viernes, 13 de julio de 2018

Dos mujeres, dos clases sociales y dos mundos enfrentados



La millonaria Rafaela Torrents y la sindicalista Teresa Claramunt comparten protagonismo en un ensayo firmado por la historiadora Laura Vicente. Es lo único en común entre dos mujeres a las que el orden social de finales del siglo XIX —no tan distinto al imperante hoy— situó en polos opuestos.

Teresa Claramunt y Rafaela Torrents, mujer contra mujer en la Cataluña insurgente de finales del siglo XIX. 

Periódico EL SALTO, 2018-07-05

Teresa Claramunt y Rafaela Torrents, mujer contra mujer en la Cataluña insurgente de finales del siglo XIX

Las protagonistas de esta historia son cuatro y tienen nombres femeninos: Rafaela, Teresa, Barcelona y la desigualdad. Su autora es Laura Vicente, quien en Mujer contra mujer en la Cataluña insurgente (Comuniter, 2018) ha creado un relato híbrido entre el ensayo documental y la recreación histórica que pretende fotografiar las vidas de dos mujeres absolutamente opuestas en el marco de la Barcelona finisecular que pasaba la página del XIX al XX. Con sus retratos, Vicente busca “una visión global desde dos miradas de mujeres comunes, reales y desconocidas para la historia”, comenta a El Salto esta doctora en Historia por la Universidad de Zaragoza y especialista en historia de la mujer.
Rafaela Torrents (1838-1909) y Teresa Claramunt (1862-1931) nunca se cruzaron y sus comportamientos y condiciones no podrían haber sido más diferentes. Vicente parte del atentado en el Liceo el 7 de noviembre de 1893, un suceso que le sirve para entrelazar las vidas de Torrents y Claramunt: la primera asistía desde la platea a la representación del Guillermo Tell de Rossini, la obra que esa noche inauguraba la temporada de la Ópera en Barcelona, y la segunda sería detenida en la posterior oleada de arrestos —que ascendieron a más de 500 al finalizar el año—, pese a no guardar relación con el ataque, dos bombas lanzadas sobre el patio de butacas cuya explosión provocó una veintena de muertos. Según algunas interpretaciones, el atentado ejemplificaría el choque sangriento de los dos mundos —el burgués y el obrero, de los que Torrents y Claramunt son exponentes muy claros— que compartían la misma ciudad.
“Desde la abundancia de Rafaela Torrents se pueden apreciar mejor las carencias de las mujeres trabajadoras —explica Vicente—. Ella estaba protegida por el dinero y por las influencias políticas que tenía. Aunque intenta transgredir algunos límites, no necesita arriesgar todo como tiene que arriesgar Teresa Claramunt, incluso su salud, que se va deteriorando progresivamente por la falta de recursos”. La historiadora ya había publicado en 2006 otro trabajo, centrado en la figura de Claramunt, pero se quedó con la impresión de que le faltaba la otra parte de la sociedad, las clases altas, “que aparecían casi como una sombra proyectada en la pared”.
MUJER (RICA) CONTRA MUJER (POBRE)
Marquesa una, trabajadora textil desde los diez años la otra, la desigualdad entre ambas se ilustra plenamente con un dato: a los 18 años, el hijo de Rafaela Torrents era el segundo mayor contribuyente al fisco en Barcelona; mientras, Teresa Claramunt sufrió la muerte de cinco de sus retoños a edad muy temprana, apenas unos pocos meses de vida.
De Claramunt llegó a afirmar Federica Montseny —anarcosindicalista que se convirtió en la primera mujer ministra durante la II República— que carecía de cultura y no usaba frases floridas pero que tenía el instinto certero del pueblo. Participante activa en la huelga de las siete semanas en 1883, con el objetivo de reducir la jornada laboral a 10 horas, Claramunt tejió redes con sus compañeras y un año después crearon la sección varia de trabajadoras anarcosindicalistas de Sabadell en la que ella propuso compartir, en las jornadas festivas, los conocimientos de cada una relativos a administración de la casa, lectura o escritura. Después publicaría folletos, organizaría huelgas y secundaría protestas que en numerosas ocasiones dieron con sus huesos en la cárcel. La represión institucional hizo mella en el cuerpo y la salud de Teresa Claramunt.
Rafaela Torrents, por su parte, enviudó muy joven, quedando a cargo de administrar la fortuna legada a su único hijo por parte de su marido, un terrateniente cuya familia había amasado un tesoro en el mercado de los esclavos en Cuba. Esa situación desahogada le permitió disponer de palacete y participar en los rituales de la clase alta en Barcelona, también moverse en los ambientes en los que lo hacían quienes regían el destino de la ciudad. Su mentalidad era conservadora, al igual que sus ideas políticas.
Prolijo en detalles relativos a la vida cotidiana de ambas, el libro de Laura Vicente se inscribe en una corriente historiógrafica denominada contrahistoria, que renuncia conscientemente al gran relato para centrarse en la letra pequeña, según la autora. Un propósito que emparenta su trabajo con el de Carlo Ginzburg (autor de El queso y los gusanos: el cosmos según un molinero del siglo XVI) o el de María Rosón, en su investigación sobre cultura visual e identidades de género en los primeros años del franquismo.
Vicente reconoce que en su búsqueda topó con complicaciones derivadas de la falta de documentación sobre dos personas comunes, aunque una de ellas fuese de clase alta: “De hecho, se sabe menos de Rafaela Torrents que de Teresa Claramunt. Acercarte a su historia es complicado porque hay poco rastro. Claramunt tiene tres coordenadas que hacen muy complicada su biografía: es mujer, viene de clase humilde y desarrolla una ideología política revolucionaria. En el caso de Torrents, el hecho de ser una mujer observada como una persona banal y carente de interés por su condición de clase en esta época lo hace difícil”.
BARCELONA, LA TERCERA EN DISCORDIA
Aunque ninguna de las dos era oriunda de Barcelona, la capital catalana es la tercera protagonista del relato escrito por Laura Vicente a partir de las vidas de Rafaela Torrents y Teresa Claramunt en la segunda mitad del siglo XIX. En ese periodo, la población barcelonesa creció hasta un 300%, debido a la anexión de localidades como Gracia, San Martín o Sants. En 1930 la ciudad alcanzó el millón de habitantes, en un proceso también definido por la baja natalidad, lo que propició el fomento —por parte de las patronales, necesitadas de mano de obra— de la inmigración desde zonas rurales de Cataluña y de fuera.
En esa Barcelona dual creció una febril actividad sindical y obrera, recuerda Vicente: “Cuando se habla de la Cataluña insurgente, se habla de la Cataluña de las clases trabajadoras que eran las que habían construido espacios de resistencia y rebeldía en los barrios, encauzados por el sindicalismo y especialmente por el anarquismo. Pero esto es extensible a cualquier otro lugar de España y de Europa. Lo que queda de eso ahora mismo en la ciudad de Barcelona son barrios en los que hay espacios que emergen en momentos determinados que podrían enlazar con este planteamiento de posiciones de resistencia y rebeldía. Se manifestaron muy claramente en el 15M, por ejemplo. No con la fuerza de entonces, pero siguen muy vinculados al mundo libertario, ya lo muestren explícitamente o por las prácticas que desarrollan”.
La historiadora señala también que en Barcelona “sigue habiendo una distancia enorme entre los barrios de clase alta y de clase trabajadora: no es poca cosa, por ejemplo, que exista una diferencia media de ocho años en esperanza de vida entre unos y otros”.
REGRESO AL FUTURO
Es inevitable preguntar a Vicente si encuentra algún denominador común entre aquella efervescencia vivida en Cataluña a finales del siglo XIX y la que se ha disparado en el último lustro. Para ella, se trata de realidades difíciles de comparar pero señala algo que las diferencia de manera “abismal”. En su opinión, “lo de ahora es una insurgencia que viene desde dentro del Estado, desde dentro del poder político, en un proceso de enfrentamiento respecto a otra parte del Estado. La fuerza que, en gran parte, han adquirido las movilizaciones ha sido porque han venido incentivadas y potenciadas desde el poder político. En aquel entonces, vino radicalmente desde fuera del Estado y del poder, en un proceso de autoorganización”.
Abundando en la idea, la historiadora considera que los Comités de Defensa de la República parten de un planteamiento que viene desde arriba: “No he visto un desafío claro por parte de esos comités a la parte del Estado que se controla en Cataluña por parte de la transformada CiU, que es la que ha estado al frente de este proceso”.
En otro hipotético juego de espejos entre el pasado y el presente, ¿podría considerarse a Inés Arrimadas, de Ciudadanos, y Anna Gabriel, de las CUP, como reflejos de Rafaela Torrents y Teresa Claramunt? Vicente sonríe ante la pregunta y comenta que “desde sus posiciones políticas se podría intentar ver los estratos sociales que hay ahora mismo en Cataluña. Pero hay una cosa que llama la atención: Arrimadas recibe muchos votos en los barrios obreros, gana de hecho, y en cambio el partido de Anna Gabriel, que viene de planteamientos anticapitalistas, tiene muchos votos en los barrios altos de Barcelona. Ahí tendríamos que entrar en otra cosa muy compleja que está ocurriendo hoy en Cataluña”.

ESTE ARTÍCULO, SE HA PUBLICADO EN EL PERIÓDICO EL SALTO   (si haces clic te llevo).

martes, 3 de julio de 2018

A VUELTAS CON EL FEMINISMO


Comprendo los motivos por los que el libro de Despentes[1], publicado en Francia en 2006 y traducido aquí doce años después, tiene tanto éxito. Una razón del éxito puede ser su lenguaje desenvuelto, fresco y roquero-punki, que resulta diferente a lo que las feministas acostumbran cuando escriben y que puede resultar atractivo a las generaciones de feministas más jóvenes. No es mi caso, no soy ni joven ni recién llegada al feminismo, quizás por ello su lenguaje me resulta, en algunos momentos, cargante y superficial. Sin embargo, no abandoné su lectura y no me arrepiento.


Otra razón de su éxito puede ser que habla desde la experiencia vivida y no desde un conocimiento académico. Ese método de conocimiento de la realidad es valioso por su autenticidad y cercanía a la cotidianeidad. Sin embargo es muy subjetivo y resulta difícil elaborar una “teoría”, como ella pretende, desde su experiencia personal únicamente. Basarse en su vida personal, siguiendo a Svetlana Aleksiévich[2], es interesante puesto que como afirma en  su  obra, El fin del “Homo Sovieticus”, se puede edificar la realidad sucedida a través de un espacio minúsculo, el espacio que ocupa un solo ser humano (…) Porque, en verdad es ahí donde ocurre todo.
La brillantez de algunas partes del libro de Despentes se relaciona con las posibilidades que permite el conocimiento, como dice Carlo Ginzburg[3],  de que a través de una persona común puede escrutarse como en un microcosmos, las características de todo un estrato social en un determinado periodo histórico.
Despentes misma señala que ese estrato social es el de las clases populares cuando afirma en la segunda página: Yo hablo como proletaria de la feminidad (12); o cuando señala que el libro ofrece una clave de lectura del éxito del modelo de la <<calentona>> en la cultura popular actual (24).

Aborda temas polémicos dentro del feminismo con desenvoltura y afirmaciones rotundas puesto que trata el tema de la violación, de la prostitución y de la pornografía. Sorprende que Despentes, que habla de primera mano, no dramatice ni la violación ni la prostitución sino todo lo contrario.
Me ha parecido interesante algo que todas conocemos, a saber, el silencio que las mujeres suelen guardar respecto a la violación u otras agresiones sexuales:
Es asombroso que las mujeres no digamos nada a las niñas, que no haya ninguna transmisión de saber, ni de consignas de supervivencia, ni de consejos prácticos y simples. Nada (48).
Sí se transmite el miedo (se domestica a las niñas para que nunca hagan daño a los hombres), pero la autora habla de empoderamiento frente a las agresiones, de transmisión de saber y este, en efecto, no se produce. Menciona acertadamente a Camille Paglia como la primera que sacó la violación del horror absoluto, de lo no dicho, para no negar, ni morir, sino para vivir con (51 y 56). Hoy que escribo desde las protestas contra la liberación de los agresores de “la manada” tienen más relevancia estas palabras:
(…) hasta qué punto todo está escrupulosamente organizado para garantizar que ellos triunfen sin arriesgar demasiado cuando atacan a mujeres (57).
Pero va más lejos cuando afirma que existe un dispositivo cultural que predestina la sexualidad femenina a gozar de su propia impotencia, es decir, de la superioridad del otro, más bien a gozar contra su propia voluntad que como zorras a las que les gusta el sexo (61). En definitiva, afirma que hay una predisposición femenina al masoquismo que la lleva a tener fantasías de violación.
Otro tema polémico que trata la autora desde su experiencia como prostituta durante una etapa breve de su vida es el de la prostitución ocasional, que sería un curro bien pagado, para una mujer poco o nada cualificada (80). La autora critica que de la prostitución basada en la trata y, por ello, practicada en condiciones asquerosas, se acaben extrayendo conclusiones sobre el mercado del sexo en su conjunto (93).
Nada censurable veo en que una mujer decida voluntariamente, para ganar dinero, dedicarse a la prostitución (al puterío, una palabra que le gusta más a la autora), sin embargo, no me parece que sea el caso de la mayoría de las mujeres prostitutas y por eso sus afirmaciones  me parecen trágicamente banales en muchas ocasiones.
La pornografía, el orgasmo y otros temas son abordados también por Despentes en esta  Teoría King Kong cuyo capítulo dedicado a explicarla me parece lo más interesante del libro siendo igual que el resto intuiciones brillantes plenas de subjetividad. ¿Por qué teoría King Kong? Porque King Kong funciona como una metáfora de una sexualidad anterior a la distinción entre los géneros tal y como se impuso políticamente hacia finales del siglo XIX. King Kong está más allá de la hembra y más allá del macho. Es la bisagra entre el hombre y el animal, entre el adulto y el niño, entre el bueno y el malo, lo primitivo y lo civilizado, el blanco y el negro. Híbrido anterior a la obligación de lo binario. La isla de la película es la posibilidad de una forma de sexualidad polimorfa e hiperpotente (130-131).
Bonito planteamiento si queremos “creerlo”. En todo caso me gusta mucho su planteamiento de que para algunas mujeres el feminismo no es una causa secundaria, un lujo; es una necesidad para sobrevivir, es la única respuesta a la violencia inaudita (162) que han sufrido las mujeres a lo largo de la historia. El feminismo es una revolución no un reordenamiento de consignas de marketing (…). El feminismo es una aventura colectiva (…). Una visión del mundo, una opción (169).





[1] Virginie Despentes (2018): Teoría King Kong. Random House, Barcelona.
[2] Svetlana Aleksiévich (2015): El fin del “Homo Sovieticus”. Acantilado,  Barcelona,  pp. 10 y 14. Premio Nobel 2015.
[3] Carlo Ginzburg (1981): El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI. Muchnik, Barcelona, p. 22.

miércoles, 13 de junio de 2018

REFLEXIONES SOBRE LA EXPERIENCIA EN LOS LAGER DE PRIMO LEVI




Este libro de Primo Levi[1] me ha impresionado tanto que prefiero mostrar solo sus palabras, eso sí, seleccionadas por mí. Es el tercer libro de la trilogía sobre los campos de exterminio, una última reflexión sobre su experiencia en la que indaga en aspectos esenciales, vitales, necesarios: libertad, supervivencia, moral, poder, vergüenza, responsabilidad, sufrimiento, dolor, derrota y tantos otros. 
Os recomiendo encarecidamente su lectura.


¿Quién sobrevivió y, por tanto, quién ha testimoniado sobre los Lager?
Los prisioneros “normales” sin privilegios apenas han testimoniado, eran la mayoría en los Lager pero minoría exigua entre los supervivientes. La historia de los Lager la han escrito casi exclusivamente quienes tenían privilegios (hay dos tipos de privilegiados: los que se sometían a las autoridades del campo, estos no testimoniaron, y los que no se sometieron, casi siempre políticos) (15). Dado que la ración alimentaria era del todo insuficiente, un suplemento alimenticio (para ello se necesitaba algún privilegio) era necesario para sobrevivir (37).
La realidad es que los privilegios se conceden en todo lugar de convivencia humana porque donde hay poder, nace el privilegio. Por eso en los Lager hubo privilegios (38,62)
Por tanto, según Primo Levi, sobrevivieron los peores, los egoístas, los violentos, los insensibles, los colaboradores de la “zona gris”, los espías; los más aptos. Los mejores murieron todos (77). Los hundidos eran los verdaderos testigos, ellos eran la regla, los sobrevivientes son las excepción, una minoría anómala, además de exigua (78).


El mundo de los Lager y las víctimas
En los Lager se buscaba destruir la  capacidad de resistencia de las víctimas, se las degradaba, las asimilaba al nacionalsocialismo debilitándolas al privarlas del esqueleto político o moral (37). El nacionalsocialismo ejerció un espantoso poder de corrupción. Degradó a sus víctimas y las hizo semejantes a él porque impuso complicidades grandes y pequeñas (62-63).
El enemigo estaba alrededor y dentro; el “nosotros” perdía sus límites, los contendientes no eran dos (34), por esa razón el autor consideraba que los Lager eran terribles pero además indescifrables, no se ajustaban a ningún modelo.
El Lager se convirtió en un laboratorio cruel. La violencia inútil dirigida exclusivamente a causar dolor (99). Transformaron a los seres humanos en animales; un régimen inhumano difundió y extendió su inhumanidad en todas las direcciones (105).


Zona gris, zona de ambigüedad humana, zona de colaboración
La zona del poder cuanto más restringida es, más necesidad tiene de auxiliares externos. En los países ocupados se necesitaban fuerzas de orden, delegados y administradores del poder alemán.
Cuanto más dura era la represión, más difundida estaba entre los oprimidos la disposición para colaborar (39-40).
El poder se otorgaba generosamente a quien estaba dispuesto a rendir homenaje a la autoridad jerárquica. En situaciones extremas hay más gente dispuesta al compromiso (44-45).
Caso límite de colaboración: los Sonderkomandos.
El síndrome del poder permanente y certero: tienen una visión distorsionada del mundo, la arrogancia dogmática, la necesidad de adulación, el aferrarse convulsamente al puesto de mando, el desprecio de las leyes (62).


La liberación
No fue alegre ni despreocupada: angustia, vergüenza  por la “conciencia recobrada de haber sido envilecidos” por el hambre, el cansancio, el miedo y el frío.
El parámetro moral cambió en los Lager donde se olvidaron de todo quedando reducidos al presente (como los animales) (69-70). Provocó muchos suicidios tras la liberación porque emergió el sentimiento de culpa por no haber hecho nada o lo suficiente contra el sistema. Culpa por fallar en el plano de la solidaridad humana, en la omisión de socorro.
Sintieron vergüenza porque se había demostrado que el ser humano era capaz de causar una mole infinita de dolor



[1] Primo Levi (1989-2017): Los hundidos y los salvados. Península, Barcelona.


domingo, 3 de junio de 2018

LA MEMORIA FALSIFICADA


No hay historia muda. Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca. El tiempo que fue sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es, aunque el tiempo que es no lo quiera o no lo sepa.
                                                 EDUARDO GALEANO

Quiero confiar en la palabra de Galeano, quiero pensar que la historia, por mucho que la mientan, no enmudecerá. Sin embargo, cualquier buen observador/a apreciará sin grandes dificultades cómo se manipula la historia y la memoria para convertirlas en objeto de consumo de ciertos planteamientos políticos.
Esta reflexión es producto de un malestar que ha ido alimentándose con el paso del tiempo y con la reiteración de los motivos que lo provocan. Me refiero a la colocación de placas dando nombre a calles, centros de salud y otras iniciativas que, con buena voluntad de la izquierda (vieja y nueva), se dedican a figuras del anarquismo en diversas ciudades y pueblos. Aunque la iniciativa puede parecer positiva, no lo es tanto porque en estos reconocimientos falta siempre lo que define la idiosincrasia de estas personas, es decir, el ser anarquistas o anarcosindicalistas.
Reconvertir anarquistas en luchadores/as por las libertades, escritores/as, pedagogos/as, defensores/as de la clase obrera, periodistas, trabajadoras por la salud, etc., es una buena manera de olvidarlos, es una buena manera de construir una memoria buenista y aceptable. Veamos cinco ejemplos entre otros muchos:


En esta ocasión se trata de Salvador Seguí y la placa que recuerda que fue asesinado en 1923 en Barcelona: defensor de la clase obrera. ¿Es posible una referencia más genérica? Pero es que a escasos metros está la Plaza Salvador Seguí, en la que figura un escueto: sindicalista (¿se les ha olvidado que era sindicalista de la CNT?).


En un pequeño pueblo del Pirineo aragonés (Araguás del Solano) encontramos una placa dedicada a Acín que lo recuerda como: escritor. Nadie en la zona sabía que Acín era anarquista.


En esta tercera ocasión no es una placa sino una bolsa de tela que me propusieron comprar como suscriptora de la Directa, medio de información por la transformación en Cataluña. Sorprendentemente pone: Ramón Acín: Periodista y pedagogo aragonés asesinado por el fascismo en agosto de 1936. En este caso si entré en contacto con los responsables de la Directa para comentarles que se les había olvidado poner que era anarquista y que, justamente, eso es lo que explicaba su ejecución fulminante y lo que daba sentido a su figura. La respuesta fue espectacular: no lo pusieron, me dijeron, porque no les cabía. Les comenté que podían haber quitado periodista, pedagogo o aragonés para dejar paso a anarquista. Ya no hubo respuesta, ahí acabó nuestro diálogo por correo electrónico (por cierto, las dos A circuladas las he puesto yo).


La placa dedicada a Teresa Claramunt que da nombre a una calle de un barrio obrero de Sabadell también ha quedado falsificada al convertirla en luchadora y defensora de las libertades, ¿qué libertades? ¿las libertades de las constituciones democráticas? La Libertad con mayúscula se habría acercado algo a lo que fue (y es) Claramunt, feminista y anarquista dejaría muy clara du idiosincrasia.


Por último, Federica Montseny, la indomable, se convierte en esta placa, situada en un centro de salud de Madrid, por una cabriola prestidigitadora en trabajadora ejemplar por la salud, sin más referentes que ayuden a situar a esa breve estancia (noviembre  1936- mayo 1937) de Montseny en el Gobierno Largo Caballero.

Tras repasar estos ejemplos, conviene precisar conceptos como  memoria, historia y recuerdo. El recuerdo es la experiencia vivida y está destinado a morir con sus testigos. La memoria es la rememoración colectiva del pasado,  puede ser (o no) un elemento permanente de la conciencia social[1]. Dice el historiador Enzo Traverso:
La memoria es en realidad una representación del pasado que se construye en el presente, resulta de un proceso en el que interactúan varios elementos, cuyo papel, importancia y dimensión varían según las circunstancias. Las personas cambian, sus recuerdos pierden o adquieren importancia nueva según los contextos, las sensibilidades y las experiencias acumuladas[2].
La memoria, por tanto, es siempre subjetiva y necesita ser contrastada con otras fuentes que le otorguen más objetividad. Y es la historia la que debe aportar el discurso crítico sobre el pasado, es decir, la reconstrucción de los hechos y acontecimientos pasados ​​tendentes a su examen contextual y a su interpretación. La memoria solo puede vivir mediante una interacción permanente con la investigación histórica y con la acción social y política.

La realidad ha demostrado que somos una comunidad no del recuerdo, sino del olvido organizado, sistemático y deliberado[3]. El franquismo quiso destruir la memoria anterior a 1939 en su afán por aniquilar a los vencidos. Pero el olvido organizado no lo ejecutó solo el franquismo, la Transición democrática hizo pagar una cuota muy elevada a las víctimas del franquismo para asentar la democracia mediante el olvido de lo sucedido en la memoria social. La democracia no varió en exceso el rumbo en lo que respecta al movimiento anarquista y la “nueva izquierda” se apunta al carro banalizando y vaciando de contenido a hombres y mujeres anarquistas. La palabra anarquía y sus derivados es una copa difícil de beber para las posiciones políticas institucionales (incluso para algunas que no lo son).

A veces la memoria se ha convertido en un campo de batalla entre versiones interesadas del pasado al servicio de las diversas tendencias políticas. La consecuencia más negativa de estas polémicas son los disparates que se consiguen asentar en la opinión pública como verdades históricas que no se pueden poner en cuestión. La manipulación del pasado, la creación de mitos y la distorsión de los hechos históricos, cuando se apoyan en la potente máquina económica y propagandística del poder, son muy difíciles de desmontar. Para ejemplo un botón: Cataluña.

Hay tantos recorridos  de la memoria como itinerarios vitales, los espacios organizativos y de lucha que se estructuran alrededor del anarquismo deberían estar presentes en todos los escenarios de la memoria. Hay que atreverse a saber y construir nuestros propios mapas, nuestros puntos de referencia[4], ya que lo que olvidamos, ya no es nuestro. Hacer memoria es imprescindible para evitar que nos arrebaten lo que somos.
  


[1]  Enzo Traverso (2001): La historia desgarrada. Ensayo sobre Auschwitz y los intelectuales. Herder, Barcelona, p. 193.
[2] Enzo Traverso (2012): La historia como campo de batalla. Interpretar las violencias del siglo XX. FCE, Buenos Aires, Argentina, p. 286.
[3] Zigmunt Bauman y Leonidas Donskis (2015): Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida. Paidos, Barcelona, p. 161.
[4] Dasa Drndic (2015): Trieste. Automática Ed, Madrid. Simona Skrabec (traductora), p. 12-13.

miércoles, 23 de mayo de 2018

UNA FOTO, UN MUNDO NUEVO


La primera vez que vi esta fotografía  me impresionó la desenvoltura con la que caminaban estas tres mujeres (de izquierda a derecha): Lucía Sánchez Saornil, Emma Goldman y Christine Kon-Rabe[1]. Lucía y Christine tienen el gesto dirigido a la mujer de más edad, Emma Goldman, que muy bien podía estar hablando a sus compañeras en el momento en que se hizo la foto.
No solo es el andar decidido de estas tres mujeres lo que me llamó la atención, su gestualidad, influida por el peinado y el vestuario, transmite autonomía y determinación[2].
El peinado más transgresor corresponde a Lucía que lleva el pelo a lo garçon, un corte de pelo que apareció en los años veinte tras la Iª Guerra Mundial. Tras haber ocupado todo tipo de puestos de trabajo en la retaguardia, muchas mujeres no estaban dispuestas a volver a casa como si nada hubiera pasado y, en Francia, algunas de las que reclamaban la igualdad se cortaron el pelo y adoptaron un estilo andrógino que les valió el nombre de garçonnes. En Estados Unidos fueron las flappers las que con su pelo corto y sus maneras masculinas se rebelaron contra la moralidad imperante. Esa misma realidad, una guerra en la que los roles de género quedaron también pulverizados, pudo impulsar a Lucía, cuya orientación sexual lesbiana parece clara, a adoptar este modelo andrógino completado por su vestuario: pantalón, americana, camisa blanca y corbata.
Ni Emma ni Christine se cortaron el pelo a lo garçon, ambas conservaron el pelo largo recogido en un moño (con trenzas en el caso de Christine). La diferencia generacional entre ambas se percibía en la ropa puesto que mientras Emma llevaba de forma descuidada un gabán por encima de los hombros y la ropa oscura, Christine llevaba ropa más entallada, falda más corta y destacaba el detalle del pañuelo y la cartera en la mano.
Tres mujeres de países diferentes: una lituana nacida en Kaunas en 1869, una española nacida en Madrid en 1895, y una polaca nacida en Varsovia en 1911. La más mayor, Emma, estaba muy cerca de cumplir los setenta años, Lucía acababa de entrar en la cuarentena, mientras que Christine se acercaba a la treintena. Mujeres de tres generaciones diferentes si utilizamos el criterio de que la generación viene marcada por la pertenencia a una misma década. Otro criterio muy diferente establece que debe haber treinta años de diferencia entre una generación y la otra, de esta forma Goldman sería de una generación diferente a Sánchez –había 26 años de diferencia entre ambas- y a Kon-Rabe -42 años entre ambas-. Sin embargo, Sánchez y Kon-Rabe serían de la misma generación puesto que la diferencia de edad entre ambas era de 16 años.
Sabemos con exactitud cuándo y dónde fue tomada esta fotografía puesto que el original está depositado en el archivo de la Fundación Anselmo Lorenzo (FAL)[3]. La fotografía fue tomada en Barcelona el 20 de octubre de 1938 en el tercer viaje de Emma Goldman a España[4], durante la guerra civil, único acontecimiento que pudo reunir a estas tres mujeres. Emma Goldman visitó España en tres ocasiones, entre su primera estancia (septiembre a diciembre de 1936) y la tercera (septiembre a noviembre de 1938[5]), transcurrió un lapso de tiempo de poco más de dos años.
Lucía Sánchez y Christine Kon-Rabe es muy probable que se conocieran en  la ciudad de Valencia[6]. Sánchez Saornil marchó de Madrid a mediados de 1937, se trasladó a Valencia y se integró en la redacción del semanario gráfico Umbral que apareció el 10 de julio del 37. Allí conoció a América Barroso (Mery) que entró en la redacción por medio de Mateo Baruta, compañero de Christine Kon-Rabe. Baruta había sido secretario de Federica Montseny cuando ocupó el cargo de Ministra de Sanidad y Asistencia Social, por tanto vivía en Valencia. Lucía y Christine se conocieron en Valencia en el entorno de la redacción de Umbral.
No se puede descartar que Emma Goldman conociera a Lucía y Christine en su segundo viaje. Goldman aterrizó en Barcelona en septiembre de 1937 y estuvo en Valencia en dos ocasiones (antes y después de visitar Madrid). Fue en esta ciudad en la que pudo coincidir con Lucía y Christine en torno a las actividades de la recientemente fundada SIA (Solidaridad Internacional Antifascista). Esta organización fundada por la CNT-FAI y las Juventudes Libertarias disponía de unos Estatutos elaborados a finales de mayo de 1937[7]. Se trataba de un organismo humanitario y político que pretendía crear una organización  de solidaridad internacional en defensa de la revolución social en España. La estructura organizativa, recogida en los Estatutos, estaba formada por la Comisión Ejecutiva que se componía de un Secretario General, el primero fue Pedro Herrera, el Tesorero, el Contador y los Vocales que se distribuían las funciones a realizar: Propaganda, Estadística, Relaciones y otras. Además existía un Consejo General para la organización  de las agrupaciones internacionales.
Tanto Umbral  como la Comisión Ejecutiva de SIA se trasladaron a Barcelona en los últimos días de 1937 o los primeros de 1938. SIA renovó su  Comisión Ejecutiva siendo nombrado Secretario Mateo Baruta, Lucía Sánchez en Prensa y Propaganda, Christine Kon-Rabe en Relaciones Extranjeras, José Carrasquer en Contabilidad y Aurea Cuadrado en Asistencia Social (Lucía y Aurea eran de Mujeres Libres). Tanto Umbral como SIA se instalaron en el mismo edificio, c/ Pi y Margall, 20.
En septiembre de 1938 Emma Goldman viajó por última vez a España, el 1 de octubre asistió a la sesión plenaria ordinaria del Consejo General de SIA[8] en Barcelona acompañada de Lucía Sánchez en la Secretaría, Mateo Baruta como Vice-Secretario, Fidel Miró en Propaganda y Lucas en Contabilidad. Abrió la reunión Lucía Sánchez que, “visto que la lengua española causa dificultades a la camarada Emma, se designa a la  camarada Cristina Kon, agregada de Propaganda y Secretaria de actas  de las reuniones, como interprete”[9] por el  dominio que tenía de varios idiomas. En esta reunión tenemos la constatación de que las tres mujeres se conocían, estaban vinculadas a la SIA y es posible que la foto se tomara esos días de la reunión del Consejo General.
La implicación de la organización Mujeres Libres en SIA fue muy importante puesto que la acción humanitaria de este organismo se desarrolló en la retaguardia donde las mujeres tenían un papel protagonista. No podemos olvidar que estas tres mujeres que caminan con desenvoltura son feministas (al menos Lucía y Emma con seguridad), Lucía tuvo un gran protagonismo en Mujeres Libres y fue una de las tres redactoras de la revista Mujeres Libres, Emma Goldman apoyó la revista desde el principio como una iniciativa fundamental para capacitar a las anarquistas. De hecho, Mercedes Comaposada envío a Emma dos acreditaciones en julio de 1937 en que la nombraban “corresponsal y representante de las Publicaciones Mujeres Libres en Europa y Estados Unidos de América”, así como representante y “delegada de la nueva Federación Nacional de Mujeres Libres” que se iba a adoptar en agosto[10]. No tenemos constancia de que Christine colaborara de alguna manera con Mujeres Libres o con la revista pero no lo podemos descartar puesto que la mayoría de los artículos eran anónimos.
La guerra civil y la revolución habían convertido algunas ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia en una auténtica Babel donde se hablaban diversas lenguas[11], era el caso de Emma y Christine que además eran de origen judío. Solo la coyuntura europea, con la extensión del totalitarismo y del fascismo, y la propia guerra civil española como anticipo de la guerra civil europea, puede explicar que dos de esas tres mujeres que caminaban unidas fueran judías.
Emma Goldman nació en una familia de judíos ortodoxos y emigró a Estados Unidos con 16 años, allí conoció a Aleksander Berkman, un judío ruso, que fue su principal compañero de vida. Sin embargo Goldman, y posiblemente Kon-Rabe, formaban parte del internacionalismo de resistencia en el que primaba la clase por encima de la cuestión judía. El internacionalismo era el horizonte de la aspiración socialista a una justicia universal, la lucha por la emancipación de la Humanidad convirtieron la adscripción judía en un dato sin importancia. En este sentido, la Revolución española de carácter anarquista fue un polo de atracción para cualquier revolucionario/a y también de aquellas personas de ascendencia judía como las dos mujeres de esta fotografía. Es muy posible que Emma y Christine se comunicaran en yiddish por su origen europeo oriental, desde luego Emma lo hablaba, cosa que le había permitido informarse de temas muy diversos tanto en Estados Unidos como en la Rusia revolucionaria[12].
Esta fotografía nos ofrece, por tanto, la vida de tres mujeres que se entrecruzaron en  Barcelona en los últimos días del verano (con seguridad a principios del otoño) de 1938, mujeres que se empoderaron para ganar en autonomía personal. Nada tenían que ver entre ellas pero la Guerra civil, y la Revolución consiguiente,  provocaron  que  sus vidas se entrecruzaran de manera inevitable hace ochenta años. 
Tres mujeres anarquistas y feministas fueron captadas por una cámara mientras caminaban decididas  y convencidas de que un mundo nuevo era posible para ellas.
Este artículo ha sido publicado en la revista Humanitat Nova, nº 3/4, 2018. En la sección de Memoria Histórica de Rojo y Negro y en el blog Alkimia de El Salto: 
https://www.elsaltodiario.com/alkimia/una-foto-un-mundo-nuevo




[1] La primera persona que me indicó el nombre de Christine y, posteriormente, me dio otra referencia sobre la fotografía fue Thiago Lemos.
[2] Soy de la opinión que la manera de vestir o el corte de pelo revela mucho de las personas, igual sean hombres que mujeres. Soy consciente que a las mujeres se las juzga más que a los hombres por su ropa o peinado, pero este artículo nace por una fotografía y la gestualidad, la ropa y el peinado son importantes para explicar mi decisión de escribir este artículo y, quizás , en el futuro un trabajo más extenso.
[3] La fotografía (tamaño 9 x 12 cm),se puede consultar en: http://fal.cnt.es/fondos/?q=node%2F29690
[4] José Peirats (2011): Emma Goldman. Anarquista de ambos mundos. La Linterna Sorda, Madrid. En la edición de este libro la fotografía se sitúa en el segundo viaje de Emma Goldman (septiembre-noviembre de 1937).
[5] Hubo una segunda estancia entre septiembre y noviembre de 1937.
[6] Goldman y Sánchez Saornil pudieron coincidir en Madrid en el primer viaje de la primera en noviembre de 1936, pero difícilmente Kon-Rabe que se desplazó a Barcelona cuando supo que se había producido la revolución española.
[7] Los Estatutos de SIA fueron aprobados  por el Gobierno de la República el 8 de junio de 1937. International Institute of Social History. Emma Goldman Papers. Inv. nr. 297
[8] Las sesiones plenarias se celebraban trimestralmente y con un orden día fijo recogido en los Estatutos. International Institute of Social History. Emma Goldman Papers. Inv. nr. 297.
[9] Así queda recogido en el acta de SIA de 1 de octubre de 1938. International Institute of Social History. Emma Goldman Papers. Inv. nr. 298
[10] Así queda recogido en dos documentos firmados (el 1 y 30 de julio de 1937) por Mercedes Comaposada como redactora de la revista. International Institute of Social History. Emma Goldman Papers. Inv. nr. 300.
[11] Esta referencia de una Babel se aplicaba a Barcelona en José Peirats, 2011: p. 250.
[12] Las referencias al tema del anarquismo y el judaísmo en el capítulo 2 “Vectores del Internacionalismo” en el libro de Yago Mellado López (2017): El anarquismo en el espejo judío. FAL, Madrid.