Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

lunes, 13 de julio de 2026

INTRODUCCIÓN (I) del libro: Claudio Venza (2026): L’Anarchisme espagnol entre pouvoir et revolution (Nouvelle édition). Lyon, Atelier de création libertaire.

 


Esta es la primera parte de la Introducción a la reedición 

del libro de Claudio Venza

 

El autor

Claudio Venza, autor del libro que ahora se reedita: El anarquismo español entre el poder y la revolución, nació en Trieste el 7 de noviembre de 1946 y murió el 28 de octubre de 2022[1].

Si algo caracteriza su trayectoria fue su inclinación por compartir y debatir ideas y por buscar espacios militantes que le permitieran desarrollar una práctica que enriqueciera y transformara las ideas que desde muy joven fue adquiriendo.

Su formación académica la realizó en la Facultad de Economía y Comercio aunque sus intereses militantes le condujeron hacia la historia.  En 1970 acabados sus estudios empezó a trabajar en institutos de secundaria, luego pasó a la Facultad de Lenguas de Udine y, finalmente, se convirtió en profesor de historia contemporánea española.

En su etapa de formación en la Universidad entró en contacto con el movimiento estudiantil participando en grandes manifestaciones en las que constató la hegemonía del Partido Comunista Italiano (PCI). Venza, sin embargo, estaba interesado en movimientos más abiertos donde se pudiera debatir con libertad. Las asambleas y okupaciones le pusieron en contacto con activistas que, siendo marxistas, no eran tan ortodoxos como los militantes del PCI. En estas movilizaciones conoció a Ugo Germani y a su hermana Clara (que fue su compañera durante mucho tiempo).

En la década de 1960 frecuentó el circulo El Astrolabio y los grupos antimilitaristas y en estos ambientes tuvo lugar el crucial encuentro con Umberto Tommasini (1896-1980), un viejo anarquista que entonces tenía unos setenta años, y con él se abrió para Claudio otra forma de pensar, luchar y organizarse. Los viejos anarquistas del antiguo grupo Germinal y los jóvenes libertarios como Venza, construyeron un espacio para debatir, editar y difundir ideas anarquistas. En la década de 1970, Venza se adhirió al grupo Germinal y a la Federación Anarquista Italiana.

Paralelamente a su activismo profundizó en el estudio de la Revolución española de 1936, en la que Tommasini había participado activamente. A la muerte de este (1980), se convirtió en director del periódico anarquista triestino Germinal, cargo que ocupó hasta 2021. En 1992 fue nombrado director responsable de la revista académica Spagna Contemporanea.

Sin duda alguna el recorrido militante de Venza influyó en su manera de hacer historia, cosa que se evidencia en su interés por la historia oral y en la doble investigación, académica y activista, que llevó a cabo en este libro sobre la Revolución española.

Claudio Venza se mantuvo activo casi hasta el final de su vida, animando encuentros y debates y formando parte de grupos anarquistas. Siempre estaba dispuesto a animar a leer, estudiar y comprometerse; era generoso, terco y decidido (para bien y para mal). Era un anarquista.

El libro de Claudio Venza: El anarquismo español entre el poder y la revolución

Para Claudio Venza es fundamental en su libro contextualizar el movimiento anarquista español antes del 19 de julio de 1936 para comprender su fuerte arraigo en este país y para entender los condicionantes con los que se encontró la revolución. Por este motivo, los dos primeros capítulos hacen un recorrido desde 1868 hasta 1936, casi setenta años en los que el anarco-sindicalismo y el movimiento libertario se convirtieron en una fuerza social y política muy importante.

No vamos a incidir en el contexto general que explica el autor sino a aportar algunos aspectos que pueden completar dicho trabajo. Me parece importante hacer una genealogía del sindicalismo que conduce al potente anarco-sindicalismo de la CNT a encabezar la revolución allí donde es mayoritario. La cronología que vamos a utilizar no es exactamente la misma que utiliza Venza sino una periodización sindical que nos permite vislumbrar otros aspectos más específicos.

La genealogía arranca con la adhesión de sociedades obreras al internacionalismo en España (1870) y vamos a diferenciar dos etapas:

1ª Etapa: 1870-1916: en esta etapa se define un sindicalismo emergente con dos modelos organizativos, el de gestión de clara inspiración marxista y el radical (o revolucionario) de influencia anarquista.

El sindicalismo radical vinculado al internacionalismo: Federación de la Región Española (FRE), 1870 / Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE),1881, se define lentamente durante cuarenta y seis años en lo referente a la forma organizativa, los aspectos tácticos y las reivindicaciones.

En cuanto a la forma organizativa, cuya base eran las sociedades obreras de oficio, su objetivo es la unidad de los trabajadores y trabajadoras en una misma organización de carácter económico puesto que consideran que los intereses materiales eran el lazo natural y permanente que cimenta la unidad del oficio y asegura el descubrimiento del verdadero enemigo, el capital. Para conseguir la unidad es necesaria cierta flexibilidad ideológica y, por tanto, la práctica del apoliticismo que supone dejar fuera del sindicato las ideas políticas. Al reconocer a la lucha sindical un valor político en sí misma se niega su subordinación a otros grupos como podían ser los partidos políticos. Es un sindicalismo pragmático y posibilista, ya que pretende armonizar la implantación de mejoras con lo que permiten las circunstancias.

Las tácticas sindicales para conseguir mejoras laborales son radicales (salvo minorías anarquistas no existe una estrategia a largo plazo de carácter revolucionario): se rechazan las peticiones de soluciones legales a los problemas laborales y se utiliza la acción directa, sin mediación política, a través de la acción huelguística para enfrentarse a la patronal. El fracaso de las huelgas es valorado como un factor desmoralizador que puede debilitar a la organización. La violencia está prácticamente ausente de los conflictos, aunque éstos pueden llegar a ser muy duros por su determinación y duración. En cuanto a las reivindicaciones se articulan alrededor de la lucha por aumentos salariales y la reducción de la jornada laboral a las ocho horas, reclamación que se convierte en el símbolo de la guerra abierta entre la burguesía y el proletariado.

La genealogía del anarco-sindicalismo proviene de este sindicalismo radicalizado. Tiene numerosas similitudes con el sindicalismo revolucionario que se desarrolla en Francia en la primera década del siglo XX: Carta de Amiens (1906). Pero el sindicalismo radical no necesita de la influencia francesa ya que la evolución del sindicalismo español desde la Iª Internacional explica por sí solo este modelo sindical.

El problema principal de este sindicalismo es explicar la articulación de una lucha por reivindicaciones laborales (por definición integrada en el sistema) dentro de un movimiento que se define como radical o revolucionario.

El anarquismo, especialmente a partir de 1906/07, argumenta que las luchas concretas pueden favorecer la revolución. Por un lado, las reformas proporcionan motivos para trabar batallas en la guerra entre burguesía y proletariado. Con ellas, este último, se prepara para el combate, despierta a la lucha, a la agitación y a la solidaridad. Más que un adiestramiento material es una preparación psicológica con efectos concienciadores.

Por otro lado, la lucha sindical, y la huelga especialmente, es la expresión espontánea de la rebeldía obrera y el medio más eficaz de «perturbar el orden» capitalista.

El sindicalismo también transforma al anarquismo abriéndolo a la acción de masas y a la alianza con otras organizaciones obreras. Esa unión de anarquismo y sindicalismo es la base de la construcción de la CNT, que se diferencia del sindicalismo radical en varios aspectos: la existencia de un objetivo revolucionario de transformación social; la presencia de cierta influencia de la ideología anarquista que reduce la flexibilidad ideológica; y, por último, un claro antipoliticismo que rechaza la mediación a través de la vía electoral.

2ª Etapa: 1916-1939: en este periodo de poco más de veinte años, se produce un cambio transcendental: el sindicalismo revolucionario se transforma en un movimiento de masas, dando protagonismo al anarquismo que siempre es minoritario. En el resto de Europa este sindicalismo casi desaparece en aras del sindicalismo de gestión posibilista y negociador unido al crecimiento de partidos socialdemócratas que soltaban el lastre del marxismo para, desde posturas reformistas, aceptar el capitalismo y la sociedad de clases.

Además, estalló la Revolución Rusa (1917) que parece contradecir el triunfo del reformismo socialista y por eso resulta tan atractiva para el anarco-sindicalismo en un primer momento (CNT ingresa en la III Internacional en 1919). Pero muy pronto el «Informe Pestaña»[2], que es publicado en 1922, se muestra contrario a permanecer en la III Internacional por considerar la Revolución bolchevique centralizadora y burocratizada, no respondiendo al modelo anarco-sindicalista.

¿Cómo se explica el crecimiento y arraigó del anarco-sindicalismo en España? Esta posición está muy relacionada con dos factores:

1-El contexto histórico: el sistema liberal, denominado «Sistema de la Restauración» (1874-1931), fue un sistema basado en el bipartidismo y el turnismo que tiene su fundamento en la manipulación electoral a través del caciquismo o de los gobernadores civiles. Es muy difícil, durante la «Restauración», hacer atractiva una opción basada en la acción política y en las posibles mejoras sociales que pueden producirse a través de una política reformista en la que confían republicanos y marxistas.

2-La habilidad para adaptar su práctica al contexto histórico caciquil y represivo en el que el antipoliticismo y la acción directa resultan más útiles para una parte importante de las clases trabajadoras que la táctica política.

La CNT sabe construir un sindicalismo moderno, eficaz y efectivo en sus objetivos que logra victorias en los conflictos sociales. No fue ajeno a ello el paso de la sociedad obrera de oficio, como base organizativa, a los Sindicatos Únicos de rama productiva, adoptados en Cataluña en el Congreso de Sans, junio/julio de 1918, que se generalizan a toda la organización en la 2ª mitad del año 1919. De esta manera, la CNT se convierte en un sindicato fuerte, una organización de masas cercana al millón de afiliados/as a finales de la segunda década del siglo XX. Esta cultura organizativa impulsa la solidaridad y la colaboración desde la organización sindical.

El contenido revolucionario que asume la CNT responde a dos planteamientos diferentes que generaran conflictos internos: por un lado, una concepción gradualista basada en una evolución progresiva que avanza a la velocidad de la capacidad de preparación y organización del proletariado. Y, por otro lado, un planteamiento de los sectores impacientes que abogan por provocar el estallido revolucionario a través, si es preciso, de la violencia.

Tan importante como la vertiente social de los Sindicatos Únicos es convertir el sindicato en herramienta de capacitación, para ello la CNT construye dichos sindicatos como un espacio formativo de cultura y educación, como elementos de emancipación personal y colectiva. Se trata de crear formas de contra sociedad igualitaria (cooperativas de producción, formas de vida colectivas, instituciones educativas y culturales, etc.) en el seno mismo de la sociedad desigualitaria. El sindicato se considera un medio de capacitar a los y las trabajadoras en el oficio del autogobierno. El sindicato es el epicentro social, político y cultural.

No obstante, esta tarea de capacitación y de creación de formas de contra sociedad no cuenta solo con los sindicatos sino con un amplio movimiento libertario. Ya desde el internacionalismo se forman grupos vinculados a la enseñanza, primero escuelas laicas y más tarde escuelas racionalistas; también se forman grupos de afinidad anarquistas que dan lugar a la Federación Anarquista Ibérica (FAI, 1927). En los años treinta se fundan, además, los Ateneos Libertarios que tienen un amplio campo de actuación cultural y educativo, así como la organización de la juventud (Federación Ibérica de Juventudes Libertarias fundada en 1932) y de las mujeres (Mujeres Libres, 1936).



[1] La información que me ha permitido hacer esta reflexión biográfica es de Clara Germani, «Breve biografía de un anarquista triestino».

[2] Tras el acuerdo de CNT (1919) de ingresar provisionalmente en la III Internacional, fueron enviados a la URSS: Eusebio C. Carbó, Salvador Quemades y Ángel Pestaña para que pudieran entregar la adhesión a dicha Internacional. Las dificultades del viaje provocaron que solo llegara Pestaña y fue él quien redactó el Informe con su opinión negativa respecto a ingresar en la III Internacional. 

1 comentario:

  1. Hace un par de años se editó en Argentina "La Gesta Traicionada", de Alfredo Velasco Núñez
    (https://www.libreriasudestada.com.ar/productos/la-gesta-traicionada-alfredo-velasco-nunez/) y hay varios materiales más sobre el período, pero es sin dudas Carlos Taibo quien parece ser el autor contemporáneo más conocido sobre esta temática, aunque no suelo estar muy de acuerdo con sus planteos.

    Saludos,
    J.

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