Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

jueves, 23 de septiembre de 2021

 

Laura Vicente es doctora de Historia por la Universidad de Zaragoza y catedrática de historia de la enseñanza secundaria. Es especialista en historia social e historia de la mujer, especialmente de España. En línea con el especial interés que tiene por las iniciativas sociales de raigambre anarcofeminista y por los movimientos sociales, ha publicado obras como Historia del anarquismo en España (2013), Mujer contra mujer en la Cataluña insurgente: Rafaela Torrents (1838-1909) y Teresa Claramunt (1862-1931) (2018) o La revolución de las palabras: La revista Mujeres Libres (2020). Actualmente también imparte algún curso sobre la organización Mujeres Libres en el espacio Crisi de Barcelona y Forma parte del equipo de redacción de la revista Libre Pensamiento que edita CGT y de la revista de historia XIX y veinte.

 ¿Por qué te interesaste durante tu trayectoria por el anarquismo y, concretamente, por el anarcofeminismo? ¿Qué llegó antes a tu vida, el anarquismo o el feminismo?

 

Como historiadora, el anarquismo me interesaba, pero lo que me interesó realmente fue el tema de la conflictividad y el sindicalismo. Ese fue el punto de interés inicial cuando tenía que hacer la tesina, pensé en hacer un trabajo sobre la huelga general de 1917. Luego, como aprobé las oposiciones, ya no necesitaba la tesina y, partiendo ya del conflicto de la huelga, lo amplié al sindicalismo y la conflictividad. El período que me gustó fue el previo a la Segunda República, porque, en el momento en que yo estaba estudiando, a todo el mundo le interesaba la etapa de la Segunda República y la guerra civil. Era el gran tema y generaba además mucha polémica y enfrentamiento (sigue sucediendo lo mismo pero en aquella época era mucho peor) y yo no me quise meter en ese arenal. Me fuí a los años 20’ porque de alguna manera había que entender eso para entender lo que ocurrió después. Y entonces, como digo, me interesó indagar exactamente en el sindicalismo. El sindicalismo que se conocía más fue lógicamente en Barcelona y en alguna otra ciudad, como en Madrid, y me generaba mucha curiosidad de ver si realmente el sindicalismo de ciudades no tan grandes respondía a la misma dinámica y características que el sindicalismo de estas ciudades. Finalmente vi que no era así. Y un poco la tesis doctoral se desarrolló en ese ámbito, allí salía el anarquismo, evidentemente, pero era más importante el sindicalismo desligado del anarquismo.

 

El feminismo me interesaba desde el punto de vista personal, porque yo ya estaba involucrada en ello. Dado que lo que estaba haciendo era partir de cero, ya que no había nada estudiado sobre esos años y sobre ese tema, el tema era inabarcable y el tema del feminismo no lo traté. Pero allí me encontré con una mujer, de pronto, que era Teresa Claramunt, que llegó a Zaragoza expatriada por su participación en la Semana Trágica, en un mitin hablandole a unos trabajadores hombres que estaban en huelga, y empezaba a interpelarles, preguntándoles que dónde estaban sus mujeres, sus hermanas, sus compañeras, etc. Entonces me imaginé a esa mujer delante de un auditorio totalmente masculino echándoles semejante bronca y se me quedó, hasta tal punto que cuando volví a investigar tenía que ser sobre Teresa Claramunt.

 

Por tanto, el recorrido fue este: el sindicalismo, luego el anarquismo y finalmente el feminismo, que ha ido creciendo.

¿Podrías aclararnos qué diferencia el anarcofeminismo del anarquismo y del feminismo en general? En otras palabras, qué lo caracteriza.

 

Es una pregunta súper complicada. Primero tenemos que diferenciar entre lo que es “anarquía”, “anarquistas” y “anarquismo”. La anarquía sería la imaginación utópica. Por decirlo de una forma poética, sería el espacio o espacios de invención, de evasión, que perforan en cierta manera la compacidad de la realidad. Eso genera la ilusión de un sistema diferente, de otro mundo posible. Claro, los anarquistas y las anarquistas son personas concretas que abrazan ese ideal del que estamos hablando, la anarquía. Y dentro de ellos/ellas hay de lo más diverso y diferente: hay pacifistas, hay gente que utiliza la violencia, agnósticos, creyentes, ateos… Y, finalmente, el anarquismo incluiría las ideologías y los movimientos que han reunido a personas tras ese ideal anárquico. Digamos que el anarquismo llegó a su culmen a finales del siglo XIX y principios del XX, al menos en España.

 

Volviendo a la pregunta, yo diría que dentro del anarcofeminismo, desde el punto de vista histórico, podríamos decir que las mujeres anarquistas de los años 30 tenían concepciones anarquistas bastante elementales. No eran mujeres que hubieran trabajado demasiado la ideología; tenían nociones anarquista muy sencillas. No lo digo como negativo, porque eran mujeres muy arraigadas a la realidad, a la gestión de la vida, a aspectos que yo creo que desde el siglo XXI valoramos más incluso que los planteamientos ideológicos. Y esto es lo que generará una evolución y un planteamiento diferente de la organización Mujeres Libres respecto al resto de movimiento libertario (la CNT, la FAI e incluso las Juventudes Libertarias). Ellas, de todas formas, no se consideraban feministas, porque asociaban el feminismo con el sufragismo, y el sufragismo lo consideraban como burgués. Se podría decir que defendían un feminismo de clase. De hecho lo que hicieron es algo muy actual, que es la interseccionalidad, es decir, cruzar la cuestión de género y la de clase (como mínimo estas dos cuestiones), y esto las diferenciaba del feminismo predominante de la época.

 

En la actualidad todavía es quizás más complicado de definir. No existe un anarcofeminismo como movimiento social actualmente. Un movimiento social lo entiendo como una red de grupos que comparten debates, reflexiones, actividades, campañas… Eso no existe hoy en España, y a nivel internacional también hay países donde el anarcofeminismo tiene cierta importancia, pero no hay coordinación internacional. Por lo tanto hablamos de grupos dispersos, que aquí están vinculados a la CGT y a la CNT y otros grupos que están


vinculados a ateneos o a casas okupas, pero muy a menudo no tienen contacto entre ellos o son esporádicos. Por todo ello es difícil caracterizar al anarcofeminismo en la actualidad.

 

Tiene coincidencias con el anarquismo, por ejemplo, en tres niveles: en cuanto a la acción política (acción directa, alternativas de base y búsqueda de redes comunitarias y de confrontación con el capital y el Estado), en cuanto a la organización (horizontales, pequeños grupos, que buscan el consenso) y en cuanto al lenguaje político (resistencia al capital, resistencia al Estado, al patriarcado y a todo aquello que sea jerárquico y que propugne la dominación social o política). Con los feminismos, el anarcofeminismo confluye con aquellos feminismos que coinciden con estas características que acabo de mencionar: que sean movimientos más de base, no institucionales, anticapitalistas, etc. Por poner un ejemplo más actual, las asambleas del 8M sería un poco (las que funcionan como tal) con las que hay más confluencia, o con tipos de movimientos como el movimiento LGTBI o planteamientos ecologistas. Pero claro, estas confluencias son relativas.

 Cuando apareció el anarcofeminismo, algunas iniciativas no tuvieron buena acogida por parte de los hombres del movimiento anarquista. Vemos, por ejemplo, en el libro que has publicado recientemente (La revolución de las palabras: la revista Mujeres Libres (2020)), donde se plantean los objetivos de la organización en cuestión, que no se veían como compatibles con el anarquismo más decimonónico. ¿Cuáles eran esos objetivos y por qué se veían como incompatibles?

 

A ver, cabe decir que que hubo hombres que vieron con buenos ojos la formación del feminismo anarquista, pero es verdad que mayoritariamente, y en las organizaciones sobre todo, pusieron bastantes dificultades a la constitución de este feminismo a través de una organización como fue Mujeres Libres y la propia revista. ¿Por qué? Pues porque no lo veían relevante. El movimiento anarquista estaba muy centrado en los temas de clase, aunque realmente las ideas del movimiento libertario son mucho más amplias, no centran todo en la explotación económica, sino que hablan de la dominación en general, que sale fuera de las fábricas, aunque realmente en esta época de fuerte crecimiento del anarquismo y del anarcosindicalismo estaban muy centrados en las cuestiones de clase. Entonces todo lo relacionado con la emancipación de las mujeres lo consideraban secundario, pensando que cuando llegara la revolución todo se solucionaría y el patriarcado caería por su propio peso.

 

Además acusaban a estas iniciativas de romper la unidad. Eso fue una cantinela bastante constante. La idea era que si las mujeres forman grupos propios iban a romper la unidad dentro de las tres organizaciones del movimiento libertario. Decir, igualmente, que dentro de las propias mujeres no estaban todas de acuerdo. Ya desde las pioneras: Teresa Claramunt era partidaria de formar grupos de mujeres y Teresa Mañé, que era la madre de Federica Montseny, era contraria, compartiendo igualmente la visión del feminismo anarquista. Y eso volvió a ocurrir durante la Segunda República y durante la guerra civil.

 

Yendo al tema de los objetivos, las mujeres anarquistas se sentían ninguneadas continuamente en las reuniones y actuaciones del movimiento libertario. Ellas sentían, y lo han dicho explícitamente cuando se ha entrevistado a las que todavía vivían hasta hace relativamente pocos años, el maltrato que recibían y sentían que les estaban quitando autoridad cuando hablaban y que se reían de ellas. Esto sucedía por parte de los hombres en la CNT y quizás también en algunos grupos de la FAI. Menos, no obstante, en Juventudes Libertarias y mucho menos en ateneos o en otro tipo de movimientos que no estaban relacionados con esas tres organizaciones. Digamos que ese maltrato y esa poca relevancia que se daba al tema de la emancipación de las mujeres las lleva, desde las pioneras, a intentar crear grupos y revistas solo de mujeres, para poder expresarse con tranquilidad, en espacios seguros, donde no serían ridiculizadas.

 

La revista Mujeres Libres se creó antes que la propia organización, precisamente porque tampoco se sentían muy seguras de poder impulsar un grupo potente. El objetivo de la revista, en palabras de Lucía Sánchez Saornil, que fue la principal agitadora y organizadora, pero siempre con el apoyo de Mercedes Comaposada y Amparo Poch, era que con la revista se quería crear una red de cordialidad. Se pretendió dar autonomía y capacitar a las mujeres, partiendo del hecho de que muchas de ellas eran analfabetas, y a partir de ahí intentar crear pequeños grupos alrededor de la revista basados en la cordialidad.

 

Desde mi punto de vista, la cordialidad es un programa político. Dentro del movimiento anarquista, si algo destaca, entre otras cosas, son los continuos enfrentamientos y disputas, quizás porque no hay nunca una organización jerarquizada, todo es asambleario y se discute. Pues estas mujeres lo que se plantean es salir de esa dinámica de tensiones y enfrentamientos y basarse en el afecto, en los vínculos personales. Es decir, un planteamiento político diferente.


Por ejemplo, las tres mujeres que he mencionada, las redactoras de la revista, se llevaban muy bien y sin embargo políticamente tenían muchas diferencias, tanto en el terreno político de cómo entender el feminismo como incluso en su identidad sexual, pero fueron capaces de dejar aparte esas diferencias e ir al objetivo, que era crear esos núcleos que con el paso del tiempo pudieran generar una organización capaz de luchar por la emancipación de la mujer. Pero claro, lo que pasa es que la revista se crea en mayo y en julio se produce el golpe de estado, estalla la revolución, la guerra civil, y todo se acelera. La organización se crea antes de lo que estaba prevista, en septiembre. Y el objetivo allí era muy claro, era la revolución entendida en esta doble dimensión, como revolución feminista y revolución de clase social.

 Un fenómeno del que queríamos preguntarte es acerca de cómo en una situación de guerra, la guerra civil, se consiguieron generar espacios de libertad para las mujeres, entrando en espacios públicos como con la revista Mujeres Libres que acabamos de mencionar. ¿Cómo fue eso posible? ¿Es casualidad que fuera durante esos años?

 

Mi perspectiva de la historia parte de que la historia tiene un planteamiento nodal, no lineal. Mayoritariamente los/las historiadores/as parten de que la historia es como una línea que va avanzando siempre en la línea del progreso, que siempre vamos a mejor, cosa que evidentemente es mentira y por eso se ha desplomado la modernidad (y por otras cosas). Con esta perspectiva lineal, de alguna manera, se selecciona aquello que se considera importante: los cambios económicos, los políticos y los sociales en menor medida. Todo lo demás, digamos, se escurre, se cae. ¿Qué pasa cuando ocurre una guerra? Pues que si esos son los cambios importantes, aparentemente, lo otro no encaja muchas veces con esa perspectiva de la línea recta que va avanzando. Esto pasa también con la revolución. La revolución convencional, como la que impulsaron en Rusia o incluso el movimiento libertario en España durante la guerra civil, es lo que llamamos una revolución modelizada, que tiene como objetivo un modelo de sociedad. Desde este tipo de revolución, cuando esta estalla hay que ir dando pasos hacia ese modelo.

 

La perspectiva nodal es diferente. Es como si fuera un red de pesca donde se forman rombos que constituidos por la unión de cuatro hilos. ¿Qué quiere decir? Que, a la vez, confluyen cuestiones muy diferentes y que pueden ser incluso contradictorias, pero que desde esta perspectiva todo es relevante, no hay algo que esté por delante y descarte lo demás. Así,


en la guerra civil, de la que normalmente nos dan una visión bastante tremebunda, podemos ver que se crean espacios de libertad, espacios de avance personal. Una situación en la que incluso la gente esté bien y recuerde la guerra como algo inolvidable porque fue posible actitudes positivas.

 

A me gusta mucho una cosa que dice Orwell en Homenaje a Catalunya, donde afirma que él, en España y en concreto en Barcelona, tuvo el sentimiento de haber entrado de repente en una era de igualdad y de libertad, en la cual la gente intentaba comportarse como personas y no como elementos de la maquinaria capitalista. Es decir, desde su perspectiva, a pesar de la violencia y persecución, se vivió una situación humanizada de la que le quedó buen recuerdo. No solo él, muchas de las mujeres de Mujeres Libres lo explican así, que vivieron una atmósfera mágica de crecimiento personal, ya no solo por la revista sino por el tipo de vínculos que establecieron entre ellas, etc.

 

Por ello, es factible desde esta perspectiva nodal decir que se generaron esos espacios de libertad para las mujeres. Eso es un poco lo que intenté desarrollar en el libro y en lo que sigo, esa revolución diferente a la del movimiento libertario, que en realidad duró solo unos meses. En cambio, la revolución que propusieron Mujeres Libres duró toda la guerra, y nadie la valoró, eran mujeres, estaban en la retaguardia y no se centraban en el tema económico y político.

 Sabemos que existía cierta relación de alianza con diferencias entre los sindicatos CNT y UGT. Comentas en el libro Historia del anarquismo en España (2013) que el anarcosindicalismo tuvo mayores resultados que el sindicalismo ugtista. ¿Por qué? ¿Qué aportaba el anarcosindicalismo frente al sindicalismo?

 

Digamos que la UGT practicaba un sindicalismo de gestión. Es decir, su idea del sindicalismo era crear un sindicato fuerte para negociar con los empresarios, intentando recurrir lo menos posible al conflicto y a la huelga. Cuanto más fuerte fuera el sindicalismo, más capacidad de negociación. Y en este planteamiento la idea es que los trabajadores fueran a golpe de pito, siguiendo y secundando lo que el sindicato dijera. Por otro lado, la UGT estaba vinculada a un partido. O sea, que va unido a un proyecto político, que es el del PSOE, en la línea de finales del siglo XIX y principios del XX, donde el partido predominaba sobre el sindicato, marcaba los objetivos y trataba de convencer a los/las trabajadores/as de que si el


partido crecía y llegaba al parlamento, podría sacar mejoras importantes para la clase trabajadora. El sindicalismo cumplía un poco esa función de proporcionar el apoyo al partido para que este consiguiera votos y lograra desarrollar el planteamiento de reformas legales para mejorar la situación de la clase trabajadora. Cabe decir que el PSOE, siendo aún un partido marxista, se consideraba representante de la clase trabajadora, no de otros sectores sociales como ocurre posteriormente.

 

Claro, el sindicalismo de la CNT no tiene nada que ver. Es radical y revolucionario, donde se considera la acción directa como la táctica sindical fundamental y su función no era gestionar nada, sino enfrentarse con los empresarios, con la patronal, y, en base a la presión (la huelga como elemento clave pero también otros recursos), imponer los objetivos que pretendía, sin perder nunca de vista que el último objetivo era la revolución como algo incluso inmediato, de ahí las huelgas generales revolucionarias. No está vinculado en absoluto con ningún partido político porque era contraria a la actividad política institucional y por ello no responden a ese modelo de conseguir mejoras en parlamentos a través de leyes. Eso supondría incluso reforzar el sistema. Si su objetivo es la revolución obviamente no pueden colaborar con el sistema, no puden colaborar con el Estado y el capital.

 

Lo habitual es que funcione más la fórmula del sindicalismo de gestión vinculado al partido, que es lo que pasa en seguida en gran parte de los países europeos. Pero aquí lo que ocurrió es que el intento de desarrollar un sistema político más democrático, con el Sexenio Revolucionario (1868-1874), fracasa y acaba desarrollándose el sistema de la Restauración, que duró mucho tiempo, de principios de los 70 hasta la Segunda República, que es un sistema liberal trucado. Realmente confiar en que el partido va a lograr mejoras en el Parlamento es una ilusión. Primero porque al partido le va a costar mucho conseguir un diputado, como ocurrió, que hasta principios del siglo XX el PSOE no consiguió un diputado y fue en coalición con los partidos republicanos, y, segundo, puesto que hay esa manipulación electoral y ese turno pacífico entre el partido conservador y el liberal, no van a gobernar nunca ni van a obtener mayorías importantes como para conseguir reformas políticas. Por tanto, el proyecto fracasa por ese lado. Pero es que también fracasa por el lado sindical. Porque la patronal es una patronal bastante agresiva, que no está por la labor de reconocer a los sindicatos y negociar con ellos, y por tanto la práctica sindical más moderada fracasa en gran parte. En cambio, el planteamiento de acción directa demuestra que logra más, por una cuestión de eficacia, y es lo que se demostró


a lo largo de los años 20, y por eso crecieron a diferencia de lo que estaba ocurriendo en otros países.

 Queda claro que las huelgas generales para la movilización de los obreros fue un recurso usual a finales del siglo XIX y principios del XX. ¿Qué importancia tuvo realmente dicha estrategia de movilización en España? ¿En qué han derivado, en tu opinión, las huelgas generales en la actualidad?

 

Desde luego la huelga general revolucionaria, cosa de la que la UGT no quería ni oir hablar, fue un mito movilizador tremendo, alrededor de la jornada laboral de 8 horas, que también estaba movilizada a través de la II Internacional en el ámbito socialista, pero que no se lo planteaban con ese carácter revolucionario. Es que aquí, cuando se empezaban a declarar huelgas en los años 90 del siglo XIX, se decía que se ponían en huelga hasta que no consiguieran la jornada laboral de 8 horas. Claro, no la conseguían, pero estaban 7, 8 o 9 días en huelga general, en unos sitios más extensa que en otros, que va además progresando a medida que ese sindicalismo movilizador va creciendo. Aquí destacaría la primera huelga general que abarcó a toda Catalunya en 1902. Fue tan espectacular y atemorizante para los empresarios que realmente empezaron a aprender incluso de las propias tácticas de los trabajadores. Por ejemplo, con lo del sindicato único, la Federación Patronal de Barcelona adoptó la misma forma y se organizó como patronal por ramas.

 

Realmente, fueron progresando a través de muchos fracasos, detenciones y ejecuciones. No fue fácil. Esto ya marcaría una diferencia con las pocas huelgas generales que se han producido en los últimos tiempos, no tiene absolutamente nada que ver. Por supuesto que también hay el peligro de perder el trabajo, pero es que entonces también estaba el peligro de ser detenido. La represión era terrorífica. No había en las ciudades policía (en el campo sí), salía el ejército. Cuando estallaba el conflicto de una huelga, inmediatamente se declaraban suspendidas todas las garantías constitucionales y el ejército salía a la calle con todo lo que tenía, cañones incluidos. En la huelga de 1902 los soldados acamparon en Plaza Catalunya orientando cañones en todas las calles que confluyan allí. Siempre había muertos, más las detenciones, ejecuciones, el Castillo de Montjuic… Estamos hablando de leyes especiales solo para los anarquistas, por ejemplo.


Cuando los sindicatos son más potentes, la primera huelga general relevante fue en 1916. La siguiente importante fue la del 1917. Todas esas huelgas mostraban que la oposición que tenía más fuerza contra la Restauración era el sindicalismo, y en concreto el anarcosindicalismo, y la respuesta represiva no era suficiente. Por tanto, en los años 20, que es la época de enfrentamiento más bestial, se dieron los grupos de pistoleros, ley de fugas, asesinatos de los dirigentes principales como Salvador Seguí, etc. Y la Federación Patronal financiaba todo esto en colaboración con el Estado y la Iglesia católica, con la creación de sindicatos católicos para romper las huelgas. Todo esto lleva al golpe de Estado de Primo de Rivera, que era capitán general de Catalunya. Inmediatamente con el golpe de Estado, quien felicitó primero, antes que nadie, a Primo de Rivera fue la Federación Patronal Catalana.

 

Y bueno, en relación a lo que preguntáis de las huelgas generales de ahora, pues es obvio. Primero lo que les cuesta a los sindicatos, sobre todo a los mayoritarios, convocarlas. Las últimas yo creo que fueron las del 15M porque ya les daba como verguenza, pero claro, era una jornada, intentando tener todo controlado. La diferencia está en que los sindicatos mayoritarios forman parte de las instituciones del Estado. Entonces, ¿cómo van a convocar huelgas de estas características? Es imposible.

 

 ¿Cuáles son las principales causas del desarraigo del movimiento anarquista en España?

  

La gran derrota de la guerra civil, por supuesto, y todo lo que eso supuso. La cantidad de muertos y toda la salida al exilio de miles de personas ya indica un debilitamiento importante. La posguerra fue durísima: se ejecutan prácticamente mas de 50.000 personas en casi 10 años. Esto desarticula a toda la izquierda. Los anarquistas tienen peor capacidad para adaptarse a la clandestinidad que por ejemplo el comunismo, porque intentan mantener aún una estructura organizativa horizontal. El partido comunista tuvo más capacidad de adaptación a la represión en general.

 

En los años 60’ empieza el desarrollismo económico y se sale un poco de la situación de miseria que vivía la clase campesina y trabajadora que, como decía Marx, no tiene nada que perder salvo sus cadenas. Pues empieza a no ser así, ya tiene algo más que perder. Entonces la clase trabajadora va perdiendo los planteamientos revolucionarios del período anterior. Finalmente, con la llegada de la democracia, esas ilusiones que no habían logrado fraguar en


los años 20 de que a través de la vía institucional se podían lograr mejoras, triunfa. La idea de que si votas a la izquierda esta logrará mejoras tiene más éxito en la clase trabajadora. Y ese sindicalismo de confrontación que comentábamos tampoco es tan eficaz. Todo esto hace que, sobre todo el anarcosindicalismo, realmente tenga muchas dificultades para crecer.

No me quiero olvidar de decir, de todas maneras, que durante la Transición sí que hubo un momento en el que pareció que podía crecer. En algunas zonas, como por ejemplo en Catalunya, tantos años de represión no habían podido extirpar la ilusión de la anarquía y, quién sabe, la formación de un sindicato anarquista de nuevo. Y la represión también del caso Scala contra el anarcosindicalismo de aquella época, que hay que tenerlo en cuenta porque desinfló la idea cuando estaba volviendo, con el royo de siempre de que los anarquistas solo saben usar la violencia y bla-bla-bla. Esta cosa de que hablar de anarquismo es hablar de violencia y de bombas, cosa que no es verdad, pero que da igual porque ya está muy metido en el imaginario de la mayoría de la población, y así sigue siendo fomentado.

 

Yo diría que el anarquismo como movimiento sí que ha decaído y es minoritario, pero creo que la anarquía, como sueño igualitario e imaginación utópica, no tanto. Puede haber anarquía sin que haya anarquismo. Yo creo, y así lo explico en Historia del anarquismo en España, que en el 15M hay muchos aspectos de los que se entiende por anarquía y sus planteamientos; en el feminismo, al menos en los más radicales, también, y en muchos otros movimientos. Está ahí. ¿Los movimientos anarquistas solo son anarquistas cuando se autodenominan como tales o son anarquista cuando utilizan las tácticas y las formas organizativas que siempre ha defendido el anarquismo? Pues yo creo que es este segundo punto.

 Justamente para terminar la entrevista quería leer una cita del libro que acabas de mencionar (Historia del anarquismo en España) cuando hablas sobre la decadencia del anarquismo con la guerra civil y el franquismo. «(...) el anarquismo no es un cadáver [...] es “polvo de estrellas” que se desprendió de las ruinas en que lo convirtió el franquismo y los cambios sociales producidos en la década de los sesenta, se infiltró por las grietas de la sociedad del bienestar y emergió, y emerge, con formas diferentes en la actualidad. Si quedará solo en eso, en materia primigenia que emerge aquí o allá, o conseguirá reinventarse a sí mismo, “desde el interior de las estrellas”, es cosa del futuro» (2013, 169- 170). Esto lo escribiste hace 8 años. Aunque ya lo acabas de responder de alguna manera,

¿Qué consideras que es el anarquismo hoy en el ámbito español? ¿Dónde podemos ver avivada su llama?

 

Bueno, hay teóricos que defienden que el anarquismo ha existido siempre, en el sentido de que cuando se han producido circunstancias que han requerido del apoyo mutuo y de la solidaridad, de la creación de comunidad, está la anarquía, y esto lo dice Kropotkin. Es cierto. En cierta manera, ya no solo para algo estrictamente anarquista; hay movimientos de protesta que son como olas, que tiene momentos en los que explosiona, tiene un recorrido y luego tiene una bajada. Muchas de estas explosiones tienen componentes de estos planteamientos anárquicos. Desde ese punto de vista yo creo que será difícil que desaparezca, porque está de alguna manera en la gente. La gente cuando tiene dificultades, como una catástrofe humanitaria o una crisis económica grave o la misma pandemia, lo que hace es agruparse, intentar ayudar al más débil, pues llevándoles comida por ejemplo a gente mayor como ha pasado en Madrid y Barcelona y en otras ciudades. Todo eso responde a estos planteamientos, de base, horizontales, de apoyo mutuo, de solidaridad, etc.

 

Lo que me genera más dudas es si será posible un movimiento tan potente como el que se produjo a partir de los años 20’ hasta la guerra civil. De todas maneras se habla de que el movimiento zapatista tiene mucho de anarquista. O, también, el movimiento kurdo. Estos son movimientos más potentes, aunque no se definen estrictamente como anarquistas pero tampoco lo rechazan.

 

¿Dónde lo veo avivado? Como he dicho, en el 15M, en el feminismo de base de las asambleas del 8M, en algunos ámbitos culturales, en ecologismo… Todos ellos utilizan muchos aspectos del anarquismo. Estos planteamientos nunca han fracasado, como se dice del comunismo. Nunca ha sido mayoritarios excepto excepcionalmente (y lo excepcional fue lo que ocurrió en España realmente). Tampoco pretenden serlo. Las organizaciones grandes no funcionan en el anarquismo puro, porque son partidarios de grupos pequeños para no perder que no haya jerarquías y que se organicen horizontalmente.

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1 Entrevista realizada el 6 de septiembre de 2021. Para escucharla en formato podcast: https://www.youtube.com/watch?v=TEIf37u9MJs

Especial agradecimiento a Laura Rodríguez Riera, por su revisión y sus recomendaciones.

2 guillem199669@gmail.com

3 bonastre763@hotmail.com