Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

miércoles, 3 de junio de 2026

«A mi aire»


 COPENHAGUEN

2026

(de mi cuenta de IG: @lauramartierra)

«A mi aire» (2 abril)

«El neoliberalismo gobierna también con sus aparatos de medición: arriba, las cuentas nacionales que consagran el PIB como teología de Estado; abajo, las encuestas de hogares que reducen la vida a ingreso y consumo, como si la existencia cupiera en dos casilleros. Así se vuelven invisibles —por definición, no por olvido— el cuidado, la comunidad, el descanso, la fiesta, la enfermedad, la soledad: todo lo que reproduce la vida pero no se deja traducir dócilmente a precio». René Ramírez Gallegos.


«A mi aire» (9 abril)

Leí hace poco que alguien hablaba del «refugio de las palabras», inmediatamente pensé en los libros. No sé si se refería a esas palabras o a las transmitidas oralmente.

Para mí son los libros (siempre en papel) y sus palabras lo que constituyen mi refugio, el lugar tranquilo y armonioso (da igual el tema sobre el que lea porque siempre ha sido una elección propia), el lugar silencioso lleno de murmullos, el lugar en el que soñar y poner los pies en tierra, el lugar del diálogo.

El refugio.


«A mi aire» (16 abril)

No me entusiasma la cocina, pero sé cocinar platos básicos y algunos más elaborados. Lo que más me gusta de cocinar es la alegría, incluso las gotitas de felicidad, que experimentan quienes prueban esos platos.

Rebuscando aquello que me proporciona alegría…


«A mi aire» (23 abril)

Hoy debería ser una fiesta importante para mí, pero no lo es.

Rechazo la mercantilización del libro como regalo para esta fiesta. Sé que la mayoría de esos libros no serán leídos, incluso, no serán abiertos.

Amo demasiado los libros para que me guste esta fiesta.


«A mi aire» (30 abril)

Por ejemplo, hoy es un día excelente para ir de librerías.

Las fiestas no tienen otro fin que la fiesta en sí misma. Por eso hoy ya no hay fiestas de verdad, cada fiesta sirve a un fin extrínseco cosificado y, por tanto, mercantilizado.