Esta es la primera parte de la Introducción a la reedición
del libro de Claudio Venza
El
autor
Claudio
Venza, autor del libro que ahora se reedita: El anarquismo español entre el
poder y la revolución, nació en Trieste el 7 de noviembre de 1946 y murió
el 28 de octubre de 2022[1].
Si
algo caracteriza su trayectoria fue su inclinación por compartir y debatir
ideas y por buscar espacios militantes que le permitieran desarrollar una
práctica que enriqueciera y transformara las ideas que desde muy joven fue adquiriendo.
Su formación académica la realizó en la Facultad de
Economía y Comercio aunque sus intereses militantes le condujeron hacia la
historia. En 1970 acabados sus estudios
empezó a trabajar en institutos de secundaria, luego pasó a la Facultad de
Lenguas de Udine y, finalmente, se convirtió en profesor de historia
contemporánea española.
En su etapa de formación en la Universidad entró en
contacto con el movimiento estudiantil participando en grandes manifestaciones
en las que constató la hegemonía del Partido Comunista Italiano (PCI). Venza,
sin embargo, estaba interesado en movimientos más abiertos donde se pudiera
debatir con libertad. Las asambleas y okupaciones le pusieron en contacto con
activistas que, siendo marxistas, no eran tan ortodoxos como los militantes del
PCI. En estas movilizaciones conoció a Ugo Germani y a su hermana Clara (que fue
su compañera durante mucho tiempo).
En la década de 1960 frecuentó el circulo El Astrolabio y
los grupos antimilitaristas y en estos ambientes tuvo lugar el crucial
encuentro con Umberto Tommasini (1896-1980), un viejo anarquista que entonces
tenía unos setenta años, y con él se abrió para Claudio otra forma de pensar,
luchar y organizarse. Los viejos anarquistas del antiguo grupo Germinal y los
jóvenes libertarios como Venza, construyeron un espacio para debatir, editar y
difundir ideas anarquistas. En la década de 1970, Venza se adhirió al grupo
Germinal y a la Federación Anarquista Italiana.
Paralelamente a su activismo profundizó en el estudio de la
Revolución española de 1936, en la que Tommasini había participado activamente.
A la muerte de este (1980), se convirtió en director del periódico anarquista
triestino Germinal, cargo que ocupó hasta 2021. En 1992 fue nombrado
director responsable de la revista académica Spagna Contemporanea.
Sin duda alguna el recorrido militante de Venza influyó en
su manera de hacer historia, cosa que se evidencia en su interés por la
historia oral y en la doble investigación, académica y activista, que llevó a
cabo en este libro sobre la Revolución española.
Claudio Venza se mantuvo activo casi hasta el final de su
vida, animando encuentros y debates y formando parte de grupos anarquistas. Siempre
estaba dispuesto a animar a leer, estudiar y comprometerse; era generoso, terco
y decidido (para bien y para mal). Era un anarquista.
El
libro de Claudio Venza: El anarquismo español entre el poder y la revolución
Para Claudio Venza es fundamental en su libro
contextualizar el movimiento anarquista español antes del 19 de julio de 1936
para comprender su fuerte arraigo en este país y para entender los
condicionantes con los que se encontró la revolución. Por este motivo, los dos
primeros capítulos hacen un recorrido desde 1868 hasta 1936, casi setenta años
en los que el anarco-sindicalismo y el movimiento libertario se convirtieron en
una fuerza social y política muy importante.
No vamos a incidir en el contexto general que explica el
autor sino a aportar algunos aspectos que pueden completar dicho trabajo. Me
parece importante hacer una genealogía del sindicalismo que conduce al potente
anarco-sindicalismo de la CNT a encabezar la revolución allí donde es
mayoritario. La cronología que vamos a utilizar no es exactamente la misma que
utiliza Venza sino una periodización sindical que nos permite vislumbrar otros
aspectos más específicos.
La genealogía arranca con la adhesión de sociedades obreras al
internacionalismo en España (1870) y vamos a diferenciar dos etapas:
1ª Etapa: 1870-1916: en esta etapa se define un sindicalismo
emergente con dos modelos organizativos, el de gestión de clara inspiración
marxista y el radical (o revolucionario) de influencia anarquista.
El sindicalismo radical vinculado al internacionalismo:
Federación de la Región Española (FRE), 1870 / Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE),1881,
se define lentamente durante cuarenta y seis años en lo
referente a la forma organizativa, los aspectos tácticos y las
reivindicaciones.
En cuanto a la
forma organizativa, cuya base eran las
sociedades obreras de oficio, su objetivo es la unidad de los
trabajadores y trabajadoras en una misma organización de carácter económico
puesto que consideran que los intereses materiales eran el lazo natural y
permanente que cimenta la unidad del oficio y asegura el descubrimiento del
verdadero enemigo, el capital. Para conseguir la unidad es necesaria cierta flexibilidad
ideológica y, por tanto, la práctica del apoliticismo que supone dejar fuera del sindicato
las ideas políticas. Al reconocer a la lucha sindical un valor político en sí
misma se niega su subordinación a otros grupos como podían ser los partidos
políticos. Es un sindicalismo pragmático y
posibilista, ya que pretende armonizar la implantación de mejoras con lo que
permiten las circunstancias.
Las tácticas
sindicales para conseguir mejoras laborales son radicales (salvo minorías
anarquistas no existe una estrategia a largo plazo de carácter revolucionario):
se rechazan las peticiones de
soluciones legales a los problemas laborales y se utiliza la acción directa, sin mediación política, a través
de la acción huelguística para enfrentarse a la patronal. El fracaso de las
huelgas es valorado como un factor desmoralizador que puede debilitar a la
organización. La violencia está prácticamente ausente de los conflictos, aunque
éstos pueden llegar a ser muy duros por su determinación y duración. En cuanto
a las reivindicaciones se articulan
alrededor de la lucha por aumentos salariales y la reducción de la jornada
laboral a las ocho horas, reclamación que se convierte en el símbolo de la
guerra abierta entre la burguesía y el proletariado.
La genealogía del anarco-sindicalismo proviene de
este sindicalismo radicalizado. Tiene numerosas similitudes con el sindicalismo
revolucionario que se desarrolla en Francia en la primera década del siglo XX: Carta de Amiens (1906). Pero el sindicalismo radical no necesita de la
influencia francesa ya que la evolución del sindicalismo español desde la Iª
Internacional explica por sí solo este modelo sindical.
El problema principal de este
sindicalismo es explicar la articulación de una lucha por reivindicaciones
laborales (por definición integrada en el sistema) dentro de un movimiento que
se define como radical o revolucionario.
El anarquismo, especialmente a partir
de 1906/07, argumenta que las luchas concretas pueden favorecer la revolución.
Por un lado, las reformas proporcionan motivos para trabar batallas en la
guerra entre burguesía y proletariado. Con ellas, este último, se prepara para
el combate, despierta a la lucha, a la agitación y a la solidaridad. Más que un
adiestramiento material es una preparación psicológica con efectos
concienciadores.
Por otro lado, la lucha sindical, y la
huelga especialmente, es la expresión espontánea de la rebeldía obrera y el
medio más eficaz de «perturbar el orden» capitalista.
El sindicalismo también transforma al
anarquismo abriéndolo a la acción de masas y a la alianza con otras
organizaciones obreras. Esa unión de anarquismo y sindicalismo es la base de la
construcción de la CNT, que se
diferencia del sindicalismo radical en varios aspectos: la existencia de un
objetivo revolucionario de transformación social; la presencia de cierta
influencia de la ideología anarquista que reduce la flexibilidad ideológica; y,
por último, un claro antipoliticismo que rechaza la mediación a través de la
vía electoral.
2ª Etapa: 1916-1939: en
este periodo de poco más de veinte años, se produce un cambio transcendental: el sindicalismo
revolucionario se transforma en un movimiento de masas, dando protagonismo al
anarquismo que siempre es minoritario. En el resto de Europa este sindicalismo
casi desaparece en aras del sindicalismo de gestión posibilista y negociador
unido al crecimiento de partidos socialdemócratas que soltaban el lastre del
marxismo para, desde posturas reformistas, aceptar el capitalismo y la sociedad
de clases.
Además, estalló la Revolución Rusa (1917) que parece contradecir el triunfo del
reformismo socialista y por eso resulta tan atractiva para el
anarco-sindicalismo en un primer momento (CNT ingresa en la III Internacional
en 1919). Pero muy pronto el «Informe Pestaña»[2],
que es publicado en 1922, se muestra contrario a permanecer en la III
Internacional por considerar la Revolución bolchevique centralizadora y
burocratizada, no respondiendo al modelo anarco-sindicalista.
¿Cómo se explica el crecimiento y arraigó del
anarco-sindicalismo en España? Esta posición está muy relacionada con dos
factores:
1-El contexto histórico: el sistema liberal, denominado «Sistema de la Restauración»
(1874-1931), fue un sistema basado en el bipartidismo y el turnismo que tiene
su fundamento en la manipulación electoral a través del caciquismo o de los
gobernadores civiles. Es muy difícil, durante la «Restauración», hacer
atractiva una opción basada en la acción política y en las posibles mejoras
sociales que pueden producirse a través de una política reformista en la que confían
republicanos y marxistas.
2-La habilidad para
adaptar su práctica al contexto histórico caciquil y represivo en el que el antipoliticismo
y la acción directa resultan más útiles para una parte importante de las
clases trabajadoras que la táctica política.
La CNT sabe construir
un sindicalismo moderno, eficaz y efectivo en sus objetivos que logra
victorias en los conflictos sociales. No fue ajeno a ello el paso de la
sociedad obrera de oficio, como base organizativa, a los Sindicatos Únicos de rama productiva,
adoptados en Cataluña en el Congreso de
Sans, junio/julio de 1918, que se generalizan a toda la organización en la 2ª mitad del
año 1919. De esta manera, la CNT se
convierte en un sindicato fuerte, una organización de masas cercana al millón
de afiliados/as a finales de la segunda década del siglo XX. Esta cultura
organizativa impulsa la solidaridad y la colaboración desde la organización
sindical.
El contenido revolucionario que asume la CNT responde
a dos planteamientos diferentes que generaran conflictos internos: por un lado,
una concepción gradualista basada en una evolución progresiva que avanza a la
velocidad de la capacidad de preparación y organización del proletariado. Y, por
otro lado, un planteamiento de los sectores impacientes que abogan por provocar
el estallido revolucionario a través, si es preciso, de la violencia.
Tan importante como la vertiente social de los
Sindicatos Únicos es convertir el sindicato en herramienta de capacitación,
para ello la CNT construye dichos sindicatos como un espacio formativo de cultura
y educación, como elementos de emancipación personal y colectiva. Se trata de
crear formas de contra sociedad
igualitaria (cooperativas de producción, formas de vida colectivas,
instituciones educativas y culturales, etc.) en el seno mismo de la sociedad
desigualitaria. El sindicato se considera un medio de capacitar a los y las
trabajadoras en el oficio del autogobierno. El sindicato es el epicentro
social, político y cultural.
No obstante, esta tarea de capacitación y de
creación de formas de contra sociedad no cuenta solo con los sindicatos sino
con un amplio movimiento libertario. Ya desde el internacionalismo se forman
grupos vinculados a la enseñanza, primero escuelas laicas y más tarde escuelas
racionalistas; también se forman grupos de afinidad anarquistas que dan lugar a
la Federación Anarquista Ibérica (FAI, 1927). En los años treinta se fundan,
además, los Ateneos Libertarios que tienen un amplio campo de actuación
cultural y educativo, así como la organización de la juventud (Federación
Ibérica de Juventudes Libertarias fundada en 1932) y de las mujeres (Mujeres
Libres, 1936).
[1] La
información que me ha permitido hacer esta reflexión biográfica es de Clara
Germani, «Breve biografía de un anarquista triestino».
[2] Tras el
acuerdo de CNT (1919) de ingresar provisionalmente en la III Internacional,
fueron enviados a la URSS: Eusebio C. Carbó, Salvador Quemades y Ángel Pestaña para
que pudieran entregar la adhesión a dicha Internacional. Las dificultades del
viaje provocaron que solo llegara Pestaña y fue él quien redactó el Informe con
su opinión negativa respecto a ingresar en la III Internacional.

Hace un par de años se editó en Argentina "La Gesta Traicionada", de Alfredo Velasco Núñez
ResponderEliminar(https://www.libreriasudestada.com.ar/productos/la-gesta-traicionada-alfredo-velasco-nunez/) y hay varios materiales más sobre el período, pero es sin dudas Carlos Taibo quien parece ser el autor contemporáneo más conocido sobre esta temática, aunque no suelo estar muy de acuerdo con sus planteos.
Saludos,
J.