Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

sábado, 23 de mayo de 2020

MUJERES LIBRES Y EMMA GOLDMAN


Barcelona, 10 Agosto 1938
Estamos en un año extraño por muchos motivos, el Covid.19 ha alterado nuestras vidas de una manera inesperada expresando los efectos que un capitalismo suicida (capitalismo en su fase neoliberal) tiene a nivel global. Pero este 2020 reúne también dos aniversarios que no vamos a poder celebrar como se merecen pero no queremos olvidar: el 80 aniversario de la muerte de Emma Goldman (el 14 de mayo) y el 84 aniversario de la aparición de la revista Mujeres Libres (el 15 de mayo).

La gran aventura de levantar Mujeres Libres contuvo dos palabras: revolución y palabras. La dominación que sufrían las mujeres se acompañaba siempre de un conjunto de relaciones jerárquicas de mando/obediencia. Hombres y mujeres eran desiguales en términos de poder, incluso dentro de las organizaciones obreras del Movimiento Libertario, las mujeres eran expropiadas de las palabras. Tomar la palabra, por ello, era en sí mismo una revolución.

La iniciativa de crear una revista como Mujeres Libres significó poner en marcha una auténtica revolución por el mero hecho de tomar la palabra y hablar con voz propia, sin hombres que marcaran pautas. Todo ello en un contexto muy especial (Revolución y Guerra Civil) que en parte propiciaba esta revolución y en parte la ponía en peligro.

Dijo George Orwell en Homenaje a Cataluña, que en la Barcelona revolucionaria se tenía el sentimiento de haber entrado de repente en una era de igualdad y libertad en la que los seres humanos estaban intentando comportarse como tales y no como piezas de la maquinaria capitalista. También Emma Goldman señaló la gran libertad política que vivió en su primera visita a España (que correspondía a los tres primeros meses de Revolución). Las protagonistas de Mujeres Libres, y las muchas mujeres que ingresaron en la organización del mismo nombre, vivieron con pasión esos instantes en los que la sociedad se mantuvo unida por el cemento de la solidaridad, sin el peso muerto del poder y la autoridad. Sus testimonios posteriores relataban, todavía con entusiasmo, sus impresiones personales de esos momentos que les tocó vivir cuando muchas de ellas eran muy jóvenes.

Lucía Sánchez Saornil, Emma Goldman, Christine Kon-Rabe, 20 octubre 1938
Una revolución, la de las mujeres, que transcurrió como un río subterráneo y que estaba cuestionando la dominación más antigua que padecía la mitad de la humanidad, el patriarcado. Una revolución que no se planteaba tanto como transformación económico-social o política (que ellas siempre apoyaron), sino como mutación cultural que implicaba un cambio vital.

No resulta fácil acercarnos a esa atmósfera compartida de energía mágica, a esa sensación de que el mundo vivido hasta entonces se convertía rápidamente en una reliquia histórica, en una larga pesadilla dejada atrás. La promesa de un nuevo comienzo que no tenía más límites que los de la imaginación resultó difícil de olvidar para nuestras protagonistas. Las mujeres, embarcadas en la aventura de tirar adelante Mujeres Libres, experimentaron la humanización de la sociedad que se produjo durante la Revolución social. Un sociedad que vivió un terremoto en la retaguardia, espacio que se feminizó. Un lugar en el que había muchas mujeres asumiendo múltiples responsabilidades solas y abriendo caminos de libertad en plena Guerra, mujeres que decidían abandonar el silencio y tomar la palabra, mujeres dispuestas a arrojar sus cadenas animadas por una atmósfera de esperanza sin restricciones tremendamente estimulante. Mujeres cuya vida mutó al desaprender la pasividad.

Así explicaba David Porter cómo era captada la Revolución por gentes que venía de fuera a observar lo que sucedía en algunas zonas de la España revolucionaria, entre ellas la perspicaz Emma Goldman, cuyas opiniones y emociones quedaron recogidas en las muchas cartas que escribió a su círculo más cercano:[1]
« (…) la revolución no es solo euforia y destrucción. También hay en ella impulso, deseo, ímpetu para crear alternativas liberadoras de largo alcance. (…) el aspecto lúdico y festivo de la experiencia humana que complementa, da sentido e impregna completamente el aspecto del duro esfuerzo».
Las alternativas liberadoras de largo alcance implicaron, como decíamos, un salto cultural cualitativo que hizo crecer la esperanza y la voluntad de cambiar la sociedad hasta el punto, no de superar simplemente los límites de un sistema dado de poder, sino de romper completamente la compacta membrana cultural que separaba el espacio simbólico del poder del espacio simbólico de la libertad.[2]
La compacta membrana que las mujeres libertarias, involucradas en el proyecto de Mujeres Libres, quisieron romper, estaba compuesta de sedimentos que se habían ido acumulando durante miles de años en las estructuras mentales y el imaginario social, consolidadas en comportamientos autoritarios y valores jerárquicos propios de sociedades fundamentadas en la dominación patriarcal.

Romper una genealogía de mujeres silenciadas y dominadas no era nada fácil, rechazar y confrontar cualquier forma de dominación era un programa que en sí mismo era una revolución, sobre todo cuando se pusieron manos a la obra para construir relaciones sociales  y comportamientos individuales bajo parámetros de clase y de género radicalmente nuevos. Esa revolución solo sucumbió en 1939.

Emma Goldman tuvo relación con este proceso revolucionario como ya hemos mencionado pero su relación con el Movimiento Libertario español empezó antes. La primera actividad pública en la que participó en relación a España fue el mitin  que organizó Harry Kelly en 1896 en respuesta a las noticias de represión en Montjuïc. Posteriormente vino en una breve visita a España entre diciembre de 1928 y enero de 1929, conociendo a Teresa Claramunt y a la familia Urales. Estableció contactos directos con CNT en los Congresos Internacionales de la Red Trade Union en 1920 y 1921. También en Berlín en diciembre de 1922 durante la creación de la Internacional Anarcosindicalista (IWMA).

Pero su relación más estrecha se produjo en el contexto de la Guerra Civil y la consiguiente Revolución. Goldman tuvo ambivalencias respecto a la Revolución española pasando de una inicial postura crítica y purista a una aprobación entusiasta y una vuelta a la postura original. Visitó España en tres ocasiones, entre su primera estancia (septiembre a diciembre de 1936) y la tercera (septiembre a noviembre de 1938), transcurrió un lapso de tiempo de poco más de dos años, su segunda visita la llevó a cabo entre septiembre y noviembre de 1937. Durante sus visitas pasó la mayor parte del tiempo viajando a diferentes zonas de la España republicana,  observando los esfuerzos constructivos en marcha y la primera línea del frente. Se ofreció a ayudar en la propaganda internacional, a hacer de enfermera, de camarera, de canguro, o a divulgar métodos de control de la natalidad e higiene. El escaso conocimiento de la lengua y los argumentos de los/las anarquistas españolas de que su mayor contribución era la propaganda en el exterior, la convencieron de abandonar España y llevar a cabo esa tarea desde Gran Bretaña.
Lola Iturbe y Emma Goldman en el frente

En septiembre de 1938 viajó por última vez a España, el 1 de octubre asistió a la sesión plenaria ordinaria del Consejo General de SIA[3] en Barcelona, en esta reunión le acompañaban Lucía Sánchez, como Secretaria General, Mateo Baruta, como Vice-Secretario, Fidel Miró vocal de Propaganda y Lucas vocal de Contabilidad. Abrió la reunión Lucía Sánchez que, «visto que la lengua española causa dificultades a la camarada Emma, se designa a la  camarada Cristina Kon, agregada de Propaganda y Secretaria de actas  de las reuniones, como interprete»,[4] por el  dominio que tenía de varios idiomas.

Emma Goldman, Etta Federn y Christine Kon-Rabe, tres mujeres extranjeras que tenían en común ser anarquistas y judías, además de involucrarse con la causa de la Revolución durante la Guerra Civil, formaban parte del internacionalismo de resistencia en el que primaba la clase por encima de la cuestión judía. El internacionalismo era el horizonte de la aspiración socialista a la justicia universal, la lucha por la emancipación de la Humanidad convirtió la adscripción judía en un dato sin importancia. En este sentido, la Revolución española de carácter anarquista fue un polo de atracción para cualquier revolucionario/a, en especial si era anarquista, y también de aquellas personas de ascendencia judía como las tres mujeres de las que hablamos.

No podemos olvidar que estas tres mujeres eran feministas (al menos Etta y Emma con seguridad), Goldman apoyó Mujeres Libres desde el principio como una iniciativa fundamental para capacitar a las mujeres obreras. Fue Mercedes Comaposada quien se puso en contacto con Goldman a través de una carta escrita el 17 de abril de 1936, pidiéndole su colaboración y explicándole los objetivos de la revista. Agradeciéndole la carta que les envió Goldman, Comaposada le solicitó en una nueva carta con fecha de 16 de junio una nueva colaboración para el tercer número.

Estos contactos con Mujeres Libres  y con CNT-FAI facilitaron la primera visita de Goldman a España en septiembre del 36, su disponibilidad a ayudar a la Revolución dio lugar a diversas credenciales para actuar en Gran Bretaña. Mercedes Comaposada le envío dos acreditaciones en julio de 1937 en que la nombraban «corresponsal y representante de las Publicaciones Mujeres Libres en Europa y Estados Unidos de América», así como representante y «delegada de la nueva Federación Nacional de Mujeres Libres», forma organizativa que se adoptó en agosto.[5] Así mismo, la Confederación Regional del Trabajo de Cataluña y el Comité Nacional de la CNT le enviaron sendos documentos reconociendo que actuaba en su nombre en Inglaterra. Igualmente, SIA la nombró su representante en octubre de 1938, considerándola persona autorizada para hablar en su nombre tanto en Inglaterra como en Canadá.

Emma Goldman murió en Toronto (Canadá) el 14 de mayo de 1940[6], era una mujer avejentada y cansada, que murió activa ya que fue al Canadá a recoger dinero y expresiones de simpatía para el exilio anarquista español.

Dos aniversarios inspiradores que no podemos dejar pasar sin celebrarlos porque forman parte de nuestra genealogía anarcofeminista.
Laura Vicente



[1] Porter,  David (ed.), Visión en llamas. Emma Goldman y la revolución española (Barcelona: El Viejo Topo, 2006), p. 336.
[2] Bertolo, Amedeo, Anarquistas… ¡Y orgullosos de serlo! (Barcelona: Fundación Salvador Seguí, 2019), p. 189.
[3] Las sesiones plenarias se celebraban trimestralmente y con un orden día fijo recogido en los Estatutos. International Institute of Social History. Emma Goldman Papers. Inv. nr. 297.
[4] Así queda recogido en el acta de SIA de 1-X-1938, escrita en francés por Cristina Kon. International Institute of Social History. Emma Goldman Papers. Inv. nr. 298
[5] Así queda recogido en dos documentos firmados (el 1 y 30-VII-1937) por Mercedes Comaposada como redactora de la revista. International Institute of Social History. Emma Goldman Papers. Inv. nr. 300.
[6] Esta fecha nos recuerda que en este 2020 se conmemora el 80 aniversario de su muerte.

miércoles, 13 de mayo de 2020

EMMA GOLDMAN Y SU AMOR POR LA VIDA (80 aniversario de su muerte)



Emma Goldman murió en Toronto (Canadá) el 14 de mayo de 1940. Por esas fechas era una mujer avejentada y cansada, pero murió activa y celebrando la vida pese a la gran decepción que le ocasionó la derrota de la Revolución y la Guerra Civil española en abril de 1939.
Para recordarla, y pensarla en presente, en estos ochenta años transcurridos desde su muerte, y en plena pandemia del COVID.19, nos gustaría hablar de ella desde su vida más que desde su pensamiento. Y esto pese a que hacer esa separación entre  vida y pensamiento no parece tener sentido en ella, así lo escribía con su característico apasionamiento:
« (…) sabía que lo personal jugaría siempre un papel dominante en mi vida. No estaba cortada de una sola pieza (…). Hacía tiempo que me había dado cuenta de que estaba hecha de diferentes madejas, cada una diferente a la otra en tono y textura. Hasta el fin de mis días estaría dividida entre el anhelo por una vida personal y la necesidad de darlo todo a mi ideal».[1]
La mejor manera de acercarse a la vida de Emma Goldman es leer su libro Viviendo mi vida, una autobiografía publicada en 1931 dividida en dos tomos. El primero abarca desde su nacimiento en 1869 en Kaunas (Lituana) hasta 1912. El segundo contempla un periodo más breve, desde 1912 a 1928, y engloba un momento especialmente conflictivo en EUA que acaba con su expulsión del país y pérdida de la ciudadanía en 1919 y, sobre todo, su experiencia de casi dos años en la Rusia revolucionaria.
Su vida fue un continuo «soñar hacia delante», una virtud anticipatoria que invadió su vida y la activó. Fue una poderosa fuerza motivadora que no solo se basó en el ideal anarquista, sino también en la imaginación, el arte y la belleza. La vitalidad de Goldman le dio fuerza para emanciparse de las rutinas cotidianas y, con ello, para mirar hacia el futuro. Construyendo el futuro, en el que estamos nosotras, abrió los espacios donde pudo proyectar sus deseos activos.
Su vida no fue fácil.
¿De dónde sacó Goldman, sin embargo, su esperanza de cambio? Solo se nos ocurre que la respuesta puede estar en un acto gratuito de confianza que podríamos atribuir a su amor por la vida, a su amor por el mundo. Un amor que ella no entendía como un ideal abstracto, sino como la preocupación que le generaba cualquier ser vivo (un caballo maltratado, las presas en la cárcel, las prostitutas, las obreras que se veían obligadas a traer criaturas al mundo sin desearlo, el autor de un atentado, las víctimas de los bolcheviques o del fascismo en la Guerra Civil española).
Ese amor por la vida era para Goldman un fin en sí mismo que intensificaba su compromiso y el gozo de la vida. También era un acto de «soñar hacia delante», en la medida en que contribuía a crear las condiciones para dejar a la posteridad su deseo de un mundo mejor. Ella construyó una ética basada en la humildad de las microprácticas corrientes de la vida cotidiana en su casa, que abría a muchos compañeros y compañeras, en su gusto por la cocina para agasajar a sus invitados/as, pero también en la cárcel cuando logró, unas navidades, que todas las presas sin redes familiares o amistosas (que ella si tenía) tuvieran un pequeño regalo.
Su amor por el mundo era una muestra de su rechazo al egoísmo y al individualismo posesivo contra el que no se cansó de escribir, era una muestra de su ética generosa y desinteresada por la que siempre vivió en precario.[2]

Curiosamente, Emma Goldman es conocida por una frase que nunca dijo: «Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa». No se trata de una falsedad completa pero la frase no existió.
¿De dónde salió esta mentira a medias? En el contexto de la Revolución rusa, cuando vivió en su país de origen entre enero de 1920 y diciembre de 1921, Goldman se fijó muy pronto en lo que le parecía «una extraña falta de solidaridad» en la población, lo resumió de esta manera: «A la gente ya no le quedaba ni la vitalidad, ni la empatía necesarias para pensar en el prójimo».[3] Algo que para ella era fundamental que existiera en una revolución social y que le empezó a generar dudas (e insomnio y mal de cabeza) sobre el carácter revolucionario del nuevo régimen. A Emma Goldman le costó creerlo, pero la dictadura bolchevique había dado un hachazo al aspecto social de la vida en Rusia:
«Ya no hay foro alguno ni siquiera para el debate social más inofensivo, no hay clubes, no hay lugares de encuentro, no hay restaurantes, ni siquiera salas de baile. Recuerdo la expresión de perplejidad de Zorin [un amigo bolchevique] cuando le pregunté si la gente joven no podía quedar de tanto en tanto para bailar libre de la supervisión comunista. “Las salas de baile son lugares de reunión de contrarrevolucionarios. Las hemos cerrado”, me informó».[4]
Bailar, para Goldman, era síntoma de una vida llena de alegría y vitalidad, mientras que  la vida que impulsaba el Partido Comunista era, según su criterio, una vida severa e intimidatoria, una vida sin color ni calidez, una vida represiva.
En esta anécdota llama poderosamente la atención cómo se utiliza el lema que ha comprimido a Emma Goldman en una píldora para ser utilizada por el capitalismo actual, que todo lo vampiriza y lo vomita, convertida en mercancía reaccionaria. Sus  palabras, las que sí dijo, son algo más que un lema comercializable, son un pequeño programa de lo que era importante para ella en la vida: empatía, alegría, calidez, color, lugares de encuentro y de debate (para poder charlar, comer con las amistades o compañeros/as, bailar, recibir flores, leer, ir al teatro, etc.), en definitiva, disfrutar de la vida. Sin embargo, cualquier sugerencia del valor de la vida humana, de la importancia de la integridad revolucionaria, era repudiada por sus amistades bolcheviques como «sentimentalismo burgués».
Goldman se dio cuenta que los y las bolcheviques creían sin reservas en la «fórmula jesuítica de que el fin justifica los medios», por ello, todo era legítimo si servía a su planteamiento de la revolución, cualquier otra política era acusada de débil, sentimental y traicionera con la revolución.[5] Ella, desde su rebeldía anarcofeminista, no podía avalar ese planteamiento puesto que nunca dejó de conmoverse por la indiferencia ante la vida o por el sufrimiento del ser humano.
Su vida fue un torbellino, Emma Goldman fue apasionada, diversa y contradictoria, no temía hablar y escribir sobre la importancia de la sexualidad (algo que le espetó una joven Emma a un sorprendido Kropotkin), dio prioridad a su autonomía en las diversas relaciones de pareja que tuvo, renunció a la maternidad, no temió mostrar sus dudas, incoherencias y contradicciones, fue generosa juzgando a las personas con benevolencia y reservando la crítica a la sociedad.
Esta Emma Goldman es la mujer rebelde que queremos recordar  ochenta años después de su muerte.
Laura Vicente



[1] Emma Goldman (1996): Viviendo mi vida (2 Tomos). Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, p. 183.
[2] Me ha facilitado mucho esta lectura de Emma Goldman, la lectura del libro de Rosi Braidotti (2009): Transposiciones. Sobre la ética nómada. Barcelona, Gedisa.
[3] Emma Goldman (2018): Mi desilusión en Rusia. Barcelona, El Viejo Topo, p. 48.
[4]Goldman, Op. cit, p. 268.
[5] Goldman, Op. cit, p. 101.


domingo, 3 de mayo de 2020

COMO LA VIDA MISMA EN TIEMPOS DE COVID.19


Mary Jane Ansell 

Hace unos veinte años la llamada «economía feminista» empezó a hablar de la contradicción entre Capital y Vida, entre las cosas y la vitalidad (o lo vivo), entre la vida y las normas que la encuadran para desposeerla de su dimensión vitalista[1]. El Covid.19 ha puesto en primer plano la necesidad de que, para conservar la integridad de lo «vivo», sea necesario un conjunto de dispositivos para encuadrar la vida (evitando los riesgos de la pandemia), lo que de hecho significa quitar a la vida su dimensión vitalista.

El sistema económico capitalista ha puesto en el centro de la economía las cosas, las mercancías, el capital y lo ha hecho a costa de una cara B que se apoya en tres pilares: la división sexual del trabajo, el expolio del sur global y la depredación medioambiental. La división sexual del trabajo ha implicado siempre que, para sostener la economía de mercado (visible y mayoritariamente masculina), existieran los espacios invisibles de la economía en los que se ubicaban los trabajos para sostener la Vida (gratuitos y habitualmente asumidos por mujeres).  

El capitalismo ha puesto sistemáticamente en riesgo la Vida (de las personas y del conjunto del Planeta), reparar el daño a la Vida es lo que se ha denominado como «cuidados» (parte de esa economía invisible, gratuita y feminizada). Los «cuidados» son todo lo necesario para que la vida funcione, un espectro de la economía muy amplio que no se reduce solo a la dependencia, el cuidado de menores o los trabajos domésticos.

El capitalismo desde su origen, y también en la fase neoliberal que estamos viviendo (Rita Segato la denomina «fase apocalíptica del capital y del patriarcado al servicio del capital»[2]), se ha basado en el expolio de la Vida y eso está llevando al mundo al límite de sus recursos respecto a la población, además de los nefastos efectos sobre el Planeta, entre los que destaca el cambio climático. Esta situación apocalíptica, o suicida, no es coyuntural sino sistémica. El sistema siempre necesita esa cara B basada en el expolio de la Vida, ese es el conflicto básico e irresoluble si no cambiamos el capitalismo por otro sistema basado en la sostenibilidad de la Vida que implica transformaciones profundas: el decrecimiento, fundamentar la economía en otros sentidos de la Vida, la colectivización y desmercantilización de la resolución de las necesidades, la reorganización de los trabajos socialmente necesarios, etc.

Pero el objetivo de este texto no es quedarnos solo en reflexiones teóricas, aunque soy de la opinión de que teoría y práctica son dos vías igualmente útiles, nunca contradictorias, ya que teoría y práctica constituyen dos dimensiones que interactúan y se potencian mutuamente, a la vez que ambas son autónomas. El conocimiento se adquiere como dimensión de la acción, si esta es potente, la razón desarrolla ideas que van acompañadas de las posibilidades de actuar. Como decía, este texto tiene como objetivo traer la «vida misma» y, para ello, pedí a varias mujeres que escribieran sobre cómo les estaba afectando el Covid.19.

Mary Jane Ansell 

MIEDO

«Miedo es lo primero que me viene a la mente. ¡Ah, que  peligro! Miedo a perder la vida. El miedo nos convierte en plastilina para modelar. Hace que nos adaptemos a cualquier situación  (confinamiento) que aceptemos cualquier condición y que nos olvidemos de cuestionar lo casi todo. En mi caso, miedo al cuadrado. Soy responsable de que no me pase nada porque la vida de mi marido, “un alto riesgo”, depende de ello. La casa es mi seguridad, nuestra seguridad. Salgo de ella lo mínimo y cuando tengo que hacerlo paso tal estrés que pienso que se me estrechan milésimas de  milímetros  las arterias».
 
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«Al principio [de la pandemia] estuve enfadada porque parecía que el miedo nos aislaba y no nos permitía ver nada más. Eso se tradujo en que parecía que lxs trabajadorxs no podíamos organizarnos de  ninguna manera, las organizaciones sindicales -alternativas y no alternativas- se quedaron en shock y lo único que hicieron fue mandar denuncias a la inspección de trabajo o llamar a la policía, como si lxs trabajadorxs que ya estábamos hacinados en plataformas de 500 o 1000 personas no pudiéramos reivindicar ni exigir nada juntxs. El miedo, de repente, lo había llenado y ennegrecido todo, con tanta fuerza que estábamos paralizadxs».
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«Cada día en mi vida era un estado de miedo y de incertidumbre, a qué planta [del Hospital 12 de Octubre de Madrid] me iban a trasladar y qué me iba a encontrar allí. Finalmente, tuve la suerte de que no me derivaron a plantas COVID19 al ser la más antigua del turno de tarde de mi especialidad. La desinformación era total por parte de la gerencia del hospital, nos enterábamos de lo que sucedía por lxs compañeras que estaban en las plantas COVID19. La ansiedad e incertidumbre seguía siendo la tónica general, llegabas a trabajar  y la supervisora nos daba- mejor dicho, teníamos que ir a pedírselas- un mascarilla diaria quirúrgica porque las mascarillas FFP2 y FFP3 están reservadas para las intervenciones. Tampoco sabíamos quiénes de nosotrxs podíamos tener el virus, éramos asintomáticxs o lo habíamos pasado sin saberlo.
Seguíamos enterándonos por los comentarios entre nosotrxs que había muchxs compañerxs que se estaban contagiando, del desborde de las urgencias, de saturación de las UCI´S y de lo mal que se ponen lxs pacientes, de la cantidad de pacientes que van muriendo a diario y de que comienzan a discriminar a lxs pacientes por la edad y las patologías previas».

TRABAJO

«Cuando estas tocada emocionalmente te hunde aún más ver la situación de compañeras y compañeros, muchas y muchos a nuestro alrededor, que están viviendo Ertes, despidos y situaciones como la tuya y tú en esos momentos no tienes herramientas ni físicas (por la situación) ni emocionales para poder ayudar como en otros momentos. HA SIDO DURO».

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«Toda la incapacidad que sentíamos como trabajadorxs se materializó en que ibas a trabajar como si el COVID.19 fuera ajeno a nuestras vidas en los centros de trabajo. Los fines de semana estabas confinadx y de lunes a viernes jugabas a la ruleta rusa del contagio. Resignación que generaba frustración que desembocaba en locura. Esa locura sin contrapeso argumental produce las famosas salidas individuales que siempre eximen a la patronal de su responsabilidad de establecer condiciones dignas para ejercer nuestro trabajo o, de no ser así, exonerar o teletrabajar sin pagar nosotrxs con nuestro salario su incompetencia malintencionada... En última instancia, se materializaba en las distintas plataformas, el acuerdo de CCOO-UGT-CEOE sobre los ERTE a destajo como única salida al conflicto. Se materializaba, de forma más dura aún de asumir, que la mayoría de los llamados sindicatos alternativos soterradamente defendían la misma salida. Tuvo que venir la policía después de una semana para obligar a Atento a dejar una separación de un puesto e imponer los geles desinfectantes, dejar las puertas abiertas, etc. Seguíamos sin mascarillas ni guantes ni desinfección diaria de puesto u office aunque ya había dos trabajadorxs infectadxs».

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«Desde el lunes 30 de marzo teletrabajo perdiendo garantías laborales debido a que yo pongo todos los medios: ordenador, pantalla, teclado, luz, silla, ADLS... Otra pérdida de derechos ganada por la patronal. Además, te monitorizan el ordenador y para el control del trabajo a distancia hicieron un grupo de wasap en donde nos van diciendo las directrices del servicio y donde tú indicas cuando te vas de descanso y demás menesteres».

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«Cuando comienzan las urgencias a llenarse con enfermxs COVID19, una semana antes de decretar el Gobierno el estado de Alarma, nos reúne la supervisora y nos indica que la unidad de consultas donde yo trabajo se va a desmantelar y que se realizarán 3 equipos- formados cada uno por médicx, enfermera y auxiliar- solo para las urgencias propias de mi especialidad. Finalmente, la realidad de los casos de COVID19 fue tan apabullante que los equipos se redujeron a uno, el resto se trasladaron para cubrir los casos de COVID19 en las plantas que estaban cerradas y que se tuvieron que habilitar por la avalancha de enfermxs COVID19. ¿Cuál fue el criterio utilizado por el hospital para que salieran unxs compañerxs y no otrxs? Muy sencillo, primero saldrían lxs de contrato eventual, después lxs interinxs dependiendo de su antigüedad en el servicio y, finalmente, lxs fijxs aplicando también el criterio de dicha antigüedad.
La incertidumbre y la preocupación se centran ahora en lxs compañerxs- médicxs, enfermerxs, auxiliares, celadorxs- con contratos y condiciones precarias. En principio, si se reduce el número de pacientes, de consultas en planta, de intervenciones, no les renovarán. Compañerxs con contratos cada tres meses y que llevan así años».

CUIDADOS Y CUERPOS

«He descubierto que las rutinas ayudan, y mucho. Al principio empiezas con deseos de organizar, organizar todo, armarios, cajones, libros…  y  de limpiar, limpieza general, hay que ocupar el tiempo. Pero poco a poco vas perdiendo ese interés y vas entrando en la desesperanza. Y entonces aparecen las rutinas. Entre otras (ejercicio por la mañanas, lectura, teléfono, vídeollamadas (¡ahhh! los amigos), circuito casero, …) el ganchillo, un visillo que empezó mi madre y no pudo terminar. Lo encontré en una de esas mañanas de ordenamiento general de armarios. Lo dejé a la vista y una tarde conecté la radio y decidí  continuar. He descubierto que me relaja, me conecta con ella, me impide pensar y,  sí, me ayuda a desconectar un tiempo de esta pesadilla».

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«He vivido este confinamiento como un retorno a mí. Para mí ha sido un toque de atención y un periodo de reflexión en cómo estaba tratando mi tiempo, mi cuerpo y mi atención en los últimos meses. Mi vida ha dado un parón en seco, he pasado de levantarme a las seis y no parar y volver a entrar en casa ocho o diez horas después, a no salir de casa en prácticamente un mes y medio. A esto se ha unido, familiares a cargo enfermos y cuestiones personales por resolver. Así que los primeros quince días fueron un proceso personal muy duro de tristeza y reflexión. Pero también debo reconocer que me he llegado a sentir egoísta porque al final, cuando creo que he logrado superar ese periodo, siento que ha sido,  o está siendo positivo para mí, en mi proceso personal».

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Poco a poco vas perdiendo ese interés [por las noticias de la pandemia] y vas entrando en la desesperanza. Las noticias informan pero  desinforman.  Dejas de verlas  y de  escucharlas. Ya da igual. No hay certezas. Todo es incertidumbre. No ves la salida. Y ahí empiezan a intentar mandar las emociones. Los ojos se enrojecen y las lágrimas  aparecen fáciles. Procuras que no te vean para no contagiar y tratas por todos los medios de salir de esa situación».
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«Era una preocupación y una vulnerabilidad constante tanto en lo profesional como en lo personal. Un tobogán de emociones, de sentimientos a flor de piel... Una de mis mejores amigas me llamó preocupándose por mí y me dice que está infectada pero solo con fiebre, que se encontraba bien. A los pocos días está ingresada con CPAP (respirador), derivada a pre-UVI, muy grave. Esta es la beligerancia de este virus, pero parece que todavía no somos conscientes».

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Para acabar esta reflexión, dice Rita Segato que las mujeres nos hemos autorizado más que los hombres a entretejer el pensamiento con la vida. Puede ser, en todo caso estos fragmentos nos traen un vendaval de vitalidad de personas que ponen la Vida en el centro.

Laura Vicente

[1] Hay muchas autoras que desde diferentes disciplinas afrontan esta contradicción que impulsa el capitalismo, menciono las tres que más me han influido en mi manera de ver este tema: Amaia Pérez Orozco, Rita Segato y Rosi Braidotti.
[2] Rita Segato (2018): Contra-pedagogías de la crueldad. Buenos Aires, Prometeo Libros.


jueves, 23 de abril de 2020

SUBVERTIR LA SOBERANÍA DEL HOMBRE EN TIEMPOS DE COVID.19



La crisis del Covid.19 está facilitando un regreso a los análisis y respuestas a la pandemia desde posiciones «neutras», soslayando la perspectiva de género[1], a través de mensajes afirmando que esta crisis nos afecta a todos por igual, que tenemos que luchar unidos, etc. Más negativo si cabe es que en el espacio libertario también se hagan llamamientos a la confluencia anticapitalista buscando una añorada unidad de «sujeto» único en el camino de la transformación social.

Los feminismos hace mucho que criticaron la concepción unitaria, hegemónica y de motor de la historia del «sujeto Hombre» (en mayúscula por su equivalencia con lo Uno) y de su pretendida universalidad, que ha privilegiado lo masculino. La soberanía humanista clásica declaró al Hombre como medida de todas las cosas, olvidando el sexismo (y otras formas de dominación) que implicaba dicha postura.  El poder de imponer a las personas representaciones de sí mismas o de «otros» en su nombre, tiene un contenido opresor que nos ha costado mucho tiempo ver y cuestionar. No podemos retroceder en este terreno.

Como decía, esta época mediatizada por el Covid.19 nos está mostrando cómo, una vez más, no se tienen en cuenta los impactos de género que provoca la enfermedad. Si no logramos analizar esta pandemia desde la perspectiva de género pueden agravarse las desigualdades preexistentes, se pueden ampliar brechas y reforzar estereotipos y roles de género.

En la línea de subvertir la soberanía del Hombre y adoptar una visión basada en la alteridad, es decir, en los «otros» del sujeto unitario, veamos algunos aspectos invisibilizados de los cuerpos sexualizados de las mujeres[2] cuando se aborda el Covid.19 desde posiciones neutras.

En primer lugar existen diferencias en la mortalidad y vulnerabilidad a la enfermedad entre hombres y mujeres que no se tienen en cuenta. La enfermedad afecta por igual a todas las personas, sin embargo mata más a los hombres (del total de muertos por Covid.19 en mayores de 70 años, el 59 % son hombres). Este dato resulta más sorprendente si pensamos que la población masculina de esta edad apenas representa el 42 % del total. Esta mayor mortalidad está vinculada al hecho de que las enfermedades con más riesgo (enfermedades pulmonares obstructivas, enfermedades cardiovasculares e hipertensión) afectan más a los hombres por causas naturales (factores genéticos y biológicos) y sociales (hábitos de vida).

El Covid.19 manifiesta su impacto con nitidez en la esfera laboral en la que  las mujeres parten de una situación peor que los hombres en el mercado laboral. Las mujeres tienen un mayor porcentaje entre el colectivo de trabajadores/as a tiempo parcial (3 de cada 4 de estos trabajos están ocupados por mujeres) y de trabajo informal (precario y de baja remuneración), sectores en los que se están produciendo despidos masivos. en muchos casos sin prestaciones, o miles de ERTEs. Las mujeres sufren mayores desigualdades laborales con una brecha salarial en España del 23 %, una mayor explotación en sectores esenciales altamente feminizados y un predominio claro en actividades sanitarias y de servicios sociales. Miles de mujeres se exponen cada día al contagio al viajar a su puesto de trabajo en la limpieza o los supermercados, hoy consideradas actividades esenciales pero siempre infravaloradas por el sistema capitalista patriarcal.

La influencia del Covid.19 se dispara en la esfera de cuidados que manifiesta contradicciones ya existentes pero agravadas ahora. Las mujeres proporcionan la mayor parte de la atención de cuidados en la familia y están asumiendo en el confinamiento  una mayor carga en las tareas domésticas, cuidado de menores (incrementado por el cierre de los centros escolares) y de mayores (debido al cierre de centros de día o de personas asalariadas que han abandonado su trabajo por temor al contagio). Por otro lado, no son pocas las empleadas de hogar (muchas de ellas migrantes sin papeles) que han sido expulsadas de su trabajo durante estos días y que quedan en una situación de vulnerabilidad extrema. El teletrabajo en viviendas pequeñas y con menores en casa se convierte en un problema para muchas mujeres que tienen que compatibilizar el trabajo asalariado con los cuidados.

Por último, pero no menos importante, el Covid.19 ha incrementado el riesgo de que algunas mujeres sufran violencia de género por un confinamiento que las obliga a convivir las 24 horas con su maltratador.

Esta situación que, como es fácil observar, poco tiene de neutral y mucho de específico para las mujeres, abre múltiples interrogantes: ¿pueden infectarse más mujeres por su papel predominante como cuidadoras en las familias y como personal de atención sanitaria? ¿En qué medida los roles de género pueden verse reforzados por la pandemia? ¿La pérdida de puestos de trabajo afectará a su autonomía económica e incrementará su vulnerabilidad? ¿Podemos retroceder en logros alcanzados como ha ocurrido en otras crisis sanitarias y/o económicas? ¿Los recursos e inversiones realizadas en reducir las desigualdades de género pueden pasar a ser consideradas secundarias ante la urgencia sanitaria? ¿Las mujeres tenemos probabilidades de tener influencia para tomar decisiones sobre los efectos de la pandemia?

Como decía en un artículo anterior, tenemos que transformar el miedo en deseo de resistencia y en la construcción de recursos de acción partiendo de lo que tenemos a nuestro alrededor y contando con nuestras realidades cotidianas. Los feminismos ya han sido ejemplo de una práctica social transformadora y radical con luchas locales y, sin embargo, globales en su inspiración y en su alcance. Han sido capaces de indagar y teorizar sobre múltiples temas para desarmar la feminidad patriarcal y, sin embargo, han sido también movimientos inclinados a la práctica. Han construido espacios de resistencia antiautoritarios y profundamente políticos hasta el punto de haber politizado la vida cotidiana y toda la esfera de lo personal.

El patriarcado, el capitalismo, el racismo, el sexismo, lo sufrimos las mujeres en los cuerpos, Deleuze dice que un poder es aquello  que siempre separa  un cuerpo de su potencia de actuar. Sea micro o macro-poder, todo poder se ejerce en última instancia sobre los cuerpos, desde ahí debemos responder a los desafíos de este tiempo. La disciplina de la biopolítica, hoy llevada al extremo del confinamiento, se propone obtener cuerpos útiles en lo económico y dóciles en lo político. Desobedezcamos ese mandato.

Busquemos la potencia de actuar sin por ello dejarnos guiar por convergencias anticapitalistas nostálgicas del pasado y de falsos universalismos que invisibilizan la multiplicidad de situaciones de opresión y dominación. Potencia de actuar, pero no guiadas por una globalidad abstracta sino por acciones concretas en situación: esos aplausos del personal médico al personal de limpieza, de consumidoras a dependientas de supermercado y tiendas de productos de alimentación, de mujeres que proporcionan salud a mujeres vulnerables. Esa solidaridad potencial debería encontrar el camino para transformarla en grupos de trabajadoras, consumidoras, cuidadoras de primera línea que junto con los otros sectores vulnerables de esta crisis sanitaria y económica (población de mayor edad, migrantes, trabajadores despedidos y precarizados, personas racializadas, etc.) nos lleve a ocupar el espacio público vacío por el confinamiento (aunque vigilado por los cuerpos policiales) y lo hagamos nuestro como espacio antiautoritario de protesta y rebeldía.

 Laura Vicente




[1]Utilizo género como categoría analítica que me facilita un vocabulario y me permite identificar las normas que pautan la vida social. Cuestiono, sin embargo, el carácter fijo del género como referencia o pauta porque entra en contradicción con la fluidez de la vivencia humana que permite a toda persona vivenciar tránsitos afectivos, sexuales, de comportamiento y sociales mucho más libres. Esta reflexión la tomo de Rita Segato (2018): Contra-pedagogías de la crueldad. Buenos Aires, Prometeo Libros, p. 28.
[2] Convendría hacer lo mismo con los cuerpos racializados y otros aspectos como los cuerpos en función de la edad, etc.