sábado, 13 de agosto de 2016

AUGUST STRINDBERG, Solo

El punto de arranque

Strindberg inicia el texto explicando porqué optó por la soledad. Hacía años que no vivía en su ciudad natal y cuando regresó tenía una edad alrededor de la cincuentena, se empezó a reunir con un grupo de amigos que conservaba y esas sesiones lejos de sentarle bien empezaron a alterarle. El autor consideraba que nadie era sincero y que la banalidad se había instalado entre ellos, solo cuando volvía a casa, el silencio le permitía reencontrarse consigo mismo y tomó la decisión de no acudir a las reuniones y empezó a ejercitarse en la soledad, hasta que…


Encontré un gran placer en oír el silencio y prestar atención a las voces nuevas que en él pueden sentirse (21).

A partir de esa determinación, Strindberg va abandonando a las personas conocidas, con las desconocidas tiene suficiente, y sus propias posesiones puesto  que no poseer nada es una de las facetas de la libertad (25).

¿En qué consiste la soledad?
En (…) enredarse en la seda de la propia alma, convertirse en capullo y esperar la metamorfosis, que no puede faltar. Durante este tiempo, uno vive de sus vivencias, y vive también, telepáticamente, la vida de los otros. Muerte y resurrección; una nueva educación para algo nuevo y desconocido.

Uno acaba siendo el único dueño de sí mismo. Nadie cuyos pensamientos controlen los míos, nadie cuyos gustos o caprichos pesen sobre mi. Es entonces cuando el alma comienza a crecer en su libertad recién adquirida, y se experimenta una inaudita paz interior, una alegría tranquila y un sentimiento de seguridad y responsabilidad sobre uno mismo (53).

Una utopía que nadie sería capaz de desatender, aunque los costes sean elevados. Y es que la soledad no suele encontrar adeptos voluntarios aunque haya mucha gente sola, especialmente en las grandes urbes. El autor nos presenta la soledad como un descubrimiento de sí mismo, como una manera de empatizar más con el resto de la humanidad, se gana en sensibilidad.

Lo que he ganado con la soledad es poder decidir por mí mismo mi dieta espiritual (55).
Una interesante reflexión de este autor (especialmente dedicado al teatro), nacido en Estocolmo en 1849.

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