Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt
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lunes, 3 de junio de 2024

LA DERECHA NOS ROBA LOS «MUEBLES»: ANARQUISMO Y LO LIBERTARIO

 


Hace tiempo que tengo la sensación molesta de que la derecha se apropia de términos que no les han pertenecido y que los medios de comunicación, ¡¡como no!!, ayudan en la  consolidación de dicha apropiación.

Nos ayudaremos para demostrarlo del excelente libro de Daniel Colson titulado: Pequeño léxico filosófico del anarquismo. De Proudhon a Deleuze[1]. Digamos en primer lugar que el término Movimiento Libertario fue utilizado en España con profusión durante la década de 1930 para referirse a la vinculación y coordinación de la CNT, la FAI y las Juventudes Libertarias, mientras que el Partido Libertario (Libertarian Party) fue fundado en Estados Unidos en diciembre de 1971. Estoy segura de que el término «libertario» ha aparecido también con anterioridad a la década de 1930 en España y en otros países sin el contenido liberal y reaccionario del Partido Libertario yanki.


Bien, nuestra manera de entender lo libertario hace referencia a una fuerza colectiva de prácticas y opiniones enamorada de la libertad y que no tiene ninguna relación con el resentimiento tan particular que utiliza la derecha libertariana. El pensamiento libertario no tiene nada que ver con la identificación del individuo como un ser sin cualidades singulares, un ser dependiente y reducido a la pobreza mecánica y exterior que presuponen e imponen los propulsores del mercado o quienes defienden la lógica electoral. Por lo mismo, no comparte con la derecha libertariana que se reduzca el Estado a su mínima expresión, pero a la vez sea feroz y todopoderoso, soberano absoluto, vigilante del estricto juego impiadoso donde, como nuevos «robinsones», los individuos se comporten con ferocidad en la lucha por el beneficio y el éxito, siendo multitud en los supermercados, estadios y actos políticos o religiosos.


Para lo libertario, la persona tiene un papel clave como tal y además actuando colectivamente, las personas libertarias se intentan capacitar para pensar de forma diferente a como quieren que lo hagamos y trata de resistir la dominación por cualquier grieta que encuentre siendo relevante vivir de otra forma dejando de desear lo que nos ofrece el capitalismo. El Estado reducido a la mínima expresión en lo económico pero omnipresente en la vigilancia y el control nunca podrá contar con el apoyo de lo libertario. Libertad no es consumir, no es la servidumbre de los mercados, no es dejarnos gobernar por estos y sus dulces cantos de sirena. Esta posición implica, como señala Tomás Ibáñez en su libro: Anarquismo no fundacional. Afrontando la dominación en el siglo XXI[2], desarrollar un arte de no ser gobernado que requiere una ética de la revuelta que defina una manera de estar en el mundo, donde la persona se enfrenta constantemente al poder y se esfuerza por ser ingobernable.


Que la derecha más reaccionaria se sienta cómoda con el término «anarco capitalismo» molesta e irrita puesto que la defensa de una anarquismo de libre mercado o de propiedad privada, nada tiene que ver con el término anarquía y ni siquiera con el termino anarquismo que ha rechazado mayoritariamente la propiedad privada y el libre mercado capitalista.

Anarquía o an-arkhé es la negación del arkhé que tiene una doble cara: la del poder, que ha sido la contemplada por el anarquismo político, y la del rechazo de todo principio inicial, de toda causa primera, de toda dependencia de los seres frente a un origen único (Colson). Este significado tiene su origen en Grecia que estableció la necesidad de referir el mundo a ese principio primero que permitiese entender su constitución. Ese principio instaura de facto una cadena de mando, una jerarquía sin la cual impera el desorden (an-arkhé).


Resulta evidente que el llamado «anarco capitalismo», o neoliberalismo, ni rechaza el poder ni mucho menos ese principio primero, todo lo contrario. Como señala Amador Fernandez-Savater en su libro: Capitalismo Libidinal. Antropología neoliberal, políticas del deseo, derechización del malestar[3], este capitalismo implica una forma de organizar el mundo y la vida que hace de la competencia la norma universal de los comportamientos. El «anarco capitalismo» gobierna a través de la presión ejercida sobre las personas por las situaciones de competencia que crea. Esa razón es mundial y «hace mundo», atraviesa todas las esferas de la existencia humana. Es un verdadero proyecto de sociedad y cierta fabricación del ser humano.


El anarquismo, como ya hemos dicho, ha rechazado el poder tradicionalmente (un tema que debemos revisar en el sentido de qué y cómo entendemos el poder… eso para otro día) pero debe rechazar esos principios primeros para afirmar que es la práctica la que a partir de sí misma elabora su propia justificación y construye sus propios principios que serán tan múltiples como la propia multiplicidad de las situaciones vividas (Ibáñez). La anarquía es, por tanto, la afirmación de lo múltiple, de la diversidad ilimitada de los seres y de su capacidad para componer un mundo sin jerarquías, sin dominación, sin otras dependencias que la libre asociación de fuerzas radicalmente libres y autónomas (Colson).


En conclusión, nada que ver con la dictadura del mercado, de la competencia, de la propiedad privada que atraviesa todas las esferas de la existencia humana y convierte a las personas en seres dependientes de unos deseos creados por el capital para generar más beneficios y más pobreza material y del pensar.


Proclamemos a los cuatro vientos que «su» anarquía y «su» libertarianismo es una apropiación indebida y que los «muebles» forman parte de nuestra genealogía de la que nos alimentamos siempre desde el pensamiento crítico y no desde la idea de principios inamovibles y únicos.


Laura Vicente



[1] El libro es de 2001, traducido en 2003 por la editorial Nueva Visión de Buenos Aires.

[2] El libro es de 2024 y ha sido publicado por Gedisa.

[3] El libro es de 2024 y ha sido publicado por Ned.


jueves, 23 de marzo de 2017

ANTI, PRO, ANARQUISMO Y REBELIÓN

Estamos muy acostumbradas/os a expresar lo que queremos en negativo, en modo anti- (capitalismo, clericalismo, fascismo, racismo, sexismo, etc. etc.). El catálogo de ANTIs sería muy largo y razones no nos faltan para manifestar ese estado anímico contrario a mucho de lo que nos rodea. El 15M nos enseñó algo (mucho más que algo) que deberíamos haber sabido, o sabíamos, por la aportación, en este sentido, del anarquismo. Me refiero a intentar plantear nuestras peticiones, necesidades, reclamaciones en positivo. Y no es que sea partidaria del positivismo a ultranza que tan bien cuestiona Byung-Chul Han[1] cuando señala que el exceso de positividad se manifiesta como un exceso de estímulos, informaciones e impulsos por lo que la percepción queda fragmentada y dispersa. La sociedad del poder sin límites, su plural afirmativo, Yes, we can, expresa el carácter de positividad. La llamada a la motivación, a la iniciativa, al proyecto, es más eficaz para la explotación que el látigo y el mandato y reemplazan la prohibición, el mandato y la ley. El exceso de positividad implica que vivimos en un tiempo pobre de negatividad en el que desaparece la otredad y la extrañeza y se impone lo idéntico.

ANA JUAN

Pero el planteamiento anarquista es liberador puesto que, como afirma  Daniel Colson[2], se concibe así mismo como fuerza afirmativa que, mediante la rebelión, rompe las cadenas de la dominación, para en el propio movimiento de la ruptura, afirmar mejor otro posible, otra composición del mundo. Este planteamiento crítico con el  modo anti no deriva en el modo pro- (chinos en los años 70, feminista, negros, animales, indocumentados, naturaleza, etc. etc.), puesto que esta propensión hipócrita de ponerse en lugar de otros/as, en una relación de sumisión, dominación, culpabilidad, se opondría a cualquier verdadero deseo de emancipación. Para el pensamiento anarquista cada ser colectivo pertenece a sí mismo y solo a partir de sí mismo encuentra las razones para asociarse con otros seres que también luchan por su emancipación. Este planteamiento refuerza la autonomía absoluta de los seres, la igualdad también absoluta que solo esa autonomía garantiza y la experiencia como único criterio del carácter emancipador de las asociaciones o desasociaciones que esa autonomía e igualdad autorizan.

De esta manera podemos propiciar encontrarnos en el interior de momentos emancipadores, momentos de rebelión en los que, rechazando las relaciones de dominación de forma radical, se pueda afirmar el otro posible que recomponga la realidad. La rebelión produce nueva realidad, como afirma Jacques Rancière[3], porque redefine el mapa de lo posible, no solo modifica lo que se puede ver, hacer, sentir y pensar acerca de la realidad, sino también quién puede hacerlo. Lo que no cuenta en el orden social, puede llegar a conformar un nosotros/as que se oponga a aquellos/as que solo defienden sus propios intereses y privilegios. Por tanto, el conflicto político designa la tensión entre el cuerpo social estructurado, en el que cada parte tiene su sitio, y la "parte sin parte", que desajusta ese orden en nombre de un vacío principio de universalidad. La verdadera política, por tanto, trae siempre consigo una suerte de cortocircuito entre el Universal y el Particular: la paradoja de un singulier universel, de un singular que aparece ocupando el Universal y desestabilizando el orden operativo "natural" de las relaciones en el cuerpo social. Esta identificación de la no-parte con el Todo, de la parte de la sociedad sin un verdadero lugar (o que rechaza la subordinación que le ha sido asignada), con el Universal, es el ademán elemental de la politización.

La rebelión siempre es afirmativa, significa la explosión de una fuerza que bloquea el orden establecido afirmando una libertad constitutiva de la realidad humana. Por eso el anarquismo puede hacer suya la expresión de Jean Genet:
No amo a los oprimidos. Amo a los que amo, que siempre resultan hermosos y a veces oprimidos, pero que están de pie en la rebelión[4].





[1] Byung-Chul Han (2012): La sociedad del cansancio. Herder, Barcelona.
[2] Daniel Colson (2003): Pequeño léxico filosófico del anarquismo. De Proudhon a Deleuze. Nueva Visión, Buenos Aires.
[3] JACQUES RANCIÈRE (2006): El odio a la democracia. Amorrortu, Buenos Aires.
[4] Jean Genet (1951): Miracle de la rose, (Euvres complètes). Gallimard, Paris. Citado en Daniel Colson (2003), p. 220.

viernes, 3 de febrero de 2017

AFINIDAD ELECTIVA Y ANARQUÍA

Diversas ideologías y creencias religiosas se han fundamentado en una pretensión de totalidad y hambre de lo trascendente, necesitando  alimentar las mentes de sus seguidores/as de manera continuada a base de mitos. Todas ellas se han aprovechado (y se aprovechan) de la reserva emocional de los seres humanos, por ello  en sus actos y celebraciones, los participantes comunican y comparten valores (tierra, historia, ancestros, mitos, etc.) y emociones.

AGUSTÍN COMOTTO

La anarquía es justamente el rechazo de todo principio absoluto, de todo principio inicial, la anarquía es la afirmación de lo múltiple, de la diversidad ilimitada de los seres y de su capacidad  para pensar y construir un mundo sin jerarquías, sin dominación, sin mitos que supongan dependencias. Sin intentar convertir la libertad en otro absoluto, la anarquía busca la libre asociación de fuerzas radicalmente libres y autónomas que pueden mostrar la capacidad para expresar el poder de que son portadoras las personas. La anarquía busca liberar trabas, mitos y dependencias, permitiendo ir hasta el límite de lo posible.

La “afinidad electiva”[1] es una noción reinterpretada por el movimiento libertario que tiene, en parte, su origen en la novela de Goethe, Las afinidades electivas (1809), que pone en tela de juicio los fundamentos del matrimonio y le permitió a su autor reflexionar en torno a la moral, el dominio de sí y la alienación enfermiza causada por la dificultad de enfrentar las propias pasiones.
Las afinidades entre las personas toman en consideración el temperamento, las diferentes formas de sensibilidad, los diferentes rasgos de carácter  y las diferentes maneras de integrarse con los demás. La asociación debería ser el arte de despertar lo mejor de cada persona, descartando lo peor, la capacidad de movilizar recursos nuevos, positivos y portadores de libertad y de vida. Romper con los estereotipos y los roles impuestos requiere que se ponga a su servicio lo mejor de quienes se organizan por afinidad.

Ejemplos de afinidad electiva fueron los diversos grupos de Mujeres Libres/Libertarias de la época de la Transición que se asociaron en grupos de rebeldes, desobedientes y heterodoxas que indagaron y lucharon por buscar caminos no explorados.


 [1] Esta reflexión ha sido inspirada por la caracterización de este concepto que hace Daniel Colson (2003): Pequeño léxico filosófico del anarquismo. De Proudhon a Deleuze. Nueva Visión, Buenos Aires.