sábado, 25 de enero de 2014

LOS “PODERES” DE UNA MUJER DE CLASE ACOMODADA EN LA CATALUÑA DECIMONÓNICA I

Con este texto, que he fragmentado para no hacerlo excesivamente largo, inicio una sección en la que aparecerán temas que estoy investigando y que son exclusivamente de mi autoría, algunos publicados y otros inéditos.  Empiezo con una mujer de la clase acomodada catalana totalmente desconocida y que llevo tiempo investigando. Este texto está publicado aunque he eliminado las notas y reducido algunos fragmentos para hacer su lectura más agil.

Rafaela Torrents, origen social

Rafaela Torrents nació en Vilanova i la Geltrú el 8 de marzo de 1838, desde los nueve años vivió en la Casa Papiol, con mayúsculas, que indicaba en el mundo rural catalán del Antiguo Régimen que esta niña vivía en una casa grande, “importante”. La “casa”,  además de un grupo de personas relacionadas por vínculos de parentesco y de un patrimonio material, también era un símbolo en la comunidad.

Puerto de Vilanova i la Geltrú

Rafaela nace, por tanto, en el seno de una “casa” importante de hacendados con numerosas propiedades inmobiliarias, ligadas sobre todo a la propiedad de la tierra. Eran ricos. El Ayuntamiento consideraba a Joan Torrents, en 1849, como uno de los cinco contribuyentes más importantes de Vilanova. La familia Torrents-Higuero además de ser propietarios de fincas urbanas y rústicas, eran beneficiarios del poder municipal y desarrollaban una actividad como profesionales del derecho. La profesión jurídica era funcional en la gestión de los patrimonios y por este motivo el título de abogado era frecuente entre los herederos de la Casa Papiol. Pero no hay que olvidar también que la titulación en leyes servía para nutrir la política profesional, Joan Torrents de Papiol ocupó cargos importantes en el Ayuntamiento de Vilanova. Muchos hombres de leyes intervinieron en la esfera pública durante la construcción del Estado liberal.

El nacimiento de Rafaela vino a coincidir con una importante expansión comercial y la puesta en marcha de la industria mecanizada algodonera en Vilanova. La llegada al mundo de Rafaela también coincidió con un momento de cambios políticos. Cuando en abril de 1833 se promulgó un decreto convocando para junio a los diputados de las ciudades que tenían voto en las Cortes para prestar juramento a la Infanta Isabel como princesa heredera del trono, en Vilanova se celebraron grandes festejos organizados por una comisión de la que formaba parte Joan Torrents de Papiol.

Vilanova i la Geltrú

Rafaela tenía acceso en su casa a una importante biblioteca y accedió  a una educación básica muy valorada por el padre, tal y como quedó patente en la redacción de  su testamento cuando le dejó a su mujer el usufructo de todos sus bienes, sin límite alguno, salvo el de “alimentar y educar a mis hijos e hijas” y ponerlos “en colegios [o] casas de educación de enseñanza”. La mayoría de la población no accedía a la educación por razones sociales, pero también había una limitación por razón de sexo que se reflejaba en el elevado número de analfabetas.

La concepción dominante sobre el acceso de la mujer a la educación,  configuraba un discurso que situaba a la mujer en el espacio doméstico, y no en el espacio público, porque su naturaleza así lo determinaba. El mensaje dominante defendía la diferencia de género y apoyaba un modelo de mujer con una formación dirigida no al crecimiento personal sino al servicio a los otros. Rafaela Torrents  fue educada en el discurso que reafirmaba que la mujer era inferior al hombre aunque no descartaba que algunas mujeres accedieran a la educación, siempre y cuando mantuvieran sus funciones naturales de esposa y madre.

Cuando murió su padre en 1851, Rafaela era una adolescente de trece años que vio cambiar su vida cotidiana ya que no solo perdió a su padre sino que dos años después, sus dos hermanos mayores, Manuel y Ramona, se casaron y marcharon de la casa familiar. La rapidez de estos matrimonios estuvo relacionada con las dificultades de la viuda para atender a las obligaciones que conllevaba una prole de once hijos e hijas.

Vilanova i la Geltrú

La transmisión del patrimonio de la casa se hacía habitualmente en dos etapas. La primera, en el momento del matrimonio de los hijos mediante los capítulos matrimoniales. El heredero, Manuel Torrents e Higuero, se casó en 1853 y al casarse fue nombrado heredero universal, por ser el hijo primogénito, de los bienes de los padres. Manuel no recibió el patrimonio hasta la muerte de la madre. En el caso del resto de los hijos e hijas, éstos percibían su parte de la herencia o bien se especificaban los términos del pago. Joan Torrents legó a todos sus hijos e hijas, diez mil libras barcelonesas “en pago de todos sus derechos de legítima paterna y demás derechos…”. Ese dinero no lo podían exigir, “a saber, las hijas hasta que se coloquen en matrimonio y los hijos varones hasta que se coloquen en matrimonio o hallan llegado a la edad de veinte  y cinco años cumplidos”. La segunda etapa de la transmisión se producía con la muerte del padre y la madre. En este momento el heredero pasaba a ser jefe de la casa y su propietario sin restricciones.

Cuando Rafaela cumplió los dieciocho años entró oficialmente en la edad casadera y  sus relaciones sociales se incrementaron. Los sectores burgueses más acomodados de Vilanova se reunían en sus casas, donde el círculo era mucho más restringido, o asistían al Círculo Villanovés.

Los Torrents estaban emparentados con los Samà Urgelles por el matrimonio de Ramona y este nexo familiar facilitó la relación de Rafaela con la familia Samà y la preparación de su matrimonio con otro Samà, primo hermano del cuñado de Rafaela. En las tertulias dominicales en la casa de los Samà-Torrents encontraron las dos hermanas Torrents la oportunidad de que Rafaela conociera a su futuro marido.  Las clases acomodadas seguían estrategias matrimoniales comunes para reunir patrimonios y vincular intereses económicos, o de otro tipo. 


La familia Samà respondía a una tipología de familia totalmente distinta a la de los Torrents. Los Samà de finales del siglo XVIII no estaban en el círculo de los Torrents ya que se trataba de familias de labradores, marineros y pequeños comerciantes que se vieron obligados a “hacer las américas” en busca de fortuna. Formaban parte del contingente de villanoveses que entre 1765 y 1824 marcharon, con licencia o sin ella, a América.

El origen social de Rafaela, dentro de la sociedad acomodada vilanovina, definió su lugar a través de los hombres (padre, hermano mayor y marido). Procedía de una familia, por tanto, en la que se disfrutaba de una buena posición económica y ese hecho facilitaba el acceso a la política. La educación escolar y familiar no hizo otra cosa que reforzar la aceptación de su papel de género, encaminando su futuro a la realización de un buen matrimonio. La diferencia en el pago de la legítima entre hijos e hijas, reflejaba la visión de que las mujeres tenían la vía del matrimonio como única posibilidad para recibir la parte del patrimonio familiar que les correspondía y que podía ser incrementado en vistas a un buen matrimonio.

Las fotografías de Vilanova i la Geltrú están tomadas de google, la última está tomada del libro de Lluís Permanyer, El esplendor de la Barcelona Burguesa, 2008.


4 comentarios:

  1. Esta descripción, tan bien documentada, me ha abierto el apetito para conocer más y mejor de los acaecidos en esa época, espero con enorme expectación la siguiente entrada, Gracias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti por tu interés, espero que no te decepcione.

      Eliminar

  2. Interesante y no muy diferente de lo que pasaba en otros lugares en esa época... hasta donde yo sé, que no es mucho...

    Te leo.

    Besos !!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Las clases acomodadas llevan un estilo de vida muy similar en toda España.

      Besos!!

      Eliminar

Tus comentarios siempre aportarán otra visión y, por ello, me interesan.