sábado, 1 de febrero de 2014

LOS “PODERES” DE UNA MUJER DE CLASE ACOMODADA EN LA CATALUÑA DECIMONÓNICA II

 Barcelona, matrimonio y viudez

Para los indianos resultaba difícil casarse en las colonias porque la mayoría de los emigrantes eran varones. El matrimonio de Rafaela Torrents y Josep Samà respondió, en parte, al prototipo: un indiano que volvía a su lugar de origen, no viejo, pero con cierta edad, 36 años, y que se casó con una joven de 21 años que a los siete años se transformó en una viuda rica. Era frecuente que los indianos blindaran a las jóvenes con las que se casaban con una cláusula en el testamento para que no pudieran volver a casarse. En caso de hacerlo perdían toda la fortuna.

Paseo de Gracia. Barcelona

La pareja de Josep y Rafaela tenía un nexo familiar, como ya se ha explicado, con el matrimonio formado por Ramona Torrents y Antoni Samà y ambas familias debieron considerar conveniente la unión. El matrimonio se acordó con rapidez y no tuvieron un noviazgo largo ya que el regreso de Cuba de Josep se produjo en 1858 y se casaron al año siguiente. La fama de que  los indianos convivían con mujeres en las colonias explica que el novio trajera un certificado firmado por testigos de que “se mantuvo libre y en estado de soltería”. Que Josep permaneció soltero era cierto, pero no libre, ya que mantuvo, como la mayoría de los indianos, una relación estable con una mujer residente en Cuba y de la que tuvo una hija, no reconocida, en 1852.
Casarse era una manera de fortalecer, con el parentesco, las redes sociales que daban apoyo a los negocios y/o establecer lazos matrimoniales con familias de rango económico superior como trampolín a sus intereses. El “matrimonio de conveniencia” era, por tanto, una institución fundamental para consolidar la familia patriarcal asegurando un cómodo patrimonio.

Casa Xifré. Barcelona

Como la mayoría de los indianos, Jaume Samà y su hijo Josep, decidieron instalarse a su regreso de Cuba en Barcelona y no en la localidad de la que eran originarios. Aunque Vilanova era la tercera ciudad del Principado en 1855, y había experimentado un gran crecimiento industrial y comercial, debía parecerles a los indianos una villa excesivamente cerrada y aburrida desde el punto de vista social e, incluso, demasiado proletarizada a esas alturas del siglo XIX. 
Una vez celebrado el matrimonio se instalaron en Barcelona y pronto nació un niño, en abril de 1861, que fue bautizado con el nombre de Salvador, en honor de su tío abuelo Salvador Samà Martí. Los Samà Torrents eran unos extraños en Barcelona, ni él ni su mujer habían nacido en la ciudad y necesitaban integrarse en el seno de las buenas familias locales. Acabados de llegar, muchos indianos no podían esconder su origen humilde y aunque Rafaela procedía de buena familia no conocía apenas a las grandes familias barcelonesas. Para integrarse en la buena sociedad se instalaron en la Plaza Real, zona de prestigio antes de construirse el Ensanche.

Paseo de Gracia. Barcelona

La asistencia a iglesias y capillas, espacio público esencialmente femenino, constituía una necesidad social y Rafaela Torrents la practicó como había visto hacer a su madre en Vilanova. La fe religiosa era una marca y un acto de clase ya que dotaba de una identidad singular a ciertos grupos dentro de una sociedad cada vez más consciente de sus divisiones. La propiedad de un palco en el Liceo era otra condición necesaria para incorporarse a la elite de Barcelona ya que era un centro importante de sociabilidad burguesa, punto de reunión y encuentro de las buenas familias de la ciudad.
La muerte de su padre incrementó la fortuna de Josep y debieron considerar que la vivienda de la Plaza Real era insuficiente, por ello  en 1862 se iniciaron las obras de construcción, por encargo de la propia Rafaela, de un palacete digno de su categoría en el Paseo de Gracia. Así mismo inició diversos trámites en vistas a la adquisición de un título nobiliario y el 6 de agosto de 1863 obtuvo el Real Despacho de Blasones y el certificado de armas. El palacete de los Samà acabó siendo un centro de encuentro de la alta sociedad barcelonesa y de los dirigentes políticos de la Restauración.

Mujeres de la sociedad acomodada barcelonesa cosiendo

La burguesía indiana deseaba ennoblecerse y los Samà no fueron menos que otros famosos indianos. La concesión de títulos nobiliarios era un hecho habitual que respondía a la coincidencia de objetivos entre la monarquía española y las elites hispanocubanas de la isla o los indianos cuando regresaban a España. El primer Samà que obtuvo un título nobiliario, el marquesado de Marianao, fue Salvador Samà Martí. Al ser soltero, testó en 1866, dejando todos sus bienes a favor de su sobrino Josep que sorprendentemente murió dos meses antes que su tío en mayo de 1866 a la edad de 43 años, con lo cual la herencia y el título de marqués de Marianao pasaron a un niño de cinco años con una madre joven, inteligente y ambiciosa.
Rafaela Torrents formó parte de los primeros vecinos del Ensanche, conocidos con el sobrenombre de “protomártires del Ensanche” debido a las incomodidades que sobrellevaron al faltar alcantarillas, alumbrado, agua y pavimentación de las calzadas. El éxito del Ensanche se debía, en parte, a la anchura y grandiosidad de las calles, la sorprendente luminosidad que se derivaba de ello y las nuevas posibilidades de proyectar las viviendas que ofrecía el nuevo escenario. Pronto aparecieron los balcones y las tribunas que no tenían sentido en los callejones pero sí en las nuevas viviendas del Ensanche. Las damas ociosas de la burguesía barcelonesa pronto descubrieron que las tribunas les permitían dominar la calle, como si se tratara de un auténtico observatorio, para enterarse de las idas y venidas del selecto vecindario.

El papel de las mujeres, recluidas en sus casas, era gobernar las tareas domésticas, cuidar su imagen y educar a sus hijos. Recibir visitas femeninas era un gran entretenimiento, cada dama imponía un determinado día que llegaba a incluirse en las tarjetas de visita para informar que esa tarde estaría en casa para recibir a todas las que desearan visitarla sin necesidad de avisar. La etiqueta burguesa marcaba las cinco y media como hora apropiada para el visiteo, después de la siesta y antes de la cena. Junto con el visiteo, ir a misa, hacer caridad, acudir a la modista, ir de compras, visitar enfermos, asistir al teatro y a fiestas, constituían la vida cotidiana de las mujeres de las buenas familias.
Rafaela de Samà ansiaba tanto un título nobiliario que no dudó en usar  el de marquesa de Marianao hasta el matrimonio de su hijo Salvador en 1883. La viuda no se limitó sólo a ser la tutora de la fortuna de su hijo sino que participó en litigios y querellas judiciales que no estaban vinculados directamente con los intereses de su hijo. Fue una mujer de negocios, con las limitaciones propias de la época que no eran pocas, ya que realizó inversiones inmobiliarias y compró y vendió acciones de diversas empresas. Un ejemplo de esta actitud fue la adquisición del Mas Samà en Cambrils; la primera referencia de esta propiedad se produjo en 1872 (Torrents apareció en el listado de la contribución municipal de ese año pagando 7.939 pesetas anuales), seis años después de quedarse viuda.

Palau Güell, Barcelona
La fortuna que gestionó la joven viuda conllevaba una posición económica muy destacada, que bien utilizada, podía abrir o cerrar caminos en el campo de la política. La dedicación a la política, y su utilidad, la había aprendido Rafaela de su familia, ya que su padre y alguno de sus hermanos la habían desarrollado. En el sistema de la Restauración el patronazgo, es decir, el número y calidad de los amigos hacían poderoso a un individuo. Las demarcaciones adictas, compuestas por pueblos y villas que le confiaban su representación, eran claves para un político  y para ganar elecciones era necesaria la compra de votos e importantes recursos económicos para lograrlos. Rafaela movió los hilos de los que disponía por su amistad con Víctor Balaguer para impulsar la carrera política de su hijo. Las mujeres como Rafaela conseguían poder económico en su calidad de viudas y madres, pero este poder era sólo una prolongación del control de su marido y lo mantenían únicamente hasta el momento en que el hijo llegaba a su mayoría de edad (Salvador Samà Torrents, con tan solo 18 años,  fue el segundo contribuyente al fisco en Barcelona, sólo superado por el indiano Josep Xifré).
Poco tiempo después de quedar viuda, un hombre que tendrá un papel clave en su vida, Víctor Balaguer, fue elegido por primera vez en 1869, diputado. Entre 1869 y 1890 (excepto el período de la Iª República) fue diputado permanente por Vilanova. El origen de su enfeudamiento en el distrito se encuentra en el patronazgo que supo construir basado  en el apoyo que le dieron un grupo de influyentes hombres de negocios de la localidad capitaneados por la familia Samà.

Palau Güell, Barcelona

Rafaela, que había sufrido el sobresalto y la intranquilidad que había introducido la Revolución de 1868, compartía el clima de opinión prevalente entre las clases acomodadas, basado en el deseo obsesivo por la paz y el orden. El deseo por volver a la vida ordenada, sosegada y plácida del mundo isabelino, llevó a la viuda de Samà a demostrar sus simpatías por la restauración de los Borbones, en la persona de Alfonso XII, cuando al desembarcar éste en Barcelona, el día 9 de enero de 1875, se personó en el muelle, donde atracó la fragata Navas de Tolosa, con un suntuoso carruaje que fue el primero que usó el monarca a su llegada a España. El puerto fue un escenario idóneo para que la joven viuda, plena de belleza y simpatía, demostrara su contribución al regreso del monarca y, por qué no, su capacidad económica ante la sociedad acomodada barcelonesa que llenaba el puerto con uniformes y gabanes de pieles cubriendo trajes de frac impecables. El día 25 de febrero, aquel carruaje ya estaba en Madrid como regalo que Rafaela hacía al rey.
Rafaela Torrents debió mostrar interés por conocer a Víctor Balaguer dado el poder que éste tenía por su condición de político del Partido Liberal. La influencia de políticos destacados era clave para conseguir favores en un sistema como el de la Restauración que no escondía, tal y como demuestra la abundante correspondencia de Balaguer, el trato de favor que se practicaba desde el poder para lograr empleos y otros favores para sus clientes y amigos políticos. Rafaela llegó a ser amiga de Balaguer y, a través del afecto, consiguió ella misma influencia y favores. Era muy habitual que los hombres, maridos e hijos sobre todo, utilizaran la mediación de las mujeres para pedir favores. Rafaela construyó una relación que nunca llegó a ser de patrón-cliente, ya que aunque la capacidad de Balaguer de aportar “bienes y servicios” a Rafaela era muy superior a la de Rafaela, ésta le podía aportar a él compensaciones afectivas muy valoradas por Balaguer y que no provocaban el desequilibrio que convierte una “amistad instrumental”  en una relación patrón-cliente.

Palau Güell, Barcelona

Teniendo en cuenta la relación de Balaguer con los Samà y con el hermano de nuestra protagonista, Joan Torrents, todo parece indicar que conoció a Rafaela en los años setenta. El hecho de que Balaguer estuviera casado mantuvo la relación entre ambos en el terreno formal. Todo cambió con la muerte de Nola Carbonell, la mujer de Balaguer, el 20 de junio de 1881. Balaguer, desconsolado, se retiró a la masía de Solicrup, en Vilanova, propiedad de sus amigos, los marqueses de Samà. Para Balaguer, Casa Samà era “aquella casa de bendición” en la que no se le consideraba huésped, sino amigo, un “miembro de la familia que es siempre esperado con impaciencia, recibido con alegría, despedido con pena”.



4 comentarios:

  1. Interesante y amena descripción sobre la alta sociedad de aquella época, me llama la atención la actitud de los Indianos que a pesar de haber vivido una juventud de carencias, cuando retornan como adinerados se suman a la oligarquia y pretenden acaparar privilegios, en el norte, son recordados por haber construido escuelas y horfanatos, aunque supongo que, en el fondo, no actuarían de un modo muy distinto. Gracias.

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    1. También en Cataluña recurren a esa "artimaña", quizás para limpiar su conciencia de un dinero ganado siendo negreros.

      Gracias a ti por leer esta serie.

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  2. 'Las damas ociosas de la burguesía barcelonesa pronto descubrieron que las tribunas les permitían dominar la calle, como si se tratara de un auténtico observatorio, para enterarse de las idas y venidas del selecto vecindario.'... me ha hecho gracia y me ha traído a la memoria otras historias escuchadas de cómo y por dónde paseaban las criadas y cómo y por dónde lo hacían sus señoras... :))
    Aquí, en muchos pueblos hay casas que ostentaban/an el nombre de 'Casa del Indiano' y alguna casa se´ñorial o 'palacete' en la capital que conserva la habitación donde se cuenta que durmió algún rey.
    Historias orales oídas a mis padres, fundamentalmente.

    Besos.

    PD: Te leo, sigo la historia...

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    1. La historia siempre nos trae a la memoria situaciones vividas o contadas, sobre todo la historia contemporánea.

      Los indianos son los emigrantes que triunfaron, se convirtieron en referente y ellos querían mostrar su éxito y riqueza, las casas eran una forma de hacerlo.

      Gracias X

      Besos!!

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