miércoles, 13 de junio de 2018

REFLEXIONES SOBRE LA EXPERIENCIA EN LOS LAGER DE PRIMO LEVI




Este libro de Primo Levi[1] me ha impresionado tanto que prefiero mostrar solo sus palabras, eso sí, seleccionadas por mí. Es el tercer libro de la trilogía sobre los campos de exterminio, una última reflexión sobre su experiencia en la que indaga en aspectos esenciales, vitales, necesarios: libertad, supervivencia, moral, poder, vergüenza, responsabilidad, sufrimiento, dolor, derrota y tantos otros. 
Os recomiendo encarecidamente su lectura.


¿Quién sobrevivió y, por tanto, quién ha testimoniado sobre los Lager?
Los prisioneros “normales” sin privilegios apenas han testimoniado, eran la mayoría en los Lager pero minoría exigua entre los supervivientes. La historia de los Lager la han escrito casi exclusivamente quienes tenían privilegios (hay dos tipos de privilegiados: los que se sometían a las autoridades del campo, estos no testimoniaron, y los que no se sometieron, casi siempre políticos) (15). Dado que la ración alimentaria era del todo insuficiente, un suplemento alimenticio (para ello se necesitaba algún privilegio) era necesario para sobrevivir (37).
La realidad es que los privilegios se conceden en todo lugar de convivencia humana porque donde hay poder, nace el privilegio. Por eso en los Lager hubo privilegios (38,62)
Por tanto, según Primo Levi, sobrevivieron los peores, los egoístas, los violentos, los insensibles, los colaboradores de la “zona gris”, los espías; los más aptos. Los mejores murieron todos (77). Los hundidos eran los verdaderos testigos, ellos eran la regla, los sobrevivientes son las excepción, una minoría anómala, además de exigua (78).


El mundo de los Lager y las víctimas
En los Lager se buscaba destruir la  capacidad de resistencia de las víctimas, se las degradaba, las asimilaba al nacionalsocialismo debilitándolas al privarlas del esqueleto político o moral (37). El nacionalsocialismo ejerció un espantoso poder de corrupción. Degradó a sus víctimas y las hizo semejantes a él porque impuso complicidades grandes y pequeñas (62-63).
El enemigo estaba alrededor y dentro; el “nosotros” perdía sus límites, los contendientes no eran dos (34), por esa razón el autor consideraba que los Lager eran terribles pero además indescifrables, no se ajustaban a ningún modelo.
El Lager se convirtió en un laboratorio cruel. La violencia inútil dirigida exclusivamente a causar dolor (99). Transformaron a los seres humanos en animales; un régimen inhumano difundió y extendió su inhumanidad en todas las direcciones (105).


Zona gris, zona de ambigüedad humana, zona de colaboración
La zona del poder cuanto más restringida es, más necesidad tiene de auxiliares externos. En los países ocupados se necesitaban fuerzas de orden, delegados y administradores del poder alemán.
Cuanto más dura era la represión, más difundida estaba entre los oprimidos la disposición para colaborar (39-40).
El poder se otorgaba generosamente a quien estaba dispuesto a rendir homenaje a la autoridad jerárquica. En situaciones extremas hay más gente dispuesta al compromiso (44-45).
Caso límite de colaboración: los Sonderkomandos.
El síndrome del poder permanente y certero: tienen una visión distorsionada del mundo, la arrogancia dogmática, la necesidad de adulación, el aferrarse convulsamente al puesto de mando, el desprecio de las leyes (62).


La liberación
No fue alegre ni despreocupada: angustia, vergüenza  por la “conciencia recobrada de haber sido envilecidos” por el hambre, el cansancio, el miedo y el frío.
El parámetro moral cambió en los Lager donde se olvidaron de todo quedando reducidos al presente (como los animales) (69-70). Provocó muchos suicidios tras la liberación porque emergió el sentimiento de culpa por no haber hecho nada o lo suficiente contra el sistema. Culpa por fallar en el plano de la solidaridad humana, en la omisión de socorro.
Sintieron vergüenza porque se había demostrado que el ser humano era capaz de causar una mole infinita de dolor



[1] Primo Levi (1989-2017): Los hundidos y los salvados. Península, Barcelona.


domingo, 3 de junio de 2018

LA MEMORIA FALSIFICADA


No hay historia muda. Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca. El tiempo que fue sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es, aunque el tiempo que es no lo quiera o no lo sepa.
                                                 EDUARDO GALEANO

Quiero confiar en la palabra de Galeano, quiero pensar que la historia, por mucho que la mientan, no enmudecerá. Sin embargo, cualquier buen observador/a apreciará sin grandes dificultades cómo se manipula la historia y la memoria para convertirlas en objeto de consumo de ciertos planteamientos políticos.
Esta reflexión es producto de un malestar que ha ido alimentándose con el paso del tiempo y con la reiteración de los motivos que lo provocan. Me refiero a la colocación de placas dando nombre a calles, centros de salud y otras iniciativas que, con buena voluntad de la izquierda (vieja y nueva), se dedican a figuras del anarquismo en diversas ciudades y pueblos. Aunque la iniciativa puede parecer positiva, no lo es tanto porque en estos reconocimientos falta siempre lo que define la idiosincrasia de estas personas, es decir, el ser anarquistas o anarcosindicalistas.
Reconvertir anarquistas en luchadores/as por las libertades, escritores/as, pedagogos/as, defensores/as de la clase obrera, periodistas, trabajadoras por la salud, etc., es una buena manera de olvidarlos, es una buena manera de construir una memoria buenista y aceptable. Veamos cinco ejemplos entre otros muchos:


En esta ocasión se trata de Salvador Seguí y la placa que recuerda que fue asesinado en 1923 en Barcelona: defensor de la clase obrera. ¿Es posible una referencia más genérica? Pero es que a escasos metros está la Plaza Salvador Seguí, en la que figura un escueto: sindicalista (¿se les ha olvidado que era sindicalista de la CNT?).


En un pequeño pueblo del Pirineo aragonés (Araguás del Solano) encontramos una placa dedicada a Acín que lo recuerda como: escritor. Nadie en la zona sabía que Acín era anarquista.


En esta tercera ocasión no es una placa sino una bolsa de tela que me propusieron comprar como suscriptora de la Directa, medio de información por la transformación en Cataluña. Sorprendentemente pone: Ramón Acín: Periodista y pedagogo aragonés asesinado por el fascismo en agosto de 1936. En este caso si entré en contacto con los responsables de la Directa para comentarles que se les había olvidado poner que era anarquista y que, justamente, eso es lo que explicaba su ejecución fulminante y lo que daba sentido a su figura. La respuesta fue espectacular: no lo pusieron, me dijeron, porque no les cabía. Les comenté que podían haber quitado periodista, pedagogo o aragonés para dejar paso a anarquista. Ya no hubo respuesta, ahí acabó nuestro diálogo por correo electrónico (por cierto, las dos A circuladas las he puesto yo).


La placa dedicada a Teresa Claramunt que da nombre a una calle de un barrio obrero de Sabadell también ha quedado falsificada al convertirla en luchadora y defensora de las libertades, ¿qué libertades? ¿las libertades de las constituciones democráticas? La Libertad con mayúscula se habría acercado algo a lo que fue (y es) Claramunt, feminista y anarquista dejaría muy clara du idiosincrasia.


Por último, Federica Montseny, la indomable, se convierte en esta placa, situada en un centro de salud de Madrid, por una cabriola prestidigitadora en trabajadora ejemplar por la salud, sin más referentes que ayuden a situar a esa breve estancia (noviembre  1936- mayo 1937) de Montseny en el Gobierno Largo Caballero.

Tras repasar estos ejemplos, conviene precisar conceptos como  memoria, historia y recuerdo. El recuerdo es la experiencia vivida y está destinado a morir con sus testigos. La memoria es la rememoración colectiva del pasado,  puede ser (o no) un elemento permanente de la conciencia social[1]. Dice el historiador Enzo Traverso:
La memoria es en realidad una representación del pasado que se construye en el presente, resulta de un proceso en el que interactúan varios elementos, cuyo papel, importancia y dimensión varían según las circunstancias. Las personas cambian, sus recuerdos pierden o adquieren importancia nueva según los contextos, las sensibilidades y las experiencias acumuladas[2].
La memoria, por tanto, es siempre subjetiva y necesita ser contrastada con otras fuentes que le otorguen más objetividad. Y es la historia la que debe aportar el discurso crítico sobre el pasado, es decir, la reconstrucción de los hechos y acontecimientos pasados ​​tendentes a su examen contextual y a su interpretación. La memoria solo puede vivir mediante una interacción permanente con la investigación histórica y con la acción social y política.

La realidad ha demostrado que somos una comunidad no del recuerdo, sino del olvido organizado, sistemático y deliberado[3]. El franquismo quiso destruir la memoria anterior a 1939 en su afán por aniquilar a los vencidos. Pero el olvido organizado no lo ejecutó solo el franquismo, la Transición democrática hizo pagar una cuota muy elevada a las víctimas del franquismo para asentar la democracia mediante el olvido de lo sucedido en la memoria social. La democracia no varió en exceso el rumbo en lo que respecta al movimiento anarquista y la “nueva izquierda” se apunta al carro banalizando y vaciando de contenido a hombres y mujeres anarquistas. La palabra anarquía y sus derivados es una copa difícil de beber para las posiciones políticas institucionales (incluso para algunas que no lo son).

A veces la memoria se ha convertido en un campo de batalla entre versiones interesadas del pasado al servicio de las diversas tendencias políticas. La consecuencia más negativa de estas polémicas son los disparates que se consiguen asentar en la opinión pública como verdades históricas que no se pueden poner en cuestión. La manipulación del pasado, la creación de mitos y la distorsión de los hechos históricos, cuando se apoyan en la potente máquina económica y propagandística del poder, son muy difíciles de desmontar. Para ejemplo un botón: Cataluña.

Hay tantos recorridos  de la memoria como itinerarios vitales, los espacios organizativos y de lucha que se estructuran alrededor del anarquismo deberían estar presentes en todos los escenarios de la memoria. Hay que atreverse a saber y construir nuestros propios mapas, nuestros puntos de referencia[4], ya que lo que olvidamos, ya no es nuestro. Hacer memoria es imprescindible para evitar que nos arrebaten lo que somos.
  


[1]  Enzo Traverso (2001): La historia desgarrada. Ensayo sobre Auschwitz y los intelectuales. Herder, Barcelona, p. 193.
[2] Enzo Traverso (2012): La historia como campo de batalla. Interpretar las violencias del siglo XX. FCE, Buenos Aires, Argentina, p. 286.
[3] Zigmunt Bauman y Leonidas Donskis (2015): Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida. Paidos, Barcelona, p. 161.
[4] Dasa Drndic (2015): Trieste. Automática Ed, Madrid. Simona Skrabec (traductora), p. 12-13.

miércoles, 23 de mayo de 2018

UNA FOTO, UN MUNDO NUEVO


La primera vez que vi esta fotografía  me impresionó la desenvoltura con la que caminaban estas tres mujeres (de izquierda a derecha): Lucía Sánchez Saornil, Emma Goldman y Christine Kon-Rabe[1]. Lucía y Christine tienen el gesto dirigido a la mujer de más edad, Emma Goldman, que muy bien podía estar hablando a sus compañeras en el momento en que se hizo la foto.
No solo es el andar decidido de estas tres mujeres lo que me llamó la atención, su gestualidad, influida por el peinado y el vestuario, transmite autonomía y determinación[2].
El peinado más transgresor corresponde a Lucía que lleva el pelo a lo garçon, un corte de pelo que apareció en los años veinte tras la Iª Guerra Mundial. Tras haber ocupado todo tipo de puestos de trabajo en la retaguardia, muchas mujeres no estaban dispuestas a volver a casa como si nada hubiera pasado y, en Francia, algunas de las que reclamaban la igualdad se cortaron el pelo y adoptaron un estilo andrógino que les valió el nombre de garçonnes. En Estados Unidos fueron las flappers las que con su pelo corto y sus maneras masculinas se rebelaron contra la moralidad imperante. Esa misma realidad, una guerra en la que los roles de género quedaron también pulverizados, pudo impulsar a Lucía, cuya orientación sexual lesbiana parece clara, a adoptar este modelo andrógino completado por su vestuario: pantalón, americana, camisa blanca y corbata.
Ni Emma ni Christine se cortaron el pelo a lo garçon, ambas conservaron el pelo largo recogido en un moño (con trenzas en el caso de Christine). La diferencia generacional entre ambas se percibía en la ropa puesto que mientras Emma llevaba de forma descuidada un gabán por encima de los hombros y la ropa oscura, Christine llevaba ropa más entallada, falda más corta y destacaba el detalle del pañuelo y la cartera en la mano.
Tres mujeres de países diferentes: una lituana nacida en Kaunas en 1869, una española nacida en Madrid en 1895, y una polaca nacida en Varsovia en 1911. La más mayor, Emma, estaba muy cerca de cumplir los setenta años, Lucía acababa de entrar en la cuarentena, mientras que Christine se acercaba a la treintena. Mujeres de tres generaciones diferentes si utilizamos el criterio de que la generación viene marcada por la pertenencia a una misma década. Otro criterio muy diferente establece que debe haber treinta años de diferencia entre una generación y la otra, de esta forma Goldman sería de una generación diferente a Sánchez –había 26 años de diferencia entre ambas- y a Kon-Rabe -42 años entre ambas-. Sin embargo, Sánchez y Kon-Rabe serían de la misma generación puesto que la diferencia de edad entre ambas era de 16 años.
Sabemos con exactitud cuándo y dónde fue tomada esta fotografía puesto que el original está depositado en el archivo de la Fundación Anselmo Lorenzo (FAL)[3]. La fotografía fue tomada en Barcelona el 20 de octubre de 1938 en el tercer viaje de Emma Goldman a España[4], durante la guerra civil, único acontecimiento que pudo reunir a estas tres mujeres. Emma Goldman visitó España en tres ocasiones, entre su primera estancia (septiembre a diciembre de 1936) y la tercera (septiembre a noviembre de 1938[5]), transcurrió un lapso de tiempo de poco más de dos años.
Lucía Sánchez y Christine Kon-Rabe es muy probable que se conocieran en  la ciudad de Valencia[6]. Sánchez Saornil marchó de Madrid a mediados de 1937, se trasladó a Valencia y se integró en la redacción del semanario gráfico Umbral que apareció el 10 de julio del 37. Allí conoció a América Barroso (Mery) que entró en la redacción por medio de Mateo Baruta, compañero de Christine Kon-Rabe. Baruta había sido secretario de Federica Montseny cuando ocupó el cargo de Ministra de Sanidad y Asistencia Social, por tanto vivía en Valencia. Lucía y Christine se conocieron en Valencia en el entorno de la redacción de Umbral.
No se puede descartar que Emma Goldman conociera a Lucía y Christine en su segundo viaje. Goldman aterrizó en Barcelona en septiembre de 1937 y estuvo en Valencia en dos ocasiones (antes y después de visitar Madrid). Fue en esta ciudad en la que pudo coincidir con Lucía y Christine en torno a las actividades de la recientemente fundada SIA (Solidaridad Internacional Antifascista). Esta organización fundada por la CNT-FAI y las Juventudes Libertarias disponía de unos Estatutos elaborados a finales de mayo de 1937[7]. Se trataba de un organismo humanitario y político que pretendía crear una organización  de solidaridad internacional en defensa de la revolución social en España. La estructura organizativa, recogida en los Estatutos, estaba formada por la Comisión Ejecutiva que se componía de un Secretario General, el primero fue Pedro Herrera, el Tesorero, el Contador y los Vocales que se distribuían las funciones a realizar: Propaganda, Estadística, Relaciones y otras. Además existía un Consejo General para la organización  de las agrupaciones internacionales.
Tanto Umbral  como la Comisión Ejecutiva de SIA se trasladaron a Barcelona en los últimos días de 1937 o los primeros de 1938. SIA renovó su  Comisión Ejecutiva siendo nombrado Secretario Mateo Baruta, Lucía Sánchez en Prensa y Propaganda, Christine Kon-Rabe en Relaciones Extranjeras, José Carrasquer en Contabilidad y Aurea Cuadrado en Asistencia Social (Lucía y Aurea eran de Mujeres Libres). Tanto Umbral como SIA se instalaron en el mismo edificio, c/ Pi y Margall, 20.
En septiembre de 1938 Emma Goldman viajó por última vez a España, el 1 de octubre asistió a la sesión plenaria ordinaria del Consejo General de SIA[8] en Barcelona acompañada de Lucía Sánchez en la Secretaría, Mateo Baruta como Vice-Secretario, Fidel Miró en Propaganda y Lucas en Contabilidad. Abrió la reunión Lucía Sánchez que, “visto que la lengua española causa dificultades a la camarada Emma, se designa a la  camarada Cristina Kon, agregada de Propaganda y Secretaria de actas  de las reuniones, como interprete”[9] por el  dominio que tenía de varios idiomas. En esta reunión tenemos la constatación de que las tres mujeres se conocían, estaban vinculadas a la SIA y es posible que la foto se tomara esos días de la reunión del Consejo General.
La implicación de la organización Mujeres Libres en SIA fue muy importante puesto que la acción humanitaria de este organismo se desarrolló en la retaguardia donde las mujeres tenían un papel protagonista. No podemos olvidar que estas tres mujeres que caminan con desenvoltura son feministas (al menos Lucía y Emma con seguridad), Lucía tuvo un gran protagonismo en Mujeres Libres y fue una de las tres redactoras de la revista Mujeres Libres, Emma Goldman apoyó la revista desde el principio como una iniciativa fundamental para capacitar a las anarquistas. De hecho, Mercedes Comaposada envío a Emma dos acreditaciones en julio de 1937 en que la nombraban “corresponsal y representante de las Publicaciones Mujeres Libres en Europa y Estados Unidos de América”, así como representante y “delegada de la nueva Federación Nacional de Mujeres Libres” que se iba a adoptar en agosto[10]. No tenemos constancia de que Christine colaborara de alguna manera con Mujeres Libres o con la revista pero no lo podemos descartar puesto que la mayoría de los artículos eran anónimos.
La guerra civil y la revolución habían convertido algunas ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia en una auténtica Babel donde se hablaban diversas lenguas[11], era el caso de Emma y Christine que además eran de origen judío. Solo la coyuntura europea, con la extensión del totalitarismo y del fascismo, y la propia guerra civil española como anticipo de la guerra civil europea, puede explicar que dos de esas tres mujeres que caminaban unidas fueran judías.
Emma Goldman nació en una familia de judíos ortodoxos y emigró a Estados Unidos con 16 años, allí conoció a Aleksander Berkman, un judío ruso, que fue su principal compañero de vida. Sin embargo Goldman, y posiblemente Kon-Rabe, formaban parte del internacionalismo de resistencia en el que primaba la clase por encima de la cuestión judía. El internacionalismo era el horizonte de la aspiración socialista a una justicia universal, la lucha por la emancipación de la Humanidad convirtieron la adscripción judía en un dato sin importancia. En este sentido, la Revolución española de carácter anarquista fue un polo de atracción para cualquier revolucionario/a y también de aquellas personas de ascendencia judía como las dos mujeres de esta fotografía. Es muy posible que Emma y Christine se comunicaran en yiddish por su origen europeo oriental, desde luego Emma lo hablaba, cosa que le había permitido informarse de temas muy diversos tanto en Estados Unidos como en la Rusia revolucionaria[12].
Esta fotografía nos ofrece, por tanto, la vida de tres mujeres que se entrecruzaron en  Barcelona en los últimos días del verano (con seguridad a principios del otoño) de 1938, mujeres que se empoderaron para ganar en autonomía personal. Nada tenían que ver entre ellas pero la Guerra civil, y la Revolución consiguiente,  provocaron  que  sus vidas se entrecruzaran de manera inevitable hace ochenta años. 
Tres mujeres anarquistas y feministas fueron captadas por una cámara mientras caminaban decididas  y convencidas de que un mundo nuevo era posible para ellas.
Este artículo ha sido publicado en la revista Humanitat Nova, nº 3/4, 2018. En la sección de Memoria Histórica de Rojo y Negro y en el blog Alkimia de El Salto: 
https://www.elsaltodiario.com/alkimia/una-foto-un-mundo-nuevo




[1] La primera persona que me indicó el nombre de Christine y, posteriormente, me dio otra referencia sobre la fotografía fue Thiago Lemos.
[2] Soy de la opinión que la manera de vestir o el corte de pelo revela mucho de las personas, igual sean hombres que mujeres. Soy consciente que a las mujeres se las juzga más que a los hombres por su ropa o peinado, pero este artículo nace por una fotografía y la gestualidad, la ropa y el peinado son importantes para explicar mi decisión de escribir este artículo y, quizás , en el futuro un trabajo más extenso.
[3] La fotografía (tamaño 9 x 12 cm),se puede consultar en: http://fal.cnt.es/fondos/?q=node%2F29690
[4] José Peirats (2011): Emma Goldman. Anarquista de ambos mundos. La Linterna Sorda, Madrid. En la edición de este libro la fotografía se sitúa en el segundo viaje de Emma Goldman (septiembre-noviembre de 1937).
[5] Hubo una segunda estancia entre septiembre y noviembre de 1937.
[6] Goldman y Sánchez Saornil pudieron coincidir en Madrid en el primer viaje de la primera en noviembre de 1936, pero difícilmente Kon-Rabe que se desplazó a Barcelona cuando supo que se había producido la revolución española.
[7] Los Estatutos de SIA fueron aprobados  por el Gobierno de la República el 8 de junio de 1937. International Institute of Social History. Emma Goldman Papers. Inv. nr. 297
[8] Las sesiones plenarias se celebraban trimestralmente y con un orden día fijo recogido en los Estatutos. International Institute of Social History. Emma Goldman Papers. Inv. nr. 297.
[9] Así queda recogido en el acta de SIA de 1 de octubre de 1938. International Institute of Social History. Emma Goldman Papers. Inv. nr. 298
[10] Así queda recogido en dos documentos firmados (el 1 y 30 de julio de 1937) por Mercedes Comaposada como redactora de la revista. International Institute of Social History. Emma Goldman Papers. Inv. nr. 300.
[11] Esta referencia de una Babel se aplicaba a Barcelona en José Peirats, 2011: p. 250.
[12] Las referencias al tema del anarquismo y el judaísmo en el capítulo 2 “Vectores del Internacionalismo” en el libro de Yago Mellado López (2017): El anarquismo en el espejo judío. FAL, Madrid.

domingo, 13 de mayo de 2018

AUSCHWITZ, PENSAR EL PRESENTE


El libro de Enzo Traverso[1] que nos sirve de base para esta reflexión pivota sobre dos pilares: la figura del intelectual y la necesidad de pensar sobre Auschwitz.


Entonces, como ahora, la intelectualidad debería partir de una posición crítica para encarnar la heterodoxia, la disidencia y el pensar sin ataduras. El anticonformismo, la inquietud existencial y la mente abierta, son el punto de partida imprescindible para “alertar del incendio”, es decir, dar la alarma, reconocer la catástrofe, nombrarla y analizarla.

Hoy muy pocos intelectuales son capaces de mantener estas posiciones críticas e inconformistas que nos alerten del incendio. Algo parecido ocurrió en el contexto del nazismo y la II GM, solo una minoría fue capaz de mantener la mente abierta y alertar de la catástrofe que se estaba fraguando. Muchos intelectuales fueron colaboracionistas o formaron parte de la multitud de cegados, que no vieron nada de lo que ocurría a su alrededor.
Como señala Dasa Drndic en su excelente novela Trieste:
Los observadores ciegos, la gente “normal”, son los que hacen apuestas seguras, son los que no arriesgan. Ellos quieren vivir sus vidas sin interrupciones. En la guerra, e ignorando la guerra, esos observadores ciegos giran la cabeza con indiferencia y rehúsan activamente saber nada. Su autodefensa consiste en un escudo duro. Encerrados en su cápsula, se regocijan como larvas.
Los hay en todos los sitios. En los gobiernos neutrales de los países neutrales, entre los aliados, en los países ocupados, entre la mayoría, entre la minoría, entre nosotros. Somos nosotros, los bystanders.
Traverso considera que hubo cuatro grandes grupos de intelectuales:
*Los colaboracionistas, que no se tratan en el libro.
*Los no traidores sino trágicamente cegados ante el genocidio.
*Los llamados “alertadores de incendio”: intelectuales judíos exiliados que ven e intentan pensar Auschwitz, desarraigados en el aspecto social y anticonformistas en el cultural.
*Los supervivientes: especialmente quienes convirtieron Auschwitz en la fuente inspiradora  de su obra y, por tanto, plantearon la imposibilidad de pensar la vida y la cultura al margen de esa ruptura.
El libro recoge la huida de algunos intelectuales que no vieron la importancia de la catástrofe y las de aquellos que reflexionaron y pensaron sobre ella para analizarla, bien desde sus propias vivencias o bien por percibir enseguida la magnitud de lo que estaba ocurriendo.


Auschwitz aparece en estas páginas como el producto legítimo y auténtico de la civilización occidental y, por ese motivo, la intelectualidad tenía la obligación de reflexionar sobre los Lager para comprender una sociedad contaminada por la barbarie. La Solución final hundía sus raíces en el seno de las sociedades del siglo XX, aparecía como un test de las posibilidades ocultas de la sociedad moderna. En este proyecto fatal se unió la monopolización estatal de la violencia con la producción adecuada de indiferencia moral.


Auschwitz fue también el resultado de la fusión de la biología racial con la técnica y las fuerzas de destrucción de las sociedades industriales. Este genocidio partió del encuentro fatal del antisemitismo  moderno, biológico y racial, con el fascismo, dos polos oscuros y siniestros de la modernidad que encontraron una síntesis en Alemania, pero que por separado ya estaban ampliamente difundidos en la Europa de entreguerras (pp. 248-249). Los campos de exterminio no representan una “regresión” hacia el pasado sino un fenómeno histórico radicalmente nuevo: uno de los rostros de nuestra civilización.

Al sacar a la luz la dialéctica profunda del proceso de civilización, con todo el potencial de violencia e inhumanidad que implicaba, Auschwitz supuso una ruptura de civilización. La Solución final constituyó una cesura histórica porque el judaísmo era una de las fuentes del mundo occidental. Exterminar a los judíos significaba socavar las bases de nuestra civilización. Con los campos de exterminio se cuestionó radicalmente el fundamento mismo  de la existencia humana. En este sentido Auschwitz constituyó un “eclipse de lo humano” (pp. 251-252).

Para concluir, una reflexión de Primo Levi que consideraba que pese a la importancia de la reflexión, las palabras nunca podían estar a la altura de la herida que designaban. Sería vano buscar en ellas un refugio o un consuelo e ilusorio confiarles la tarea de una comprensión definitiva (p. 189).



[1] Enzo Traverso (2001): La historia desgarrada. Ensayo sobre Auschwitz y los intelectuales. Herder, Barcelona.


jueves, 3 de mayo de 2018

¿QUÉ ES SER FEMINISTA? UNA REFLEXIÓN.


El ensayo de JESSA CRISPIN, Por qué no soy feminista. Un manifiesto feminista, es breve pero arremete sin muchas contemplaciones contra aquellos aspectos, del “ser feminista”, de los que abomina. En primer lugar somete a examen el error de la universalidad del feminismo puesto que para que lo sea, abandona el cuestionamiento de la sociedad, las relaciones y la vida, para pasar a ser un método de empoderamiento y mejora personal. Para alcanzar el universalismo y que todas las mujeres sean feministas se simplifica el mensaje convirtiendo el feminismo en algo insustancial.


A Crispin no le gusta el término empoderamiento, lo entiende como la capacidad para vivir la vida que hemos escogido sin centrarnos en qué podría o debería ser esa vida. El deseo de centrarse en el cambio personal es un síntoma de la incapacidad para cambiar el mundo, muestra el sentimiento de impotencia del feminismo. Sin embargo, me parece que Crispin desestima otro uso de empoderar que tiene su origen en los movimientos por los derechos civiles que buscaban empoderar a sus seguidores, es decir, conquistar derechos y, con ellos, fuerza, poder para tomar sus propias decisiones y para asumir el control de sus vidas. La palabra floreció cuando fue adoptada por el movimiento feminista y con él se hacía referencia al proceso por el cual las mujeres acceden al control de los recursos, materiales y simbólicos, e incrementan su capacidad y protagonismo, es decir, acceden a la autonomía personal. El empoderamiento tiene una doble dimensión, individual y colectiva, e implica la transformación de las estructuras y procesos que reproducen la posición subordinada de la mujer. Crispin solo arremete contra la dimensión individual, que por otro lado es necesaria para potenciar la colectiva.
La autonomía y la independencia personal es entendida por la autora como ambición para hacerse un huevo en el mundo de los hombres, si se lucha por la inclusión, dice Crispin, lo único que se hace es unirse a las filas de los que están incluidos y sacar provecho de ello. Para lograrlo hay que copiar la conducta de los hombres y adoptar sus valores basados en el poder y el dinero. De esa manera no se destruye el sistema sino que se entra en él y el resultado es un mundo hipermasculinizado. Sin embargo, la autonomía personal se puede entender en clave de emancipación interna, imprescindible para destruir el sistema.
Es muy crítica con la creencia en unas cualidades innatas de la mujer que potencian la idea de que se puede desechar al género masculino por completo. Nada más fácil, dice la autora, que identificarse con un grupo (“mujeres”) y rechazar o descalificar a su opuesto. De esa actitud puede resultar un odio al género masculino que le resulta muy inquietante porque indica la incapacidad de las mujeres de sentirse valiosas sin menospreciar el valor de los hombres. La superioridad por otro lado deshumaniza a los hombres y ese planteamiento combinado con el victimismo puede ser muy peligroso. La mentalidad de víctima es un escudo para no analizar nuestras propias acciones y comprobar su contenido defectuoso en muchos aspectos. Del odio surge la venganza, algo tremendamente negativo para la causa del feminismo. Para Crispin, la demonización de los hombres blancos heterosexuales sigue el mismo patrón de odio y prejuicio que alimenta la misoginia, el racismo y la homofobia.
La autora llama a no caer en esa trampa del odio al hombre y plantea la emancipación del ser humano como clave de la emancipación femenina que solo rompiendo con el sistema patriarcal, de clase, racista y hetero normativo, las mujeres centraran sus objetivos en aquello que de verdad puede cambiar el mundo.
Quizás un error del planteamiento de Crispin es hablar de ser feminista en singular, aunque reconoce que hay feministas con planteamientos diferentes, sus críticas parece que se centran en una manera de ser feminista muy generalizada, algo que me parece dudoso que exista en la actualidad.
El libro se lee rápido y remueve algunas cuestiones que es importante cuestionar, desde ese punto de vista resulta útil su lectura.