Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

viernes, 3 de junio de 2022

«A mi aire»

 



«A mi aire» (3 febrero)

Me desagrada el ruido (especialmente de las motos), las multitudes, los cotilleos maledicentes, la comida preparada, el calor, quienes se sienten superiores, la playa en verano, las sillas incómodas, el color amarillo, la ropa estrecha, la corbata, la resignación, la basura en la montaña, la gente que grita, los chistosos y la indiferencia.  

«A mi aire» (10 febrero)

Cuando fui consciente de la gravedad de la pandemia de covid que aun sufrimos, mi imaginación voló a qué ocurriría en el momento en que me contagiara. Así que cuando ha ocurrido, mil temores me han rondado por la cabeza, especialmente los primeros días. ¿Cómo los he afrontado? Pues «a mi aire», claro, no compartiendo los miedos y dándole vueltas y más vueltas a la cabeza hasta que todo fue pasando. No es el mejor método y lo sé, pero es el mío.

«A mi aire» (17 febrero)

Vivir «a mi aire» es vivir acorde a mi manera de pensar, sentir, gozar… Pero como ya estoy escuchando la palabra «individualista», debo aclarar y matizar. Vivir «a mi aire» significa que todas las personas puedan vivir «a su aire», sino la cosa no funciona.

«A mi aire» (24 febrero)

Hay palabras que se ponen de moda y otras que decaen, no suelo apuntarme a las últimas novedades en el hit de los vocablos, pero alguna me cala. Entre estas últimas hay una que vengo utilizando y que me resulta de gran utilidad: «problematizar». Cuestionar palabras, rutinas, planteamientos, actitudes, con la idea de analizarlas en profundidad.

«Problematizar» me sienta como un guante (igual hasta me paso).

«A mi aire» (3 marzo)

Soy antimilitarista por convicción, no solo porque sin ejércitos las guerras perderían su carácter letal sino porque el ejército es una institución vertical, basada en la obediencia y la disciplina, además de otros valores con los que soy incompatible (patria, nación, honor, masculinidad, heroísmo, etc.).

Dicho esto, estoy contra todas las guerras y contra todos los afanes imperialistas de usar la fuerza armada para imponerse a la población. Hoy todo eso lo representa la Rusia de Putin, ayer o mañana otras potencias como Estados Unidos o los propios países de Europa.

«A mi aire» (10 marzo)

¿No os da la impresión, a veces, de que una situación ya la habéis vivido?

El famoso déjà vu. Esa incordiante sensación de haber pasado con anterioridad por una situación que se está produciendo por primera vez. Que sabiendo que es nueva, la música os «suena».

«A mi aire» (17 marzo)

Cuando se acumulan los acontecimientos que no me cuadran, llegan momentos de decisiones difíciles.

«A mi aire» (24 marzo)

Para Benjamin el pasado no es en absoluto una versión inferior del presente, sino un depósito de escenas tan traumáticas como utópicas que se puede aprovechar.

«A mi aire» (30 marzo)

Una de las cosas que me enternece más en esta vida, llena de malestares y de problemas, es ver cómo aparecen los primeros brotes en los árboles, esos brotes atrevidos que afrontan posibles fríos que los pueden herir de muerte.

lunes, 23 de mayo de 2022

REFLEXIONANDO SOBRE LA GENEALOGÍA DE LA AUTODEFENSA

 



Hace mucho que indago en cómo adaptar la visión genealógica a la investigación histórica (especialmente en el ámbito social y cultural, sin descartar otros aspectos). Michel Foucault no definió qué era la genealogía, sino que se esforzó en describir en contra de qué estaba, qué convenciones de la historia y de la metafísica intentaba desarticular. A este autor le repele articular sistemáticamente el método genealógico como algo coherente y considera la práctica genealógica través del conflicto y en su búsqueda de las fuerzas en conflicto (no se refiere a grupos, individuos o conceptos). Articula la genealogía como una «emergencia»[1] sitiada, algo que tiene que luchar por encontrar su lugar y que tiene que desplazar otras convenciones históricas para prevalecer. La genealogía surge en oposición a la historiografía progresista, por un lado, y a la metafísica, por el otro. Se busca una historiografía liberada de las metanarraciones históricamente determinadas o como mínimo ser capaz de reconocerlas. El programa negativo de la genealogía se centra en romper con el fundamentalismo y la naturalización que practica la historiografía convencional[2].

La genealogía niega que haya predestinación ni un significado inmutable en lo que sucede, por tanto, todo lo que nos atañe es el resultado de eventualidades históricas. Es necesario por ello, desnaturalizar fuerzas y formaciones existentes, así como revelar el modo contingente en que se produjo y se afianzó lo ocurrido. Esta mirada genealógica implica, como señalaba Nietzsche, desestabilizar lo que creemos saber y desfamiliarizarnos, cuestionando si los valores hacen lo que dicen que hacen o sirven a un propósito que hay que descifrar[3].

La filósofa Elsa Dorlin[4], no pretende hacer un trabajo de historia sobre la autodefensa sino más bien trabajar en una genealogía: busca los vínculos sostenidos y subjetivos de varios relatos y cómo se relacionan entre sí. Propone trazar el itinerario de «una historia constelar de la autodefensa» que no consiste en entresacar, entre varios ejemplos, aquellos que resultan más ilustrativos, sino más bien buscar una memoria de las luchas cuyo principal archivo lo constituyen los cuerpos de los dominados. Al abrir ese archivo se incluyen diversos relatos (no son los únicos posibles): los saberes y las culturas sincréticas de la autodefensa esclava, las praxis de autodefensa feminista, las técnicas combativas elaboradas en Europa del Este por las organizaciones judías contra los pogromos y algunos más[5].

Esa constelación, afirma Dorlin, titila como derivada de los ecos, de las imprecaciones, de los testamentos, de las relaciones, en definitiva, que vinculan de modo sostenido y subjetivo los diferentes puntos luminosos (los relatos que componen este libro). De esta manera la autora establece una relación entre la base filosófica del Black Panther Party for Self Defense y los insurgentes del gueto de Varsovia; las patrullas de autodefensa queer están en una relación de referencia con los movimientos de autodefensa negros; y así, van apareciendo más y más puntos luminosos que van construyendo una genealogía de la autodefensa[6].

Dorlin, además, considera que su propia historia, su experiencia corporal le pueden servir en su trabajo genealógico como prisma a través del cual leer ese archivo compuesto de diversos relatos. La autora hace explícito que no pretende trabajar a escala de los sujetos políticos constituidos, sino a escala de la politización de las subjetividades, es decir, en lo cotidiano, en la intimidad de los afectos relacionados con la rabia, en la soledad de las experiencias vividas de la violencia frente a la cual se practica continuamente la autodefensa.

Desde estos parámetros, Dorlin desgrana sus relatos en ocho capítulos bien documentados y argumentados en los que cuestiona la violencia defensiva considerada como una práctica de resistencia al orden social, decantándose en favor de la autodefensa. Entendida esta no como un medio con miras a un fin sino que como forma de politizar los cuerpos, sin mediación, sin delegación, sin representación

 Los relatos, como ya se ha dicho, son diversos, pero hay cuatro temas claves que se pueden percibir con claridad: las cuestiones de género y el feminismo; el colonialismo y la esclavitud; los dominados; y, por último, la raza y el racismo.  Estos aspectos se entrecruzan entre ellos creando un caleidoscopio genealógico de gran riqueza existencial.

 Laura Vicente 



[1] La emergencia es el punto de surgimiento, se produce siempre en un cierto estado de las fuerzas, es la entrada en escena de las fuerzas, su irrupción, el impulso por el que saltan a primer plano, cada una con su propio vigor. Michel Foucault (1997): Nietzsche, la genealogía, la historia. Pre-Textos, Valencia, pp. 33-36.

[2] De estas cosas escribe Wendy Brown (2014): La política fuera de la historia. Enclave de libros, Madrid, pp. 144-145.

[3] Esto en el texto de Michel Foucault,  Nietzsche, la genealogía, la historia.

 

[5] Elsa Dorlin, Autodefensa, pp. 29-30.

[6] Elsa Dorlin, Autodefensa, p. 30.

viernes, 13 de mayo de 2022

ECONOMÍA FEMINISTA. ALGUNAS REFLEXIONES

 

Hay libros que me cuesta muy poco comprender que serán libros importantes para mí, que me ayudaran a organizar mi mirada de forma diferente, que me orientaran por nuevos caminos, seguramente difíciles de transitar. Porque cuando un libro rompe ideas preconcebidas te das cuenta hasta que punto se te hacía difícil pensar de otra manera. Este es el caso del libro de Amaia Pérez Orozco, Subversión feminista de la economía[1].

Leer obras que no son de Historia me está ayudando a enfocar la investigación desde otra perspectiva que me está ayudando mucho a dar valor y visibilidad a acontecimientos invisibles o silenciados. No resulta fácil introducir esa nueva mirada en el campo de la historia, pero no pienso desistir de intentarlo.

Se dice en la Introducción que crear pensamiento es un proceso multidimensional que escapa de la disyuntiva pensar/actuar y que va más allá de la labor de rata de biblioteca. Para poder actuar sobre el mundo necesitamos pensarlo y esto requiere conocer y nombrar las cosas. Crear pensamiento implica también compartir lo nombrado (Subversión feminista p. 43). Pensar el mundo aplicado a la disciplina histórica es tan factible como pensar el mundo hoy, desde la economía, como hace Pérez Orozco.

Ha sido una constante en la historia social reducir toda dimensión de la vida, toda relación social y todo proceso económico a la relación salarial, desde la percepción de la existencia de un profundo conflicto entre el capital y el trabajo (asalariado), poniendo en consecuencia la potencia de la lucha en la relación salarial (Subversión feminista pp. 51-52). Este planteamiento ha dado, en la investigación histórica, un lugar privilegiado desde el que mirar los conflictos sociales al ámbito mercantilizado y masculinizado de la producción: el trabajo asalariado ha sido el que ha dado identidad de clase, el que ha articulado el sujeto de la lucha y el proyecto de revolución modelizada que se ha considerado hegemónico y que ha descartado otros proyectos, otros sujetos y otras identidades. No se ha observado el conflicto, por ejemplo, desde las esferas económicas invisibilizadas y feminizadas, por ello es escasa y atípica la presencia de las mujeres allí donde sí se articula, en la lucha obrera y los sindicatos. Este hecho puede explicar la menor presencia de las mujeres en el sindicalismo e incluso que las mujeres más sindicalistas suelen ser más refractarias a incluir el feminismo como campo de lucha tan fundamental como la lucha obrera.

Y Pérez Orozco se centra, sobre todo, aunque no exclusivamente, en las esferas económicas, pero hay otros muchos espacios sobre los que indagar y que se han tomado poco en consideración en la disciplina histórica debido a la visión heteropatriarcal que ha articulado el discurso histórico hegemónico.

La autora afirma que fuera de los mercados se generan recursos, hay ejes de dominación no reductibles al conflicto capital-trabajo y el sistema ha de evaluarse según su impacto entre el bien-estar/mal-estar entendido de forma amplia (Subversión feminista p. 65). Desde este planteamiento hay que romper con la construcción dicotómica y sexuada de la historia, que nombra solo la parte mercantil masculinizada del mundo, pero la plantea como universal. Hay que investigar los conflictos sociales desde las esferas invisibilizadas de la historia y desde las experiencias de los diversos sujetos.

La autora propone, y aplica en los cinco capítulos y el epilogo, EL desplazamiento del eje analítico desde los procesos de valorización de capital hacia los procesos de sostenibilidad de la vida, entendiendo la socioeconomía como un circuito integrado producción-reproducción, trabajo remunerado-trabajo no remunerado, mercado-Estados-hogares; valorando en qué medida genera condiciones para una vida que merezca ser vivida (Subversión feminista p. 61).

En todos los capítulos sigue el mismo esquema, un apartado sobre las lecturas de la crisis y un segundo sobre las herramientas para el análisis y la política. El primer capítulo se centra en las crisis que (no) son y que se entiende por sostenibilidad de la vida (vida, sostenibilidad, cuidados). El segundo capítulo se centra en el ataque del capital a la vida (características de dicho ataque y el conflicto entre acumulación de capital y sostenibilidad de la vida, el papel del Estado del bienestar, etc.). El tercer capítulo hace referencia a cómo la economía se resuelve más acá del mercado (el trabajador «champiñón», la privatización y feminización de la responsabilidad de sostener la vida a través de los hogares). El cuarto capítulo se pregunta si hay que crecer para salir de la crisis de reproducción social (las críticas ecologista, feminista, desde los cuidados y los límites de la estrategia de emancipación a través del empleo). Y el quinto capítulo que se titula de forma muy clara: decrecimiento ecofeminista o barbarie. El Epílogo son breves apuntes sobre el Estado del bienestar, la deuda, el trabajo y el binarismo heteronormativo.

Resulta imposible hacer un resumen de todos los temas tratados en este libro. He elegido algunas cuestiones que me han interesado especialmente en mi tarea como historiadora, hay más, muchas más, pero eso tendréis que descubrirlo quienes leáis el libro. Un libro muy denso pero muy pedagógico y ordenado que se lee con papel y lápiz para trabajar sobre el caudal de pensamiento que anida en él.

 

[1] Amaia Pérez Orozco (2019, 4ª ed.): Subversión feminista de la economía. Sobre el conflicto capital-vida. Madrid, Traficantes de sueños.

 

martes, 3 de mayo de 2022

«A mi aire»

 


«A mi aire» (2 diciembre)

Últimamente tantas autoras se plantean la pregunta de ¿qué es ser mujer? que prefiero pasar del tema y esperar un poco a ver si los colegas se preguntan ¿qué es ser hombre? Así que veamos y escuchemos esas reflexiones. Mientras, intentaré vivir a mi aire habitando un cuerpo de mujer que he aprendido a aceptar.

«A mi aire» (9 diciembre)

Disfrutar con lo que la vida me ofrece cada día es mi reto. A veces lo logro y otras veces algo se interpone en ese deseo y acabo enfadada (más veces de las que quisiera). Sigamos intentándolo.

«A mi aire» (16 diciembre)

La tercera dosis de la vacuna esconde un conflicto con muchos aspectos complejos que convendría poder debatir. Sin embargo, como casi todos los conflictos, se está simplificando, convirtiéndolo en una confrontación entre pro-vacunas y contra-vacunas. El resultado es que no se puede hablar del tema.

«A mi aire» (23 diciembre)

No me disgusta que las demás personas celebren festividades religiosas por ser creyentes, por tradición cultural o por ser una oportunidad más para consumir. Como no encajo en ninguno de los tres supuestos, haré lo mínimo para contentar a mi madre y a quienes ven una oportunidad para hacer algún plato especial… pero ahí se acaba mi navidad (y paso de celebrar los solsticios, jajaja).

«A mi aire» (30 diciembre)

Spinoza nos muestra la esperanza como una «pasión triste», que nos deja con el temor ante el futuro, intoxicando lo que ya existe con algo que no existe aún.

Cuántas penas evitaríamos si lo entendiéramos en su auténtica dimensión.

2022

«A mi aire» (6 enero)

Creo que he explicado qué significa vivir «a mi aire». Es algo simple, sencillo, humilde, poco espectacular, nada épico: es vivir como deseo, procurando estar lo menos condicionada por las normas en pensamiento y en capacidad para actuar (agencia).

 

«A mi aire» (13 enero)

El otro día recordaba con una amiga que vive en Buenos Aires mi malestar con el mundo y recordamos aquella sentencia filosófica de Mafalda: «que paren el mundo que me bajo». Ella me dijo que ojalá pudiéramos bajarnos. Yo le dije que, con mi desconexión de las noticias de actualidad, en gran parte lo he logrado. Es el único camino seguro que veo, la desinformación de la actualidad transmitida por los grandes medios de comunicación, para pensar a mi aire. 

«A mi aire» (20 enero)

A veces, no ocurre con frecuencia, solo tengo ganas de SILENCIO.

No oír nada, no decir nada, no pensar mucho.

Igual necesito hibernar yo también.

«A mi aire» (27 enero)

Me gusta la cocina mediterránea y sus vinos, me gusta el champagne francés y el cava, el té negro, el fuego de leña, la luz de las velas, los lapiceros con la punta muy fina, la cerámica, las imágenes y dibujos que me dicen algo, los sillones cómodos, pasear para ver amanecer, los ríos y puentes, el mar, el silencio y los libros.

sábado, 23 de abril de 2022

COMENTARIOS SOBRE UN LIBRO DE WENDY BROWN

 

El libro de Wendy Brown me atrajo inmediatamente por el título: La política fuera de la historia[1]. Hace tiempo que llevó dándole vueltas a mi labor como historiadora y este título me resultó provocativo y tentador. No me equivoqué.

La autora nos interpela continuamente con múltiples preguntas que no siempre tienen una respuesta clara (o a mi no me lo ha parecido en todos los casos), pese a ello el libro me ha interesado mucho. Es cierto que no todos los capítulos me han atraído de la misma forma.

El punto de partida del libro es que muchos han perdido la confianza en una historiografía ligada a la noción de progreso o de cualquier otro tipo de finalidad, sin acuñar un sustituto político que permita la progresiva comprensión del lugar de donde venimos y de la dirección en que nos movemos. Todo ello además en un momento en que hay una auténtica oleada de inseguridad, ansiedad y desesperación al hacer aguas el pensamiento crítico y especialmente las teorías revolucionarias.

El primer capítulo, tras la Introducción, se titula: «Síntomas. Moralismo como antipolítica». Brown parte de la desintegración de las alternativas de la izquierda. Señala que como ni la izquierda ni los liberales se han desvinculado de la idea del progreso de la historia, ninguno de los dos es capaz de concebir la libertad o la igualdad sin derechos, sin soberanía y sin el Estado. Esto provoca rabia e impotencia en esas corrientes políticas y se expresa a través del moralismo político basado en el reproche que la autora critica en este capítulo.

Me han interesado poco los capítulos tres, cuatro y seis: «Deseo. El deseo de ser castigado: “pegan a un niño” de Sigmund Freud», «Poder. Poder sin lógica sin Marx» y «Democracia. La democracia contra sí misma: el desafío de Nietzsche». No quiero decir con ello que no tengan interés, sino que los tres tratan temas que hoy me motivan poco.

El capítulo que quiero resaltar es el cinco: «Política. Políticas sin barandillas: política genealógica en Nietzsche y Foucault». Hace mucho que trato de encontrar la vía para aplicar los planteamientos genealógicos a la investigación de la historia. La autora considera que la genealogía formulada por Nietzsche y revisitada por Foucault puede funcionar como punto de partida alternativo para generar objetivos políticos. Este capítulo, por tanto, está más enfocado hacia la política, pero naturalmente también hay referencias a la manera de entender la historia.

La genealogía es una historia que a la vez es una crítica: crear una genealogía no es presentar un relato lineal de cómo evolucionó un tema, sino preguntarnos qué entendemos por dicho tema y por qué actualmente lo concebimos de esta forma y no de otra. Es importante ser conscientes de nuestra ubicación peculiar en esa genealogía que está compuesta de muchísimas historias con sus distintas facetas.

También me ha parecido una incitación al pensamiento el capítulo siete: «Futuros. Espectros y ángeles: Benjamin y Derrida». Por un lado, Derrida trata de reconsiderar de manera novedosa el empuje de la historia sobre el presente, un empeño que podría romper con la historiografía lineal aún más radicalmente que la genealogía tal y como la formulan Nietzsche y Foucault.

Por otro lado, la dialéctica que Walter Benjamin retomó del marxismo reelaborándola radicalmente no expresa el proceso por el que se mueve la historia, sino que tiende a capturar el encuentro peculiar de pasado y presente que tiene lugar en la imagen del pasado que «estalla». La dialéctica es el nombre de un proceso por el cual se hacen vivir en el presente algunos elementos del pasado, que resultan revividos por el presente y, en semejante iluminación, quedan transformados tanto el pasado como el presente. El pasado puede haber acontecido sin memoria, pero sin memoria no puede vivir en el presente; significativamente la memoria histórica se expresa a través de imágenes aun cuando es la narración que la vehicula.

Un libro, el de Wendy Brown, que desarrolla una reflexión plena de actualidad y que nos puede dar claves sobre la pobreza del pensamiento y la agencia de izquierdas en el siglo actual.

 

 


[1] Wendy Brown (2014): La política fuera de la historia. Enclave de libros, Madrid

 

miércoles, 13 de abril de 2022

«A mi aire»

 


«A mi aire» (7 octubre)

Me sigo preguntando cómo es que, amparados en la pandemia, los gobiernos han impuesto un estado de excepción que, posiblemente, deje un rastro permanente de restricciones en los derechos. Y cómo tragamos con que nos conviertan a todos/as los que lo cuestionamos en negacionistas (y de extrema derecha).

«A mi aire» (14 octubre)

Dice Emmanuel Levinas algo sorprendente que hace pensar (cada cual que lo interprete a su aire): Es imposible la bondad como régimen, como sistema organizado, como institución social. Lo único que permanece vivo es la bondad de la vida corriente. La pequeña bondad.

 

«A mi aire» (21 octubre)

La política ha acabado siendo la actividad que hace cumplir la Ley. Sin embargo, para mí la política debería dedicarse a deshacer las divisiones sensibles que generan las leyes y dar voz a quienes no la tienen, hacer ver lo que no se ve, hacer escuchar un discurso allí donde solo hay ruido.

Por el contrario, hoy la política incrementa el silencio, la ceguera y el ruido.

«A mi aire» (28 octubre)

Cuando más a mi aire me siento es cuando me siento relajada y en paz conmigo misma y con el mundo. Eso no siempre sucede, soy inquieta, curiosa e insatisfecha por «naturaleza», ese carácter me ha permitido romper muchas limitaciones, pero también navegar en situaciones conflictivas que me han incomodado. No sé si alguna vez podré resolver esas contradicciones o ya forman una segunda piel en mi vida.

«A mi aire» (4 noviembre)

Aunque mi fisonomía es muy mediterránea, tengo alma nórdica. No porque me guste especialmente la cultura nórdica (prefiero un poco más de suciedad y caos que tanta educación y corrección) sino porque me gusta el frío más que el calor. Tengo intolerancia al calor (¿eso existe?), así que cuando empieza el otoño empiezo a respirar, el humor mejora, reinicio largos paseos, me siento conforme con mi entorno. El otoño, además es belleza, la naturaleza muta sus colores, se prepara para el invierno, se viste de gala antes de hibernar, antes de dormir plácidamente.

«A mi aire» (11 noviembre)

Dice Judith Butler que la expresión política no siempre adopta la forma de «discurso», que puede manifestarse en forma de gesto, movimiento o poniendo el cuerpo en primer plano como escenario de la contienda política. Esto último siempre me recuerda a las personas a las que desahucian de sus casas o a las que mal comen por falta de recursos; como no a las mujeres violadas cuando una noche de fiesta se convierte en una agresión sexual y su cuerpo queda tirado como un despojo. Cuerpos que se convierten, pues, en expresión política de la injusticia.

«A mi aire» (18 noviembre)

Conferencias y libros me llevan de aquí para allá hablando y presentando aquello de lo que sé más (no sé si mucho o poco, pero algo sé). Las experiencias suelen ser buenas con las personas que organizan los eventos a los que me llaman, eso no quita las horas que paso en el transporte público (trenes y autobuses) y los tiempos muertos esperando la hora en que me toca hablar, el agotamiento tras una jornada más larga de lo debido y la llegada a una habitación de hotel solitaria para descansar.

Muchas veces me pregunto si merece la pena todo ese tiempo invertido. Cuando la experiencia es buena (como fue en Logroño), me compensa. Así que seguiremos danzando con los libros y saberes por diversas ciudades.

«A mi aire» (25 noviembre)

¿Qué significa pensar nuestra potencia de actuar en términos de devenir y no de porvenir? ¿Cómo plantear un quehacer práctico que no tenga por supuesto la idea de un Sujeto que construye y dirige la Historia?

Preguntas al hilo del libro de M. Benasayag y A. Del Rey, Elogio del conflicto.

domingo, 3 de abril de 2022

EL «MANIFIESTO ANARCAFEMINISTA» DE CHIARA BOTTICI (Laura Vicente: mi lectura personal)

 


La lectura de este Manifiesto de Chiara Bottici[1], a finales de 2021, fue un golpe de aire fresco en el panorama del feminismo anarquista falto de ideas, ya no digamos de construcción de movimiento social, en este país. No minusvaloro, ni mucho menos, todos los esfuerzos que se hacen por construir una propuesta feminista desde el anarquismo, todo es útil y, mucho más, en estos tiempos. Sin embargo, tenemos que reconocer lo difícil y lento que es ponerlo en marcha: unas veces por falta de ideas, otras porque el activismo en otros campos deja poco tiempo a la creación de grupos anarco(a)feministas sólidos y con continuidad en el tiempo y, por último, muchas veces porque los enfrentamientos dominan el espacio feminista y anarquista y se pierde tiempo y energías en ellos.

Además de la lectura del Manifiesto, asistí en Barcelona (el 7 de marzo de 2022) a la conferencia en la que la autora sintetizó sus ideas que explica en un libro[2] que acaba de salir y en cuya lectura ando enfrascada en estos días.

***

¿Por qué un Manifiesto? La necesidad de un Manifiesto aquí y ahora viene dada por la existencia de cuerpos generizados que son explotados y dominados en todo el mundo, no porque se plantee como un plan que pueda darse de una vez por todas y aplicarse en todos los contextos. Esto último entraría en flagrante contradicción con el anarquismo que impregna este Manifiesto y que debe ser abierto y en constante desarrollo, tal y como plantea la autora.

¿Por qué Anarcafeminista? Anarquismo significa que no hay arché (que no hay ley, que no hay principio único que explique la opresión de las mujeres) y se feminiza el concepto anarcA para dar visibilidad a la faceta específicamente feminista dentro de la teoría y práctica anarquistas.

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Contenido del Manifiesto (siguiendo la idea de que el Manifiesto es abierto y en constante desarrollo, debe quedar claro que esto no es un resumen del Manifiesto, lo he hecho mío y lo he troceado a mi gusto).

La autora parte de la existencia de una androcracia global. Aunque el patriarcado, que significa la ley del macho cabeza de familia, ha sido derrocado en muchos contextos, el poder de los hombres sobre el «segundo sexo» (término que toma prestado de El segundo sexo de Simone de Beauvoir[3]) se mantiene a través de la muerte, el Estado, el capital y lo imaginal. A estos cuatro instrumentos de la androcracia dedica Bottici siete de los nueve capítulos que forman su Manifiesto.

Respecto a la muerte (capítulo 1), la autora señala la existencia de un auténtico generocidio mundial contra personas percibidas como mujeres.

El segundo instrumento de la androcracia es el Estado (capítulos 2 y 3) y su dimensión de género. El Estado siempre ha sido una herramienta de una minoría (donde apenas hay mujeres) que gobierna a la mayoría.

El capital (capítulo 4) es el tercer instrumento de la androcracia, necesita de la división por géneros del trabajo, de esa manera puede conseguir la extracción de plusvalía del trabajo productivo asalariado y también del trabajo reproductivo no remunerado. Se sustenta en la expansión del lucro y, por ello, el capitalismo también necesita extraer recursos naturales gratuitos del medioambiente. Para ello ocupó tierras extranjeras a través del colonialismo y dividió la población mundial en razas diferentes otorgando a la raza blanca el papel de suprema.

Lo imaginal (capítulos 5, 6 y 7)[4] es el cuarto instrumento de la androcracia y el más filosófico y que todavía tengo que digerir. La autora señala que «mujeres» no es una esencia eterna ni un objeto pre-dado. Las mujeres no son objetos sino procesos (el lugar de un devenir); no son cosas sino relaciones sociales. Tomando ideas de la filosofía de la transindividualidad, la autora sostiene que los cuerpos son procesos nunca completos que siempre exceden los límites individuales: no hay tal cosa como una individualidad que no sea al mismo tiempo una transindividualidad, es decir, un proceso de individuación que tiene lugar en tres niveles:

·       inter (los cuerpos nacen de un encuentro interindividual, como el de un espermatozoide y un óvulo).

·       supra (los cuerpos se conforman por fuerzas supraindividuales como su localización geográfica en el capitalismo global racializado).

·       intra (los cuerpos son construidos por elementos intraindividuales como el aire que respiramos y las hormonas que ingerimos al comer).

Los cuerpos de las mujeres, como todos los cuerpos, son cuerpos en plural porque son procesos, procesos constituidos por mecanismos de afecto y asociaciones que suceden en los tres niveles señalados. Moléculas que inhalamos, átomos que comemos, bacterias y otros individuos que habitan nuestros cuerpos, son parte de nuestro ser trans-individual (esto no significa el abandono de lo individual ni de las distinciones).

Lo trans-individual es un prisma mediante el que entender la individualidad de las mujeres:

1)     Ecología y feminismo no están separadas ya que el medioambiente es constitutivo de nuestra individualidad.

2)     Las construcciones imaginales colectivas como el sexo, la raza y la clase se conceptualizan desde el principio como constitutivas de nuestra individualidad. El aparato imaginal que sostiene la androcracia global se ha infiltrado incluso en el proceso mismo de devenir mujer. Los cuerpos de las mujeres son objeto de un proceso de disciplina, cuyo propósito consiste en: gobernar cuerpos e instilar en nosotras la idea de que nuestros cuerpos necesitan ser gobernados.

3)     Cuando los cuerpos de las mujeres se teorizan como procesos transindividuales, podemos hablar de «mujeres» sin incurrir en esencialismos o culturalismos. No hay lugar para la oposición sexo (naturaleza) y género (cultura). Además, este planteamiento permitiría incluir todo tipo de mujeres no solo las mujeres cis.

Imágenes y rituales de salud, belleza y cuidado son uno de los enclaves más poderosos para el ejercicio de las «tecnologías androcráticas del yo»[5]. Así crean sujetos dóciles tanto mediante reglas desde fuera como a través de la participación voluntaria en la sumisión.

Aunque transindividualidad no significa trans-género, sin embargo, el proceso de transgenerización es una de las maneras posibles de individuarse e individualizarse y no una anomalía.

¿Qué plantea el anarcafeminismo? (capítulos 8 y 9 y fragmentos de otros capítulos anteriores).

La autora parte de que el anarquismo es un método, no un plan que pueda darse de una vez por todas y aplicarse en todos los contextos. Eso no significa que no pueda haber programas limitados en el tiempo y para lugares específicos. Partiendo de este planteamiento veamos las aportaciones del anarquismo al feminismo, o lo que es lo mismo, qué se entiende por anarcafeminismo.

El anarquismo no es ausencia de orden, sino búsqueda de un orden social sin ordenante, por tanto, desarrolla un feminismo sin arché, es decir, sin jerarquías ni gobernantes. Desde este planteamiento el anarcafeminismo cuestiona procesos de normalización que conducen a la exclusión y al establecimiento de jerarquías, incluyendo las basadas en el género y el sexo.

No se puede combatir una forma de opresión sin combatirlas todas al mismo tiempo, esto nos conduce a la interseccionalidad puesto que todas las formas de opresión habitan la misma casa, que es la creencia según la cual algunas personas se consideran superiores a otras, y esta superioridad justifica su dominación.

La libertad es el fin y es una contradicción pensar en alcanzarla mediante cualquier cosa que no sea la libertad misma. La libertad es indivisible y por ello el feminismo significa la liberación de todos los géneros, desde esta perspectiva la lucha es por un mundo más allá de la oposición entre hombres y mujeres, más allá del feminismo.

Pensar globalmente, actuar localmente. La lucha, que ha de ser global, tiene que afrontar el legado del colonialismo y el sistema racial en la producción de conocimiento (contenido decolonial).

El anarcafeminismo es ecofeminista, es eco-afectividad (ecología como co-afectividad). Es la capacidad de afectar y ser afectado por todos y cada uno de los seres, lo que pone en cuestión cualquier jerarquía entre seres, así como las fronteras que los separan. La noción de afecto es central para una «política de renaturalización», donde la naturaleza es devuelta al centro del pensamiento y la acción política. Un enfoque anarcafeminista de la ecología es «sin» Naturaleza en su forma alienante, pero sí «a través» de la naturaleza, en el sentido de una única sustancia transindividual infinita.

Desde estos planteamientos…

Empieza tu revolución ahora, ejerce tu poder desde hoy mismo. Tomar el poder del Estado es reproducir la estructura de poder que hay que cuestionar, por tanto, just do it (solo hazlo): ninguna rebelión es demasiado pequeña y las revueltas no son excluyentes. Sé una «pirata del género»[6]: resiste ante las normas de género, juega con ellas, deja de cumplirlas, desobedece, boicotea, combate el capitalismo… Estas acciones son la prefiguración de un mundo diferente.

 



[1] Chiara Bottici (2021): Manifiesto Anarcafeminista. NED Ediciones, España.

[2] Chiara Bottici (2022): Anarcafeminismo. NED Ediciones, España.

 

 

[3] No obstante, entiende por «segundo sexo» todas aquellas personas excluidas del «primer sexo», básicamente hombres cisgénero.

[4] Se entiende por imaginal el carácter propio de las sociedades contemporáneas que, en un primer aspecto, se experimentan en lo cotidiano a partir de singularidades estéticas de vinculación entre individuos y, en segundo término, dan cuenta de una indistinción entre las imágenes y lo que propiamente se puede denominar lo social. E. Marcos Dipaola (2019): “Producciones imaginales: lazo social y subjetivación en una sociedad entre imágenes”. Ediciones Complutense. https://revistas.ucm.es/index.php/ARIS/article/view/59483

[5] «Tecnologías del yo» es el título de un seminario impartido por Michel Foucault en que describe las tecnologías del yo como aquellas que «permiten a los individuos efectuar por sus propios medios o con la ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre sus propios cuerpos y almas, pensamientos, conducta y forma de ser, para transformarse a sí mismos con el objetivo de alcanzar cierto estado de felicidad, pureza, sabiduría, perfección o inmortalidad». Citado por Chiara Bottici, Manifiesto anarcafeminista, p.64.

[6] Paul B. Preciado (2020): Testo yonqui. Sexo, drogas y biopolítica. Anagrama, Barcelona, p. 55.