esforzamos por ser lo más objetivos posible, pero no debemos olvidar que lo hacemos sobre aquello que creemos importante subjetivamente. No es necesario hacer una lista sobre cuantos aspectos y sujetos de la historia se han despreciado a lo largo del tiempo y ahora consideramos relevantes.

No es extraño encontrarnos con libros que anteponen la ideología a la hora de investigar la historia, algo siempre lamentable. Uno de estos libros inspira esta reflexión, me refiero al libro de Gonzalo Berger: Les Milícies Antifeixista de Catalunya[1]. Berger ordena su trabajo en función de unas conclusiones ya elaboradas, es decir, su trabajo, como dijo Althusser, está dominado por la ideología. Su obsesión es encontrar el elemento que lo explique todo, que represente la situación existente en Cataluña desde el 18 de julio de 1936. Ese elemento que todo lo aclara es «lo nacional», en plena sintonía con la situación actual en Cataluña.

La primera sorpresa de su libro es que prescinde de la prensa como fuente de información, la razón que señala es que era poco objetiva y frecuentemente utilizada como canal de propaganda (p. 11). Eso barre esta fuente tan relevante en la historia contemporánea de un plumazo. Da credibilidad total, sin embargo, a la documentación elaborada por la Generalitat u otras organizaciones políticas y sindicales que según parece tienen el marchamo de la objetividad.

El poder en 1936, según el autor, lo tiene el ejército y resulta que este ejército, es decir, las milicias fueron el resultado del Gobierno de la Generalitat y de las organizaciones del Frente Popular. Igualmente el Comité Central de Milicias Antifascista (CCMA) fue el resultado del acuerdo de la Generalitat con las organizaciones políticas y sindicales. En ningún momento cuando elabora estas conclusiones (p. 159) menciona a la CNT, se supone que forma parte de las organizaciones del Frente Popular, es una más de estas organizaciones. Sería pertinente preguntarse porqué si el Gobierno tiene tanta capacidad para formar las milicias que es lo mismo que tener el poder según el autor, acuerda la creación del CCMA y no ejerce el poder en solitario como hará a partir de octubre de 1936 al disolver el CCMA.

El culpable, como no, de la falta de apoyo económico para abastecer a las milicias de armas fue del Gobierno central del que, por otra parte, según el autor, prácticamente se independiza Cataluña (p. 17). La Generalitat gobierna independiente del Gobierno central y constituye el Ejército Popular de Cataluña (p. 27). Nada se dice del papel que el PCE y el PSUC tuvieron en la falta de abastecimiento de armas a las columnas que operaban en el frente de Aragón por el hecho de que la mitad, aproximadamente, de las milicias eran del Movimiento Libertario (CNT, FAI, Juventudes Libertarias).

Las «organizaciones» (parece ser que no así la Generalitat) favorecieron el proselitismo contraponiendo los intereses de partido a los del país y la causa antifascista, según el autor (p. 164). En esta interpretación la revolución es una especie de nebulosa optimista, plena de valores que era necesario amparar y que se vivieron en los primeros meses de la Guerra Civil (nunca explica porque su estudio se cierra el 31 de diciembre de 1936 que, aparte de ser noche vieja, no tiene ninguna significación política, social, económica o militar).

Manipular el contenido del pasado desde la visión interesada e ideologizada del presente es un truco demasiado viejo pero que puede funcionar si cuenta con el apoyo de quienes controlan el relato del pasado en la Cataluña actual.


 [1] Gonzalo Berger (2018): Les Milícies Antifeixista de Catalunya. Voluntaris per la llibertat. Vic, Eumo.