lunes, 23 de mayo de 2022

REFLEXIONANDO SOBRE LA GENEALOGÍA DE LA AUTODEFENSA

 



Hace mucho que indago en cómo adaptar la visión genealógica a la investigación histórica (especialmente en el ámbito social y cultural, sin descartar otros aspectos). Michel Foucault no definió qué era la genealogía, sino que se esforzó en describir en contra de qué estaba, qué convenciones de la historia y de la metafísica intentaba desarticular. A este autor le repele articular sistemáticamente el método genealógico como algo coherente y considera la práctica genealógica través del conflicto y en su búsqueda de las fuerzas en conflicto (no se refiere a grupos, individuos o conceptos). Articula la genealogía como una «emergencia»[1] sitiada, algo que tiene que luchar por encontrar su lugar y que tiene que desplazar otras convenciones históricas para prevalecer. La genealogía surge en oposición a la historiografía progresista, por un lado, y a la metafísica, por el otro. Se busca una historiografía liberada de las metanarraciones históricamente determinadas o como mínimo ser capaz de reconocerlas. El programa negativo de la genealogía se centra en romper con el fundamentalismo y la naturalización que practica la historiografía convencional[2].

La genealogía niega que haya predestinación ni un significado inmutable en lo que sucede, por tanto, todo lo que nos atañe es el resultado de eventualidades históricas. Es necesario por ello, desnaturalizar fuerzas y formaciones existentes, así como revelar el modo contingente en que se produjo y se afianzó lo ocurrido. Esta mirada genealógica implica, como señalaba Nietzsche, desestabilizar lo que creemos saber y desfamiliarizarnos, cuestionando si los valores hacen lo que dicen que hacen o sirven a un propósito que hay que descifrar[3].

La filósofa Elsa Dorlin[4], no pretende hacer un trabajo de historia sobre la autodefensa sino más bien trabajar en una genealogía: busca los vínculos sostenidos y subjetivos de varios relatos y cómo se relacionan entre sí. Propone trazar el itinerario de «una historia constelar de la autodefensa» que no consiste en entresacar, entre varios ejemplos, aquellos que resultan más ilustrativos, sino más bien buscar una memoria de las luchas cuyo principal archivo lo constituyen los cuerpos de los dominados. Al abrir ese archivo se incluyen diversos relatos (no son los únicos posibles): los saberes y las culturas sincréticas de la autodefensa esclava, las praxis de autodefensa feminista, las técnicas combativas elaboradas en Europa del Este por las organizaciones judías contra los pogromos y algunos más[5].

Esa constelación, afirma Dorlin, titila como derivada de los ecos, de las imprecaciones, de los testamentos, de las relaciones, en definitiva, que vinculan de modo sostenido y subjetivo los diferentes puntos luminosos (los relatos que componen este libro). De esta manera la autora establece una relación entre la base filosófica del Black Panther Party for Self Defense y los insurgentes del gueto de Varsovia; las patrullas de autodefensa queer están en una relación de referencia con los movimientos de autodefensa negros; y así, van apareciendo más y más puntos luminosos que van construyendo una genealogía de la autodefensa[6].

Dorlin, además, considera que su propia historia, su experiencia corporal le pueden servir en su trabajo genealógico como prisma a través del cual leer ese archivo compuesto de diversos relatos. La autora hace explícito que no pretende trabajar a escala de los sujetos políticos constituidos, sino a escala de la politización de las subjetividades, es decir, en lo cotidiano, en la intimidad de los afectos relacionados con la rabia, en la soledad de las experiencias vividas de la violencia frente a la cual se practica continuamente la autodefensa.

Desde estos parámetros, Dorlin desgrana sus relatos en ocho capítulos bien documentados y argumentados en los que cuestiona la violencia defensiva considerada como una práctica de resistencia al orden social, decantándose en favor de la autodefensa. Entendida esta no como un medio con miras a un fin sino que como forma de politizar los cuerpos, sin mediación, sin delegación, sin representación

 Los relatos, como ya se ha dicho, son diversos, pero hay cuatro temas claves que se pueden percibir con claridad: las cuestiones de género y el feminismo; el colonialismo y la esclavitud; los dominados; y, por último, la raza y el racismo.  Estos aspectos se entrecruzan entre ellos creando un caleidoscopio genealógico de gran riqueza existencial.

 Laura Vicente 



[1] La emergencia es el punto de surgimiento, se produce siempre en un cierto estado de las fuerzas, es la entrada en escena de las fuerzas, su irrupción, el impulso por el que saltan a primer plano, cada una con su propio vigor. Michel Foucault (1997): Nietzsche, la genealogía, la historia. Pre-Textos, Valencia, pp. 33-36.

[2] De estas cosas escribe Wendy Brown (2014): La política fuera de la historia. Enclave de libros, Madrid, pp. 144-145.

[3] Esto en el texto de Michel Foucault,  Nietzsche, la genealogía, la historia.

 

[5] Elsa Dorlin, Autodefensa, pp. 29-30.

[6] Elsa Dorlin, Autodefensa, p. 30.

viernes, 13 de mayo de 2022

ECONOMÍA FEMINISTA. ALGUNAS REFLEXIONES

 

Hay libros que me cuesta muy poco comprender que serán libros importantes para mí, que me ayudaran a organizar mi mirada de forma diferente, que me orientaran por nuevos caminos, seguramente difíciles de transitar. Porque cuando un libro rompe ideas preconcebidas te das cuenta hasta que punto se te hacía difícil pensar de otra manera. Este es el caso del libro de Amaia Pérez Orozco, Subversión feminista de la economía[1].

Leer obras que no son de Historia me está ayudando a enfocar la investigación desde otra perspectiva que me está ayudando mucho a dar valor y visibilidad a acontecimientos invisibles o silenciados. No resulta fácil introducir esa nueva mirada en el campo de la historia, pero no pienso desistir de intentarlo.

Se dice en la Introducción que crear pensamiento es un proceso multidimensional que escapa de la disyuntiva pensar/actuar y que va más allá de la labor de rata de biblioteca. Para poder actuar sobre el mundo necesitamos pensarlo y esto requiere conocer y nombrar las cosas. Crear pensamiento implica también compartir lo nombrado (Subversión feminista p. 43). Pensar el mundo aplicado a la disciplina histórica es tan factible como pensar el mundo hoy, desde la economía, como hace Pérez Orozco.

Ha sido una constante en la historia social reducir toda dimensión de la vida, toda relación social y todo proceso económico a la relación salarial, desde la percepción de la existencia de un profundo conflicto entre el capital y el trabajo (asalariado), poniendo en consecuencia la potencia de la lucha en la relación salarial (Subversión feminista pp. 51-52). Este planteamiento ha dado, en la investigación histórica, un lugar privilegiado desde el que mirar los conflictos sociales al ámbito mercantilizado y masculinizado de la producción: el trabajo asalariado ha sido el que ha dado identidad de clase, el que ha articulado el sujeto de la lucha y el proyecto de revolución modelizada que se ha considerado hegemónico y que ha descartado otros proyectos, otros sujetos y otras identidades. No se ha observado el conflicto, por ejemplo, desde las esferas económicas invisibilizadas y feminizadas, por ello es escasa y atípica la presencia de las mujeres allí donde sí se articula, en la lucha obrera y los sindicatos. Este hecho puede explicar la menor presencia de las mujeres en el sindicalismo e incluso que las mujeres más sindicalistas suelen ser más refractarias a incluir el feminismo como campo de lucha tan fundamental como la lucha obrera.

Y Pérez Orozco se centra, sobre todo, aunque no exclusivamente, en las esferas económicas, pero hay otros muchos espacios sobre los que indagar y que se han tomado poco en consideración en la disciplina histórica debido a la visión heteropatriarcal que ha articulado el discurso histórico hegemónico.

La autora afirma que fuera de los mercados se generan recursos, hay ejes de dominación no reductibles al conflicto capital-trabajo y el sistema ha de evaluarse según su impacto entre el bien-estar/mal-estar entendido de forma amplia (Subversión feminista p. 65). Desde este planteamiento hay que romper con la construcción dicotómica y sexuada de la historia, que nombra solo la parte mercantil masculinizada del mundo, pero la plantea como universal. Hay que investigar los conflictos sociales desde las esferas invisibilizadas de la historia y desde las experiencias de los diversos sujetos.

La autora propone, y aplica en los cinco capítulos y el epilogo, EL desplazamiento del eje analítico desde los procesos de valorización de capital hacia los procesos de sostenibilidad de la vida, entendiendo la socioeconomía como un circuito integrado producción-reproducción, trabajo remunerado-trabajo no remunerado, mercado-Estados-hogares; valorando en qué medida genera condiciones para una vida que merezca ser vivida (Subversión feminista p. 61).

En todos los capítulos sigue el mismo esquema, un apartado sobre las lecturas de la crisis y un segundo sobre las herramientas para el análisis y la política. El primer capítulo se centra en las crisis que (no) son y que se entiende por sostenibilidad de la vida (vida, sostenibilidad, cuidados). El segundo capítulo se centra en el ataque del capital a la vida (características de dicho ataque y el conflicto entre acumulación de capital y sostenibilidad de la vida, el papel del Estado del bienestar, etc.). El tercer capítulo hace referencia a cómo la economía se resuelve más acá del mercado (el trabajador «champiñón», la privatización y feminización de la responsabilidad de sostener la vida a través de los hogares). El cuarto capítulo se pregunta si hay que crecer para salir de la crisis de reproducción social (las críticas ecologista, feminista, desde los cuidados y los límites de la estrategia de emancipación a través del empleo). Y el quinto capítulo que se titula de forma muy clara: decrecimiento ecofeminista o barbarie. El Epílogo son breves apuntes sobre el Estado del bienestar, la deuda, el trabajo y el binarismo heteronormativo.

Resulta imposible hacer un resumen de todos los temas tratados en este libro. He elegido algunas cuestiones que me han interesado especialmente en mi tarea como historiadora, hay más, muchas más, pero eso tendréis que descubrirlo quienes leáis el libro. Un libro muy denso pero muy pedagógico y ordenado que se lee con papel y lápiz para trabajar sobre el caudal de pensamiento que anida en él.

 

[1] Amaia Pérez Orozco (2019, 4ª ed.): Subversión feminista de la economía. Sobre el conflicto capital-vida. Madrid, Traficantes de sueños.

 

martes, 3 de mayo de 2022

«A mi aire»

 


«A mi aire» (2 diciembre)

Últimamente tantas autoras se plantean la pregunta de ¿qué es ser mujer? que prefiero pasar del tema y esperar un poco a ver si los colegas se preguntan ¿qué es ser hombre? Así que veamos y escuchemos esas reflexiones. Mientras, intentaré vivir a mi aire habitando un cuerpo de mujer que he aprendido a aceptar.

«A mi aire» (9 diciembre)

Disfrutar con lo que la vida me ofrece cada día es mi reto. A veces lo logro y otras veces algo se interpone en ese deseo y acabo enfadada (más veces de las que quisiera). Sigamos intentándolo.

«A mi aire» (16 diciembre)

La tercera dosis de la vacuna esconde un conflicto con muchos aspectos complejos que convendría poder debatir. Sin embargo, como casi todos los conflictos, se está simplificando, convirtiéndolo en una confrontación entre pro-vacunas y contra-vacunas. El resultado es que no se puede hablar del tema.

«A mi aire» (23 diciembre)

No me disgusta que las demás personas celebren festividades religiosas por ser creyentes, por tradición cultural o por ser una oportunidad más para consumir. Como no encajo en ninguno de los tres supuestos, haré lo mínimo para contentar a mi madre y a quienes ven una oportunidad para hacer algún plato especial… pero ahí se acaba mi navidad (y paso de celebrar los solsticios, jajaja).

«A mi aire» (30 diciembre)

Spinoza nos muestra la esperanza como una «pasión triste», que nos deja con el temor ante el futuro, intoxicando lo que ya existe con algo que no existe aún.

Cuántas penas evitaríamos si lo entendiéramos en su auténtica dimensión.

2022

«A mi aire» (6 enero)

Creo que he explicado qué significa vivir «a mi aire». Es algo simple, sencillo, humilde, poco espectacular, nada épico: es vivir como deseo, procurando estar lo menos condicionada por las normas en pensamiento y en capacidad para actuar (agencia).

 

«A mi aire» (13 enero)

El otro día recordaba con una amiga que vive en Buenos Aires mi malestar con el mundo y recordamos aquella sentencia filosófica de Mafalda: «que paren el mundo que me bajo». Ella me dijo que ojalá pudiéramos bajarnos. Yo le dije que, con mi desconexión de las noticias de actualidad, en gran parte lo he logrado. Es el único camino seguro que veo, la desinformación de la actualidad transmitida por los grandes medios de comunicación, para pensar a mi aire. 

«A mi aire» (20 enero)

A veces, no ocurre con frecuencia, solo tengo ganas de SILENCIO.

No oír nada, no decir nada, no pensar mucho.

Igual necesito hibernar yo también.

«A mi aire» (27 enero)

Me gusta la cocina mediterránea y sus vinos, me gusta el champagne francés y el cava, el té negro, el fuego de leña, la luz de las velas, los lapiceros con la punta muy fina, la cerámica, las imágenes y dibujos que me dicen algo, los sillones cómodos, pasear para ver amanecer, los ríos y puentes, el mar, el silencio y los libros.