Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

lunes, 23 de febrero de 2015

CIEGO, SORDO, ABOMBADO, DESMEMORIADO...

IBAI ACEVEDO

Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado (Traté de recordarle su percepción exacta del tiempo, su memoria de nombres propios; no me hizo caso.) Diecinueve años había vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales. Poco después averiguó que estaba tullido. El hecho apenas le interesó. Razonó (sintió) que la inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles.

                           JORGE LUIS BORGES, "Funes el memorioso" en Ficciones.

¿SERÁ NECESARIO CAERNOS AL ABISMO Y QUEDAR TULLIDOS PARA VER, OÍR Y RECORDAR?

viernes, 13 de febrero de 2015

MUJERES CULTAS E INSTRUIDAS. LAS "MARISABIDILLAS" DOMÉSTICAS IV

El feminismo liberal, que se refleja y se expresa en las cuatro revistas femeninas que se están analizando, desarrolló una dura crítica a los planteamientos que defendían la inferioridad de las mujeres. Esta crítica se completaba con el cuestionamiento de algunos aspectos del discurso de la domesticidad que configuraban el prototipo de mujer, que se ha denominado Ángel del Hogar o Perfecta Casada. Ya se ha explicado con anterioridad que el rol social de la mujer se definía a partir de la maternidad y que ese hecho provocaba que su función social y sus espacios de actuación quedaran limitados al terreno doméstico de la familia y el hogar. La mujer era el ángel del hogar que se dedicaba en cuerpo y alma a la familia pero siempre con modestia y sumisión dada su posición de inferioridad respecto al hombre. 

LA ESCUELA DE LAS MUJERES. MOLIÈRE

Aún cuando los hombres reconocían la valía social del papel femenino en la sociedad, este papel siempre se ejercía desde una posición de inferioridad respecto a ellos. A pesar de que al feminismo liberal le costaba mucho romper con el prototipo de mujer tradicional, cuestionaron algunos aspectos visibles de la desigualdad como  la institución del matrimonio, la coquetería y la frivolidad, que se consideraban defectos femeninos y, sobre todo, la ignorancia y el fanatismo. Resulta reveladora la aparición de artículos críticos con la moda, de la que por otra parte estas revistas femeninas no se acababan de desligar porque era uno de los atractivos con el que contaban para vender las revistas. Conscientes de que esta posición crítica con el modelo de la domesticidad les acarreaba el apelativo de marisabidillas, no dudaron en escribir al respecto.
La inferioridad e incapacidad de la mujer era justificada por los hombres, que no eran sabios y sensatos, con argumentos diversos, uno de los cuales era que el cerebro de la mujer pesaba menos que el del hombre y por ese motivo tenía menor capacidad intelectual. Era mucho más habitual el argumento de que “la mujer solo sirve para el sentimiento y (…) los instintos suplen en ella el conocimiento”, por tanto, no era necesario proporcionarle una cultura completa que solo estaba reservada al hombre. Fuera porque la mujer tenía, por naturaleza, una inteligencia pequeña, o fuera por abandono de la parte racional de la mujer, la realidad era que se había descuidado su educación hasta inutilizarla por completo, mutilando su inteligencia y produciendo la mencionada inferioridad intelectual de la mujer.


La inferior inteligencia femenina provocó que ésta fuera destinada “a insignificantes trabajos y recluida al hogar doméstico para ejercer la labor mecánica de la casa”, pero también “se le desconocieron (…) derechos” y se le impuso la obligación de obedecer al marido”.
Tan larga había sido esta incapacitación, “este abatimiento”, que  la mujer “apenas se atrevía a dar crédito a los que generosamente venían a despertarla de su letargo”. Los argumentos de la costumbre y la historia, como prueba de la inferioridad femenina, eran invalidados entre otras cosas porque la mujer había “podido luchar y aún vencerle en muchos casos en las ciencias, en las bellas artes, en el gobierno de los pueblos y hasta en el campo de batalla”.
Otros argumentos contra la igualdad de hombres y mujeres en el terreno de la política, la ciencia y la sociedad, como los que daba Homo en una carta dirigida a la directora de La Muger, eran su carácter antinatural e ilógico, ya que:

Una mujer graduada de Doctora en medicina y cirugía o en derecho civil y canónico, es para nosotros, lo mismo que una mujer sabia, y a éstas no las podemos ver. (…)
Nosotros, amables lectoras, no acostumbramos a enamorarnos de mujeres sabias, ni mujeres políticas (…), no es esa vuestra misión; dejad para los hombres tan rudas tareas, tan escabrosas contiendas (…), vuestra misión, vuestro destino es algo más elevado y útil; para algo más que para politiquillas intrigantes o inconcientes (sic) marisabidillas (…) os ha colocado Dios al lado y como compañera del hombre”.     

La misión y el destino de la mujer eran, según Homo, “los deberes maternales o filiales”, que quedaban desatendidos si la mujer se dedicaba al estudio o a la política. Homo, sin embargo, afirmaba que no estaba en contra de la mujer instruida, estudiosa, poetisa o literata, siempre y cuando la educación de la mujer sirviera como base de la familia y de la sociedad, al tiempo que “garantía de estabilidad para el hogar doméstico”. Si no era así y la mujer acababa siendo una marisabidilla inconsciente, que entraba en el terreno del hombre,  vendría el castigo: “nosotros (…) no nos enamoramos de mujeres sabias, ni mujeres políticas”. La acusación de marisabidilla era “el sambenito de todas las mujeres que se atrevían a salir de las grandes ocupaciones del puchero y la calceta”. La marisabidilla era pedante e inmodesta por el mero hecho de ser instruida. Homo defendía un discurso de la domesticidad sin fisuras con una encendida defensa del prototipo de mujer ideal que era el ángel del hogar, la marisabidilla era una clara fisura que se intentaba ridiculizar y a la vez amedrentar.
Therese Coudray, a quien le dirigió Homo su carta, arremetió contra el publicista Joaquín Galdieri que había afirmado: “Nosotros queremos pocas doctoras y muchas buenas madres de familia”. La respuesta de Coudray fue: “¿cómo educará a los hijos la mujer si es frívola o está saturada de absurdas creencias?”. Coudray no tuvo problema en hacer suyo el término marisabidilla, “como nos califican los tontos presumidos”.
El feminismo liberal, a pesar de algunos llamamientos a que las mujeres no abandonaran su esfera, su función social, defendían la educación de la mujer como objetivo irrenunciable. Si se  educaba a la mujer, “con conocimientos útiles”,  desaparecían sus peores defectos: la mentira, el fingimiento, la coquetería, la excesiva sensibilidad, la frivolidad y la candidez ante la seducción masculina, así “el interior doméstico de sus familias es más ordenado y dichoso” y “desaparece la presunción ridícula de las antiguas Marisabidillas”.
A pesar de la solidez del discurso de la domesticidad fueron apareciendo, como señala Mª Dolores Ramos,  en los pliegues ideológicos, líneas de fuga, desvíos o, incluso, significativas rupturas en dicho discurso. En estas revistas se empezó a criticar el prototipo del ángel del hogar y la dedicación de la mujer en cuerpo y alma a la familia. El prototipo de mujer, la “sacerdotisa del hogar”, fingía muchas veces una ternura, una dicha y un optimismo en beneficio de su familia, que   no sentía por estar triste o sufrir.


El hogar se convertía en muchas ocasiones en un espacio de tiranía:
“(…) nuestra dignidad nos obliga a defendernos contra nuestro tirano que es el hombre. ¡El hombre! Ese pequeño tiranuelo, símbolo del despotismo, que se constituye en pequeño monarca absoluto del hogar doméstico, con todas las formas y procedimientos de un dictador omnipotente, sumergiendo a la fiel compañera de sus días en el abismo profundo de la humillación más baja (…)”.

El matrimonio se podía convertir en una trampa porque el hombre, “infame seductor o (…) ente estúpido”, subyugaba a la mujer con “el pretendido poder que cree le reviste la circunstancia de ser el esposo”. Por tanto, llamar a la mujer casada, compañera, era un “sarcasmo disimulado” ya que la realidad no respondía a ese ideal:
 “Jurídicamente, la mujer no puede negociar, contratar ni realizar una porción de actos, que son permitidos a su compañero. Socialmente no puede moverse ni ejercer ciertas libertades concedidas a su socio. La milicia, la magistratura y otras profesiones (…) están cerradas para la mujer, de modo que en la parte civil es una especie de nulidad”.

Mientras el marido “vive en la calle”, la mujer “vive en la casa”. El hombre no se ocupaba ni de la casa ni de los hijos y cumplía con “acercarse al lecho, y retirarse deseando el alivio”.
La propia maternidad se convertía en una mixtificación bajo la que se escondía que el hombre:
“(…) ha considerado siempre a la mujer por su debilidad física, como una fábrica destinada a la producción de la multiplicación humana, como esclava servil de sus necesidades físicas y morales…”.



Las faenas domésticas se observaban también con otra mirada y no eran otra cosa que insignificantes  y mecánicos quehaceres que el hombre había destinado a la mujer por considerar que, por naturaleza, disponía de poca inteligencia. Sin embargo ni la mujer era menos inteligente, ni los hombres realizaban trabajos que precisaran  un entendimiento privilegiado. Por tanto:

“(…) también el hombre debe ocuparse en aquellos trabajos que por capricho y no por razón fundada se han pensado de la exclusiva competencia de la mujer…”. [Sería una puerilidad decir que el hombre] “desmerecería si descendiera de su pedestal para ejercer a la vez las funciones mecánicas y modestas de la mujer (…)”.

Si la mujer en casa sólo se dedicaba a ocupaciones “aprendidas con el mover de los pies en una cuna, el manejo de la sartén y las calcetas”, nunca sería capaz de desarrollar valores como la discreción, la dignidad y el sentido del deber.  Estas ocupaciones manuales tradicionales de las mujeres hacendosas, de las que se podía librar por los adelantos de la industria moderna:

“(…) además de consumir tiempo valioso, empobrecen la inteligencia, matan la energía, degradan el carácter y, lo que es peor, aumentan a la larga el presupuesto de gastos de la familia. ¡Dios nos libre de estas mujeres hacendosas!”.

La mujer perfecta era puesta en cuestión desde el punto de vista social:

“(…) porque no comprende su significación en la sociedad, no se toma interés por ésta, no ejerce directamente la influencia benéfica que puede proporcionar y la indirecta que tiene por mediación de sus hijos o del esposo: es corruptora y dañina”.
[Muchas mujeres] “(…) cuando dirigen sus miradas a los acontecimientos sociales, esas miradas son vagas e indiferentes y si alguna vez fijan su atención y se les nota interés por ellos, es por lo que se relacionan con la felicidad o desgracia, en la vida del hermano, del esposo o del hijo”.
[Miran] “(…) todo bajo el prisma de ese egoísmo sublime para el hogar, pero dañino a la sociedad, ya que impiden que sus hijos y maridos hagan efectivo con actos el alto sentido social que en muchos de ellos se ve”.
“(…) el hogar es un centro de abnegación para la familia, pero un núcleo de egoísmo para la sociedad”.

Si había un aspecto que reflejaba la desigualdad, y era especialmente cuestionado por el feminismo liberal, era la ignorancia y el fanatismo de las mujeres. En La Muger se criticaba que hubiera:
 “(…) almas tan cándidas, que creen que la ignorancia y el fanatismo debe ser la base sobre la cual debe descansar el sacrosanto templo de la familia; sin hacerse cargo que esa teoría antiprogresiva, es la causa principal de las calamidades domésticas (…)”.

Criticaba, Amparo, la educación para el mal que recibía la mujer, ya que desde pequeñas se educaba a las mujeres para que  fueran orgullosas, derrochonas y coquetas, en cambio se las educaba para que nunca dijeran ni demostraran lo que sienten.
Las supersticiones eran consideradas como “rémora del progreso” y causantes de la esclavitud del hombre. Si en los tiempos primitivos era lógico que cualquier cosa que no se explicaba provocara miedo y terror, resultaba grave que en el siglo XIX se siguiera creyendo en  supercherías como la adivinación, las hechicerías y los sortilegios.
La ignorancia y el fanatismo se debían a que el hombre había acaparado siempre los medios de educación y de progreso que a la mujer negó:

Queréis la mujer apartada de las aulas y la vida activa; que sepa pocas filosofías; tímida, modesta, inocente, candorosa, que se inflame sin saber cómo y cual la mariposa perezca en la llama sin saber porqué (…)”.

Por último eran llamativas algunas críticas esporádicas que se llevaron acabo contra la moda. Llamativas porque estas revistas vivían en parte de la atracción que ejercía sobre la mujer, la moda. La Ilustración de la Mujer, presentó a partir del nº 5, su suplemento, Revista de modas y salones, que justificaba su existencia señalando la importancia de “ese código no escrito del buen gusto, de la decencia y de las formas (…)”,  aunque para otros las modas eran “una de las grandes flaquezas del sexo femenino”. Por esta razón, Nicolás Díaz de Benjumea, consideraba absurda la existencia de una asociación, aparecida en Inglaterra, que estaba preocupada por los trajes femeninos “racionales e higiénicos” y consideraba que la variedad de trajes era positiva, al igual que el interés de la moda por parte de los hombres.
El Álbum del Bello Sexo fue radical en las críticas a las modas, como el uso de los tacones altos y  ajustarse la cintura extremadamente, afirmaba que era una moda ridícula y que debía “combatirse sin descanso por dar origen a varias enfermedades peligrosas y graves”.


martes, 3 de febrero de 2015

EROS E INCERTIDUMBRES ACTUALES. BYUNG-CHUL HAN

Parece ser que el ensayo resiste la crisis de ventas que padecen los libros porque se ha convertido en un género que ofrece claves para orientarse en la incertidumbre actual. Entre estos ensayos se encontrarían los libros del filósofo de raíz heideggeriana, Byung-Chul Han. Este filósofo coreano afincado en Berlín escribe siempre textos breves que no suelen llegar a cien páginas como es el caso de La agonía del Eros, obra escrita en 2012 y publicada en castellano en 2014.
Han describe el presente y lo hace utilizando términos intuitivos como agonía, transparencia o cansancio, que lo hacen asequible. Además reinterpreta lo que está ocurriendo sin caer en los estereotipos de que los responsables de todo están arriba, en el control y en la explotación que procede del poder, del Estado, de la casta. Han habla de la responsabilidad que cada persona puede tener en lo que está pasando y así habla de autocontrol, de autoexplotación o de cosificación del otro cuando el amor se positiva como sexualidad, que está sometida, a su vez, al dictado del rendimiento.


En La agonía del Eros el autor se centra en el Eros que encarna no solo la fuerza del amor erótico sino también el impulso creativo de la siempre floreciente naturaleza, la luz primigenia que es responsable de la creación y el orden de todas las cosas en el cosmos.
El Eros arranca al sujeto de sí mismo, de su tendencia actual al narcisismo y a la erosión del otro, y lo conduce fuera, hacia el otro, para evitar lo igual, la mismidad. En el infierno de lo igual no hay ninguna experiencia erótica ya que ésta presupone la asimetría y exterioridad del otro. El Eros es una relación con el otro que está radicada más allá del rendimiento y del poder. La negatividad de la alteridad, a saber, la atopía del otro, que se sustrae a todo poder, es constitutiva para la experiencia erótica.
Para Han la negatividad es la acción que dice NO y es soberana. La negatividad según Nietzsche mantiene la existencia llena de vida. Hay dos formas de potencia. La positiva es la potencia de hacer algo. La negativa es la potencia de no hacer, en términos de Nietzsche, decir NO. Se diferencia, no obstante, de la mera impotencia, de la incapacidad de hacer algo. La negatividad del NO constituye un proceso extremadamente activo puesto que la negatividad es ruptura.  Es un ejercicio que consiste en alcanzar en sí mismo un punto de soberanía, en ser centro.
La ética del Eros es la resistencia contra la cosificación económica del otro. El amor es domesticado  para convertirlo en una fórmula de consumo, como un producto sin riesgo ni atrevimiento, sin exceso ni locura. Se evita toda negatividad, todo sentimiento negativo. El sufrimiento y la pasión dejan paso a sentimientos agradables y a excitaciones sin consecuencias. En la época del quickie (polvo rápido), del sexo de ocasión y distensión, también la sexualidad pierde toda negatividad. Al amor de hoy le falta toda trascendencia y transgresión.


El amor presupone la muerte, la renuncia a sí mismo. La verdadera esencia del amor consiste en renunciar a la conciencia de sí mismo, en olvidarse de sí en otra mismidad. Ciertamente se muere en lo otro, pero a esta muerte le sigue un retorno hacia sí. El retorno reconciliado desde el otro hacia sí es todo menos apropiación violenta del otro. El poder del Eros no es la dominación violenta sino que implica la impotencia en la que yo, en lugar de afirmarme, me pierdo en el otro o para el otro, que me alienta de nuevo.
La doctrina platónica dice que el alma impulsada por el Eros, produce cosas bellas y sobre todo acciones bellas, que tienen un valor universal. El Eros, que, según Platón, dirige el alma, tiene poder sobre todas sus partes: deseo (epithymia), valentía (thymos) y razón (logos). Hoy parece que es sobre todo el deseo el que domina la experiencia de placer del alma. Por eso las acciones pocas veces son impulsadas por el valor. Sin Eros degenera también la razón, que se convierte en un cálculo dirigido por datos, sin capacidad para prever el acontecimiento, lo incalculable.
La acción política como un deseo común de otra forma de vida, de otro mundo más justo, está en correlación con el Eros en un nivel profundo. Este constituye una fuente de energía para la protesta política.
El amor interrumpe la perspectiva del uno y hace surgir el mundo desde el punto de vista del otro o de la diferencia. Interrumpe lo igual a favor de lo otro. El acontecimiento es un momento de verdad que introduce una nueva forma de ser, completamente distinta a lo dado. La esencia del acontecimiento es la negatividad de la ruptura, que da comienzo a algo del todo distinto. El carácter del acontecimiento une el amor con la política o el arte.


Tras estos planteamientos queda claro el título de su obra, el Eros agoniza, el capitalismo intensifica el progreso de lo pornográfico en la sociedad, en cuanto lo expone todo como mercancía y lo exhibe. No conoce ningún otro uso de la sexualidad. Profaniza el Eros para convertirlo en porno. La profanización se realiza como desritualización y desacralización. La cultura de consumo estimula que el sujeto moderno perciba cada vez más sus deseos y sentimientos de manera imaginaria a través de mercancías y de las imágenes de los medios.

sábado, 24 de enero de 2015

EL PODER SIEMPRE ESTÁ AHÍ


Hace unos días quiso el azar que viera en el mismo día una película, un documental y una exposición que, siendo de lugares y temas diferentes, tenían un punto en común: el PODER imponiéndose de múltiples maneras y provocando la impresión de que no es posible escapar de él.
La película es Leviatán, el documental la Ciutat Morta y la exposición de fotografías Mujeres en Afganistán.


Leviatán (2014), dirigida por el ruso Andrei Zvyagintsev, tiene como protagonista a Kolia, que vive en un pueblo a orillas del mar de Barents, al norte de Rusia. Tiene un taller de mecánica al lado de su casa, donde vive con su esposa y su hijo, fruto de una relación anterior. El alcalde del pueblo quiere expropiar esos terrenos por intereses inmobiliarios. Primero intenta comprar el terreno, pero Kolia no está dispuesto a vender.


Ciutat Morta (2013), dirigida por Xavier Artigas y Xapo Ortega, es un documental que narra cómo varios jóvenes acaban detenidos por la policía urbana de Barcelona al resultar gravemente herido uno de ellos por el lanzamiento de una maceta desde un teatro okupado tras una carga policial. La realidad es que los detenidos no estaban en el interior del edificio, Patricia Heras y su amigo ni siquiera habían estado en el lugar de los hechos, pero eran sudamericanos y/o jóvenes de estética considerada antisistema.


Mujeres en Afganistán. La Asociación para los Derechos Humanos en Afganistán (ASDHA) muestra la difícil situación de la mujer en Afganistán trece años después de la caída del régimen talibán en una exposición con fotos de Gervasio Sánchez y textos de Mónica Bernabé, que se puede visitar en el Palau Robert de Barcelona.

En estos tres documentos gráficos aparece el poder en sus versiones más odiosas, dice Foucault que el poder es tolerable sólo con la condición de enmascarar una parte importante de sí mismo. Su éxito está en proporción directa con lo que logra esconder de sus mecanismos. El secreto, por tanto, es indispensable para su funcionamiento, no solo porque lo impone a quienes somete, sino porque también a éstos les resulta igualmente indispensable para aceptarlo. El poder, como límite trazado a la libertad, es la condición para ser aceptado, puesto que se considera que deja intacta otra parte de la libertad.

Byung-Chul Han dice que el poder represivo que describe Foucault es cosa del pasado, que el poder represor permitía ver al oprimido y al opresor y que en cambio el neoliberalismo no necesita imponerse sino que seduce y cautiva. En el siglo XXI el poder ya no deja nada visible, no hay un oponente que reprime o limita la libertad, el secreto se impone totalmente y las personas se creen totalmente libres.

En Leviatán se muestra cómo el poder en Rusia ha mutado pero se mantiene en manos de muchos de los que lo tenían en nombre del PCUS, y ahora de la democracia, pero el poder frio y represor está dispuesto a emplearse a fondo para “enseñar respeto”, como dice el alcalde de la película, con el apoyo de la iglesia ortodoxa, a aquellos que piensan que hay libertad, leyes y justicia. Es esa palabra, justicia, la que más se nombra en la Ciutat Morta por inexistente. La máquina policial y la justicia están dispuestas a avalar al poder político, en definitiva, a las estructuras del Estado de la Generalitat de Cataluña para triturar a unos jóvenes que se sitúan en el margen del sistema y que deben pagar por ello pese a su inocencia. La muestra fotográfica, por último, pone de manifiesto que la violencia contra las mujeres en Afganistán es una violencia endémica y estructural, potenciada por la guerra, la impunidad generalizada, la falta de educación, la instrumentalización de la religión y las leyes machistas.

miércoles, 14 de enero de 2015

CHARLIE HEBDO CONTRA EL TOTALITARISMO


Cuando se produce un hecho violento como el acontecido en París es preciso ser concisos al identificarlo. Después llegará el turno de los analistas, sociólogos/as, periodistas, expertos/as e historiadores/as.

Quienes asesinaron a gran parte de los dibujantes de Charlie Hebdo son defensores del totalitarismo puesto que son partidarios de suprimir los derechos y libertades usando la violencia y se burlaron de la voluntad de la mayoría, puesto que las caricaturas son una expresión de democracia. Los yihadistas querían asesinar la libertad de expresión y eligieron una revista que destacaba por su radicalismo libertario, su rebeldía, su ateísmo, su crítica a que las religiones se inmiscuyan en la vida política y social y sean algo más que una decisión personal.

El fanatismo religioso añade un componente más al totalitarismo de que hicieron gala los yihadistas al asesinar a otras personas, incluidos miembros de su misma religión, que nada tienen que ver con su manera de practicarla.

Su comportamiento busca, igual que la extrema derecha francesa del Frente Nacional, hacer imposible la integración de los más de cuatro millones de musulmanes franceses resaltando las diferencias identitarias y convirtiéndolas en la marca de separación de civilizaciones contra la que luchaba el humor y la sátira de Charlie Hebdo. Fueron personas excepcionales porque aun sabiendo el peligro que corrían se mantuvieron, como señala H. Arendt, internamente libres:
Sí sabemos que hubo seres excepcionales que, perdidos en un océano de confusión, de muerte y de terror, supieron discernir lo más elemental del comportamiento humano y se mantuvieron internamente libres para discernir lo que estaba bien y lo que estaba mal. Seres excepcionales para actuar con normalidad en momentos excepcionales. Su existencia nos regala la esperanza en el género humano, ayer y hoy.

lunes, 5 de enero de 2015

MUJERES CULTAS E INSTRUIDAS. LAS "MARISABIDILLAS" DOMÉSTICAS III

Aunque lo habitual en estas revistas, como ya se ha dicho, es que no existan referencias a acontecimientos de carácter político, sindical o cultural, con la intención de aislar a la mujer de su entorno concreto, sí aparecieron algunas menciones de este tipo destacando por encima de todo la importancia que dio La Ilustración de la Mujer a la convocatoria de un Congreso Femenino Nacional. Resulta evidente la conexión de las mujeres que están detrás de estas revistas con colegios que defendían el acceso de la mujer a la educación y la cultura y con intentos organizativos para consolidar alguna asociación femenina estable.

La Muger era la revista que estaba más atenta a los acontecimientos concretos, por ejemplo mencionaba la celebración del “primer meeting del bello sexo” al que habían asistido 37 señoras y cuya secretaria había sido la directora del periódico Therese Coudray de Arámburu. En este mitin se habían tomado dos decisiones que eran un claro reflejo de los planteamientos de esta revista: “nombrar una Comisión de obreras para velar por ellas y contribuir a su perfeccionamiento” y en segundo lugar “fundar una Sociedad general de señoras sin distinción de clases ni categorías”. De ninguna de las dos iniciativas, una dirigida a las obreras y la otra a las señoras, se volvió a hablar en la revista, pero la iniciativa nos indica que había un grupo más o menos coordinado que tenía interés en organizarse de forma permanente. En este grupo es factible que estuvieran las colaboradoras de La Muger, A. Dela, Concepción Gimeno, Luisa de Altamira, Amparo, Conchita Tey y Mª Pilar Sinués.
Sin duda alguna la más conocida de este grupo de colaboradoras fue Mª Pilar Sinués, nació en Zaragoza hacia 1835 y profesó en un convento del que salió para casarse con José Marco, periodista y escritor, por poderes. Fue una de las autoras más prolíficas de su tiempo con activa vida social. Falleció en Madrid el 19 de noviembre de 1893, sola y abandonada por su esposo, después de haber dedicado gran parte de su obra a aconsejar al resto de las mujeres sobre el matrimonio.


Su obra emblemática fue El Ángel del Hogar (1859), donde mostró con nitidez los perfiles isabelinos que configuraban la domesticidad española y explicaban la temprana canonicidad de sus escritos. Entró en contacto con obras más laicas de procedencia francesa y tradujo y adaptó biografías de mujeres célebres, adoptando incluso ciertas técnicas realistas. Puede considerarse la figura isabelina más liberal y burguesa de la época.

Sinués, es una figura clave en el desarrollo de la lucha por la autonomía femenina, a pesar de que los críticos que han examinado su obra la consideran una autora de segunda fila, mediocre y promotora de la ideología dominada por la figura femenina del ángel del hogar, escritora sentimental e intelectual antifeminista y antiemancipacionista. Pese a ello, Sinués “escribió explícitamente para las mujeres y buscó de forma constante el acceso a una educación más amplia para ellas”. No es sorprendente, según Mª Cristina Urruela, que Sinués reflejara en su obra actitudes de la cultura dominante, comenzó a escribir “en una era influenciada por la ideología romántica, en la que las mujeres raramente alcanzaban la autonomía intelectual. Más tarde, cuando se impuso la tradición realista, la percepción general (…) era que las mujeres no podían escribir este tipo de novelas, ya que carecían de experiencia”.


Sinués fue una escritora que estuvo a favor de la educación de las mujeres y de la ampliación de su papel productivo en la sociedad. Como escritora profesional entra en contradicción con ese ideal femenino del ángel del hogar que se detecta en su obra. Fue económicamente independiente, no tuvo hijos y se separó de su marido.
La colaboración de Sinués en La Muger en el año 1882 corrobora esta evolución en pro de la autonomía de las mujeres.

En la misma línea organizativa que planteó el mitin del bello sexo celebrado en 1882, estaba la propuesta de celebración del Congreso Femenino Nacional de 1883. La iniciativa de una “Junta de señoras” de Palma de Mallorca para la celebración de un Congreso, apareció publicada en la prensa en agosto de 1883. Esta Junta de señoras había aprobado varios acuerdos entre los que estaba la elaboración de una circular manifiesto exponiendo el objeto del Congreso y la organización en toda España de numerosas asociaciones “que respondan a la grandeza de la idea iniciada”, prescindiendo por completo de la política, para evitar prevenciones o antagonismos. La circular fue bien acogida por La Ilustración que les envió a “las distinguidas señoras” el pláceme y también por La Tramontana, periódico librepensador y ácrata, que consideró importante el documento por ser un “lloable progrés en la part de la humanitat fins avuy més refractaria a aceptar las innovacions dels temps moderns”.


La Circular de la Junta de señoras sintetizaba perfectamente el pensamiento de las organizadoras, que se puede encuadrar dentro de lo que se ha denominado en este trabajo como feminismo liberal.
La Circular empezaba haciendo referencia a que:

 “… a medida que la fuerza intelectual del hombre se ha ido desplegando y a medida que, por consecuencia ineludible se han dado pasos más firmes en la senda del progreso, la mujer ha visto ensanchar sus horizontes y ha logrado un puesto que hubiera parecido un sueño para los hombres primitivos”.

Afirmaba que en aquel momento la mujer había llegado a ser “casi la compañera del hombre” y dicen casi porque “aún es el territorio adquirido por conquista a quien se va concediendo (…) derechos que sólo se le niegan porque el dominador no siente todavía esos generosos impulsos que a la igualdad conducen”.
Esta propuesta de igualdad venía acompañada de una clara crítica de los estereotipos femeninos que dotaban al hombre con la virtud de la razón y a la mujer con la virtud del sentimiento y planteaban que hombre y mujer podía complementarse:

“A primera vista es inconcebible este deslinde que el hombre hace: por un lado merma cuanto puede la nivelación de condiciones porque él supone valer más; por otro dispensa a la mujer toda protección y ayuda. (…) Cuando el hombre piensa, la mujer no pasa de la categoría de auxiliar poco apto (…). Cuando el hombre siente, cuando se abandona a sus propios impulsos, la mujer sube de talla y en su exagerado sentimentalismo llega a doblar la rodilla ante los altares que en su honor levanta. (…) La mujer no es un auxiliar ni una diosa: es sencillamente el complemento y con frecuencia el corrector y a veces hasta el director del hombre”.

Por tanto, la Circular consideraba equivocada la idea de que la mujer era más sensibilidad que inteligencia. Pero aun reconociendo que la mujer pudiera ser más sensible que inteligente, esto no justificaba su falta de educación sino al contrario, llevaba a la necesidad de educar la inteligencia de la mujer porque así “valdrá más cuanto más piense y sepa”. Consideraba la Circular que el hombre tenía que:
“(…) educar a la que ha de ser madre, cargo importantísimo, a la esposa y aun hasta a la joven abandonada y sola, que si más supiera no se vería llevada a las puertas de la prostitución…”

Rechazaba la Circular, la razón de la costumbre, como razón para mantener la desigualdad de la mujer ya que hay muchas excepciones de mujeres que demostraban su inteligencia a pesar de que “el hombre ha acaparado siempre los medios de educación y de progreso que a la mujer negara”.


Los objetivos de la lucha de la Junta de Señoras y del Congreso, eran claros: “la regeneración de la mujer mediante su educación e instrucción”. La eterna lucha entre la ignorancia y la instrucción, la tradición y la modernidad, la luz y la oscuridad, era una batalla en esos momentos esencialmente femenina:

“Han acabado los tiempos del oscurantismo para el hombre, pero aun vive en las sombras la mujer y es preciso derramar sobre su cabeza la luz de la verdad, para que no sea la inconsciente víctima de todas las torpezas (…) para que cuente con la protección de un escudo sólido que haga invulnerable su virtud”.
El cambio permitirá a la mujer “cumplir dignamente las responsabilidades anejas a su condición de madre y al mismo tiempo participar de los incalculables beneficios que le ha de deparar la nueva era de progreso ciencia y amor. Trilogía simbólica del siglo XIX, siglo de las luces, del vapor y de la electricidad (…)”.

El medio para llevar a cabo este “vasto plan”, es decir,  la regeneración de la mujer era la atrevida empresa de convocar un Congreso Femenino Nacional. El Congreso tendría lugar  en Palma de Mallorca, localidad donde estaba ubicada la Junta de señoras,  cuando lo decidieran las Asociaciones “que se irán estableciendo en todas las capitales del territorio español y la Junta que suscribe…”. “La Asamblea será nacional” aunque se invitará a “eminencias extranjeras”. “Oportunamente se anunciarán los temas que deban tratarse…” y más adelante aparecerá un periódico “órgano de esta Junta y de las otras de España”.
Poco después aparecieron publicados veinte acuerdos de la Junta de Señoras entre los que destacaban los de carácter organizativo:

El 3º que habla de “Organizar en toda España numerosas asociaciones que respondan a la grandeza de la idea iniciada, prescindiendo por completo de la política, cuidando de que no se susciten prevenciones o antagonismos que puedan malquistar con creencias religiosas, sociales o filosóficas”.
El 6º “Invitar a las señoras hoy asociadas a reunirse con la mayor frecuencia posible: adquirir un local y practicar deberes para con la beneficencia”.
El 8º “Ponerse en contacto (…) con todos los centros científicos, literarios, políticos, religiosos, de industria, comercio, agricultura, artes y oficios, instructivos, económicos, sociedades obreras y demás (…)”.

La reacción de La Ilustración, ya se ha señalado que fue de entusiasmo y apoyo, tal y como quedó reflejado en un artículo sin firma, titulado “Adelante”. Este artículo muestra el grado de coincidencia con las organizadoras del Congreso y con sus objetivos. El artículo afirmaba que el manifiesto del Congreso estaba “escrito con una discreción y templanza que augura[ban] el éxito más completo”.

El artículo afirmaba que el manifiesto mostraba:
“…una fe sólida e inquebrantable en la justicia de la causa que la mujer defiende. La falta de esa creencia, diríamos que es la causa de hallarse aún la mujer postergada, pues tan largo ha sido el periodo de su abatimiento, y tanto había oído decir que era incapaz e inferior al hombre, que apenas se atrevía a dar crédito a los que generosamente venían a despertarla de su letargo”.

Incidía también en la importancia de la:
“… asociación de las voluntades y las inteligencias” para conseguir resultados “en cuestión de proyectos y aspiraciones hacia la emancipación o bienestar de una clase determinada”.
“Hoy día es infinito el número de mujeres que tiene verdadera conciencia de sus derechos, pero el aislamiento en que se encuentran y los impulsos de la modestia les impide hacer alarde de sus convicciones”.

La iniciativa de la Junta de señoras indicaba, según el artículo,  “que se entra[ba]  franca y decididamente en un periodo de acción colectiva” que animará a actuar a las mujeres. También indicaba “que existe en la mujer española, ese ánimo viril que tanto se encomia en las extranjeras”. Parecía que la mujer “del mediodía” aceptaba su suerte, o sea ser una eterna menor de edad, soportando “su cadena cubierta de flores”. Y afirmaba que:
“Se puede ser hermosa y tener seso, y sobre todo, cuidar de sus derechos (…) para salir de la categoría de mueble de adorno, animal de recreo o bestia de carga, que es a lo que viene a parar, en definitiva la mujer que se anula política y civilmente en época en que los hombres andan tan celosos de su dignidad de ciudadanos…”.

Reclamaba  que nadie le regalara nada a la mujer, ésta había  de levantar “su frente y pidiendo lo que legítimamente le corresponde, es la mayor prueba de que los merece y es digna de disfrutarlos”.
No rechazaba el artículo, la colaboración masculina pero convenía “cierto espíritu de independencia y que se haga sentir la voluntad y el criterio propio de las interesadas”.
Concluía gritando un “¡Adelante!” y que no se respondiera a las provocaciones porque “los hombres que han de oponerse a vuestro intento, son los que temen representar un papel ridículo al lado de la mujer ilustrada”.

Este Congreso, a pesar de que no se celebró, aunó muchas iniciativas que estaban fraguando en diversas zonas y con ideologías diferentes. Se sabe, por ejemplo, que La Constante Alona, logia en la que estaba Mercedes de Vargas, “Juana de Arco”, apoyó esta iniciativa. Fue Mercedes de Vargas quien redactó una Circular de adhesión aparecida en La Humanidad.

TODAS LAS LITOGRAFÍAS REPRODUCIDAS SON DE EL ÁNGEL DEL HOGAR MODA, Mª PILAR SINUÉS.

jueves, 25 de diciembre de 2014

ANARQUISMO NO ES TERRORISMO


Desde el último tercio del siglo XIX hubo capas importantes de la población en España (en la Cataluña industrial, en el campo andaluz, en Zaragoza, por poner tres ejemplos destacados) que soñaron una manera de organizar la sociedad desde abajo, muy distinta a los proyectos de la oligarquía y la burguesía liberal. Las clases trabajadoras fueron transmitiendo, generación tras generación, la necesidad de auto-organización y resistencia; así como la importancia de poseer organismos (sindicatos, ateneos, cooperativas, etc) para desarrollar formas económicas y de sociabilidad basadas en la autogestión y la cooperación. Esas capas fueron laminadas, desactivadas y perseguidas periódicamente mediante la represión, aprovechando estallidos de ira individual (en 1896 el atentado de Canvis Nous) o colectiva (La “Semana Trágica” en 1909, “Casas Viejas” en enero de 1933, o durante y después de la Guerra Civil). Con el aplauso de las clases dirigentes, en especial la catalana.

El anarquismo argumentó muy pronto que la rebelión no era solo económica y se posicionó en contra de la opresión que brotaba de todos los ámbitos de lo social. Por su dimensión ética convirtió la cultura y  la educación en  elementos fundamentales. Por eso también se fijó en aspectos claves de la existencia: alimentación, salud, familia, amor, sexualidad, relación y respeto a la naturaleza.

Entre sus seguidores arraigo también la idea de que era necesario acelerar el proceso a través de la práctica violenta del atentado, la llamada “propaganda por el hecho”. No fueron los únicos. A comienzos de  la década de 1880 se dejaron sentir los temblores del terremoto de la I Guerra Mundial. El asesinato del zar Alejandro II en 1881 fue seguido en los siguientes 25 años por el asesinato de un presidente francés, un monarca italiano, una emperatriz austriaca y su heredero, un rey portugués y su heredero, un primer ministro español, dos presidentes estadounidenses, un rey de Grecia, un rey de Serbia y poderosos políticos conservadores  de Rusia, Irlanda y Japón. Algunos de estos asesinatos fueron efectuados por anarquistas, pero muy pronto siguieron su estela nacionalistas, republicanos o socialistas. Sin embargo solo el anarquismo se quedó con la fama de violento y terrorista.


La democracia insiste hoy, desde el poder político y mediático, en borrar de la memoria social la importancia que tuvo el anarquismo en este país, intentando ignorarlo, banalizarlo, criminalizarlo y desprestigiarlo,  destacando su supuesta vocación hacia la violencia. Desde enero del actual 2014, en que se produjeron las protesta en El Gamonal (Burgos), un titular de El País afirmó que, tras lo acontecido en ese barrio, se vislumbraba una dirección de elementos anarquistas; en mayo, desde la Generalitat de Cataluña, llovieron las acusaciones de violencia respecto a las manifestaciones de resistencia y protesta por el desalojo y derribo de Can Vies en el barrio de Sans de Barcelona. Y parece que no podía acabar el año sin la detención de anarquistas, también en Barcelona, acusados de terroristas pero sin señalar ni uno solo de los “atentados” de los que se les acusa y por los que, cuando escribo estas líneas, han ingresado siete personas en prisión.

Pese a la poca notoriedad que tienen en los medios de comunicación se están construyendo a lo largo de todo el país, en especial en las grandes ciudades, zonas de libertad arrebatadas al poder que son percibidas, desde los sectores e instituciones de orden, como peligrosas, y no precisamente porque sean violentas.

¿Será que en diversos barrios de las grandes ciudades se ha logrado juntar espacios y lugares de resistencia? ¿Será que llevan tiempo territorializando un antagonismo con flujos y reflujos de lucha y han tejido un espacio de contrapoder alternativo? Parece que se han construido espacios colectivos autónomos y heterogéneos, de apoyo mutuo, que intentan reapropiarse de la capacidad de hacer política de base, practicando la democracia directa.

Hay lugares en que se vienen desarrollando prácticas que al poder preocupan mucho y que califican de subversivas: movilizaciones, actividades de ocio (fiestas alternativas), espacios con potencialidad económica (proyectos de economía social, comercios y espacios afines), grupos de cultura popular y política (medios de comunicación propios, red social propia) y todo ello llevado a cabo por una numerosa red de locales sociales que constituyen una esfera pública no estatal donde actúan colectivos variopintos entre los que están los anarquistas.

Este movimiento fundamentado en arrebatar espacios de libertad al poder es una manera de construir hoy la utopía a escala humana, entendida como incitación a la lucha y rechazo del mundo que nos imponen para construir una posibilidad de sociedad más alentadora con formas de relación entre las personas diferentes a las impuestas. Quizás sea eso lo más temible del anarquismo y lo que incentiva el mantenimiento del mito de la violencia que hay que alimentar cada poco tiempo para estigmatizar a un movimiento que no aspira al poder institucional.