Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

martes, 23 de abril de 2024

Amador Fernández-Savater A vueltas con el capitalismo, el cambio social y las políticas del deseo

 



Capitalismo libidinal. Antropología neoliberal, políticas del deseo, derechización del malestar (Ned Ediciones, 2024) de Amador Fernández-Savater es un libro en el que el autor continúa reflexionando sobre los temas que le preocupan, que le «afectan», que le traspasan el cuerpo y que aparecen en sus libros anteriores y en sus artículos en la prensa. El autor parte de un puzle de lecturas y conversaciones donde caben el Comité Invisible, Jean-François Lyotard, Marcuse, el colectivo Tiqqun, Diego Sztulwark, Jon Beasley Murray, Achille Mbembe, «Bifo» o Jorge Alemán. Y a partir de ese puzle articula la necesidad de tener una idea del funcionamiento del capital, del capitalismo libidinal, y se pregunta: ¿de dónde extrae las energías el capital, o las nuevas derechas a su servicio? ¿Cómo opera el capitalismo dentro de nosotras mismas? ¿Es posible resistir al neoliberalismo o no tenemos nada que hacer? Estas y otras preguntas y reflexiones recorren este libro que huye del pensamiento convencional y que trata de esclarecer las posibilidades que tenemos de afrontar al capital, un auténtico monstruo, un centauro bipolar que se mueve entre una pulsión de conservación, de normalidad y otra totalmente desquiciada de conquista y pillaje. ¿Es posible resistir a ese «monstruo loco»?

En el «Prólogo: En guerra con mis entrañas», Fernández-Savater ya nos anticipa que este libro va de eso, de pelearse con sus entrañas puesto que el neoliberalismo no es solo una política económica o una ideología es, siguiendo lo que dijo Foucault, la extensión de la lógica empresarial y el cálculo económico a todas las dimensiones de la vida. Su fuerza reside en que nos fabrica como seres humanos, nos construye un tipo de vínculos con los demás y con el mundo, siendo, por tanto, existencial. Por eso, se dice en el libro que se tengan las ideas que se tengan, las vidas son neoliberales y eso no depende de quién gobierne.

En cierta manera, el cambio social es contra nosotras mismas, contra nuestras entrañas colonizadas por el capital. La necesidad de cambio es totalmente impotente sin deseo de cambio y este pasa necesariamente por el cambio subjetivo, por el cuerpo, no solo por las ideas o por la situación material objetiva.

El capítulo primero, titulado: «La vida bajo el régimen del demasiado (o del no bastante)», nos sitúa en una forma de organizar el mundo y la vida que hace de la competencia la norma universal de los comportamientos. Porque el neoliberalismo gobierna a través de la presión ejercida sobre las personas por las situaciones de competencia que crea. Esa razón es mundial y «hace mundo», atraviesa todas las esferas de la existencia humana.

La conversación con el sociólogo Pierre Dardot y el filósofo Christian Laval alrededor de su libro La nueva razón del mundo, su lectura de Ahora del Comité Invisible, la película In time, la lectura del pensador francés Ives Citton y el cineasta italiano Pier Paolo Pasolini, le permiten a Fernández-Savater tejer un mosaico de saberes y de propuestas muy sugerentes y evocadoras. Desde el trasfondo del neoliberalismo, a la falta de memoria del pasado, desde la diferencia de la política y lo político a la experiencia de lo común, desde el tiempo cautivo a la imposibilidad de la atención, la crisis y el malestar aparecen omnipotentes, pero se piensan como ocasión para la solidaridad y el apoyo mutuo.

El segundo apartado: «Políticas del deseo: del Gran Rechazo a la Gran Dimisión», parte de cómo la represión del cuerpo en favor de la productividad se ha reemplazado hoy por la presión del rendimiento.  Pero este apartado de la mano de Jean-François Lyotard indaga en las políticas del deseo partiendo de las intuiciones de Mayo del 68 y de cómo los movimientos sociales de la década de 1960 dieron lugar a una gigantesca retirada del deseo que vacío de savia los canales y los objetos establecidos: familia tradicional, trabajo de fábrica, individualismo en serie, autoridad, dinero, consumo, propiedad, amor de pareja como propiedad del otro, etc.

Reflexionando sobre las posibilidades del cambio social y de la importancia de rescatar la clave femenina se van trasluciendo algunas características de una nueva idea de revolución que poco tiene que ver con la clásica revolución modelizada del siglo XIX y primer tercio del XX.

Las características de eso que se ha llamado el «Gran Rechazo» y la «Gran Dimisión», nos sitúan ante una reacción que desconcierta a la izquierda clásica e incluso a los movimientos sociales.

El siguiente apartado: «La derechización del malestar», nos muestra cómo la nueva derecha es capaz de leer los climas emocionales de rechazo, de daño y de resentimiento, poniéndolos al servicio de proyectos que los intensifican. El autor concluye que el problema es afectivo, no lógico, es de cuerpo, no de ideología, mientras la izquierda no sepa leerlo bien, la nueva derecha seguirá avanzando. De la mano del colectivo Tiqqun y de la conversación con Diego Sztulwark se va desgranando, entre otras cuestiones, las continuidades y diferencias entre el fascismo clásico y el fascismo posmoderno.

Y, por último, el capitulo cuatro, titulado: «Resistencias viscerales (conversaciones)», teje un mural de ideas poliédrico y complejo sobre la resistencia, las políticas del deseo, la crítica de la sociedad en la que vivimos, gozamos y sufrimos. Las conversaciones y/o entrevistas tienen como protagonistas a Jon Beasley Murray, Achille Mbembe, Yayo Herrero, Franco Berardi «Bifo» y Jorge Alemán.

Cierra el libro un Epílogo sobre la coyuntura libidinal española que hace referencia a la zona gris de la democracia.

En conclusión, un libro que permite abrir muchas líneas de fuga para fijar la mirada en el capitalismo (libidinal) en su estadio actual y, a través de las propuestas que Amador Fernández-Amador recolecta y enriquece. Desde su fina mirada podemos disponer de elementos suficientes para valorar posibilidades y avanzar en una resistencia cada vez más necesaria y complicada de realizar. Una resistencia que debe basarse en configurar un deseo de cambio que tiene, necesariamente, que situarse fuera del mercado y encontrar un buen punto de amarre para poder hacerlo.

Laura Vicente

  

viernes, 19 de abril de 2024

 


OS CUENTO…

5 y 12 de noviembre 2023

Hay semanas que las cosas se tuercen. Sin ser nada grave (para mí, en lo personal, solo la salud, si falta, es grave) entras en un estado de malestar, la luz se atempera y las nubes pesadas se instalan en la cabeza. Unas gafas, como aquellas que te daban a la entrada de aquellos cines de tres dimensiones, se acoplan en los ojos y ves todo en una sola dimensión y de color gris. Necesitas anestesia para que pasen los días.

Encima, la novela que estaba leyendo se me cerró herméticamente y no podía entrar en ella de ninguna manera, insistí e insistí, leí casi doscientas páginas. No hubo manera. Es un autor que me encanta y del que he leído varias novelas, Orhan Pamuk, ambienta sus historias en Estambul, una ciudad que deseo visitar hace mucho y cuyos planes para hacerlo siempre se han frustrado.

Nunca abandono un libro, nunca quiere decir que en toda mi vida lectora me sobrarían dedos de las dos manos para contarlos. De esos abandonos, un autor tiene el récord: Henry Miller y sus Trópicos. Para mí, cuando era veinteañera, una autora de referencia y que leí completa fue Anaïs Nin y ella tenía una relación personal con Miller que me animó a leerlo. Todo fue inútil, lo abandoné hace años y no le he dado una nueva oportunidad nunca. Explico esto porque si quito a Miller de la lista de abandonos con una mano tendría de sobra para contar los libros que he dejado de leer. En esa lista ha entrado El libro negro.

Mi obstinación en no abandonar la lectura de ficción es una marca de la casa, no he pensado los motivos y no lo voy a hacer ahora, qué más da…

Podría pensarse que han sido esos días espesos, pero no es así. Tengo la gran suerte de que cuando empiezo a leer, traspaso la puerta de la realidad y lo que me ocurre queda atrás, nunca he tenido crisis lectoras (excepto con la poesía que solo leo en situaciones personales determinadas y luego pasan años sin que lea un poema). De hecho, abandoné a Pamuk y ya estoy enfrascada en otra novela y en el resto de los libros de no ficción (pero de eso hablaré otro día).

Cine y series para otro día. De música, una guitarra excepcional: la del brasileiro Yamandu Costa.

OS CUENTO…

19 y 26 de noviembre 2023

La primera semana transcurría con normalidad hasta que todo saltó por los aires: mi madre que es muy vulnerable por la edad (87 años) y por sus enfermedades crónicas, entre ellas de vías respiratorias fue ingresada en el hospital por Covid.

A partir de ahí entró, y yo con ella, en ese universo tan excepcional del hospital (uno muy grande, además). El tiempo se rompe intempestivamente, se produce una distorsión del tiempo homogéneo, se interrumpe el flujo temporal y se entra en otro curso del tiempo.  El tiempo queda suspendido, congelado, se ralentiza. La Modernidad iguala las temporalidades (en la historia oficial), pero todas las personas hemos experimentado cómo el tiempo se desboca o se ralentiza.

La inquietud, la tensión, la confusión, la incertidumbre de lo que puede ocurrir te embarga. La información es escasa (durante el fin de semana cuando llegué, nula) y debes afrontar la situación de alguien querido sin tener herramientas para hacerlo, ves como se consume, como la medicación le produce efectos indeseados (la cortisona le produjo azúcar, alucinaciones, etc.). En esos momentos piensas en la vida y en la muerte, en la vida que merece la pena vivirse y en la que no… en fin, muchos pensamientos vienen y van.

Yo no soporto el calor, en los hospitales es agobiante, en las habitaciones Covid, más. La puerta debe estar cerrada siempre (yo hacía trampa y abría una ranura de la puerta, no creo que refrescara mucho, pero mi sensación de agobio disminuía) y me había desacostumbrado a llevar mascarilla durante horas.

He leído muy poco, pero la novela que llevo entre manos me ha acompañado en todo momento: Donde nadie te encuentre de Alicia Giménez Bartlett. Una mujer/hombre (¿hermafrodita? ¿Trans?... de momento no lo tengo claro) forma parte del maquis antifranquista en el Bajo Aragón. El régimen dictatorial construye una leyenda de «La Pastora», como la llamaban y era conocida, como alguien sanguinario, cruel y despiadado (escribo en masculino porque lo reconocían como hombre en el maquis). Está basada en hechos reales.

Música escucho poca (la clásica me ha calmado de tanta inquietud) y estoy con una miniserie: Undoing.

miércoles, 3 de abril de 2024

Otra historia, otra memoria A través del temblor. Cuerpo, visiones y política de Carlota Fuentevilla

 




Un libro tiene casi tantas lecturas como personas que lo leen. Es inevitable que mi lectura se sitúe en el ámbito de la historia y de la memoria, de ahí el título. Hace tiempo que pienso que la historia es más discontinua y contradictoria que lineal, continua y coherente como suele plantear la Historia con mayúscula. La labor de la historia (de la genealogía) es recoger las historias discontinuas, sorprendentes e inesperadas y llevar a cabo un registro retrospectivo de los conflictos, de los accidentes, de los desórdenes, pero también de los afectos y de los saberes que no encajan en esa Historia ordenada a la que estamos acostumbradas.

Estas historias poco visibles, descartadas y olvidadas pueden converger y pueden hacernos conservar, como dice Carlota Fuentevilla, la memoria viva y la complejidad de la memoria colectiva, con sus zonas oscuras y los puntos ciegos, que también funcionan como marcos y coordenadas donde establecer aquello que sucedió. Estas historias son una especie de transmisión subterránea y lateral, una especie de contrabando cultural y bastardo, como dice Paul B. Preciado, de lo descartado por no tener cabida en la Historia convencional e institucional.

En A través del temblor. Cuerpo, visiones y política[1], la autora cuenta las historias de Conchita González y Leonora Carrington que no pertenecen a los grandes relatos de la Historia. Conchita y Leonora son personas comunes, individualidades que personalizan el potencial de la inteligencia colectiva y que muestran sus capacidades. Las conexiones que realiza la autora pretenden buscar una «gran constelación» que puede revelar «otra historia» que permanece oculta. Para descubrirla es necesario realizar una especie de trabajo geológico en el que el peso de la historia funciona a través de una acumulación espacial de «capas» heterogéneas, no a través de la linealidad homogénea.

Carlota Fuentevilla parte de las apariciones y visiones para indagar en qué dicen de la sociedad de la que forman parte, así como de la religiosidad en la que están inmersas.

Pero la autora pretende ir más lejos y establecer esa «gran constelación» de la que habla y que abarca las relaciones de poder, lugar desde el que se han perpetrado de forma asidua distintos tipos de violencias para seguir perpetuándose. La autora rastrea cómo, dentro de esa trama, se han creado organizaciones, fuera y dentro de la Iglesia para regular, controlar, dialogar, canalizar o directamente para acabar con las heterodoxias.

Las relaciones sociales son relaciones de poder y este, en la línea de Foucault, se legitima a través del discurso y el saber: el conocimiento que deriva de ese discurso cristaliza a través de las instituciones y de ciertos aparatos de dominación que lo transforman en verdad acerca de la realidad y el propio individuo. La enfermedad mental ha ocupado siempre un lugar relevante en esas relaciones de poder

En la España franquista, la psiquiatría nacional estableció la «prevención» que se centró en el orden público y en la eliminación de la enfermedad mental instrumentalizando las premisas de la higiene mental. Se trataba de establecer, como señala la autora, la normalidad dentro del nuevo orden y el estrecho camino del que nadie debía salirse (y que vino marcado por la Iglesia y el poder autoritario).

Partiendo de estas bases, Carlota Fuentevilla nos presenta las historias de Leonora Carrington y Conchita González, se detiene en sus biografías y en cómo se patologizó la desobediencia y el desafío femenino. Algo que no era una novedad, ya que excavando en las «capas geológicas» del pasado se pueden encontrar ejemplos de abuso hacia las mujeres visionarias, médiums, creadoras o que tienen relación con prácticas consideradas sobrenaturales o con comportamientos susceptibles de asimilarse al campo de la locura. Y la autora logra mostrar la relación entre género, pobreza y locura que resulta evidente en los psiquiátricos.

Las vidas de Conchita y Leanora nunca se cruzaron personalmente, existía la conexión a través del doctor Morales Noriega (psiquiatra que tuvo una estrecha relación con el nacionalcatolicismo), y a través de la escritura de sus diarios en los que narraron sus propias experiencias. Experiencias que no encajan de ninguna manera con lo hegemónico y, por tanto, se relegan a una escritura a escondidas y a solas, un género literario menor.

Ambas tienen influencias de la tradición oral. Las clases populares, especialmente las mujeres, han pertenecido al mundo de la oralidad en el que no existe el pensamiento abstracto. El nivel de representación del mundo no está separado de la existencia, es decir, de la vivencia personal del mundo. En la tradición oral hay una voluntad profundamente política de situarse. Las historias eran suyas, pero a la vez hablaban de todo un pueblo y de las transformaciones que se producían.

Mientras Leanora es considerada como una mujer loca por su afán por escribir y salir del mundo exclusivamente oral, Conchita se mantiene dentro de la religiosidad popular que forma parte de la oralidad y que tiene un valor dentro de la vida comunitaria.

Desde lo psicológico la autora plantea que en los dos casos hay una imagen y contraimagen de la mujer. Conchita González era una niña creyente de un pueblo de montaña dedicada a las labores del campo que encarnaría la inocencia. En el reverso estaría Leonora, mujer con formación artística y creadora alejada de las prácticas católicas a quien se le atribuiría el arquetipo de una Lilith maliciosa, oscura y culpable por su comportamiento provocativo. Lilith representa la parte oscura y rebelde, el peligro, las mujeres esencializadas en una naturaleza traicionera y tentación descontrolada que se ha de reprimir.

En esta «gran constelación» que la autora construye en su libro, tiene una gran importancia el cuerpo. Contrapone el cuerpo del trabajo y de la reproducción que tiene dolor, que sufre, frente al cuerpo del éxtasis, liberado del dolor y de todos sus pecados. Carlota Fuentevilla se posiciona con claridad cuando afirma que negar desde el secularismo las formas de adaptación y emancipación de las mujeres dentro de la religiosidad popular es hacer la vista gorda, corriendo el riesgo de caer en restar agencia a muchas trabajadoras como nuestras antepasadas. Por medio está el proyecto burgués del nuevo hombre de la modernidad que se conforma en el rechazo y miedo al cuerpo no solo individual, sino también social. Un planteamiento que no deja de ser polémico, más si tenemos en cuenta la larga tradición anarquista y libertaria que potenció un proceso de secularización con la intención de acabar con la institución religiosa, pero también con la religiosidad popular femenina, desde el anticlericalismo.

 

Laura Vicente



[1] El libro fue publicado en 2023 por la editorial Levanta Fuego.