Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

miércoles, 23 de septiembre de 2026

DANDO VUELTAS A LA ANARQUÍA

 



Leí hace poco un libro en el que David Graeber[1] entabla un diálogo sobre la «anarquía» con Mehdi Belhaj Kacem, Nika Dubrosvsky y Assia Turquier-Zauberman. Es un libro con profundidad pero, a la vez, sencillo de leer por el dinamismo que le confiere el formato de diálogo.

No quiero hacer una síntesis de las ideas del libro sino que voy a resaltar aquello que a mí me ha gustado más, por tanto, opto por la subjetividad pura y dura.

Anarquismo:

Hace mucho que sé que el anarquismo es muy diferente al marxismo.

No está impulsado por pensadores heroicos que analizan todo elaborando una teoría a partir de la cual actuar. Al contrario, gran parte de la práctica anarquista gira en torno a un cierto principio dialógico.

Y resulta que la neurociencia ha demostrado que el pensamiento real es casi totalmente dialógico y no como dice Descartes que empieza con el individuo autoconsciente y solo después se pregunta cómo es que este puede relacionarse comunicativamente con otros individuos.

El anarquismo es una comunidad de propósito sin una comunidad de definición. Hoy la política es lo contrario, se supone que todos debemos estar de acuerdo en lo que es la realidad, para luego enfrentarnos porque carecemos de un propósito común o tenemos identidades e intereses contradictorios

Marxismo (una buena razón por la que no soy marxista)

El marxismo se condenó a sí mismo al adoptar una definición extremadamente patriarcal (y machista) del trabajo. Al fin y al cabo, la mayor parte del trabajo no es «productivo» en sentido literal; consiste en cuidar, limpiar, transportar, atender, repasar, organizar, mantener cosas (personas, animales, plantas…). «Produces» una taza, la lavas mil veces. Todo eso se deja de lado en la formulación marxista clásica, se descarta como trabajo de mujeres.

La ética feminista del cuidado

Es clave para alimentar la ética feminista del cuidado partir de una preocupación por lo particular: esta persona, este problema, este paisaje o ecosistema que queremos preservar, y luego se introducen principios universales -la razón, la justicia, la no violencia- para apoyar ese compromiso inicial. Lo general se introduce para servir a los fines de lo particular, en lugar de que lo particular se considere generado por las generalidades. 

El cuidado y la libertad se pueden considerar como base de la economía política. Como suelen señalar economistas feministas cualquier acción económica puede considerarse un trabajo de cuidado. El elemento de libertad es clave porque no se trata de cuidado si te aprisiona, por tanto, cuidado es cualquier acción destinada a mantener o aumentar la libertad de otra persona.

Y tres perlas

1ª En un proceso basado en el consenso, no se intenta que las personas lleguen a una definición común de la realidad. No se busca la uniformidad ideológica.

2ª El problema está en lo que te han enseñado a pensar como posible.

3ª Los juegos justos son solo aquellos en los que todas las reglas están claras.

En el libro hay mucho más, por ejemplo:

La combinación de juego y libertad.

El tema de reglas y procesos.

Para acabar (y esto es opinión personal)

La anarquía da mucho juego siempre y cuando no se la quiera constreñir dentro de teorías (peor si son trasnochadas), dentro de «la» organización anarquista, dentro de revueltas modelizadas con su táctica y estrategia como si fuera un pack completo, etc.

Laura Vicente

 

 



[1] David Graeber (2025): Anarquía, qué si no. Un diálogo. Bauplan. Seriecero

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

El sujeto, el proletariado, la organización anarquista y otras nostalgias

 

Barricada en Sevilla, verano 1936


Es muy posible que nadie le haga mucho caso a este breve escrito, pero por si acaso diré por anticipado que mi pretensión es modesta y que no pretendo polemizar, aunque no me importaría compartir argumentos y pensar, saliendo de los estereotipos que todas tenemos y que nos conducen a ser obtusas y, en ocasiones, a la ceguera.

Hay compañeros que llevan tiempo dándole vueltas a la existencia o no del proletariado, a buscar el perdido sujeto revolucionario, a construir “la” organización anarquista capaz de elaborar “un” programa, “una” estrategia y tácticas concretas que nos conduzcan por la senda de la revolución. No he leído todos los escritos, siento decirlo, porque me agota esa dificultad del anarquismo para imaginar una salida al capitalismo que no sea volver al pasado y a la nostalgia, incluso a la melancolía. Así lo perciben dos autoras Gibson y Graham en su libro Una política poscapitalista. Afirman que la falta de imaginación es una patología de la izquierda, algo que me recuerda la “melancolía” de la izquierda, extensible al anarquismo, que plantea Wendy Brown en su ensayo sobre este tema. La melancolía de izquierda es una postura en la cual el apego a una identidad o a un análisis político del pasado es más fuerte que el interés en las posibilidades actuales de movilización, alianza o transformación. El sujeto melancólico se identifica con los ideales perdidos y experimenta su ausencia como sentimientos de desolación y abatimiento. En la fijación con el pasado hay una clara relación con la teoría paranoica total que dice que nada puede suceder. Fisher lo llama un “severo superyo leninista”[1].

El proletariado, la clase obrera fueron el sujeto de la revolución en otra época de desarrollo industrial que acabó a mediados del siglo XX y no fue porque no hubiera otros sujetos (o sujetas) sino por la potencia del relato que apostaba por el proletariado. Cuando se habla de la conciencia obrera sustento de su “ser sujeto” parece que hablemos de algo preexistente y que solo hay que despertar, descubrir. Pero la toma de conciencia, en realidad, es una práctica de discusión colectiva que subrayaba las desigualdades bajo las cuales viven colectivamente las personas. La conciencia no preexiste, no está dada, sino que hay que construirla a partir de nuestro lugar dentro de una estructura de desigualdad (capitalismo, patriarcado, supremacía blanca, colonialismo. La manera de construirla es con otras personas que comparten una existencia material similar

La conciencia de clase ha retrocedido porque ha avanzado la idea de que no hay alternativa al capitalismo, el relato ha hecho aguas.

Por otro lado, hacer seminarios cerrados, esperar la información adecuada, la discusión política e ideológica avanzada que configure una estrategia bien definida que “despierte” al sujeto revolucionario haciendo emerger la situación capaz de despertar la acción del pueblo o de cualquier otro sujeto, no me cuadra hoy ,ni ayer, en lo que he indagado en la historia. Ninguna teoría ha transformado nunca la realidad.

No me olvido de la necesidad de “organizar el anarquismo” como si no estuviera organizado, da la impresión de que en realidad se quiere poner orden en la diversidad y multiplicidad anarquista y convertir esas redes de nodos interconectados, horizontales, descentralizadas y sin jerarquías en partes de un todo que tiene que ser “la” organización anarquista eficaz, hiperorganizada, con militancia fuerte, etc.[2]

Hace poco dije en un espacio anarquista que este debate es de hombres. La realidad es que, aun habiendo mujeres, los escritos que he visto son de autoría masculina. Y pensando en el asunto concluí que las mujeres y las mujeres percibidas como tales hace tiempo que sabemos que hay otras sujetas y sujetos revolucionarios (pensemos en Mujeres Libres creando su propia revolución entre 1936-1939 y siendo ignoradas por el mundo mundial, motivo por el cual me apetece destacarlas).

Las luchas y sucesos del movimiento feminista fueron capaces de movilizar una transformación social a una escala sin precedentes, sin recurrir a un partido de vanguardia o a cualquiera de las otras “necesidades” que hemos asociado con la organización política (estrategia, tácticas, relatos ideologizados, revoluciones modelizadas, etc.). Los feminismos no burgueses, transfeministas, libertarios, horizontales y descentralizados se centran en construir prácticas encarnadas, lenguaje compartido, construyendo sobre las acciones in situ un imaginario capaz de invertir las tendencias hegemónicas dentro de nuestras vidas situadas y territorializadas.

Las luchas, no solo las feministas, se producen siempre en lugares concretos y es ahí donde interrumpen el funcionamiento de la dominación. Hacer organización se hace siempre que hay una lucha, por humilde que pueda parecer, puesto que se dota de las herramientas que precisa y que nunca serán las mismas que otras coetáneas o que se produjeron en el pasado. Son valiosas en si mismas, en su singularidad, no son partes de un todo. Pudiera ser (o no) que acabaran construyendo una subjetividad revolucionaria que conciba la posibilidad de acabar con el capitalismo, el patriarcado y cualquier forma de dominación.

Perdonadme los más ortodoxos por acabar con un no anarquista, por acabar con Mark Fisher cuando decía en Deseo Postcapitalista que los proyectos de izquierda son todos inadecuados y todos por la misma razón, en el sentido que no toman en serio el deseo de los capitalizados. Lo rechazan y siguen reinscribiendo el moralismo y, al hacerlo, siguen invocando la distinción entre un adentro y un afuera, entre la inminencia y la trascendencia, entre el reino del capital y un reino fuera de él, que sería puro y estaría libre del capital.

Y otra perla cruel de Fisher: Puede que se reclame éticamente vivir en un mundo diferente, pero libidinalmente, al nivel del deseo, el compromiso es con la vida en el mundo capitalista actual. Por eso es importante plantear la siguiente pregunta: ¿existe realmente un deseo de algo más allá de cualquier forma de dominación?

 Laura Vicente

 

[1] Mark Fisher (2021): Deseo Postcapitalista. Las últimas clases. Buenos Aires, Caja Negra. 

[2] Todo esto está mucho más desarrollado en un artículo del que soy autora publicado en diversas webs entre las cuales: Redes Libertarias https://redeslibertarias.com/2025/12/30/anarquismos-el-especi%ef%ac%81smo/

jueves, 3 de septiembre de 2026

«A mi aire»

 

2026

(de mi cuenta de IG: @lauramartierra

«A mi aire» (2 julio)

Decía Simone Weil que la realidad es esencialmente la contradicción.

Sin embargo, la contradicción tiene mala prensa y siempre intentamos ignorarla o resolverla de la manera que sea.

Nadie mejor que Weil debió saber lo duro que es vivir en la realidad y en la contradicción.

 

«A mi aire» (9 julio)

Tanto calor requiere refugio.

El mío siempre es la lectura a la sombra si es que es acogedora.

Si se complica, la sombra se recrea bajo techo.

El verano es una estación de búsqueda de resguardo, de cobijo.

 

«A mi aire» (16 julio)

Me gusta la conversación: estar dispuesta a escuchar, abierta a lo desconocido, a aceptar la contradicción, a pensar en compañía algo complejo, a apasionarnos cuando argumentamos, a ser capaces de cambiar de opinión (no es un ejercicio fácil).

No me gusta la cháchara (da igual que sea sobre política, sobre ropa o sobre el tiempo).

 

«A mi aire» (23 julio)

La imaginación, la ensoñación, los sueños diurnos… son cada vez más difíciles de lograr porque el neoliberalismo (o como queramos llamarlo) coloniza nuestras vidas en lo más íntimo y profundo.

Su pretensión es tener respuesta a todos nuestros deseos a través del mercado. Es, obviamente, una falacia que produce frustración, malestar e incapacidad para resistir.

Pensemos y sintamos. Huyamos lo más rápido posible.

 

«A mi aire» (30 julio)

El tema de los incendios es un tema muy serio para una “historia” de IG.

Sin embargo, no puedo evitar lanzar un grito de SOS para que pensemos, exijamos y luchemos para salvar una vegetación que tanto necesitamos para subsistir en los veranos tórridos que vivimos y viviremos en el futuro.

En las ciudades no se puede vivir con el calor abrasador, pero abandonamos las zonas rurales sin solución para afrontar incendios de cuarta generación (así los llaman).

Los montes se queman, la vegetación arde, el territorio se desertiza y se vacía de vida…