miércoles, 13 de abril de 2016

LA ABSTENCIÓN COMO PROTESTA


La abstención en las elecciones es una de las maneras de mostrar el desacuerdo con el sistema político que provoca una unánime condena por parte de todo el arco político. En las últimas convocatorias electorales, las personas más entusiastas con las posibilidades de un supuesto cambio político, se han mostrado especialmente agresivas con quienes se mantienen en la abstención. Poco importa que quienes se abstienen de votar, sean activistas, utilicen cualquiera de los otros derechos políticos que hacen a alguien ciudadano/a (derecho de asociación, manifestación, libertad de expresión, etc), da igual, cometen el pecado de no andar camino de la urna y depositar el sacralizado voto que da derecho después a opinar y criticar. Si no votas, no te quejes, si no votas, cállate para siempre, exclusión por incumplimiento de las obligaciones cívicas.


Este es el motivo por el que un librito de 13/9 cm escrito por José Manuel Naredo, y que lleva por título el de este texto, me llamó la atención cuando paseaba por una de mis librerías preferidas en Zaragoza, La Pantera Rosa.

¿Quién se atrevía a cometer tal pecado y proponer la abstención como propuesta? Tras hojearlo brevemente decidí llevarlo conmigo y de vuelta a Barcelona lo leí con tranquilidad en el vagón silencioso del AVE. Pese a su brevedad, me parece una invitación lo suficientemente interesante como para mezclar mis palabras con las de Naredo para exponer su propuesta de abstención y luego pensar en algunos aspectos que han emergido con el movimiento 15-M y con aquellos partidos que como Podemos y las confluencias que han patrimonializado una multitud rebelde a la que han disciplinado y controlado (o eso parece). De hecho, como ya señalé en “Apoliticismo desde el margen”,  estas organizaciones son instituciones traductoras, puesto que su capacidad de negociación está basada en traducir su control respecto a los movimientos de los que proceden.

El librito de Naredo está editado en 2014 y su propuesta de abstención se refería a las elecciones europeas que se celebraron en mayo de dicho año.

Diagnóstico político
Dice Naredo que estamos en un cambio de fase o de era política porque no se trata de cambiar un partido político por otro sino el sistema que sostiene el actual neocaciquismo democrático del que han sido instrumento y parte los partidos políticos que participaron y urdieron la “transición política”, incluida IU. Denomina a tal sistema como neocaciquismo porque los gobiernos se han comportado como administradores al servicio de lobbies y corporaciones privadas, y no como representantes de la ciudadanía.



Desde mi punto de vista el hecho de que el actual sistema político provenga de la “transición” en nada influye respecto a que los gobiernos españoles se comporten como administradores del capitalismo. Como señala Owen Jones en  Chavs. La demonización de la clase obrera,  la política se convirtió en Gran Bretaña, desde la  etapa de gobierno conservador de M. Thatcher en la década de 1980, en el coto cerrado de los ricos y sus apologistas políticos que impulsan la idea de que los de abajo merecen su suerte. Tanto el thatcherismo como el neolaborismo, a partir de Tony Blair, promovieron un áspero individualismo que afectó negativamente a la solidaridad colectiva de las antiguas comunidades de trabajadores. La izquierda no supo detener la deriva individualista y las preocupaciones particulares e identitarias que sustituyeron a los propósitos sociales comunes; la política sin idealismo se convirtió en una forma de contabilidad social: la administración de cosas y personas. Este proceso, por tanto, es general y afecta a todos los sistemas democráticos. Es cierto que en España hay lastres como el de la corrupción que vienen condicionando la política desde el siglo XIX y que convierten esa contabilidad social en un fondo de beneficios para sus gestores políticos a diferencia de otros países de más larga trayectoria democrática y con una corrupción menor.

Afirma Naredo que la crisis económica actual ha permitido recortar derechos que antes eran universales para limitarlos a quienes pueden pagar por ellos (apoyo judicial, sanidad, educación etc.) o libertades (ley mordaza, etc.), y que por ello es necesario un proceso que establezca un nuevo marco institucional que ayude a desplazar el poder y el control de la toma de decisiones de los partidos políticos hacia la ciudadanía. Para que esto ocurra tiene que ser un objetivo ampliamente sentido por la población y apoyarse en una plataforma de movimientos sociales que tuviera como meta dicho saneamiento político. Estos requisitos, según Naredo, no se dan en 2014, mucho menos en 2016, pese a que el 15-M había impulsado el proceso deslegitimador y una revitalización de la democracia desde la base.

Coincido con Naredo en que el objetivo es el desplazamiento de las tomas  de decisiones hacia la ciudadanía, pero desde que él escribió este diagnóstico político hace casi dos años, los movimientos sociales han retrocedido y la rebeldía del 15M ha constituido la fuente de influencia de los nuevos partidos (Podemos y confluencias), que como auténticos parásitos de la rebeldía espontánea han transformado ese caudal en votos y en poder dentro de las instituciones, desmovilizando a la ciudadanía o integrándola en dichas instituciones.

Objetivos
Advertía Naredo que si el movimiento se consideraba como mera plataforma para la acción frente a las agresiones del sistema (…) está abocada a trabajar para partidos políticos existentes o a formar otros nuevos. Si así ocurría, la política electoral del movimiento conduciría a pedir el voto para los partidos a los que implícitamente serviría. Describe Naredo con acierto la situación actual, puesto que los movimientos sociales no han sido capaces de construir una estrategia y unos objetivos propios. Para cambiar el modelo de Estado hacia una democracia más real (más participativa y solidaria) había que hacer uso del mecanismo electoral para conseguir la mayoría suficiente que permitiera abrir un proceso constituyente. Como Naredo daba por hecho que no era factible lograr dicha mayoría era necesario posibilitarla forzando el proceso deslegitimador del status quo que impulsando movimientos sociales fuertes y coordinados en una amplia plataforma electoral consiguieran dicha mayoría.

Es cierto que las plataformas electorales se han formado, en este sentido las propuestas son múltiples y fragmentadas territorialmente, pero los movimientos sociales fuertes se han ido perdido por el camino. Auguraba acertadamente Naredo que si no se construían esas plataformas sociales con objetivos y estrategias propias, la creación de partidos, y, añado yo, confluencias varias, antes de reforzar la mencionada plataforma de movimientos sociales, sería como poner al carro delante de los bueyes, al desactivarla derivando activistas y esfuerzos hacia los actuales teatros electorales y parlamentarios.

Naredo considera que hay un objetivo común (¿al 99%?) que es establecer ese marco institucional más propicio a buenas prácticas acordes con una democracia más transparente y participativa. Un objetivo que me parece ingenuo puesto que pretende que es posible dentro del sistema capitalista actual un gobierno que no actúe con opacidad y teniendo en cuenta a la ciudadanía, que impulse el debate en los órganos deliberativos del Estado y que incentive las iniciativas ciudadanas de participación,  control y legislación. Tras lo ocurrido en Grecia con Syriza, cuando ganó las elecciones y pudo formar Gobierno en enero de 2015, me parece que, como recientemente ha señalado Varoufakis, se puede llegar al gobierno pero no al poder y mucho menos si fuera de las instituciones no existe un movimiento social potente que posibilite políticas valientes que se enfrenten a la troika europea y al boicot de los poderes económicos.

Abstención como protesta
La abstención que plantea Naredo es coyuntural, o táctica como dice Carolina Bescansa, claro que según esta diputada de Podemos, las tácticas no son políticas, solo lo son las estrategias (no he podido evitar el chascarrillo y la insustancialidad de las declaraciones de la diputada de Podemos). Volviendo a Naredo, la propuesta de abstención tendría como finalidad socavar la credibilidad del sistema y hacer que la ciudadanía despierte tomando conciencia de su fuerza y de fortalecer el propio movimiento social.

La abstención activa tiene un contenido de rechazo al sistema político, una forma de decir “no” al sistema subrayando la necesidad de reformarlo para establecer un sistema nuevo que propiciara las buenas prácticas políticas. La abstención podría tener una influencia preelectoral ya que los partidos para animar a los votantes tendrían que incluir entre sus programas y promesas algunas de las exigencias de la campaña abstencionista. En segundo lugar tendría una influencia cierta sobre los potenciales votantes, al incentivar su sentido crítico sobre los males del sistema político   y sobre los partidos que más han contribuido a alimentarlos. Además, la abstención evidenciaría el triunfo del “no” en este hipotético “referéndum antisistema político” y ayudaría a consolidar y reforzar el propio movimiento social. La abstención puede considerarse como un acto de desobediencia civil consciente al desobedecer al sistema cuando busca ser refrendado por el voto.



En conclusión, la abstención propuesta por Naredo no es un objetivo de fondo ni una estrategia, sino una opción táctica adaptada al momento actual. Naredo realiza, desde mi punto de vista, un salto en el vacío cuando hace esta afirmación y pocas líneas después afirma que más allá del marco institucional y la forma de gobierno, una sociedad será más o menos democrática en la medida en la que cuente con un mayor desarrollo comunitario que amplifique las relaciones, los contactos y la implicación de las personas en los asuntos públicos.

¿Qué relación tiene esta dimensión comunitaria, esta sociedad más viva y participativa con las prisas electorales? Naredo mismo contesta que en esa dimensión comunitaria no hay atajos ni golpes de sombrero políticos para conseguirlo. Totalmente de acuerdo. Quizás por ello la abstención puede ser un objetivo de fondo que puede ser interrumpida momentáneamente para dar una vuelta de timón favorable a los movimientos sociales que son quienes deben mantener el protagonismo, única garantía de que esa dimensión comunitaria no sea fagotizada por la dinámica electoral.

2 comentarios:


  1. Un absentismo interesante.

    Besos!!

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    1. Me alegra que te haya parecido interesante, su objetivo es precisamente hacer pensar.

      Besos!!

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