Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

lunes, 23 de marzo de 2015

JEAN JAURÈS, INTERNACIONALISTA Y PACIFISTA


Hice un breve viaje a París aprovechando el carnaval, del que huyo siempre que puedo, con la intención de callejear puesto que he ido muchas veces a esta ciudad y la conozco bien. Sin embargo no pude evitar visitar de nuevo el Panthéon cuyo espíritu republicano y laico admiro profundamente. La sorpresa fue encontrar una interesante exposición sobre Jean Jaurès que recordaba el centenario de su asesinato en 1914.


Jaurès nació en Francia en 1859 y murió en Paris, asesinado, el 31 de julio de 1914 en un mundo que acababa de entrar en una terrorífica guerra que él siempre rechazó. Su compromiso político y la fuerza de sus ideas han dejado una huella duradera que se manifiesta, por mi parte, en una gran admiración por mantener una posición pacifista e  internacionalista en un momento de exaltación patriótica que condujo a Europa a una auténtica matanza por intereses territoriales que solo favorecían a una minoría.



Desde su formación como filósofo, y su trabajo como profesor, optó por entrar en la política como republicano partidario del reformismo institucional y la defensa de los valores de la revolución francesa. Una dura huelga de las minas de Carmaux, en 1892, le sirvió de experiencia para  derivar hacia el socialismo, siendo elegido diputado con el voto de los mineros.

Se vio involucrado en el caso Dreyfus y junto a sus compañeros/as socialistas tomaron partido en favor de éste pese a contar con la oposición de los marxistas ortodoxos, liderados por Jules Guesde, que lo consideraban un privilegiado. Jaurès apeló, para su defensa, a la injusticia que sufría Dreyfus y se posicionó a su favor.

CARICATURA HOSTIL A J. JAURÈS

En 1905 participó en la fundación de la SFIO, que ingresó en la II Internacional, unificando las diversas tendencias socialistas en Francia e impulsando un socialismo humanista que debía implicarse en una revolución democrática no violenta. Inspirado en estos principios se opuso siempre al colonialismo.

CARICATURA HOSTIL A J. JAURÈS

Su posicionamiento contra la guerra y su defensa del pacifismo le granjearon una campaña de odio, mentiras y calumnias, por parte de los sectores nacionalistas, que acabaron con su muerte por parte de un exaltado fanático que lo asesinó en el Café du Croissant de la calle Montmartre de París. Su muerte facilitó la incorporación de los socialistas a la “Unión Sagrada” que fulminó el internacionalismo defendido por la II Internacional y por el conjunto de la izquierda. Solo una minoría mantuvo sus posiciones pacifistas en aras del internacionalismo y, para dicho sector, Jean Jaurès fue siempre un modelo a seguir.

Su integridad, la profundidad de sus convicciones, la coherencia de su compromiso con las clases trabajadoras, el internacionalismo que las une a nivel mundial y la necesidad de la no violencia en la creación de un mundo diferente, son el patrimonio que hoy lo convierten en un referente cien años después de su asesinato.

viernes, 13 de marzo de 2015

I CONGRESO INTERNACIONAL DE MUJERES, LA HAYA, 1915

CONGRESO DE LA HAYA

La política de rearme de Europa, palpable en los inicios del siglo XX, aumentó el clima de agresividad entre las potencias. Para justificar los gastos militares, los ejércitos presionaron a los gobiernos y a la opinión pública y la prensa divulgó la idea de un peligro inminente para la propia nación que conllevaba un ambiente patriótico a favor de la guerra que dio lugar a las UNIONES SAGRADAS. Una propuesta que cuestionaba el internacionalismo obrero y difundía la idea de que burguesía y trabajadores estaban unidos por los mismos objetivos nacionales y enfrentados a los de otras naciones. 

Pocas posiciones antibelicistas sobrevivieron en esta oleada de patriotismo y nacionalismo y las que lo hicieron fueron criticadas y cuestionadas, no solo por los gobiernos, sino por los propios movimientos sociales que habían defendido posturas pacifistas con anterioridad a la I GM, como ocurrió en el seno de los partidos socialistas de la II Internacional o en el Sufragismo. 

El año 1914 podría haber sido el de las mujeres, por la gran movilización feminista que se producía en aquellos momentos, pero fue el año de la guerra que colocó a cada sexo en su sitio. La contienda bélica separó radicalmente a los sexos y marcó una tregua, y una cierta armonía sexual, cuando sufragistas moderadas y radicales abandonaron la lucha a favor del voto para dedicarse al objetivo de ganar la guerra. La movilización de los hombres fortificó los sentimientos familiares y dio vida al mito del hombre protector de la madre patria y de los suyos. Las feministas participaron de la fiebre nacionalista y suspendieron sus reivindicaciones para cumplir con sus deberes y dar pruebas de respetabilidad.

Pese a que el patriotismo rompió los compromisos de solidaridad internacional proletaria, e hizo lo propio entre las feministas, promoviendo el apoyo prácticamente incondicional a la guerra, hubo una minoría que luchó por impulsar la paz. Las pocas feministas pacifistas, que rechazaron abiertamente la guerra y desarrollaron un nexo entre feminismo y pacifismo, fueron acusadas de traidoras a la patria y ridiculizadas. Pese a ello, en 1915 apareció “La Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad” y ese mismo año se celebró en La Haya el Congreso Internacional de Mujeres por la Paz. 

DELEGADAS ESTADOUNIDENSES

El 28 de abril de 1915 se inauguraba el Congreso Internacional de las Mujeres en La Haya, donde se reunieron más de 1.200 delegadas de 12 países, entre ellos Gran Bretaña, Alemania, Austria-Hungría, Italia, Polonia, Bélgica, Estados Unidos, países en guerra que estaban enfrentados entre ellos. Esas 1.200 delegadas se consagraron a la causa de la paz y la resolución del gran conflicto internacional. 

En el curso de los tres días siguientes, el congreso trabajó en aquello que consideró una alternativa, la forma no violenta de resolución de conflictos, llamando a implementar un proceso continuado de mediación, sin armisticio, hasta que la paz pudiera ser restaurada entre las naciones en guerra.

Esta política se planteó de forma explícita en un conjunto de resoluciones el 1 de mayo. El Congreso también marcó la fundación de la Liga Internacional de las Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF, en sus siglas en inglés), una organización que todavía existe actualmente.

En la delegación estadounidense en aquel congreso de abril de 1915 se hallaban dos futuras premio Nobel de la Paz: Jane Addams, la cofundadora de Hull House, un centro social que sirvió como lugar de asistencia para familias necesitadas en Chicago, y Emily G. Balch, socióloga que enseñó en el Wellesley College. Otra de las delegadas estadounidenses fue la profesora de patología e investigadora médica Alice Hamilton, quien se convirtió en la primera miembro femenina de la Universidad de Harvard en 1919.

Otras mujeres destacadas a nivel internacional, presentes en el congreso de La Haya, fueron: Lida Gustava Heymann, una de las 28 delegadas de Alemania; Emmeline Pethick-Lawrence, Emily Hobhouse y Chrystal Macmillan por Gran Bretaña; y Rosikak Schwimmer de Hungría.

JANE ADDAMS

Una ausencia notable en ese Congreso Internacional de Mujeres fue la francesa. El gobierno de este país se negó a permitir que asistieran delegadas por Francia, aunque, según Balch señaló más tarde, las mujeres francesas habían sido de las primeras en formar su propia organización nacional en apoyo del programa elaborado durante el congreso. El resto de países en guerra -Rusia, Serbia y Japón- tampoco dejaron asistir sus respectivas delegadas a la conferencia. El gobierno británico, por su parte, impidió a gran parte de su delegación de 180 miembros viajar hasta Holanda al suspender el servicio regular de transbordadores comerciales entre el puerto británico de Folkestone y el puerto holandés de Flushing. 

El Congreso adoptó 20 resoluciones. En primer lugar, la protesta “(…) contra la locura y el horror de la guerra, que lleva consigo un sacrificio irresponsable de la vida humana y la destrucción de tantas cosas que la humanidad ha tardado siglos en construir (…)” (Res. 1) y “contra la violación, presente en toda guerra” (Res. 2). 

En segundo lugar el llamamiento a poner fin a la matanza (Res. 3) y que las naciones neutrales convocaran una conferencia para ofrecer una mediación y una paz permanentes (Res. 4 a 8). Unido a este llamamiento, la reclamación del desarme universal, que sólo se puede asegurar mediante un acuerdo internacional, por lo que se urge a los países a terminar con la producción de armas y municiones de guerra y a controlar el tráfico internacional de las mismas, ya que “en los beneficios privados derivados de las grandes fábricas de armamento anida un obstáculo poderoso para la abolición de la guerra” (Res. 12). 

En todo este proceso hacia la paz las mujeres tenían que tener un papel de relevancia y por ello se reclamaba que las mujeres compartieran las responsabilidades y los derechos civiles y políticos, en las mismas condiciones que los hombres (Res. 15), “la necesidad de que se oriente la educación de los niños y niñas para que sus pensamientos y deseos se dirijan hacia el ideal de construir la paz” (Res. 16) y la reclamación del voto y la participación de las mujeres en todos los niveles del Acuerdo de Paz (Res. 17). 

EMILY HOBHOUSE 

Entre las acciones a tomar, se propuso que se organizara un encuentro internacional de mujeres en el mismo lugar y al mismo tiempo que la Conferencia de las potencias que habría de estructurar los términos del acuerdo de paz después de la guerra, con objeto de presentar propuestas prácticas a la Conferencia (Res. 19).

Y finalmente, tras un largo debate, se aprobó enviar delegaciones a los gobernantes de las naciones beligerantes y neutrales de Europa y al Presidente de los Estados Unidos, con objeto de comunicarles las Resoluciones del Congreso (Res. 20). 

Para cumplir lo acordado, dos delegaciones del congreso recorrieron Europa, visitando tanto los países neutrales como los beligerantes. De modo que estas mujeres que no podían votar, en la práctica ejercieron de embajadoras de la paz. No consiguieron parar la guerra, pero Woodrow Wilson incluyó algunas de sus resoluciones en sus catorce puntos y su filosofía influyó más tarde en la Liga de las Naciones y las Naciones Unidas. 

He consultado el artículo de Carmen Magallón (2015): “Mujeres contra la guerra: el I Congreso Internacional de Mujeres, La Haya, 1915”, Libre Pensamiento, nº 81.

martes, 3 de marzo de 2015

VERSOS Y FLORES PARA ANTONIO MACHADO

No era la primera vez que viajaba a Colliure, y a la playa de Argelès-sur-mer, dos lugares, para mí, estrechamente unidos. Sí que lo hacía, por primera vez, en la fecha en que murió el poeta con el propósito de asistir al sentido homenaje que se celebra cada año en la localidad que lo vio morir y en la que decidimos también hospedarnos.

Colliure es un núcleo medieval del Rosellón en el que se unen los Pirineos con el Mediterráneo en una fusión plena de belleza que supieron apreciar pintores de las vanguardias del pasado siglo (Picasso, Matisse, Gris, Dufy y otros) que lo eligieron como lugar de inspiración de sus obras.


Pero no fui a Colliure por su luminosidad inspiradora sino por ser la última morada de un poeta al que admiro de una forma íntima y profunda. Llegamos el sábado 21 y tras dejar nuestras cosas en el Hotel Les Templiers, desde cuyo pequeño balcón veía la fortaleza en la que fueron confinados numerosos soldados republicanos, y el mar próximo, salimos a pasear desde la calle Pelletan hasta el Paseo Marítimo donde destaca el bello y original campanario construido sobre un antiguo faro de piedra. Y de aquí al pequeño cementerio en el que se encuentra la tumba de Antonio Machado y su madre Ana Ruiz para poder visitarla en el silencio de un medio día frio y ventoso, como pudo ser aquel que vio morir al poeta mientras miles y miles de personas, entre quienes se encontraban seis pertenecientes a mi familia política, entraban cansados en la inmensa y desoladora playa de Argelès.

Compartimos la cena con un grupo de personas llegadas de España y  Francia entre quienes estaba Vida Manso, hija de un anarquista, que pasó la frontera en brazos de su madre el año 1939. Antonina Rodrigo, investigadora, historiadora y amiga, hizo de nexo de unión con estas personas desconocidas para mí y con las que pronto mantuvimos una conversación fluida en la que hubo momentos para el recuerdo emocionado del exilio pero también para las risas de mil y una anécdotas.


Tras la cena en el restaurante de Les Templiers dimos un breve paseo por el Paseo Marítimo antes de retiramos a descansar. Esa noche escribí a mano unas palabras dedicadas a Machado en el mismo folio en el que había impreso uno de mis poemas favoritos de Machado, “Preludio”:
Mientras la sombra pasa de un santo amor, hoy quiero
poner un dulce salmo sobre mi viejo atril.
Acordaré las notas del órgano severo
al suspirar fragante del pífano de abril.
Madurarán su aroma las pomas otoñales,
la mirra y el incienso salmodiarán su olor;
exhalarán su fresco perfume los rosales,
bajo la paz en sombra del tibio huerto en flor.
Al grave acorde lento de música y aroma,
la sola y vieja y noble razón de mi rezar
levantará su vuelo suave de paloma,
y la palabra blanca se elevará al altar.

El domingo amaneció soleado y ventoso y nos dirigimos al Centro Cultural donde estaban previstos varios actos en recuerdo del poeta. Para llegar atravesamos un pequeño mercado callejero que se celebra todos los sábados y en el que hay puestos de especias, quesos, pan, fruta, flores,  ostras, vinos, patés y cestas de colores. Al salir, para llegar pronto al cementerio, compramos flores para el poeta y su madre recorriendo lugares por los que Machado había transitado cuando llegó agotado a esta localidad francesa.


Los Machado (Antonio, su madre Ana, su hermano José y Matea, su mujer)   llegaron a Colliure el 28 de enero de 1939 en un tren atestado de refugiados españoles, mientras una multitud pasaba a pie la frontera bajo la lluvia, la nieve y el viento.

Fatigosamente, entre la multitud, descendieron de la estación a la Placette en el centro del pueblo, allí Mme Figuères tenía una mercería, que hoy se ha convertido en una moderna tienda de vinos, y en la puerta de su establecimiento instaló un velador con un termo de café, otro de leche caliente y pan, que ofrecía a las gentes que pasaban. Los Machado le pidieron asiento para madre e hijo que llegaban exhaustos por la caminata, la dueña les hizo pasar al interior. Muy cerca de este establecimiento estaba el hotel que les había recomendado el ferroviario Jacques Baills  y donde la propietaria, Mme Quintana, les brindó una cálida acogida. Las dos mujeres francesas aportarían, en los últimos días de la vida del poeta, la solidaridad y la generosidad que tanto necesitaban los Machado.

Los días que pasaron en el hotel de Mme Quintana fueron los de la  agonía de Antonio Machado, al igual que los últimos de su madre que murió tres días después. Antonio fue enterrado en un nicho del panteón de otra mujer, Mme Deboher, y su madre en la fosa municipal. Tuvieron que pasar casi treinta años para que se construyera la sencilla tumba, por suscripción popular, en la que desde 1958 reposan juntos los restos de ambos.



Y alrededor de esa tumba, hacia la una de la tarde, se celebró el sentido homenaje, decenas de asistentes, acompañadas de las autoridades municipales de Colliure y Argelès, durante el cual se depositaron flores, placas conmemorativas y se recitaron poemas o se pronunciaron palabras emocionadas en recuerdo del poeta. 


Me animé a leer ese “Preludio” de Machado y unas pobres palabras expresadas, al final, entre lágrimas, mi admiración por el poeta, mi dolor por su exilio y el de centenares de miles de personas y mi ilusión porque sus palabras vivan siempre alimentando mi (nuestra) Utopía.

lunes, 23 de febrero de 2015

CIEGO, SORDO, ABOMBADO, DESMEMORIADO...

IBAI ACEVEDO

Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado (Traté de recordarle su percepción exacta del tiempo, su memoria de nombres propios; no me hizo caso.) Diecinueve años había vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales. Poco después averiguó que estaba tullido. El hecho apenas le interesó. Razonó (sintió) que la inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles.

                           JORGE LUIS BORGES, "Funes el memorioso" en Ficciones.

¿SERÁ NECESARIO CAERNOS AL ABISMO Y QUEDAR TULLIDOS PARA VER, OÍR Y RECORDAR?

viernes, 13 de febrero de 2015

MUJERES CULTAS E INSTRUIDAS. LAS "MARISABIDILLAS" DOMÉSTICAS IV

El feminismo liberal, que se refleja y se expresa en las cuatro revistas femeninas que se están analizando, desarrolló una dura crítica a los planteamientos que defendían la inferioridad de las mujeres. Esta crítica se completaba con el cuestionamiento de algunos aspectos del discurso de la domesticidad que configuraban el prototipo de mujer, que se ha denominado Ángel del Hogar o Perfecta Casada. Ya se ha explicado con anterioridad que el rol social de la mujer se definía a partir de la maternidad y que ese hecho provocaba que su función social y sus espacios de actuación quedaran limitados al terreno doméstico de la familia y el hogar. La mujer era el ángel del hogar que se dedicaba en cuerpo y alma a la familia pero siempre con modestia y sumisión dada su posición de inferioridad respecto al hombre. 

LA ESCUELA DE LAS MUJERES. MOLIÈRE

Aún cuando los hombres reconocían la valía social del papel femenino en la sociedad, este papel siempre se ejercía desde una posición de inferioridad respecto a ellos. A pesar de que al feminismo liberal le costaba mucho romper con el prototipo de mujer tradicional, cuestionaron algunos aspectos visibles de la desigualdad como  la institución del matrimonio, la coquetería y la frivolidad, que se consideraban defectos femeninos y, sobre todo, la ignorancia y el fanatismo. Resulta reveladora la aparición de artículos críticos con la moda, de la que por otra parte estas revistas femeninas no se acababan de desligar porque era uno de los atractivos con el que contaban para vender las revistas. Conscientes de que esta posición crítica con el modelo de la domesticidad les acarreaba el apelativo de marisabidillas, no dudaron en escribir al respecto.
La inferioridad e incapacidad de la mujer era justificada por los hombres, que no eran sabios y sensatos, con argumentos diversos, uno de los cuales era que el cerebro de la mujer pesaba menos que el del hombre y por ese motivo tenía menor capacidad intelectual. Era mucho más habitual el argumento de que “la mujer solo sirve para el sentimiento y (…) los instintos suplen en ella el conocimiento”, por tanto, no era necesario proporcionarle una cultura completa que solo estaba reservada al hombre. Fuera porque la mujer tenía, por naturaleza, una inteligencia pequeña, o fuera por abandono de la parte racional de la mujer, la realidad era que se había descuidado su educación hasta inutilizarla por completo, mutilando su inteligencia y produciendo la mencionada inferioridad intelectual de la mujer.


La inferior inteligencia femenina provocó que ésta fuera destinada “a insignificantes trabajos y recluida al hogar doméstico para ejercer la labor mecánica de la casa”, pero también “se le desconocieron (…) derechos” y se le impuso la obligación de obedecer al marido”.
Tan larga había sido esta incapacitación, “este abatimiento”, que  la mujer “apenas se atrevía a dar crédito a los que generosamente venían a despertarla de su letargo”. Los argumentos de la costumbre y la historia, como prueba de la inferioridad femenina, eran invalidados entre otras cosas porque la mujer había “podido luchar y aún vencerle en muchos casos en las ciencias, en las bellas artes, en el gobierno de los pueblos y hasta en el campo de batalla”.
Otros argumentos contra la igualdad de hombres y mujeres en el terreno de la política, la ciencia y la sociedad, como los que daba Homo en una carta dirigida a la directora de La Muger, eran su carácter antinatural e ilógico, ya que:

Una mujer graduada de Doctora en medicina y cirugía o en derecho civil y canónico, es para nosotros, lo mismo que una mujer sabia, y a éstas no las podemos ver. (…)
Nosotros, amables lectoras, no acostumbramos a enamorarnos de mujeres sabias, ni mujeres políticas (…), no es esa vuestra misión; dejad para los hombres tan rudas tareas, tan escabrosas contiendas (…), vuestra misión, vuestro destino es algo más elevado y útil; para algo más que para politiquillas intrigantes o inconcientes (sic) marisabidillas (…) os ha colocado Dios al lado y como compañera del hombre”.     

La misión y el destino de la mujer eran, según Homo, “los deberes maternales o filiales”, que quedaban desatendidos si la mujer se dedicaba al estudio o a la política. Homo, sin embargo, afirmaba que no estaba en contra de la mujer instruida, estudiosa, poetisa o literata, siempre y cuando la educación de la mujer sirviera como base de la familia y de la sociedad, al tiempo que “garantía de estabilidad para el hogar doméstico”. Si no era así y la mujer acababa siendo una marisabidilla inconsciente, que entraba en el terreno del hombre,  vendría el castigo: “nosotros (…) no nos enamoramos de mujeres sabias, ni mujeres políticas”. La acusación de marisabidilla era “el sambenito de todas las mujeres que se atrevían a salir de las grandes ocupaciones del puchero y la calceta”. La marisabidilla era pedante e inmodesta por el mero hecho de ser instruida. Homo defendía un discurso de la domesticidad sin fisuras con una encendida defensa del prototipo de mujer ideal que era el ángel del hogar, la marisabidilla era una clara fisura que se intentaba ridiculizar y a la vez amedrentar.
Therese Coudray, a quien le dirigió Homo su carta, arremetió contra el publicista Joaquín Galdieri que había afirmado: “Nosotros queremos pocas doctoras y muchas buenas madres de familia”. La respuesta de Coudray fue: “¿cómo educará a los hijos la mujer si es frívola o está saturada de absurdas creencias?”. Coudray no tuvo problema en hacer suyo el término marisabidilla, “como nos califican los tontos presumidos”.
El feminismo liberal, a pesar de algunos llamamientos a que las mujeres no abandonaran su esfera, su función social, defendían la educación de la mujer como objetivo irrenunciable. Si se  educaba a la mujer, “con conocimientos útiles”,  desaparecían sus peores defectos: la mentira, el fingimiento, la coquetería, la excesiva sensibilidad, la frivolidad y la candidez ante la seducción masculina, así “el interior doméstico de sus familias es más ordenado y dichoso” y “desaparece la presunción ridícula de las antiguas Marisabidillas”.
A pesar de la solidez del discurso de la domesticidad fueron apareciendo, como señala Mª Dolores Ramos,  en los pliegues ideológicos, líneas de fuga, desvíos o, incluso, significativas rupturas en dicho discurso. En estas revistas se empezó a criticar el prototipo del ángel del hogar y la dedicación de la mujer en cuerpo y alma a la familia. El prototipo de mujer, la “sacerdotisa del hogar”, fingía muchas veces una ternura, una dicha y un optimismo en beneficio de su familia, que   no sentía por estar triste o sufrir.


El hogar se convertía en muchas ocasiones en un espacio de tiranía:
“(…) nuestra dignidad nos obliga a defendernos contra nuestro tirano que es el hombre. ¡El hombre! Ese pequeño tiranuelo, símbolo del despotismo, que se constituye en pequeño monarca absoluto del hogar doméstico, con todas las formas y procedimientos de un dictador omnipotente, sumergiendo a la fiel compañera de sus días en el abismo profundo de la humillación más baja (…)”.

El matrimonio se podía convertir en una trampa porque el hombre, “infame seductor o (…) ente estúpido”, subyugaba a la mujer con “el pretendido poder que cree le reviste la circunstancia de ser el esposo”. Por tanto, llamar a la mujer casada, compañera, era un “sarcasmo disimulado” ya que la realidad no respondía a ese ideal:
 “Jurídicamente, la mujer no puede negociar, contratar ni realizar una porción de actos, que son permitidos a su compañero. Socialmente no puede moverse ni ejercer ciertas libertades concedidas a su socio. La milicia, la magistratura y otras profesiones (…) están cerradas para la mujer, de modo que en la parte civil es una especie de nulidad”.

Mientras el marido “vive en la calle”, la mujer “vive en la casa”. El hombre no se ocupaba ni de la casa ni de los hijos y cumplía con “acercarse al lecho, y retirarse deseando el alivio”.
La propia maternidad se convertía en una mixtificación bajo la que se escondía que el hombre:
“(…) ha considerado siempre a la mujer por su debilidad física, como una fábrica destinada a la producción de la multiplicación humana, como esclava servil de sus necesidades físicas y morales…”.



Las faenas domésticas se observaban también con otra mirada y no eran otra cosa que insignificantes  y mecánicos quehaceres que el hombre había destinado a la mujer por considerar que, por naturaleza, disponía de poca inteligencia. Sin embargo ni la mujer era menos inteligente, ni los hombres realizaban trabajos que precisaran  un entendimiento privilegiado. Por tanto:

“(…) también el hombre debe ocuparse en aquellos trabajos que por capricho y no por razón fundada se han pensado de la exclusiva competencia de la mujer…”. [Sería una puerilidad decir que el hombre] “desmerecería si descendiera de su pedestal para ejercer a la vez las funciones mecánicas y modestas de la mujer (…)”.

Si la mujer en casa sólo se dedicaba a ocupaciones “aprendidas con el mover de los pies en una cuna, el manejo de la sartén y las calcetas”, nunca sería capaz de desarrollar valores como la discreción, la dignidad y el sentido del deber.  Estas ocupaciones manuales tradicionales de las mujeres hacendosas, de las que se podía librar por los adelantos de la industria moderna:

“(…) además de consumir tiempo valioso, empobrecen la inteligencia, matan la energía, degradan el carácter y, lo que es peor, aumentan a la larga el presupuesto de gastos de la familia. ¡Dios nos libre de estas mujeres hacendosas!”.

La mujer perfecta era puesta en cuestión desde el punto de vista social:

“(…) porque no comprende su significación en la sociedad, no se toma interés por ésta, no ejerce directamente la influencia benéfica que puede proporcionar y la indirecta que tiene por mediación de sus hijos o del esposo: es corruptora y dañina”.
[Muchas mujeres] “(…) cuando dirigen sus miradas a los acontecimientos sociales, esas miradas son vagas e indiferentes y si alguna vez fijan su atención y se les nota interés por ellos, es por lo que se relacionan con la felicidad o desgracia, en la vida del hermano, del esposo o del hijo”.
[Miran] “(…) todo bajo el prisma de ese egoísmo sublime para el hogar, pero dañino a la sociedad, ya que impiden que sus hijos y maridos hagan efectivo con actos el alto sentido social que en muchos de ellos se ve”.
“(…) el hogar es un centro de abnegación para la familia, pero un núcleo de egoísmo para la sociedad”.

Si había un aspecto que reflejaba la desigualdad, y era especialmente cuestionado por el feminismo liberal, era la ignorancia y el fanatismo de las mujeres. En La Muger se criticaba que hubiera:
 “(…) almas tan cándidas, que creen que la ignorancia y el fanatismo debe ser la base sobre la cual debe descansar el sacrosanto templo de la familia; sin hacerse cargo que esa teoría antiprogresiva, es la causa principal de las calamidades domésticas (…)”.

Criticaba, Amparo, la educación para el mal que recibía la mujer, ya que desde pequeñas se educaba a las mujeres para que  fueran orgullosas, derrochonas y coquetas, en cambio se las educaba para que nunca dijeran ni demostraran lo que sienten.
Las supersticiones eran consideradas como “rémora del progreso” y causantes de la esclavitud del hombre. Si en los tiempos primitivos era lógico que cualquier cosa que no se explicaba provocara miedo y terror, resultaba grave que en el siglo XIX se siguiera creyendo en  supercherías como la adivinación, las hechicerías y los sortilegios.
La ignorancia y el fanatismo se debían a que el hombre había acaparado siempre los medios de educación y de progreso que a la mujer negó:

Queréis la mujer apartada de las aulas y la vida activa; que sepa pocas filosofías; tímida, modesta, inocente, candorosa, que se inflame sin saber cómo y cual la mariposa perezca en la llama sin saber porqué (…)”.

Por último eran llamativas algunas críticas esporádicas que se llevaron acabo contra la moda. Llamativas porque estas revistas vivían en parte de la atracción que ejercía sobre la mujer, la moda. La Ilustración de la Mujer, presentó a partir del nº 5, su suplemento, Revista de modas y salones, que justificaba su existencia señalando la importancia de “ese código no escrito del buen gusto, de la decencia y de las formas (…)”,  aunque para otros las modas eran “una de las grandes flaquezas del sexo femenino”. Por esta razón, Nicolás Díaz de Benjumea, consideraba absurda la existencia de una asociación, aparecida en Inglaterra, que estaba preocupada por los trajes femeninos “racionales e higiénicos” y consideraba que la variedad de trajes era positiva, al igual que el interés de la moda por parte de los hombres.
El Álbum del Bello Sexo fue radical en las críticas a las modas, como el uso de los tacones altos y  ajustarse la cintura extremadamente, afirmaba que era una moda ridícula y que debía “combatirse sin descanso por dar origen a varias enfermedades peligrosas y graves”.


martes, 3 de febrero de 2015

EROS E INCERTIDUMBRES ACTUALES. BYUNG-CHUL HAN

Parece ser que el ensayo resiste la crisis de ventas que padecen los libros porque se ha convertido en un género que ofrece claves para orientarse en la incertidumbre actual. Entre estos ensayos se encontrarían los libros del filósofo de raíz heideggeriana, Byung-Chul Han. Este filósofo coreano afincado en Berlín escribe siempre textos breves que no suelen llegar a cien páginas como es el caso de La agonía del Eros, obra escrita en 2012 y publicada en castellano en 2014.
Han describe el presente y lo hace utilizando términos intuitivos como agonía, transparencia o cansancio, que lo hacen asequible. Además reinterpreta lo que está ocurriendo sin caer en los estereotipos de que los responsables de todo están arriba, en el control y en la explotación que procede del poder, del Estado, de la casta. Han habla de la responsabilidad que cada persona puede tener en lo que está pasando y así habla de autocontrol, de autoexplotación o de cosificación del otro cuando el amor se positiva como sexualidad, que está sometida, a su vez, al dictado del rendimiento.


En La agonía del Eros el autor se centra en el Eros que encarna no solo la fuerza del amor erótico sino también el impulso creativo de la siempre floreciente naturaleza, la luz primigenia que es responsable de la creación y el orden de todas las cosas en el cosmos.
El Eros arranca al sujeto de sí mismo, de su tendencia actual al narcisismo y a la erosión del otro, y lo conduce fuera, hacia el otro, para evitar lo igual, la mismidad. En el infierno de lo igual no hay ninguna experiencia erótica ya que ésta presupone la asimetría y exterioridad del otro. El Eros es una relación con el otro que está radicada más allá del rendimiento y del poder. La negatividad de la alteridad, a saber, la atopía del otro, que se sustrae a todo poder, es constitutiva para la experiencia erótica.
Para Han la negatividad es la acción que dice NO y es soberana. La negatividad según Nietzsche mantiene la existencia llena de vida. Hay dos formas de potencia. La positiva es la potencia de hacer algo. La negativa es la potencia de no hacer, en términos de Nietzsche, decir NO. Se diferencia, no obstante, de la mera impotencia, de la incapacidad de hacer algo. La negatividad del NO constituye un proceso extremadamente activo puesto que la negatividad es ruptura.  Es un ejercicio que consiste en alcanzar en sí mismo un punto de soberanía, en ser centro.
La ética del Eros es la resistencia contra la cosificación económica del otro. El amor es domesticado  para convertirlo en una fórmula de consumo, como un producto sin riesgo ni atrevimiento, sin exceso ni locura. Se evita toda negatividad, todo sentimiento negativo. El sufrimiento y la pasión dejan paso a sentimientos agradables y a excitaciones sin consecuencias. En la época del quickie (polvo rápido), del sexo de ocasión y distensión, también la sexualidad pierde toda negatividad. Al amor de hoy le falta toda trascendencia y transgresión.


El amor presupone la muerte, la renuncia a sí mismo. La verdadera esencia del amor consiste en renunciar a la conciencia de sí mismo, en olvidarse de sí en otra mismidad. Ciertamente se muere en lo otro, pero a esta muerte le sigue un retorno hacia sí. El retorno reconciliado desde el otro hacia sí es todo menos apropiación violenta del otro. El poder del Eros no es la dominación violenta sino que implica la impotencia en la que yo, en lugar de afirmarme, me pierdo en el otro o para el otro, que me alienta de nuevo.
La doctrina platónica dice que el alma impulsada por el Eros, produce cosas bellas y sobre todo acciones bellas, que tienen un valor universal. El Eros, que, según Platón, dirige el alma, tiene poder sobre todas sus partes: deseo (epithymia), valentía (thymos) y razón (logos). Hoy parece que es sobre todo el deseo el que domina la experiencia de placer del alma. Por eso las acciones pocas veces son impulsadas por el valor. Sin Eros degenera también la razón, que se convierte en un cálculo dirigido por datos, sin capacidad para prever el acontecimiento, lo incalculable.
La acción política como un deseo común de otra forma de vida, de otro mundo más justo, está en correlación con el Eros en un nivel profundo. Este constituye una fuente de energía para la protesta política.
El amor interrumpe la perspectiva del uno y hace surgir el mundo desde el punto de vista del otro o de la diferencia. Interrumpe lo igual a favor de lo otro. El acontecimiento es un momento de verdad que introduce una nueva forma de ser, completamente distinta a lo dado. La esencia del acontecimiento es la negatividad de la ruptura, que da comienzo a algo del todo distinto. El carácter del acontecimiento une el amor con la política o el arte.


Tras estos planteamientos queda claro el título de su obra, el Eros agoniza, el capitalismo intensifica el progreso de lo pornográfico en la sociedad, en cuanto lo expone todo como mercancía y lo exhibe. No conoce ningún otro uso de la sexualidad. Profaniza el Eros para convertirlo en porno. La profanización se realiza como desritualización y desacralización. La cultura de consumo estimula que el sujeto moderno perciba cada vez más sus deseos y sentimientos de manera imaginaria a través de mercancías y de las imágenes de los medios.

sábado, 24 de enero de 2015

EL PODER SIEMPRE ESTÁ AHÍ


Hace unos días quiso el azar que viera en el mismo día una película, un documental y una exposición que, siendo de lugares y temas diferentes, tenían un punto en común: el PODER imponiéndose de múltiples maneras y provocando la impresión de que no es posible escapar de él.
La película es Leviatán, el documental la Ciutat Morta y la exposición de fotografías Mujeres en Afganistán.


Leviatán (2014), dirigida por el ruso Andrei Zvyagintsev, tiene como protagonista a Kolia, que vive en un pueblo a orillas del mar de Barents, al norte de Rusia. Tiene un taller de mecánica al lado de su casa, donde vive con su esposa y su hijo, fruto de una relación anterior. El alcalde del pueblo quiere expropiar esos terrenos por intereses inmobiliarios. Primero intenta comprar el terreno, pero Kolia no está dispuesto a vender.


Ciutat Morta (2013), dirigida por Xavier Artigas y Xapo Ortega, es un documental que narra cómo varios jóvenes acaban detenidos por la policía urbana de Barcelona al resultar gravemente herido uno de ellos por el lanzamiento de una maceta desde un teatro okupado tras una carga policial. La realidad es que los detenidos no estaban en el interior del edificio, Patricia Heras y su amigo ni siquiera habían estado en el lugar de los hechos, pero eran sudamericanos y/o jóvenes de estética considerada antisistema.


Mujeres en Afganistán. La Asociación para los Derechos Humanos en Afganistán (ASDHA) muestra la difícil situación de la mujer en Afganistán trece años después de la caída del régimen talibán en una exposición con fotos de Gervasio Sánchez y textos de Mónica Bernabé, que se puede visitar en el Palau Robert de Barcelona.

En estos tres documentos gráficos aparece el poder en sus versiones más odiosas, dice Foucault que el poder es tolerable sólo con la condición de enmascarar una parte importante de sí mismo. Su éxito está en proporción directa con lo que logra esconder de sus mecanismos. El secreto, por tanto, es indispensable para su funcionamiento, no solo porque lo impone a quienes somete, sino porque también a éstos les resulta igualmente indispensable para aceptarlo. El poder, como límite trazado a la libertad, es la condición para ser aceptado, puesto que se considera que deja intacta otra parte de la libertad.

Byung-Chul Han dice que el poder represivo que describe Foucault es cosa del pasado, que el poder represor permitía ver al oprimido y al opresor y que en cambio el neoliberalismo no necesita imponerse sino que seduce y cautiva. En el siglo XXI el poder ya no deja nada visible, no hay un oponente que reprime o limita la libertad, el secreto se impone totalmente y las personas se creen totalmente libres.

En Leviatán se muestra cómo el poder en Rusia ha mutado pero se mantiene en manos de muchos de los que lo tenían en nombre del PCUS, y ahora de la democracia, pero el poder frio y represor está dispuesto a emplearse a fondo para “enseñar respeto”, como dice el alcalde de la película, con el apoyo de la iglesia ortodoxa, a aquellos que piensan que hay libertad, leyes y justicia. Es esa palabra, justicia, la que más se nombra en la Ciutat Morta por inexistente. La máquina policial y la justicia están dispuestas a avalar al poder político, en definitiva, a las estructuras del Estado de la Generalitat de Cataluña para triturar a unos jóvenes que se sitúan en el margen del sistema y que deben pagar por ello pese a su inocencia. La muestra fotográfica, por último, pone de manifiesto que la violencia contra las mujeres en Afganistán es una violencia endémica y estructural, potenciada por la guerra, la impunidad generalizada, la falta de educación, la instrumentalización de la religión y las leyes machistas.