Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt
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viernes, 11 de abril de 2025

TERESA CLARAMUNT CREUS. 94 años de su muerte

 


He escrito y he hablado mucho sobre Teresa Claramunt Creus (TC), en los últimos años algo menos. Mi libro sobre esta mujer tan apasionante salió a la calle en 2006 publicado por la Fundación Anselmo Lorenzo, pronto hará veinte años. Diecinueve años son muchos años y seguramente ahora rectificaría algunas cosas de ese libro, pero nada sustancial. Aquella investigación marcó mi manera de acercarme a la historia y la vida de esta sindicalista, feminista y anarquista sigue muy presente en mí.  Escribí en mi último texto que un acontecimiento lo es desde nuestra mirada, que no está en la cosa en sí, esta mujer es un ejemplo de tal afirmación.

El origen de mi interés por TC se sitúa en los años en los que realicé la Tesis Doctoral sobre el sindicalismo zaragozano en los años veinte del pasado siglo y buscaba las primeras sociedades obreras que formaron parte de la CNT, allá por 1910 y 1911. Encontré a esta mujer de cuarenta y ocho años en la prensa con una salud deteriorada por sus estancias en prisión. Había sido deportada a Huesca, como tantos otros, por su relación con los sucesos de la Semana Trágica (julio 1909). Pocos meses después se instaló a vivir en Zaragoza, en parte como consecuencia de la separación de su compañero también deportado, Leopoldo Bonafulla, con el que había convivido los últimos ocho años y con el que no volvió a compartir su vida.

La encuentro, por primera vez, participando en un mitin organizado por la Sociedad de Obreros de la Madera que apoyaban a los huelguistas de la fábrica de Cardé y Escoriaza, en octubre de 1910. En este mitin participaba otra mujer: Antonia Maymón (nacida en Madrid de familia aragonesa y pronto instalada en Zaragoza) que presidía la Agrupación Femenina “La Ilustración de la Mujer”. Los puntos en común con esta maestra racionalista eran muchos: ambas mujeres eran propagandistas y activistas en los medios ácratas y ambas estaban preocupadas por la cuestión femenina. De hecho, en este mitin T. C. habló del tema sindical y también de poner en marcha una «revolución de las costumbres, empezando por nuestros hogares». Una idea, la de la revolución doméstica, que no debía ser fácil de digerir en los ambientes sindicalistas, predominantemente masculinos.

La vuelvo a encontrar, de nuevo con Antonia Maymón, en un mitin en septiembre de 1911 en el que se trataba de ratificar el acuerdo de huelga general en solidaridad con los carreteros de Bilbao y contra la guerra de Marruecos adoptado por la recién constituida CNT (octubre/noviembre de 1910). Tras el mitin se produjeron carreras y cruce de disparos con las fuerzas de orden público (murieron dos sindicalistas) y tras los incidentes hubo registros domiciliarios y numerosas detenciones, entre las que se encontraba Claramunt, Maymón y otros muchos. Claramunt acabó juzgada por un tribunal militar e ingresó en la cárcel hasta la amnistía aprobada por el gobierno en 1913. Esta estancia en la cárcel, de poco más de un año y medio, fue fatal para su salud ya de por sí deteriorada desde su estancia en Montjuïc en 1896.

De nuevo volví a encontrar a TC a raíz del asesinato del Cardenal Soldevila (Zaragoza nunca más ha vuelto a tener cardenal desde este atentado en junio 1923), ya que prestó declaración y su domicilio fue registrado por su posible relación con los autores de la muerte del Cardenal (Francisco Ascaso y Rafael Torres Escartín). El propio Manuel Buenacasa (El movimiento obrero español) afirmó que Claramunt fue la inspiradora del atentado, también Federica Montseny afirmó en una entrevista con Antonina Rodrigo que había alguna relación entre Claramunt y Ascaso y que ella le escondió la pistola con la que había llevado a cabo el atentado. La realidad es que nada se pudo demostrar y que no fue ni tan siquiera detenida.

No me sorprendió la presencia de Claramunt en Zaragoza, llamada «la perla negra» del anarquismo, ya que había en esta ciudad una pequeña colonia catalana [se deportaba a la gente a 300 Km. de donde vivía]. Existió, durante estos años, una estrecha relación entre los sindicalistas y anarquistas zaragozanos y barceloneses. Como explicó Pere Gabriel en un artículo titulado «Propagandistas confederales entre el sindicato y el anarquismo», no era sólo una relación de publicistas y propagandistas que iban de una ciudad a otra, sino del elevado número de aragoneses que pasaron a formar parte de las cúpulas dirigentes de la CNT de Cataluña y las repetidas vueltas a tierras aragonesas. El caso paradigmático fue el de Manuel Buenacasa, pero la lista fue muy larga: Miguel Abós, Felipe Alaiz, Ramón Acín, Arturo Parera, etc. También se instalaron catalanes en Zaragoza como la propia Claramunt, García Oliver, Vicente Segura, Luís Riera, Pedro Fuste, y otros.

Estas fueron las breves pistas que encontré sobre esta mujer mientras investigaba el sindicalismo zaragozano y que, aunque no olvidé, tampoco le pude dedicar más atención. Acabé la Tesis trabajando yo misma en Cataluña y acabó publicada en forma de libro en 1993.

Pasaron más de diez años hasta que retorné a la investigación y decidí que sería sobre esta mujer en forma de biografía, un formato casi imposible por la escasez de datos, por no decir ausencia de datos, de los primeros veinte años de la vida de TC. Esta mujer no tenía relevancia, no era alguien digno de mención desde la perspectiva histórica, o dicho de otra manera, era una más dentro de la multitud anónima que carecía de interés histórico. Realizar la biografía de un trabajador o trabajadora del siglo XIX, parecía imposible.

Pero el vacío biográfico no implicaba que no se pudiera escribir sobre alguna individualidad, sino que había que hacerlo de otra forma. Siguiendo los planteamientos del antropólogo social Ignasi Terrades, (en Eliza Kendal. Reflexiones sobre una autobiografía) enfoqué su biografía desde lo que se hacía en contra de su vida, a su alrededor y sin contar con su vida. Por tanto, las condiciones de miseria material, sus carencias educativas, sus condiciones de vida, los espacios de sociabilidad o sus luchas para mejorar sus condiciones de trabajo, eran capaces de llenar en gran parte el vacío biográfico de una mujer anónima.

A partir de ahí, la investigación me condujo a desbrozar el camino para investigar a una mujer que actuó, luchó y vivió siempre desde el cuerpo, y desde luego, se hizo carne en ella esa afirmación de Spinoza de: «nadie sabe lo que puede un cuerpo». Teresa Claramunt empezó a trabajar en talleres textiles a los 10 años, sufrió carencias alimentarias, habitacionales, sanitarias y pobreza energética, a lo largo de toda su vida. Sufrió varios abortos y vio morir a sus criaturas en los primeros días o semanas de vida. Fue detenida y encarcelada numerosas veces y fue torturada en el castillo de Montjuïc.

Teresa Claramunt actuó desde el sentido común[1], es decir, desde la singularidad de los cuerpos y sus experiencias tomando como base una atmósfera construida por sus relaciones con su cultura, su historia individual y social. El sentido común puede manifestarse a través de opiniones (el anarquismo le proporcionó un marco teórico sencillo para entender lo que le rodeaba), pero de hecho proviene de procesos más profundos y encarnados. Refleja, como decía en su biografía, la experiencia vivida lo más fielmente posible. Fue dicha experiencia la que está en la base de su excepcional ruptura con los estereotipos de mujer en el paso del siglo XIX al XX. Igualmente excepcional fue su rebelión como obrera contra el proceso de disciplinamiento social al que fue sometida la clase obrera para someterla al régimen de producción capitalista. Esta práctica de rebelión continuada desde que apenas tenía veinte años fue lo que la individualizó y diferenció dentro de la multitud anónima y convirtió su vida en un acontecimiento a tener en cuenta tras 94 años de su muerte.

Laura Vicente 

 



[1] Miguel Benasayag y Bastien Cany (2022): Experiencia y sentido común. Repensar la separación que impuso la Modernidad. Buenos Aires, Prometeo, p. 40.

 

jueves, 3 de octubre de 2024

FAMILIAS ANARCO-SINDICALISTAS LAMINADAS EN 1936

 


De todas es sabido la dura represión que ocasionó el golpe de Estado de julio de 1936 en Zaragoza, «la perla del anarquismo». Siempre ha resultado sorprendente que el sindicalismo zaragozano de larga tradición y experiencia se dejara engañar por el General Miguel Cabanellas al mando de la V División Orgánica. Su condición de masón y la confianza del sindicalismo zaragozano en derrotar el golpe de Estado declarando la Huelga General provocaron que Zaragoza quedara bajo la autoridad de los sublevados desde el primer momento. Conocedores los militares de la importancia del anarcosindicalismo de la ciudad no dudaron en utilizar una represión despiadada para liquidar su potencia organizativa y de lucha.

Muchas veces hemos explicado que el movimiento libertario era algo más que CNT, algo más que un sindicato. Su capacidad para construir un espacio paralelo al del poder en el cual se prefiguraban muchos de los aspectos que se deseaban para la sociedad futura y que existía mucho antes del 19 de julio de 1936, fecha considerada como inicio de la revolución libertaria y anarquista, explican que uno de los objetivos de la represión fuera laminar a familias enteras. El anarcosindicalismo llevaba muchos años tejiendo espacios de sociabilidad que incluían a todos los miembros de las familias desde que eran niños y niñas hasta la edad adulta. En especial los fines de semana eran momentos en que, alrededor de conferencias, mítines y reuniones, se organizaban actividades, muchas veces en un entorno natural, para las criaturas, adolescentes y mujeres al cargo de los más pequeños que podían incluir obras de teatro social, coros, excursiones, baños en el río Ebro, etc. Al calor de esas actividades las familias se iban conociendo sin acudir a las reuniones sindicales que atraían poco a las mujeres y nada a las criaturas en edad escolar. En esos ambientes se emparejaban, se hacían amistades, y conforme crecían se iban formando en la Idea y en el sindicalismo sin necesidad de cursos de formación. Se formaban por contagio y aprendiendo de las personas más mayores.

El resultado final era que muchas veces familias enteras formaban parte del movimiento libertario con mayor o menos implicación en las luchas y en la organización. Eso explica por qué era «necesario» liquidar a familias enteras u obligarlas al exilio para eliminar el mal de raíz y causar terror. He elegido una familia zaragozana por el protagonismo de una mujer: María Castanera Mateo.

La familia Castanera Mateo estaba formada por numerosos activistas que vivían mayoritariamente en el barrio de San José de Zaragoza. Sus progenitores, Manuel Evaristo Castanera Francia y Eugenia Mateos Ros, ya habían mostrado inquietudes sociales en tiempos de la Iª República. Sus hijos e hijas estaban relacionadas con activistas anarcosindicalistas zaragozanos y catalanes (la vinculación anarcosindicalista entre Aragón y Cataluña tenía larga tradición por encontrarse sus capitales a unos 300 Km, distancia exigida cuando eran expulsados de su lugar de residencia por delitos sociales).

Los hijos e hijas de Manuel y Eugenia con vínculos libertarios eran: Gregorio, Luis, Manuel, Libertad y María. De los cinco dos fueron fusilados en julio de 1936 (Luis y María) y Mateo salió al exilio y fue internado en los campos franceses de Argelès y Bram y en las Agrupaciones de Trabajadores Extranjeros de Poudreries de St Médart en Jalles, La Rochelle y la fábrica de Thann de La Pallice.

María Castanera Mateo[1], apodada La Duquesa nació en Zaragoza en 1905. Sufrió persecución durante la dictadura alfonsina por su presunta implicación en el asesinato del Cardenal Soldevila (1923) cuando contaba 18 años. Se refugió en Francia y regresó a Zaragoza con la IIª República. Se cuenta la anécdota de que le dio un bofetón, acompañado de un «calla cabrón», al comunista Benigno Remigio Santamaría, presente en la manifestación del 14 de abril de 1931 cuando este gritó: «Todo el poder a los soviets».

Muy activa contra el esquirolaje durante la huelga de la Telefónica (1931), fue detenida en Bilbao en octubre de 1931 con un alijo de armas y, de nuevo, con dos de sus hermanos en mayo de 1932 al descubrirse armas y explosivos en su casa. Ingresó en la Prisión Provincial de Zaragoza en junio con 27 años, a disposición del Juzgado de Bilbao. Habiendo sido recientemente operada, se agravó su estado y hubo de ser internada en la Facultad de Medicina de Zaragoza, regresando a prisión en agosto de 1932. Procesada en Bilbao por tenencia de armas, fue entregada a la guardia civil para su traslado a la capital del Nervión.

A raíz de la victoria de las derechas en las elecciones de 1933, el Comité Nacional de la CNT convocó un Pleno Nacional de Regionales (Madrid, 26 de noviembre de 1933) donde, con reticencias de algunas regionales, se solicitó la constitución de un Comité Revolucionario que tenía que poner en marcha una insurrección que se inició el ocho de diciembre, la huelga general se extendió por 34 provincias durante una semana y alcanzó especial relevancia en el valle del Ebro. María Castanera que había salido hacía poco de prisión, fue de nuevo detenida acusada de sedición en diciembre de 1933 por estar a su nombre  el piso alquilado donde se alojó el Comité Revolucionario que organizó la insurrección en Zaragoza. Condenada a quince años de prisión, fue puesta en libertad por la Ley de Amnistía de abril de 1934.


María formaba parte de un grupo muy activo de mujeres sindicalistas, entre las que estaban Julia Miravé, Pilar y Basilisa Bretón, Isabel Logroño, Isabel Aragó, Nieves Tolosana y Ángeles Bartos. Compañera del activista Ramón Gracia Crespo, ambos intentaron evadirse, una vez fracasado todo intento de resistencia al golpe militar de julio de 1936, pero fueron sorprendidos cuando vadeaban el Ebro. María quedó en tierra e intentó simular que trabajaba en el campo teniendo la desgracia de ser reconocida por un cabo de la guardia civil. Fue detenida y fusilada poco después en San Gregorio. Sus compañeras Isabel Logroño, Nieves Tolosana, Ángeles Bartos e Isabel Aragó corrieron la misma fatal suerte.

 


[1] Esta biografía la debo a Fermín Escribano Espligares

lunes, 13 de marzo de 2023

SALVADOR SEGUÍ: SU PENSAMIENTO

 


El 10 de marzo de 2023 se cumple el centenario del asesinato de Salvador Seguí, anarco sindicalista de CNT por parte de pistoleros del Sindicato Libre. Este es un resumen de su pensamiento.

Releyendo textos sobre Salvador Seguí, para preparar esta intervención, he confirmado una convicción que tenía cuando realicé la Tesis Doctoral sobre el sindicalismo en los años veinte del siglo pasado:  que estamos ante una persona que ha sido mitificada, entre otros aspectos por ser asesinado joven (35 años). Seguí se convirtió en su momento en una leyenda como líder del sindicalismo, se construyó una figura que acumuló un compendio de virtudes, íntimas y públicas, por su dedicación a la difusión y defensa de la emancipación obrera.

Seguí ha tenido sus seguidores/as ayer y hoy. Es más, o menos alabado y mitificado en función de las necesidades organizativas o de la aparición de nuevos movimientos que reclaman la memoria de este dirigente para justificar nuevas realidades.

Por un lado, en estos tiempos líquidos se ha ido construyendo el relato de que Seguí formaba parte de un grupo de anarquistas catalanes inteligentes, pacíficos (pese a que iba armado) y dispuestos a abandonar la utopía infantil del anarquismo, ya que estaban rodeados de grupúsculos de ácratas, que habían nacido fuera de Cataluña, y que soñaban con dicha utopía a golpe de bomba o de pistola star.

Por otro lado, hay pseudo-historiadores a los que la historia solo les interesa como una suerte de gran bazar en donde adquirir todos aquellos hechos que sirvan para apoyar un inamovible argumento de partida. La historia nacionalista catalana echa mano de aquellos elementos que le convienen, desecha como ajenos aquellos que no hilan el relato o la memoria que les interesa y ven en Seguí a un nacionalista partidario de la independencia y de la formación de un partido para lograrlo junto a Companys y Layret.

Por último, hay quien ve en Seguí un intelectual, incluso un filósofo, que supo reinventar el anarco-sindicalismo en Barcelona a comienzos del siglo XX. Seguí es el héroe de las huelgas obreras, el coloso de las luchas obreras que concita el odio de la patronal catalana y de las autoridades. Sin embargo, Seguí no fue el único: 205 sindicalistas y anarquistas fueron asesinados entre 1917 y 1923 en Barcelona. Un sindicalista de la talla de Seguí fue Evelio Boal, Secretario General de la CNT, ejecutado en Barcelona por la Ley de Fugas en 1921 junto con Antoni Feliu, tesorero del sindicato a las puertas de la Modelo (no fue gran orador pero destacó como escritor). ¿Quién a recordado a Boal?

Voy a intentar mostrar a un Seguí humano, alejado del mito y de las muchas manipulaciones que sigue sufriendo. Si lo logro o no es otra cuestión. Como Joan Zambrana ha explicado muy bien la biografía de Seguí, solo voy a detenerme en su pensamiento y en algunos aspectos biográficos que confirman que este sindicalista era un hombre con rasgos brillantes pero no excepcionales ni únicos dentro del ámbito libertario.

1. Salvador Seguí fue un trabajador «ilustrado», es decir, un  autodidacta formado a través de muchas y diversas lecturas, que tenía además una gran facilidad para expresarse oralmente en tertulias, mítines, conferencias, etc. Cuentan quienes le oyeron que era un gran improvisador y muy elocuente. Aspectos que no eran algo extraño entre algunos hombres y mujeres sindicalistas y anarquistas de aquella época en los que predominaba la oralidad. CLARAMUNT

Sin embargo, su oralidad fácil y convincente no se traducía en la escritura, algo que también era frecuente entre hombres y mujeres autodidactas y que trabajaban muchas horas en su oficio. A sus textos les falta coherencia, estructura, orden y tenían referencias cruzadas y reiteraciones, algo muy habitual cuando predomina la oralidad. La realidad es que tenemos muy pocos textos de Seguí, la mayoría son de autoría indirecta, es decir, son otras personas, que escuchan a Seguí en mítines, tertulias o conferencias, quienes reconstruyen y reelaboran lo que han escuchado, a veces, muchos años después cuando ya era considerado un mito. Por este motivo, Manuel Cruells, uno de sus biógrafos cuestionó su condición de escritor.

2.

¿Dónde se dio a conocer Seguí y se convirtió en el líder carismático que conocemos? Como tantos otros hombres y mujeres fue en la vida cotidiana de los sindicatos, en los conflictos sociales en que intervino (especialmente en la huelga de la Canadiense) y en la cárcel, verdadera escuela de militantes y de líderes (estancias en enero/junio 1920 y noviembre 1920/abril 1922). Estamos ante un gran organizador que se puso como objetivo que la CNT fuera un sindicato decisivo en el mundo del trabajo, que tenía una notable visión de futuro respecto a cómo lograrlo, un orador convincente y un líder carismático.

Si algo podemos afirmar con seguridad es que SS es un anarcosindicalista, por ello nos interesa sobremanera conocer cómo entendía el sindicalismo y el anarquismo. Seguí disponía de una genealogía muy rica para definir su pensamiento sindical. Esta genealogía arrancaba por lo menos desde la entrada del internacionalismo en 1870. Vamos a diferenciar dos etapas en esta genealogía:

1ª Etapa: 1870-1916 [FRE (1870) / FTRE (1881)] Respecto al sindicalismo, en esta etapa se fue definiendo un sindicalismo emergente con dos modelos organizativos, el de gestión de clara inspiración marxista y el radical (o revolucionario) de influencia anarquista.

El sindicalismo radical quedó definido alrededor de los rasgos siguientes:

·       En cuanto a la forma organizativa: unidad de los trabajadores/as en una misma organización de carácter económico, los intereses materiales eran el lazo natural y permanente que cimentaba la unidad de los trabajadores/as y aseguraba el descubrimiento del verdadero enemigo, el capital.

La base organizativa fueron las sociedades obreras de oficio.

·       La unidad estaba basada en la flexibilidad ideológica para lograr dicha unión de clase, esto implicaba, necesariamente, el apoliticismo que suponía dejar fuera del sindicato las ideas políticas. Se rechazaban además las peticiones de soluciones legales a los problemas laborales. Al reconocer a la lucha sindical un valor político en sí misma se negaba su subordinación a otros grupos como podían ser los partidos políticos. Es un sindicalismo pragmático y posibilista, ya que pretendía armonizar la implantación de mejoras con lo que permitían las circunstancias.

·       En cuanto a la táctica: acción directa, sin mediación política, a través de la acción huelguística para enfrentarse con eficacia a la patronal. El fracaso de las huelgas era valorado como un factor desmoralizador y que podía debilitar a la organización. La violencia estaba prácticamente ausente de los conflictos aunque éstos pudieran llegar a ser muy duros.

·       En cuanto a las reivindicaciones: la jornada laboral de las ocho horas como símbolo de la guerra abierta entre la burguesía y el proletariado.

El sindicalismo de gestión (UGT, fundada en 1888) se basaba en la idea de que toda iniciativa conflictiva debía estar sujeta a la organización. Los rasgos que definían este modelo de sindicalismo eran, sobre todo, de carácter táctico:

·       La perfecta organización y preparación de cualquier conflicto y, especialmente, de las huelgas. La huelga era un recurso más entre otros y sólo debía recurrirse a ella cuando no quedaba otro remedio. Cuando, agotados todos los recursos para obtener una mejora, se llegaba a la huelga, ésta debía estar perfectamente organizada, con fondos, para que no fracasara.

·       La gestión del comité directivo de la sociedad obrera en todo el desarrollo del conflicto tenía un gran protagonismo. En el comité, por tanto, estaban los sindicalistas más capacitados y los huelguistas se limitaban a suspender el trabajo. Las asambleas no eran necesarias puesto que el comité tenía capacidad de decisión para gestionar la salida del conflicto.

·       La prudencia y la cautela cuando se producía un conflicto. No se deseaba el enfrentamiento abierto y directo con los patronos y trataban de evitar la generalización de los conflictos para mantener la armonía social.

·       Respecto a las reivindicaciones, pretendían la dignificación del oficio a través de la defensa y mejora de las condiciones de trabajo, la clave era su moderación y su carácter estrictamente económico. Este sindicalismo procuraba ganarse el respeto y el favor de las autoridades planteando sus reclamaciones con prudencia y evitando que el conflicto saliera del marco legal convirtiéndose en problema de orden público

La genealogía del anarco-sindicalismo proviene de este sindicalismo radicalizado. Tenía numerosas similitudes con el sindicalismo revolucionario que se desarrolló en Francia en la primera década del siglo XX [carta de Amiens (1906)]. Pero el sindicalismo radical era un tipo de sindicalismo que no necesitaba de la influencia francesa ya que la evolución del sindicalismo español desde la Iª Internacional explicaban por sí solo este modelo sindical.

El problema principal de este sindicalismo era explicar la articulación de una lucha por reivindicaciones laborales (por definición integrada en el sistema) dentro de un movimiento que se definía como radical o revolucionario. Pero el anarquismo, especialmente a partir de 1906/07, argumentó que las luchas concretas podían favorecer la revolución:

·       Las reformas proporcionaban motivos para trabar batallas en la guerra entre burguesía y proletariado. Con ellas este último se preparaba para el combate, despertaba a la lucha, a la agitación y a la solidaridad.

·       Más que un adiestramiento material era una preparación psicológica con efectos concienciadores. En este aspecto, eran importantes las huelgas de dignidad, imposibles de conseguir (hacerse valer como persona, no aceptar las humillaciones o que lo degraden= sobre el trato recibido por parte de los empresarios, por ejemplo).

·       La lucha sindical, y la huelga especialmente, era la expresión espontánea de la rebeldía obrera y el medio más eficaz de «perturbar el orden» capitalista.

El sindicalismo también transformó al anarquismo abriéndolo a la acción de masas y a la alianza con otras organizaciones obreras. Esa unión de anarquismo y sindicalismo fraguó en la CNT, que se diferenciaba del sindicalismo radical en varios aspectos:

·       Por un lado, la existencia de un objetivo revolucionario de transformación social.

·       Por otro lado, la presencia de cierta influencia de la ideología anarquista que reducía la flexibilidad ideológica

·       Y, por último, un claro antipoliticismo que rechazaba la mediación de la acción directa también en la vía electoral.

Seguí mamó la formación de este sindicalismo, no tuvo que inventarlo ni reinventarlo puesto que nació en época internacionalista (1887), empezó a trabajar a los doce años (aprendiz de pintor), participando con 15 años en la huelga general de 1902 (Ahí conoció a una auténtica lideresa de esta forma de entender el sindicalismo desde el anarquismo: Teresa Claramunt).

Cuando se produjo el cambio de etapa (en 1916), Seguí tenía 29 años y una trayectoria dentro del sindicalismo, había conocido el populismo lerrouxista, la constitución de Solidaridad Obrera, la Semana Trágica, el nacimiento de CNT y tenía ya una experiencia como orador,  como organizador y como participante en numerosos conflictos sociales. Desde muy joven había entrado en contacto con el anarquismo y se definió como tal. Consideraba el anarquismo como una filosofía, una ética, una concepción del ser humano y de la sociedad que no podía realizarse de un día para otro. El anarquismo debía tener una traducción en la realidad cotidiana de la gente, si no era así podía caer en la mera especulación filosófica. Por este motivo, sindicalismo y anarquismo se complementaban.

2ª Etapa: 1916-(1923 para Seguí)1939. Se produjo un cambio transcendental: el sindicalismo revolucionario se transformó en un movimiento de masas, dando protagonismo al anarquismo que siempre fue minoritario. En el resto de Europa este sindicalismo casi desapareció en aras del sindicalismo de gestión posibilista y negociador unido al crecimiento de partidos socialdemócratas que soltaban el lastre del marxismo para, desde posturas reformistas, aceptar el capitalismo y la sociedad de clases. Al poco estalló la Revolución Rusa (1917) que pareció contradecir el triunfo del reformismo socialista y por eso resultó tan atractiva para el anarco-sindicalismo en un primer momento (CNT ingresó en la III Internacional en 1919). El «Informe Pestaña», que fue publicado en 1922, fue contrario a permanecer en la III Internacional por considerar la revolución bolchevique centralizada y burocratizada

¿Cómo se explica el arraigó del anarco-sindicalismo en España? Está muy relacionado con dos factores:

·       El contexto histórico.

·       Su habilidad para adaptar su práctica al contexto.

1-El contexto histórico: El sistema liberal denominado «Sistema de la Restauración» (1874-1931) fue un sistema basado en el bipartidismo y el turnismo que tenía su fundamento en la manipulación electoral a través del caciquismo o de los gobernadores civiles. Era muy difícil, durante la «Restauración», hacer atractiva una opción basada en la acción política y en las posibles mejoras sociales que podían producirse a través de una política reformista en la que confiaban republicanos y marxistas.

2-La habilidad para adaptar su práctica al contexto histórico.

En el contexto represivo y caciquil, el antipoliticismo y la acción directa resultaron más útiles para una parte importante de las clases trabajadoras que la táctica política.

La CNT supo construir un sindicalismo moderno, eficaz y efectivo en sus objetivos que lograba victorias en los conflictos sociales. No fue ajeno a ello el paso de la sociedad obrera de oficio, como base organizativa, a los Sindicatos Únicos de rama productiva, adoptados en Cataluña en el Congreso de Sans, junio/julio de 1918, que se generalizaron en toda la CNT en la 2ª mitad del año 1919. 

De esta manera, la CNT se convirtió en un sindicato fuerte, una organización de masas cercana al millón de afiliados/as a finales de la segunda década del siglo XX.

De esta genealogía sindical de casi 50 años se alimentó Seguí. Esta cultura organizativa se puso a prueba en la Huelga de la Canadiense en cuyo desarrollo tuvo tanto protagonismo SS y en la que impulsó la solidaridad y la colaboración desde la organización sindical. El fracaso final de esta huelga y la aparición de la violencia puso en cuestión el modelo normalizador que impulsaba Seguí y que buscaba construir una alternativa social con tranquilidad y a largo plazo, es decir, gradualista y moderada. Su concepción de la revolución, en efecto, respondía a una evolución progresiva que avanzara a la velocidad de la capacidad de preparación y organización del proletariado. Esta concepción gradualista le alejaba de los sectores impacientes que abogaban por provocar el estallido revolucionario a través, si era preciso, de la violencia.

Para Seguí, tan importante como la vertiente social de los Sindicatos Únicos era convertir el sindicato en herramienta de capacitación, para ello la CNT construyó dichos sindicatos como un espacio formativo de cultura y educación, como elementos de emancipación personal y colectiva. Se trataba de crear formas de contrasociedad igualitaria (cooperativas de producción, formas de vida colectivas, instituciones educativas y culturales, etc.) en el seno mismo de la sociedad desigualitaria. El Sindicato se considera un medio de capacitar a los y las trabajadoras en el oficio del autogobierno. Para Seguí el Sindicato es el epicentro social, político y cultural.

No obstante, recordemos que esta tarea de capacitación y de creación de formas de contrasociedad no contaba solo con los sindicatos sino con ateneos de barrio, escuelas, grupos excursionistas, naturistas, vegetarianos, grupos de mujeres, etc. Y sí, también grupos de acción. Seguí estuvo de acuerdo puntualmente con la violencia obrera como respuesta razonable al trato recibido del Estado y de la Patronal. Era el derecho a la legítima defensa. Sin embargo, la violencia es ineficaz por la correlación de fuerzas que nunca dará la victoria a la parte obrera. Además de por razones éticas derivadas del propio anarquismo.

Seguí podía aceptar pactos circunstanciales y flexibles con otros sindicatos e incluso con partidos políticos, pero rechaza que un partido pueda erigirse en representante de la clase trabajadora. Por lo mismo rechaza con claridad el marxismo por su exaltación del Estado y por su deseo de ejercer el poder sustituyendo a una minoría por otra con la consiguiente limitación de las libertades (la revolución rusa era un ejemplo práctico de este comportamiento del que Seguí marcó distancias). Esta manera de entender la revolución condujo a Seguí a rechazar la existencia de un partido obrero.

Seguí estuvo empeñado en seducir y atraer a la intelectualidad para que se incorporaran a los sindicatos y a la lucha sindical por su sentido de la libertad y la justicia.

Por último, la famosa cuestión nacional supuestamente planteada en un discurso que dio en el Ateneo de Madrid el 4 de octubre de 1919. Aclaremos algunos aspectos:

1º El 4 de octubre Seguí llegó a Madrid y no habló en el Ateneo sino en el teatro de la Casa del Pueblo, en un evento organizado por la Escuela Nueva.

2º El discurso de Seguí en el teatro de la Casa del Pueblo fue taquigrafiado y se publicó entero en el diario madrileño España Nueva (con repeticiones, reiteraciones y estructura de espontaneidad oral). También será recogido después en el folleto El Sindicalismo Libertario en Cataluña, aunque sin la parte de Seguí referente al catalanismo y a la Lliga Regionalista, así como en diferentes trabajos publicados en Francia e Iberoamérica desde los años 50, y en España tras el franquismo.

3º Pere Foix, un veterano anarcosindicalista pasado al catalanismo, tergiversó las palabras de Seguí al reproducir el discurso de la Casa del Pueblo en su obra Apòstols i mercaders, concluida al menos desde 1949 (ganadora de los Juegos Florales de Montevideo) y editada en México DF en 1957. ¿Intencionadamente? No lo sabemos. Quizá no; quizá lo escribiera siguiendo el guion de otro diario de la época y aportara el resto de memoria (en el libro, en general, abundan las imprecisiones).

Es el texto de Pere Foix el que ha tomado como referencia el nacionalismo catalán para señalar a Seguí como tal. En concreto este párrafo: «(…) nosotros, los trabajadores, como sea que con una Cataluña independiente no perderían nada, antes al contrario, ganaríamos mucho, la independencia de nuestra tierra no nos da miedo».

Si nos atenemos al resto de textos de Seguí, para él el conflicto que había en la segunda década del siglo XX en Cataluña era social, no nacional. En ese conflicto la burguesía y el catalanismo de la Lliga Regionalista  identificaba al anarco-sindicalismo como el enemigo a abatir y para ello puso en marcha el somaten, grupos de pistoleros, el sindicato libre, etc. Por su parte, Seguí consideraba a la Lliga (y Cambó) como el peor enemigo del anarco-sindicalismo y trató de transmitir en Madrid que no representaba a Cataluña, que pretendía utilizar el discurso de la autonomía para controlar la sociedad catalana.

Conclusión: Seguí es un sindicalista y anarquista que desarrolló un sindicalismo que procedía de una rica genealogía que siguió evolucionando hasta 1939. Tenía rasgos brillantes como líder sindical, como orador y como organizador. Un sindicalista a recordar pero no un mito ni un héroe a ensalzar o, peor, a manipular.

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Seguí y muchos otros sindicalistas y anarquistas podían estar en la línea del republicanismo federal de Pi i Margall que basaba el federalismo en la soberanía absoluta de individuos y municipios, no de Estados en que toda relación se basa en pactos libres, transitorios y revocables en función de las necesidades de los individuos o de las actividades.

 

 

jueves, 23 de septiembre de 2021

 

Laura Vicente es doctora de Historia por la Universidad de Zaragoza y catedrática de historia de la enseñanza secundaria. Es especialista en historia social e historia de la mujer, especialmente de España. En línea con el especial interés que tiene por las iniciativas sociales de raigambre anarcofeminista y por los movimientos sociales, ha publicado obras como Historia del anarquismo en España (2013), Mujer contra mujer en la Cataluña insurgente: Rafaela Torrents (1838-1909) y Teresa Claramunt (1862-1931) (2018) o La revolución de las palabras: La revista Mujeres Libres (2020). Actualmente también imparte algún curso sobre la organización Mujeres Libres en el espacio Crisi de Barcelona y Forma parte del equipo de redacción de la revista Libre Pensamiento que edita CGT y de la revista de historia XIX y veinte.

 ¿Por qué te interesaste durante tu trayectoria por el anarquismo y, concretamente, por el anarcofeminismo? ¿Qué llegó antes a tu vida, el anarquismo o el feminismo?

 

Como historiadora, el anarquismo me interesaba, pero lo que me interesó realmente fue el tema de la conflictividad y el sindicalismo. Ese fue el punto de interés inicial cuando tenía que hacer la tesina, pensé en hacer un trabajo sobre la huelga general de 1917. Luego, como aprobé las oposiciones, ya no necesitaba la tesina y, partiendo ya del conflicto de la huelga, lo amplié al sindicalismo y la conflictividad. El período que me gustó fue el previo a la Segunda República, porque, en el momento en que yo estaba estudiando, a todo el mundo le interesaba la etapa de la Segunda República y la guerra civil. Era el gran tema y generaba además mucha polémica y enfrentamiento (sigue sucediendo lo mismo pero en aquella época era mucho peor) y yo no me quise meter en ese arenal. Me fuí a los años 20’ porque de alguna manera había que entender eso para entender lo que ocurrió después. Y entonces, como digo, me interesó indagar exactamente en el sindicalismo. El sindicalismo que se conocía más fue lógicamente en Barcelona y en alguna otra ciudad, como en Madrid, y me generaba mucha curiosidad de ver si realmente el sindicalismo de ciudades no tan grandes respondía a la misma dinámica y características que el sindicalismo de estas ciudades. Finalmente vi que no era así. Y un poco la tesis doctoral se desarrolló en ese ámbito, allí salía el anarquismo, evidentemente, pero era más importante el sindicalismo desligado del anarquismo.

 

El feminismo me interesaba desde el punto de vista personal, porque yo ya estaba involucrada en ello. Dado que lo que estaba haciendo era partir de cero, ya que no había nada estudiado sobre esos años y sobre ese tema, el tema era inabarcable y el tema del feminismo no lo traté. Pero allí me encontré con una mujer, de pronto, que era Teresa Claramunt, que llegó a Zaragoza expatriada por su participación en la Semana Trágica, en un mitin hablandole a unos trabajadores hombres que estaban en huelga, y empezaba a interpelarles, preguntándoles que dónde estaban sus mujeres, sus hermanas, sus compañeras, etc. Entonces me imaginé a esa mujer delante de un auditorio totalmente masculino echándoles semejante bronca y se me quedó, hasta tal punto que cuando volví a investigar tenía que ser sobre Teresa Claramunt.

 

Por tanto, el recorrido fue este: el sindicalismo, luego el anarquismo y finalmente el feminismo, que ha ido creciendo.

¿Podrías aclararnos qué diferencia el anarcofeminismo del anarquismo y del feminismo en general? En otras palabras, qué lo caracteriza.

 

Es una pregunta súper complicada. Primero tenemos que diferenciar entre lo que es “anarquía”, “anarquistas” y “anarquismo”. La anarquía sería la imaginación utópica. Por decirlo de una forma poética, sería el espacio o espacios de invención, de evasión, que perforan en cierta manera la compacidad de la realidad. Eso genera la ilusión de un sistema diferente, de otro mundo posible. Claro, los anarquistas y las anarquistas son personas concretas que abrazan ese ideal del que estamos hablando, la anarquía. Y dentro de ellos/ellas hay de lo más diverso y diferente: hay pacifistas, hay gente que utiliza la violencia, agnósticos, creyentes, ateos… Y, finalmente, el anarquismo incluiría las ideologías y los movimientos que han reunido a personas tras ese ideal anárquico. Digamos que el anarquismo llegó a su culmen a finales del siglo XIX y principios del XX, al menos en España.

 

Volviendo a la pregunta, yo diría que dentro del anarcofeminismo, desde el punto de vista histórico, podríamos decir que las mujeres anarquistas de los años 30 tenían concepciones anarquistas bastante elementales. No eran mujeres que hubieran trabajado demasiado la ideología; tenían nociones anarquista muy sencillas. No lo digo como negativo, porque eran mujeres muy arraigadas a la realidad, a la gestión de la vida, a aspectos que yo creo que desde el siglo XXI valoramos más incluso que los planteamientos ideológicos. Y esto es lo que generará una evolución y un planteamiento diferente de la organización Mujeres Libres respecto al resto de movimiento libertario (la CNT, la FAI e incluso las Juventudes Libertarias). Ellas, de todas formas, no se consideraban feministas, porque asociaban el feminismo con el sufragismo, y el sufragismo lo consideraban como burgués. Se podría decir que defendían un feminismo de clase. De hecho lo que hicieron es algo muy actual, que es la interseccionalidad, es decir, cruzar la cuestión de género y la de clase (como mínimo estas dos cuestiones), y esto las diferenciaba del feminismo predominante de la época.

 

En la actualidad todavía es quizás más complicado de definir. No existe un anarcofeminismo como movimiento social actualmente. Un movimiento social lo entiendo como una red de grupos que comparten debates, reflexiones, actividades, campañas… Eso no existe hoy en España, y a nivel internacional también hay países donde el anarcofeminismo tiene cierta importancia, pero no hay coordinación internacional. Por lo tanto hablamos de grupos dispersos, que aquí están vinculados a la CGT y a la CNT y otros grupos que están


vinculados a ateneos o a casas okupas, pero muy a menudo no tienen contacto entre ellos o son esporádicos. Por todo ello es difícil caracterizar al anarcofeminismo en la actualidad.

 

Tiene coincidencias con el anarquismo, por ejemplo, en tres niveles: en cuanto a la acción política (acción directa, alternativas de base y búsqueda de redes comunitarias y de confrontación con el capital y el Estado), en cuanto a la organización (horizontales, pequeños grupos, que buscan el consenso) y en cuanto al lenguaje político (resistencia al capital, resistencia al Estado, al patriarcado y a todo aquello que sea jerárquico y que propugne la dominación social o política). Con los feminismos, el anarcofeminismo confluye con aquellos feminismos que coinciden con estas características que acabo de mencionar: que sean movimientos más de base, no institucionales, anticapitalistas, etc. Por poner un ejemplo más actual, las asambleas del 8M sería un poco (las que funcionan como tal) con las que hay más confluencia, o con tipos de movimientos como el movimiento LGTBI o planteamientos ecologistas. Pero claro, estas confluencias son relativas.

 Cuando apareció el anarcofeminismo, algunas iniciativas no tuvieron buena acogida por parte de los hombres del movimiento anarquista. Vemos, por ejemplo, en el libro que has publicado recientemente (La revolución de las palabras: la revista Mujeres Libres (2020)), donde se plantean los objetivos de la organización en cuestión, que no se veían como compatibles con el anarquismo más decimonónico. ¿Cuáles eran esos objetivos y por qué se veían como incompatibles?

 

A ver, cabe decir que que hubo hombres que vieron con buenos ojos la formación del feminismo anarquista, pero es verdad que mayoritariamente, y en las organizaciones sobre todo, pusieron bastantes dificultades a la constitución de este feminismo a través de una organización como fue Mujeres Libres y la propia revista. ¿Por qué? Pues porque no lo veían relevante. El movimiento anarquista estaba muy centrado en los temas de clase, aunque realmente las ideas del movimiento libertario son mucho más amplias, no centran todo en la explotación económica, sino que hablan de la dominación en general, que sale fuera de las fábricas, aunque realmente en esta época de fuerte crecimiento del anarquismo y del anarcosindicalismo estaban muy centrados en las cuestiones de clase. Entonces todo lo relacionado con la emancipación de las mujeres lo consideraban secundario, pensando que cuando llegara la revolución todo se solucionaría y el patriarcado caería por su propio peso.

 

Además acusaban a estas iniciativas de romper la unidad. Eso fue una cantinela bastante constante. La idea era que si las mujeres forman grupos propios iban a romper la unidad dentro de las tres organizaciones del movimiento libertario. Decir, igualmente, que dentro de las propias mujeres no estaban todas de acuerdo. Ya desde las pioneras: Teresa Claramunt era partidaria de formar grupos de mujeres y Teresa Mañé, que era la madre de Federica Montseny, era contraria, compartiendo igualmente la visión del feminismo anarquista. Y eso volvió a ocurrir durante la Segunda República y durante la guerra civil.

 

Yendo al tema de los objetivos, las mujeres anarquistas se sentían ninguneadas continuamente en las reuniones y actuaciones del movimiento libertario. Ellas sentían, y lo han dicho explícitamente cuando se ha entrevistado a las que todavía vivían hasta hace relativamente pocos años, el maltrato que recibían y sentían que les estaban quitando autoridad cuando hablaban y que se reían de ellas. Esto sucedía por parte de los hombres en la CNT y quizás también en algunos grupos de la FAI. Menos, no obstante, en Juventudes Libertarias y mucho menos en ateneos o en otro tipo de movimientos que no estaban relacionados con esas tres organizaciones. Digamos que ese maltrato y esa poca relevancia que se daba al tema de la emancipación de las mujeres las lleva, desde las pioneras, a intentar crear grupos y revistas solo de mujeres, para poder expresarse con tranquilidad, en espacios seguros, donde no serían ridiculizadas.

 

La revista Mujeres Libres se creó antes que la propia organización, precisamente porque tampoco se sentían muy seguras de poder impulsar un grupo potente. El objetivo de la revista, en palabras de Lucía Sánchez Saornil, que fue la principal agitadora y organizadora, pero siempre con el apoyo de Mercedes Comaposada y Amparo Poch, era que con la revista se quería crear una red de cordialidad. Se pretendió dar autonomía y capacitar a las mujeres, partiendo del hecho de que muchas de ellas eran analfabetas, y a partir de ahí intentar crear pequeños grupos alrededor de la revista basados en la cordialidad.

 

Desde mi punto de vista, la cordialidad es un programa político. Dentro del movimiento anarquista, si algo destaca, entre otras cosas, son los continuos enfrentamientos y disputas, quizás porque no hay nunca una organización jerarquizada, todo es asambleario y se discute. Pues estas mujeres lo que se plantean es salir de esa dinámica de tensiones y enfrentamientos y basarse en el afecto, en los vínculos personales. Es decir, un planteamiento político diferente.


Por ejemplo, las tres mujeres que he mencionada, las redactoras de la revista, se llevaban muy bien y sin embargo políticamente tenían muchas diferencias, tanto en el terreno político de cómo entender el feminismo como incluso en su identidad sexual, pero fueron capaces de dejar aparte esas diferencias e ir al objetivo, que era crear esos núcleos que con el paso del tiempo pudieran generar una organización capaz de luchar por la emancipación de la mujer. Pero claro, lo que pasa es que la revista se crea en mayo y en julio se produce el golpe de estado, estalla la revolución, la guerra civil, y todo se acelera. La organización se crea antes de lo que estaba prevista, en septiembre. Y el objetivo allí era muy claro, era la revolución entendida en esta doble dimensión, como revolución feminista y revolución de clase social.

 Un fenómeno del que queríamos preguntarte es acerca de cómo en una situación de guerra, la guerra civil, se consiguieron generar espacios de libertad para las mujeres, entrando en espacios públicos como con la revista Mujeres Libres que acabamos de mencionar. ¿Cómo fue eso posible? ¿Es casualidad que fuera durante esos años?

 

Mi perspectiva de la historia parte de que la historia tiene un planteamiento nodal, no lineal. Mayoritariamente los/las historiadores/as parten de que la historia es como una línea que va avanzando siempre en la línea del progreso, que siempre vamos a mejor, cosa que evidentemente es mentira y por eso se ha desplomado la modernidad (y por otras cosas). Con esta perspectiva lineal, de alguna manera, se selecciona aquello que se considera importante: los cambios económicos, los políticos y los sociales en menor medida. Todo lo demás, digamos, se escurre, se cae. ¿Qué pasa cuando ocurre una guerra? Pues que si esos son los cambios importantes, aparentemente, lo otro no encaja muchas veces con esa perspectiva de la línea recta que va avanzando. Esto pasa también con la revolución. La revolución convencional, como la que impulsaron en Rusia o incluso el movimiento libertario en España durante la guerra civil, es lo que llamamos una revolución modelizada, que tiene como objetivo un modelo de sociedad. Desde este tipo de revolución, cuando esta estalla hay que ir dando pasos hacia ese modelo.

 

La perspectiva nodal es diferente. Es como si fuera un red de pesca donde se forman rombos que constituidos por la unión de cuatro hilos. ¿Qué quiere decir? Que, a la vez, confluyen cuestiones muy diferentes y que pueden ser incluso contradictorias, pero que desde esta perspectiva todo es relevante, no hay algo que esté por delante y descarte lo demás. Así,


en la guerra civil, de la que normalmente nos dan una visión bastante tremebunda, podemos ver que se crean espacios de libertad, espacios de avance personal. Una situación en la que incluso la gente esté bien y recuerde la guerra como algo inolvidable porque fue posible actitudes positivas.

 

A me gusta mucho una cosa que dice Orwell en Homenaje a Catalunya, donde afirma que él, en España y en concreto en Barcelona, tuvo el sentimiento de haber entrado de repente en una era de igualdad y de libertad, en la cual la gente intentaba comportarse como personas y no como elementos de la maquinaria capitalista. Es decir, desde su perspectiva, a pesar de la violencia y persecución, se vivió una situación humanizada de la que le quedó buen recuerdo. No solo él, muchas de las mujeres de Mujeres Libres lo explican así, que vivieron una atmósfera mágica de crecimiento personal, ya no solo por la revista sino por el tipo de vínculos que establecieron entre ellas, etc.

 

Por ello, es factible desde esta perspectiva nodal decir que se generaron esos espacios de libertad para las mujeres. Eso es un poco lo que intenté desarrollar en el libro y en lo que sigo, esa revolución diferente a la del movimiento libertario, que en realidad duró solo unos meses. En cambio, la revolución que propusieron Mujeres Libres duró toda la guerra, y nadie la valoró, eran mujeres, estaban en la retaguardia y no se centraban en el tema económico y político.

 Sabemos que existía cierta relación de alianza con diferencias entre los sindicatos CNT y UGT. Comentas en el libro Historia del anarquismo en España (2013) que el anarcosindicalismo tuvo mayores resultados que el sindicalismo ugtista. ¿Por qué? ¿Qué aportaba el anarcosindicalismo frente al sindicalismo?

 

Digamos que la UGT practicaba un sindicalismo de gestión. Es decir, su idea del sindicalismo era crear un sindicato fuerte para negociar con los empresarios, intentando recurrir lo menos posible al conflicto y a la huelga. Cuanto más fuerte fuera el sindicalismo, más capacidad de negociación. Y en este planteamiento la idea es que los trabajadores fueran a golpe de pito, siguiendo y secundando lo que el sindicato dijera. Por otro lado, la UGT estaba vinculada a un partido. O sea, que va unido a un proyecto político, que es el del PSOE, en la línea de finales del siglo XIX y principios del XX, donde el partido predominaba sobre el sindicato, marcaba los objetivos y trataba de convencer a los/las trabajadores/as de que si el


partido crecía y llegaba al parlamento, podría sacar mejoras importantes para la clase trabajadora. El sindicalismo cumplía un poco esa función de proporcionar el apoyo al partido para que este consiguiera votos y lograra desarrollar el planteamiento de reformas legales para mejorar la situación de la clase trabajadora. Cabe decir que el PSOE, siendo aún un partido marxista, se consideraba representante de la clase trabajadora, no de otros sectores sociales como ocurre posteriormente.

 

Claro, el sindicalismo de la CNT no tiene nada que ver. Es radical y revolucionario, donde se considera la acción directa como la táctica sindical fundamental y su función no era gestionar nada, sino enfrentarse con los empresarios, con la patronal, y, en base a la presión (la huelga como elemento clave pero también otros recursos), imponer los objetivos que pretendía, sin perder nunca de vista que el último objetivo era la revolución como algo incluso inmediato, de ahí las huelgas generales revolucionarias. No está vinculado en absoluto con ningún partido político porque era contraria a la actividad política institucional y por ello no responden a ese modelo de conseguir mejoras en parlamentos a través de leyes. Eso supondría incluso reforzar el sistema. Si su objetivo es la revolución obviamente no pueden colaborar con el sistema, no puden colaborar con el Estado y el capital.

 

Lo habitual es que funcione más la fórmula del sindicalismo de gestión vinculado al partido, que es lo que pasa en seguida en gran parte de los países europeos. Pero aquí lo que ocurrió es que el intento de desarrollar un sistema político más democrático, con el Sexenio Revolucionario (1868-1874), fracasa y acaba desarrollándose el sistema de la Restauración, que duró mucho tiempo, de principios de los 70 hasta la Segunda República, que es un sistema liberal trucado. Realmente confiar en que el partido va a lograr mejoras en el Parlamento es una ilusión. Primero porque al partido le va a costar mucho conseguir un diputado, como ocurrió, que hasta principios del siglo XX el PSOE no consiguió un diputado y fue en coalición con los partidos republicanos, y, segundo, puesto que hay esa manipulación electoral y ese turno pacífico entre el partido conservador y el liberal, no van a gobernar nunca ni van a obtener mayorías importantes como para conseguir reformas políticas. Por tanto, el proyecto fracasa por ese lado. Pero es que también fracasa por el lado sindical. Porque la patronal es una patronal bastante agresiva, que no está por la labor de reconocer a los sindicatos y negociar con ellos, y por tanto la práctica sindical más moderada fracasa en gran parte. En cambio, el planteamiento de acción directa demuestra que logra más, por una cuestión de eficacia, y es lo que se demostró


a lo largo de los años 20, y por eso crecieron a diferencia de lo que estaba ocurriendo en otros países.

 Queda claro que las huelgas generales para la movilización de los obreros fue un recurso usual a finales del siglo XIX y principios del XX. ¿Qué importancia tuvo realmente dicha estrategia de movilización en España? ¿En qué han derivado, en tu opinión, las huelgas generales en la actualidad?

 

Desde luego la huelga general revolucionaria, cosa de la que la UGT no quería ni oir hablar, fue un mito movilizador tremendo, alrededor de la jornada laboral de 8 horas, que también estaba movilizada a través de la II Internacional en el ámbito socialista, pero que no se lo planteaban con ese carácter revolucionario. Es que aquí, cuando se empezaban a declarar huelgas en los años 90 del siglo XIX, se decía que se ponían en huelga hasta que no consiguieran la jornada laboral de 8 horas. Claro, no la conseguían, pero estaban 7, 8 o 9 días en huelga general, en unos sitios más extensa que en otros, que va además progresando a medida que ese sindicalismo movilizador va creciendo. Aquí destacaría la primera huelga general que abarcó a toda Catalunya en 1902. Fue tan espectacular y atemorizante para los empresarios que realmente empezaron a aprender incluso de las propias tácticas de los trabajadores. Por ejemplo, con lo del sindicato único, la Federación Patronal de Barcelona adoptó la misma forma y se organizó como patronal por ramas.

 

Realmente, fueron progresando a través de muchos fracasos, detenciones y ejecuciones. No fue fácil. Esto ya marcaría una diferencia con las pocas huelgas generales que se han producido en los últimos tiempos, no tiene absolutamente nada que ver. Por supuesto que también hay el peligro de perder el trabajo, pero es que entonces también estaba el peligro de ser detenido. La represión era terrorífica. No había en las ciudades policía (en el campo sí), salía el ejército. Cuando estallaba el conflicto de una huelga, inmediatamente se declaraban suspendidas todas las garantías constitucionales y el ejército salía a la calle con todo lo que tenía, cañones incluidos. En la huelga de 1902 los soldados acamparon en Plaza Catalunya orientando cañones en todas las calles que confluyan allí. Siempre había muertos, más las detenciones, ejecuciones, el Castillo de Montjuic… Estamos hablando de leyes especiales solo para los anarquistas, por ejemplo.


Cuando los sindicatos son más potentes, la primera huelga general relevante fue en 1916. La siguiente importante fue la del 1917. Todas esas huelgas mostraban que la oposición que tenía más fuerza contra la Restauración era el sindicalismo, y en concreto el anarcosindicalismo, y la respuesta represiva no era suficiente. Por tanto, en los años 20, que es la época de enfrentamiento más bestial, se dieron los grupos de pistoleros, ley de fugas, asesinatos de los dirigentes principales como Salvador Seguí, etc. Y la Federación Patronal financiaba todo esto en colaboración con el Estado y la Iglesia católica, con la creación de sindicatos católicos para romper las huelgas. Todo esto lleva al golpe de Estado de Primo de Rivera, que era capitán general de Catalunya. Inmediatamente con el golpe de Estado, quien felicitó primero, antes que nadie, a Primo de Rivera fue la Federación Patronal Catalana.

 

Y bueno, en relación a lo que preguntáis de las huelgas generales de ahora, pues es obvio. Primero lo que les cuesta a los sindicatos, sobre todo a los mayoritarios, convocarlas. Las últimas yo creo que fueron las del 15M porque ya les daba como verguenza, pero claro, era una jornada, intentando tener todo controlado. La diferencia está en que los sindicatos mayoritarios forman parte de las instituciones del Estado. Entonces, ¿cómo van a convocar huelgas de estas características? Es imposible.

 

 ¿Cuáles son las principales causas del desarraigo del movimiento anarquista en España?

  

La gran derrota de la guerra civil, por supuesto, y todo lo que eso supuso. La cantidad de muertos y toda la salida al exilio de miles de personas ya indica un debilitamiento importante. La posguerra fue durísima: se ejecutan prácticamente mas de 50.000 personas en casi 10 años. Esto desarticula a toda la izquierda. Los anarquistas tienen peor capacidad para adaptarse a la clandestinidad que por ejemplo el comunismo, porque intentan mantener aún una estructura organizativa horizontal. El partido comunista tuvo más capacidad de adaptación a la represión en general.

 

En los años 60’ empieza el desarrollismo económico y se sale un poco de la situación de miseria que vivía la clase campesina y trabajadora que, como decía Marx, no tiene nada que perder salvo sus cadenas. Pues empieza a no ser así, ya tiene algo más que perder. Entonces la clase trabajadora va perdiendo los planteamientos revolucionarios del período anterior. Finalmente, con la llegada de la democracia, esas ilusiones que no habían logrado fraguar en


los años 20 de que a través de la vía institucional se podían lograr mejoras, triunfa. La idea de que si votas a la izquierda esta logrará mejoras tiene más éxito en la clase trabajadora. Y ese sindicalismo de confrontación que comentábamos tampoco es tan eficaz. Todo esto hace que, sobre todo el anarcosindicalismo, realmente tenga muchas dificultades para crecer.

No me quiero olvidar de decir, de todas maneras, que durante la Transición sí que hubo un momento en el que pareció que podía crecer. En algunas zonas, como por ejemplo en Catalunya, tantos años de represión no habían podido extirpar la ilusión de la anarquía y, quién sabe, la formación de un sindicato anarquista de nuevo. Y la represión también del caso Scala contra el anarcosindicalismo de aquella época, que hay que tenerlo en cuenta porque desinfló la idea cuando estaba volviendo, con el royo de siempre de que los anarquistas solo saben usar la violencia y bla-bla-bla. Esta cosa de que hablar de anarquismo es hablar de violencia y de bombas, cosa que no es verdad, pero que da igual porque ya está muy metido en el imaginario de la mayoría de la población, y así sigue siendo fomentado.

 

Yo diría que el anarquismo como movimiento sí que ha decaído y es minoritario, pero creo que la anarquía, como sueño igualitario e imaginación utópica, no tanto. Puede haber anarquía sin que haya anarquismo. Yo creo, y así lo explico en Historia del anarquismo en España, que en el 15M hay muchos aspectos de los que se entiende por anarquía y sus planteamientos; en el feminismo, al menos en los más radicales, también, y en muchos otros movimientos. Está ahí. ¿Los movimientos anarquistas solo son anarquistas cuando se autodenominan como tales o son anarquista cuando utilizan las tácticas y las formas organizativas que siempre ha defendido el anarquismo? Pues yo creo que es este segundo punto.

 Justamente para terminar la entrevista quería leer una cita del libro que acabas de mencionar (Historia del anarquismo en España) cuando hablas sobre la decadencia del anarquismo con la guerra civil y el franquismo. «(...) el anarquismo no es un cadáver [...] es “polvo de estrellas” que se desprendió de las ruinas en que lo convirtió el franquismo y los cambios sociales producidos en la década de los sesenta, se infiltró por las grietas de la sociedad del bienestar y emergió, y emerge, con formas diferentes en la actualidad. Si quedará solo en eso, en materia primigenia que emerge aquí o allá, o conseguirá reinventarse a sí mismo, “desde el interior de las estrellas”, es cosa del futuro» (2013, 169- 170). Esto lo escribiste hace 8 años. Aunque ya lo acabas de responder de alguna manera,

¿Qué consideras que es el anarquismo hoy en el ámbito español? ¿Dónde podemos ver avivada su llama?

 

Bueno, hay teóricos que defienden que el anarquismo ha existido siempre, en el sentido de que cuando se han producido circunstancias que han requerido del apoyo mutuo y de la solidaridad, de la creación de comunidad, está la anarquía, y esto lo dice Kropotkin. Es cierto. En cierta manera, ya no solo para algo estrictamente anarquista; hay movimientos de protesta que son como olas, que tiene momentos en los que explosiona, tiene un recorrido y luego tiene una bajada. Muchas de estas explosiones tienen componentes de estos planteamientos anárquicos. Desde ese punto de vista yo creo que será difícil que desaparezca, porque está de alguna manera en la gente. La gente cuando tiene dificultades, como una catástrofe humanitaria o una crisis económica grave o la misma pandemia, lo que hace es agruparse, intentar ayudar al más débil, pues llevándoles comida por ejemplo a gente mayor como ha pasado en Madrid y Barcelona y en otras ciudades. Todo eso responde a estos planteamientos, de base, horizontales, de apoyo mutuo, de solidaridad, etc.

 

Lo que me genera más dudas es si será posible un movimiento tan potente como el que se produjo a partir de los años 20’ hasta la guerra civil. De todas maneras se habla de que el movimiento zapatista tiene mucho de anarquista. O, también, el movimiento kurdo. Estos son movimientos más potentes, aunque no se definen estrictamente como anarquistas pero tampoco lo rechazan.

 

¿Dónde lo veo avivado? Como he dicho, en el 15M, en el feminismo de base de las asambleas del 8M, en algunos ámbitos culturales, en ecologismo… Todos ellos utilizan muchos aspectos del anarquismo. Estos planteamientos nunca han fracasado, como se dice del comunismo. Nunca ha sido mayoritarios excepto excepcionalmente (y lo excepcional fue lo que ocurrió en España realmente). Tampoco pretenden serlo. Las organizaciones grandes no funcionan en el anarquismo puro, porque son partidarios de grupos pequeños para no perder que no haya jerarquías y que se organicen horizontalmente.

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1 Entrevista realizada el 6 de septiembre de 2021. Para escucharla en formato podcast: https://www.youtube.com/watch?v=TEIf37u9MJs

Especial agradecimiento a Laura Rodríguez Riera, por su revisión y sus recomendaciones.

2 guillem199669@gmail.com

3 bonastre763@hotmail.com