lunes, 23 de diciembre de 2019

PALABRA DE MUJER: EMMA GOLDMAN


 EMMA GOLDMAN Y ALEXANDER BERKMAN

Hacía tiempo que tenía Viviendo mi vida  de Emma Goldman[1] en casa, si no estoy equivocada me lo regalaron en la estupenda librería madrileña, LaMalatesta, tras la presentación de uno de mis libros. No había empezado su lectura porque dos volúmenes de algo más de quinientas páginas cada uno son disuasorios cuando dispones de poco tiempo. He de añadir que tenía el prejuicio, sin fundamento, de que sería árido de leer. Hace poco decidí, finalmente, lanzarme a leerlo y puedo afirmar que el prejuicio era infundado. Las poco más de mil hojas están ahí, se trata de una lectura para la que se requiere tiempo, he leído el primer volumen y ya he empezado el segundo.

Una vez que Emma Goldman decidió escribir su autobiografía, vino la laboriosa recopilación de información, pidiendo a cada uno de sus amigos que le devolvieran la copiosa producción epistolar de que era autora. Contó además con el apoyo de todos/as las personas más íntimas incluido su  compañero vital, Alexander Berkman, que propuso el título.

El volumen 1 que es el que he leído abarca desde su nacimiento en 1869 en una familia judía de Kaunas (Lituana) hasta 1912. No es mi intención resumir esos cuarenta y tres años de vida puesto que hay estupendos resúmenes que se pueden encontrar con facilidad. Mi objetivo en este texto es resaltar los aspectos que me han sorprendido gratamente de su lectura.

El primer aspecto que quiero destacar fue su dedicación a la lucha  desde muy joven. Goldman llegó a Estados Unidos con 17 años, se instaló en Rochester con su familia y trabajó en el textil cosiendo abrigos. Llevaba un año en el nuevo país cuando se produjo la ejecución de cinco anarquistas en Chicago, tras una farsa de juicio, el 11 de noviembre de 1887. Lo sucedido le causó tal conmoción que se prometió a sí misma dedicarse a la misma lucha que los conocidos como «Mártires de Chicago».

Convirtió su activismo en una forma de vida que no siempre le daba para vivir  por lo que tenía que trabajar en precario en diversos oficios: el textil, posteriormente logró una cualificación como enfermera, etc. Esta dedicación a la lucha y al anarquismo a través de la realización de conferencias que realizaba en giras por todo EUA, provocó enseguida que sufriera detenciones y encarcelamientos. Todo esto fue fomentando su fama hasta convertirse en «la mujer más peligrosa del mundo» según las autoridades norteamericanas.

Otro tema destacado fue su posición ante el uso de la violencia. En mayo de 1892 se produjo en Homestead el cierre patronal de la siderúrgica Carnegie Company, presidida por Henry Clay Frick, que arrastró a los trabajadores a la miseria. Cuando estaban elaborando un manifiesto de protesta se produjo una masacre de obreros en Homestead, y  Alexander Berkman decidió que era el momento de un atentado individual contra Frick. Goldman estaba de acuerdo en llevar a cabo esta acción con él, sin embargo, Berkman la convenció para que ella no participara directamente en el atentado. En julio él disparó contra Frick, aunque no lo mató. Este atentado provocó la prisión para Berkman durante largos años.

Goldman evolucionó de esta posición inicial partidaria del atentado contra figuras representativas del sistema económico o político a considerar que el resultado de tales acciones era contraproducente. Pese a ello nunca criticó, todo lo contrario, a aquellas personas que en un momento de desesperación cometían un atentado. Esta posición le ocasionó no pocos problemas con el Estado y con sus propios compañeros/as de filas.

Emma Goldman reflejó muy bien los ambientes de la izquierda radical norteamericana, centrándose sobre todo en los ambientes anarquistas. Sus muchas polémicas y discrepancias (por ejemplo, por su posición respecto a la violencia) la condujeron finalmente a rechazar la militancia en organizaciones y a optar por vivir la militancia de forma individual. Esta opción produjo interesantes reflexiones sobre cómo combinar la autonomía individual y la práctica del apoyo mutuo y la solidaridad.

La temática de sus conferencias es otra cosa que me ha sorprendido puesto que fue muy diversa: cultura, en especial teatro y literatura, sexualidad y anticonceptivos (prohibidos en Estados Unidos), conflictos sociales, acontecimientos que se iban produciendo en su país de origen, Rusia, la libertad de expresión (cuyas limitaciones sufrió en numerosos Estados de Norteamérica), feminismo y, por supuesto, anarquismo. No voy a entrar en ello porque sería muy largo pero la experiencia que mantuvo durante bastantes años alrededor de su revista Mother Earth, me parece digna de mención.


Su vida privada, especialmente en el terreno amoroso y sexual, estuvo muy presente en esta autobiografía, algo realmente sorprendente para le época, cuando se consideraba que esos temas eran privados y no debían hacerse públicos. Ella, sin embargo, habló y escribió libremente de sus múltiples amantes, llevando a la práctica su idea del amor libre, la libre sexualidad y su lucha por la autonomía en estas relaciones. Mantuvo siempre una relación especial, y no siempre fácil, con Alexander Berkman, Sasha. Su vida fue un torbellino, Emma Goldman fue apasionada, diversa y contradictoria, así lo recogió en este primer volumen de su autobiografía:
« (…) sabía que lo personal jugaría siempre un papel dominante en mi vida. No estaba cortada de una sola pieza (…). Hacía tiempo que me había dado cuenta de que estaba hecha de diferentes madejas, cada una diferente a la otra en tono y textura. Hasta el fin de mis días estaría dividida entre el anhelo por una vida personal y la necesidad de darlo todo a mi ideal» (p. 183).
Emma Goldman enseguida se percató de las limitaciones que tenían las mujeres tanto en su vida personal como en el ámbito laboral o social. Destacó su temprana constatación de la importancia que tenía la emancipación interna en la liberación de las mujeres que no dependía solo de tener ingresos propios. Así lo reflejó cuando hizo referencia a mujeres que se ganaban la vida por sí mismas, « (…) pero no se habían vuelto independientes de espíritu ni libres en sus vidas personales» (p. 409).

Todos estos aspectos que he destacado y muchos otros son dignos de conocerse porque revisten un carácter actual que hacen que el interés por Emma Goldman no solo no haya decaído sino todo lo contrario. El feminismo, especialmente el anarquista, tiene en Emma Goldman un referente importante.
Palabra de mujer.


[1] Emma Goldman (1996): Viviendo mi vida (2 Tomos). Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo.


viernes, 13 de diciembre de 2019

ANTONIO SOLER, Apóstoles y asesinos. Vida, fulgor y muerte del Noi del Sucre.



Pese a sus muchos premios no conocía a este autor. En su favor diré que es  miembro fundacional de la Orden del Finnegans, cuyos miembros fundadores son Eduardo Lago, Jordi Soler, Enrique Vila- Matas y Malcolm Otero Barral. En esta orden se obligan a venerar la novela Ulises de James Joyce (que yo admiro mucho) y, a ser posible, asistir cada año en Dublín, el 16 de junio, al Bloomsday.
Salvador Seguí, el Noi del Sucre, fue un destacado sindicalista de la CNT catalana que murió asesinado por las bandas de pistoleros financiadas por la Patronal catalana (burguesía que luego afirman que era culta, urbana y con seny). Estas bandas junto con la aplicación del terrorismo de Estado de la Ley de Fugas provocó la muerte de 200 obreros y de 20 hombres armados contratados por empresarios. El enfrentamiento fue muy desigual por el número de víctimas.

La novela es bastante realista y refleja bien el ambiente de violencia que se produjo en Cataluña entre 1919 y 1923. Estado y patronal catalana quisieron parar los pies a una organización que demostró la fuerza que tenía el sindicalismo cenetista, especialmente a partir de la famosa Huelga de la Canadiense de la que se cumple este año su centenario.

Dicho esto, paso a señalar aspectos que me parecen tendenciosos. Lógicamente alguien me puede decir que es una novela y que al ser ficción todo está permitido. Y es cierto, pero entonces que no revista de realidad la ficción, entrecomillando incluso muchos párrafos cuyas obras no aparecen citadas, solo referenciadas de forma superficial.

Volviendo a esos aspectos tendenciosos reiteradamente señalados a lo largo de toda la novela:

1º El maniqueísmo que establece entre los buenos sindicalistas posibilistas y los malos anarcosindicalistas más afines al anarquismo y a los hombres de acción partidarios del uso de la violencia en ese contexto.

2º Parece que el enfrentamiento entre pistoleros fue igualitario y ya hemos visto que no fue así (parece sospechoso que tanto afán realista no le llevara a proporcionar esos datos tan fáciles de encontrar).

3º Desliga a la burguesía de la patronal de la burguesía catalanista y esto no es así sobre todo en lo referente a la Lliga Regionalista y a Cambó.

4º La insistencia en detallar con todo lujo de detalles la amistad de Seguí con Layret y Companys, sin desarrollar otras amistades dentro del sindicalismo cenetista, probablemente más relevantes. Si insiste en su relación con Pestaña para señalar, que de haber vivido Seguí hubiera derivado hacia la política y, posiblemente, catalanista por influencia de Layret y Companys.

Desconfío de esta tendencia de la literatura de querer dar visos de verosimilitud a lo que cuentan con «una rigurosa documentación histórica», como dicen en la contraportada.

martes, 3 de diciembre de 2019

FEMINISTA Y ANARQUISTA ENTREVISTA A CLAIRE AUZIAS



Claire Auzias nació en Lyon en 1951, cursó Estudios Clásicos y de Sociología. Participó con 17 años en Mayo del 68 en su ciudad de origen[1] y en los años setenta se involucró en el Movimiento Feminista. Se sigue considerando feminista en la actualidad, así como anarquista individualista, reconociendo la importancia del anarcosindicalismo.
En 1980 hizo su Tesis Doctoral en la Universidad de Lyon sobre la memoria oral del movimiento anarquista durante el periodo de entreguerras (1919-1939). En la década de 1980, enseñó historia y sociología de las mujeres en la Universidad de Lyon antes de pasar a la historia moderna de los romaníes, primero en los países de Europa del Este (en la década de 1990) y luego en toda Europa (en la década del 2000). 
Como estudiosa del universo de los gitanos/as, ha publicado: Les Poètes de grand chemin; Os ciganos; Samudaripen, le génocide des tsiganes y Les Funambules de l’histoire. Gitanas  es su primer libro en español.
En 2004, en Marsella, fue una de las fundadoras de la editorial francesa Égrégores. Es miembro del consejo editorial de la revista Chimères, fundada por Deleuze y Guattari (Ediciones Erès, Paris). Actualmente vive en París.


Laura Vicente (L. V.).- He leído que te posicionas políticamente como libertaria, no como anarquista. ¿Desde cuándo tienes un posicionamiento libertario?
Claire Auzias (C. A.).- ¡Es falso! Considero que el término libertario es exactamente lo mismo que el de anarquista. Soy anarquista y soy libertaria; las dos cosas quieren decir lo mismo para mí.
Soy anarquista desde mayo del ’68, cuando descubrí este movimiento. Pero en el curso de mi vida ha habido momentos más activos que otros. Me he considerado alejada provisionalmente de ciertos anarquistas por razones personales; ya no me reconocía en un movimiento al que encontraba esclerotizado, congelado y pasadista. Eso duró casi diez años, durante los ’80. Pensé que estar en posesión de la verdad completa –el anarquismo– desde mi juventud temprana me impedía analizar y comprender con espontaneidad la actualidad. No quería que la doctrina acabada del anarquismo me limitara. Entonces me incliné más bien hacia el movimiento feminista, hasta 1987 aproximadamente; me traía algo nuevo en relación con mayo del ’68. Luego volví al anarquismo enteramente y ahí sigo desde entonces.
L. V.- ¿Cómo entiendes «lo libertario» en el siglo XXI?
C. A.- « ¿Qué es ser libertario en el siglo XXI?», ¡es una pregunta difícil!, querida amiga. No puedo más que responder un poco. No hemos ganado gran cosa finalmente a lo largo del siglo XX; así que podemos continuar el combate sin temer perdernos. El terreno en el que la situación ha mejorado es el de las mujeres y el feminismo. La vida de las mujeres del mundo occidental es menos dura que en el siglo pasado. Hemos ganado derechos. Nada queda adquirido de una vez por todas y hay que seguir combatiendo para salvaguardar estos derechos, porque la contrarrevolución conservadora, tal como tiene lugar hoy en día en los países populistas (EEUU, Brasil, Hungría, Rusia, Israel, Italia, etc., etc.), esta contrarrevolución conservadora amenaza todas las libertades, incluidas las de las mujeres. Lo que hemos ganado es el derecho al aborto, el derecho a la anticoncepción, el derecho a poseer nuestro propio dinero, nuestra cuenta en el banco, el derecho al divorcio y, más recientemente, los derechos de los homosexuales, hombres y mujeres. Debemos seguir considerando estos derechos de las personas, hombres y mujeres, como fundamentales, y defenderlos contra cualquier regresión posible.
Nos falta el derecho de morir con dignidad, es decir, el derecho al suicidio asistido. El derecho de morir sin dolor, con ayuda de la medicina, cuando lo decidamos. Este derecho existe en algunos países del norte, pero no en la Europa latina. Debemos combatir por este derecho.
Soy consciente de que estos derechos son más reales para las mujeres de las clases dominantes y que en el mundo entero hay aún desigualdades mayores. Luego hay que combatir para que las mujeres de otros lugares, como la India o África, puedan obtener estos derechos que quieren. Esta es la razón por la cual apoyo a las mujeres de los países musulmanes que están en prisión, porque se niegan a llevar velo, en tanto signo de la esclavitud de las mujeres.
Los derechos de las mujeres del mundo entero forman parte del anarquismo. El anarquismo debe luchar por ellos. Es verdad que las mujeres están marcadas también por su pertenencia de clase. Hay mujeres patrones industriales o patrones de banca, etc. Pero no es una razón para que no tengan derecho de abortar, si quieren. Más aún, si se trata de una joven violada en Afganistán.
El anarquismo del siglo XXI consiste también en participar en luchas ecológicas, bajo todas las formas que les plazca a los/las anarquistas. El anarquismo en el siglo XXI consiste también en participar en luchas menos conocidas, como por ejemplo la lucha contra los grandes proyectos inútiles (en Francia), la lucha contra la desforestación, la lucha por la protección de los pueblos indígenas y autóctonos amenazados por el capitalismo, como, por ejemplo, los indios de Amazonía o de los Estados Unidos. En realidad, hay pueblos amenazados en el mundo entero.
Es decir, la lucha anticapitalista debe ir acompañada, en mi opinión, de una atención próxima a las personas concernidas. Soy anarquista individualista; es decir, he participado en luchas colectivas y seguiré haciéndolo; pero la prioridad para mí es la liberación de las personas.
L. V. – ¿Qué representó Mayo del ’68 para ti? ¿En qué sentido viste una relación entre el movimiento de Mayo del ’68 y el anarquismo?
C. A. – A decir verdad, mayo del ’68 representó demasiadas cosas para mí como para responderte con facilidad. Fue mi partida de nacimiento político. Lo aprendí casi todo ahí. Es gracias a Mayo del ’68 que llegué a ser anarquista. Vi en acto y en la realidad cómo actúa el poder en el gobierno y cómo actúan los/las comunistas. Tenía 17 años, estaba en el Instituto y puse toda mi energía en las luchas, en las barricadas, en las fábricas, en las asambleas generales y con mis camaradas. Mayo del ’68 acabó con una derrota política muy grave, por la que aún estamos pagando. Y lo hacemos a nivel mundial, ya que el ‘68 tuvo lugar en muchos países del mundo, tanto del este como del oeste, desde Praga, Yugoslavia, hasta México, Japón, etc. Vi lo que significa una relación de fuerzas y cómo perdimos esta relación, muy rápido y para siempre. ¿Qué significa eso? Significa que la lucha y las luchas desde Mayo del ’68 deben reconstruir todo. Es, en efecto, lo que ellas intentan en la actualidad, pero la situación es desastrosa. Estamos en plena contrarrevolución mundial.
La relación entre Mayo del ’68 y el anarquismo es fundamental. La soberanía de las asambleas generales, los comités de acción eran la base de Mayo del ’68, es decir, el equivalente de los soviets, pero como unidad de base de toda decisión. El antiestalinismo era común a todos los izquierdistas y no solamente a los anarquistas. Fue en Mayo del ’68 donde vimos recrearse un nuevo anarquismo contemporáneo, con elementos viejos y nuevos. Admiramos a Nestor Makhno, Ravachol y Durruti (viejos). Intentamos construir una síntesis libertaria, antiautoritaria, entre ideologías vecinas, pero distintas, como los consejistas, por ejemplo. Todo el país se quedó pasmado ante la vitalidad del anarquismo, que creían muerto del todo en la víspera de mayo del ’68. La forma de los movimientos de masa, la indisciplina de una parte de los obreros y obreras, de la gente joven, la voluntad de decidir por sí mismos, sin esperar las órdenes del Partido, todo eso reforzó el sentimiento político de autonomía de la gente, aunque no todos se convirtieran en anarquistas después.
L. V. – ¿Cuáles son los aspectos obsoletos del anarquismo clásico que te empujaron a  alejarte de él durante los años ’70 y parte de los ’80?
C. A. –No es que tuviera aspectos obsoletos, exactamente. Era yo la que necesitaba recuperar una espontaneidad de análisis y de reacción respecto a la actualidad, que la doctrina anarquista me quitaba. ¡Porque tenía respuesta a todo de antemano! Se trata sobre todo de una evolución personal y temporal. Por ejemplo, en 1981 voté a Mitterrand. Los anarquistas normales dicen que no hay que votar y yo misma no voto desde hace treinta años. Pero me interesó experimentar sentimentalmente lo que unas elecciones significan, cómo a uno lo engañan después, qué es una mesa electoral, qué son los militantes socialistas, cómo actúan, qué quieren. Quise ver esto de cerca, desde el interior, no como una anarquista que lo sabe todo de antemano. Y el resultado de mi experiencia fue que me volvió aún más anarquista que antes. Debo decirte que fui condenada ante la justicia en 1973, ante un tribunal especial, y por culpa de eso fui privada de mis derechos civiles. Me importaban un comino; precisamente en tanto que anarquista no ejercía esos derechos. Pero cuando la condena acabó, quise hacer la experiencia de lo que llaman «derechos cívicos», pagar mis impuestos, votar, etc. Me interesó mucho, a lo largo de los dos primeros años del gobierno de Mitterrand, el ejercicio del poder por parte de la izquierda. Era algo inédito, novísimo. No hallé allí nada beneficioso evidentemente, sino que comprendí que el poder es ejercido tanto por la izquierda como por la derecha; incluso mejor aún por aquélla. Era el complemento de experiencia directa que le faltaba a mi pensamiento.
También vi de cerca cómo la gente está dispuesta a todo para acceder a un poco de poder, aunque sea poquísimo. Puedo decirte que el poder es un enemigo de primera magnitud. Cualquier ciudadano/a ordinaria está dispuesto a vender su alma por un gramo de poder. También vi, en tanto que feminista, las relaciones entre «la sociedad civil» y el gobierno; vi cómo mis camaradas feministas encontraban normal trabajar con el ministerio de los derechos de las mujeres y no tomaban en consideración para nada que ese ministerio no era ni nuestro aliado ni nuestro amigo. Es lo que me chocó más. Y es por eso que dejé el movimiento feminista activo donde estaba.
 L. V. –Michel Onfray afirma que vivir la anarquía es un elemento clave del posanarquismo que defiende. ¿Qué opinas de esta afirmación suya?: «La anarquía es menos una ideología que vociferar que una práctica que encarnar» (me ha parecido que enlaza con tu afirmación sobre la prioridad de la liberación de los individuos).
C. A. – Michel  Onfray es, desde mi punto de vista, un enemigo público número 1. No es en absoluto anarquista. Copia nuestros trabajos sin citarlos (yo también soy su víctima) y aspira a ser una estrella en los medios. Explota el movimiento anarquista para su provecho personal. Dice de él estupideces. Por tanto jamás responderé sobre lo que dice ese tipo.
L. V.- Háblame de la importancia de lo que Emma Goldman denomina «emancipación interior». He visto que tu trabajaste sobre Emma Goldman en Une tragédie d'émancipation féminine, en 1978.
C. A.- Sí.  Trabajé sobre Emma Goldman en 1978 con otras tres personas, dos amigas del movimiento feminista de entonces, en Lyon, y mi madre, que fue la cuarta persona del grupo, porque era profe de inglés y Emma Goldman no estaba traducida al francés en aquella época.
Comparto, pues, con Emma Goldman y todas las feministas anarquistas del mundo, con todos los/las anarquistas individualistas del mundo entero, el pensamiento de que la emancipación interior es la cosa más importante. Al decir esto, no quiero ignorar el capitalismo ni las luchas anticapitalistas. Solo quiero decir que no creo que la revolución se detenga cuando no haya más clases sociales. Por el contario, pienso que nuestro universo psíquico, mental, imaginario, debe ser revolucionado de arriba abajo, completamente. Debemos tomar en consideración lo que ocurre en nuestra cabeza, en nuestras emociones, nuestros deseos y necesidades personales, si queremos ser humanos. Humanos que quieren crear un mundo para humanos, reales y verdaderos, y no robots, ni caricaturas, ni monstruos, como los soviéticos. En el siglo XX hubo revoluciones políticas. En Méjico, en la URSS, en España, en China. Algunas veces hubo cambios importantes para la vida privada de la gente, como, por ejemplo, el derecho al aborto y al divorcio en la URSS al principio. Pero desde finales del siglo XIX han surgido otras revoluciones: el naturismo, la danza (con Isadora Duncan), el vegetarianismo, la escuela moderna (con Francisco Ferrer), la educación libertaria, el psicoanálisis… En lugar de pensar que Freud era un pequeño burgués asqueroso, prefiero pensar que revolucionó las ideas de la burguesía con sus modales y desnudó el espíritu humano. Si actuamos hoy como si estos descubrimientos de otro continente no hubieran existido, seríamos retrasados/as mentales. Y quedaríamos muy por debajo de la media de nuestros contemporáneos/as.
Por eso ligo individualismo y psicoanálisis, porque ambos han pensado un estatuto para las personas, para los/las SUJETOS. Han dado una base conceptual a la persona e incluso derecho de ciudadanía al Inconsciente.
L. V.-Llegas al feminismo muy joven, en el contexto de Mayo del 68. ¿Qué te atrajo de este movimiento?
C.A.- No llegué al feminismo en Mayo del ’68. En Mayo del ’68, en Francia, no hay feminismo. Tal vez estuviera el viejo feminismo de nuestras madres y abuelas, con Simone de Beauvoir –esto era todo. No. Alcancé el feminismo en 1976, en Lyon. El nuevo movimiento feminista nació en Francia en 1970. Pero yo aún no estaba, en esta fecha. Me reuní con una amiga feminista en Lyon; ella me arrastró al Centro de las Mujeres de Lyon y seguí este movimiento. Todo lo que aprendí allí era diferente de Mayo del ’68. Las feministas no eran anarquistas. Criticaban con razón a todos los grupos políticos, sin excepción. Lo que me atrajo hacia este movimiento fueron dos cosas: mi experiencia de mujer discriminada, por ser mujer. Había sido violada dos veces a los 17 años: una vez por incesto y otra vez por un desconocido por la calle. Había entendido que había oficios que no podía ejercer porque era una mujer. Estaba, pues, preparada para el movimiento feminista. Lo que me atrajo también fue que salí de prisión, de la droga, del duelo de mi marido encarcelado y de la vida fuera de la ley. Ahora bien, necesitaba reencontrar una vida común en el mundo real. El feminismo me ayudó a ello. Y aprendí mucho con las feministas. La solidaridad entre mujeres, el orgullo de tener derecho a la vida, a la calle, a la risa, a todas esas fiestas que hacíamos juntas. La homosocialidad, no la homosexualidad, sino la homosocialidad, la socialidad entre mujeres...
L. V.-Quizás uno de los grandes descubrimientos del feminismo de los años 60/70 del siglo pasado fue la afirmación de «Lo personal es político», ¿cómo viviste este planteamiento tanto en lo personal como en lo político?
A.C.- Sí. « Lo personal es político ». Pero eso ya lo decíamos en 1968, gracias a Wilhelm Reich y otros pensadores de la liberación sexual. Los revolucionarios/as más modernas ya lo decían.

L. V.- ¿Cuáles crees que son los grandes temas del feminismo en la actualidad?
C. A. – Los grandes problemas del feminismo hoy son los siguientes, en primer lugar la solidaridad económica con las mujeres de los países pobres, en lucha por su emancipación. O sea, cuestiones de solidaridad económica y de clase. En segundo lugar, la lucha contra las doctrinas americanas, llamadas de «interseccionalidad» y la lucha racista de negras contra blancas. Soy feminista universalista. Siempre he defendido una emancipación para las mujeres de toda la tierra, de todas las razas. Y soy anarquista, luego no me intereso por los problemas religiosos de las mujeres, es decir, el velo en las islamistas. Para mí es esclavitud. Estoy contra el derecho de las pseudofeministas musulmanas y las pseudofeministas negras americanas. Estas identidades de confeti son, en realidad, una forma de enterrar la capacidad revolucionaria de las mujeres del mundo entero en su solidaridad. Luego, para mí, lo urgente es la solidaridad con las mujeres de los países musulmanes que están en prisión por sus derechos, su libertad y su emancipación, en lucha contra el salafismo. Cuando hayamos vencido a ese enemigo moral, habremos progresado en la liberación de las mujeres del mundo entero. Y, por supuesto, hay que vigilar los derechos adquiridos en el siglo XX. ¡Cuidado con las regresiones sociales y el retorno de los fascismos!
L. V.- ¿Qué opinas sobre el tema de la prostitución ¿Abolicionista o regulacionista?
C. A. – No puedo responderte bien a tu última pregunta, sobre la prostitución. Estoy contra la explotación sexual de las mujeres (y de los hombres). Pero no soy abolicionista, porque pienso que la prostitución es una actividad inherente a la sexualidad humana y no veo cómo resolver este problema. Hay un mercado de esclavas sexuales en el mundo e incluso en nuestros países, por supuesto. Estoy contra ese mercado y contra los proxenetas y las proxenetas también. Pero no sé cómo resolver este problema. Me horroriza la gente que cree que el problema es fácil de resolver; son unos fanáticos/as.
L.V.- Muchas gracias Claire por tu generosa colaboración para realizar esta entrevista. Con Claire continuamos hablando de la cultura gitana y de su libro Gitanas.  Esta parte aparecerá en el próximo número junto con una reseña de dicho libro.




[1] En este sentido resulta interesante su capítulo «Un Mayo menor» en Varios Autores/as (2017): Esplendor en la noche. Vivencias de Mayo 1968. Madrid, La linterna sorda, pp. 114-141.

sábado, 23 de noviembre de 2019

NUCCIO ORDINE, Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal


Leí de esta autor La utilidad de lo inútil. Manifiesto y cuando salió publicado este libro decidí comprarlo. 

Ordine no te descubre grandes cosas, ni te revela ningún misterio, sus libros son sencillos y valoran lo natural, lo veraz, lo simple. Leyendo sus páginas te acomodas con facilidad a su ritmo, a sus reflexiones, a sus pensamientos.


Este libro tiene una estupenda Introducción centrada en la escuela (en el amplio sentido de la palabra) y en afirmaciones obvias que hoy se ignoran e incluso se consideran retrógradas. Un ejemplo: «el conocimiento de la disciplina [que se imparte] es lo primero» (p. 17) y no la didáctica que hoy se prima. Para él, y para mí, la clave de todo está en que el profesorado viva con pasión y con verdadero interés la disciplina que imparte. Saber y amar lo que se enseña es la clave de todo. Junto con esta fórmula sencilla, hay otra: se han de educar generaciones para la herejía (...)
« (...) animándolas a tomar decisiones contrarias a la ortodoxia dominante. En vez de formar pollos de engorde criados en el más miserable conformismo, habría que formar jóvenes capaces de traducir su saber en un constante ejercicio crítico» (pp. 36-37).
Otra obviedad: «el aprendizaje requiere lentitud, reflexión, silencio, recogimiento» (p. 38). Muy lejos de la vorágine en la que estamos todos/as, para mí es tan valioso el silencio que lucho como puedo para tenerlo.

El libro es muy simple, selecciona fragmentos de obras clásicas (que aparecen en la lengua en que fueron escritos y en castellano) y un pequeño comentario de una hoja u hoja y media. La idea viene de una práctica docente suya que hacía todos los lunes con su alumnado. Parece un suicidio leer a la gente joven a los clásicos, sin embargo comprobó el gusto de esta práctica que llevó a algunos de sus alumnos/as a leer el libro completo.

He leído algunos de los libros propuestos en esta «biblioteca ideal», la mayoría no los he leído, así que dispongo, a partir de ahora, de un criterio seleccionador del que me fío para leer algunos de estos clásicos. Lástima que solo haya una mujer: Marguerite Yourcenar (ahí no ha estado lúcido mi estimado Ordine).

miércoles, 13 de noviembre de 2019

ENTREVISTA CON LAURA VICENTE POR ALÍN SALOM

Laura Vicente es doctora en Historia por la Universidad de Zaragoza con la tesis El movimiento obrero en Zaragoza, 1914-1923. Sindicalismo y conflictividad social. Es máster en “Estudis de la Dona” por la Universidad de Barcelona y catedrática de Historia de enseñanza secundaria. Es especialista en historia social e historia de la mujer y autora de los libros Teresa Claramunt (1862-1931). Pionera del feminismo obrerista anarquista; Historia del anarquismo en España; Mujeres libertarias de Zaragoza. El feminismo anarquista en la transición; Mujer contra Mujer en la Cataluña insurgente. Rafaela Torrents (1838-1909) y Teresa Claramunt (1862-1931), etc. Ha publicado numerosos artículos en revistas como Libre Pensamiento, Historia Social, Cercles, Arenal o Arraona. Laura Vicente es historiadora. Sustenta el apasionante blog Pensar en el margen. Es cofundadora del Grupo de debate y reflexión anarcofeminista Redes de cordialidad. 




¿Podría hablarnos de este nuevo grupo de debate y reflexión Redes de cordialidad? ¿Cómo surge? ¿Por qué este nombre? ¿Por qué un grupo de debate y reflexión, antes que de acción, en la coyuntura actual? 

El grupo REDES surgió entre octubre y noviembre de 2018 a raíz de una serie de presentaciones de mi último libro. En los debates posteriores a la presentación del libro surgía entre las asistentes la queja de la escasa elaboración teórica del anarcofeminismo actual y del seguidismo que practicaba respecto a otras corrientes feministas. El nombre procede de una propuesta que hizo la anarcofeminista Lucía Sánchez Saornil en 1936 cuando trazó un plan de acción para crear una revista. Una vez la revista en marcha, alrededor de ella debían formarse grupos de simpatizantes que irían tejiendo una red de cordialidad que podría dar lugar a una organización de mujeres anarcofeministas. Para el anarquismo, teoría y práctica deben estar estrechamente vinculadas; el déficit lo habíamos percibido en el terreno teórico, no en el práctico. Todas las mujeres que forman (o han formado) parte de REDES llevan una práctica en grupos anarcofeministas, queer, abolicionistas, sindicatos como CGT, CNT, etc. o en las Asambleas 8M. La peculiaridad de REDES es que no se trata de un grupo presencial, sino virtual: hay mujeres de diversas partes de España y América del Sur. Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes. 

¿Cuáles son los temas candentes en el feminismo actual que están sobre el tapete en las Redes de cordialidad? 

En REDES queremos clarificar qué entendemos por ser anarquista y feminista. El punto de partida de los debates es diverso: una película, un texto breve, un libro, una imagen, etc. Cualquier cosa que nos permita entrar en el debate de forma más o menos organizada. De esta manera, los temas sobre los que hemos debatido han sido: violencia/no violencia/autodefensa; patologías del feminismo; cultura de la violación; y otros muchos que han sido tratados como secundarios pero en los que deseamos profundizar. No afirmo que esos sean los temas más candentes dentro de los feminismos actuales, son simplemente los que hemos decidido abordar en el grupo. 

¿Cree usted que hay un vínculo intrínseco entre feminismo y anarquismo? 

Como bien sabe usted, es mejor hablar de feminismos en plural, no en singular. De la variedad de feminismos que han existido y existen, el anarquismo se vincula con los feminismos radicales, aquellos que en el pasado (con Mujeres Libres entre 1936-1938) ya entrecruzaron la lucha de género con la lucha de clases. Pero el anarquismo nunca se ha quedado solo en la explotación estrictamente económica, que es como ha entendido tradicionalmente el marxismo la lucha de clases. El anarquismo ha tenido, desde su origen, brillantes intuiciones que hacían referencia a la opresión que procedía del poder y de la dominación. Desde este planteamiento se cuestionó cualquier institución, norma, práctica, etc. que supusiera jerarquía, autoritarismo y delegación del poder. De esta forma fueron cuestionados el Estado, las iglesias (y la existencia del absoluto que conllevaban), el Ejército, la familia patriarcal, etc. 
Por lo dicho anteriormente, para el anarquismo, el sujeto de la rebelión es la humanidad, y su objetivo es luchar contra la opresión que brota en todos los ámbitos de lo social. Por su dimensión ética convierte la cultura y la educación en elementos fundamentales. Por eso también se fija en aspectos clave de la existencia: alimentación, salud, familia, amor, sexualidad, relación y respeto a la naturaleza. Debido a esta manera de entender la rebelión (como subversión de los valores más profundos y enraizados en cada persona), más que la revolución, enlaza muy bien con los feminismos radicales, puesto que supo ver muy pronto –otra cosa es que le diera la relevancia necesaria– la opresión que sufrían las mujeres. 
La importancia que el anarquismo da a la libertad es otro nexo de unión con los feminismos radicales. Libertad que permite actuar según los dictados de la propia voluntad, lo cual deriva en la soberanía individual, es decir, en el poder que cada persona debería preservar sobre su presente y su destino. El amor a la libertad implica amor a la libertad individual, que rige el ámbito privado (amor libre, parejas igualitarias, libertad sexual…), y a la libertad social, contra las actitudes dogmáticas y autoritarias. 
El rechazo de las ilusiones totalizantes y el respeto por las singularidades es otra brillante intuición del anarquismo que enlaza con los feminismos radicales. Igual que la defensa de la democracia real y directa con fórmulas organizativas descentralizadas, autogestionadas y con base asamblearia en las que se toman acuerdos basados en el pacto y no en la imposición de las mayorías. 
Estos planteamientos tienen diversas consecuencias en las que se produce la confluencia entre feminismo y anarquismo: la defensa de la disconformidad, hacer virtud de oponerse a la opinión mayoritaria; la necesidad de que la política arraigue en las comunidades y en el lugar de trabajo entendido al estilo aristotélico del arte de debatir sobre lo justo y lo conveniente; la necesidad de la utopía, entendida como incitación a la lucha y a rechazar el mundo que nos imponen para construir una posibilidad más alentadora del mundo con formas de relación entre las personas diferentes a las impuestas. Los deseos y los sueños deberían ser la guía para construir una realidad en la cual vivir la rebelión con reglas diferentes a las impuestas y creando espacios de libertad que Hakim Bey denomina “Zonas Temporalmente Autónomas” y “Zonas Permanentemente Autónomas”. La utopía no existe sino en el presente, y el anarcofeminismo ha de mostrar su capacidad constructiva al ser capaz de arrancar espacios al sistema. 
En fin, hay muchos más aspectos de confluencia entre feminismo y anarquismo, pero creo que no debo alargarme más para no aburrir a los lectores. 

¿Cuál es la situación actual del feminismo? ¿Podemos sentirnos optimistas? 

Si tenemos en cuenta las movilizaciones del 8M, la situación es muy buena, los feminismos hoy están de «moda» y esto tiene una relevante influencia en la cultura (literatura, cine, teatro, ensayo, filosofía, historia y, cómo no, política). Veremos qué nos depara el futuro. Por otro lado, los feminismos hoy tienen una profunda división que hace difícil compartir objetivos. Incluso en algunos temas hay profundos enfrentamientos que llegan, incluso, a las manos. Mencionaré algunos de estos temas, porque todos son inabarcable. El enfoque de la diversidad que no es nuevo, pero sí más profundo que en etapas anteriores, es uno de esos aspectos de división dentro del feminismo. Hay sectores que señalan que la diversidad debilita su sujeto. 
El anarcofeminismo histórico ya señaló que «mujeres» no indicaba una identidad común, puesto que la clase social marcaba profundas diferencias entre mujeres burguesas y mujeres obreras. Por tanto, no habría un sujeto previamente establecido y es sobre las prácticas, discursos, vivencias, experiencias, etc., como se define al sujeto de las acciones. 
Las identidades se definen más por las opresiones y desigualdades que establecen la clase, la sexualidad, la etnia, la edad y otras variables que por el mero hecho de pertenecer a un género. Partir justamente de esas desigualdades y de cómo se manifiestan en las vidas de las mujeres y de las diversas subjetividades que provoca es la vía para confluir en un movimiento feminista potente y que movilice a muchas mujeres. 
Los feminismos se están construyendo en este momento, está por ver cómo evolucionan, a qué reacciones tienen que enfrentarse (de hecho, la reacción está en marcha de la mano de la extrema derecha, que gana posiciones en todo el mundo) y de la fuerza acumulada de los feminismos para responder a ella. 

Judith Butler dice (en Deshacer el género) que “el feminismo está hecho un lío” y que es “incapaz de estabilizar los términos”. Afirma que no sabemos qué es una mujer y que si no sabemos qué es una mujer, ¿cómo vamos a decir “nosotras”, quién lo puede decir y en nombre de quién? ¿Qué percepción tiene usted de esta problemática?

Creo que lo he contestado en la anterior respuesta. Hace mucho que no hay un «nosotras». No lo ha descubierto Butler, que, por cierto, es una persona cuya teoría es muy difícil de entender por su complejo y complicado lenguaje. Es muy elitista desde mi punto de vista. De todas maneras yo diría que ser mujer es resultado de la educación cultural en la que hemos nacido y que nos ha marcado de forma estricta (es decir, a través del género) y también de todo lo que las mujeres hemos deconstruido del género (individual y colectivamente) para poder buscar brechas por donde entrar y reconstruir personas, sujeto siempre para el anarquismo, de la transformación o rebelión. 

Butler señala también que existen graves desacuerdos entre mujeres acerca de la definición de la libertad sexual. ¿Cuál es su postura sobre la cuestión de la prostitución? ¿Empodera o aliena a las mujeres? ¿Debería estar permitida y legalizada o perseguida y suprimida?

La tradición anarquista, que comparto, habló ya en el siglo XIX de libertad sexual, de control de la natalidad vinculado al neomaltusianismo, de amor libre, de promiscuidad… Piense que el valor primero del que se derivan y al que constantemente hacen referencia la teoría y la práctica anarquista es la libertad, que podemos definir desde el punto de vista sociológico como «ausencia de poder», condición social que permite el óptimo desarrollo individual y colectivo. Si existe asimetría de poder (por ejemplo, en la sexualidad), y esa asimetría se institucionaliza en estructuras y códigos de comportamiento jerárquicos, no podemos disfrutar de libertad. Por tanto, en la sexualidad como en cualquier otro aspecto de la vida, cuanto más se desarrolle la libertad, más fácil resultará impedir que la autoridad se convierta en poder y que la diversidad (sexual o de otros aspectos) se torne desigualdad. 
Respecto a la prostitución, mis ideas se parecen más a una madeja embrollada que a un hilo de pensamiento decantado hacia las dos posiciones que existen: abolicionismo o regulacionismo. Teniendo en cuenta que no tengo una posición clara que me sitúe en uno u otro extremo, intentaré comentar algunos aspectos que veo claros: considero que el anarquismo es abolicionista, puesto que está a favor de abolir cualquier tipo de opresión, de explotación del ser humano. La prostitución es una de las formas de opresión/explotación más brutal, cruda y sin artificios que existen. La prostitución alquila no solo nuestro cuerpo e inteligencia, sino nuestra intimidad. La prostitución antecede al capitalismo, puesto que es hija de la institución del patriarcado, que estableció la jerarquía de géneros, convirtió a las mujeres en botín de guerra, y las mantiene como objeto de consumo sexual, doméstico, etc. 
Sin embargo, ¿cómo negar el derecho a la sindicación de las prostitutas? Eso es negarles su derecho a organizarse y, por tanto, excluirlas del proceso de liberación. Las prostitutas ¿son clase obrera o no? Si lo son, deben tener derecho a defender sus propios intereses. Lo que legitima la explotación es seguir aisladas y calladas, ocultas, inermes. La abolición debe ser de abajo a arriba (no desde leyes o decretos del Estado), y para ello es necesario hacerla desde las mujeres afectadas directamente. 
La explotación nunca empodera; lo hace la lucha contra la explotación en todo caso. ¿Qué mundo queremos? Hay que elegir entre un mundo en el que sea normal la existencia de un mercado de cuerpos –mujeres mayormente– disponibles para el uso sexual, o un mundo en que esto no sea así. Los factores que se entrelazan en la prostitución son diversos, no podemos centrar el debate en el consentimiento como tema central olvidando esos otros factores: globalización neoliberal, pobreza globalizada, feminización de la pobreza, las injusticias Norte/Sur, crimen organizado, trata de personas, migraciones, cultura de consumo, conceptos liberales de elección y autonomía, etc. 

¿Nos podría finalmente explicar cómo llegó usted personalmente al feminismo? ¿Qué recorrido intelectual y sentimental ha hecho en ese terreno? 

No sé si esto puede tener mucho interés para los lectores, así que seré breve. Mi opción por el anarcofeminismo surgió desde las vísceras; mi carácter es así: independiente, autónomo, libertario… Desde niña me negué a muchos estereotipos de género, sin saber que lo eran, como el tema de la ropa, el modo de llevar el cabello, la depilación a la que me negué, etc. Luego vino la intelectualización de esa rebeldía. Desde los 17 años me organicé en Comités de Estudiantes en la Universidad, la primera Asamblea Ecologista que se formó en Zaragoza, Ateneos Libertarios de barrio, Autonomía Obrera, CNT y Mujeres Libertarias (todo ese recorrido lo hice entre los 17 y los 20 años). Las lecturas me ayudaron a ir definiendo malestares y a darles sentido. Me he movido poco de esos intereses primeros: feminismo, anarquismo, ecologismo… Y he sido ávida lectora siempre, igual de literatura que de historia, que de filosofía, que de ensayos políticos. 

La revista Cartografías le agradece sinceramente su colaboración y desea un debate y una reflexión fructíferos al grupo de Redes de Cordialidad. ¡Que la fuerza esté con las REDES! 

Que así sea, y que la fuerza os acompañe también a vuestro Grupo y a Cartografías. (si hacéis clic en el nombre de la revista os llevo a ella y a la entrevista).

domingo, 3 de noviembre de 2019

LIBERAR EL PRESENTE. EL ANARQUISMO «PRAGMÁTICO» DE COLIN WARD




« (…) siempre coexiste una sociedad anarquista (una sociedad que se organiza a sí misma sin autoridad) como una semilla bajo la nieve, enterrada bajo el peso del Estado y su burocracia, el capitalismo y su derroche, los privilegios y sus injusticias, el nacionalismo y sus lealtades suicidas, las diferencias religiosas y su separatismo supersticioso» (p. 41).

Si se mira la sociedad humana desde un punto de vista anarquista, «se descubre que las alternativas ya están ahí, en los intersticios de la estructura del poder dominante. Si se quiere construir una sociedad libre, todas las piezas se hallan al alcance de la mano» (p. 45).


Compré este libro[1] hace muchos años cuando salió editado por Tusquets en 1982, entonces apareció publicado con otro título, Esa anarquía nuestra de cada día, que poco tenía que ver con el original, Anarchy in action, respetado ahora, añadiendo un subtítulo. El libro fue publicado en 1973 y en España fue traducido en 1982.

No lo leí en su momento, se quedó en mi biblioteca a la espera de otro momento que ha llegado ahora, ya lo tenía seleccionado para leerlo en la edición de Tusquets cuando en una librería vi esta edición. Pensando que era otro lo compré con dudas y cuando llegué a casa comprobé que era el mismo, por supuesto lo he leído en la nueva edición pero pienso conservar ambas.

He explicado esta circunstancia personal, entre otras cosas porque es importante saber que Ward habla desde 1973 con la actualización realizada en 1982, es decir, hace alrededor de 45 años o casi cuarenta si tenemos en cuenta la edición en español. Pese a la distancia en años, su libro es muy actual, quizás más actual que nunca. Digo esto porque su anarquismo «pragmático» no ha sido bien visto por otras corrientes anarquistas. Quizás esta razón explique que su obra haya sido muy poco traducida al español.

¿En qué consiste su anarquismo «pragmático» muy asociado a Piotr Kropotkin? (echo mano del prólogo del editor, de la Introducción de Stuart White y de la del propio autor). Este anarquismo se nutre de tres ideas básicas (p. 17): el pluralismo, el anarquismo como parte integrante del presente y la preocupación por la resolución de problemas.

Sobre el pluralismo, entiende la anarquía como un espacio social en el que predominan las técnicas mutualistas y de cooperación autogestionada para responder a las necesidades y solventar los problemas de la sociedad en el presente. En ese espacio se puede entrar y salir libremente pero quien entra sabe que las personas se relacionan como iguales y trabajan cooperando para solucionar problemas. El sentido del anarquismo sería impulsar a la sociedad hacia una mayor anarquía en el mundo real, es decir, hacer más anarquistas las sociedades actuales para que las vidas mejoren aquí y ahora.

La anarquía en el presente pretende alejarse de la especulación sobre una sociedad futura para enraizarse en la vida cotidiana demostrando que las formas de autoorganización y de la iniciativa propia son más apropiadas, que las estatales y las del mercado, para afrontar los problemas y las necesidades.

Los planteamientos anarquistas pueden resolver problemas a través de modelos de solución de apoyo mutuo y de cooperativas autodeterminadas, en muchos campos, a Ward le interesa explorar estas posibilidades en la educación, la vivienda, el trabajo, el empleo, el bienestar social o la delincuencia.
Por tanto, Ward rechaza centrarse y debatir sobre objetivos infinitamente distantes (como puede ser una posible revolución total anarquista), es una buena manera de despegarse del presente y de refugiarse en un utopismo pasivo que no conduce a nada, para él es un engaño. El anarquismo debe partir de lo existente, del presente (habla, de hecho, de «liberar» el presente), por encima del rechazo total de la sociedad existente o de la prefiguración de una sociedad ideal.

Exige la centralidad del presente liberándolo del Estado y de los medios de comunicación, revalorizando lo mejor que puede haber en él: el apoyo mutuo, la solidaridad, la cooperación, el libre acuerdo, las derrotas a las actitudes dominantes y autoritarias, etc. Y es que para Ward el anarquismo es esencialmente una teoría de la organización que consiste en reafirmar al individuo y a la comunidad optando siempre por soluciones libertarias frente a las soluciones autoritarias.

Ward muestra su convicción, en la que coincide David Graeber y otras/otros anarquistas, de la preexistencia desde siempre de una sociedad anárquica, que se organiza sin autoridad y en la que la acción directa tiene un papel importante. Allí donde a lo largo del tiempo aparece una forma de actuación autónoma, antiautoritaria, solidaria, cooperativa, contraria a la dominación, etc, está la «semilla» anarquista, sean sociedades llamadas primitivas, capitalistas o socialistas. Esa es la única posibilidad de destruir al Estado y otras formas de organización autoritaria, comportándonos de otra manera, no siendo seres dependientes, consumidores, ovejas que se dejan llevar por la publicidad y los medios de comunicación. Solo si las personas rechazan ser gobernadas, adhiriéndose a los mismos valores que sus gobernantes (principio de autoridad, jerarquía y poder), se podrá destruir al Estado.

Partiendo de estas bases el libro está formado por catorce capítulos que repasan múltiples aspectos reales a partir de los cuales se puede ampliar el espacio de la anarquía: el Estado, el liderazgo, la federación, la vivienda, las familias, la educación, el juego, el estado del bienestar y otros aspectos.



[1] Colin Ward (2013): Anarquía en acción. La práctica de la libertad. Madrid, Enclave de Libros. Esta reflexión está basada en este libro.