Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt
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martes, 3 de junio de 2025

CÓMO RESOLVÍA LA REVOLUCIÓN EL TEMA DE LOS MENORES NO ACOMPAÑADOS

 


LA REVOLUCIÓN QUE SE PUSO EN MARCHA a partir del 19 de julio de 1936 atendió muchas necesidades poco conocidas y que forman parte de lo que hoy denominamos "cuidados" colectivos.

Tiempo habrá para hablar de las colonias que la CNT-FAI y Mujeres Libres pusieron en marcha y lo que estas colonias supusieron desde el punto de vista revolucionario. Cuando se afirma que otros mundos son posibles, lo son porque lo fueron y, además, en plena Guerra Civil, es decir, en las peores condiciones posibles.

La guerra, precisamente, afectó a la infancia y numerosos niños y niñas quedaron sin padre, sin madre o sin ambos progenitores en una difícil situación. El Movimiento Libertario afrontó esa situación sin necesidad de Estado o de acuerdo entre partidos políticos en las Cortes para acogerlos en diversos territorios basando el acogimiento en la solidaridad y el apoyo mutuo.

Vamos a contar un caso entre muchos que existieron. La Oficina Auxiliar del Comité Ferroviario MZA «acogieron a un centenar de criaturas víctimas de la guerra». Muchas de estas criaturas perdieron al padre en la lucha revolucionaria, otras tienen al padre y algunas a la madre luchando. Para atender a estas criaturas y sacarlas de los frentes de guerra, estos ferroviarios eligieron un palacio en un paraje de la costa catalana, y término de Argentona, para instalar a estas criaturas. El edificio había sido requisado por los trabajadores y trabajadoras el 19 de julio y cedido a los ferroviarios para la colonia.

La colonia fue bautizada con el nombre de Espartaco, un gladiador esclavo que protagonizó una rebelión contra Roma en el siglo I a. C., convirtiéndose para el anarquismo en un símbolo de la resistencia contra la opresión.




En un artículo aparecido en Tierra y Libertad (1) se alababa el lugar elegido por tener mucho arbolado donde correr libremente. Los responsables de la colonia, decían en el artículo:

«(...) han sabido hermanar la pedagogía con la libertad. Cada grupo de diez niños tiene una compañera que se encarga exclusivamente de atender, cuidar, servir en la mesa y en el dormitorio a su grupo (…) como una madre». 

Los niños y niñas que estaban entre los 6 y 12 años estaban, por tanto, en edad escolar. Se formaron tres clases y «Una compañera y dos compañeros están al frente de la escuela de la Colonia, perfectamente servida por ellos y dotada de material».

El artículo concluía haciendo referencia a quién se había hecho cargo de estas criaturas asumiendo que era obra de la revolución solventar la situación de estos menores que procedían de diversos lugares del país:

«Esta obra de los ferroviarios de la central sindical que siempre alzó en alto su bandera revolucionaria y el prestigio de sus valores morales identificados con el anarquismo humanista y leal a los primordiales derechos de la personalidad, han sostenido y sostienen la Colonia Espartaco con un desprendimiento y un desinterés constantes».

Sin duda, otros mundos son posibles sustentados sobre valores que nada tienen que ver con lo que hoy está ocurriendo con los menores que llegan a Canarias y que muchos meses después continúan mal atendidos porque el Estado (gobiernos central y autonómicos) no es capaz de priorizar el cuidado de la infancia en situaciones excepcionales.

Laura Vicente 

(1) Tierra y Libertad, 31 julio 1937. «Obra confederal. La colonia “Espartaco”. En Argentona». 

jueves, 3 de abril de 2025

LA ANARQUÍA (en realidad las personas anarquistas) SABE GESTIONAR

 



El motivo de este escrito es recuperar un acontecimiento que lo es desde nuestra mirada, posiblemente no lo sea para otras miradas. Un acontecimiento no está en la cosa en sí, por eso hay múltiples momentos de la historia que hoy consideramos acontecimientos y que no lo fueron durante cientos, incluso miles, de años.

Me llamó mucho la atención, hace unos años, el título de un libro de Peter Gelderloos: La anarquía funciona[1]. El autor se centraba en cuestionar la idea de que la anarquía son principios irrealizables como opina mucha gente, sino que ha habido (y hay) sociedades y propuestas que demuestran todo lo contrario. La «mirada» puede saltar por encima para borrar algo que podría ser digno de recuerdo para nuestro presente.

Fue el socialista Arturo Barea en su texto: Lucha por el alma española[2], quien afirmó que había que «aprender del hecho de que los anarquistas eran unos administradores y organizadores estupendos a pequeña escala». Desconozco qué entendía Barea con pequeña escala, en todo caso el anarquismo ha tendido a concebir la lucha en, por y para las situaciones que habitamos, situaciones territorializadas[3], y eso es muy difícil de lograr a gran escala sino es a través del Estado con todo lo que conlleva y que tanto repele a los anarquismos.

Cuando estalló la revolución el 19 de julio de 1936, Juan García Oliver, nombrado jefe del Departamento de Guerra del Comité Central de Milicias Antifascistas, pidió al Sindicato de Metalurgia de la CNT que le trajeran al hombre más disciplinado y mejor conocedor de la industria, el designado fue Eugenio Vallejo Isla[4]. Iniciada la guerra civil. la CNT enseguida proclamó abiertamente la necesidad de producir armamento. Sorprendentemente se produjo una sintonía entre la fuerza militar profesional leal al bando republicano que aportó conocimientos técnicos, la mano de obra de la industria mayoritariamente cenetista y la organización de ERC.

La Generalitat de Cataluña creó la Comisión de Industria de Guerra (CIG) el 7 de agosto de 1936, comisión que nunca hubiera podido funcionar sin la CNT. Además de Eugenio Vallejo Isla que trabajaba en Hispano Suiza, participaron dos cenetistas más: Manuel Martí Pallarés del ramo de química y Mariano Martín Izquierdo. Las diecisiete fábricas privadas que se orientaron a la industria de guerra fueron colectivizadas por la CNT

En sí esto que explicamos lo podemos considerar un acontecimiento puesto que no se ha repetido muchas veces que un sindicato anarcosindicalista colabore en organizar y administrar una industria de guerra y que todas las industrias privadas que se integraron en la CIG estuvieran colectivizadas. Sin embargo, quiero destacar otro hecho: el papel destacado que Eugenio Vallejo Isla, un obrero metalúrgico, tuvo en la CIG. Y es destacado, y mi «mirada» así lo extrae de muchos otros hechos destacados, porque una persona común, un obrero, personalizó el potencial de la inteligencia colectiva que mostró la capacidad de organización y administración del anarcosindicalismo. Simples trabajadores y trabajadoras, hombres y mujeres comunes, mostraron su capacidad para hacer funcionar fábricas y gestionarlas para reconvertirlas en industrias de guerra como es el caso. Son los y las ilustres desconocidas que encontramos descendiendo a lo ordinario, algo que nos permite singularizar a personas concretas como es el caso de  Vallejo Isla, un ser humano agenciado, articulado con su cultura, es decir, un todo territorializado.

Vallejo Isla (1901-1969)[5] formaba parte del comité obrero de Hispano-Suiza y fue el encargado bajo las órdenes de García Oliver de iniciar la designación de las fábricas que se iban a dedicar a la producción de armamento. Una vez que se incorporó a la CIG a principios de agosto de 1936 continuó en su tarea como responsable de la sección Metalúrgica hasta mayo de 1938, es decir, no se desvinculó del sindicalismo. Desde el primer día de la CIG hasta su disolución (agosto de 1938) tuvo una función de gestor de la producción de guerra en todas y cada una de las fases de su organización y fue la persona que acudió a más reuniones de la CIG.

Fue el eslabón entre los y las trabajadoras y la política de reconversión industrial y encuadramiento organizativo que la Comisión necesitaba al constituirse. No solo fue organizador sino mediador en asuntos político-sociales cuando se producían discrepancias. A principios de octubre de 1936, Vallejo se reunió con todos los comités de las empresas y fábricas sidero-metalúrgicas que trabajaban para la guerra y cuya mano de obra quedaba excluida de la instrucción militar.

También asumió funciones que podríamos denominar institucionales o de representación de la CIG: se entrevistó con ministros, participó en las conversaciones con Largo Caballero, Prieto y Negrín para coordinar los esfuerzos de Cataluña y los gobiernos de la República, actuando con plena autonomía y basándose en la autoridad que le daba la CIG.

Todo esto no le libró de la persecución comunista. En mayo de 1937, fue enviado a Francia para agilizar el envío de materiales adquiridos por la CIG, viaje que le acarreo la acusación por parte del PSUC que afirmaba que había huido de la zona republicana llevándose una gran cantidad de dinero. Fue desmentido a través del Comisariado de Propaganda de la Generalitat.

A partir de la reestructuración de mayo de 1938 Vallejo pasó, entre otras cosas, a ser director de una de las fábricas del ámbito público catalán donde se montaba el mosquetón Mauser. En su huida de España en enero de 1939, Vallejo fue a parar al campo de concentración para refugiados de Barcarés en el sur de Francia.

Concluyendo, podemos hablar de «momentos» anarquistas que se producen superando las ideologías doctrinarias y arraigándose a las situaciones que se producen y escuchando la realidad. Esa escucha facilita el descubrir la dinámica que en cada situación permite que se despliegue la potencia del actuar. En la práctica esta dinámica se expresa de diversas formas contradictorias. Compartimos con Benasayag y Cany que el único modo de acción posible en la complejidad es «pensar local y actuar local», reivindicando la potencia de los saberes comunes y de las experiencias situadas. Este acontecimiento nos puede permitir abrir múltiples debates y reflexiones en el presente que contempla el pasado, no como algo muerto y estanco, sino como un vínculo que nos permite pensar y acercarnos a los efectos que tiene sobre el presente.

 Laura Vicente

 



[1] Tengo la 2ª edición publicada en 2015, Madrid, La Neurosis o Las Barricadas Ed.

[2] Texto contenido en el libro Contra el fascismo, Madrid, Espasa Calpe, 2023.

[3] Un «estar siendo» como señala Miguel Benasayag-Bastien Cany (2024): Contraofensiva. Actuar y resistir en la complejidad. Buenos Aires, Prometeo.

[4] Javier de Madariaga (2008): Tarradellas y la industria de guerra de Cataluña (1936-1939). Lleida, Milenio, p. 19.

 [5] De Madariaga (2008): Tarradellas, pp. 87-93.