Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

lunes, 3 de diciembre de 2018

MUJERES LIBRES Y AMPARO POCH Y GASCÓN EN SU 50 ANIVERSARIO (16 francos con 29 céntimos)


Este artículo ha sido publicado en la revista Libre Pensamiento nº 96
El 50 aniversario de la muerte de Amparo Poch (15 de abril de 1968) está sirviendo para que se produzcan algunos homenajes que, aunque tardíos, resultan merecidos[1]. Este artículo no pretende hacer una biografía hagiográfica, ni siquiera una biografía convencional, solo pretende homenajearla y recordarla en el momento en que Amparo Poch hizo su apuesta definitiva por un sueño emancipatorio en el contexto de la guerra civil española y de la revolución de 1936.

Amparo Poch y Gascón (1902-1968), nacida en Zaragoza, se dedicó desde muy joven  a la poesía, la escritura y el periodismo. Debido a la oposición de su padre a que estudiara Medicina, cursó Magisterio en la Escuela Normal Superior de Maestros de Zaragoza entre 1917 y 1922. Se licenció con premio extraordinario en la sección de Ciencias. Al acabar Magisterio se matriculó en la Facultad de Medicina y se licenció en 1929 con matrícula de honor en todas las asignaturas (28 matrículas de honor). En su promoción se licenciaron 97 hombres y 2 mujeres. ​ Sus tempranas colaboraciones en periódicos, como La Voz de la Región, reflejaron sus inquietudes como estudiante de Medicina.

  
Enseguida mostró inquietudes culturales, sociales, feministas, pacifistas y ecológicas y un gran deseo de autonomía personal que la condujeron a divulgar enseñanzas esenciales sobre maternidad, puericultura, sexualidad e higiene. En sus conferencias y artículos, trataba de erradicar tabúes, miedos, sentimientos de culpa y la condena del pecado en relación con la sexualidad.

Se casó civilmente con Gil Comín Gargallo en 1932 en Zaragoza, el matrimonio duró apenas seis meses. Ejerció la medicina en Zaragoza hasta 1934, marchó a Madrid donde abrió una “Clínica Médica para Mujeres y Niños”, además de pasar consulta en la Mutua de Médicos de la CNT, del Sindicato Único de Sanidad. En Madrid se unió libremente con Manuel Zambruno Barrera y conoció a Lucía Sánchez Saornil y Mercedes Comaposada con las que comenzó un proyecto ilusionante, la revista Mujeres Libres, que sacó a la calle el primer número el quince de mayo de 1936.

La revista, de marcado carácter cultural, cambió de orientación cuando estalló el conflicto bélico y la revolución social, convirtiéndose en un periódico de combate. Este cambio en la orientación de la revista fue acompañado por una circunstancia personal relevante: la participación de Poch en el ministerio de Sanidad y Asistencia Social que encabezó Federica Montseny (noviembre 1936-mayo 1937). La ministra anarquista constituyó dos Consejos, el de Sanidad y el de Asistencia Social, organizados sobre la base sindical de Consejos Nacionales con representantes de UGT y de CNT más una Secretaría General. Poch fue nombrada para ocupar el cargo de Consejera médica al frente del Consejo Nacional de Asistencia Social (diciembre 1936-junio de 1937)[2].  Este nombramiento ocasionó su traslado de Madrid a Valencia junto con el resto de los miembros del Gobierno.

El efecto de la guerra sobre la revista fue evidente en la periodicidad, formato y extensión de la misma. Además, los artículos no aparecieron firmados en los números 4, 5 y 6 (excepto uno de Emma Goldman titulado, “Situación social de la mujer”). En el nº 7, editado en marzo de 1937, aparecieron de nuevo los nombres de las tres redactoras y los de ocho mujeres que escribieron artículos o poemas, entre ellas, pese a ostentar aún su cargo en Asistencia Social, Amparo Poch.

Este artículo, que quiero que sirva de homenaje a esta mujer libre, se centra en analizar  la obra escrita firmada de Amparo Poch en Mujeres Libres. La mayoría de sus colaboraciones en la revista (diez artículos)  aparecieron bajo el seudónimo: Dra Salud Alegre[3]. Escribió también dos artículos sobre puericultura y uno sobre amor libre aparecidos en los primeros tres números. Por último, cuatro poemas que trataban sobre la guerra y la revolución.


Sanatorio de optimismo. Doctora Salud Alegre
Esta serie de relatos trataban del mundo de la sanidad, su mundo, tanto porque el escenario era un sanatorio (“de optimismo”), como porque ella, como médica, era uno de los personajes, la Dra. Salud Alegre. Estos textos fueron elaborados desde  una óptica basada en la alegría, el humor y la ironía fina, se acompañaban de dibujos hechos a línea por ella misma con afán ilustrador.

El programa de “Sanatorio de optimismo” antes de la guerra estaba recogido en el primer relato titulado “Apertura y marcha triunfal”[4]. En este texto la Dra. Salud Alegre, narradora omnisciente en primera persona, presentaba su sanatorio como la antítesis de lo que eran los centros médicos existentes: nuevo, divinamente desordenado y lleno de luz. Presentaba su personal formado por médicos y enfermeras que repartían sonrisas, brincaban y palmoteaban, cosa inusitada en los medios sanitarios (no se percataba del estereotipo de género que alimentaba con esta división sexual del trabajo).

Los nombres de su personal eran una declaración de intenciones de lo que debería ser un sanatorio con asistencia médica humanista: el Médico-director, Dr. “Buen Humor”[5], estaba acompañado por los doctores “Buen Apetito”, “Sueño Feliz” y “Amor Humano” y las enfermeras “Eterna Ilusión”, “Fantasía” y “Risa”. Esta combinación de elementos era la fórmula infalible para curar a los/las pacientes, es decir la “Humanidad triste”, compuesta por: el celoso, el suspicaz, el pesimista, el desconfiado, el agresivo, el razonador, el egoísta, el que vacila, el tímido, el rencoroso, etc.

La Dra. Salud Alegre confiaba, para curarlos, en recursos naturales y emocionales como el sol, las estrellas, las caricias, la esperanza, las sonrisas; no confiaba en la “Razón”, que habían tenido que encarcelar porque todo lo estropeaba queriendo volver serio y reflexivo al personal del sanatorio.
El primer cliente del sanatorio fue el celoso, un hombre siempre impenitente, molesto, fastidioso, pelma, una persona que afirmaba tener el corazón muy grande[6], pero que en realidad lo que quería era atar el corazón de la otra persona. Los celos eran la consecuencia de la propiedad privada, desaparecerían con esta según el relato.

En el segundo caso tuvo que intervenir el equipo de urgencias, se trató de un mitin feminista que sin piedad era calificado como el espectáculo más lamentable que ustedes puedan imaginar. Lamentable por la reclamación de que las mujeres fueran fiscales, jueces o notarios (lo que podía suponer no atender adecuadamente a sus criaturas), cuando lo que había que hacer era suprimir esos oficios. Y lamentable porque las feministas atacaban el amor libre y defendían el matrimonio que acababa, según su parecer, con el amor y la libertad. Este caso fue un fracaso, había que aceptar, se decía en el relato, que había “enfermedades” incurables, el feminismo burgués era una de ellas[7].

El conflicto bélico cambió el programa de enfermedades a curar en el sanatorio puesto que aparecieron otras que provocaron “doña Guerra” con su cesto lleno de bombas y “doña Revolución” con su cesto lleno de cartuchos. El tono de sus metáforas mostraba a la mujer pacifista que era, comprometida durante la guerra con la Liga Española de Refractarios a la Guerra de la que fue presidenta, organización afiliada a la Internacional de Resistentes a la Guerra.

No aparecieron relatos en el momento de mayor entusiasmo revolucionario (julio- septiembre de 1936). Cuando aparecieron el cuarto y el quinto relato (marzo de 1937)  se afirmaba que “Doña Guerra” había traído muchos cambios, entre otros, la desaparición de los doctores “Sueño feliz” (la revolución en retroceso hacía dudar de ese sueño) y “Amor Humano” (la guerra hacía desaparecer tal sentimiento). La tristeza y el escepticismo se fueron adueñando de la alegre doctora, el sanatorio fue decayendo y se fue deteriorando al compás de los acontecimientos.

Los relatos que aparecieron en la etapa en que la revolución estaba en retroceso, pero se creía posible salvar algo a través de la participación en el Gobierno de Largo Caballero, hicieron referencia a dos  “enfermedades” que no eran individuales sino colectivas: la  perversión y burocratización de los comités y las nuevas bodas.

Respecto a la perversión y burocratización de los comités, el relato era muy crítico con la intervención y control del sanatorio[8] por parte de los clientes (la humanidad triste) y, en consecuencia, con el mal funcionamiento del sanatorio, ya que nadie lo limpiaba, nadie lo atendía ni se esmeraba. La burocratización era denunciada con fina ironía cuando afirmaba que el Comité número 10.084,653.926,800 de la España leal, hace sus deliberaciones en la galería de curas, de espaldas a la Vida y al Sol.

Amparo Poch estaba en el Gobierno y era consciente del exceso de comités y de su burocratización, su capacidad crítica no se evaporó por tener responsabilidades políticas. Como miembro del Partido Sindicalista, no rechazaba la acción política, por tanto, no vivió mal su integración en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, pero ello no fue obstáculo para ser crítica con los defectos que iba observando desde su privilegiada atalaya política.

Sobre las bodas en serie, el relato empezaba así: la camarada Revolución nos ha dado cuenta de su gran desconsuelo porque la gente se sigue casando, demostrando con ello que amaban las diversas modalidades de opresión (incluidas las parejas libertarias). Proponía, entonces, una fábrica de bodas que tenía que emplazarse lejos de los núcleos urbanos, que produjera como churros  ceremonias rápidas y gratuitas, bastante desdicha tienen los que van, que leyera a los contrayentes los “Mandamientos del Sentido Común”, que besaran la tricromía del Comunismo Libertario y se les tirara, con sus papeles sellados (en rojo o en rojo y negro), por un tobogán[9].

La disolución del Gobierno de Largo Caballero y la salida de los tres ministros y la ministra del Gobierno dejó claro que la revolución había sido definitivamente derrotada al igual que el Movimiento Libertario. En este nuevo contexto, las críticas de Poch se endurecieron y su alegría se fue marchitando.

Ahí estaban las críticas a las fiestas mojigatas y cuasi religiosas de Asistencia Social, su antiguo ministerio (reconvertido en Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad) ocupado por el comunista Jesús Hernández; las críticas a la incompetencia, absentismo y enchufismo de los Ministerios; y la burla del uso y abuso de los avales políticos o sindicales para cualquier cosa.

Las llamadas fiestecitas superevangélicas e infrarevolucionarias en pro de Asistencia Social, recordaban a las fiestas de los colegios purísimos de dulces monjitas, solo que ahora las organizaba el PCE, principal protagonista de la lucha en contra de la revolución libertaria y el partido que estaba alcanzando más poder dentro de los gobiernos republicanos gracias a la ayuda militar cobrada de la URSS[10].

La crítica a la incompetencia, el absentismo y el enchufismo en los Ministerios de los gobiernos republicanos le valió la censura completa de uno de sus relatos (solo quedó el título de la sección)[11].

La crítica de los avales políticos o sindicales para cualquier cosa fue también objeto de ácida burla cuando el Dr. Buen Humor quiso comprarse unos calcetines rojos con ribetes morados. La necesidad para hacer la compra de un aval llevó al cariacontecido doctor a hacer veintinueve colas en quince días. Cuando, por fin, en medio de pesadillas, consiguió el aval y fue a recoger sus calcetines, le dieron unas piltrafas de lana roja que eran los restos de los calcetines que se había comido la polilla[12]. 

Tampoco se salvaron de la crítica la Sociedad de Naciones y la supuesta mejora que podían aportar los progresos técnicos. En el caso de la Sociedad de Naciones el relato se articulaba alrededor del hecho de que al Dr. Buen Humor le había salido un bulto en la región precordial que segregaba “la credulitas confiábilis”. Le fue recetada una cura enérgica en Ginebra a base de discursos, proclamas, comités e internacionales. Aunque mejoró, no se curó hasta que no tomó un medicamento de extracto vegetal: el “escepticismus”[13].

Una dosis de escepticismo aplicó también Poch a los avances tecnológicos, en este caso el relato adoptó la forma de un viaje a Marte con formato de ciencia-ficción[14].

Artículos
Los artículos que aparecieron en la revista con su firma fueron tres,  publicados antes de la guerra. Sus temas mostraban la línea pedagógica relacionada con la salud que pretendía desarrollar y que la guerra torció: maternidad, puericultura y sexualidad.

Los dos primeros artículos trataron sobre “El recién nacido” y “El niño sano”[15], en ellos la autora, ducha en la materia por su formación como puericultora, daba pautas sobre cómo afrontar los primeros meses del recién nacido: cómo conocerlo (repasaba los cinco sentidos y el psiquismo) y cuidarlo desde sus planteamientos higienistas (dejarle dormir, alimentarle a través de la lactancia y bañarle cada día eran los consejos básicos). Aunque su dedicación a la infancia (como médica y educadora) ocupó siempre una parte importante de su vida, era partidaria del control de la natalidad (a través del uso de anticonceptivos) para separar placer de reproducción. El control de la natalidad favorecía además la maternidad consciente que conllevaba la eugenesia positiva en favor de la procreación en las mejores condiciones posibles.

El tercer artículo trataba sobre el amor libre[16]. Amparo Poch tenía una concepción  espiritual, elevada y moralista del amor, del llamado “Buen Amor”:

En el buen amor pesa tanto lo alto como lo bajo, el Pensamiento como la Carne, la Dulzura como el Deseo; y es incompleto si le falta cualquiera de estas cosas.
Pero el buen amor debía desarrollarse sin ataduras, el cuestionamiento del matrimonio era claro:
Para él se necesita plena libertad, pero también capacidad plena, pues sin ésta la primera es una ficción.
Eros fue despojado de sus alas cuando el amor se convirtió en deber con el matrimonio. El adulterio nacía del matrimonio, que es como una carcajada fresca, entre burlona y honrada, el pleno derecho a la libertad de amar…

Había sido el hombre el que había provocado que el amor descendiera a la categoría de pecado al perder la espontaneidad, la sencillez y la naturalidad del goce. La mujer debía capacitarse para evitar convertirse en un ser de instintos, carne simple, monótona y limitada.

La reclusión de la mujer en casa, quedando  excluida de la producción que daba derecho a la subsistencia, era la causante de que las mujeres dieran al hombre sus servicios privados, incluso los sexuales, (considerados como prostitución dentro del matrimonio) y a cambio defendieran su posición, preocupándose de afianzar los lazos que la unían al hombre. Y ahí nació el sentido de la propiedad de entre la pareja.

Que a las mujeres no se les reconociera su perfil de trabajadoras las situaba en el precipicio de la prostitución (marital o extramarital). Las mujeres debían romper con todos los estereotipos de mujer creados por el discurso de género (la mujer-esposa, la mujer-prostituta, la mujer virtuosa):
La Vida está harta ya de la Mujer-esposa, pesada, demasiado eterna, que ha perdido las alas…; está harta de la Mujer-prostituta, a la que ya no queda sino la raíz escuetamente animal; está harta de la Mujer-virtud, seria, blanca, insípida, muda…

Si las mujeres querían recobrar su dignidad como personas, debían cambiar radicalmente, encontrarse a sí mismas y amar sin pensar que dicho sentimiento te da derecho sobre nadie ni te hace objeto de propiedad. La clave estaba en conocer el valor del “yo” libre.

Poemas
En la revista aparecieron cuatro poemas firmados por Amparo Poch, tres  de los cuatro estaban relacionados con la guerra y  aparecieron en el nº 8 de la revista, uno sobre el bombardeo de una casa habitada por un niño y su madre, ya que el hombre estaba luchando en el frente; el segundo era un breve poema sobre la muerte de un miliciano; y el tercero, sobre la muerte de un niño que estaba jugando[17]. El cuarto poema reclamaba más trabajo y esfuerzo a las mujeres para empujar la revolución[18].
***

Amparo Poch salió al exilio en 1939 como miles de hombres y mujeres derrotadas en la guerra civil, en Francia prosiguió su labor, clandestinamente, al no poder ejercer como médica. Mientras duró la II Guerra  Mundial, vivió las penurias del exilio, dibujando pañuelos para un gran almacén, en Nimes. Tras la liberación de Francia trabajó en el dispensario del Hospital de Varsovia (en Toulouse), más tarde, ejerció en el dispensario de la Cruz Roja Española hasta su muerte. Cuando murió solo disponía en su cartilla de la Caja de Ahorros de 16 francos con 29 céntimos, todo un símbolo de la vida de una mujer libre.

Conclusiones
1ª La manera de entender la medicina que tenía Amparo Poch era plenamente moderna puesto que era una médica vocacional. Su práctica médica se basó en la implicación empática con los y las pacientes, daba mucha importancia al talante humanista de la asistencia médica (así se apreciaba en sus relatos de “sanatorio de optimismo”). Destacaba  en ella también la función educadora y divulgadora.
2º El anarquismo, con su bagaje de neomaltusianismo, higienismo y eugenesia, sustentó muchas de sus ideas junto con sus lecturas y formación académica. Su formación como puericultora le permitió hacer una tarea educadora importante para que las madres (no los padres) asumieran su responsabilidad como tales, especialmente en los primeros meses de vida de las criaturas. No olvidemos, por otro lado, que la maternidad había sido muy valorada desde las pioneras del feminismo anarquista (Teresa Claramunt y Teresa Mañé) como factor revolucionario y que los hijos y las hijas no se entendían como propiedad privada sino como un bien social con un gran protagonismo en la transformación social.
3º El control de la natalidad, el goce sexual libre de pecado y la capacitación de las mujeres para ser libres y autónomas, favorecían el “buen amor”, libre y plural.
4º No rechazaba la acción política y, por ello, formó parte de la corriente trentista y del Partido Sindicalista, aceptando su integración en el Gobierno de Largo Caballero. Esta postura, que no era la mayoritaria en la CNT, no le nubló la vista a la hora de  criticar los Gobiernos republicanos, especialmente cuando se incrementó la presencian  comunista. También fue crítica  con las contradicciones de la revolución.
5º Ella, como nadie, demostró que el humor y la ironía permitían la crítica, la denuncia y la censura sin expresarlo de manera explícita o directa, sino dándolo a entender. Precisamente de esta forma sutil mostró su desagrado hacia el uso de la violencia en la guerra desde su conocida posición pacifista.

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[1] Inauguración de una placa dedicada a ella en Zaragoza aprobada por el Pleno del Ayuntamiento, la celebración de dos jornadas de debate los días 3 y 4 de octubre en la Casa de la Mujer de la misma ciudad, la inauguración de una exposición itinerante del Institut Català de les Dones y el Memorial Democràtic en Barcelona el 17 de octubre, el homenaje dedicado a su figura por parte de CGT de Aragón-La Rioja y Grupo de Mujeres de CGT de Aragón-La Rioja el 20 de octubre de 2018, entre otros actos.
[2] De octubre a diciembre de 1936 había ejercido como médica en la Milicia, en el Regimiento Pestaña nº9. 1º y 2º Batallón. Participó también en el hospital de sangre Frontón de Recoletos montado por iniciativa del Ateneo Libertario de Delicias (CNT).
[3] Alguno de estos artículos no aparece con esta firma pero tenemos la seguridad de que forman parte de este grupo de artículos al ser publicado posteriormente en forma de folleto con el título La Ciencia en la Mochila. Sanatorio de optimismo. Publicaciones Mujeres Libres. Sección de propaganda. Barcelona, 1938.
[4] Mujeres Libres, nº 1, mayo (15), 1936, p. 4.
[5] ¿Es el alter ego de Amparo Poch? Antonina Rodrigo así lo señala (Antonina Rodrigo (2002): Una mujer libre. Amparo Poch y Gascón, médica y anarquista. Barcelona, Flor del Viento, p. 189). pero ¿por qué un hombre y no una mujer?, ¿por qué con nombre diferente? En esta presentación que hace en el primer artículo la autora indica que el Médico-director es uno de sus empleados: “Tengo un médico-director muy simpático”, Mujeres Libres, nº 1, mayo (15), 1936, p. 4.
[6] En la narración el celoso se saca el corazón que olía muy mal, despedía humo y lanzaba estallidos como si fuera una fiesta (dibujo). El celoso fue dormido por el Dr. Sueño Feliz para así suturar su corazón. Mujeres Libres, nº 2, junio 1936, p. 3.
[7] Mujeres Libres, nº 3, “Terrible fracaso”, julio 1936, p. 14.
[8] El señor visitante del sanatorio “se ha quitado la corbata y se ha puesto la toalla al cuello y se ha convertido en el camarada visitante”. Mujeres Libres, nº 7, “Controlados e intervenidos”, VIII mes de la revolución (marzo 1937), p. 7.
[9] Mujeres Libres, nº 7, “Proyecto para la creación de una fábrica de bodas en serie (Churros auténticos)”, VIII mes de la revolución (marzo 1937), p. 8.
[10] Mujeres Libres, nº 9, “Fiestecitas superevangélicas” (XI mes de la Revolución, posiblemente junio de 1937), p.3.
[11] El titulado “Miasmas ministeriales” que tenía que haber aparecido en Mujeres Libres, nº 11 (sin fecha, posiblemente noviembre de 1937), p. 46.
[12] Mujeres Libres, nº 13, “La raza esforzada del <aval>” (otoño  1938), p.11.
[13] Mujeres Libres, nº 10, “¡OOOOOOH!, Ginebra” (II año de la Revolución, julio de 1938), p.15.
[14] Mujeres Libres, nº 12, “Un viaje de placer” (mayo de  1938), p.15.
[15] Mujeres Libres, nº 1, “El recién nacido”, mayo (15) 1936, pp. 12-13; nº 2, “El niño sano”, junio 1936, pp. 12-13.
[16] Mujeres Libres, nº 3, “Elogio del amor libre”, junio 1936, pp. 12-13.
[17]Mujeres Libres, nº 8, “La casa rota”, p. 3; “Canción breve del miliciano muerto”, p. 7; “El niño asesinado. Romance pequeño”, p. 10; X mes de la Revolución (mayo 1937).
[18] Mujeres Libres, nº 7, “Mañana”, VIII mes de la revolución (marzo 1937), p. 7.

martes, 13 de noviembre de 2018

Jornadas 80 Aniversario de la Federación Nacional de MMLL 8 al 10 de septiembre de 2017, Madrid.



Las Jornadas constituyeron un nuevo ejercicio de reconstrucción del pasado, y digo “nuevo” porque estas Jornadas son las terceras que  celebra la CGT (70 aniversario en 2007 en Zaragoza, 75 en 2012 en Valencia y estas, de las que hablamos hoy, en 2017 en Madrid)
Dice Eduardo Galeano:

No hay historia muda. Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca. El tiempo que fue sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es, aunque el tiempo que es no lo quiera o no lo sepa.
                                          
Estas Jornadas tratan de evitar, como dice Galeano, que la historia enmudezca. Y es que la silencian y la mienten. Cualquier buen observador/a apreciará sin grandes dificultades cómo se manipula la historia y la memoria para convertirlas en objeto de consumo de ciertos planteamientos políticos.


La izquierda, últimamente, está dedicando calles o poniendo placas en diversos espacios a figuras del anarquismo. Sin embargo, este reconocimiento olvida casi siempre lo que define la idiosincrasia de estas personas, es decir, el hecho de ser anarquistas, anarcosindicalistas o libertarias.

Reconvertir personas con estas ideas en simples luchadoras por las libertades, escritoras, pedagogas, defensoras de la clase obrera, periodistas, trabajadoras por la salud, etc., siendo cierto es incompleto, una buena manera de olvidarlas, una buena manera de construir una memoria buenista, aceptable y políticamente correcta. La palabra “anarquista” sigue quemando en las manos, incluso en las manos de la izquierda.

Un buen punto de partida para que el “tiempo que fue” siga latiendo, lo más veraz posible en la actualidad es no confundir: recuerdo con memoria y con historia.

El recuerdo es la experiencia vivida y está destinado a morir con sus testigos. La memoria es la rememoración colectiva del pasado y  puede ser (o no) un elemento permanente de la conciencia social[1].
El recuerdo, pero también la memoria son subjetivas y necesitan ser contrastadas con otras fuentes que le otorguen más objetividad. Y es la historia la que debe aportar el discurso crítico sobre el pasado, es decir, la reconstrucción de los hechos y acontecimientos pasados ​​tendentes a su examen contextual y a su interpretación. La memoria solo puede vivir mediante una interacción permanente con la investigación histórica y con la acción social y política.

La realidad ha demostrado que somos una comunidad no del recuerdo, sino del olvido organizado, sistemático y deliberado[2]. El franquismo quiso destruir la memoria anterior a 1939 en su afán por aniquilar a los vencidos. Pero el olvido organizado no lo ejecutó solo el franquismo, la Transición democrática hizo pagar una cuota muy elevada a las víctimas del franquismo para asentar la democracia mediante el olvido de lo sucedido en la conciencia social (no en los estudios históricos académicos). La democracia no varió en exceso el rumbo en lo que respecta al movimiento anarquista hasta hoy mismo.


A veces la memoria se ha convertido en un campo de batalla entre versiones interesadas del pasado al servicio de las diversas tendencias políticas. La consecuencia más negativa de estas polémicas son los disparates que se consiguen asentar en la opinión pública como verdades históricas que no se pueden poner en cuestión. La manipulación del pasado, la creación de mitos y la distorsión de los hechos históricos, cuando se apoyan en la potente máquina económica y propagandística del poder, son muy difíciles de desmontar. Algo, o mucho, de eso hay en Cataluña con “el proceso”. Pero ahí está también la pretensión de crear una Comisión de la VERDAD del PSOE.

Hay tantos recorridos  de la memoria como itinerarios vitales, los espacios organizativos y de lucha que se estructuran alrededor del anarquismo deberían estar presentes en todos los escenarios de la memoria. Hay que atreverse a saber y construir nuestros propios mapas, nuestros puntos de referencia[3], ya que lo que olvidamos, ya no es nuestro. Hacer memoria es imprescindible para evitar que nos arrebaten lo que somos.

Celebrar estas Jornadas es importante, por tanto, para tratar de evitar esa banalización y ninguneo del que es objeto el anarquismo en general y el anarcofeminismo en particular. Pasó demasiado tiempo hasta que se puso en valor lo que hicieron las mujeres anarquistas.

En estas Jornadas del 80 Aniversario las diferentes ponencias, comunicaciones y mesas redondas se movieron en el tiempo pasado e intentaron hacer memoria y, en la medida de lo posible, evocar ese tiempo histórico.

Sin embargo fue patente en las y los participantes  el rechazo  a recrearnos en el pasado, puesto que no deja de ser una realidad muerta. Solo la actualidad del pasado puede dotar de fuerza y sentido la inmersión hacia atrás y aportar, así, un proyecto emancipador. De ahí el subtítulo de estas Jornadas:

La lucha de todos los tiempos

Lo sucedido en el pasado no es más grande o digno de aprecio que lo que ocurre en el presente, el interés de lo sucedido está en los ecos que resuenan en el presente.

Los seres colectivos siempre son más de lo que son puesto que llevan en sí fuerzas que tienen que ver con actos realizados en tiempos anteriores, de esta forma no se trata de verlas desde fuera sino desde dentro, desde lo que somos podemos evaluar lo sucedido en el pasado. Así lo expresaba Jean Tardieu cuando decía refiriéndose a las clases populares:

Si con una llave, golpeo los hierros que él golpeaba, escucho todavía, en su sonido que permanece puro, brotar del fondo de los siglos criminales el grito de su esfuerzo y de su triunfo[4].

Este fue también el objetivo de estas Jornadas, escuchar el sonido puro que brota del fondo de los ochenta años transcurridos desde la constitución de la Federación Nacional de “Mujeres Libres”. Las mujeres ácratas del 2018 forman parte de una ascendencia de largo recorrido que tiene más de ciento ochenta años y bebiendo de ese caudal quieren coger fuerza para actualizarlo en el siglo XXI.

Las Jornadas sirvieron, por tanto, para hacer memoria, compartir conocimientos de historiadoras que están trabajando sobre esta organización, la revista y las activistas que las hicieron posibles. Pero las Jornadas sirvieron también para contactar con otras mujeres, debatir sobre las posibilidades actuales del anarcofeminismo y, por supuesto, para disfrutar en las actividades de ocio, en las comidas y cenas, en las tertulias y en las charlas en grupo que propician esos días de encuentro. En definitiva, sirvieron para construir REDES DE CORDIALIDAD como decía Lucía Sánchez Saornil.

Y, por último, una reflexión que también se hizo en las Jornadas y que me pregunto como ponente y participante en estas Jornadas:

¿Qué recorrido hubieran tenido las mujeres que participaron en esta genealogía del feminismo anarquista que fue cortada de raíz por el franquismo?
Imposible saberlo. Lo único que podemos es especular con las posibilidades truncadas.
Lo cierto es que…
… La guerra civil y el franquismo tuvieron una dimensión de género que no podemos olvidar: el golpe de Estado y la guerra pretendían, entre otros objetivos, cerrar el camino a los cambios que se venían produciendo y que, jurídicamente, aceleró la II República.

La derrota en la guerra condujo a estas mujeres al exilio interior o exterior, muchas vieron arruinadas sus vidas, perdieron sus trabajos, vivieron en la clandestinidad, fueron encarceladas, torturadas y ejecutadas; otras tuvieron que adaptarse a nuevos países, algunas, vivir una nueva guerra.

Las que se quedaron en España perdieron cualquier derecho sobre su cuerpo, sobre su vida, abandonaron su activismo, se escondieron y malvivieron para poder sobrevivir como Lucía Sánchez Saornil.

Las que se fueron de España tuvieron que adaptarse a un nuevo país partiendo de su condición de exiliadas y refugiadas, aprender la nueva lengua, las nuevas costumbres, tratar de trabajar en lo que pudieron y les ofrecieron. Muchas murieron pobres como la médica Amparo Poch.

Procuraron resistir, recuperarse y volver a tomar contacto tras la dispersión en sus exilios europeos y americanos. Recuperaron, a partir de 1962, la escritura como forma de resistencia y empezaron a editar Mujeres Libres de España en el Exilio. Un eslabón muy valioso que permitió conectar con las mujeres que, al morir Franco, empezaron a constituir grupos de Mujeres (Libres/Libertarias).

En conclusión:
Las Jornadas del 80 Aniversario, y la publicación en este libro de sus actas suponen un paso más en la recuperación de la memoria  y de la historia de las mujeres anarquistas, un paso más para evocar sus hechos y sus emociones y un paso más para conocernos mejor al llevar a cabo esa inmersión en el pasado que hicimos durante tres días.



[1]  Enzo Traverso (2001): La historia desgarrada. Ensayo sobre Auschwitz y los intelectuales. Herder, Barcelona, p. 193.
[2] Zigmunt Bauman y Leonidas Donskis (2015): Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida. Paidos, Barcelona, p. 161.
[3] Dasa Drndic (2015): Trieste. Automática Ed, Madrid. Simona Skrabec (traductora), p. 12-13.
[4] De Jean Tardieu: La Part de l’ombre, citado en Colson, Daniel: Pequeño léxico filosófico del anarquismo. De Proudhon a Deleuze. Buenos Aires: Nueva Visión, 2003.

sábado, 3 de noviembre de 2018

NADIE TIENE DERECHO A OBEDECER



Fachada Palacio de los Oficios. Bolzano
La visita que hice en septiembre a Bolzano (Italia) tenía un objetivo prioritario, visitar el Palacio de los Oficios en las afueras de la ciudad. En esta ciudad, como en muchas otras de Italia, quedan importantes restos del fascismo. En el caso de este Palacio (construido en 1939), que forma parte de una inmensa plaza monumental, muy del gusto del totalitarismo fascista, había subsistido desde la fecha de su construcción un relieve con Mussolini como gran protagonista.

Detalle del relieve: Mussolini. Bolzano
Benito Mussolini aparece en este relieve en el centro de la escena, montado a caballo con el brazo en alto y una leyenda muy del gusto fascista: “Credere, Obbedire, Combattere” (creer, obedecer, combatir).

Y así se ha mantenido este edificio sin que nadie lo cuestionara, o en todo caso, sin que nada se hiciera hasta 2014. Fue en esa fecha cuando, tras abrir un concurso para ver qué hacer con este relieve, de las diferentes propuestas se aplicó la que resultó ganadora. El relieve se ha dejado tal cual y encima se decidió colocar un letrero luminoso con la frase de Hannah Arendt en tres lenguas: alemán, italiano y ladino.

Detalle del relieve: leyenda en letrero luminoso

NADIE TIENE DERECHO A OBEDECER

Una frase  que sirve para recordar que nuestras acciones son siempre el resultado de una elección y, por tanto, de un juicio en el presente.

martes, 23 de octubre de 2018

PRESENTIMIENTOS DE IMRE KERTÉSZ


Quien me conoce y/o me sigue en este blog sabe mi admiración por este autor del que tengo todos sus libros publicados y, en gran parte, leídos (me quedan unos pocos sin leer que voy dosificando para poder seguir sorprendiéndome con una nueva lectura suya).

Aparentemente, estas Cartas a Eva Haldimann era una lectura menor por su pequeña extensión y por formar parte del género epistolar, no ha sido así. Su lectura me ha hecho comprobar de nuevo la fina visión política que tenía Kertész y cómo presintió de forma clarividente algunas situaciones y comportamientos que hoy están en el candelero europeo respecto a su país de nacimiento, Hungría.

La correspondencia que se recoge en este libro de 153 páginas se produjo durante más de veinte años (1977-2002) entre Kertész y Eva Haldimann, crítica y traductora de origen húngaro que se trasladó en 1947 a Suiza para cursar estudios universitarios. En 1951 se doctoró en literatura comparada (inglés-francés) en la Universidad de Zúrich y trabajó hasta 1959 como profesora de enseñanza secundaria. Empezó su carrera de crítica literaria a principios de la década de 1960. Durante más de tres décadas presentó, como colaboradora del Neue Zürcher Zeitung, casi toda la literatura húngara contemporánea a los lectores/as alemanas.

La publicación de una reseña en la mencionada revista sobre el libro de Kertész, Sin destino, inició el intercambio de correspondencia que dio lugar a una auténtica amistad y a unas cartas que van más allá de lo habitual, aspectos autobiográficos, para adentrarse en el terreno del ensayo debido a las reflexiones y opiniones que vierte Kertész en las cartas que aparecen en este libro (publicadas en 2009 en Alemania).


El libro está formado por las cartas, un apartado de notas muy interesante donde se aclaran algunas referencias que aparecen en las cartas y los apéndices que complementan las cartas con textos mencionados en ellas y que son demasiado largos para introducir en las notas.

Entrando en el contenido de sus cartas, Kertész hace algunas reflexiones sobre la intelectualidad húngara que, tras vivir mantenida en un estado de dependencia infantil del padre,  cuando se produjo la caída del comunismo, se encontró perdida debido a que el sistema de vida falso y la mentira ya no funcionan (carta de febrero de 1990, p. 12-13). Los cuarenta años de comunismo sumieron al país en una espantosa situación moral, espiritual y material y para conseguir el poder, los manipuladores empezaron a utilizar de nuevo el antisemitismo, un juego feo y peligroso (carta de febrero de 1990, p. 13).

En ese juego, el tema de la identidad húngara se volvió a construir cuestionando a los judíos y, hoy en día, lanzando el espantajo del peligro de las personas refugiadas que pueden llegar a este país. Kertész reflexiona respecto a la identidad afirmando su individualidad y que para él, que no tiene problemas de identidad, tan absurdo es ser húngaro, como ser judío. Sin embargo, después de Auschwitz, no fue fácil construir un individuo a partir de los restos de mi personalidad pisoteada por las botas y mantenerlo de manera continua a pesar de todo.

Y añade como un grito de libertad:
No tolero que se me excluya de mi individualidad, no tolero que después de décadas carcelarias del totalitarismo me definan como perteneciente a “los judíos”, lo hagan judíos o no judíos.(…)
Yo no me he refugiado ni me refugiaré en ninguna identidad, sea racial, nacional o grupal; no he pedido a ninguna raza, nación o grupo la autorización para ser su portavoz, para excluir, juzgar, expulsar en su nombre (carta de octubre de 1990, p. 15-17).
Estos fragmentos forman parte de la carta que Kertész escribió a la presidenta de la Asociación de Escritores por las afirmaciones antisemitas del poeta y ensayista Sándor Csoóri.

En sus cartas, precisamente, se percibe la preocupación por el antisemitismo creciente (especialmente por las amenazas que recibe de los Cruces Flechadas) y se nota cómo su vida en Budapest se va enrareciendo por su implicación en el recuerdo de la Shoah que revierte en menciones y en la participación en actos relacionados con ella. Su cansancio provocó que le escribiera a Haldimann que se iba a abstener de intervenir en asuntos húngaros porque esa gente probablemente tiene razón: soy un cosmopolita que se ocupa en primer lugar de su arte y no de la llamada patria. Afirmando a continuación que le han quitado las ganas de dedicarse a la retórica… e incluso a la mera formulación de la verdad (carta de diciembre de 1993, p. 56).

En estas cartas resulta evidente que el tema básico de las obras de Kertész es la cuestión de la determinación o de la libertad del individuo, así como hasta qué punto el mundo del totalitarismo le impide desarrollarse. Sufrir la persecución por “ser judío”, él que nunca se sintió como tal, le permitió vivir la experiencia universal de la vida humana que se encuentra a merced del totalitarismo. De tal manera que transformar en destino las fuerzas externas  que determinan la vida pasa a ocupar el centro de todo el esfuerzo de su pensamiento (p. 126).

Para concluir, en el apartado de apéndices, se reproduce una entrevista de marzo de 1994 muy interesante en la que Kertész señala aquellos aspectos que le preocupaban. Entre esos temas plantea que el antisemitismo actual ya no es tan solo  un ataque contra los judíos sino también contra cualquier Estado que no sea un Estado total; es más, significa sobre todo esto.

Acusa a su país de entender el Holocausto como algo que sólo afectó a los judíos, sin tener en cuenta el devastador efecto moral que supuso para Hungría el saqueo y el asesinato de seiscientos mil cadáveres (…) y no afectara en absoluto a la población, que, se quiera o no, fue espectadora, participante activa o pasiva de ese asesinato (p. 135-136).

Kertész utiliza en esta entrevista el término “antisemitismo preventivo”, que consiste en crear un ambiente disparando por adelantado al terreno de la razón, de la racionalidad, donde podría crearse un diálogo social común y normal. Este “antisemitismo preventivo” es un instrumento, un método, sirve para impedir el discurso razonable, para no arrostrar las cuestiones turbias y en absoluto aclaradas del pasado. Por eso quieren crear de entrada una idea de la historia que imposibilite iniciar aquí un autoanálisis tendente a una verdadera autoliberación. Una excelente herramienta para ello es el ruidoso antisemitismo (p. 138).

Un recurso ruidoso, que hoy se reconvierte en la amenaza que proviene de las personas refugiadas mayoritariamente musulmanas. Un recurso que se utiliza en muchos otros países o territorios dentro de países para impedir ese discurso razonable y veraz conduciéndonos a un terreno pantanoso de enfrentamiento social.

Presentimientos que tuvo Kertész y que tanto nos ayudan hoy a comprender el turbulento, sucio y peligroso mundo que nos rodea. Un mundo de racismo, clasismo, machismo y exclusión del otro que no sabemos dónde nos puede llevar. Y es que, quizás, como dijo Thomas Mann: La época es fascista. Y aunque alguien no lo sea de forma consciente, puede serlo en sus actos, en sus instintos, en sus gestos involuntarios (p. 61).


sábado, 13 de octubre de 2018

HANNAH ARENDT


Llegué a este libro de Laure Adler sobre Arendt a través de otro libro comentado aquí, Entre amigasuna persona con gustos lectores parecidos a los míos me condujo a esta biografía. Me costó encontrar el libro y cuando lo logré en una librería de segunda mano, le faltaba la sobrecubierta, pero el libro merece la pena y mucho.


¿Qué encontraremos en esta biografía?

1.
Innumerables claves de la biografía de Hannah Arendt que nos permiten entender su vida y su pensamiento. No he leído otras biografías que se han publicado[1] y no puedo compararlas con esta, pero la de Adler es una biografía empática y muy bien narrada, además de rigurosa en cuanto a la utilización de las fuentes.
Sin entrar en detalles excesivamente íntimos, en esta biografía encontraremos una visión de conjunto de la vida de Arendt desde su nacimiento hasta su muerte. Una vida, como es bien sabido, azarosa, complicada y plena de acontecimientos positivos y negativos. Sus relaciones familiares, de pareja y de amistad, tejen un lienzo que nos permite acercarnos a la personalidad de Arendt.
Su pensamiento está muy presente en esta biografía puesto que se van desgranando sus diferentes investigaciones que acaban publicadas en libros y se dan claves muy interesantes para acercarnos a su lectura o para contextualizarlos si ya los hemos leído.

2.
La importancia que tiene la amistad para Arendt queda patente en este libro; famosa fue su frase: Mi patria no es mi pueblo, sino mis amigos, pronunciada en respuesta a los ataques que sufrió por la publicación de su Eichmann en Jerusalén. Informe sobre la banalidad del mal.
En su ensayo “La crisis de la cultura”, incluido en Entre el pasado y el futuro[2], escribía que una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado[3].
Ella dio un gran valor a elegir a sus amigas y amigos, saber conocer a las personas más allá de sus errores y de sus aciertos y primar el afecto por encima de todo lo demás. Esa es la clave, quizás, de que mantuviera su relación con Heidegger pese a su pasado nazi y no perdonara a Adorno sus dudas en los primeros tiempos del nacionalsocialismo; el primero era su amigo y el segundo no.
El culto a la amistad y la experiencia de la amistad que otorga conocimiento de los otros, recorre las páginas de esta biografía y es perceptible en su correspondencia, entre otras personas, con Mary McCarthy, con Gershom Scholem o con el propio Martin Heidegger[4]. La vida de Arendt es un ejemplo vivo de esa experiencia apasionada de la amistad.

3.
Esta biografía también nos permite acercarnos al significado del término comprender, entendido como actividad sin fin a través de la cual aceptamos la realidad y nos reconciliamos con ella para habitar el mundo. Porque a Arendt le interesa estar en el mundo, habitarlo, ya que ella ama al mundo, ama comprender al mundo, a las cosas, como lo que son.


4.
Interesante resulta el modo en que se trata en esta biografía el escándalo inesperado que produjo la publicación de Eichmann en Jerusalén. En la relación de libros que Arendt escribió, la acogida tensa y alborotada de Eichmann en Jerusalén, fue muy relevante. Esta obra fue duramente atacada por afirmar la sumisión de las víctimas como fenómeno general respecto al régimen que las masacraba y por la malinterpretación del concepto de la banalidad del mal. No fue bien recibida la insistencia en las zonas grises del Holocausto nazi.
Ante las duras críticas y ataques, Arendt se refugió en sus amigos/as y, en cierta manera, en sus alumnos/as. Eran los que la conocían y acogieron el sentido de su propuesta de entendimiento del holocausto recogida en este libro tan polémico. 

5.
Excelente el número de notas de que dispone la biografía. Gracias a ellas y al texto, hay una buena bibliografía que nos  acerca a la comprensión de la vida y el pensamiento de Arendt. 


[1] Elisabeth Young-Bruehl (1982): Hannah Arendt. Paidos, Barcelona. Alois Prinz (2001): La filosofía como profesión. La vida de Hannah Arendt. Herder, Barcelona.
[2] Hannah Arendt (2016): Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política. Austral, Barcelona.
[3] Hannah Arendt (2016): Entre el pasado y el futuro, p. 345.
[4] Entre amigas. Correspondencia entre Hannah Arendt y Mary McCarthy (1949-1975). Lumen, Barcelona. Tradición y política. Correspondencia 1939-1964. Hannah Arendt-Gershom Scholem. Trotta, Madrid. Hannah Arendt-Martin Heidegger. Correspondencia 1925-1975. Herder, Barcelona.

miércoles, 3 de octubre de 2018

ANTONINA RODRIGO, Mujeres granadinas represaliadas.



La autora de este libro, Antonina Rodrigo, recoge historias de mujeres granadinas que sufrieron la represión dura y contundente de las nuevas autoridades que controlaron la ciudad de Granada, tan solo con la oposición del barrio del Albaicín, en julio de 1936.


Antonina Rodrigo se centra en lo que se denomina pequeña historia, que supone la construcción de  un relato detallado y significativo sobre la gente común y real. La biografía es entendida en este libro más que como un género, como un método para hacer historia, para enlazar lo individual con lo colectivo, lo particular con lo general y lo personal con lo político.
Especialmente relevante es la recuperación de trayectorias de mujeres del pasado por los escasos testimonios del protagonismo femenino. El asunto se vuelve complicado por no decir imposible  cuando las mujeres que se biografían se mueven entre los márgenes que marcan tres coordenadas: el sexo, una condición social humilde y unos ideales políticos revolucionarios. Este es el caso de algunas de las mujeres que desfilan por esta galería de mujeres granadina represaliadas.
Aparecen en este libro numerosos ejemplos del devastador impacto psicológico de la violencia del pasado en una familia, trastocando la paz interior de quienes siguieron viviendo. Está por estudiar el tremendo desamparo que sufrieron los niños/as arrebatados a sus madres cuando fueron encarceladas y, algunas de ellas, ejecutadas.  Pese a no tener significación política, muchas mujeres fueron víctimas de los asesinatos extrajudiciales desencadenados y justificados por el golpe militar y llevados a cabo por pelotones de ejecución fascistas.
Las mujeres, que rescata del olvido Antonina Rodrigo, buscaron su autonomía personal a través de las decisiones que fueron tomando siendo muy jóvenes. Esto, que hoy puede parecernos normal, era excepcional, pero posible, en la España republicana de los años treinta. La II República fue un importante momento de visibilidad de las mujeres. La Constitución permitió la igualdad jurídica entre los sexos y favoreció un desembarco de las mujeres en el espacio público, del que habían estado excluidas. La legislación igualitaria hizo posible la aparición de una “mujer nueva”, emancipada de la tutela masculina y que cuestionó las normas de género de la feminidad. Algunas mujeres estaban construyendo un proceso de liberación, que no solo se basaba en la independencia económica, sino en la autonomía y la afirmación de la personalidad femenina.
El golpe de Estado tuvo un contenido de género puesto que uno de los objetivos de los militares fue restaurar el orden social en el que la mujer tenía que volver  a su papel de subordinación y dependencia respecto al hombre y a una mitificada y artificial feminidad. Aquí aparecen mujeres que habían alterado el orden social conservador y habían buscado y construido su manera de entenderse como personas fuera de los estereotipos de género tradicionales.
Y tenía que pagar por ello.
Estas diecisiete mujeres (muchas más aparecen en las historias de estas mujeres) sufrieron represalias diversas, llegando a la tortura y la muerte de algunas de ellas, por ser mujeres progresistas, algunas de ellas emancipadas y librepensadoras. Miles de mujeres fueron maltratadas en las cárceles, violadas, insultadas (“perras rojas”), separadas de sus criaturas, encarceladas o ejecutadas. No solo sufrieron ellas la violencia y el terror sino también sus criaturas, ser hijo/a de “roja” era un estigma que había que eliminar reeducando a esas criaturas cuando no matándolas.
En la restauración del orden social, la iglesia católica tuvo un papel protagonista. Los curas construyeron una “cruzada” para justificar la guerra civil y se involucraron en la represión como es perceptible en alguno de los casos que se explican en este libro.
Este friso de mujeres, como lo denomina la autora, abarca mujeres muy distintas: mujeres muy humildes y mujeres acomodadas; mujeres intelectuales o maestras y profesoras, y mujeres analfabetas cuya pobreza les impidió acceder al saber académico; mujeres comprometidas sindicalmente o políticamente hablando y mujeres sin compromiso militante. Todas ellas habían compartido la coordenada del sexo durante un tiempo histórico en el cual las leyes y los mecanismos culturales de control social informal desarrollaban un discurso de inferioridad y subordinación a la vez que las confinaban al ámbito doméstico. Igualmente vivieron, con esperanza e ilusión, la proclamación de la República y sus leyes igualitarias que les permitió votar y salir del espacio doméstico en el que la mayoría estaban recluidas.
Estas son las protagonistas de este libro: Matilde Robles, Agustina González, la maestra de la propia Antonina, Doña Paquita, Concha Moreno, las hermanas Peinado, Nicolasa Ortega, Matilde Cantos, Ángeles Fernández, Vicenta Lorca, Trinidad Capeli, Clotilde García, Laura de los Ríos Giner, María garrido, Isabel García Lorca, Rosario Fregenal, Maruja Ruíz, Elvira Pérez, Purificación y Enriqueta Rivas y diversas mujeres agrupadas en el epígrafe de las milicianas.
El franquismo cortó de tajo el camino de la emancipación femenina que aceleró la II República y la propia Guerra Civil en la zona republicana. La Dictadura fue un duro correctivo para las mujeres que no estaban dispuestas a someterse de nuevo a la sumisión impuesta por el Régimen y, en consecuencia, marcharon al exilio o vivieron en un auténtico exilio interior durante casi cuarenta años.