Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt
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sábado, 13 de enero de 2024

JEANINE Y MONTSE, UN RECUERDO INOLVIDABLE

 El 7 de octubre de 2016 participé en Madrid en un acto de recuerdo de Francisco Granados y Joaquín Delgado, ejecutados el 17 de agosto de 1963. En aquel acto quisimos recordar que existió una oposición al franquismo que no se rindió nunca, que una parte de dicha oposición era anarquista y que en ella había mujeres como no podía ser menos.

Mi intervención giró en torno a algunas mujeres que a principios de la década de 1960 estaban integradas en el Movimiento Libertario en el exilio, una parte de ellas en la Federación Ibérica de las Juventudes Libertarias (FIJL) que a raíz del dictamen de 1961  creó el organismo conspirativo Defensa Interior (DI).  La mayoría de las mujeres españolas eran hijas de militantes de la CNT y sus parejas también formaban parte del Movimiento Libertario. Las más mayores habían participado en la guerra civil, las más jóvenes no lo habían hecho por su edad, incluso había mujeres francesas, italianas o inglesas vinculadas al antifranquismo libertario. Sus nombres son menos conocidos que los de sus compañeros, en ocasiones desconocidos para la memoria, la historia y la genealogía anarquista y libertaria, en aquel acto quisimos rescatarlas del olvido, conocerlas y reivindicarlas.

Mi participación en aquel acto me dejó la impresión de que no sabía gran cosa sobre ellas y se presentó la ocasión de conocer más y mejor a aquellas mujeres[1] y a finales del mismo mes de octubre nos desplazamos al sur de Francia para entrevistarlas.

La pequeña comunidad de anarquistas octogenarias nos recibió extraordinariamente bien, nos invitaron a sus casas a comer y fueron generosas con sus recuerdos que compartieron conmigo que les hacía la entrevista y el cámara que las grababa. Una de las cosas que más me llamó la atención fue la humildad de las mujeres al contarnos su participación en la FIJL; era sorprendente la unanimidad en el comentario de que ellas no habían hecho nada y que no entendían porqué las queríamos entrevistar. Esta actitud, situadas siempre en segundo plano, encajaba perfectamente con lo que me dijo Tomás Ibáñez por correo electrónico los primeros días de noviembre de 2016:

«A la luz de los bienvenidos avances que ha aportado la lucha feminista en las últimas décadas no cabe duda de que la FIJL era una organización terriblemente machista (¡¡por ejemplo, si repasas la composición de las Comisiones de Relaciones de la FIJL—en “Insurgencia”— quizás te sorprenderá comprobar que salvo la compañera Rosa Vaqué en la CR de 1956 ninguna otra mujer ocupa cargo en el máximo órgano entre congresos de la FIJL !!).

Lo que no quería decir, ni mucho menos, que las compañeras no tuviesen criterio y no lo manifestasen en contextos más restringidos, tampoco significaba que no estuviesen tan o más decididas que los compañeros a correr riesgos o a contribuir a las tareas de la organización, pero permanecían en un segundo plano y casi todos lo encontraban “normal”».

JEANINE LALET

Entre estas mujeres que conocí, dos me produjeron una grata impresión: Montse Turtós y Jeanine Lalet, ambas desgranaron con sencillez su participación de enlaces e informantes en diversas actuaciones entre España y Francia. En el caso de Jeanine, junto con su compañero Jordi Gonzálvo, formaban parte de la base fronteriza de Perpiñán con que contaba el DI. Esta base, formada por más personas, no se acostumbraba a implicar directamente en las acciones del DI pero sí de los pases clandestinos, tanto de personas como de propaganda.


MONTSE TURTÓS

Montse nos relató su vida personal y su acceso a las ideas libertarias de forma muy vivida, desprendiéndose de dicho relato su manera de entenderlas. En su casa y la de su expareja, José Morato, se realizaba desde hacía años una tertulia los domingos sobre la situación de España. En 2016 tuvimos la suerte de grabarla en su casa un domingo soleado en el jardín y de participar en la comida con un grupo que mantenía dicha tradición.

Estos recuerdos que conservo en la memoria han aflorado al tener noticia de la muerte de ambas: el 10 de diciembre de 2023 Montse, y quince días antes su amiga Jeanine. Que la tierra les sea leve.

Laura Vicente



[1] El SP de CGT consideró relevante realizar entrevistas a las mujeres que vivían en Toulouse, Perpiñán y alrededores.

jueves, 23 de noviembre de 2017

MUJERES LIBERTARIAS DE ZARAGOZA

El día 17 de noviembre tuve la gran suerte de rodearme de compañeras y amigas (Lola Vicioso, que presentó el acto, Carmen Gracia, Ana Carrera, Pilar Lerín y Nieves Pina) para presentar el libro: Mujeres Libertarias de Zaragoza. El feminismo anarquista en la transición. La presentación se hizo en la librería La Pantera Rosa. 
Este texto recoge mi intervención en la presentación.


Este es un libro especial para mí:
  • Por adentrarse en una época reciente (la Transición) en la que casi es imposible trabajar desde el punto de vista de la historia por la cercanía a los hechos.
  • Por haber formado parte activa de lo que se describe en el libro, algo que nunca imaginé que haría.
Por ese carácter especial que tiene, me tomaré la licencia de montar mi intervención en esta presentación como un puzle, en cierta manera caótico, con aspectos que quiero resaltar, sacrificando una exposición más convencional, más ordenada y completa.


La primera pieza del puzle
Hace referencia a algo sobre lo que he pensado mucho y tengo claro que no conviene confundir: memoria e historia. Este libro se basó, en gran parte, en un ejercicio de despertar la memoria del pasado reciente para poner fechas y orden cronológico a la existencia de Mujeres Libertarias de Zaragoza. Todas nos dimos cuenta en ese intento de recuperar la memoria personal (que hicimos en dos mañanas de sábado de 2016) de su fragilidad. Por mi parte, comprobé una vez más que la memoria es tan solo un conjunto de recuerdos individuales y de representaciones colectivas del pasado, por ello en la introducción escribí estas palabras inspiradas en el historiador Enzo Traverso:
La memoria es en realidad una representación del pasado que se construye en el presente, resulta de un proceso en el que interactúan varios elementos, cuyo papel, importancia y dimensión varían según las circunstancias. Las personas cambian, sus recuerdos pierden o adquieren importancia nueva según los contextos, las sensibilidades y las experiencias acumuladas[1].
La memoria, por tanto, aporta elementos vitales a la historia, “el aliento de vida”, pero como tal es siempre subjetivo, necesita ser contrastado con otras fuentes que le otorguen más objetividad.
Y es la Historia la que tiene que aportar el discurso crítico sobre el pasado, es decir, una reconstrucción de los hechos y acontecimientos pasados tendente a su examen contextual y a su interpretación.
Este librito intenta humildemente, desde la memoria y otras fuentes documentales, hacer historia, o mejor microhistoria, ya que trata de estudiar  la actividad de un grupo feminista durante un breve, pero intenso, periodo histórico.


La segunda pieza del puzle
Hace referencia a la genealogía que durante cien años (década de 1830 a la de 1930) construyó el feminismo anarquista.  Los seres colectivos siempre son más de lo que son puesto que llevan en sí fuerzas de tiempos anteriores, de esta forma no se trata de verlos desde fuera sino desde dentro, desde lo que somos podemos evaluar mejor lo sucedido en el pasado. Así lo expresa el escritor y poeta Jean Tardieu, en una bella metáfora de la genealogía de las clases trabajadoras, cuando dice:
Si con una llave, golpeo los hierros que él golpeaba, escucho todavía, en su sonido que permanece puro, brotar del fondo de los siglos criminales el grito de su esfuerzo y de su triunfo[2].

Yo llevo mucho tiempo golpeando los hierros que ellas golpeaban y escuchando el sonido puro de sus esfuerzos, de su activismo, de sus ideas, de sus lágrimas, de sus emociones, de sus vejaciones, de sus vidas…
El feminismo anarquista forma parte, por tanto, de una ascendencia de largo recorrido que fue el resultado de la diversidad, la apertura de miras y la evolución a lo largo del tiempo. El nacimiento de los grupos de “Mujeres Libertarias /Libres” durante la Transición democrática (1975-1982) intentó vincularse con esa genealogía de cien años que arrancó con las utópicas de la década de 1830, paso por las republicanas, las internacionalistas, las librepensadoras, las pioneras que definieron el feminismos obrerista anarquista (las “dos teresas”) y que floreció en la II República con Mujeres Libres ya iniciada la Guerra Civil. Pero esa genealogía feminista quedó truncada violentamente por la Dictadura franquista, que sin duda tuvo una dimensión de género, produciéndose un vacío que no fue fácil llenar en la Transición.


La tercera pieza del puzle
Es la constatación, hoy, de que el activismo se nos comió y un aviso a navegantes para que no vuelva a suceder. Pocas mujeres (por el grupo pasaron algo más de treinta personas) abarcaban mucha actividad en el terreno de la lucha en perjuicio de la reflexión y de la construcción de teoría. Se leyeron libros, se elaboraron ponencias, pero no se construyó, desde mi punto de vista, las bases de un feminismo anarquista sólido. Esto no quiere decir que no tuviéramos una personalidad libertaria definida y diferenciada de los otros feminismos. Cualquier tema (el militarismo, la sexualidad, las relaciones de pareja, el trabajo, la cultura, la educación, etc.) incidía en la opresión que sufrían las mujeres y que hacían necesaria una rebelión entendida como subversión de los valores más profundos y enraizados en cada persona, eliminando los prejuicios basados en la cultura autoritaria del franquismo. La defensa de la libertad, clave para las libertarias, se fundamentó en la búsqueda de la independencia psicológica y de la autoestima, poniendo en valor la llamada “emancipación interna”, que ya defendía Emma Goldman, para que las mujeres se convirtieran en sujetos de su proceso de liberación.
Todo esto fue tremendamente positivo y lo tradujimos en ideas, organización, reivindicaciones y luchas (tres de los cinco apartados que estructuran el capítulo 4 dedicado al grupo), pero la falta de tiempo nos impidió adaptar el feminismo anarquista heredado del pasado a los años ochenta.


La cuarta pieza del puzle
Hace referencia a la constatación de que el feminismo no afectaba solo a lo político, a lo público, sino que incluía lo personal. Ese descubrimiento fue revelador para muchas de nosotras: el poder, la autoridad, la subordinación… no estaban solo en lo exterior (religión, Estado, ejército, lugar de trabajo, etc.) los teníamos en casa, en nuestra pareja, en las relaciones sexuales. Lo impregnaba todo, hasta lo más íntimo. Y empezamos a hablar de lo que vivíamos, de cómo era nuestra sexualidad, de nuestras parejas, del sexismo, cuando no paternalismo, que sufríamos en las propias organizaciones libertarias.
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[1] Enzo Traverso (2012): La historia como campo de batalla. Interpretar las violencias del siglo XX. FCE, Buenos Aires, Argentina, p. 286.
[2] De Jean Tardieu: La Part de l’ombre, citado en Colson, Daniel: Pequeño léxico filosófico del anarquismo. De Proudhon a Deleuze. Buenos Aires: Nueva Visión, 2003.