Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt
sábado, 23 de junio de 2018
ENTREVISTA SOBRE "MUJER CONTRA MUJER EN LA CATALUÑA INSURGENTE"
https://soundcloud.com/katakrak54/taupadak-laura-vicente-mujer-contra-mujer-en-la-cataluna-insurgente?in=katakrak54/sets/taupadak-eguzki-irratia-2017
En este caso os dejo una entrevista que me hizo una Radio Libre de Pamplona sobre mi último libro.
miércoles, 13 de junio de 2018
REFLEXIONES SOBRE LA EXPERIENCIA EN LOS LAGER DE PRIMO LEVI
Este libro de Primo Levi[1] me
ha impresionado tanto que prefiero mostrar solo sus palabras, eso sí,
seleccionadas por mí. Es el tercer libro de la trilogía sobre los campos de
exterminio, una última reflexión sobre su experiencia en la que indaga en
aspectos esenciales, vitales, necesarios: libertad, supervivencia, moral,
poder, vergüenza, responsabilidad, sufrimiento, dolor, derrota y tantos otros.
Os recomiendo encarecidamente su lectura.
¿Quién sobrevivió y, por
tanto, quién ha testimoniado sobre los Lager?
Los prisioneros “normales” sin privilegios apenas
han testimoniado, eran la mayoría en los Lager pero minoría exigua entre los supervivientes.
La historia de los Lager la han escrito casi exclusivamente quienes tenían
privilegios (hay dos tipos de privilegiados: los que se sometían a las
autoridades del campo, estos no testimoniaron, y los que no se sometieron, casi
siempre políticos) (15). Dado que la ración alimentaria era del todo
insuficiente, un suplemento alimenticio (para ello se necesitaba algún
privilegio) era necesario para sobrevivir (37).
La realidad es que los privilegios se conceden en
todo lugar de convivencia humana porque donde hay poder, nace el privilegio.
Por eso en los Lager hubo privilegios (38,62)
Por tanto, según Primo Levi, sobrevivieron los
peores, los egoístas, los violentos, los insensibles, los colaboradores de la
“zona gris”, los espías; los más aptos. Los mejores murieron todos (77). Los
hundidos eran los verdaderos testigos, ellos eran la regla, los sobrevivientes
son las excepción, una minoría anómala, además de exigua (78).
El mundo de los Lager y las
víctimas
En los Lager se buscaba destruir la capacidad de resistencia de las víctimas, se
las degradaba, las asimilaba al nacionalsocialismo debilitándolas al privarlas
del esqueleto político o moral (37). El nacionalsocialismo ejerció un espantoso
poder de corrupción. Degradó a sus víctimas y las hizo semejantes a él porque
impuso complicidades grandes y pequeñas (62-63).
El enemigo estaba alrededor y dentro; el “nosotros”
perdía sus límites, los contendientes no eran dos (34), por esa razón el autor
consideraba que los Lager eran terribles pero además indescifrables, no se
ajustaban a ningún modelo.
El Lager se convirtió en un laboratorio cruel. La
violencia inútil dirigida exclusivamente a causar dolor (99). Transformaron a
los seres humanos en animales; un régimen inhumano difundió y extendió su
inhumanidad en todas las direcciones (105).
Zona gris, zona de ambigüedad
humana, zona de colaboración
La zona del poder cuanto más restringida es, más
necesidad tiene de auxiliares externos. En los países ocupados se necesitaban
fuerzas de orden, delegados y administradores del poder alemán.
Cuanto más dura era la represión, más difundida
estaba entre los oprimidos la disposición para colaborar (39-40).
El poder se otorgaba generosamente a quien estaba
dispuesto a rendir homenaje a la autoridad jerárquica. En situaciones extremas
hay más gente dispuesta al compromiso (44-45).
Caso límite de colaboración: los Sonderkomandos.
El síndrome del poder permanente y certero: tienen
una visión distorsionada del mundo, la arrogancia dogmática, la necesidad de
adulación, el aferrarse convulsamente al puesto de mando, el desprecio de las
leyes (62).
La liberación
No fue alegre ni despreocupada: angustia,
vergüenza por la “conciencia recobrada
de haber sido envilecidos” por el hambre, el cansancio, el miedo y el frío.
El parámetro moral cambió en los Lager donde se
olvidaron de todo quedando
reducidos al presente (como los animales) (69-70). Provocó muchos suicidios
tras la liberación porque emergió el sentimiento de culpa por no haber hecho
nada o lo suficiente contra el sistema. Culpa por fallar en el plano de la
solidaridad humana, en la omisión de socorro.
Sintieron vergüenza porque se había demostrado que
el ser humano era capaz de causar una mole infinita de dolor
domingo, 3 de junio de 2018
LA MEMORIA FALSIFICADA
No hay historia muda. Por mucho que la quemen, por mucho que
la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la
boca. El tiempo que fue sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es, aunque
el tiempo que es no lo quiera o no lo sepa.
EDUARDO GALEANO
Quiero confiar en la palabra de Galeano, quiero
pensar que la historia, por mucho que la mientan, no enmudecerá. Sin embargo,
cualquier buen observador/a apreciará sin grandes dificultades cómo se manipula
la historia y la memoria para convertirlas en objeto de consumo de ciertos planteamientos
políticos.
Esta reflexión es producto de un malestar que ha ido
alimentándose con el paso del tiempo y con la reiteración de los motivos que lo
provocan. Me refiero a la colocación de placas dando nombre a calles, centros
de salud y otras iniciativas que, con buena voluntad de la izquierda (vieja y
nueva), se dedican a figuras del anarquismo en diversas ciudades y pueblos.
Aunque la iniciativa puede parecer positiva, no lo es tanto porque en estos
reconocimientos falta siempre lo que define la idiosincrasia de estas personas,
es decir, el ser anarquistas o anarcosindicalistas.
Reconvertir anarquistas en luchadores/as por las
libertades, escritores/as, pedagogos/as, defensores/as de la clase obrera,
periodistas, trabajadoras por la salud, etc., es una buena manera de olvidarlos, es una buena manera de
construir una memoria buenista y
aceptable. Veamos cinco ejemplos entre otros muchos:
En esta ocasión se trata de Salvador Seguí y la
placa que recuerda que fue asesinado en 1923 en Barcelona: defensor de la clase obrera. ¿Es posible una referencia más
genérica? Pero es que a escasos metros está la Plaza Salvador Seguí, en la que
figura un escueto: sindicalista (¿se
les ha olvidado que era sindicalista de la CNT?).
En un pequeño pueblo del Pirineo aragonés (Araguás
del Solano) encontramos una placa dedicada a Acín que lo recuerda como: escritor. Nadie en la zona sabía que
Acín era anarquista.
En esta tercera ocasión no es una placa sino una
bolsa de tela que me propusieron comprar como suscriptora de la Directa, medio de información por la transformación
en Cataluña. Sorprendentemente pone: Ramón
Acín: Periodista y pedagogo aragonés asesinado por el fascismo en agosto de
1936. En este caso si entré en contacto con los responsables de la Directa
para comentarles que se les había olvidado poner que era anarquista y que,
justamente, eso es lo que explicaba su ejecución fulminante y lo que daba
sentido a su figura. La respuesta fue espectacular: no lo pusieron, me dijeron,
porque no les cabía. Les comenté que podían haber quitado periodista, pedagogo o aragonés
para dejar paso a anarquista. Ya no hubo respuesta, ahí acabó nuestro diálogo
por correo electrónico (por cierto, las dos A circuladas las he puesto yo).
La placa dedicada a Teresa Claramunt que da nombre a
una calle de un barrio obrero de Sabadell también ha quedado falsificada al
convertirla en luchadora y defensora de
las libertades, ¿qué libertades? ¿las libertades de las constituciones
democráticas? La Libertad con mayúscula se habría acercado algo a lo que fue (y
es) Claramunt, feminista y anarquista dejaría muy clara du idiosincrasia.
Por último, Federica Montseny, la indomable, se
convierte en esta placa, situada en un centro de salud de Madrid, por una cabriola prestidigitadora en trabajadora ejemplar por la salud, sin más referentes que ayuden a
situar a esa breve estancia (noviembre 1936-
mayo 1937) de Montseny en el Gobierno Largo Caballero.
Tras repasar estos ejemplos, conviene precisar
conceptos como memoria, historia y
recuerdo. El recuerdo es la
experiencia vivida y está destinado a morir con sus testigos. La memoria es la rememoración colectiva
del pasado, puede ser (o no) un elemento
permanente de la conciencia social[1]. Dice
el historiador Enzo Traverso:
La memoria es en realidad una representación del pasado que se construye en el presente, resulta de un proceso en el que interactúan varios elementos, cuyo papel, importancia y dimensión varían según las circunstancias. Las personas cambian, sus recuerdos pierden o adquieren importancia nueva según los contextos, las sensibilidades y las experiencias acumuladas[2].
La memoria, por tanto, es
siempre subjetiva y necesita ser contrastada con otras fuentes que le otorguen
más objetividad. Y es la historia la
que debe aportar el discurso crítico sobre el pasado, es decir, la
reconstrucción de los hechos y acontecimientos pasados tendentes a su examen contextual y a su
interpretación. La memoria
solo puede vivir mediante una interacción permanente con la investigación
histórica y con la acción social y política.
La realidad ha demostrado que somos una comunidad no
del recuerdo, sino del olvido organizado, sistemático y deliberado[3]. El franquismo quiso destruir la memoria anterior a 1939 en su afán
por aniquilar a los vencidos. Pero el olvido organizado no lo ejecutó solo el franquismo, la Transición
democrática hizo pagar una cuota muy elevada a las víctimas del franquismo para
asentar la democracia mediante el olvido de lo sucedido en la memoria social.
La democracia no varió en exceso el rumbo en lo que respecta al movimiento anarquista
y la “nueva izquierda” se apunta al carro banalizando y vaciando de contenido a
hombres y mujeres anarquistas. La palabra anarquía y sus derivados es una copa
difícil de beber para las posiciones políticas institucionales (incluso para
algunas que no lo son).
A veces la memoria se ha
convertido en un campo de batalla entre versiones interesadas del pasado al
servicio de las diversas tendencias políticas. La consecuencia más negativa de
estas polémicas son los disparates que se consiguen asentar en la opinión
pública como verdades históricas que no se pueden poner en cuestión. La
manipulación del pasado, la creación de mitos y la distorsión de los hechos históricos,
cuando se apoyan en la potente máquina económica y propagandística del poder,
son muy difíciles de desmontar. Para ejemplo un botón: Cataluña.
Hay tantos recorridos de la memoria como itinerarios vitales, los
espacios organizativos y de lucha que se estructuran alrededor del anarquismo
deberían estar presentes en todos los escenarios de la memoria. Hay que
atreverse a saber y construir nuestros propios mapas, nuestros puntos de
referencia[4], ya que lo que olvidamos, ya no es
nuestro. Hacer memoria es imprescindible para evitar que nos
arrebaten lo que somos.
[1] Enzo Traverso
(2001): La historia desgarrada. Ensayo
sobre Auschwitz y los intelectuales. Herder, Barcelona, p. 193.
[2]
Enzo Traverso
(2012): La historia como campo de
batalla. Interpretar las violencias del siglo XX. FCE, Buenos Aires,
Argentina, p. 286.
[3]
Zigmunt Bauman y
Leonidas Donskis (2015): Ceguera moral.
La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida. Paidos, Barcelona, p.
161.
[4] Dasa Drndic (2015): Trieste. Automática Ed, Madrid. Simona Skrabec (traductora), p.
12-13.
miércoles, 23 de mayo de 2018
UNA FOTO, UN MUNDO NUEVO
La primera vez que vi esta fotografía me impresionó la desenvoltura con la que
caminaban estas tres mujeres (de izquierda a derecha): Lucía Sánchez Saornil,
Emma Goldman y Christine Kon-Rabe[1].
Lucía y Christine tienen el gesto dirigido a la mujer de más edad, Emma
Goldman, que muy bien podía estar hablando a sus compañeras en el momento en
que se hizo la foto.
No solo es el andar decidido de estas tres mujeres
lo que me llamó la atención, su gestualidad, influida por el peinado y el
vestuario, transmite autonomía y determinación[2].
El peinado más transgresor corresponde a Lucía que
lleva el pelo a lo garçon, un corte
de pelo que apareció en los años veinte tras la Iª Guerra Mundial. Tras haber
ocupado todo tipo de puestos de trabajo en la retaguardia, muchas mujeres no
estaban dispuestas a volver a casa como si nada hubiera pasado y, en Francia,
algunas de las que reclamaban la igualdad se cortaron el pelo y adoptaron un
estilo andrógino que les valió el nombre de garçonnes.
En Estados Unidos fueron las flappers
las que con su pelo corto y sus maneras masculinas se rebelaron contra la
moralidad imperante. Esa misma realidad, una guerra en la que los roles de
género quedaron también pulverizados, pudo impulsar a Lucía, cuya orientación
sexual lesbiana parece clara, a adoptar este modelo andrógino completado por su
vestuario: pantalón, americana, camisa blanca y corbata.
Ni Emma ni Christine se cortaron el pelo a lo garçon, ambas conservaron el pelo largo
recogido en un moño (con trenzas en el caso de Christine). La diferencia generacional
entre ambas se percibía en la ropa puesto que mientras Emma llevaba de forma
descuidada un gabán por encima de los hombros y la ropa oscura, Christine llevaba
ropa más entallada, falda más corta y destacaba el detalle del pañuelo y la
cartera en la mano.
Tres mujeres de países diferentes: una lituana
nacida en Kaunas en 1869, una española nacida en Madrid en 1895, y una polaca
nacida en Varsovia en 1911. La más mayor, Emma, estaba muy cerca de cumplir los
setenta años, Lucía acababa de entrar en la cuarentena, mientras que Christine
se acercaba a la treintena. Mujeres de tres generaciones diferentes si
utilizamos el criterio de que la generación viene marcada por la pertenencia a
una misma década. Otro criterio muy diferente establece que debe haber treinta
años de diferencia entre una generación y la otra, de esta forma Goldman sería
de una generación diferente a Sánchez –había 26 años de diferencia entre ambas-
y a Kon-Rabe -42 años entre ambas-. Sin embargo, Sánchez y Kon-Rabe serían de
la misma generación puesto que la diferencia de edad entre ambas era de 16 años.
Sabemos con exactitud cuándo y dónde fue tomada esta
fotografía puesto que el original está depositado en el archivo de la Fundación
Anselmo Lorenzo (FAL)[3].
La fotografía fue tomada en Barcelona el 20 de octubre de 1938 en el tercer
viaje de Emma Goldman a España[4],
durante la guerra civil, único acontecimiento que pudo reunir a estas tres
mujeres. Emma Goldman visitó España en tres ocasiones, entre su primera
estancia (septiembre a diciembre de 1936) y la tercera (septiembre a noviembre
de 1938[5]),
transcurrió un lapso de tiempo de poco más de dos años.
Lucía
Sánchez y Christine Kon-Rabe
es muy probable que se conocieran en la ciudad de Valencia[6].
Sánchez Saornil marchó de Madrid a mediados de 1937, se trasladó a Valencia y se integró en la redacción
del semanario gráfico Umbral que
apareció el 10 de julio del 37. Allí conoció a América Barroso (Mery) que entró
en la redacción por medio de Mateo Baruta, compañero de Christine Kon-Rabe.
Baruta había sido secretario de Federica Montseny cuando ocupó el cargo de
Ministra de Sanidad y Asistencia Social, por tanto vivía en Valencia. Lucía y
Christine se conocieron en Valencia en el entorno de la redacción de Umbral.
No se puede descartar que Emma Goldman conociera a
Lucía y Christine en su segundo viaje. Goldman aterrizó en Barcelona en
septiembre de 1937 y estuvo en Valencia en dos ocasiones (antes y después de
visitar Madrid). Fue en esta ciudad en la que pudo coincidir con Lucía y
Christine en torno a las actividades de la recientemente fundada SIA
(Solidaridad Internacional Antifascista). Esta organización fundada por la
CNT-FAI y las Juventudes Libertarias disponía de unos Estatutos elaborados a
finales de mayo de 1937[7].
Se trataba de un organismo humanitario y político que pretendía crear una
organización de solidaridad internacional
en defensa de la revolución social en España. La estructura organizativa,
recogida en los Estatutos, estaba formada por la Comisión Ejecutiva que se
componía de un Secretario General, el primero fue Pedro Herrera, el Tesorero,
el Contador y los Vocales que se distribuían las funciones a realizar:
Propaganda, Estadística, Relaciones y otras. Además existía un Consejo General
para la organización de las agrupaciones
internacionales.
Tanto Umbral
como la Comisión Ejecutiva de SIA se trasladaron
a Barcelona en los últimos días de 1937 o los primeros de 1938. SIA renovó
su Comisión Ejecutiva siendo nombrado
Secretario Mateo Baruta, Lucía Sánchez en Prensa y Propaganda, Christine
Kon-Rabe en Relaciones Extranjeras, José Carrasquer en Contabilidad y Aurea Cuadrado
en Asistencia Social (Lucía y Aurea eran de Mujeres Libres). Tanto Umbral como SIA se instalaron en el
mismo edificio, c/ Pi y Margall, 20.
En septiembre
de 1938 Emma Goldman viajó por última vez a España, el 1 de octubre asistió a
la sesión plenaria ordinaria del Consejo General de SIA[8]
en Barcelona acompañada de Lucía Sánchez en la Secretaría, Mateo Baruta como Vice-Secretario,
Fidel Miró en Propaganda y Lucas en Contabilidad. Abrió la reunión Lucía
Sánchez que, “visto que la lengua española causa dificultades a la camarada
Emma, se designa a la camarada Cristina Kon,
agregada de Propaganda y Secretaria de actas
de las reuniones, como interprete”[9]
por el dominio que tenía de varios
idiomas. En esta reunión tenemos la constatación de que las tres mujeres se
conocían, estaban vinculadas a la SIA y es posible que la foto se tomara esos
días de la reunión del Consejo General.
La implicación de la organización Mujeres Libres en
SIA fue muy importante puesto que la
acción humanitaria de este organismo se desarrolló en la retaguardia donde las
mujeres tenían un papel protagonista. No podemos olvidar que estas tres mujeres
que caminan con desenvoltura son feministas (al menos Lucía y Emma con
seguridad), Lucía tuvo un gran protagonismo en Mujeres Libres y fue una de las
tres redactoras de la revista Mujeres
Libres, Emma Goldman apoyó la revista desde el principio como una
iniciativa fundamental para capacitar a las anarquistas. De hecho, Mercedes
Comaposada envío a Emma dos acreditaciones en julio de 1937 en que la nombraban
“corresponsal y representante de las Publicaciones Mujeres Libres en Europa y
Estados Unidos de América”, así como representante y “delegada de la nueva
Federación Nacional de Mujeres Libres” que se iba a adoptar en agosto[10].
No tenemos constancia de que Christine colaborara de alguna manera con Mujeres
Libres o con la revista pero no lo podemos descartar puesto que la mayoría de
los artículos eran anónimos.
La guerra civil y la revolución habían
convertido algunas ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia en una auténtica
Babel donde se hablaban diversas lenguas[11], era el caso de Emma y Christine que además
eran de origen judío. Solo la coyuntura europea, con la extensión del
totalitarismo y del fascismo, y la propia guerra civil española como anticipo
de la guerra civil europea, puede explicar que dos de esas tres mujeres que
caminaban unidas fueran judías.
Emma Goldman nació en una familia de judíos
ortodoxos y emigró a Estados Unidos con 16 años, allí conoció a Aleksander
Berkman, un judío ruso, que fue su principal compañero de vida. Sin embargo
Goldman, y posiblemente Kon-Rabe,
formaban parte del internacionalismo de resistencia en el que primaba la clase
por encima de la cuestión judía. El internacionalismo era el horizonte de la
aspiración socialista a una justicia universal, la lucha por la emancipación de
la Humanidad convirtieron la adscripción judía en un dato sin importancia. En
este sentido, la Revolución española de carácter anarquista fue un polo de
atracción para cualquier revolucionario/a y también de aquellas personas de
ascendencia judía como las dos mujeres de esta fotografía. Es muy posible que
Emma y Christine se comunicaran en yiddish por su origen europeo oriental,
desde luego Emma lo hablaba, cosa que le había permitido informarse de temas
muy diversos tanto en Estados Unidos como en la Rusia revolucionaria[12].
Esta fotografía nos ofrece, por tanto, la vida de tres
mujeres que se entrecruzaron en Barcelona en los últimos días del verano (con
seguridad a principios del otoño) de 1938, mujeres que se
empoderaron para ganar en autonomía personal. Nada tenían que ver entre ellas
pero la Guerra civil, y la Revolución consiguiente, provocaron que sus
vidas se entrecruzaran de manera inevitable hace ochenta años.
Tres mujeres anarquistas y feministas fueron
captadas por una cámara mientras caminaban decididas y convencidas de que un mundo nuevo era
posible para ellas.
Este artículo ha sido publicado en la revista Humanitat Nova, nº 3/4, 2018. En la sección de Memoria Histórica de Rojo y Negro y en el blog Alkimia de El Salto:
https://www.elsaltodiario.com/alkimia/una-foto-un-mundo-nuevo
https://www.elsaltodiario.com/alkimia/una-foto-un-mundo-nuevo
[1] La primera persona que me indicó
el nombre de Christine y, posteriormente, me dio otra referencia sobre la
fotografía fue Thiago Lemos.
[2] Soy de la opinión que la manera
de vestir o el corte de pelo revela mucho de las personas, igual sean hombres
que mujeres. Soy consciente que a las mujeres se las juzga más que a los
hombres por su ropa o peinado, pero este artículo nace por una fotografía y la
gestualidad, la ropa y el peinado son importantes para explicar mi decisión de
escribir este artículo y, quizás , en el futuro un trabajo más extenso.
[3] La
fotografía (tamaño 9 x 12 cm),se puede consultar en: http://fal.cnt.es/fondos/?q=node%2F29690
[4] José
Peirats (2011): Emma Goldman. Anarquista
de ambos mundos. La
Linterna Sorda, Madrid. En la edición de este libro la fotografía se sitúa en
el segundo viaje de Emma Goldman (septiembre-noviembre de 1937).
[5] Hubo una segunda estancia entre
septiembre y noviembre de 1937.
[6]
Goldman y Sánchez Saornil pudieron coincidir en Madrid en el primer
viaje de la primera en noviembre de 1936, pero difícilmente Kon-Rabe que se
desplazó a Barcelona cuando supo que se había producido la revolución española.
[7] Los
Estatutos de SIA fueron aprobados por el
Gobierno de la República el 8 de junio de 1937. International Institute of Social History. Emma
Goldman Papers. Inv. nr. 297
[8] Las sesiones
plenarias se celebraban trimestralmente y con un orden día fijo recogido en los
Estatutos. International
Institute of Social History. Emma Goldman Papers. Inv. nr. 297.
[9] Así
queda recogido en el acta de SIA de 1 de octubre de 1938. International Institute of Social History. Emma
Goldman Papers. Inv. nr. 298
[10] Así
queda recogido en dos documentos firmados (el 1 y 30 de julio de 1937) por
Mercedes Comaposada como redactora de la revista. International Institute of Social History. Emma
Goldman Papers. Inv. nr. 300.
[11] Esta referencia de una Babel se
aplicaba a Barcelona en José Peirats, 2011: p. 250.
[12] Las referencias al tema del
anarquismo y el judaísmo en el capítulo 2 “Vectores del Internacionalismo” en
el libro de Yago Mellado López (2017): El
anarquismo en el espejo judío. FAL, Madrid.
domingo, 13 de mayo de 2018
AUSCHWITZ, PENSAR EL PRESENTE
El libro de Enzo Traverso[1]
que nos sirve de base para esta reflexión pivota sobre dos pilares: la figura
del intelectual y la necesidad de pensar sobre Auschwitz.
Entonces, como ahora, la intelectualidad debería
partir de una posición crítica para encarnar la heterodoxia, la disidencia y el
pensar sin ataduras. El anticonformismo, la inquietud existencial y la mente
abierta, son el punto de partida imprescindible para “alertar del incendio”, es
decir, dar la alarma, reconocer la catástrofe, nombrarla y analizarla.
Hoy muy pocos intelectuales son capaces de mantener
estas posiciones críticas e inconformistas que nos alerten del incendio. Algo
parecido ocurrió en el contexto del nazismo y la II GM, solo una minoría fue
capaz de mantener la mente abierta y alertar de la catástrofe que se estaba
fraguando. Muchos intelectuales fueron colaboracionistas o formaron parte de la
multitud de cegados, que no vieron
nada de lo que ocurría a su alrededor.
Como señala Dasa Drndic en su
excelente novela Trieste:
Los observadores ciegos, la gente “normal”, son los que hacen apuestas seguras, son los que no arriesgan. Ellos quieren vivir sus vidas sin interrupciones. En la guerra, e ignorando la guerra, esos observadores ciegos giran la cabeza con indiferencia y rehúsan activamente saber nada. Su autodefensa consiste en un escudo duro. Encerrados en su cápsula, se regocijan como larvas.
Los hay en todos los sitios. En los gobiernos neutrales de los países neutrales, entre los aliados, en los países ocupados, entre la mayoría, entre la minoría, entre nosotros. Somos nosotros, los bystanders.
Traverso considera que hubo cuatro grandes grupos de
intelectuales:
*Los colaboracionistas,
que no se tratan en el libro.
*Los no traidores sino trágicamente cegados ante el genocidio.
*Los llamados “alertadores de incendio”:
intelectuales judíos exiliados que ven e
intentan pensar Auschwitz, desarraigados en el aspecto social y
anticonformistas en el cultural.
*Los supervivientes:
especialmente quienes convirtieron Auschwitz en la fuente inspiradora de su obra y, por tanto, plantearon la
imposibilidad de pensar la vida y la cultura al margen de esa ruptura.
El libro recoge la huida de algunos intelectuales
que no vieron la importancia de la
catástrofe y las de aquellos que reflexionaron y pensaron sobre ella para
analizarla, bien desde sus propias vivencias o bien por percibir enseguida la
magnitud de lo que estaba ocurriendo.
Auschwitz aparece en estas páginas como el producto
legítimo y auténtico de la civilización occidental y, por ese motivo, la
intelectualidad tenía la obligación de reflexionar sobre los Lager para comprender una sociedad
contaminada por la barbarie. La Solución final hundía sus raíces en el seno de las
sociedades del siglo XX, aparecía como un test de las posibilidades ocultas de
la sociedad moderna. En este proyecto fatal se unió la monopolización estatal
de la violencia con la producción adecuada de indiferencia moral.
Auschwitz fue también el resultado de la fusión de
la biología racial con la técnica y las fuerzas de destrucción de las
sociedades industriales. Este genocidio partió del encuentro fatal del
antisemitismo moderno, biológico y
racial, con el fascismo, dos polos oscuros y siniestros de la modernidad que
encontraron una síntesis en Alemania, pero que por separado ya estaban
ampliamente difundidos en la Europa de entreguerras (pp. 248-249). Los campos
de exterminio no representan una “regresión” hacia el pasado sino un fenómeno
histórico radicalmente nuevo: uno de los rostros de nuestra civilización.
Al sacar a la luz la dialéctica profunda del proceso
de civilización, con todo el potencial de violencia e inhumanidad que implicaba,
Auschwitz supuso una ruptura de civilización. La Solución final constituyó una
cesura histórica porque el judaísmo era una de las fuentes del mundo
occidental. Exterminar a los judíos significaba socavar las bases de nuestra
civilización. Con los campos de exterminio se cuestionó radicalmente el
fundamento mismo de la existencia
humana. En este sentido Auschwitz constituyó un “eclipse de lo humano” (pp. 251-252).
Para concluir, una reflexión de Primo Levi que
consideraba que pese a la importancia de la reflexión, las palabras nunca
podían estar a la altura de la herida que designaban. Sería vano buscar en
ellas un refugio o un consuelo e ilusorio confiarles la tarea de una
comprensión definitiva (p. 189).
[1]
Enzo Traverso (2001): La historia desgarrada. Ensayo sobre Auschwitz y los intelectuales.
Herder, Barcelona.
jueves, 3 de mayo de 2018
¿QUÉ ES SER FEMINISTA? UNA REFLEXIÓN.
El ensayo
de JESSA CRISPIN, Por qué no soy feminista. Un manifiesto feminista, es breve pero arremete sin muchas contemplaciones contra aquellos
aspectos, del “ser feminista”, de los que abomina. En primer lugar somete a
examen el error de la universalidad del feminismo puesto que para que lo sea,
abandona el cuestionamiento de la sociedad, las relaciones y la vida, para
pasar a ser un método de empoderamiento y mejora personal. Para alcanzar el
universalismo y que todas las mujeres sean feministas se simplifica el mensaje
convirtiendo el feminismo en algo insustancial.
A Crispin
no le gusta el término empoderamiento, lo entiende como la capacidad para vivir
la vida que hemos escogido sin centrarnos en qué podría o debería ser esa vida.
El deseo de centrarse en el cambio personal es un síntoma de la incapacidad
para cambiar el mundo, muestra el sentimiento de impotencia del feminismo. Sin
embargo, me parece que Crispin desestima otro uso de empoderar
que tiene su origen en los movimientos por los derechos civiles que
buscaban empoderar a sus seguidores, es decir, conquistar
derechos y, con ellos, fuerza, poder para tomar sus propias decisiones y para
asumir el control de sus vidas. La palabra floreció cuando fue adoptada
por el movimiento feminista y con él se hacía
referencia al proceso por el cual las mujeres acceden al control de los
recursos, materiales y simbólicos, e incrementan su capacidad y protagonismo,
es decir, acceden a la autonomía personal. El empoderamiento tiene una doble
dimensión, individual y colectiva, e implica la transformación de las
estructuras y procesos que reproducen la posición subordinada de la mujer.
Crispin solo arremete contra la dimensión individual, que por otro lado es
necesaria para potenciar la colectiva.
La
autonomía y la independencia personal es entendida por la autora como ambición
para hacerse un huevo en el mundo de los hombres, si se lucha por la inclusión,
dice Crispin, lo único que se hace es unirse a las filas de los que están
incluidos y sacar provecho de ello. Para lograrlo hay que copiar la conducta de
los hombres y adoptar sus valores basados en el poder y el dinero. De esa
manera no se destruye el sistema sino que se entra en él y el resultado es un
mundo hipermasculinizado. Sin embargo, la autonomía personal se puede entender
en clave de emancipación interna, imprescindible para destruir el sistema.
Es
muy crítica con la creencia en unas cualidades innatas de la mujer que
potencian la idea de que se puede desechar al género masculino por completo.
Nada más fácil, dice la autora, que identificarse con un grupo (“mujeres”) y
rechazar o descalificar a su opuesto. De esa actitud puede resultar un odio al
género masculino que le resulta muy inquietante porque indica la incapacidad de
las mujeres de sentirse valiosas sin menospreciar el valor de los hombres. La
superioridad por otro lado deshumaniza a los hombres y ese planteamiento
combinado con el victimismo puede ser muy peligroso. La mentalidad de víctima
es un escudo para no analizar nuestras propias acciones y comprobar su
contenido defectuoso en muchos aspectos. Del odio surge la venganza, algo
tremendamente negativo para la causa del feminismo. Para Crispin, la
demonización de los hombres blancos heterosexuales sigue el mismo patrón de
odio y prejuicio que alimenta la misoginia, el racismo y la homofobia.
La
autora llama a no caer en esa trampa del odio al hombre y plantea la
emancipación del ser humano como clave de la emancipación femenina que solo
rompiendo con el sistema patriarcal, de clase, racista y hetero normativo, las
mujeres centraran sus objetivos en aquello que de verdad puede cambiar el
mundo.
Quizás
un error del planteamiento de Crispin es hablar de ser feminista en singular,
aunque reconoce que hay feministas con planteamientos diferentes, sus críticas
parece que se centran en una manera de ser feminista muy generalizada, algo que
me parece dudoso que exista en la actualidad.
El
libro se lee rápido y remueve algunas cuestiones que es importante cuestionar,
desde ese punto de vista resulta útil su lectura.
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