Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

lunes, 23 de marzo de 2026

NEOLIBERALISMO Y POLÍTICAS AUTORITARIAS (IV)

 Y con esta cuarta entrega concluiremos de momento aunque debemos seguir porque necesitamos comprender lo que está ocurriendo en estos momentos. Esta cuarta entrega aterriza en constataciones que nos pueden ayudar a pensar desde la agencia cómo afrontar este neoliberalismo y sus políticas autoritarias.

 

Escuchaba hace poco que los feminismos están en un momento de retroceso respecto al auge que vivieron durante el periodo anterior a la pandemia del COVID. Como suele ocurrir, los enfrentamientos internos dentro del movimiento han aportado su contribución a dicho retroceso, pero hay muchos otros desencadenantes y no es menor el hecho de que el ataque de las rebeliones antidemocráticas lo son también contra los feminismos.

No es extraño que la extrema derecha no reconozca la violencia de género y proponga como alternativa la violencia intrafamiliar. Las normas patriarcales familiares están incrustadas dentro del autodenominado «bienestar neoliberal». En la moral tradicional que defiende el neoliberalismo la familia tiene un papel relevante para proporcionar, a través de las mujeres, los cuidados familiares. De esta forma arraiga la idea naturalizadora de que la mujer debe ser la encargada de dichos cuidados abandonando el trabajo asalariado.  

ESPAÑA

Puesto que la sociedad no existe, el objetivo es desmasificar, apuntalando a los individuos y a las familias como los que deben proveer las necesidades humanas desde la libertad. Al neoliberalismo le da igual casi todo mientras el mercado sea el centro, sin embargo, a la extrema derecha y sus políticas autoritarias les viene muy bien la moral tradicional para designar a las familias como sustitutas del Estado social. Las familias serían, por tanto, las responsables de los embarazos de las adolescentes, los costes de la educación y la provisión de los cuidados para personas dependientes (infancia, personas discapacitadas y personas adultas mayores), etc.

La articulación de neoliberalismo y moral tradicional anima las campañas de la extrema derecha. Estas campañas señalan como ataques contra la libertad y la moral toda política social que desafía la reproducción social de las jerarquías de género y sexo. De esta manera queda a salvo el privilegio de la masculinidad que contará con el apoyo incluso de los sectores sociales con menos recursos económicos y que puede explicar en parte el voto, en los barrios populares, a la extrema derecha.


                                                               ECUADOR

Los feminismos[1] son un enemigo de primera fila para la extrema derecha con su defensa de la diversidad sexual, su concepción de otros modelos de familia, su defensa del igualitarismo, sus planteamientos sociales, el desvelamiento del racismo, etc. El desmantelamiento del Estado del bienestar va acompañado de la extensión de la esfera privada para deslegitimar el concepto de provisión del bienestar social y el proyecto de democratización de los poderes sociales de clase, raza, género y sexualidad. La vida cotidiana es mercantilizada en una dirección y familiarizada en otra, estos procesos cuestionan principios de igualdad, laicismo, pluralismo e inclusión, y la determinación democrática de un bien común.

Lejos de lo público y lo democrático, la nación aparece de forma privada y familiarista, y el Estado y su represntante como el paterfamilias. De esta manera las naciones se vuelven legítimamente intolerantes contra las personas aborrecidas en el interior (básicamente las personas pobres) y contra los «invasores» del exterior. El estatismo, el control policial y el autoritarismo también se ramifican, ya que la construcción de muros y la securitización es autorizada y requerida por esa privatización.

Desde los anarquismos siempre hemos sido muy críticos con la democracia liberal, nuestra manera de entender la democracia es desde «lo político», llevada a la práctica como democracia radical, como democracia directa. Ahora que el capitalismo considera innecesaria la democracia liberal y opta por la «democracia autoritaria» o «iliberalismo», ahora que logran extender la práctica de una «libertad» entendida solo desde el mercado, ¿cómo deshacer los indecentes oximorones de un neoliberalismo sin prejuicios? ¿cómo enfrentarnos a la ira de los poderosos? ¿cómo liberar la libertad de los mercados o la democracia del autoritarismo?

En primer lugar, los anarquismos tenemos puntos en común que debemos llevar a nuestras prácticas y reflexionar sobre ellas: revolucionar la vida individual y colectivamente desde un claro compromiso ético; rechazar cualquier forma de dominación; por último, pensar, soñar y practicar colectivamente la igualdad y la libertad de la existencia.

El futuro no nos lo va a poner fácil, nos enfrentamos a un capitalismo salvaje, neoliberal, caótico y suicida cuyos objetivos son la obtención de beneficios y que ha colonizado el mundo, no solo territorialmente, sino que ha colonizado nuestra subjetividad profundamente. La sociedad se ha fragmentado en identidades e individualidades cuya fragilidad nos convierte en presa fácil del conformismo que ofrece poca resistencia a las dominaciones. El auge de la extrema derecha y de los nacionalismos agresivos y excluyentes a la vez que nos conducen a guerras que provocan inseguridad mundial, les da argumentos para exigir cada vez más medidas de seguridad, control y vigilancia generando Estados cada vez más autoritarios y represivos que imponen una «seguridad preventiva».

La tecnología militar que nos rodea ha creado las condiciones para la emergencia de una total movilización. En adelante, allí donde nos encontremos, podemos ser identificados, llamados al orden, neutralizados si es necesario. La multiplicación de datos ha hecho de la humanidad un único sistema nervioso, un mecanismo formado por configuraciones estándares previsibles. Estamos ya militarizados, preparados para la guerra[2].

Siempre hemos dado por hecho que los sectores más pobres, más oprimidos, más explotados, más ignorados, tenían una tendencia innata, «natural», a rechazar los privilegios de cualquier tipo. De pronto, nos ha estallado en la cara que no es así y que la población defiende privilegios aún a costa de apoyar al 1% de los milmillonarios votando a sus lacayos de la extrema derecha.



El resentimiento, el rencor, la rabia, la reacción a la humillación y el sufrimiento están en juego en el populismo de derecha y en el apoyo al liderazgo autoritario de hoy en día. Esta política del resentimiento surge de los que han sido históricamente dominantes que sienten la decadencia de ese dominio, incluso los sectores más pobres defienden la blanquitud y la masculinidad que les dan una protección limitada ante las pérdidas de los cuarenta años de neoliberalismo. A esto hay que añadir la estratificación, determinada por la riqueza, que no es nueva pero cuya privatización neoliberal y la legitimación de la desigualdad la hacen más intensa.

Wendy Brown se plantea una pregunta que debemos hacernos: ¿Qué pasa cuando el resentimiento nace del destronamiento, de la pérdida del derecho al privilegio, antes que de la debilidad (como decía Nietzsche)?

Dicen que VOX está siendo capaz de canalizar el descontento en estos momentos, es decir, que está sabiendo canalizar la rabia convirtiéndola en una permanente política de la venganza contra aquellos a quienes se culpa por la pérdida de los privilegios: la masculinidad, la blanquitud, la nación definida como propia y de la que nace el resentimiento de aquellos que sufren la pérdida de los derechos al poder conferido históricamente. El derecho al privilegio destronado denuncia la igualdad (¿Por qué va a ser igual que yo un recién llegado?) e incluso el mérito, para afirmar su supremacía basada en nada más que el derecho tradicional. Y de ahí al asalto neoliberal a la igualdad, la democracia, lo social y lo político hay un trecho muy pequeño.

¿Qué hacer? No lo sé, ojalá tuviera el programa, la estrategia, la táctica y los y las sujetas apropiadas, pero no es así.

Mi tentación últimamente es la deserción, palabra que procede del verbo latino deserĕre: romper un compromiso. Pero yo voy más lejos, mi tentación es abandonar las obligaciones y los ideales.

No voy tan lejos como «Bifo» Berardi que propone la deserción psíquica y física como respuesta racional ante el colapso civilizatorio, climático, guerrero y financiero actual.

De momento no estoy en ese punto pero comprendo su radicalidad.

Pese a esas tentaciones, algunas posibilidades a continuación.




Siguiendo la estela de Foucault: RESISTIR, porque es en los actos de resistencia donde nos hacemos realmente libres.

Desde el punto de vista feminista, persistir en los objetivos, que son diversos según la concepción de la lucha feminista y buscar puntos comunes, por pocos que sean, abandonando la lucha cainita contra las otras concepciones feministas. ¿Es difícil? Mucho. Pero no podemos perder el tiempo en esas luchas en un momento de fuerte cuestionamiento y ataque contra los feminismos y de intento de reforzar el sistema patriarcal más duro.

Algo similar desde los anarquismos, igual de difícil o más. Concentrarnos en las luchas contra todo tipo de dominaciones y explotaciones, buscar la fórmula para desactivar la rabia, el resentimiento, la defensa de los privilegios o en todo caso canalizarlo hacia quienes lo tienen todo, no contra los que viven en nuestros barrios, en nuestros bloques de pisos. Dar un nuevo sentido a la libertad (no la del mercado, no la de la alegría neoliberal-ayusoniana), a la democracia anárquica[3] y a la igualdad real, al apoyo mutuo, a la solidaridad, a cuidarnos colectivamente.

Pensemos la revolución aquí y ahora, quizás no sea tan épica y heroica como las que se pensaron hace cien años, pero quizás sean más eficaces que aquellas. O no, el tiempo lo dirá.

 

Laura Vicente

[1] Somos conscientes de que los planteamientos, reivindicaciones, sujetos y políticas son muy diversos dentro de los feminismos y por eso su uso en plural, pero aquí mezclamos todos porque para la extrema derecha no hay feminismo «bueno».

[2] Es muy revelador el libro de Giuliano da Empoli (2025, 2ª ed.): El mago del Kremlin. Barcelona, Seix Barral.

[3] Es excesivamente académico y filosófico, pero es muy fructífera la lectura del libro de Donatella Di Cesare (2025): Democracia y anarquía. El poder en la polis. Barcelona, Herder.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tus comentarios siempre aportarán otra visión y, por ello, me interesan.