Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

lunes, 18 de julio de 2016

80 ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN: MUJERES LIBRES

La guerra civil española, y la revolución social, que se desencadenó en julio de 1936 tuvo muchos componentes: social, político, cultural, militar, etc. En ese “etc” se encuentra el componente de género que estuvo presente en el conflicto bélico y también en el proceso revolucionario que el anarquismo puso en marcha en España. Las mujeres, que habían mejorado con lentitud su situación de marginación y subordinación sistemática (mejora acelerada en el aspecto jurídico durante la II República), se jugaban mucho en el proceso de guerra-revolución y se lanzaron decididas a no permitir el retroceso que supondría la victoria del bando insurrecto.


Mujeres Libres, tanto la revista en mayo, como la organización entre julio y septiembre de 1936, nació en guerra, nació en revolución. Las mujeres que formaron parte de esta red de cordialidad (Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada, Amparo Poch, Soledad Estorach, Pepita Carpena, Concha Liaño, Pilar Granjel, Nicolasa Gutierrez (Nic), Apolonia y Felisa de Castro, María Cerdán, Elodia Pou, Áurea Cuadrado y otras muchas), como la llamó Lucía Sánchez, se lanzaron a contribuir al éxito de la emancipación social y de género. Partiendo de las dos primeras agrupaciones, la de Madrid y la de Barcelona, la organización se extendió y llegó a tener alrededor de 20.000 afiliadas y 147 agrupaciones con incidencia especial en el Centro (15 agrupaciones más 13 en barriadas de Madrid) y en Cataluña (40 agrupaciones más las 6 en barriadas de Barcelona), seguidas de Aragón (14 agrupaciones de las que solo se han localizado 5), Valencia (28 agrupaciones) y Andalucía (dos agrupaciones: en Granada y Almería).


Mujeres Libres”, que se expresó a través de la revista del mismo nombre, fue la única organización que en la década de 1930 se propuso luchar por la liberación de la mujer con autonomía de su propio entorno libertario y con objetivos de género propios a los que no renunció por ganar la guerra o por ganar la revolución, conscientes de que sin la liberación de género no habría victoria posible.
Muy pronto  quedó claro que la guerra no sería breve, y que requería el sostén de la retaguardia  y el concurso de las mujeres, nadie dudó de la necesidad de que se movilizaran, especialmente en las zonas donde la revolución acompañó a la guerra. Las mujeres accedieron al espacio y a las responsabilidades públicas y se produjo una inversión de los roles tradicionales.


El conflicto bélico  constituyó una experiencia de libertad y de responsabilidad sin precedentes para las mujeres. La mayor parte de las trabajadoras tomaron conciencia de sus capacidades y valoraron su nueva independencia económica. Sabemos poco de la naturaleza íntima de la guerra pero sí conocemos que se produjo un crecimiento de las tasas de ilegitimidad durante el conflicto. Y es que la gran novedad fue que la mujer tenía que vivir sola, salir sola y asumir las responsabilidades familiares sola, algo que siempre se había considerado imposible y peligroso. Las mujeres conquistaron la libertad de movimientos y de actitud en la soledad y el ejercicio de responsabilidades: libres del corsé, de los vestidos largos y ajustados, de los sombreros molestos y, a veces, de los moños y las trenzas, aparecieron los peinados de las mujeres masculinizadas, el uso del pantalón con el que el cuerpo femenino podía moverse, podían salir solas, explorar la sexualidad y, a veces, decidir la vida propia. Lucía Sánchez es el ejemplo más claro de esta ruptura de estereotipos en esa imagen en la que camina al lado de Emma Goldman con el pelo corto, pantalones y corbata, pero no es un caso único. En Barcelona las mujeres de los ateneos, antes de la guerra, eran tachadas de prostitutas por atreverse a llevar pantalones  -incluso pantalones cortos- y cortarse el pelo.


Su grado de conciencia feminista llevó a estas mujeres a cuestionar el sistema patriarcal y a vincular la emancipación femenina con la transformación revolucionaria. Con una gran modernidad de planteamientos asentaron la libertad femenina a partir del desarrollo de la independencia psicológica y de la autoestima, solo factible poniendo en valor, además de la lucha social, la lucha individual, la llamada “emancipación interna” de la que hablaba la anarquista Emma Goldman. De este modo, las mujeres se convertían en sujetos de su proceso de liberación, que no solo se basaba en la independencia económica, sino en el empoderamiento y la afirmación de la personalidad femenina.
Liquidada la revolución y perdida la guerra, el triunfo del bando insurrecto propició una dictadura con rasgos fascistas que supuso una derrota de género de grandes dimensiones unida a la derrota política, social, económica y cultural. El nuevo régimen fue un duro correctivo para estas mujeres que, o marcharon al largo exilio, o vivieron un auténtico exilio interior intentando mantener una lucha constante por negar la sumisión femenina impuesta por el franquismo.


miércoles, 13 de julio de 2016

¿#TodosSomosLeoMessi? CON BREVEDAD: NO, NO Y NO

Escribía en febrero de este mismo año sobre la corrupción que... 

...si continuamos pensando que la corrupción es cosa de cuatro políticos/as que están en el poder y que con retirarlos de los partidos y del poder político se soluciona todo, estaremos prolongando un mal endémico que tiene difícil solución. La regeneración tiene que venir de abajo a arriba, empezando, por ejemplo, por no avalar a quien practica la corrupción, sean los partidos, el vecindario, las consultas médicas sin factura, las chapuzas sin IVA o los/las colegas del trabajo.


Me olvidé incluir el mundo del deporte, especialmente el llamado “deporte-rey”, el futbol. Y olvidé referirme al Barça, ese equipo que siempre ha hecho gala de ser más que un club. Un equipo que, en efecto, pretende ser más que un club tomando postura en favor de la independencia de Cataluña cuando, solo en este territorio, un porcentaje importante de sus seguidores (nunca saldrá esa encuesta como tantas otras que son inoportunas para quienes gobiernan en Cataluña) no son partidarios de tal opción política (solo tenemos el referente de las últimas elecciones autonómicas en las que, mal que les pese a Junts pel sí + CUP, no llegaron a obtener ni la mitad de los votos), pero no olvidemos que el Barça tiene muchos seguidores/as fuera de Cataluña. Pese a ello, todos los que optaron a la directiva del Barça se hicieron una gloriosa y patriótica foto mostrando su compromiso con la independencia y dejando fuera de juego a quienes no lo son. Por cierto que las elecciones a la Directiva se realizaron el glorioso 18 de julio (de 2015).

Y ahora el Barça se posiciona de nuevo al lanzar una campaña en favor de Messi condenado a 21 meses de cárcel por fraude fiscal, de hecho el hashtag #TodosSomosLeoMessi llegó a ser trending topic mundial.

Como ya he explicado mi postura respecto a la corrupción y el fraude fiscal, no insistiré en ello. Solo reafirmarme en que me avergüenza vivir en un país en el que se vota a corruptos y a partidos que espían a otros partidos para desprestigiarlos, se hace la vista gorda ante cualquier chanchullo y se justifica a defraudadores/as, desde la casa real al glorioso Messi.

domingo, 3 de julio de 2016

FASCISMO Y SEGURIDAD DEL SILENCIO

La coincidencia en la lectura de los libros de Nico Rost y Vasili Grossman sobre Dachau y Treblinka no quedó solo en ellos sino que ha coincidido también con la película “El caso Fritz Bauer” del director Lars Kraume que vi a mediados de mayo y la lectura del artículo de Steven P. Remy, publicado en la revista de historia Ayer, nº 101: “Las universidades alemanas y el nacionalsocialismo: la Universidad Ruprecht-Karls de Heidelberg”.


La película alemana, estrenada en 2015, tuve la suerte de verla en versión original y apreciar la calidad de sus actores principales. En 1957, el Fiscal General Fritz Bauer, comprometido con la detención de los criminales de guerra nazis ve la oportunidad de detener al SS Adolf Eichmann, involucrado en el funcionamiento de los campos de concentración al más alto nivel. Sin embargo Bauer se encontrará con múltiples dificultades en la RFA teniendo que tomar una decisión en la que podía ser acusado de traidor. Al margen de la calidad de la película, yo no pude despegar la vista de la pantalla en los 105 minutos que dura, el tema que plantea encaja perfectamente con el tema del castigo a los colaboradores del nazismo tras la guerra.

El interesante artículo de Remy examina cómo los académicos de una Universidad de provincia,  como la de Heidelberg, reaccionaron ante la llegada del nacionalsocialismo. El autor del artículo va mostrando la existencia de un difuso antisemitismo previo y cómo se percibía la humillación nacional de 1918 que derivaba en un claro antirepublicanismo. De esta manera cuando en 1933 Hitler llega al poder, una parte importante del profesorado y alumnado asumieron contentos el proceso de nazificación que se hizo tanto desde arriba, por decreto, como  desde dentro de la universidad, a través de un proceso de “homogeneización” (56) que supuso la depuración de una buena parte del profesorado ya que en 1938, Alemania (incluyendo Austria) había perdido el 39 por 100 de sus profesores universitarios. El profesorado que colaboró con el nazismo enfocó sus estudios e investigaciones al proyecto de purificación racial de Alemania, en su expansión bélica, en el imperialismo económico y en la ofensiva cultural hacia la Europa ocupada.


Tras la guerra, sin embargo, los profesores de Heidelberg construyeron una narrativa de justificación que sirvió para absolver a todos –salvo unos cuantos- de su conexión con el nacionalsocialismo y permanecer en sus puestos.
Por tanto cabe preguntarse si los propósitos de Rost y Grossman de que no se olvidara lo ocurrido y los causantes de tanto sufrimiento pagaran por sus crímenes, fueron condenados.

Sabemos que no fueron castigados la mayoría.
Decía Hannah Arendt en Eichmann en Jerusalén  que la abrumadora mayoría del pueblo alemán creía en Hitler y que contra esta ciclópea mayoría se alzaban unos cuantos individuos aislados que eran plenamente conscientes de la catástrofe nacional y moral a que su país se dirigía.  Para Arendt, en Alemania se produjo la debacle moral de toda una nación (163). El colaboracionismo generalizado de gran parte de las autoridades y de la población, en el resto de Europa, especialmente en su parte oriental, extiende dicho colapso moral a casi todo el continente. Los movimientos de resistencia fueron esa parte excepcional que reaccionó contra la barbarie.

¿Cómo juzgar, pues, a millones de personas tras la guerra?

En lugar de un ajuste de cuentas a todos los implicados en el nazismo, se apropiaron del discurso que interpretaba que solo unos pocos se habían comprometido significativamente con los nazis y que esa minoría fue juzgada en Nuremberg y, por tanto, permitía al resto “la seguridad del silencio” que decía Dirk van Laak e instaurar una cultura del olvido que en la década de 1950 arraigó en toda Alemania. La desnazificación se dejó en manos de los propios alemanes, como bien se explica en el artículo sobre la Universidad de Heidelberg, que  ocultaron y excusaron la complicidad voluntaria del profesorado con el nacionalsocialismo. Cuando la supuesta desnazificación llegó a su fin, el Parlamento de la RFA aprobó una amplia amnistía en 1951, gracias a la cual cientos de ex nazis volvieron a sus puestos como funcionarios, en las universidades, etc.

Como bien señalaba Heinrich Böll en la llamada “literatura de los escombros”, los jóvenes de posguerra vivieron una crisis de identidad provocada por el trauma del nazismo sobre el que no se había hecho una auténtica reflexión. No se abordó el problema fundamental de la responsabilidad moral ante la ocupación del poder por los nazis y por tanto no fue posible un distanciamiento del Estado criminal bajo el que habían vivido los alemanes. Algo de esta crisis de identidad se observa en la película de Lars Kraume.

¿Y en España?
Cuando estoy redactando estas notas se ha sabido que en Tortosa, su población, consultada en un referéndum sobre la posibilidad de destruir el monumento al alzamiento nacional que ahora hace 50 años inauguró Franco en mitad del río Ebro, se ha pronunciado por conservarlo. Y encuentro que hay una línea que une esta decisión vergonzosa con esa seguridad del silencio y la cultura del olvido que el totalitarismo franquista impuso durante 36 años y que en ese referéndum ha vuelto a triunfar 40 años después.


jueves, 23 de junio de 2016

LOS COMICIOS ELECTORALES, EL TIEMPO DE LA DOMINACIÓN


Afirma Jacques Rancière que hay un tiempo “normal” que es el de la dominación, este impone sus ritmos, fija el ritmo del trabajo, el de los comicios electorales, el orden de la adquisición de conocimientos y los diplomas[1].

Quienes hemos vivido momentos en que el tiempo homogéneo se distorsiona y la gente en la calle opone su propio tiempo, por ejemplo en el Movimiento del 15M, entendemos muy bien que son momentos excepcionales en los se produce una interrupción del flujo temporal. La gente impone otro orden del día del que se desarrolla en el tiempo del sistema.

Alguien podría afirmar que esos momentos son efímeros y que terminan pronto para volver a la normalidad, sin embargo, esas interrupciones acostumbran a hacer visible un discurso que permanecía oculto, que no se expresaba, que no era, pero existía. El discurso oculto no contiene solo lenguaje escrito u oral sino una extensa gama de prácticas de resistencia que recurre a formas indirectas de expresión, denominadas, por James C. Scott, infrapolítica. De hecho esos momentos de distorsión del tiempo de dominación no serían posibles sin esa infrapolítica que canaliza momentos de resistencia oculta. La primera declaración pública del discurso oculto adquirió el 15 de mayo de 2011 la forma de ruptura pública de un ritual tradicional de subordinación al no aceptar los canales políticos o sindicales tradicionales y ocupar la calle como espacio de rebelión.

Cuando el tiempo homogéneo distorsionado es parasiteado y canalizado hacia la temporalidad electoral, hacía las estrategias de partido que elaboran quienes “saben” dejando en la pasividad del voto a las masas, que se deben limitar a corear consignas y aceptar renuncias por motivos tácticos, el tiempo “normal” de la dominación vuelve a marcar el orden del día de las oligarquías gobernantes que marcan los llamamientos a las urnas y la canalización de la protesta en votos.

Los subordinados vuelven a sus casas, a sus trabajos, a sus estudios, a sus empleos precarios, a sus impagos, a su papeleta cada cuatro años (o seis meses). Los sueños de interrupción del tiempo de dominación, la cólera compartida que altera sus ritmos “normales”, vuelven a estar dominados, de nuevo, por la partidocracia, las urnas y la representatividad. 

JACQUES RANCIÈRE (2010): La noche de los proletarios. Archivos del sueño obrero. Tinta Limón, Buenos Aires. 
JAMES C. SCOTT (2003): Los dominados y el arte de la resistencia. Txalaparta, Tafalla. JAMES C. SCOTT (2013): Elogio del anarquismo.Planeta, Barcelona.

lunes, 13 de junio de 2016

DACHAU Y TREBLINKA. El poder de la literatura.

NICO ROST, Goethe en Dachau. VASILI GROSSMAN, El infierno de Treblinka.

Cuando ya había empezado la lectura de El infierno de Treblinka, me llegó a casa el libro de Nico Rost, un libro que para mí siempre será especial porque formo parte de los 156 mecenas que han hecho posible su publicación. Tras su lectura sé que fue un acierto mi decisión.


El poder de la literatura
Cuando se trata de un campo de concentración, la literatura es un gran antídoto contra la muerte. Nico Rost comprendió enseguida que hablar con los colegas y, especialmente, hablar de literatura permitía salvarse y escapar de la muerte:
Una oportunidad entrañable de poder chismorrear sobre los colegas, de no pensar en la muerte por unas horas, de no pensar en si los americanos vendrán, en cuándo... El tiempo parece entonces pasar más deprisa, uno olvida el hambre y, de repente, ya son las cuatro: reparto de pan... (Rost, 116).

Rost pudo escribir este libro porque había llevado un Diario en Dachau (que en parte se salvó); para él fue un medio para concentrar mis pensamientos y mi energía en la literatura (Rost, 128). Pretendía no pensar en su compañera e hijo, en comer, en los bichos, en el recuento y en tantas otras cosas que le acercarían a la muerte si se dejaba llevar por sus pensamientos. La lectura, la escritura, el debate con los colegas del Lager, eran una especie de autoprotección (Rost, 129) para que la realidad no le invadiera y, a través de la disciplina, ser dueño de sus pensamientos:

¿Una fuga a la literatura? (Rost, 130)


 El poder de la muerte
Cuando se trata de un campo de exterminio, nada sirve, no hay salvación, se entra en una fábrica de matar y su paso por el Lager será muy breve, apenas unos días, a veces, unas horas. En ese breve tiempo la persona es despojada de todo lo que es la vida:
En primer lugar se le quitaba la libertad, la casa, la patria y se le conducía a un anónimo bosque desierto. Después, en la plaza de la estación, se le despojaba de los objetos de su propiedad: cartas, fotografías  de los seres queridos; más tarde, tras la valla del campo, le quitaban a su madre, a su mujer, a su hijo. Después, una vez desnudo, se le despojaba de los documentos, que se arrojaban a una hoguera: al ser humano se le quitaba el nombre. Lo empujaban por un corredor con un techo bajo de piedra y con ello le quitaban el cielo, las estrellas, el viento, el sol.
Y por fin llegaba el último acto de la tragedia humana; el hombre cruzaba el último círculo del infierno de Treblinka. Se cerraban con fuerza las puertas de la cámara de cemento (Grossman, 46)

El contenido y sus autores
Nico Rost describe sus penalidades en Dachau porque las  sufrió en primera persona. Vasili Grossman no vivió en Treblinka pero conoció lo que había quedado del campo al llegar con el Ejército Rojo en septiembre de 1944.

NICO ROST

Ambos eran comunistas, Rost holandés y Grossman ruso y judío. Eran luchadores antifascistas y su visión del totalitarismo es muy parecida.
La lectura de El infierno de Treblinka es durísima, angustiosa en muchos momentos, Grossman describe con todo detalle como Treblinka no era un cadalso sencillo (…) era un lugar de ejecución en cadena, método adoptado por la producción industrial contemporánea (41). Y Grossman describe esa maquinaria industrial de matar. En Treblinka parece que solo hubo muerte, pero en el infierno del Lager se produjo una sublevación el 2 de agosto de 1943 que acabó con Treblinka. La sublevación la llevaron a cabo los pocos hombres que vivían días o meses, los maestros calificados como carpinteros, albañiles, panaderos, sastres y barberos que servían a los alemanes. Casi todos murieron pero el Lager se cerró.

VASILI GROSSMAN
Dachau al lado de Treblinka parece un campo de vacaciones, sin embargo no era así en absoluto ya que el hambre, las enfermedades (el tifus asoló Dachau en los primeros meses de 1945 y cada día morían entre 150 y 180 personas), la falta de ropa adecuada, los piojos, las ejecuciones, etc. provocaban en las personas tal desánimo que muchas se dejaban morir.
Sin embargo en Dachau había biblioteca (aunque la mayoría de los libros los tenían escondidos los presos) y era posible escribir (siempre escondiendo lo escrito). Rost nos habla especialmente de su admiración por Goethe pero también de muchos otros escritores como Racine, Grillparzer, Jean Paul, Gustav Landauer, Henry D. Thoreau, Van Eeden, Kierkegaard, Heidegger, Stendhal, Jaspers y otros muchos. El título del libro procede de un juego que se inventaron algunos presos en la navidad de 1944 y que empezaba con la siguiente pregunta: “¿Cómo se habría comportado Goethe si estuviera aquí preso con nosotros en Dachau?” Hecha la pregunta cada uno escribía las respuestas y luego las comparaban. Luego les tocaba el turno a otros escritores y poetas (195).
Las reflexiones sobre el fascismo, el antisemitismo, las creencias religiosas, la política, la propia realidad del Lager, la pintura, la poesía y tantos otros temas que parece impensable que se produzcan en un lugar como Dachau, son una aportación de cultura y de humanismo maravilloso.

¿Por qué seguir hablando de los Lager?
Para advertir, para alertar… Cuenta Rost el caso de un pedagogo francés que había dejado un manuscrito bajo el jergón de paja que se descubrió cuando murió en febrero de 1945. Este manuscrito era el borrador de un libro infantil para el tiempo que vendría tras la guerra y en el que había estado trabajando durante semanas:
Medio muerto de hambre y absolutamente emaciado, compartiendo un jergón de paja con otro Häftling (prisionero), incluso dos a veces, que, igual que él, están llenos de piojos y pulgas, este hombre estiró sus últimas fuerzas, verdaderamente sus ultimísimas fuerzas para contribuir a alertar a los jóvenes ente nuevas guerras, ¡para que puedan cuidarse de correr nuestra suerte! (243-244).

¿Y alguien no comprende por qué necesito leer libros sobre lo ocurrido en el periodo de entreguerras y durante la guerra? ¿Puede haber algo más esperanzador que conocer testimonios de este tipo para seguir confiando en la humanidad?

Rost advierte en este estupendo libro sobre ese no-querer-entender la esencia real del fascismo (161). ¿No es lo que está ocurriendo hoy en 2016? La extrema derecha avanza en muchos países europeos, el trato a los refugiados es una prueba de la indiferencia y el egoísmo de la población europea que aunque no comparta la xenofobia más radical no da un paso para que cambie la actitud de los/las dirigentes políticas que miran hacia otro lado mientras miles de personas son recluidas en campos bien lejos de nuestra acomodada Europa, pese a la crisis, o mueran en el Mediterráneo huyendo de la guerra.
Maimónides nos advertía (así lo recoge Rost) sobre lo que hoy (2016) está a la orden del día, la mentira y la manipulación:
Pero has de saber tú que uno no debe hablar públicamente ante el pueblo sin haber reflexionado dos, tres o cuatro veces cada palabra que va pronunciar y sin haber ponderado del todo cómo instruyen estas a nuestros modos de proceder a raíz de Job. Esto también se aplica cada vez que se da un discurso; pero cuando uno pone algo por escrito y publica un texto, ha de revisar uno mil veces, siempre que sea posible, si es verdadero o falso” (170).

Bertolt Brecht escribió una canción de la solidaridad y un verso decía:
“Pensar siempre en ello/ Y no olvidar nunca (171).

Quizás por eso Grossman afirmaba que el deber del escritor era…
… contar la espantosa verdad, y el deber ciudadano del lector es conocerla. Todo aquel que vuelve la cabeza, que cierra los ojos y pasa de largo ofende la memoria de los caídos (56).

Por eso toda persona está obligada ante su conciencia a contestar a la pregunta de…
…quién dio nacimiento al racismo, qué es necesario para que el nazismo, el hitlerianismo no resucite en ningún sitio ni a este ni al otro lado del océano, nunca por los siglos de los siglos.
La idea imperialista de la nacionalidad, de la raza y de cualquier otro exclusivismo condujo lógicamente a los hitlerianos a la construcción de Maidánek, Sabibur, Bélzhitsa, Osvéntsim, Treblinka (70-71).

Y es que el fascismo no solo recuerda la amargura de la derrota, sino la dulzura del recuerdo de los fáciles asesinatos en masa (71). Por eso, sentencia Grossman:
De esto debe acordarse diariamente y de manera severa todo aquel que aprecie el honor, la libertad, la vida de todos los pueblos, de toda la humanidad (71).

¿Fue así? ¿Es así hoy?

Una película, “El caso Fritz Bauer”, y un artículo de Steven P. Remy, publicado en la revista de historia Ayer, nº 101: “Las universidades alemanas y el nacionalsocialismo: la Universidad Ruprecht-Karls de Heidelberg”, pueden iluminarnos al respecto. Pero eso será en otro texto.

viernes, 3 de junio de 2016

IMRE KERTÉSZ, Diario de la galera

Cuando leí Un instante de silencio en el paredón. El holocausto como cultura, quedé impresionada por esos diez ensayos que retrataban la frágil experiencia del individuo frente a la bárbara arbitrariedad de los acontecimientos que ahogaron a Europa, especialmente durante la II Guerra Mundial, en una verdadera matanza.
Me propuse entonces seguir leyendo su obra y compré este Diario de la galera. Su reciente muerte ha acelerado mi regreso a sus páginas. Impactada por la lectura de este diario, me queda su descarnada e íntima sinceridad cuando habla de sí mismo y del mundo que le rodea, me queda también la vivida sensación de que me está contando a mí misma a través de la riqueza de sus reflexiones que llegan hasta lo más hondo del ser humano, me queda la frustrante impresión de no haber podido asimilar todo el caudal de vida y de existencia que comunica Kertész. Quedan pendientes relecturas, por tanto.

Que nadie esperé un diario convencional…
…eso ya me lo enseño Cesare Pavese en El oficio de vivir, porque no lo encontrará, apenas cuatro sucesos personales como la enfermedad de la madre o su estancia como becario en Berlín y Dresde. Ni siquiera el derrumbamiento del comunismo en Hungría y el resto de países de la Europa oriental, incluida la temida URSS, encuentra hueco entre sus páginas. Pese a ello, la obra está estructurada en forma de diario por años, desde 1961 a 1991, mientras redactaba Sin destino (1975), Fiasco (1988) y Kaddish por el hijo no nacido (1990) hasta llegar a La bandera inglesa (1991). Este diario tiene mucho de breviario con textos breves y concisos pero intensamente densos.


La obra
Diario de la galera  está dividido en tres partes que componen la navegación de la galera: I- ZARPA. Rumbo a alta mar. II- A LA DERIVA. Entre acantilados y bancos de arena. III- SUELTA. El timón. RECOGE. Los remos. ES FELIZ. Como si se tratara de las pistas de un viaje pleno de dificultades, al estilo de la Odisea, zarpar conlleva el riesgo de naufragio, que la galera acabe a la deriva y surja la tentación de dejarse llevar. ¿El suicidio? El tercer capítulo, sin embargo, niega esa posibilidad muy presente en este diario ya que decide coger los remos, ¿la escritura?, ¿la caída del comunismo en Hungría? que puede provocar la salvación y conducir a la felicidad. Podría ser…

Adentrémonos en ese viaje zarpando, en los dos primeros capítulos, hacia alta mar con el riesgo de quedar  a la deriva entre acantilados y bancos de arena (1961 1989).
La vida no era fácil en la Europa comunista por aquellos años: guerra fría, tensión entre los bloques, la URSS como gendarme a través del Pacto de Varsovia, protestas aplastadas a través de los tanques (la propia Hungría en 1956, Primavera de Praga en 1968), escasez de productos de consumo, la asfixia de la falta de libertad…
Quizás por ese motivo, Kertész no habla en su diario de lo cotidiano:
Hojeando mi Diario de la galera: ¿dónde está mi cotidianeidad, dónde está mi vida? ¿Hasta tal punto no existe? ¿O hasta tal punto resulta embarazosa? ¿Quizás por eso me estilizo, eliminando los rasgos que no me convienen? (…) (34).
Esta posición vital condicionó su literatura. La existencia, el testimonio de ella, la denuncia del cataclismo lo acapara todo…
Creo cada vez menos en la “literatura”, en la ficción (…) ¿Qué queda? Quizás el ejemplo (la existencia): o sea, más y menos que el arte. La necesidad de dar testimonio crece, no obstante, en mi interior, como si fuese el último que aún vive y puede hablar, y es como dirigir la palabra a quienes sobrevivan al diluvio, a la lluvia de azufre o a la era glacial… Son tiempos bíblicos, de grandes y graves cataclismos, tiempos de enmudecimiento. El lugar del ser humano queda ocupado por la especie, el individuo es aplastado por lo colectivo como por una manada de elefantes que huye despavorida (34).
Su decisión acerca de la novela era firme, su relación con el mundo era exclusivamente de carácter subjetivo y ético y de ahí extraía su deseo insaciable de nombrar. Renuncia a contemplar el mundo desde la razón porque…
Quiero existencia, oposición, destino, pero el mío, aquel que no comparto con nadie y que no está emparentado con nada. Quiero puentes arrasados y la sensación que me domina desde hace días como un estado de ánimo: “no hay vuelta atrás” (81).
Zarpar, llegar a alta mar para averiguar que no hay vuelta atrás. Y no la hay porque Kertész nunca podrá olvida Auschwitz:
(…) es el trauma más grande del hombre europeo desde la cruz, aunque quizá se tarde décadas o siglos en reconocerlo. Y si no lo hace, ya todo dará igual. ¿Para qué escribir entonces? ¿Y para quién?


Para Kertész lo vivido en Auschwitz, o en Siberia, ha sucedido y ha pasado sin apenas afectar a la conciencia humana. Desde el punto de vista ético nada ha cambiado y eso perturba profundamente al autor que concluye que todas las experiencias son en vano. Esa es la base de su existencialismo y es lo que provoca que ronde la depresión, la angustia, la incapacidad para concentrarse y pensar. Las preguntas caen como lluvia fina y persistente. Las dudas sobre la utilidad de la escritura son constantes, el autor entabla una batalla entre escribir o callar, entre vivir o morir ¿Hay mayor deriva en la “navegación” que esa?:
En algún momento, cuando mi vida se vuelva insoportable, tendré que desear la muerte a pesar de todo. Es la ironía definitiva del destino humano, el engaño total del hombre (75).
El suicidio es una posibilidad real para los supervivientes de los lager y Kertész lo sabe pero intenta darle la vuelta:
El suicidio más apropiado para mi es, por lo visto, la vida (33).
Saber que los comandantes de los campos disfrutaban y se emocionaban escuchando a Bach y Mozart, convulsiona el mundo de cualquiera que los sufrió como víctima. Visitar Buchenwald en 1980 fue contemplar toda su mezquindad y su ignominia. Y una dura reflexión:
(…) cuánto deseaba no ser yo y que ellos no fuesen ellos [se refiere a los otros visitantes indiferentes ante las explicaciones del guía] y que no hubiera ocurrido nada y que no existiera la historia y que todos cuantos nos encontrábamos allí careciéramos de destino como los dioses (según Rilke, según Hörderlin)… (100).
Por eso Kertész no solo duda si vale la pena vivir la vida, sino si merece la pena vivirla desde la lucidez, desde la terrible posibilidad de equivocarse en cuanto a la naturaleza de la vivencia. Escribir  para no parecer lo que soy: producto final de determinantes, restos del naufragio de casualidades, siervo de la electrónica biológica, ser desagradablemente sorprendido por mi carácter… (69).
Sus escritos son un testimonio de su persona y surgen del exilio en que vive (…) (75). Siempre la desesperanza:
En mi vida nada es mío, por así decirlo: a lo sumo poseo unos recuerdos definidos y unos proyectos confusos (77).
Mi vida es terrible en todos los sentidos, excepto en el sentido de escribir: así pues, escribir, escribir, para soportar mi existencia; es más, para justificarla (168).
Desesperanza por la inutilidad de la existencia, la falta de conciencia con que vive todo ser vivo (212). Y sin embargo, no tira la toalla, porque la vida es una vida dirigida a alguien y es por ello que tiene sentido. Quizás en esa posibilidad es donde se puede colar la esperanza del anticonformismo, algo arriesgado que nos puede conducir a la deriva posiblemente, sin embargo es el único camino posible: arrancar por completo la vida de las manos del sistema, no silenciar nada sobre él aunque haya que poner en riesgo la vida.


Suelta… recoge… es feliz
El tercer capítulo (1989-1991) abarca una época de posibilidades inéditas para Kertész. La caída del comunismo en Hungría (1989) y en los demás países de la Europa oriental. La actitud no intervencionista de la URSS, dirigida por Gorvachov, y su posterior disolución y fragmentación en quince repúblicas independientes cambió su mundo. El desplome del mundo que le había asfixiado, que le había limitado las posibilidades de desarrollar su literatura, que lo había convertido siempre en un sospechoso, tuvo que tener un impacto importante en su vida personal y como escritor. Por no hablar del reconocimiento a su obra que llegó en 2002 con la concesión del Premio Nobel.
Suelta… 
No tengo “problemas de identidad”. Ser “húngaro” no es menos absurdo que ser “judío”; y ser “judío” no es más absurdo que existir (222).
¿Por qué odian a los judíos aún más desde Auschwitz? Por Auschwitz (232).
Nunca olvidó que el exterminio fue practicado de forma sistemática, fue convertido en un sistema, mientras a su lado transcurría la vida normal.  Se ha demostrado que la forma de vida del asesinato es una forma de vida vivible y posible y, por consiguiente, institucionalizable (237), algo que a Kertész siempre lo torturó y también recogió en Un instante de silencio en el paredón.
Él mismo afirmó que se salvó del suicidio al vivir en una sociedad que le garantizaba la continuación de una vida esclavizada y que de este modo excluía también la posibilidad de cometer cualquier error (270). La humillación no solo guardaba humillación sino también redención, afirmó.

Recoge…
Poder confirmar lo que lleva tiempo pensando respecto al “socialismo real”:
Sólo ahora se ve de verdad el secreto de la dictadura. La inseguridad de las personas, su desconcierto, su espera, su atolondramiento: la orden no llega. Y cuando se da por seguro que no llega, enloquecen: se atacan unos a los otros, se odian, roban y asesinan, más desenfrenados que en la época de la dictadura… y menos libres (246).
Kertész se asombra de cómo el imperio comunista pudo mantenerse tanto tiempo en el poder imponiendo el caos, el terror, la irracionalidad. El llamado socialismo, el fiasco humano general más grande del siglo (248), había condicionado su vida durante cuarenta años y apenas era capaz de comprender cómo se mantuvo en pie y cómo él pudo crear un espacio para su vida espiritual.
Ser capaz de pensar, aun siendo peligroso para uno mismo y para la comunidad es la mayor aventura que puede emprender el ser humano. Vivir una vida real, después de cuarenta años de absoluta artificialidad (259).

Es feliz…
¿Qué pudo dotar de cierta felicidad a Kertész a sus sesenta años?
El amor. El amor sobrevive. Como la vergüenza, como el tormento (262).
El radicalismo, el anticonformismo para arrancar la vida del control del poder, la oposición como forma de libertad, de afirmación del espíritu. Y con esa postura de coherencia…
(…) la vida verdadera, no falsificada por las ideologías, purificada de las contaminaciones de mi yo (271).
(…) la inspiración, porque en ella se encuentra la verdad (273).
La historia como intento milenario, desesperado y continúo del ser humano de escapar de la locura.
Y sobre todo (…) escribir, escribir, para soportar mi existencia y justificarla.
Y la lectura de escritores como Camus, el autor más citado en este diario y modelo en el que Kertész se mira, pero también de muchos otros: Beckett, Rilke, Goethe, Benjamin, Sumner, Mann, Stendhal, Márai, Weil, Krúdy, Kafka… que desfilan por este viaje vital, preñado de un existencialismo radical, a través de sus citas y de sus reflexiones.
Una obra de las que no se olvida, un faro para observar la vida desde una radical lucidez y desde el anticonformismo.
Kertész contradijo a Adorno cuando afirmo que después de Auschwitz era imposible la poesía. Contradijo al filósofo cuando afirmó que es justamente después de Auschwitz cuando se tiene que escribir poesía:
Tengo el privilegio de recoger los horrores y expulsarlos por escrito. Si no lo hago, sufriría más.