viernes, 23 de abril de 2021

APRENSIONES Y PARADOJAS

 

APRENSIONES Y PARADOJAS 

De las reflexiones del confinamiento a las preguntas (en 2020).

De las preguntas a las APRENSIONES Y PARADOJAS.

Veremos que más me depara el 2021.


APRENSIONES (7 enero 2021)

La invasión del Capitolio por seguidores de Trump (hombres blancos en su mayoría) armados con banderas y con subfusiles, algunos disfrazados de vikingos (o algo parecido porque los mitos son adaptables a la imaginación) me parece una buena señal de aprensión para empezar esta sección.

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PARADOJAS (14 enero 2021)

Salvar la navidad se ha transformado en condenarnos a una creciente tercera ola de covid.

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APRENSIONES (21 enero 2021)

…Por qué en Estados Unidos sigue habiendo 70 millones de votantes de Trump. Por otro lado, qué descanso que salga de la Casa Blanca.

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PARADOJAS (28 enero 2021)

A los seres humanos nos cuesta entender el sufrimiento ajeno hasta que no nos cae encima y rompe nuestra burbuja de individualidad.

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APRENSIONES (4 febrero 2021)

No puedo cuestionar el sujeto del feminismo(s), las MUJERES, mientras sean ellas las que sufren de manera desproporcionada la pobreza, el analfabetismo y la violencia.

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PARADOJAS (11 febrero 2021)

Quien más presume de demócrata, suele ser quien lo aplica menos en su partido.

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APRENSIONES (18 febrero 2021)

Dicen que en las elecciones catalanas han cambiado algunas cosas… Yo veo dos que, de momento, nada cambian:

*El progreso de la extrema derecha (muy preocupante para mi).

*La abstención del 47 % por miedo, por hartazgo o por posición política como es mi caso.

La sensación de que los partidos políticos no escuchan y siguen con su run-run es triste, frustrante y me genera mucha aprensión.

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PARADOJAS (25 febrero 2021)

Quien posee el monopolio de la fuerza es quien más cuestiona la fuerza y la convierte en violencia.

Otra cosa es si el uso de la fuerza concede la razón.

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APRENSIONES (4 marzo 2021)

De un movimiento feminista enfrentado y dividido.

Puesto que no hay un feminismo sino muchos ¿Podemos aceptar que el 8M puede ser un espacio para consensuar unos mínimos? ¿O queremos actos separados como ya ocurre en algunos lugares?

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PARADOJAS (11 marzo 2021)

Leer y viajar me apasionan.

La paradoja es que nunca había leído tanto como en este último año y nunca había viajado tan poco. Y la maleta me llama…

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APRENSIONES (18 marzo 2021)

Este afán de la clase política por polarizar a la población me produce mucha aprensión.

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PARADOJAS (25 marzo 2021)

Una de las paradojas más sabias es esta: «menos es más». Frente a la idea de consumir más de lo necesario (hiperconsumismo), la idea de que teniendo lo necesario, tener menos proporciona mejor vida a más personas y al planeta.

 

martes, 13 de abril de 2021

PENSANDO SOBRE EL 8M Y EL MOVIMIENTO OBRERO

 



No está de más recordar algunos aspectos históricos del 8M.

Origen: fue el 28 de febrero de 1909 cuando se celebró por primera vez en Nueva York el Día Nacional de la Mujer organizado por las mujeres socialistas tras una declaración del Partido Socialista de los EUA en honor a la huelga de las trabajadores textiles que en 1908 protestaron por las penosas condiciones de trabajo exigiendo la reducción de la jornada laboral, mejores salarios y el derecho al voto.

En 1910, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas reunida en Copenhague se reiteró la demanda de sufragio universal y, a propuesta de Clara Zetkin, se proclamó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Pocos días después de celebrarse por primera vez, se produjo el incendio en la fábrica de camisas Triangle de Nueva York el 25 de marzo de 1911. Murieron 146 mujeres y 71 resultaron heridas por no poder salir del edificio, pues habían sido encerradas sin posibilidad de escapar.

En plena Iª GM  se produjo en Rusia la Revolución.  El 8 de marzo de 1917, día Internacional de la Mujer, hubo incidentes en las largas colas de mujeres para conseguir pan, que se convirtieron en manifestaciones espontáneas a favor del final de la guerra.

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Estos aspectos históricos del 8 M, nos llevan a algunas reflexiones:

I-

El origen del 8 M está asociado a las mujeres trabajadoras asalariadas y a la industria textil, sector muy feminizado en el que las niñas y las mujeres trabajaron por salarios muy bajos, jornadas laborales largas y malas condiciones de trabajo. En este sentido podemos recordar a las anarquistas: Emma Goldman en EUA (describe  su experiencia como trabajadora textil en Viviendo mi vida) o a Teresa Claramunt tejedora que participó en la «Huelga de las siete semanas» en Sabadell en 1883, por la reducción de la jornada laboral.

Pero esta jornada está asociada también al socialismo que enseguida introdujo entre las reivindicaciones laborales el derecho a voto. La socialdemocracia consideraba fundamental desarrollar las mejoras en las instituciones. Son patentes los intentos de institucionalización del 8M

II-

Las mujeres no son solo trabajadoras asalariadas sino que están encargadas de los «cuidados», es decir, de todo lo necesario para que la vida funcione pero que no está en el centro de la economía capitalista, es  la cara oculta de la economía que tienen que afrontar las mujeres. Tenemos una economía en la que la vida no es responsabilidad colectiva sino que es individual de las mujeres. El sistema necesita esa cara invisible porque se basa en el expolio de la vida.

Esto explica que las mujeres tengan protagonismo en conflictos que ponen la vida en el centro: vivienda (alquileres, deshaucios), la renta, los alimentos, la tierra, la paz, etc.

En este sentido podemos hablar de las huelgas de alquileres potenciadas en la primera década del siglo XX por mujeres, entre ellas Teresa Claramunt. Las protestas por las subsistencias que se produjeron en 1918 en España o en Rusia durante la Iª GM, la luchas por el pan y la paz. En España hubo mujeres pacifistas, entre las anarquistas: Amparo Poch.

III-

Las mujeres en múltiples ocasiones han sentido una clara incomodidad en las instituciones, organizaciones y movimientos de protesta, revuelta y revolución por su carácter patriarcal. En este sentido, las mujeres anarquistas en España enseguida mostraron su malestar por el trato que recibían en las sociedades obreras internacionalistas y luego sindicatos y optaron por no ingresar en estas organizaciones o limitarse a ser afiliadas. Algunas de ellas decidieron: constituir sociedades obreras de mujeres, organizaciones feministas de afinidad (librepensadoras o claramente libertarias) o reunirse por separado de los hombres para luego tener más fuerza para intervenir en los Sindicatos. En definitiva buscaron crear organismos igualitarios, seguros (no mixto), sindical o feminista. Ambas identidades, la de género y la de clase, se interseccionaron.

1) Creación de organismos obreros de mujeres, TC estuvo involucrada en algunos de ellos: Sección Varia de Trabajadoras anarco-colectivistas de Sabadell (1884), la Agrupación de Trabajadoras de Barcelona (1891) y el posterior Sindicato de Mujeres del Arte Fabril (1901). Son organizaciones que se plantearon como asociaciones de obreras cuya base organizativa era la sociedad de oficio; su objetivo era la emancipación de los dos sexos ya que la lucha era común, pero haciendo especial hincapié en la lucha contra la explotación de las obreras. En su seno se fue definiendo un feminismo obrero de carácter social.

2) Reuniones de mujeres previas a las reuniones mixtas, sabemos que las hubo en los años treinta.

3) Organizaciones de mujeres no sindicales

·         Organizaciones feministas Librepensadoras. Teresa Claramunt participó en la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona (1889) o la Asociación Librepensadora de Mujeres (1896) y la Sociedad Progresiva Femenina en 1898. Eran  organizaciones de mujeres de condición social muy variada y con una procedencia ideológica diversa encontraron puntos de coincidencia dentro del movimiento librepensador. Feminismo social.

·         Grupo Cultural Femenino (Barcelona, 1934) era un grupo de mujeres que se basaba en la afinidad, no en el oficio. Sus objetivos[1] estaban relacionados con el acceso a la libertad, la cultura y el ámbito público.

·         Mujeres Libres (Madrid y Barcelona, 1936) era una organización basada en la afinidad, no en el oficio, es solo de mujeres, su contenido no es sindical y tiene un claro contenido feminista (social).




IV

Un acontecimiento: La revolución social (1936)

Mujeres Libres participó «a su manera» en la Revolución social de 1936 en la que desarrollaron un «más allá» del imaginario revolucionario clásico, del modelo de revolución modelizada (explicar). Las mujeres no entraron en ese modelo: de las milicias fueron expulsadas a la retaguardia, en los Comités apenas tuvieron cabida, solo en las colectivizaciones tuvieron cierta presencia.

La revolución de Mujeres Libres se desarrolló con otra lógica en la que no hubo prioridad en los acontecimientos, no hubo modelización, no hubo épica ni heroicidad, la revolución fue  silenciosa, poco aparente, sin espectacularidad. Una revolución entendida como mutación cultural que implicaba un cambio vital, una revolución de la vida, de la existencia. Una revolución que transcurrió como un río subterráneo que cuestionó el patriarcado.

Las mujeres, sin apenas principios ideológicos consignados más allá de unas nociones libertarias muy elementales (actuaron más desde la experiencia que desde el pensamiento), se embarcaron en la aventura de cambiar la vida desde la vida. La retaguardia se convirtió en un espacio en que hubo mujeres protagonizando pequeñas insurgencias que desestabilizaron las normas y jerarquías en el día a día.

Se dedicaron a gestionar la vida, a ser solucionadoras de problemas y preservadoras de la vida en lo cotidiano. Se ocuparon de organizar de otra manera las maternidades, de organizar guarderías y comedores colectivos para poder trabajar y tener los «cuidados» asegurados, se ocuparon de las personas refugiadas, de capacitar a mujeres analfabetas, y de un sinfín de problemas cotidianos.

Organizaron sus vidas personales y las de las personas a su cargo, vivieron sus emociones, sus pasiones, su sexualidad, la crianza, el trabajo y el activismo para que fueran compatibles. Muchas de ellas lo hicieron solas, sin hombres, por primera vez en sus vidas. Esa fue «su revolución de la vida», una transformación de largo recorrido que empezó a cambiar las formas de vida, las relaciones personales, el trabajo, los «cuidados» y un sinfín de aspectos más.

Estas mujeres vislumbraron otros mundos posibles, construyeron un «más allá» de la utopía, no quisieron destruir el mundo viejo sino redefinir la realidad. Esa fue su revolución, ese caudal lo sigue teniendo hoy el movimiento feminista impregnado de anarquismo.

Algunas conclusiones:

1) Desde su origen el 8M ha estado asociado a las mujeres asalariadas en trabajos precarios y mal pagados.

2) Se ha tardado mucho en entender, e integrar en las reclamaciones del 8M, que las mujeres realizan trabajos de manera gratuita imprescindibles para la reproducción del capitalismo: los «cuidados».

3) Los «cuidados» son todo lo necesario para que la vida funcione, por ello las mujeres suelen protagonizar conflictos que ponen la vida en el centro.

4) Las mujeres no se han sentido cómodas en las organizaciones del Movimiento Obrero por diversos motivos y han procurado crear organizaciones y protestas más acordes con su manera de entender las organizaciones, las reivindicaciones y los objetivos.

5) Cuando han participado en una Revolución social, han participado «a su manera» y por eso su actuación ha sido invisibilizada por la historia.

 

 

 



[1] 1º La importancia del acceso de las mujeres a la libertad de la que estaban privadas por la «milenaria cadena del Patriarcado».

2º El rechazo de la domesticidad (que no la maternidad).

3º La importancia de la cultura, que era también libertad, para que las mujeres pudieran acceder a la verdad y huir del fanatismo religioso.

4º La necesidad de que la CNT (extensible a los Ateneos y las Juventudes Libertarias) contara con las mujeres en sus sindicatos puesto que sufrían la misma explotación y opresión que los hombres.

 

sábado, 3 de abril de 2021

CULTURA DE LA TRANSICIÓN, ¿PRESENTE O PASADO?

 



La Cultura de la Transición (CT)[1], dice Guillem Martínez, es la observación de los límites de la cultura que cedió la izquierda  durante la Transición, era lo que podía aportar a dicho proceso (hay que añadir que aportó también paz social, algo muy importante en esa coyuntura). La cultura consistió, desde la Transición, en crear estabilidad política y cohesión social. Desaparecieron, por tanto, los productos culturales problemáticos.

Señala el coordinador de este conjunto de diecinueve aportaciones que, en un sistema democrático, los límites a la libertad de expresión no son las leyes. Son límites culturales. Es la cultura.

El Estado con su dinero, sus premios, sus honores, facilitó (y en gran medida sigue facilitando) las cosas al decidir qué es la cultura y qué no lo es. Los intelectuales se comprometieron en contra de lo problemático y con el Estado a cambio de las citadas prebendas. Quien no entraba en el «juego» quedaba excluido y su forma de vida dentro de la actividad cultural, tenía muchas dificultades.

El libro fue editado en 2012 cuando el Movimiento 15 M estaba muy reciente y subsistía todavía fuera de las plazas en los barrios, desconozco que opinarán hoy sus autores y autoras, algunos/as, probablemente, en Podemos (y sus múltiples nombres) o en su órbita.

Algunos autores, como Amador Fernández-Savater, afirman que la CT se ha ido vaciando con los años y que han ido disminuyendo los miedos que la CT administraba e instrumentalizaba en tanto que «poder de salvación» (ante un posible golpe militar, ETA, ruptura de España, etc.). Me parece que esas «amenazas» resucitan por parte de la derecha y de la izquierda al recuperar la dinámica del «enemigo» que el Movimiento 15 M resituó con el formato: arriba/abajo, en lugar de derecha/izquierda.

Ciertamente, el 15 M fue la mayor brecha (no la única) en el muro de la CT, cuestionó todas las bases de dicha cultura consensual y devolvió a la cultura su capacidad de objeto problemático, parcial y combativo. Pasados ya casi diez años, algunas cosas han vuelto a su cauce.

Es cierto que la gente más joven consume cada vez menos CT y cada vez más cultura de mercado que unido al desplome del Estado del bienestar ha generado un contexto de neoliberalismo y capitalismo suicida que ha ido vaciando de contenido la CT.

No obstante, subsisten aspectos de la CT que echa mano de la «Ley Mordaza» para imponer condenas de cárcel a quienes han pretendido salirse, en exceso, de las pautas de la CT (el llamado «gobierno progresista» aún no ha encontrado el modo de derogarla). La pandemia del Covid, con sus muchas dificultades sanitarias y sociales, y sus muchos avances de una sociedad de control y de dominación,  introduce aspectos novedosos que convendrá analizar.

Pese a estas transformaciones, este libro contiene la suficiente información y actualidad de la CT como para resultar interesante su lectura. Estaría muy bien una puesta al día nueve años después de ser editado.



[1] Guillem Martínez (Coord.) (2012): CT o la Cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española. Barcelona, Random House Mondadori.