La psicología evolutiva tiene como fin la aparición
de la personalidad inteligente, es decir, de una personalidad que nos aporte
las mejores condiciones posibles para ser felices. La personalidad, de esta
manera, se convierte en el origen del comportamiento y también en su meta. Sin
embargo, en muchas ocasiones nuestra personalidad se ve entorpecida por una
excesiva regulación del medio e incluso se ve manipulada y frenada para impedir
la creatividad y el desarrollo pleno de nuestra inteligencia.
James C. Scott, profesor de Sociología y
Antropología en la Universidad de Yale, ha centrado sus estudios en la
resistencia a la dominación y en los propios dominados. ¿Cómo sobreviven las
personas en situaciones de opresión? ¿Qué hace posible la resistencia e incluso
la revolución? Este autor, en Los
dominados y el arte de la resistencia[1],
tiene una perspectiva original de la dominación puesto que afirma, en base a
sus estudios sobre los pueblos del sureste asiático, que cuanto más grande sea
la desigualdad de poder entre los dominantes y los dominados, y cuanto más
arbitrariamente se ejerza el poder, el discurso público de los dominados
adquirirá una forma más estereotipada y ritualista. Por ello, diferencia
claramente discurso público (conducta del subordinado en presencia del
dominador) de discurso oculto (conducta más allá de la observación directa de
los detentadores de poder).
El discurso oculto no contiene solo lenguaje escrito
u oral sino una extensa gama de prácticas de resistencia que recurre a formas
indirectas de expresión, denominadas, por Scott, infrapolítica. En ella podemos encontrar una cultura popular basada
en chismes, cuentos, canciones, ritos,
códigos, eufemismos, etc.
Señala Scott algo obvio que muchas veces no tenemos
en cuenta las historiadoras/es:
Salvo en el caso de una verdadera rebelión, el discurso oficial ocupa la mayor parte de los actos públicos, y por lo tanto la mayor parte de los archivos. E incluso en las ocasiones en que los grupos subordinados se hacen presentes, sus motivos y su conducta estará mediatizada por la interpretación de las elites dominantes (p. 133).
Por ello los subordinados harán grandes esfuerzos
para ocultar aquellas actividades y opiniones suyas que podrían causarles
problemas, solo en los momentos de desesperación, rebelión y desafío pueden
ofrecer una especie de ventana hacia el discurso oculto. Los grupos
subordinados han aprendido a disimular su resistencia y su desafío en
ritualismos de subordinación que sirven tanto para disfrazar sus propósitos
como para darles una puerta de salida por donde evitar las consecuencias de un
posible fracaso.
En los grupos subordinados no es rara la negación de
la dominación en el pensamiento, lo raro es que puedan llevarla a efecto
abierta y plenamente. Según Scott, en la historia de Occidente hay pocos casos
en los que vislumbramos algo de las
utopías de justicia y venganza: la guerra campesina alemana, la guerra civil
inglesa, la Revolución Francesa, la Revolución Rusa y la República española en
1936.
Scott señala que el análisis tradicional marxista le
da prioridad a la apropiación de la plusvalía, como espacio social de la
explotación y la resistencia, en cambio él le da prioridad a la experiencia
social de los ultrajes, el control, la sumisión, el respeto forzado y el
castigo. Esta elección de prioridad no contradice la importancia de la
apropiación material en las relaciones de clase. Por tanto, el ámbito en el que
el dominado puede, aunque sea temporalmente, afirmar su dignidad y su valor
como ser humano es aquél donde se reúne con sus semejantes, entre los cuales,
por tanto, tiene menos que perder en caso de un ataque público a esa dignidad.
En ese círculo se crea el discurso oculto y se reserva un espacio social,
alejado de la dominación.
¿Cuándo emergerá el discurso oculto? ¿Cómo emergió,
por ejemplo, cuando se inició el movimiento de las plazas el 15 M de 2011?
El inicio de la emergencia del discurso oculto se
produjo cuando un acto práctico de desobediencia (la acampada de un grupo de
jóvenes convocado por las redes sociales) se juntó con una negativa pública por
parte del poder y de esa forma se constituyó un reto y una “declaración de
guerra”. Cuando se rompió el silencio y emergió el discurso oculto, tanto el
pequeño grupo inicial como los que compartieron su condición, vivieron la
declaración explícita como un momento en el cual, en lugar de las ambigüedades
y las mentiras, se expresó finalmente la verdad, la verdad y la autenticidad personal.
Al permitir que se manifestara una parte de la personalidad de las personas que
se reunieron en la plaza, la declaración pública del discurso oculto, esas
personas, y las que se fueron uniendo a la acampada y a las plazas, recuperaron
una parte de la autoestima y de la humanidad perdida por la atomización
individualista vivida ante la crisis.
¿Cómo se supo cuál era el momento oportuno? No hay
una fórmula mágica, ni científica, para saberlo. Hay momentos en que parece
reducirse el peligro, pero también depende del temperamento y la valentía de las
personas que dan el primer paso. Por tanto es importante la atmosfera social en
que se desarrolla esa primera declaración pública del discurso oculto.
La primera declaración pública del discurso oculto
adquirió, el 15 de mayo, la forma de ruptura pública de un ritual tradicional
de subordinación al no aceptar los canales políticos o sindicales tradicionales
y ocupar la calle como espacio de la rebelión. Solo cuando el discurso oculto
se declaró abiertamente, los subordinados pudieron reconocer en qué medida sus
reclamos, sus sueños, su cólera eran compartidos por otros subordinados con los
que no habían estado en contacto directo.
Pero, según Scott, la primera declaración pública
del discurso oculto tiene una prehistoria (la infrapolítica) que explica su
capacidad de producir conquistas políticas. Si ese primer acto hubiera topado
con una derrota decisiva, difícilmente hubiera sido imitado por otros. Si tiene
éxito, como ocurrió en el movimiento de las plazas, su capacidad movilizadora
como acto simbólico fue potencialmente asombrosa.
[1]
JAMES C. SCOTT (2003): Los dominados y el arte de la resistencia. Txalaparta, Tafalla.
Este autor tiene otro libro interesante que concreta más su manera de entender
sus propuestas: JAMES C. SCOTT
(2013): Elogio del anarquismo.
Planeta, Barcelona.


















