Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt
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martes, 23 de enero de 2024

ENTREVISTA A LAURA VICENTE VILLANUEVA ACERCA DE SU LIBRO «TERESA CLARAMUNT, PIONERA DEL FEMINISMO OBRERO ANARQUISTA»

 


Teresa Claramunt nació en Sabadell en 1862 y desde niña trabajó en la industria textil por lo que experimentó en primera persona las jornadas extenuantes, los bajos salarios, las pésimas condiciones laborales y los conflictos sociales. Desde muy joven inició su activismo en pro del anarquismo y la defensa de las mujeres, temas fundamentales a lo largo de su trayectoria como propagandista, junto con el anticlericalismo, el acceso a la cultura o el antimilitarismo. Su falta de formación académica no impidió que sus mensajes, tanto en sus discursos como en sus escritos, apelaran a mucha gente que se sentía reconocida, valorada y defendida. A pesar de ser objeto de constante persecución, nunca abandonó la lucha por lo que calificó como “una sociedad más justa, más bella, más humana, que hemos dado por llamar la sociedad anarquista, ácrata o libertaria”; incluso enferma e inmovilizada, hasta el fin de sus días (11 de abril de 1931), estuvo difundiendo entre quienes la visitaban el ideal anarquista.

Pero este libro es más que una biografía al uso centrada exclusivamente en la vida del personaje. A partir de Teresa Claramunt, su autora nos adentra en el convulso contexto social y político de la época, marcado por las luchas obreras y las huelgas generales, y nos ofrece un panorama del papel del sindicalismo anarquista, la represión, la cárcel o las deportaciones que sufrieron diferentes figuras del movimiento libertario, entre las que se encontraba la propia Claramunt.

Laura Vicente es doctora de Historia Contemporánea por la Universidad de Zaragoza, catedrática de esta disciplina en Enseñanza Secundaria y especialista en la historia del anarquismo, el movimiento obrero y las luchas de las mujeres. En esta línea, ha publicado Sindicalismo y conflictividad social, Zaragoza 1916-1923 (1993), Historia del anarquismo en España: utopía y realidad (2013), Mujeres libertarias de Zaragoza: el feminismo anarquista en la Transición (2017), Mujer contra mujer en la Cataluña insurgente: Rafaela Torrents (1838-1909) y Teresa Claramunt (1862-1931) (2018) y La Revolución de las palabras: la revista Mujeres Libres (2020).

¿Cómo te surgió la idea de adentrarte en la vida de Teresa Claramunt y por qué elegiste a este personaje para narrar toda una época de luchas, fracasos, represiones…?

Me «encontré» con Teresa Claramunt cuando investigaba el sindicalismo zaragozano para la Tesis Doctoral. Esta mujer había sido desterrada a Zaragoza a raíz de la Semana Trágica en Barcelona. Leyendo la prensa de octubre de 1910 encuentro la noticia de su participación en un mitin para tratar de las huelgas de aquellos días. De su intervención me llamó la atención su interpelación a los hombres respecto a las pocas mujeres que asistían al mitin y a la necesidad de poner en marcha una revolución de las costumbres empezando por los hogares. Esa «imagen» de Teresa Claramunt en el estrado y esa idea de la revolución doméstica no la olvidé.

El trabajo y la crianza de dos hijos me apartaron de la investigación durante más de diez años y cuando volví a ella tuve muy claro que quería hacer una biografía de aquella mujer que no había olvidado: Teresa Claramunt.

La Tesis Doctoral se centraba en los años veinte del siglo XX y di un paso hacia atrás en el tiempo histórico puesto que Claramunt nació en 1862. El sindicalismo y el anarquismo del último tercio del siglo XIX me conducían al que había investigado en la Tesis, así que todo parecía encajar.

En el título de tu libro la defines como pionera del feminismo obrerista anarquista, puedes decirnos qué caracteriza a este feminismo frente al convencional.

De entrada, remarcar que no se definió como feminista que identificaba con sufragista. Ese feminismo lo cuestionó por burgués, por su posición contraria a la vía electoral, y por posicionarse en contra de la lucha contra los hombres.

Claramunt consideró que el feminismo burgués descuidaba la «dignificación» de la mujer obrera y que entendían la emancipación femenina como «libertad relativa, ficticia», formal (tan solo ante la ley).

Pese a no asumir el término «feminista» por lo que acabo de señalar, se decantó hacia posiciones que denominamos de feminismo social frente al feminismo de la igualdad. Es un planteamiento mayoritario en Europa ya que el planteamiento de la igualdad ante la ley solo de desarrolló en los países anglosajones. El feminismo social se basaba en dos características:

1ª La diferencia de género: este feminismo aceptaba las distinciones entre los sexos, tanto biológicas como culturales, y la existencia de una naturaleza femenina diferente a la masculina que estaba en la base de la división sexual del trabajo y de las funciones diferenciadas dentro de la familia y la sociedad. Pese a ello este planteamiento era feminista porque reclamaba los derechos de las mujeres considerando que el hecho de contribuir a la sociedad de manera diferente no tenía por qué suponer la desigualdad con los hombres.

2ª Los objetivos principales del feminismo social eran el acceso a la educación (el término utilizado era el de «capacitación»), considerado como un pilar de la inferioridad y discriminación de la mujer que fomentaba los prejuicios, la ignorancia y el fanatismo religioso. Entendida, sin embargo, como educación integral podía ser un elemento clave para su emancipación. El segundo objetivo era el acceso al trabajo asalariado: partían de que las mujeres estaban explotadas como los hombres, ganando un salario inferior. La mayoría de las mujeres tenían trabajos sin cualificación, mal remunerados y sufrían abusos sexuales en los lugares de trabajo. Y, además, tenían que hacer las faenas domésticas cuando llegaban a casa.

El reconocimiento de que la esclavitud de la mujer venía de la dependencia económica del hombre llevó a Claramunt y otras mujeres a señalar que el salario podía ser un factor liberador para las mujeres dotándoles de autonomía económica. Algo que no les impedía seguir cuestionando la explotación que sufrían como obreras.

Por último, la dominación de las mujeres no se daba solo en el taller y en la fábrica sino que se daba en el espacio íntimo de la pareja (espacio doméstico). Claramunt consideraba que las mujeres debían poner en marcha una auténtica revolución doméstica basada en una dura crítica al matrimonio y la familia burguesa, siendo partidaria de las uniones libres.

Al feminismo social se añadía desde el anarquismo la conciencia de clase puesto que eran partidarias de acabar con el capitalismo y la sociedad de clases. Solo con la revolución social se produciría una especie de equilibrio entre la naturaleza femenina y masculina que lograría el fin de las discriminaciones.

Se trata, por tanto, de un feminismo social, obrerista y con influencia anarquista en cuestiones como la sexualidad, la defensa de la libertad, del humanismo integral, la democracia directa, el antipoliticismo, etc.



En este periodo histórico nos relatas los enfrentamientos que hubo entre el anarco-colectivismo y el anarco-comunismo y cómo Claramunt transitó del uno al otro. Nos puedes explicar las diferencias entre ambos y por qué estas tensiones.

Teresa Claramunt más que transitar de uno al otro por criterios propios, podríamos decir que fue colectivista porque lo eran las sociedades obreras que conoció en Sabadell y luego pasó a ser anarcocomunista cuando la mayoría de estas sociedades obreras lo fueron. No es un tema que le preocupara y no tengo constancia de que hablara o participara en el debate que fue intenso a finales del siglo XIX.

Respecto a los enfrentamientos dentro del anarquismo, el colectivismo es una escuela de pensamiento que aboga por la abolición de la propiedad estatal y privada de los medios de producción, ya que prevé que estos sean de propiedad colectiva, controlados y autogestionados por los propios trabajadores y trabajadoras. Una vez que se lleve a cabo la colectivización, el dinero sería abolido y los salarios de los trabajadores se determinarían en organizaciones democráticas en función de la dificultad del trabajo y la cantidad de tiempo que contribuyen a la producción. Estos salarios se utilizarían para comprar bienes en un mercado comunal.

El anarquismo colectivista se enfrentó con el anarcocomunismo, porque este último defiende la abolición de los salarios y los individuos tomarían libremente de un almacén de bienes siguiendo el principio de “a cada uno según su necesidad”, frente “a cada uno según su trabajo.

En la práctica el colectivismo confiaba en las sociedades obreras y en la huelga ordenada y disciplinada, mientras el anarcocomunismo era partidario de la organización a través de grupos de afinidad y planteamientos más radicales.

El anarquismo colectivista fue la tendencia dominante del anarquismo en el siglo XIX hasta que el anarcocomunismo tomó su lugar.
 
La fama y popularidad que Claramunt alcanzó en Cataluña ¿se extendió a otros lugares de España ―más allá de Andalucía y Zaragoza, que mencionas en el libro―? ¿Llegó a tener relevancia internacional?

Desde luego donde su fama e influencia fue mayor fue en Cataluña, pero vivió en diversos lugares o recorrió muchos lugares dentro de campañas de propaganda. Su figura era conocida y tenía mucho prestigio.

En el ámbito internacional, Claramunt fue conocida en algunos países como Inglaterra o Francia por sus exilios obligados. Relevancia internacional quizás es un exceso, pero fue conocida fuera de las fronteras españolas.
 
“Los anarquistas decidieron bajar del palomar” y “El regreso del anarquismo a su torre de marfil” son los títulos de dos capítulos del libro en los que muestras dos posturas tácticas del anarquismo, ¿en qué situación consideras que se encuentra el anarquismo en este momento? ¿Su llama está viva a nivel de calle o está encerrado en sí mismo y sus certezas?

Es una pregunta difícil de responder. Me parece que la situación del anarquismo en la actualidad es compleja porque no está sabiendo interpretar de forma clara las transformaciones que se están produciendo. La práctica para el anarquismo es fundamental porque de ahí se derivan sus planteamientos teóricos, pero dicha práctica se vincula aún al sindicalismo y este mantiene estructuras organizativas y formas de lucha del siglo pasado poco adaptadas al siglo XXI. El hecho de que los mayores esfuerzos sigan vinculados a un sindicalismo necesitado de renovación provoca una escasa presencia en otros ámbitos y una pobreza en los análisis de lo que está ocurriendo. Esta situación influye en que sea difícil salir de las disputas internas tan habituales en el movimiento libertario.

El lado positivo es que existe una diseminación de ideas ácratas en movimientos que no se reconocen como tales y que nos permite concebir la esperanza de que hay una polinización que tendrá sus frutos.
 
En Teresa Claramunt se produjo con el tiempo un cambio ideológico respecto a los obreros y llegó a menospreciarlos por centrarse exclusivamente en peticiones de salario o jornada laboral, y carecer de una perspectiva revolucionaria. ¿Qué supones que pensaría de la clase trabajadora actual, de su situación laboral en clara regresión y de su sumisión al orden establecido?

Sí, es cierto que paso de una confianza en la actividad sindical a una desconfianza, provocada por los fracasos de huelgas importantes y por la oleada de atentados, en la capacidad de revuelta de la clase trabajadora. Eso la llevo a pensar que una minoría muy activa (una especie de vanguardia) podía desencadenar un proceso de transformación social que arrastraría a la masa obrera.

¿Qué pensaría hoy? Pues que sus suposiciones respecto a la tendencia al conformismo y al reformismo de la clase trabajadora eran acertadas. Lo que seguro que nunca pudo imaginar es cómo la clase trabajadora ha sido seducida por el consumo.
 
De nuevo has escrito sobre Teresa Claramunt en Mujer contra mujer en la Cataluña insurgente, en donde comparte protagonismo con Rafaela Torrents. ¿Quién era esta mujer y por qué decides confrontar las dos biografías? Parece evidente que, dada la procedencia de clase de cada una, sus vidas fueron muy diferentes, pero ¿has encontrado semejanzas entre ambas mujeres y sus experiencias vitales?

Rafaela Torrents era una mujer de clase acomodada que se casó con un indiano enriquecido (con la trata de esclavos y con el comercio) que les permitió comprar un título nobiliario a la monarquía española. Una familia de gran poder económico en la Barcelona de finales del siglo XIX y principios del XX. Mi idea con este libro era contrastar la vida de dos mujeres catalanas en la sociedad de la época. Muchas veces se observan mejor las desigualdades desde lo que no tienen las clases populares respecto a las altas. Sus vidas fueron radicalmente diferentes en múltiples aspectos: vivienda, alimentación, ropa, maternidad, acceso a la cultura y la educación, etc.

Semejanzas muy pocas: las dos eran catalanas, vivían en Barcelona en la misma época y poca cosa más. El abismo que las separaba era inmenso… de eso trata el libro.
 
Indudablemente, son muchos los valores que encarna Teresa Claramunt, como su conciencia feminista, su capacidad para sobreponerse a las adversidades o su compromiso infatigable, ¿cuál crees que es la principal enseñanza que podemos extraer en la actualidad de una personalidad inspiradora como la suya?

Teresa  Claramunt es representativa de un momento histórico en el que las personas más activas dentro del ámbito anarquista, y llegaron a ser muchas, elegían comprometer su propia individualidad en un activismo cuyas consecuencias no tenían en cuenta y que les podía llevar a la cárcel, la tortura o la muerte. La batalla en la que se enzarzaban era un compromiso diario en el que lo sacrificaban todo como personas porque su apuesta personal se identificaba con la batalla de toda la comunidad.

Desde mi punto de vista, la inspiración puede proceder de su capacidad crítica que la llevo a evolucionar en su manera de entender el anarquismo a lo largo de su vida y en segundo lugar, la importancia que dio a la transformación del ámbito privado en el que supo ver una politicidad femenina distinta a la masculina. Distinta no por esencia de los cuerpos sino porque masculino y femenino son historias diferentes que ella supo detectar muy bien (sobre todo en su folleto “La mujer” auténtico manifiesto del feminismo anarquista). Y en tercer lugar, la consecuencia, no exenta de errores, con la que afrontó su vida personal y su activismo.

¿Crees que la sociedad es consciente de lo que hicieron las generaciones que nos han precedido, de sus intentos porque alcanzáramos una vida mejor? ¿Cómo y desde qué ámbitos se puede transmitir y poner en valor a esas figuras, como Claramunt, comprometidas y en constante lucha por un ideal?

No, no creo que seamos conscientes de la genealogía de lucha que nos precede. Y no es así porque los “guardianes” de esa memoria, seleccionan aquello que consideran importante para mantener una sociedad de clases, basada en la dominación, jerarquizada, patriarcal y sumisa al Estado, sus instituciones y sus leyes. ¿Por qué sino denominan a la memoria como “democrática”?

Desde la academia (universidades y otros organismos) poco podemos esperar de unas investigaciones que requieren becas y ayudas económicas y de las que depende muchas veces el puesto de trabajo.

El ámbito libertario hace lo que puede para recuperar y difundir esa genealogía de lucha (la propia FAL es un ejemplo) pero no puede competir con el relato de una memoria que excluye, difama y difunde “basura antilibertaria” que se prolonga hasta la actualidad. El propósito fue, y es, invisibilizar toda la obra constructiva, innovadora y transformadora del movimiento libertario y anarquista, de esa manera, solo quedará que muera el recuerdo de aquello que puede producir efectos sobre el presente. Descargar, desde el poder político, mediático y académico, toda esa “basura antilibertaria” contra unas experiencias emancipadoras que es mejor enterrar, para que, desde el presente, no se puedan percibir posibles futuros y nos conformemos con sus pobres proyectos “progresistas”, versión mitigada del despliegue neoliberal que no pueden ocultar. Si nos prohíben el futuro, el pasado solo se repite una y otra vez bajo la forma de la nostalgia y la retromanía.

Esto no anula que hagamos todo lo posible para que esto no suceda, pero francamente, no soy muy optimista porque en lugar de unir fuerzas, el ámbito libertario, hoy, sigue empeñado en enfrentamientos y luchas internas que no favorecen la ingente tarea de recuperación y difusión de esta genealogía que no debe estar movida por la curiosidad o la nostalgia por el pasado sino por la preocupación por el presente.  
 
He mencionado antes que, según tu libro, Teresa Claramunt se decepcionó con los obreros y su falta de conciencia revolucionaria, igualmente cuentas que acabó alejada de fuerzas liberales con las que no tuvo problemas en confluir en sus comienzos de activista, marginada de la militancia anarquista por cuestiones relacionadas con su pareja sentimental, perseguida, enferma a consecuencia de su paso por la cárcel y sin recursos económicos. ¿Cómo es posible que soportara todo esto sin perder el entusiasmo y el amor por la anarquía? ¿Luchar era una cuestión de fe o para ella fue la única salida digna ante la miseria material y moral de su época?

Creo que ya he contestado a estas dos preguntas: la lucha para ella y para gran parte del movimiento libertario y anarquista era un compromiso diario en el que estaban dispuestas a sacrificarlo todo como personas porque su apuesta personal se identificaba con la lucha comunitaria. No creo que la miseria material lo explique todo, hoy hay en el planeta mucha población en situación de profunda miseria y no optan por la lucha colectiva o tan solo puntualmente. Me parece que las ideas cumplieron un papel movilizador que supo entroncar con la situación de miseria material y hoy nos cuesta mucho centrarnos en esa conexión práctica/teoría.

Carmen

Teresa Claramunt, pionera del feminismo obrero anarquista, ha sido escrito por Laura Vicente Villanueva y publicado por la Fundación Anselmo Lorenzo en 2006 en su colección Biografía y Memorias.

Entrevista tomada de https://fal.cnt.es/entrevista-a-laura-vicente-villanueva-acerca-de-su-libro-teresa-claramunt-pionera-del-feminismo-obrero-anarquista/

 

jueves, 23 de septiembre de 2021

 

Laura Vicente es doctora de Historia por la Universidad de Zaragoza y catedrática de historia de la enseñanza secundaria. Es especialista en historia social e historia de la mujer, especialmente de España. En línea con el especial interés que tiene por las iniciativas sociales de raigambre anarcofeminista y por los movimientos sociales, ha publicado obras como Historia del anarquismo en España (2013), Mujer contra mujer en la Cataluña insurgente: Rafaela Torrents (1838-1909) y Teresa Claramunt (1862-1931) (2018) o La revolución de las palabras: La revista Mujeres Libres (2020). Actualmente también imparte algún curso sobre la organización Mujeres Libres en el espacio Crisi de Barcelona y Forma parte del equipo de redacción de la revista Libre Pensamiento que edita CGT y de la revista de historia XIX y veinte.

 ¿Por qué te interesaste durante tu trayectoria por el anarquismo y, concretamente, por el anarcofeminismo? ¿Qué llegó antes a tu vida, el anarquismo o el feminismo?

 

Como historiadora, el anarquismo me interesaba, pero lo que me interesó realmente fue el tema de la conflictividad y el sindicalismo. Ese fue el punto de interés inicial cuando tenía que hacer la tesina, pensé en hacer un trabajo sobre la huelga general de 1917. Luego, como aprobé las oposiciones, ya no necesitaba la tesina y, partiendo ya del conflicto de la huelga, lo amplié al sindicalismo y la conflictividad. El período que me gustó fue el previo a la Segunda República, porque, en el momento en que yo estaba estudiando, a todo el mundo le interesaba la etapa de la Segunda República y la guerra civil. Era el gran tema y generaba además mucha polémica y enfrentamiento (sigue sucediendo lo mismo pero en aquella época era mucho peor) y yo no me quise meter en ese arenal. Me fuí a los años 20’ porque de alguna manera había que entender eso para entender lo que ocurrió después. Y entonces, como digo, me interesó indagar exactamente en el sindicalismo. El sindicalismo que se conocía más fue lógicamente en Barcelona y en alguna otra ciudad, como en Madrid, y me generaba mucha curiosidad de ver si realmente el sindicalismo de ciudades no tan grandes respondía a la misma dinámica y características que el sindicalismo de estas ciudades. Finalmente vi que no era así. Y un poco la tesis doctoral se desarrolló en ese ámbito, allí salía el anarquismo, evidentemente, pero era más importante el sindicalismo desligado del anarquismo.

 

El feminismo me interesaba desde el punto de vista personal, porque yo ya estaba involucrada en ello. Dado que lo que estaba haciendo era partir de cero, ya que no había nada estudiado sobre esos años y sobre ese tema, el tema era inabarcable y el tema del feminismo no lo traté. Pero allí me encontré con una mujer, de pronto, que era Teresa Claramunt, que llegó a Zaragoza expatriada por su participación en la Semana Trágica, en un mitin hablandole a unos trabajadores hombres que estaban en huelga, y empezaba a interpelarles, preguntándoles que dónde estaban sus mujeres, sus hermanas, sus compañeras, etc. Entonces me imaginé a esa mujer delante de un auditorio totalmente masculino echándoles semejante bronca y se me quedó, hasta tal punto que cuando volví a investigar tenía que ser sobre Teresa Claramunt.

 

Por tanto, el recorrido fue este: el sindicalismo, luego el anarquismo y finalmente el feminismo, que ha ido creciendo.

¿Podrías aclararnos qué diferencia el anarcofeminismo del anarquismo y del feminismo en general? En otras palabras, qué lo caracteriza.

 

Es una pregunta súper complicada. Primero tenemos que diferenciar entre lo que es “anarquía”, “anarquistas” y “anarquismo”. La anarquía sería la imaginación utópica. Por decirlo de una forma poética, sería el espacio o espacios de invención, de evasión, que perforan en cierta manera la compacidad de la realidad. Eso genera la ilusión de un sistema diferente, de otro mundo posible. Claro, los anarquistas y las anarquistas son personas concretas que abrazan ese ideal del que estamos hablando, la anarquía. Y dentro de ellos/ellas hay de lo más diverso y diferente: hay pacifistas, hay gente que utiliza la violencia, agnósticos, creyentes, ateos… Y, finalmente, el anarquismo incluiría las ideologías y los movimientos que han reunido a personas tras ese ideal anárquico. Digamos que el anarquismo llegó a su culmen a finales del siglo XIX y principios del XX, al menos en España.

 

Volviendo a la pregunta, yo diría que dentro del anarcofeminismo, desde el punto de vista histórico, podríamos decir que las mujeres anarquistas de los años 30 tenían concepciones anarquistas bastante elementales. No eran mujeres que hubieran trabajado demasiado la ideología; tenían nociones anarquista muy sencillas. No lo digo como negativo, porque eran mujeres muy arraigadas a la realidad, a la gestión de la vida, a aspectos que yo creo que desde el siglo XXI valoramos más incluso que los planteamientos ideológicos. Y esto es lo que generará una evolución y un planteamiento diferente de la organización Mujeres Libres respecto al resto de movimiento libertario (la CNT, la FAI e incluso las Juventudes Libertarias). Ellas, de todas formas, no se consideraban feministas, porque asociaban el feminismo con el sufragismo, y el sufragismo lo consideraban como burgués. Se podría decir que defendían un feminismo de clase. De hecho lo que hicieron es algo muy actual, que es la interseccionalidad, es decir, cruzar la cuestión de género y la de clase (como mínimo estas dos cuestiones), y esto las diferenciaba del feminismo predominante de la época.

 

En la actualidad todavía es quizás más complicado de definir. No existe un anarcofeminismo como movimiento social actualmente. Un movimiento social lo entiendo como una red de grupos que comparten debates, reflexiones, actividades, campañas… Eso no existe hoy en España, y a nivel internacional también hay países donde el anarcofeminismo tiene cierta importancia, pero no hay coordinación internacional. Por lo tanto hablamos de grupos dispersos, que aquí están vinculados a la CGT y a la CNT y otros grupos que están


vinculados a ateneos o a casas okupas, pero muy a menudo no tienen contacto entre ellos o son esporádicos. Por todo ello es difícil caracterizar al anarcofeminismo en la actualidad.

 

Tiene coincidencias con el anarquismo, por ejemplo, en tres niveles: en cuanto a la acción política (acción directa, alternativas de base y búsqueda de redes comunitarias y de confrontación con el capital y el Estado), en cuanto a la organización (horizontales, pequeños grupos, que buscan el consenso) y en cuanto al lenguaje político (resistencia al capital, resistencia al Estado, al patriarcado y a todo aquello que sea jerárquico y que propugne la dominación social o política). Con los feminismos, el anarcofeminismo confluye con aquellos feminismos que coinciden con estas características que acabo de mencionar: que sean movimientos más de base, no institucionales, anticapitalistas, etc. Por poner un ejemplo más actual, las asambleas del 8M sería un poco (las que funcionan como tal) con las que hay más confluencia, o con tipos de movimientos como el movimiento LGTBI o planteamientos ecologistas. Pero claro, estas confluencias son relativas.

 Cuando apareció el anarcofeminismo, algunas iniciativas no tuvieron buena acogida por parte de los hombres del movimiento anarquista. Vemos, por ejemplo, en el libro que has publicado recientemente (La revolución de las palabras: la revista Mujeres Libres (2020)), donde se plantean los objetivos de la organización en cuestión, que no se veían como compatibles con el anarquismo más decimonónico. ¿Cuáles eran esos objetivos y por qué se veían como incompatibles?

 

A ver, cabe decir que sí que hubo hombres que vieron con buenos ojos la formación del feminismo anarquista, pero es verdad que mayoritariamente, y en las organizaciones sobre todo, pusieron bastantes dificultades a la constitución de este feminismo a través de una organización como fue Mujeres Libres y la propia revista. ¿Por qué? Pues porque no lo veían relevante. El movimiento anarquista estaba muy centrado en los temas de clase, aunque realmente las ideas del movimiento libertario son mucho más amplias, no centran todo en la explotación económica, sino que hablan de la dominación en general, que sale fuera de las fábricas, aunque realmente en esta época de fuerte crecimiento del anarquismo y del anarcosindicalismo estaban muy centrados en las cuestiones de clase. Entonces todo lo relacionado con la emancipación de las mujeres lo consideraban secundario, pensando que cuando llegara la revolución todo se solucionaría y el patriarcado caería por su propio peso.

 

Además acusaban a estas iniciativas de romper la unidad. Eso fue una cantinela bastante constante. La idea era que si las mujeres forman grupos propios iban a romper la unidad dentro de las tres organizaciones del movimiento libertario. Decir, igualmente, que dentro de las propias mujeres no estaban todas de acuerdo. Ya desde las pioneras: Teresa Claramunt era partidaria de formar grupos de mujeres y Teresa Mañé, que era la madre de Federica Montseny, era contraria, compartiendo igualmente la visión del feminismo anarquista. Y eso volvió a ocurrir durante la Segunda República y durante la guerra civil.

 

Yendo al tema de los objetivos, las mujeres anarquistas se sentían ninguneadas continuamente en las reuniones y actuaciones del movimiento libertario. Ellas sentían, y lo han dicho explícitamente cuando se ha entrevistado a las que todavía vivían hasta hace relativamente pocos años, el maltrato que recibían y sentían que les estaban quitando autoridad cuando hablaban y que se reían de ellas. Esto sucedía por parte de los hombres en la CNT y quizás también en algunos grupos de la FAI. Menos, no obstante, en Juventudes Libertarias y mucho menos en ateneos o en otro tipo de movimientos que no estaban relacionados con esas tres organizaciones. Digamos que ese maltrato y esa poca relevancia que se daba al tema de la emancipación de las mujeres las lleva, desde las pioneras, a intentar crear grupos y revistas solo de mujeres, para poder expresarse con tranquilidad, en espacios seguros, donde no serían ridiculizadas.

 

La revista Mujeres Libres se creó antes que la propia organización, precisamente porque tampoco se sentían muy seguras de poder impulsar un grupo potente. El objetivo de la revista, en palabras de Lucía Sánchez Saornil, que fue la principal agitadora y organizadora, pero siempre con el apoyo de Mercedes Comaposada y Amparo Poch, era que con la revista se quería crear una red de cordialidad. Se pretendió dar autonomía y capacitar a las mujeres, partiendo del hecho de que muchas de ellas eran analfabetas, y a partir de ahí intentar crear pequeños grupos alrededor de la revista basados en la cordialidad.

 

Desde mi punto de vista, la cordialidad es un programa político. Dentro del movimiento anarquista, si algo destaca, entre otras cosas, son los continuos enfrentamientos y disputas, quizás porque no hay nunca una organización jerarquizada, todo es asambleario y se discute. Pues estas mujeres lo que se plantean es salir de esa dinámica de tensiones y enfrentamientos y basarse en el afecto, en los vínculos personales. Es decir, un planteamiento político diferente.


Por ejemplo, las tres mujeres que he mencionada, las redactoras de la revista, se llevaban muy bien y sin embargo políticamente tenían muchas diferencias, tanto en el terreno político de cómo entender el feminismo como incluso en su identidad sexual, pero fueron capaces de dejar aparte esas diferencias e ir al objetivo, que era crear esos núcleos que con el paso del tiempo pudieran generar una organización capaz de luchar por la emancipación de la mujer. Pero claro, lo que pasa es que la revista se crea en mayo y en julio se produce el golpe de estado, estalla la revolución, la guerra civil, y todo se acelera. La organización se crea antes de lo que estaba prevista, en septiembre. Y el objetivo allí era muy claro, era la revolución entendida en esta doble dimensión, como revolución feminista y revolución de clase social.

 Un fenómeno del que queríamos preguntarte es acerca de cómo en una situación de guerra, la guerra civil, se consiguieron generar espacios de libertad para las mujeres, entrando en espacios públicos como con la revista Mujeres Libres que acabamos de mencionar. ¿Cómo fue eso posible? ¿Es casualidad que fuera durante esos años?

 

Mi perspectiva de la historia parte de que la historia tiene un planteamiento nodal, no lineal. Mayoritariamente los/las historiadores/as parten de que la historia es como una línea que va avanzando siempre en la línea del progreso, que siempre vamos a mejor, cosa que evidentemente es mentira y por eso se ha desplomado la modernidad (y por otras cosas). Con esta perspectiva lineal, de alguna manera, se selecciona aquello que se considera importante: los cambios económicos, los políticos y los sociales en menor medida. Todo lo demás, digamos, se escurre, se cae. ¿Qué pasa cuando ocurre una guerra? Pues que si esos son los cambios importantes, aparentemente, lo otro no encaja muchas veces con esa perspectiva de la línea recta que va avanzando. Esto pasa también con la revolución. La revolución convencional, como la que impulsaron en Rusia o incluso el movimiento libertario en España durante la guerra civil, es lo que llamamos una revolución modelizada, que tiene como objetivo un modelo de sociedad. Desde este tipo de revolución, cuando esta estalla hay que ir dando pasos hacia ese modelo.

 

La perspectiva nodal es diferente. Es como si fuera un red de pesca donde se forman rombos que constituidos por la unión de cuatro hilos. ¿Qué quiere decir? Que, a la vez, confluyen cuestiones muy diferentes y que pueden ser incluso contradictorias, pero que desde esta perspectiva todo es relevante, no hay algo que esté por delante y descarte lo demás. Así,


en la guerra civil, de la que normalmente nos dan una visión bastante tremebunda, podemos ver que se crean espacios de libertad, espacios de avance personal. Una situación en la que incluso la gente esté bien y recuerde la guerra como algo inolvidable porque fue posible actitudes positivas.

 

A mí me gusta mucho una cosa que dice Orwell en Homenaje a Catalunya, donde afirma que él, en España y en concreto en Barcelona, tuvo el sentimiento de haber entrado de repente en una era de igualdad y de libertad, en la cual la gente intentaba comportarse como personas y no como elementos de la maquinaria capitalista. Es decir, desde su perspectiva, a pesar de la violencia y persecución, se vivió una situación humanizada de la que le quedó buen recuerdo. No solo él, muchas de las mujeres de Mujeres Libres lo explican así, que vivieron una atmósfera mágica de crecimiento personal, ya no solo por la revista sino por el tipo de vínculos que establecieron entre ellas, etc.

 

Por ello, es factible desde esta perspectiva nodal decir que se generaron esos espacios de libertad para las mujeres. Eso es un poco lo que intenté desarrollar en el libro y en lo que sigo, esa revolución diferente a la del movimiento libertario, que en realidad duró solo unos meses. En cambio, la revolución que propusieron Mujeres Libres duró toda la guerra, y nadie la valoró, eran mujeres, estaban en la retaguardia y no se centraban en el tema económico y político.

 Sabemos que existía cierta relación de alianza con diferencias entre los sindicatos CNT y UGT. Comentas en el libro Historia del anarquismo en España (2013) que el anarcosindicalismo tuvo mayores resultados que el sindicalismo ugtista. ¿Por qué? ¿Qué aportaba el anarcosindicalismo frente al sindicalismo?

 

Digamos que la UGT practicaba un sindicalismo de gestión. Es decir, su idea del sindicalismo era crear un sindicato fuerte para negociar con los empresarios, intentando recurrir lo menos posible al conflicto y a la huelga. Cuanto más fuerte fuera el sindicalismo, más capacidad de negociación. Y en este planteamiento la idea es que los trabajadores fueran a golpe de pito, siguiendo y secundando lo que el sindicato dijera. Por otro lado, la UGT estaba vinculada a un partido. O sea, que va unido a un proyecto político, que es el del PSOE, en la línea de finales del siglo XIX y principios del XX, donde el partido predominaba sobre el sindicato, marcaba los objetivos y trataba de convencer a los/las trabajadores/as de que si el


partido crecía y llegaba al parlamento, podría sacar mejoras importantes para la clase trabajadora. El sindicalismo cumplía un poco esa función de proporcionar el apoyo al partido para que este consiguiera votos y lograra desarrollar el planteamiento de reformas legales para mejorar la situación de la clase trabajadora. Cabe decir que el PSOE, siendo aún un partido marxista, se consideraba representante de la clase trabajadora, no de otros sectores sociales como ocurre posteriormente.

 

Claro, el sindicalismo de la CNT no tiene nada que ver. Es radical y revolucionario, donde se considera la acción directa como la táctica sindical fundamental y su función no era gestionar nada, sino enfrentarse con los empresarios, con la patronal, y, en base a la presión (la huelga como elemento clave pero también otros recursos), imponer los objetivos que pretendía, sin perder nunca de vista que el último objetivo era la revolución como algo incluso inmediato, de ahí las huelgas generales revolucionarias. No está vinculado en absoluto con ningún partido político porque era contraria a la actividad política institucional y por ello no responden a ese modelo de conseguir mejoras en parlamentos a través de leyes. Eso supondría incluso reforzar el sistema. Si su objetivo es la revolución obviamente no pueden colaborar con el sistema, no puden colaborar con el Estado y el capital.

 

Lo habitual es que funcione más la fórmula del sindicalismo de gestión vinculado al partido, que es lo que pasa en seguida en gran parte de los países europeos. Pero aquí lo que ocurrió es que el intento de desarrollar un sistema político más democrático, con el Sexenio Revolucionario (1868-1874), fracasa y acaba desarrollándose el sistema de la Restauración, que duró mucho tiempo, de principios de los 70 hasta la Segunda República, que es un sistema liberal trucado. Realmente confiar en que el partido va a lograr mejoras en el Parlamento es una ilusión. Primero porque al partido le va a costar mucho conseguir un diputado, como ocurrió, que hasta principios del siglo XX el PSOE no consiguió un diputado y fue en coalición con los partidos republicanos, y, segundo, puesto que hay esa manipulación electoral y ese turno pacífico entre el partido conservador y el liberal, no van a gobernar nunca ni van a obtener mayorías importantes como para conseguir reformas políticas. Por tanto, el proyecto fracasa por ese lado. Pero es que también fracasa por el lado sindical. Porque la patronal es una patronal bastante agresiva, que no está por la labor de reconocer a los sindicatos y negociar con ellos, y por tanto la práctica sindical más moderada fracasa en gran parte. En cambio, el planteamiento de acción directa demuestra que logra más, por una cuestión de eficacia, y es lo que se demostró


a lo largo de los años 20, y por eso crecieron a diferencia de lo que estaba ocurriendo en otros países.

 Queda claro que las huelgas generales para la movilización de los obreros fue un recurso usual a finales del siglo XIX y principios del XX. ¿Qué importancia tuvo realmente dicha estrategia de movilización en España? ¿En qué han derivado, en tu opinión, las huelgas generales en la actualidad?

 

Desde luego la huelga general revolucionaria, cosa de la que la UGT no quería ni oir hablar, fue un mito movilizador tremendo, alrededor de la jornada laboral de 8 horas, que también estaba movilizada a través de la II Internacional en el ámbito socialista, pero que no se lo planteaban con ese carácter revolucionario. Es que aquí, cuando se empezaban a declarar huelgas en los años 90 del siglo XIX, se decía que se ponían en huelga hasta que no consiguieran la jornada laboral de 8 horas. Claro, no la conseguían, pero estaban 7, 8 o 9 días en huelga general, en unos sitios más extensa que en otros, que va además progresando a medida que ese sindicalismo movilizador va creciendo. Aquí destacaría la primera huelga general que abarcó a toda Catalunya en 1902. Fue tan espectacular y atemorizante para los empresarios que realmente empezaron a aprender incluso de las propias tácticas de los trabajadores. Por ejemplo, con lo del sindicato único, la Federación Patronal de Barcelona adoptó la misma forma y se organizó como patronal por ramas.

 

Realmente, fueron progresando a través de muchos fracasos, detenciones y ejecuciones. No fue fácil. Esto ya marcaría una diferencia con las pocas huelgas generales que se han producido en los últimos tiempos, no tiene absolutamente nada que ver. Por supuesto que también hay el peligro de perder el trabajo, pero es que entonces también estaba el peligro de ser detenido. La represión era terrorífica. No había en las ciudades policía (en el campo sí), salía el ejército. Cuando estallaba el conflicto de una huelga, inmediatamente se declaraban suspendidas todas las garantías constitucionales y el ejército salía a la calle con todo lo que tenía, cañones incluidos. En la huelga de 1902 los soldados acamparon en Plaza Catalunya orientando cañones en todas las calles que confluyan allí. Siempre había muertos, más las detenciones, ejecuciones, el Castillo de Montjuic… Estamos hablando de leyes especiales solo para los anarquistas, por ejemplo.


Cuando los sindicatos son más potentes, la primera huelga general relevante fue en 1916. La siguiente importante fue la del 1917. Todas esas huelgas mostraban que la oposición que tenía más fuerza contra la Restauración era el sindicalismo, y en concreto el anarcosindicalismo, y la respuesta represiva no era suficiente. Por tanto, en los años 20, que es la época de enfrentamiento más bestial, se dieron los grupos de pistoleros, ley de fugas, asesinatos de los dirigentes principales como Salvador Seguí, etc. Y la Federación Patronal financiaba todo esto en colaboración con el Estado y la Iglesia católica, con la creación de sindicatos católicos para romper las huelgas. Todo esto lleva al golpe de Estado de Primo de Rivera, que era capitán general de Catalunya. Inmediatamente con el golpe de Estado, quien felicitó primero, antes que nadie, a Primo de Rivera fue la Federación Patronal Catalana.

 

Y bueno, en relación a lo que preguntáis de las huelgas generales de ahora, pues es obvio. Primero lo que les cuesta a los sindicatos, sobre todo a los mayoritarios, convocarlas. Las últimas yo creo que fueron las del 15M porque ya les daba como verguenza, pero claro, era una jornada, intentando tener todo controlado. La diferencia está en que los sindicatos mayoritarios forman parte de las instituciones del Estado. Entonces, ¿cómo van a convocar huelgas de estas características? Es imposible.

 

 ¿Cuáles son las principales causas del desarraigo del movimiento anarquista en España?

  

La gran derrota de la guerra civil, por supuesto, y todo lo que eso supuso. La cantidad de muertos y toda la salida al exilio de miles de personas ya indica un debilitamiento importante. La posguerra fue durísima: se ejecutan prácticamente mas de 50.000 personas en casi 10 años. Esto desarticula a toda la izquierda. Los anarquistas tienen peor capacidad para adaptarse a la clandestinidad que por ejemplo el comunismo, porque intentan mantener aún una estructura organizativa horizontal. El partido comunista tuvo más capacidad de adaptación a la represión en general.

 

En los años 60’ empieza el desarrollismo económico y se sale un poco de la situación de miseria que vivía la clase campesina y trabajadora que, como decía Marx, no tiene nada que perder salvo sus cadenas. Pues empieza a no ser así, ya tiene algo más que perder. Entonces la clase trabajadora va perdiendo los planteamientos revolucionarios del período anterior. Finalmente, con la llegada de la democracia, esas ilusiones que no habían logrado fraguar en


los años 20 de que a través de la vía institucional se podían lograr mejoras, triunfa. La idea de que si votas a la izquierda esta logrará mejoras tiene más éxito en la clase trabajadora. Y ese sindicalismo de confrontación que comentábamos tampoco es tan eficaz. Todo esto hace que, sobre todo el anarcosindicalismo, realmente tenga muchas dificultades para crecer.

No me quiero olvidar de decir, de todas maneras, que durante la Transición sí que hubo un momento en el que pareció que podía crecer. En algunas zonas, como por ejemplo en Catalunya, tantos años de represión no habían podido extirpar la ilusión de la anarquía y, quién sabe, la formación de un sindicato anarquista de nuevo. Y la represión también del caso Scala contra el anarcosindicalismo de aquella época, que hay que tenerlo en cuenta porque desinfló la idea cuando estaba volviendo, con el royo de siempre de que los anarquistas solo saben usar la violencia y bla-bla-bla. Esta cosa de que hablar de anarquismo es hablar de violencia y de bombas, cosa que no es verdad, pero que da igual porque ya está muy metido en el imaginario de la mayoría de la población, y así sigue siendo fomentado.

 

Yo diría que el anarquismo como movimiento sí que ha decaído y es minoritario, pero creo que la anarquía, como sueño igualitario e imaginación utópica, no tanto. Puede haber anarquía sin que haya anarquismo. Yo creo, y así lo explico en Historia del anarquismo en España, que en el 15M hay muchos aspectos de los que se entiende por anarquía y sus planteamientos; en el feminismo, al menos en los más radicales, también, y en muchos otros movimientos. Está ahí. ¿Los movimientos anarquistas solo son anarquistas cuando se autodenominan como tales o son anarquista cuando utilizan las tácticas y las formas organizativas que siempre ha defendido el anarquismo? Pues yo creo que es este segundo punto.

 Justamente para terminar la entrevista quería leer una cita del libro que acabas de mencionar (Historia del anarquismo en España) cuando hablas sobre la decadencia del anarquismo con la guerra civil y el franquismo. «(...) el anarquismo no es un cadáver [...] es “polvo de estrellas” que se desprendió de las ruinas en que lo convirtió el franquismo y los cambios sociales producidos en la década de los sesenta, se infiltró por las grietas de la sociedad del bienestar y emergió, y emerge, con formas diferentes en la actualidad. Si quedará solo en eso, en materia primigenia que emerge aquí o allá, o conseguirá reinventarse a sí mismo, “desde el interior de las estrellas”, es cosa del futuro» (2013, 169- 170). Esto lo escribiste hace 8 años. Aunque ya lo acabas de responder de alguna manera,

¿Qué consideras que es el anarquismo hoy en el ámbito español? ¿Dónde podemos ver avivada su llama?

 

Bueno, hay teóricos que defienden que el anarquismo ha existido siempre, en el sentido de que cuando se han producido circunstancias que han requerido del apoyo mutuo y de la solidaridad, de la creación de comunidad, está la anarquía, y esto lo dice Kropotkin. Es cierto. En cierta manera, ya no solo para algo estrictamente anarquista; hay movimientos de protesta que son como olas, que tiene momentos en los que explosiona, tiene un recorrido y luego tiene una bajada. Muchas de estas explosiones tienen componentes de estos planteamientos anárquicos. Desde ese punto de vista yo creo que será difícil que desaparezca, porque está de alguna manera en la gente. La gente cuando tiene dificultades, como una catástrofe humanitaria o una crisis económica grave o la misma pandemia, lo que hace es agruparse, intentar ayudar al más débil, pues llevándoles comida por ejemplo a gente mayor como ha pasado en Madrid y Barcelona y en otras ciudades. Todo eso responde a estos planteamientos, de base, horizontales, de apoyo mutuo, de solidaridad, etc.

 

Lo que me genera más dudas es si será posible un movimiento tan potente como el que se produjo a partir de los años 20’ hasta la guerra civil. De todas maneras se habla de que el movimiento zapatista tiene mucho de anarquista. O, también, el movimiento kurdo. Estos son movimientos más potentes, aunque no se definen estrictamente como anarquistas pero tampoco lo rechazan.

 

¿Dónde lo veo avivado? Como he dicho, en el 15M, en el feminismo de base de las asambleas del 8M, en algunos ámbitos culturales, en ecologismo… Todos ellos utilizan muchos aspectos del anarquismo. Estos planteamientos nunca han fracasado, como se dice del comunismo. Nunca ha sido mayoritarios excepto excepcionalmente (y lo excepcional fue lo que ocurrió en España realmente). Tampoco pretenden serlo. Las organizaciones grandes no funcionan en el anarquismo puro, porque son partidarios de grupos pequeños para no perder que no haya jerarquías y que se organicen horizontalmente.

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1 Entrevista realizada el 6 de septiembre de 2021. Para escucharla en formato podcast: https://www.youtube.com/watch?v=TEIf37u9MJs

Especial agradecimiento a Laura Rodríguez Riera, por su revisión y sus recomendaciones.

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