Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

martes, 23 de junio de 2026

Divagaciones políticas

 


Tener un blog propio me permite divagar, situarme en los márgenes, responsabilizarme solo de lo que elucubro, escribir, hablar o pensar de manera dispersa, sin rumbo fijo. Aviso por anticipado, que nadie busque en este breve texto una reflexión sesuda, coherente y esclarecedora. Solo son divagaciones tras algunas lecturas que me rondan por la cabeza.

Si hay algo evidente en el momento actual es que la acción política muestra claros síntomas de agotamiento, tanto la socialdemocracia como los sectores institucionales a su izquierda que no saben cómo afrontar el capitalismo neoliberal que sueña con acabar con la democracia que ya no le resulta del todo útil. El auge de la extrema derecha, no saben cómo combatirla y eso es otro síntoma de agotamiento, sobre todo cuando se recurre a estrategias, ideas y lemas del pasado.

Y mientras la política institucional naufraga, aquí (quizás el agotamiento nos afecta también a los sectores no institucionalizados), seguimos buscando el sujeto de la revolución, la confluencia de luchas, la convocatoria de falsas huelgas generales, la elaboración de estrategias y tácticas en cursos o seminarios de formación, y la elaboración de programas. Todo este utillaje anticuado no nos va a llevar a ninguna parte y forman parte de la llamada «melancolía de la izquierda», es decir, la añoranza por las antiguas utopías revolucionarias y proyectos de emancipación social.

No podemos seguir concibiendo la revolución como el inicio de un nuevo orden, de un nuevo mundo, de un nuevo estado de cosas, esa es la mejor manera de agotar una revolución. No podemos seguir pensando que la acción política o social consiste en quitar poderes externos, ya sean gobiernos, Estados, leyes, Constituciones o normativas laborales.

La gran pregunta sería indagar en cómo vivimos aquí y ahora, y cuando nos aproximemos a esa realidad cotidiana capturada por la dominación y el capital, no pensar al modo de la modernidad en elaborar, una vez más un modelo de sociedad nuevo. No caigamos en fabricar una línea de causalidad que a través de un largo proceso nos llevará a «ese mundo que llevamos en nuestros corazones». Esa revolución modelizada que se obstina en pensar cómo debe ser la sociedad a la que aspiramos, qué acciones llevar a cabo para lograrlo, deja pasar lo que es la sociedad hoy y cómo vivimos aquí donde vivimos.

No debemos medir la vida con la estrategia a largo plazo de la revolución. Si lo hacemos así, consideraremos el momento (cada lucha concreta, cada resistencia) solo a la vista del proceso y de esta manera el momento nos parecerá pobre, pequeño, efímero.

Revolucionar el pensamiento y la práctica implica revolucionarnos en lo más íntimo. Eso, Marcello Tari[1] lo llama lógica destituyente y entre otras cuestiones debe funcionar fuera del «tiempo del capital». El tiempo de la destitución es otro muy diferente:

«El tiempo de la destitución es un tiempo en el que se hace posible deponer la vida esclavizada vigente mientras viene a la presencia la profana posibilidad de una forma de vida orientada a la felicidad que se sitúa fuera de la ley -no en contra ni a favor, sino fuera-. Salir del derecho, salir de la economía, salir del Gobierno, en vez de oponerse dialécticamente a ellos y recomponer una y otra vez su constitución»

Reconocer una realidad, describirla, vivirla, sufrirla, es ya situarse en la esfera de la potencia, no del poder. Son las formas de vida las que generan las formas de lucha dentro y alrededor suyo.

La revolución o está ya aquí, entre nosotras, o no es nada.

Y seguiremos divagando…

Laura Vicente



[1] Marcello Tari (2025): No existe revolución infeliz. El comunismo de la destitución. Sevilla, Petit.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tus comentarios siempre aportarán otra visión y, por ello, me interesan.