Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

sábado, 3 de febrero de 2024

OS CUENTO…

 

8 y 15 de octubre 2023

Los medios técnicos, a veces, facilitan amistades que nunca se hubieran producido sin dichos medios. Durante la pandemia a alguien se le ocurrió crear un foro de mujeres y hombres (la mayoría) anarquistas para reflexionar sobre lo que estaba ocurriendo. Este foro utilizaba el correo electrónico para canalizar impresiones, sensaciones y sorpresas de un hecho tan excepcional, para nosotras mujeres y hombres europeos, como la pandemia del covid.

En ese foro enseguida sintonicé con algunas personas y de estas logramos construir dos amistades, sorprendentemente las dos son de origen argentino, que se han ido consolidando. Una de ellas ha venido de viaje desde Buenos Aires para ver a la familia de su pareja y hemos podido vernos durante estos días y hablar cara a cara con gestos, risas y lágrimas si hace falta.

Por otro lado, llevo unos días de revisión ginecológica anual que siempre me altera. No me gustan los médicos y médicas, lo siento si alguno de ellos o ellas lee estas palabras.

Os quería contar que llevo ya bastantes capítulos de una serie que hoy no triunfaría como lo hizo en los años noventa del siglo pasado (realmente parece no pasar nada de un capítulo a otro, es dulcemente lenta). La verdad es que vi muy pocos capítulos en su momento, pero tenía un agradable recuerdo de «Doctor en Alaska». Ahora que la estoy viendo capítulo a capítulo me sorprende que el recuerdo poco tenía que ver con lo que es la serie. El protagonista, Joel Fleischman, es un maravilloso y gruñón personaje: un médico judío de Nueva York que se ve obligado a desplazarse a Cicely, un pequeño pueblo en las tierras salvajes de Alaska, para devolver la inversión que se había hecho en su carrera de medicina.

Realmente todos los personajes son maravillosos: Maggie, Chris, Marilyn, Ruth-Anne, Shelly, Ed, Maurice, Holling, etc. Aunque su apariencia es de una especie de comedia superficial, aparecen temas relevantes: el significado de ser judío, el indigenismo, la ecología, la pareja, la importancia de las pequeñas comunidades, las diferencias sociales y otros muchos temas. Me gusta sin más.

Sobre lecturas, otro día os cuento, me he alargado mucho hoy.

Música: he recuperado a Gladys Knight.



22 y 29 de octubre 2023

Estas semanas se ha incrementado mi odio al militarismo, a las armas y a las guerras. El uso de armas, me da igual que sean Estados, grupos o mercenarios..., me generan una reacción negativa instintiva. Nada positivo puede salir del uso de las armas a manos de hombres uniformizados, obedientes y disciplinados que matan por defender fronteras, naciones, religiones, utopías o cualquier proyecto que los lleve a matar.

Las guerras y las armas conducen a más armas, más guerras, más odio y más deseo de venganza. La población civil sale siempre perdiendo, las personas menos preparadas para la guerra y la violencia sale siempre perdiendo. 

En el anterior «os cuento» no me dio tiempo a hablaros de los libros que he leído en este último mes. Una línea de lecturas tiene como eje los debates alrededor del concepto de anarquía. En julio leí el libro de Andityas Matos, La an-arquía que viene; en septiembre el de Catherine Malabou, ¡Al ladrón! Anarquismo y filosofía; y ahora estoy leyendo de Frédéric Lordon, La condición anárquica. Tengo preparado el siguiente de Reiner Schürmann, El principio de anarquía.

Todos ellos son libros en los que los autores, ellos mismos u otros que analizan, han otorgado a la anarquía un valor a la vez ontológico, ético y político determinante, sin por ello lograr movilizar un verdadero pensamiento del anarquismo. Hay diversos filósofos (Malabou revisa y dialoga con Schürman, Levinas, Derrida, Foucault, Agamben y Rancière) que inscriben la anarquía en el centro de su pensamiento, pero destacan su irreductibilidad al anarquismo político. Pero ambos tienen un mismo compromiso: la crítica inapelable de los fenómenos de dominación que remiten de manera unívoca a la sujeción y la alienación y desdibujan así el límite entre poder y abuso de poder. Ambos consideran por igual que la dominación es el problema del poder.

Y me quedo aquí, solo en esta primera línea de lectura.

Música: Arturo Sandoval, trompetista y pianista cubano de jazz (Guarachando

martes, 23 de enero de 2024

ENTREVISTA A LAURA VICENTE VILLANUEVA ACERCA DE SU LIBRO «TERESA CLARAMUNT, PIONERA DEL FEMINISMO OBRERO ANARQUISTA»

 


Teresa Claramunt nació en Sabadell en 1862 y desde niña trabajó en la industria textil por lo que experimentó en primera persona las jornadas extenuantes, los bajos salarios, las pésimas condiciones laborales y los conflictos sociales. Desde muy joven inició su activismo en pro del anarquismo y la defensa de las mujeres, temas fundamentales a lo largo de su trayectoria como propagandista, junto con el anticlericalismo, el acceso a la cultura o el antimilitarismo. Su falta de formación académica no impidió que sus mensajes, tanto en sus discursos como en sus escritos, apelaran a mucha gente que se sentía reconocida, valorada y defendida. A pesar de ser objeto de constante persecución, nunca abandonó la lucha por lo que calificó como “una sociedad más justa, más bella, más humana, que hemos dado por llamar la sociedad anarquista, ácrata o libertaria”; incluso enferma e inmovilizada, hasta el fin de sus días (11 de abril de 1931), estuvo difundiendo entre quienes la visitaban el ideal anarquista.

Pero este libro es más que una biografía al uso centrada exclusivamente en la vida del personaje. A partir de Teresa Claramunt, su autora nos adentra en el convulso contexto social y político de la época, marcado por las luchas obreras y las huelgas generales, y nos ofrece un panorama del papel del sindicalismo anarquista, la represión, la cárcel o las deportaciones que sufrieron diferentes figuras del movimiento libertario, entre las que se encontraba la propia Claramunt.

Laura Vicente es doctora de Historia Contemporánea por la Universidad de Zaragoza, catedrática de esta disciplina en Enseñanza Secundaria y especialista en la historia del anarquismo, el movimiento obrero y las luchas de las mujeres. En esta línea, ha publicado Sindicalismo y conflictividad social, Zaragoza 1916-1923 (1993), Historia del anarquismo en España: utopía y realidad (2013), Mujeres libertarias de Zaragoza: el feminismo anarquista en la Transición (2017), Mujer contra mujer en la Cataluña insurgente: Rafaela Torrents (1838-1909) Teresa Claramunt (1862-1931) (2018) y La Revolución de las palabras: la revista Mujeres Libres (2020).

¿Cómo te surgió la idea de adentrarte en la vida de Teresa Claramunt y por qué elegiste a este personaje para narrar toda una época de luchas, fracasos, represiones…?

Me «encontré» con Teresa Claramunt cuando investigaba el sindicalismo zaragozano para la Tesis Doctoral. Esta mujer había sido desterrada a Zaragoza a raíz de la Semana Trágica en Barcelona. Leyendo la prensa de octubre de 1910 encuentro la noticia de su participación en un mitin para tratar de las huelgas de aquellos días. De su intervención me llamó la atención su interpelación a los hombres respecto a las pocas mujeres que asistían al mitin y a la necesidad de poner en marcha una revolución de las costumbres empezando por los hogares. Esa «imagen» de Teresa Claramunt en el estrado y esa idea de la revolución doméstica no la olvidé.

El trabajo y la crianza de dos hijos me apartaron de la investigación durante más de diez años y cuando volví a ella tuve muy claro que quería hacer una biografía de aquella mujer que no había olvidado: Teresa Claramunt.

La Tesis Doctoral se centraba en los años veinte del siglo XX y di un paso hacia atrás en el tiempo histórico puesto que Claramunt nació en 1862. El sindicalismo y el anarquismo del último tercio del siglo XIX me conducían al que había investigado en la Tesis, así que todo parecía encajar.

En el título de tu libro la defines como pionera del feminismo obrerista anarquista, puedes decirnos qué caracteriza a este feminismo frente al convencional.

De entrada, remarcar que no se definió como feminista que identificaba con sufragista. Ese feminismo lo cuestionó por burgués, por su posición contraria a la vía electoral, y por posicionarse en contra de la lucha contra los hombres.

Claramunt consideró que el feminismo burgués descuidaba la «dignificación» de la mujer obrera y que entendían la emancipación femenina como «libertad relativa, ficticia», formal (tan solo ante la ley).

Pese a no asumir el término «feminista» por lo que acabo de señalar, se decantó hacia posiciones que denominamos de feminismo social frente al feminismo de la igualdad. Es un planteamiento mayoritario en Europa ya que el planteamiento de la igualdad ante la ley solo de desarrolló en los países anglosajones. El feminismo social se basaba en dos características:

1ª La diferencia de género: este feminismo aceptaba las distinciones entre los sexos, tanto biológicas como culturales, y la existencia de una naturaleza femenina diferente a la masculina que estaba en la base de la división sexual del trabajo y de las funciones diferenciadas dentro de la familia y la sociedad. Pese a ello este planteamiento era feminista porque reclamaba los derechos de las mujeres considerando que el hecho de contribuir a la sociedad de manera diferente no tenía por qué suponer la desigualdad con los hombres.

2ª Los objetivos principales del feminismo social eran el acceso a la educación (el término utilizado era el de «capacitación»), considerado como un pilar de la inferioridad y discriminación de la mujer que fomentaba los prejuicios, la ignorancia y el fanatismo religioso. Entendida, sin embargo, como educación integral podía ser un elemento clave para su emancipación. El segundo objetivo era el acceso al trabajo asalariado: partían de que las mujeres estaban explotadas como los hombres, ganando un salario inferior. La mayoría de las mujeres tenían trabajos sin cualificación, mal remunerados y sufrían abusos sexuales en los lugares de trabajo. Y, además, tenían que hacer las faenas domésticas cuando llegaban a casa.

El reconocimiento de que la esclavitud de la mujer venía de la dependencia económica del hombre llevó a Claramunt y otras mujeres a señalar que el salario podía ser un factor liberador para las mujeres dotándoles de autonomía económica. Algo que no les impedía seguir cuestionando la explotación que sufrían como obreras.

Por último, la dominación de las mujeres no se daba solo en el taller y en la fábrica sino que se daba en el espacio íntimo de la pareja (espacio doméstico). Claramunt consideraba que las mujeres debían poner en marcha una auténtica revolución doméstica basada en una dura crítica al matrimonio y la familia burguesa, siendo partidaria de las uniones libres.

Al feminismo social se añadía desde el anarquismo la conciencia de clase puesto que eran partidarias de acabar con el capitalismo y la sociedad de clases. Solo con la revolución social se produciría una especie de equilibrio entre la naturaleza femenina y masculina que lograría el fin de las discriminaciones.

Se trata, por tanto, de un feminismo social, obrerista y con influencia anarquista en cuestiones como la sexualidad, la defensa de la libertad, del humanismo integral, la democracia directa, el antipoliticismo, etc.



En este periodo histórico nos relatas los enfrentamientos que hubo entre el anarco-colectivismo y el anarco-comunismo y cómo Claramunt transitó del uno al otro. Nos puedes explicar las diferencias entre ambos y por qué estas tensiones.

Teresa Claramunt más que transitar de uno al otro por criterios propios, podríamos decir que fue colectivista porque lo eran las sociedades obreras que conoció en Sabadell y luego pasó a ser anarcocomunista cuando la mayoría de estas sociedades obreras lo fueron. No es un tema que le preocupara y no tengo constancia de que hablara o participara en el debate que fue intenso a finales del siglo XIX.

Respecto a los enfrentamientos dentro del anarquismo, el colectivismo es una escuela de pensamiento que aboga por la abolición de la propiedad estatal y privada de los medios de producción, ya que prevé que estos sean de propiedad colectiva, controlados y autogestionados por los propios trabajadores y trabajadoras. Una vez que se lleve a cabo la colectivización, el dinero sería abolido y los salarios de los trabajadores se determinarían en organizaciones democráticas en función de la dificultad del trabajo y la cantidad de tiempo que contribuyen a la producción. Estos salarios se utilizarían para comprar bienes en un mercado comunal.

El anarquismo colectivista se enfrentó con el anarcocomunismo, porque este último defiende la abolición de los salarios y los individuos tomarían libremente de un almacén de bienes siguiendo el principio de “a cada uno según su necesidad”, frente “a cada uno según su trabajo.

En la práctica el colectivismo confiaba en las sociedades obreras y en la huelga ordenada y disciplinada, mientras el anarcocomunismo era partidario de la organización a través de grupos de afinidad y planteamientos más radicales.

El anarquismo colectivista fue la tendencia dominante del anarquismo en el siglo XIX hasta que el anarcocomunismo tomó su lugar.
 
La fama y popularidad que Claramunt alcanzó en Cataluña ¿se extendió a otros lugares de España ―más allá de Andalucía y Zaragoza, que mencionas en el libro―? ¿Llegó a tener relevancia internacional?

Desde luego donde su fama e influencia fue mayor fue en Cataluña, pero vivió en diversos lugares o recorrió muchos lugares dentro de campañas de propaganda. Su figura era conocida y tenía mucho prestigio.

En el ámbito internacional, Claramunt fue conocida en algunos países como Inglaterra o Francia por sus exilios obligados. Relevancia internacional quizás es un exceso, pero fue conocida fuera de las fronteras españolas.
 
“Los anarquistas decidieron bajar del palomar” y “El regreso del anarquismo a su torre de marfil” son los títulos de dos capítulos del libro en los que muestras dos posturas tácticas del anarquismo, ¿en qué situación consideras que se encuentra el anarquismo en este momento? ¿Su llama está viva a nivel de calle o está encerrado en sí mismo y sus certezas?

Es una pregunta difícil de responder. Me parece que la situación del anarquismo en la actualidad es compleja porque no está sabiendo interpretar de forma clara las transformaciones que se están produciendo. La práctica para el anarquismo es fundamental porque de ahí se derivan sus planteamientos teóricos, pero dicha práctica se vincula aún al sindicalismo y este mantiene estructuras organizativas y formas de lucha del siglo pasado poco adaptadas al siglo XXI. El hecho de que los mayores esfuerzos sigan vinculados a un sindicalismo necesitado de renovación provoca una escasa presencia en otros ámbitos y una pobreza en los análisis de lo que está ocurriendo. Esta situación influye en que sea difícil salir de las disputas internas tan habituales en el movimiento libertario.

El lado positivo es que existe una diseminación de ideas ácratas en movimientos que no se reconocen como tales y que nos permite concebir la esperanza de que hay una polinización que tendrá sus frutos.
 
En Teresa Claramunt se produjo con el tiempo un cambio ideológico respecto a los obreros y llegó a menospreciarlos por centrarse exclusivamente en peticiones de salario o jornada laboral, y carecer de una perspectiva revolucionaria. ¿Qué supones que pensaría de la clase trabajadora actual, de su situación laboral en clara regresión y de su sumisión al orden establecido?

Sí, es cierto que paso de una confianza en la actividad sindical a una desconfianza, provocada por los fracasos de huelgas importantes y por la oleada de atentados, en la capacidad de revuelta de la clase trabajadora. Eso la llevo a pensar que una minoría muy activa (una especie de vanguardia) podía desencadenar un proceso de transformación social que arrastraría a la masa obrera.

¿Qué pensaría hoy? Pues que sus suposiciones respecto a la tendencia al conformismo y al reformismo de la clase trabajadora eran acertadas. Lo que seguro que nunca pudo imaginar es cómo la clase trabajadora ha sido seducida por el consumo.
 
De nuevo has escrito sobre Teresa Claramunt en Mujer contra mujer en la Cataluña insurgente, en donde comparte protagonismo con Rafaela Torrents. ¿Quién era esta mujer y por qué decides confrontar las dos biografías? Parece evidente que, dada la procedencia de clase de cada una, sus vidas fueron muy diferentes, pero ¿has encontrado semejanzas entre ambas mujeres y sus experiencias vitales?

Rafaela Torrents era una mujer de clase acomodada que se casó con un indiano enriquecido (con la trata de esclavos y con el comercio) que les permitió comprar un título nobiliario a la monarquía española. Una familia de gran poder económico en la Barcelona de finales del siglo XIX y principios del XX. Mi idea con este libro era contrastar la vida de dos mujeres catalanas en la sociedad de la época. Muchas veces se observan mejor las desigualdades desde lo que no tienen las clases populares respecto a las altas. Sus vidas fueron radicalmente diferentes en múltiples aspectos: vivienda, alimentación, ropa, maternidad, acceso a la cultura y la educación, etc.

Semejanzas muy pocas: las dos eran catalanas, vivían en Barcelona en la misma época y poca cosa más. El abismo que las separaba era inmenso… de eso trata el libro.
 
Indudablemente, son muchos los valores que encarna Teresa Claramunt, como su conciencia feminista, su capacidad para sobreponerse a las adversidades o su compromiso infatigable, ¿cuál crees que es la principal enseñanza que podemos extraer en la actualidad de una personalidad inspiradora como la suya?

Teresa  Claramunt es representativa de un momento histórico en el que las personas más activas dentro del ámbito anarquista, y llegaron a ser muchas, elegían comprometer su propia individualidad en un activismo cuyas consecuencias no tenían en cuenta y que les podía llevar a la cárcel, la tortura o la muerte. La batalla en la que se enzarzaban era un compromiso diario en el que lo sacrificaban todo como personas porque su apuesta personal se identificaba con la batalla de toda la comunidad.

Desde mi punto de vista, la inspiración puede proceder de su capacidad crítica que la llevo a evolucionar en su manera de entender el anarquismo a lo largo de su vida y en segundo lugar, la importancia que dio a la transformación del ámbito privado en el que supo ver una politicidad femenina distinta a la masculina. Distinta no por esencia de los cuerpos sino porque masculino y femenino son historias diferentes que ella supo detectar muy bien (sobre todo en su folleto “La mujer” auténtico manifiesto del feminismo anarquista). Y en tercer lugar, la consecuencia, no exenta de errores, con la que afrontó su vida personal y su activismo.

¿Crees que la sociedad es consciente de lo que hicieron las generaciones que nos han precedido, de sus intentos porque alcanzáramos una vida mejor? ¿Cómo y desde qué ámbitos se puede transmitir y poner en valor a esas figuras, como Claramunt, comprometidas y en constante lucha por un ideal?

No, no creo que seamos conscientes de la genealogía de lucha que nos precede. Y no es así porque los “guardianes” de esa memoria, seleccionan aquello que consideran importante para mantener una sociedad de clases, basada en la dominación, jerarquizada, patriarcal y sumisa al Estado, sus instituciones y sus leyes. ¿Por qué sino denominan a la memoria como “democrática”?

Desde la academia (universidades y otros organismos) poco podemos esperar de unas investigaciones que requieren becas y ayudas económicas y de las que depende muchas veces el puesto de trabajo.

El ámbito libertario hace lo que puede para recuperar y difundir esa genealogía de lucha (la propia FAL es un ejemplo) pero no puede competir con el relato de una memoria que excluye, difama y difunde “basura antilibertaria” que se prolonga hasta la actualidad. El propósito fue, y es, invisibilizar toda la obra constructiva, innovadora y transformadora del movimiento libertario y anarquista, de esa manera, solo quedará que muera el recuerdo de aquello que puede producir efectos sobre el presente. Descargar, desde el poder político, mediático y académico, toda esa “basura antilibertaria” contra unas experiencias emancipadoras que es mejor enterrar, para que, desde el presente, no se puedan percibir posibles futuros y nos conformemos con sus pobres proyectos “progresistas”, versión mitigada del despliegue neoliberal que no pueden ocultar. Si nos prohíben el futuro, el pasado solo se repite una y otra vez bajo la forma de la nostalgia y la retromanía.

Esto no anula que hagamos todo lo posible para que esto no suceda, pero francamente, no soy muy optimista porque en lugar de unir fuerzas, el ámbito libertario, hoy, sigue empeñado en enfrentamientos y luchas internas que no favorecen la ingente tarea de recuperación y difusión de esta genealogía que no debe estar movida por la curiosidad o la nostalgia por el pasado sino por la preocupación por el presente.  
 
He mencionado antes que, según tu libro, Teresa Claramunt se decepcionó con los obreros y su falta de conciencia revolucionaria, igualmente cuentas que acabó alejada de fuerzas liberales con las que no tuvo problemas en confluir en sus comienzos de activista, marginada de la militancia anarquista por cuestiones relacionadas con su pareja sentimental, perseguida, enferma a consecuencia de su paso por la cárcel y sin recursos económicos. ¿Cómo es posible que soportara todo esto sin perder el entusiasmo y el amor por la anarquía? ¿Luchar era una cuestión de fe o para ella fue la única salida digna ante la miseria material y moral de su época?

Creo que ya he contestado a estas dos preguntas: la lucha para ella y para gran parte del movimiento libertario y anarquista era un compromiso diario en el que estaban dispuestas a sacrificarlo todo como personas porque su apuesta personal se identificaba con la lucha comunitaria. No creo que la miseria material lo explique todo, hoy hay en el planeta mucha población en situación de profunda miseria y no optan por la lucha colectiva o tan solo puntualmente. Me parece que las ideas cumplieron un papel movilizador que supo entroncar con la situación de miseria material y hoy nos cuesta mucho centrarnos en esa conexión práctica/teoría.

Carmen

Teresa Claramunt, pionera del feminismo obrero anarquista, ha sido escrito por Laura Vicente Villanueva y publicado por la Fundación Anselmo Lorenzo en 2006 en su colección Biografía y Memorias.

Entrevista tomada de https://fal.cnt.es/entrevista-a-laura-vicente-villanueva-acerca-de-su-libro-teresa-claramunt-pionera-del-feminismo-obrero-anarquista/

 

sábado, 13 de enero de 2024

JEANINE Y MONTSE, UN RECUERDO INOLVIDABLE

 El 7 de octubre de 2016 participé en Madrid en un acto de recuerdo de Francisco Granados y Joaquín Delgado, ejecutados el 17 de agosto de 1963. En aquel acto quisimos recordar que existió una oposición al franquismo que no se rindió nunca, que una parte de dicha oposición era anarquista y que en ella había mujeres como no podía ser menos.

Mi intervención giró en torno a algunas mujeres que a principios de la década de 1960 estaban integradas en el Movimiento Libertario en el exilio, una parte de ellas en la Federación Ibérica de las Juventudes Libertarias (FIJL) que a raíz del dictamen de 1961  creó el organismo conspirativo Defensa Interior (DI).  La mayoría de las mujeres españolas eran hijas de militantes de la CNT y sus parejas también formaban parte del Movimiento Libertario. Las más mayores habían participado en la guerra civil, las más jóvenes no lo habían hecho por su edad, incluso había mujeres francesas, italianas o inglesas vinculadas al antifranquismo libertario. Sus nombres son menos conocidos que los de sus compañeros, en ocasiones desconocidos para la memoria, la historia y la genealogía anarquista y libertaria, en aquel acto quisimos rescatarlas del olvido, conocerlas y reivindicarlas.

Mi participación en aquel acto me dejó la impresión de que no sabía gran cosa sobre ellas y se presentó la ocasión de conocer más y mejor a aquellas mujeres[1] y a finales del mismo mes de octubre nos desplazamos al sur de Francia para entrevistarlas.

La pequeña comunidad de anarquistas octogenarias nos recibió extraordinariamente bien, nos invitaron a sus casas a comer y fueron generosas con sus recuerdos que compartieron conmigo que les hacía la entrevista y el cámara que las grababa. Una de las cosas que más me llamó la atención fue la humildad de las mujeres al contarnos su participación en la FIJL; era sorprendente la unanimidad en el comentario de que ellas no habían hecho nada y que no entendían porqué las queríamos entrevistar. Esta actitud, situadas siempre en segundo plano, encajaba perfectamente con lo que me dijo Tomás Ibáñez por correo electrónico los primeros días de noviembre de 2016:

«A la luz de los bienvenidos avances que ha aportado la lucha feminista en las últimas décadas no cabe duda de que la FIJL era una organización terriblemente machista (¡¡por ejemplo, si repasas la composición de las Comisiones de Relaciones de la FIJL—en “Insurgencia”— quizás te sorprenderá comprobar que salvo la compañera Rosa Vaqué en la CR de 1956 ninguna otra mujer ocupa cargo en el máximo órgano entre congresos de la FIJL !!).

Lo que no quería decir, ni mucho menos, que las compañeras no tuviesen criterio y no lo manifestasen en contextos más restringidos, tampoco significaba que no estuviesen tan o más decididas que los compañeros a correr riesgos o a contribuir a las tareas de la organización, pero permanecían en un segundo plano y casi todos lo encontraban “normal”».

JEANINE LALET

Entre estas mujeres que conocí, dos me produjeron una grata impresión: Montse Turtós y Jeanine Lalet, ambas desgranaron con sencillez su participación de enlaces e informantes en diversas actuaciones entre España y Francia. En el caso de Jeanine, junto con su compañero Jordi Gonzálvo, formaban parte de la base fronteriza de Perpiñán con que contaba el DI. Esta base, formada por más personas, no se acostumbraba a implicar directamente en las acciones del DI pero sí de los pases clandestinos, tanto de personas como de propaganda.


MONTSE TURTÓS

Montse nos relató su vida personal y su acceso a las ideas libertarias de forma muy vivida, desprendiéndose de dicho relato su manera de entenderlas. En su casa y la de su expareja, José Morato, se realizaba desde hacía años una tertulia los domingos sobre la situación de España. En 2016 tuvimos la suerte de grabarla en su casa un domingo soleado en el jardín y de participar en la comida con un grupo que mantenía dicha tradición.

Estos recuerdos que conservo en la memoria han aflorado al tener noticia de la muerte de ambas: el 10 de diciembre de 2023 Montse, y quince días antes su amiga Jeanine. Que la tierra les sea leve.

Laura Vicente



[1] El SP de CGT consideró relevante realizar entrevistas a las mujeres que vivían en Toulouse, Perpiñán y alrededores.

miércoles, 3 de enero de 2024

IDEAS VS IDEOLOGÍAS


 

Muchas cosas se me hicieron nítidas cuando pude diferenciar ideas de ideología. Igual quien me lee lo ha tenido siempre claro y piensa que es una simpleza lo que planteo: la oposición entre idea e ideología, o como dice Furio Jesi: «entre la epifanía inmediata de la idea y su endurecimiento en el canon ideológico, por lo tanto, entre novedad y continuidad (…)»[1].

Las ideas se localizan en el centro de la experiencia, de la vida, y de una conducta que antes no existía, son hechos nuevos que, además, aportan novedad, hechos subversivos en el devenir de la historia. Cuando las ideas se acartonan, se convierten en eslóganes es cuando se trocan en rígida ideología; de fuerza subversiva que eran al principio se convierten en paradigma; de realidad en movimiento en cartón piedra. Las ideas pasan a ser fórmulas ideológicas que han perdido novedad y capacidad subversiva, las ideas se someten, relativizan la subversión.

La ideología modeliza la lucha, establece un canon que conlleva acciones a largo y a corto plazo tanto en el aspecto organizativo como en lo referente a objetivos y formas de lucha. Estas acciones son llevadas a cabo (impuestas en el peor de los casos) por quienes tienen «conciencia» de cómo cambiar una situación política, social y económica. Las personas «conscientes» elaboran planes tácticos y estratégicos considerando las relaciones de causa y efecto en un tiempo histórico lineal. La lucha modelizada, normativizada, encajonada y anquilosada, transmite rigidez a las ideas (convirtiéndolas en eslóganes ideológicos repetitivos), articula propuestas que responden al modelo, pero no necesariamente a la realidad.

Las ideas que antes estaban en continuo movimiento, llenas de vida innovadora, que subvertían la realidad «escuchada» sin plan previsto, que sacudían el universo semiótico, que reordenaban cuerpos y voces, que redistribuían espacios y gestos, ahora se convierten en cemento pesado y rígido. Las ideas ya no las alimenta la vida, la experiencia, lo ordinario, lo común. Las verdades precarias se convierten en «la verdad», las gentes que comprometen su individualidad en acciones de cuyas consecuencias nadan saben, pasan a ser militantes (del latín militans que significa «el que se adiestra para la guerra»).

¿Qué es hoy el anarquismo? ¿Semillero de ideas nuevas o ideología rígida que canoniza las ideas del pasado convertidas en dogma, en doctrina?


Laura Vicente



[1] Furio Jesi (2014): Spartakus. Simbología de la revuelta. Buenos Aires, Adriana Hidalgo Ed., p. 17.

sábado, 23 de diciembre de 2023

EL ANTIFASCISMO ACABÓ CON LA REVOLUCIÓN

 

Colectivistas en Aragón



Hay términos que para la izquierda son intocables, uno de ellos es el de antifascismo. Os preguntaréis porqué vengo a sembrar dudas sobre este término, ¿quién no se siente bien bajo el paraguas del antifascismo? ¿quién no comparte su carácter mítico y heroico que procede del siglo XX?

Hace tiempo que empezaron mis dudas, pero sabedora del «jardín» en el que me iba a meter, preferí mirar hacia otro lado.

Deje de ir a algunas manifestaciones «antifascistas» cuando la mutante Convergència i Unió, hoy Junts per Catalunya, partido de derechas con largo recorrido y apoyo del gobierno progresista actual, se presentaba en estas manifestaciones durante el llamado «proceso» (alguien se acuerda a estas alturas ¿proceso, de qué?). Pero no es este el tema del que quiero hablar, lo saco a colación por las dudas que me asaltaron cuando la derecha catalana apareció en las manifestaciones antifascistas.

Las dudas llovían sobre mojado si me remontaba a la II República y a la Guerra Civil. Los sectores republicanos eran mayoritariamente burgueses, aunque algunos tenían apoyo popular y desarrollaron políticas que buscaron mejoras para estos sectores (hoy los llamaríamos «fuerzas progresistas»). La coyuntura no les favoreció demasiado porque los años treinta fueron años de crisis económica grave y el auge de las dictaduras en Europa, algunas fascistas, era preocupante. Quizás por ese motivo la URSS decidió abandonar la posibilidad de extender la revolución para impulsar el frentepopulismo y asociarse con partidos burgueses, pero democráticos, para luchar unidos contra el fascismo. Entonces nos enteramos de que a través de las urnas no se derrota al fascismo pese al empeño de la III Internacional y del Partido Comunista soviético por convencer a los sectores populares de que sí era posible (de poco sirvió aquella experiencia puesto que hoy siguen con la martingala de que votemos para derrotar a la extrema derecha).

Pero el movimiento libertario no acepto esta estrategia del frentepopulismo porque no confiaba en que el voto derrotara al fascismo (aunque pudieron votar en 1936 para sacar de las cárceles a los miles de presos que tenían), ni pudiera lograr la soñada revolución de la que llevaban mucho tiempo sentando las bases, para aprovechar la primera oportunidad que se produjera.


Milicianas

La revolución que estalló el 19 de julio de 1936, como consecuencia del golpe de Estado de una parte del ejército contra la II República, tuvo una peculiaridad destacada respecto a otras revoluciones del primer tercio del siglo XX: la encabezó el movimiento libertario que agrupaba a anarquistas, anarcosindicalistas y sectores libertarios.

Durante el verano de 1936 esa revolución pareció posible allí donde el movimiento libertario era mayoritario: se formaron Comités de Milicias, se produjeron expropiaciones y se formaron las primeras colectividades, las milicias eran la plasmación del «pueblo en armas» y se produjo una profunda transformación de la vida, es decir de los cuidados, en los que las mujeres tuvieron un papel fundamental.

El enemigo a batir era poderoso y estaba bien armado por las potencias fascistas y el abandono de las democracias europeas que se declararon neutrales. Pero los enemigos de la revolución eran transversales, no los constituían solo el bando insurrecto apoyado por las derechas. Dentro del bando republicano había sectores que estaban dispuestos a todo para hacerla fracasar. El cuestionamiento del Estado, del Ejército, de la propiedad privada, del patriarcado, de la Iglesia católica y de tantos otros aspectos de la dominación disgustó hasta tal punto a republicanos, comunistas guiados por el estalinismo soviético, y gran parte del socialismo, que se unieron para derrocar la revolución. ¿Y qué mejor planteamiento que el de la «unidad sagrada», prolongación del Frente Popular, que el paraguas de la unidad antifascista?

Las campañas de prensa que se fueron construyendo por parte de los sectores republicanos contra la revolución para «poner orden» son dignos de estudio y de que sean recogidos en la selectiva «memoria democrática». Todos los males que provocaban las derrotas en la guerra eran por culpa de los descontrolados anarquistas (en especial de los «faistas») y de su revolución inoportuna, se desviaban armas del frente, las milicias no tenían disciplina, subían los precios de los productos de primera necesidad en la retaguardia, había ejecuciones sin control judicial, no se obedecía a las maltrechas estructuras del Estado, etc. etc. Las falsas noticias, los bulos y mentiras (fake news) ya estaban inventados por estas fechas.

La solución era evidente: unidad antifascista para la reconstrucción del Estado, de los tribunales, del ejército regular, para el retorno de la propiedad privada y la devolución de los bienes expropiados y así liquidar las empresas y tierras colectivizadas. En definitiva, la liquidación de la revolución y la vuelta a la normalidad ya que no era el momento de la revolución.

Y sí, la revolución la liquidaron las fuerzas antifascistas (ser antifascista no implica ser mucho más que liberal, demócrata, republicano o socialdemócrata, es decir, respetuosos del sistema capitalista), miles de libertarios y anarquistas (también del POUM) fueron detenidos por las fuerzas antifascistas, centenares murieron en los «Hechos de Mayo de 1937», las colectividades en Aragón fueron desmanteladas a golpe de fusil comunista y todo se «normalizó» y pese a ello la guerra se perdió.

Sería de agradecer que la «memoria democrática» no olvidara sistemáticamente todo esto, y mucho más, que sucedió en el interior del bando republicano.

Sería de agradecer que pensáramos cómo el antifascismo acabó con la revolución libertaria y anarquista. Hubo otros factores, incluso internos, pero de eso hablaremos otro día.


Laura Vicente

miércoles, 13 de diciembre de 2023

LOS CALLEJONES DEL NEOLIBERALISMO Y UN HORIZONTE POSIBLE

 

Neoliberalismo y soledad. Arte urbano en Valencia


Es indudable que el neoliberalismo es un término que ha ido cambiando de significado con el paso del tiempo y en la actualidad se considera que es un modelo económico que tiene como principal objetivo disminuir el papel del Estado y desregularizar los mercados; se asocia a la derecha y el conservadurismo. No obstante, este sistema económico también hace referencia a la situación del trabajo en el posfordismo, la disciplina versus el control y su gran capacidad para incorporar fácilmente a los movimientos contrarios al capitalismo. Y es que el neoliberalismo no solo logra captar a quienes beneficia directamente, una minoría, sino a grandes masas de población a través de la hedonía:  la felicidad creada por el placer, la felicidad momentánea producida por explosiones hormonales de recompensa en las que el consumo tiene un papel primordial.

La gran pregunta que nos hacemos quienes formamos parte del espacio libertario y anarquista es: ¿somos capaces de oponer un modelo alternativo al neoliberalismo o solo luchamos como la socialdemocracia por mitigar sus excesos soñando con volver a la sociedad del bienestar? ¿Olvidamos que esa sociedad del bienestar solo la ha disfrutado una parte pequeña de la población mundial? ¿Somos conscientes de que esas reclamaciones, quizás nos convierten en cómplices de las redes planetarias de la opresión? Algunas de estas preguntas las sugiere Mark Fisher en un pequeño pero sugerente libro[1].

Plantearnos si somos capaces de oponer un modelo alternativo al capitalismo neoliberal no es baladí, pero no resulta fácil en la situación por la que atraviesa el ámbito libertario recorrido por divisiones, disputas, sospechas e incertidumbres. Tampoco es muy optimista la situación política, económica y social por la que atravesamos a nivel planetario.

No confiamos en las utopías del pasado reciente por ser propuestas, que ilusionaron a millones de personas, pero que hoy vemos que eran caminos cerrados de antemano por su noción del «deber ser» que era inevitablemente autoritaria. Las utopías del siglo XIX y parte del XX eran proyectos secuestrados por un modelo ideal de sociedad (de ahí que podamos llamarlos «modelizados») con un futuro preconcebido e imperativo que marcó las revoluciones que se llevaron a cabo que, o bien fracasaron, o bien se perdieron en distopias totalitarias. Que se enfrentaran al imperialismo norteamericano o europeo no las convirtió en un modelo alternativo al capitalismo y su derrumbe, o subsistencia dentro del propio capitalismo, así lo demuestra.

Si queremos construir un modelo alternativo debemos huir de dichas utopías ideologizantes, de los caminos cerrados, del «deber ser» autoritario y buscar, como dice Rita Segato[2], inspirándose en Aníbal Quijano, caminos abiertos, regidos por algunas ideas y aspiraciones, pero no cerrados. Quijano plantea sustituir utopía por horizonte, cuya idea es la de la vida y la historia en movimiento, sin el condicionante de un futuro modelizado. En definitiva, un movimiento sin captura por el fin, frente al «deber ser» del futuro.

 ¿Y cómo pensar y construir, si la historia nos diera la oportunidad de vivir un periodo de agitación, esos horizontes abiertos? Poco puedo ofreceros, excepto algunas intuiciones que, además, pueden estar equivocadas.

Parece claro que la clase trabajadora no ha desaparecido, pero sí que el colapso del fordismo ha hecho que se desplomen los espacios y las prácticas que organizaban la vieja manera de hacer política y de plantear la protesta social. Este desplome deja muchos cambios por el camino: antiguos barrios obreros y populares gentrificados, devorados por el mercado, que han dejado de ser comunidades de solidaridad vecinal, el abandono de la calle como espacio de protesta obrera (hoy, la derecha y extrema derecha toma posiciones en las calles) y de sociabilidad popular, la ineficacia del sindicalismo que se ha convertido en institución del Estado o que deambula por los juzgados para conseguir algunas victorias que no se logran luchando, la clase obrera ya no es el sujeto transformador en el que se confió durante tanto tiempo.

Esa clase trabajadora se ha transformado, hoy los trabajadores y trabajadoras deben adquirir nuevas habilidades en su deambular de puesto en puesto, de empresa en empresa. La organización del trabajo se descentraliza, las redes horizontales sustituyen la jerarquía piramidal y la ventaja reside en la flexibilidad[3]. Se produce una uberización del trabajo, proceso en que el trabajador o trabajadora se ve despojado de derechos, garantías y protecciones asociados al trabajo y acarrea con los riesgos y costos de su actividad. Un proceso en el cual las relaciones sociales de trabajo asumen la apariencia de «prestación de servicios» invisibilizando la relación de asalariamiento y de explotación del trabajo. El trabajador uberizado está disponible para el trabajo, pero sólo es utilizado de acuerdo con la demanda, consolidándose la condición de trabajador just-in-time (justo a tiempo) en un contexto de tercerización, informalidad y flexibilidad laboral[4].

La reorganización de los medios de producción y distribución ha supuesto también la cibernetización creciente del espacio de trabajo. La gente trabaja comunicándose, la vida y el trabajo se vuelven inseparables, el capital persigue al sujeto hasta cuando duerme. El tiempo deja de ser lineal y se vuelve caótico, se rompe. No obstante, la historia del capitalismo puede desandarse como un largo y violento proceso de dominación del tiempo mediante el sometimiento de los seres humanos a las restricciones de un sistema de producción que tiene su propia temporalidad. El surgimiento de la modernidad supuso la racionalización del tiempo: la difusión de los relojes, la sincronización gradual de la vida social entre las ciudades y el campo y entre naciones y continentes, y el desarrollo de la división del trabajo como una totalidad de actividades temporalmente conectadas. Esto conllevaba el surgimiento de un tiempo productivo cada vez más desconectado de la naturaleza: un tiempo mecánico que triunfó con la Revolución Industrial (relojes en las fachadas de edificios públicos, introducción de cronómetros en las fábricas, relojes de bolsillo). Este cambio histórico coincidió con un amplio proceso de disciplinamiento que afectó todas las dimensiones de la vida social. La gente aprendió la disciplina de los cuerpos y las absorbentes reglas del tiempo capitalista[5] que en el siglo XXI se extiende y se agudiza hasta extremos impensables hace cien años.

Todo este proceso de cambio parece imparable, pero un horizonte (proyecto) transformador debe reflexionar sobre las tácticas contra el capital que puedan funcionar en el posfordismo, e incluso el lenguaje nuevo que deberíamos construir para lidiar con tales condiciones. Repensar cómo subordinar el Estado a la voluntad general (¿aun concebimos su destrucción?), revivir y modernizar la idea de que el espacio público no se reduce a un agregado de individuos con intereses particulares, crear comunidad y solidaridad en los barrios. ¿Quiénes conformarían los nuevos sujetos? ¿Una confluencia de movimientos es posible? ¿Qué nuevas organizaciones pueden canalizar esas confluencias? ¿Qué nuevas formas de acción directa podemos levantar?

El desafío que tenemos a la vista es imaginar un horizonte abierto, en movimiento, creativo, rápido y ágil en sus formas. Ahí es nada.

 Laura Vicente

 



[1] Mark Fisher (2016-2018): Realismo capitalista. ¿No hay alternativa? Buenos Aires, Caja Negra.

 

[2] Rita Segato (2023): Escenas de un pensamiento incómodo: Género, Violencia y Cultura en una óptica Decolonial. Buenos Aires, Prometeo, p. 206.

[3] Mark Fisher: Realismo capitalista, p. 63.

[4] Nicolas Marreno: «Uberización del trabajo», Cuadernos abiertos de crítica y coproducción, nª4, Instituto Gino Germani-Clacso, Asociación Argentina de Sociología, Agosto 2021.

https://udelar.edu.uy/portal/wp-content/uploads/sites/48/2021/08/Uberizacion-N.-Marrero.pdf

[5] Enzo Traverso (2022): Revolución. Una historia intelectual. España, Akal, pp. 418-419.

 

domingo, 3 de diciembre de 2023

OS CUENTO…


 

10 y 17 de septiembre 2023

Dos semanas de vuelta a las rutinas, de reencuentros con amigas y amigos para un vermut, una cena o una comida… si sigo así voy a romper mi fama de asocial y voy a tener que comprar ropa nueva porque no cabré en la mía.

Visita a mi madre (no lo suelo mencionar), pero esta vez me ha dejado «tocada», o más «tocada» de lo habitual. Cada vez más reducida su movilidad (silla de ruedas siempre), su capacidad cognitiva cada vez más dificultosa, habla mal y se corta en mitad de una frase porque ha olvidado lo que quería decir, oye y ve cada vez peor, apenas tiene memoria inmediata… Asumo que son cosas de la edad, de hecho, suelo achacar todo a la edad, que ya de por sí es asoladora.

Pero es que mi madre no solo tiene muchos años (a veces me dicen que 87 años no son muchos, yo creo que si lo son), tiene una enfermedad mental más o menos controlada porque la «química» esta dejando de ser eficaz y ya no hay quien lo regule (no ayuda que la Seguridad Social tenga demoras de meses y años para las visitas o intervenciones).

¿Por qué me ha costado tanto, sabiéndolo, interiorizar y expresar que es así?

Sigo con lecturas anteriores o con anotaciones una vez concluidas las lecturas. He empezado a leer el segundo volumen de los Diarios de Rafael Chirbes, disfruto mucho con sus reflexiones (pesimistas muchas veces) sobre la vida, la literatura, la política y una diversidad de temas que me interesan. También he vuelto a Foucault, pero de eso os cuento otro día.

Escucho de nuevo música clásica, hacía mucho que no lo hacía… por ejemplo Mozart.


24 de septiembre y 1 de octubre 2023

No tengo gran cosa que contaros, debería suspender esta «publicación».

Bien es verdad que comí con un amigo y cené con una amiga que siempre me alimenta porque es habitual que haya muchas coincidencias, pero también algunas maneras diferentes de ver y pensar temas que nos rodean. Me complace mucho que continúen siendo amigo y amiga y que me nutran con coincidencias y discrepancias.

Las conversaciones con mi madre siguen un rumbo caótico y divaganoso (no existe la palabra me dice el corrector, me da igual). Hace unos días le pregunté qué hacía y me dijo que hacía bolillos (¡hizo bolillos!, ¿rememoraba de forma realista una labor tan fina como esta?).

Cada vez me fastidia más que Google (que acaba de decidir que debe ir en mayúscula) me corrija, elija la publicidad, espíe mis correos, que también espíen mi móvil (desactivo siempre la ubicación, rechazo las cookies, no acepto las alarmas por catástrofes… llevo una lucha solitaria y sorda contra tanto control y vigilancia a la que nos someten). Es segura la derrota, si dejara de usar el móvil o google, quedaría señalada por no usarlos.

He acabado de leer el libro de Catherine Malabou: «¡Al ladrón! Anarquismo y Filosofía», ahora toca segunda lectura y tomar notas. Me ha encantado. También acabé de leer el extraordinario nº 50 de la revista Réfractions (con este número celebran el 25 aniversario).

Disfruto mucho con el segundo tomo de los «Diarios» de Rafael Chirbes (me costará un tiempo acabarlo porque son 700 pág.), lástima que muriera cuando más reconocimiento estaba alcanzando, él que tanto dudaba de su escritura.

Música: he descubierto Imagine Dragons, su cantante es muy peculiar y me gusta como actúa y su voz.