domingo, 23 de octubre de 2016

HOMENAJE A FRANCISCO GRANADO Y JOAQUÍN DELGADO. MADRID 7 DE OCTUBRE 2016




En este homenaje en el que se recordó la ejecución de Granado y Delgado, militantes de las Juventudes Libertarias (JJLL) intervine para recordar que también había mujeres en la resistencia antifranquista en el exilio que participaron en el mismo proyectos que estos dos jóvenes asesinados por la Dictadura franquista. Este texto reproduce mi intervención.

La guerra civil española tuvo también un componente de género. Las mujeres se jugaron en ella la larga genealogía de cien años que había ido trazando un camino de emancipación. El conflicto bélico  constituyó una experiencia de libertad y de responsabilidad sin precedentes para las mujeres, asumieron una gran novedad: la mujer tenía que vivir sola, salir sola y asumir las responsabilidades familiares sola, algo que siempre se había considerado imposible y peligroso.
El franquismo cortó de tajo ese camino de emancipación femenina y fue un duro correctivo para muchas mujeres que vivieron un largo y silencioso exilio interior en España o bien marcharon fuera.
Hoy estamos aquí para recordar un trágico suceso, la ejecución de Francisco Granado y Joaquín Delgado el 17 de agosto de 1963. Y estamos aquí también para recordar que existió una oposición al franquismo que no se rindió nunca, que una parte de dicha oposición era anarquista y que en ella había mujeres como no podía ser menos.
No son pocas las mujeres que a principios de la década de 1960 estaban integradas en el Movimiento Libertario en el exilio, una parte de ellas en las JJLL y cumpliendo diversas funciones relacionadas con Defensa Interior (DI). La mayoría de estas mujeres eran hijas de militantes de la CNT y sus parejas también formaban parte del Movimiento Libertario. Las más mayores habían participado en la guerra civil, las más jóvenes no lo habían hecho por su edad, incluso había mujeres francesas, italianas o inglesas vinculadas al antifranquismo libertario.

Sus nombres son menos conocidos que los de sus compañeros, pero es nuestra obligación rescatarlas del olvido, conocerlas y reivindicarlas: Placida Aranda, Jacinta Escudero, Rosa Beriain, Casilda Likiniano (La miliciana), Teresa Margalef, Montse Turtós, Jeanine Valet, Paquita Román, Alicia Mur, Julia Hermosilla y Sara Berenguer entre otras mujeres.

No podemos olvidar tampoco a Pilar Vaquerizo, la compañera de Francisco Granado que quedó viuda con un hijo y dos hijas, Richard, María y Roxana, la mayor con unos doce años.

Entre estas activistas destacaré cuatro: Alicia Mur, Paquita Román, Sara Berenguer y Julia Hermosilla (Sara y Julia relacionadas además con MMLL).

ALICIA MUR
Alicia Mur nació en 1935, hija de militantes de la CNT, empezó a  militar en Paris siendo adolescente en las JJLL y desde el comienzo de las actividades de DI aportó su colaboración y solidaridad.
Fue detenida en Madrid en octubre de 1966, junto a Luis Andrés Edo y otros, acusada de pertenecer al grupo “Primero de Mayo”. Alicia Mur se había desplazó a finales de agosto o principios de septiembre de 1966 a Madrid para alquilar un piso, que posteriormente debían utilizar unos compañeros para llevar a cabo una acción que ella desconocía por no tener que participar en ella. 
En diferentes medios se ha asegurado que este grupo preparaba el secuestro de un alto militar americano de la Base militar de Torrejón de Ardoz. Sin embargo, Alicia Mur en su relato de lo sucedido niega tal posibilidad y asegura que la acción, por lo que ella vivió, era confusa y poco preparada. La detención en Madrid se debió a un confidente que en todo momento informó de los pasos del grupo y que, obviamente, no fue detenido (Alicia lo nombra como "Martínez").
Juzgada el 4 de julio de 1967, se la condenó a tres años y medio y cumplió tres.

Paquita Román era hija de militantes de la CNT y ella se integró en las JJLL de Paris, desde el comienzo de las actividades de DI aportó su colaboración y solidaridad.
Ella e Yvette Parent fueron enviadas como enlaces de sondeo y cayeron en la trampa que les tenía preparada la policía española. Detenida en Madrid en septiembre de 1962 en relación con los jóvenes libertarios detenidos también en Barcelona, Zaragoza y Vigo ese mismo año. Estaba encarcelada cuando la ejecución de Granados y Delgado. Fue puesta en libertad a mediados de 1965.

SARA BERENGUER

Sara Berenguer nació en 1919 en Barcelona, hija de cenetista, trabajó desde los 12 años primero en una carnicería y luego en un taller  donde aprendió el oficio de corsetera. Durante la guerra se dedicó intensamente a la lucha formando parte de varios comités e integrándose en las JJLL, Consejo Nacional de SIA (Solidaridad Internacional Antifascista) y MMLL (ocupó la secretaría de propaganda de MMLL y más tarde la secretaria general). Dio clases como maestra de párvulos en el Ateneo Cultural de Les Corts[1].
Al acabar la guerra civil pasó a Francia y entre 1941-45 fue enlace de la resistencia antinazi.
A comienzos de 1960 aparece ligada a los grupos de acción antifranquista, tras la reunificación de CNT, al lado de Alberola, Mera, Cañete y otros. Junto a su compañero Jesús Guillén formaban parte de la base fronteriza de Béziers con que contaba DI. Su casa en Montady, rodeada de huerto y jardín que construyeron con sus manos, fue una plataforma para el exilio y refugio de grupos españoles libertarios que entraban y salían de España clandestinamente, como Granados y Delgado[2].

JULIA HERMOSILLA

Julia Hermosilla, menos conocida que Sara, nació en 1916 en Sestao, Vizcaya. Sus padres eran ambos de la CNT desde 1910. Julia fue militante de las JJLL desde los 17 años; cuando estalló la guerra y la revolución, Julia con 20 años se enroló como miliciana en Bilbao y fue herida gravemente perdiendo audición en ambos oídos.
A la caída de Bilbao se trasladó con su compañero y su familia a Santander y allí embarcaron hacia Francia. Estuvo dos meses en Francia y volvieron a entrar de nuevo a Cataluña. Embarazada dio a luz en octubre de 1937 a su hija Vida y en Barcelona trabajó en una fábrica de cintos para el Ejército. En esta ciudad es donde conoció a Sara y se hicieron amigas para siempre.
Pasaron de nuevo a Francia al acabar la guerra y en 1940 se integró en la resistencia contra los nazis. Acabada la II Guerra Mundial Julia pasaba a Bilbao y Barcelona clandestinamente llevando prensa y documentación.
Junto con su compañero Ángel Aransáez formaban parte de la base fronteriza de Bayona con que contaba DI.
Julia realizó con Joaquín Delgado misiones de contacto en 1960 o 1961, por cuenta del Comité Intercontinental, con los grupos de la CNT en España durante el proceso de reunificación. También realizó una importante misión de estudio de los alrededores del Palacio de Ayete en San Sebastián para el proyecto de atentado contra Franco de 1962.
No podemos glosar aquí las vidas de todas las activistas que participaron en el mismo proyecto que Granados y Delgado, pero si recordar que estas mujeres además de militar, trabajar y sufrir penalidades, criaron a sus hijos e hijas y desde su humildad siempre pensaron que no habían hecho nada importante. Compartían con el anarquista Ramón Acín que nosotros no tenemos santos, nosotros no tenemos apóstoles, nosotros no tenemos ni mártires; pero tenemos corazón y somos amigos del amigo y camaradas del camarada[3].
Algo parecido les escribía la octogenaria Julia en una carta a Sara Berenguer el año 2002:
Somos una gran familia, vivimos con las mismas inquietudes. Luchamos por nuestras ideas ayudando a todo aquel que llama a la puerta, esas ideas que tantos dolores de cabeza nos dieron pero que cada día que pasa me siento más identificada con ellas (…).





[1] Antonina Rodrigo (2003): Mujer y exilio 1939. Flor del Viento, Barcelona, pp. 89-90.
[2] Antonina Rodrigo (2003), p. 98.
[3] Ramón Acín, “Florecicas”, Solidaridad Obrera, 23 de marzo de 1923,
No he conseguido encontrar ninguna fotografía de Paquita Román.

jueves, 13 de octubre de 2016

EUROPA ¿HACIA DÓNDE CAMINAS?


Hay que disociar una salvadora riqueza de diferencias de la larga crónica de aborrecimientos mutuos.
GEORGE STEINER

Las historiadoras Soledad Bengoechea y María-Cruz Santos afirmaban en un reciente artículo que tenemos mala memoria y que hace años que el huevo de la serpiente se ha vuelto a implantar con timidez en este continente. En los últimos años se han agudizado las desigualdades y las clases trabajadoras no tienen un proyecto ilusionante, tras la caída del comunismo y la desarticulación de la izquierda, para combatir las graves consecuencias de la crisis económica actual incentivada por el neoliberalismo.
A ello deberíamos añadir que la historia, o se ha convertido como dice G. Steiner en ese gran museo de los pasados sueños[1], o en materia de manipulación al servicio del nacionalismo, con lo que casi nadie parece conocer que estamos transitando por un camino que nos puede conducir de nuevo al abismo.
Steiner afirma que Europa se suicidó al matar a sus judíos[2]. La destrucción de seis millones de judíos europeos, la destrucción del mundo de Mahler, Alban Berg, Hofmannsthal, Broch, Kafka, Celan, Karl Kraus, Walter Benjamin, fue la destrucción del espíritu europeo, de la idea de Europa. Con la pérdida de dicho espíritu no quedó nada de Europa excepto una entidad sin cultura, sin alma, puramente geográfica, económica. La Europa de los banqueros, de la troika, que conocemos hoy.
Una Europa en la que la extrema derecha, presente en numerosos parlamentos europeos, extiende la idea de que la UE quita soberanía a los países miembros, especialmente el control de las fronteras y la libre circulación de trabajadores/as de la UE. En sus discursos las posiciones más ultras defienden ideas y propuestas nacionalistas radicales y xenófobas con total descaro al haberse olvidado del tejido social europeo que dichas posiciones provocaron la muerte de 100 millones de europeos/as entre 1914 y 1945.


La extrema derecha tiene un apoyo interclasista con una destacada incidencia entre las clases trabajadoras descontentas, empobrecidas y aterrorizadas por diversas amenazas obscenamente incrementadas y manipuladas por los medios de comunicación (un reflejo de ello fue el resultado electoral en Gran Bretaña favorable a la salida de la UE). La escalada de posiciones en los parlamentos europeos de partidos ultras (neonazis, neofascistas, racistas, antiinmigrantes, hipernacionalistas, antieuropeístas, casi siempre islamófobos e incluso violentos) ya no sorprende a nadie por lo generalizado que resulta. Han crecido en Noruega, Finlandia, Dinamarca, Bulgaria, Hungría, Austria, Holanda, Bélgica, Francia, Polonia… La deriva autoritaria ha seducido también a otros partidos que desde el poder, sin ser de extrema derecha, están aplicando medidas que son parecidas[3].
Europa tiene una gran riqueza lingüística, cultural y social que ha construido, a lo largo de su historia, un pródigo mosaico que con frecuencia convierte una distancia trivial, una separación de veinte kilómetros, en una división entre mundos[4]. Así fue en la primera mitad del siglo XX y el saldo de personas que pagaron con la vida fue muy elevado. Si Europa sigue el camino del nacionalismo, convertido en una religión; una religión secular cuyo dios es la nación[5], no es improbable que, al igual que en el periodo de entreguerras el fascismo llevó esa idolatría al más alto nivel hasta ahora conocido, podamos seguir una senda parecida de la mano de la extrema derecha en el siglo XXI
¿Sabremos reconducir la situación y salvar la riqueza de diferencias de la larga crónica de aborrecimientos mutuos[6]? ¿Seremos capaces de no mirar hacia otro lado y articular una alternativa de emancipación y de humanismo secular?





[1] George Steiner (2007): La idea de Europa. Siruela, Madrid, p. 70
[2] George Steiner, 2007: 22.
[3] Soledad Bengoechea y María-Cruz Santos, La deriva europea. Dues historiadores repassen la presència de la ultradreta als parlaments europeu. 21-07-2016.  https://directa.cat/actualitat/deriva-autoritaria-europea
[4] George Steiner, 2007: 72.
[5] Josep R. Llobera (1996): El dios de la modernidad. El desarrollo del nacionalismo en Europa occidental. Anagrama, Barcelona, p. 197.

[6] George Steiner, 2007: 73.

lunes, 3 de octubre de 2016

RAMÓN Y KATIA ACÍN. EL ARTE CONTRA LA VIOLENCIA



Dice Imre Kertész, en el ensayo “El intelectual superfluo”, que la tarea del arte es oponer el lenguaje humano a la ideología, recuperar la capacidad de imaginación y recordar al hombre su origen, su verdadera situación y su destino humano. Por eso la opción del arte solo puede ser radical.

Ramón Acín (Huesca, 1888), representante del arte de vanguardia de los años de entreguerras utilizó el arte de forma radical para denunciar la negra noche: la muerte, la falsedad de la máscara, el clero y las creencias que conducen a la oscuridad del fanatismo, la guerra, el maltrato animal o la violencia social aparecen en sus dibujos a lápiz sobre papel con un lenguaje expresionista y lleno de emociones que pretenden retornar a la armonía humanista.



La luz se expande a través de su opción radical por un arte como antídoto frente a la violencia y a través del compromiso social e individual con el anarcosindicalismo y con la libertad que conllevaba dicha opción ideológica. Por eso el recorrido concluye con la posibilidad de la revolución social, unir luz, vida y transformación, y para ello nada mejor que la educación, la transformación de la persona a través del conocimiento.


Muchos pensadores y escritores como Kertész, Vasili Grossman, Primo Levi, George Steiner o José Saramago consideran que la bondad es lo que en última instancia, ante una grave situación de violencia como la vivida en los años treinta y cuarenta, salva al ser humano y Acín era, por encima de todo, un hombre bueno. Un hombre que hubiera encajado muy bien en la Internacional de la Bondad que Saramago decía querer fundar si hubiera podido.



Acín soñaba con un mundo que suprimiera las injusticias sociales, un mundo respetuoso con la naturaleza y los animales que la habitaban, un mundo que permitiera el acceso de las clases populares a la educación y la cultura, un mundo sin violencia, sin estado, un mundo libre. Su pensamiento de rebelde ácrata lo sentenció a muerte un mes después del  golpe de Estado y del inicio de la guerra y la revolución. Diecisiete días después fue fusilada también su compañera Concha Monrás y sus dos hijas, Katia y Sol, quedaron huérfanas en una España en guerra. Muchos años después Katia expresó todo ese horror plásticamente como puede apreciarse también en la exposición que puede visitarse gratuitamente en la cuarta planta del IAACC Pablo Serrano de Zaragoza.