Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

sábado, 23 de mayo de 2015

LECTURAS ENLAZADAS


Hace tiempo que sé que hay conexiones entre las lecturas que realizamos, aunque no siempre seamos conscientes de ello. El primer hecho a destacar, hay muchos libros pero una sola lectora que individualmente elije los títulos a leer. Pero al margen de esta obviedad, que cualquiera puede constatar, existen otros vínculos que nos llevan de una obra a la siguiente ejecutando una especie de danza que, paso a paso nos reafirma los temas que nos preocupan y que nos van conduciendo de forma segura.

Ocurre que, muchas veces, nos dejamos despistar por tentaciones comerciales, por sugerencias de otras lectoras/es, por intuiciones fallidas o no, y abandonamos por un momento el camino de nuestras preocupaciones más íntimas. Por esa razón tengo muy presente esta afirmación de H. Thoureau: Es importante conservar la castidad de la mente, y busco el silencio para mirar, como dice Byung-Chul Han, con calma y paciencia, dejando que las cosas se acerquen al ojo y así educar a este para una profunda y contemplativa atención, para una mirada larga y pausada.

Las lecturas se enlazan, y se entrelazan, y nos sitúan frente a los libros imprescindibles por casualidad, por azar. Carezco de un plan previo de lectura y confío en las “voces” que me susurran posibles enlaces y que, necia de mí, no siempre sigo. Cuando tengo la fortuna de que los hilos del pensamiento aparecen claros y nada me despista para seguir el hilo de Ariadna que me guía, la navegación lectora resulta segura y gratificante.




La última lectura enlazada que he tenido la fortuna de componer y que, quizás, no ha concluido en el momento de redactar estas palabras, empezó con el libro de JAVIER CERCAS, El impostor. Sus reflexiones sobre la historia, sobre el pasado como dimensión del presente y sobre la relación entre historia y memoria, me llevaron al libro, recomendado por Cercas, de PRIMO LEVI, Si esto es un hombre. Hace un tiempo que guardaba turno en mi estantería de “pendientes de lectura”. Los días de reclusión de Levi en el lager de Auschwitz llenan sus páginas de recuerdos. Levi vivió en el infierno, en cuyo interior era fácil sucumbir, vaciarse de vida y de pensamiento. Levi me guio hasta EUGEN KOGON, El Estado de la SS, una descripción minuciosa del infierno elaborada recién acabada la II Guerra Mundial. Mientras leía este libro de historia, la novela de LEE JUNG-MYUNG, El guardia, el poeta y el prisionero, me presentaba, desde la ficción, la historia de los prisioneros coreanos encerrados en una cárcel japonesa durante la II Guerra Mundial y el de BOHUMIL HRABAL, Trenes rigurosamente vigilados, para contemplar el paso de los trenes que los nazis vigilaban debido a la importancia del cargamento, durante la ocupación de Checoslovaquia.




En una tentativa para escapar de las guerras y de la pura maldad que se instaló en Europa durante la primera mitad del siglo XX, elegí una nueva novela y una biografía que me situaron de nuevo sobre la misma pista lectora. La novela de JAUME CABRÉ, Yo confieso, ambientada en la Barcelona franquista recalaba en el mal, en la Alemania nazi, en Auschwitz y en ¡Primo Levi!: Fijate en Primo Levi. Escribir, igual que dibujar, es revivir. Finalmente una biografía me introdujo en un lugar seguro, lejos de los lagers nazis, sobre la Helvética Ginebra, 400 años antes de que apareciera el nazismo, se trata del libro de  STEFAN ZWEIG, Castellio contra Calvino. Conciencia contra violencia. Me equivoqué, el tema seguía siendo el mismo: libertad de conciencia, de pensamiento y lucha, la de Servet y Castellio, contra la violencia y la manipulación ejercida por el poder dictatorial de Calvino.

El hilo de Ariadna por el que voy uniendo un libro con otro -historia, ensayo y ficción- trata de la capacidad del ser humano para ejercer un poder totalitario que pretende encorsetar el pensamiento, aterrorizar a los heterodoxos (herejes en el siglo XVI), violentar la libre conciencia, y, de modo arbitrario, eliminar físicamente a quienes el poder considera necesario. Trata de la capacidad del mal para instalarse en una sociedad, de la capacidad del ser humano normal y corriente para causar daño a sus congéneres por ideales (dice Castellio: Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre), lo pernicioso que es dejarse arrastrar por las ideas dominantes en un momento histórico determinado y abandonar la capacidad de decidir en manos de las leyes de un Estado totalitario, refugiándose en su cumplimiento necesario, lo que HANNAH ARENDT en Eichmann en Jerusalén, llamaba la banalidad del mal. Trata del colapso moral general que fue capaz de provocar el nazismo en la culta Alemania y otros muchos países europeos ocupados por ellos en los que el colaboracionismo predominó. E incluso el colapso moral que produjo entre las víctimas para salvarse del exterminio incluso negociando con los criminales.
Por fortuna, porque si no la vida sería insufrible, en ese enlace de lecturas aparecen seres excepcionales que, perdidos en un océano de confusión, de muerte y de terror, supieron discernir lo más elemental del comportamiento humano y se mantuvieron internamente libres para discernir lo que estaba bien y lo que estaba mal. Seres excepcionales para actuar con normalidad en momentos excepcionales. Su existencia nos regala la esperanza en el género humano, ayer y hoy.

Y me parece que esta línea de pensamiento que llevo semanas tejiendo aún no ha acabado puesto que he empezado la lectura de CZESLAW MILOSZ, El poder cambia de manos.

miércoles, 13 de mayo de 2015

LIBERTAD


Es difícil conocer a alguien que rechace el sueño de ser libre, sin embargo, hay una teoría social que la convierte en una seña de su idiosincrasia, me refiero al anarquismo.
En la base del anarquismo hay una defensa radical de la libertad individual entendida como derecho absoluto de cada ser humano a actuar ateniéndose únicamente a los dictados de su propia conciencia  y de su propia voluntad. Por encima del individuo  no existe ningún tipo de construcción ideal o social (dios, rey, razón de Estado, organismo social, etc.) que justifique decisiones limitadoras de la libertad individual. Esta manera de entender la libertad provoca siempre un exceso de responsabilidad en la toma de decisiones (personales o de cualquier tipo), ya que nunca se puede apelar a la responsabilidad de “otros” y requiere una meditación seria sobre la mayoría de los actos de la vida que, a veces, resulta agotador. La responsabilidad en las consecuencias es total, nadie puede exculparnos o perdonarnos de los errores cometidos, salvo nosotros mismos.

Esta idea de libertad individual nos puede hacer pensar que se basa, por tanto, en el individualismo extremo. Aunque es cierto que  existe ese individualismo, la libertad no está enfrentada a la sociedad, sino a la autoridad. El individualismo no es una declaración antisocial, puesto que el ser humano desarrolla una sociabilidad natural, decía Ricardo Mella (Natura, 1905):
 “Cada uno es un todo para sí, pero es algo para los demás. En vez de limitarse cada uno de nosotros, ensancha su esfera de acción mediante las relaciones de igual a igual”.

La sociedad existe, por tanto, para bien de la libertad humana; en ella, y gracias a ella, ejerce el individuo su libertad y logra la expansión de su personalidad.
Por tanto, el individualismo se combina con el comunitarismo. Se debe saber combinar el extremo respeto a la libertad individual con la vida en común para resolver todo aquello que afecta al conjunto de la sociedad. Dentro de la sociedad, quien defienda ese respeto de la libertad, nunca aceptara que la autoridad coaccione y limite dicha libertad. Por eso la libertad se enfrenta a la autoridad (Estado, dios, capital, etc.) no a la sociedad. La cooperación ha de ser siempre voluntaria sin necesidad de autoritarismo.  Como señalaba Bakunin, "Libertad sin socialismo es privilegio e injusticia; Socialismo sin libertad es esclavitud y brutalidad".

Cada individuo es el único juez de sus derechos y libertades; sólo el respeto a la libertad de otro le limita y sólo la acción común y solidaria es garantía eficaz para mantener la libertad individual.

Sartre decía que estamos condenados a ser libres, la idea misma de libertad es hermosa, asumir plenamente su significado, a veces, provoca la renuncia a ella, el miedo a la libertad que señalaba Erich Fromm. La libertad según Fromm está íntimamente ligada al individualismo, se alcanza en la medida en la que somos capaces de renunciar a factores que nos protegen, implica  asumir la posibilidad de equivocarse. El  proceso de individualización, de aceptar la verdadera personalidad a costa de desligarse de la dirección de la sociedad, da miedo, el aislamiento moral que conlleva es muy duro. El miedo, base del nazismo, lleva a muchas personas a buscar que alguien (un líder), o las instituciones que votamos cada cuatro años, marquen nuestra vida y someternos a ellas. Otras formas de evadir ese miedo es la destructividad  (reaccionando de manera violenta contra aquello que creemos que nos impide realizarnos), o  la conformidad automática (integración en la sociedad, o en un grupo pequeño de ésta, perdiendo por completo la individualidad, y dejando que el conjunto decida por nosotros). Barry Schwartz señala también lo que él llama la paradoja de la libertad: el incremento de las opciones de elección en la sociedad de masas provoca mayor insatisfacción e incluso cierta angustia. 

domingo, 3 de mayo de 2015

HISTORIA Y FICCIÓN

JURE KRAVANJA

A veces, la ficción es capaz de captar, con brevedad y contundencia, la verdad de la Historia en sus limitaciones y en su grandeza. No es la primera vez, ni será la última, que traigo a este espacio alguna de esas "sorpresas" con que nos deleita la literatura y nos hace repensar nuestro oficio.
La historia es una colección de objetos que encontramos lavados por el tiempo. Bienes, ideas y personalidades emergen a la superficie hasta nosotros y luego vuelven a hundirse. Algunas cosas las pescamos, otras las ignoramos, y a medida que la pauta cambia, también lo hace el significado. No podemos confiar en los hechos. El tiempo, que todo lo devuelve, todo lo cambia.

                                       JEANETTE WINTERSON, El Powerbook, p. 280.

jueves, 23 de abril de 2015

LOS “DETALLES” DE LA HISTORIA. PRIMO LEVI CONTRA JEAN-MARIE LE PEN



La casualidad (una amiga me dice que no existen casualidades sino causalidades) ha querido que estuviera leyendo Si esto es un hombre de Primo Levi, cuando Jean-Marie Le Pen ha vuelto a repetir en una entrevista la misma machacona cantinela, que entona desde 1991, de que “las cámaras de gas eran un detalle de la historia de la Segunda Guerra Mundial”. Cuando el entrevistador señala que el Holocausto y la deportación están documentados por historiadores de todas las tendencias, él responde que no está obligado a compartir esa visión. En su miopía iguala morir por la acción de un trozo de obús, de una bomba o la ejecución en una cámara de gas. Afirmaciones de este tipo son preocupantes, pero lo es mucho más por el hecho de que el partido por él fundado (Frente Nacional), y dirigido ahora por su hija, Marine Le Pen, gano en las últimas elecciones europeas en Francia.
Frivolizar y banalizar sobre el Holocausto y la deportación, comparándolo con ser víctima en una guerra por cualquier tipo de armas, o reducirlo a “un detalle”, son rasgos característicos de la extrema derecha actual para hacer aceptable un discurso racista y totalitario que socava la base de la democracia al cuestionar la igualdad de las personas, divididas, según sus mensajes políticos, por culturas o pertenecientes a identidades superiores e inferiores, más que por razas al estilo nazi.


Como decía al principio, la noticia de que Le Pen insistía en reafirmar que las cámaras de gas son solo “un detalle” (diversos periódicos la recogen el día 4/4/2015), ha coincidido con la lectura de un libro extraordinario, Si esto es un hombre, que nos relata minuciosos detalles de cómo era la vida en los campos de concentración (Auschwitz en su caso) para miles y miles de personas:

Entonces por primera vez nos damos cuenta de que nuestra lengua no tiene palabras para expresar esta ofensa, la destrucción de un hombre. En un instante, con intuición casi profética, se nos ha rebelado la realidad: hemos llegado al fondo. Más bajo no puede llegarse: una condición humana más miserable no existe, y no puede imaginarse. No tenemos nada nuestro: nos han quitado la ropa, los zapatos, hasta los cabellos; si hablamos no nos escucharán, y si nos escuchasen no nos entenderían. Nos quitarán hasta el nombre: y si queremos conservarlo deberemos encontrar en nosotros la fuerza de obrar de tal manera que, detrás del nombre, algo nuestro, algo de lo que hemos sido, permanezca (p. 39).
¿Qué parecido hay en morir durante una guerra en el frente de batalla o, incluso, en la retaguardia, con descubrir que hay hombres que son capaces de golpear sin ira? ¿Qué semejanza hay entre cualquier guerra, por cruenta que sea, y la existencia de hombres y mujeres capaces de desposeer a otros de toda su esencia humana convirtiéndoles en seres vacíos, reducidos al sufrimiento y a la necesidad, falto[s] de dignidad y de juicio, perdiéndose ellos mismos; hasta tal punto que se podrá decidir sin remordimiento su vida o su muerte prescindiendo de cualquier sentimiento de afinidad humana (p. 40)? Los judíos quedaron reducidos a  ser solo un Häftling (preso), un número tatuado en el brazo izquierdo (Levi era el nº 174517), sometidos a la rutina constante del frío, hambre y maltrato en el que cada día era igual al anterior o al posterior si se tenía suerte y evitaba la “selección” para ser ejecutado y resultaba útil para el trabajo como esclavo.

A nuestro alrededor todo nos es enemigo. Encima de nosotros se agrupan las nubes malignas, para separarnos del sol; por todas partes nos oprime la amenaza de las alambradas. Sus confines no los hemos visto nunca pero sentimos, todo alrededor, la presencia maléfica del hilo erizado que nos segrega del mundo… Y en los andamios, en los trenes en maniobra, en las carreteras, en las excavaciones, en las oficinas, hombres y más hombres, esclavos y amos, y amos que son esclavos de ellos mismos; el miedo mueve a uno y el odio a los otros, toda otra fuerza calla. Todos son aquí enemigos o rivales (p. 67).
Casualmente Levi responde a Le Pen como si hubiera sabido que esta banalización de los campos de concentración sucedería y que millones de votantes volverían a ser cautivados por sus discursos. Dice Levi al final de su libro que lo sucedido en los campos, el Holocausto en definitiva, son actos no humanos, o peor: contrahumanos, sin precedentes históricos, difícilmente comparables con los hechos más crueles de la lucha biológica por la existencia. A esta lucha podemos asimilar la guerra: pero Auschwitz nada tiene que ver con la guerra, no es un episodio, no es una forma extremada. La guerra es un hecho terrible desde siempre: podemos execrarlo pero está en nosotros, tiene su racionalidad, lo “comprendemos”.


Dice Levi que en el odio nazi no hay racionalidad: es un odio que no está en nosotros, está fuera del hombre, es un fruto venenoso nacido del tronco funesto del fascismo, pero está fuera y más allá del propio fascismo (p. 341).

El testimonio de Levi está lleno de detalles y más detalles, grandes detalles que nos permiten imaginar el horror que Le Pen trata de ningunear. La razón del testigo es la memoria y él solo responde ante sus recuerdos, él mismo dice que sus libros no son libros de historia, que solo escribe de lo que tuvo experiencia directa (p. 322). Por fortuna tenemos muchos otros testigos del Holocausto que coinciden en lo fundamental. Pero además están los historiadores/as que buscando la verdad, como dice Javier Cercas en El impostor, estudian documentos, verifican pruebas, relacionan hechos, interrogan testigos, y como si fueran jueces, emiten un veredicto. La historia, que es colectiva y aspira a ser total y objetiva, se nutre de fuentes de información diversas entre las que están las memorias de los protagonistas, que son parciales, individuales y subjetivas, pero que ofrecen la vivencia en estado puro para que podamos acercarnos a la realidad desde el horror de los testimonios.
Nada de esto le sirve al Jean-Marie Le Pen, que no se siente obligado      a compartir esta visión y aunque, según sus palabras, no ha estudiado este tema sigue “creyendo” que las cámaras de gas son un banal detalle de la guerra que asoló Europa, también desde el punto de vista ético y moral, entre 1939-1945. Ante tal despropósito, resulta preocupante el apoyo de más de cuatro millones setecientos mil votantes franceses al Frente Nacional en las elecciones europeas de 2014. Testimonios como el de Primo Levi deberían difundirse junto con la información académica que desde la historia se proporciona para descalificar a la extrema derecha que no solo triunfó en Francia sino también en Gran Bretaña y Dinamarca.


lunes, 13 de abril de 2015

SOMOS LO QUE RECORDAMOS



El periódico lamarea en su nº 26 dedica el dossier a la llamada memoria histórica en Un país sin memoria. Mi pequeña contribución se titula: "Somos lo que recordamos".



Norberto Bobbio, resistente antifascista italiano, señaló, con la sentencia que da título a este artículo, la necesidad de la memoria histórica, ya que lo que olvidamos, ya no es nuestro. Hacer memoria sería imprescindible para evitar que nos arrebaten lo que somos.
El franquismo procuró destruir la memoria histórica anterior a la guerra civil en su afán por aniquilar a los vencidos. La preocupación por la memoria histórica debería entenderse más como una forma de recuperar el conocimiento del pasado que como una propuesta política moralista capaz de convertir al historiador/a en juez que imparte ofensas o concede respetabilidades.
La memoria histórica tiene que ser terreno exclusivo de historiadores/as que, desde un respetuoso compromiso con el rigor, eviten polémicas versiones interesadas sobre el pasado. Desde el punto de vista intelectual, la consecuencia más negativa de estas polémicas, sean sobre la Guerra Civil, la importancia del anarquismo, la guerra de 1714 en la Corona de Aragón y tantas otras, son los disparates que se consiguen asentar en la opinión pública como verdades históricas que no se pueden poner en cuestión. La manipulación del pasado, la creación de mitos y la distorsión de los hechos históricos, cuando se apoyan en la potente máquina económica y propagandística del poder, son muy difíciles de desmontar. Sabemos que los mitos nacen para oponerse a la explicación racional del mundo y que son peligrosos porque substituyen la verdad, por ignorancia o malicia, contribuyendo a manipular e instrumentalizar el pasado con finalidades políticas, confundiendo y desinformando a la ciudadanía.
Cualquier nivel de enseñanza, y más durante la educación secundaria por la edad y porque, para muchos alumnos/as, serán los últimos estudios de historia que realicen, puede transmitir interpretaciones reduccionistas y manipuladoras. No fue solo el franquismo quién trató de eliminar la memoria de lo sucedido hasta la guerra civil, la transición democrática hizo pagar una cuota muy elevada a las víctimas del franquismo para asentar la democracia mediante el olvido de lo sucedido en la memoria social. La democracia no cambió este planteamiento y cuestiones como el movimiento libertario se convirtieron en objeto de olvido, banalización y desprestigio. Las referencias imperantes sobre el anarquismo, tanto en los libros de texto, como desde el poder político y mediático, destacan su supuesta vocación hacia la violencia. En este país, donde el anarcosindicalismo tuvo gran importancia, los esfuerzos por ignorarlo son clamorosos, en Cataluña se estudia en 2º de bachillerato el origen del catalanismo, ocultando eso sí, los oscuros  orígenes de la fortuna de la burguesía catalana, pero no se trata el nacimiento del movimiento obrero, por poner un ejemplo.
Estamos inmersos en diversas interpretaciones que, en los medios políticos y mediáticos, se están haciendo sobre la transición democrática y que pecan de ingenuidad o, simplemente, de falta de rigor. Sería buen momento para hacer memoria desde la veracidad y recuperar lo que somos evitando volver a caer en mitos, en planteamientos mesiánicos y en la propaganda política.


viernes, 3 de abril de 2015

PROTESTA Y ARTÍCULO 498 DEL CÓDIGO CIVIL


El artículo 498 del Código Penal está orientado a proteger  a quien representa al pueblo, del propio pueblo, o esta es una de sus posibilidades de interpretación según dictamine un Tribunal u otro (el Tribunal Supremo anuló una sentencia de la Audiencia Nacional). El artículo dice que se puede aplicar pena de prisión de tres a cinco años a los que emplearen fuerza, violencia, intimidación o amenaza grave para impedir por ejemplo que dichos representantes asistan, por ejemplo, a una reunión. Levantar los brazos, agitar las manos abiertas, seguir, decir, corear, perseguir, gritar, son acciones consideradas actos de violencia, cierto que uno de ellos, además, desplegó una pancarta y otro manchó con un spray la chaqueta de una diputada.

Y todas estas acciones que, entran dentro de lo que podemos considerar como PROTESTA en una manifestación, se produjeron en la convocatoria del 15 de junio de 2011 ante el Parlament de Catalunya, con el lema Aturem el Parlament. No deixaren que aprovin retalladles (Paremos el Parlamento. No dejaremos que aprueben recortes). Y estas acciones han acabado en pena de tres años de prisión para ocho personas, entre decenas y decenas de miles, que participaron en dicha manifestación.

Quizás hemos olvidado que las Sras y Sres Diputadas se proponían aprobar, y aprobaron, unos recortes que han significado un golpe ¿sin violencia? sobre miles de personas que han perdido la vivienda, el trabajo, servicios sociales elementales y han deteriorado la enseñanza y la sanidad (en Cataluña con los niveles más altos de privatización de toda España). Y todo esto en medio de la corrupción política que ha afectado a los partidos gobernantes, especialmente CiU y PSC, y con una Banca, especialmente las Cajas de Ahorros, que han estafado a la ciudadanía.

¿Qué artículo del Código Penal protege a la ciudadanía de sus representantes? ¿Qué fuerza, violencia, intimidación o amenaza puede llevar a los representantes del pueblo a la cárcel? ¿Qué ha pasado en la sociedad para que protestar suponga la cárcel?


El sábado 21 de marzo asistí a una manifestación en Barcelona en solidaridad con estas ocho personas, no éramos muchas (unas 20.000 en el mejor de los casos). En todo momento estuvimos rodeados por los Mossos d’Esquadra por delante, por los laterales y por detrás, escoltándonos y grabándonos como si fuéramos una grave amenaza. ¿Para quién? ¿No es eso intimidación o amenaza grave contra los derechos constitucionales de manifestación y de libertad de expresión?

lunes, 23 de marzo de 2015

JEAN JAURÈS, INTERNACIONALISTA Y PACIFISTA


Hice un breve viaje a París aprovechando el carnaval, del que huyo siempre que puedo, con la intención de callejear puesto que he ido muchas veces a esta ciudad y la conozco bien. Sin embargo no pude evitar visitar de nuevo el Panthéon cuyo espíritu republicano y laico admiro profundamente. La sorpresa fue encontrar una interesante exposición sobre Jean Jaurès que recordaba el centenario de su asesinato en 1914.


Jaurès nació en Francia en 1859 y murió en Paris, asesinado, el 31 de julio de 1914 en un mundo que acababa de entrar en una terrorífica guerra que él siempre rechazó. Su compromiso político y la fuerza de sus ideas han dejado una huella duradera que se manifiesta, por mi parte, en una gran admiración por mantener una posición pacifista e  internacionalista en un momento de exaltación patriótica que condujo a Europa a una auténtica matanza por intereses territoriales que solo favorecían a una minoría.



Desde su formación como filósofo, y su trabajo como profesor, optó por entrar en la política como republicano partidario del reformismo institucional y la defensa de los valores de la revolución francesa. Una dura huelga de las minas de Carmaux, en 1892, le sirvió de experiencia para  derivar hacia el socialismo, siendo elegido diputado con el voto de los mineros.

Se vio involucrado en el caso Dreyfus y junto a sus compañeros/as socialistas tomaron partido en favor de éste pese a contar con la oposición de los marxistas ortodoxos, liderados por Jules Guesde, que lo consideraban un privilegiado. Jaurès apeló, para su defensa, a la injusticia que sufría Dreyfus y se posicionó a su favor.

CARICATURA HOSTIL A J. JAURÈS

En 1905 participó en la fundación de la SFIO, que ingresó en la II Internacional, unificando las diversas tendencias socialistas en Francia e impulsando un socialismo humanista que debía implicarse en una revolución democrática no violenta. Inspirado en estos principios se opuso siempre al colonialismo.

CARICATURA HOSTIL A J. JAURÈS

Su posicionamiento contra la guerra y su defensa del pacifismo le granjearon una campaña de odio, mentiras y calumnias, por parte de los sectores nacionalistas, que acabaron con su muerte por parte de un exaltado fanático que lo asesinó en el Café du Croissant de la calle Montmartre de París. Su muerte facilitó la incorporación de los socialistas a la “Unión Sagrada” que fulminó el internacionalismo defendido por la II Internacional y por el conjunto de la izquierda. Solo una minoría mantuvo sus posiciones pacifistas en aras del internacionalismo y, para dicho sector, Jean Jaurès fue siempre un modelo a seguir.

Su integridad, la profundidad de sus convicciones, la coherencia de su compromiso con las clases trabajadoras, el internacionalismo que las une a nivel mundial y la necesidad de la no violencia en la creación de un mundo diferente, son el patrimonio que hoy lo convierten en un referente cien años después de su asesinato.