domingo, 23 de diciembre de 2018

JOSEP MARIA ESQUIROL, La penúltima bondad. Ensayo sobre la vida humana.


Una vida sin pensamiento es posible, pero no logra desarrollar su esencia; no solo carece de sentido, sino que además no es plenamente viva. Los hombres que no piensan son como sonámbulos. Hannah Arendt, La vida del espíritu.


Este ensayo es una obra peculiar por su contenido, trata de la vida, del pensamiento y del afecto; también lo es por el estilo del autor. No es una obra filosófica al uso, plantea su “tesis” desde la primera página y a partir de ahí va desgranando sus ideas en un orden aparentemente caótico.
Esquirol insiste mucho en que no existe una sociedad ideal al final del camino que nos dará la felicidad:
No nos han expulsado de ningún paraíso. Siempre hemos estado fuera. En verdad, y por suerte, aquí el paraíso es imposible. Nuestra condición es la de las afueras.
(…)  Aquí en las afueras, vivir es sentirse viviendo (7).
Anarquía topológica (90), es un concepto atractivo que sirve al autor para afirmar que no hay centro, solo afueras en las que no existe un núcleo que se adueñe de la significación principal. Esto crea un  problema que siempre ha tenido la concepción de la anarquía: el miedo a pensar siquiera que el ser humano es capaz de vivir sin gobierno. El centro siempre es un punto de referencia organizador que, sin embargo, no existe en las afueras.
Puede que la anarquía no coincida con el caos, sino más bien con el ayuntamiento (91).
A partir de este punto de partida, Esquirol alaba lo sencillo y alerta a la sociedad de los efectos negativos si desconecta de esta. Valora mucho la generosidad, la comprensión y la fraternidad, aspectos básicos de la bondad.
Toda revolución empieza por comprender (24).
Jamás ha existido el paraíso terrenal, ni va a existir; el imaginario que trabaja en esta dirección  acaba siempre por estrellarse y por dar pie a lo contrario de lo que aspiraba (10).
Si el “paraíso” está en la misma tierra se ha de confiar en otros conceptos y en otra manera de  entender la comunidad que, según el autor, vive, dice “nosotros”, no por la homogeneidad o la semejanza, sino por la fraternidad y la diferencia. No “nosotros los iguales” sino “nosotros los diferentes” que, sin embargo, formamos una comunidad. Nosotros “nos y otros”; nosotros está constituido por la alteridad. Por eso quizás afirma con rotundidad que:
Saber recibir es una virtud (19).
El desagradecido tiene atrofiada su capacidad de sentir. Vive poco la vida, denota incapacidad para generar y falta de vitalidad. El desagradecido es egoísta, en lugar de crear comunidad, la mina.
Quien piensa y ama no solo vive, sino que es capaz de vida. Y justamente ahí radica la excelencia de lo humano (181).

jueves, 13 de diciembre de 2018

FERRER, ASCASO, DURRUTI… Y LAS MUJERES (NOVIEMBRE DE 2018)



Reproduzco mi intervención en el acto:

Estos tres hombres por todos/as conocidos se han convertido en el símbolo de la famosa cita de Proudhon, Destruam et edificaba. Destruir y edificar, una síntesis que evita que la destrucción se convierta en simple terrorismo y el edificar en construir sin un criterio de emancipación.
Por eso este año nos volvemos a reunir aquí convocadas por una admirable mujer, Antonina Rodrigo, para recordar a tres hombres cuyas muertes violentas simbolizan su lucha:
--Francesc Ferrer y Guardia. Una persona consciente de que en el anarquismo es primordial el compromiso ético, es decir, que no se pueden alcanzar unos objetivos acordes con los valores anarquistas tomando unos caminos que los contradigan. En resumen, que los fines nunca justifican los medios. Por la dimensión ética de la rebelión, que convierte la cultura y  la educación en  elementos fundamentales, fue ejecutado Ferrer y Guardia en 1909.
--La reacción de las clases populares contra el golpe de Estado de julio de 1936 llevó a Francisco Ascaso y Buenaventura Durruti a actuar en su contra y a participar en la Revolución puesta en marcha el 19 de julio. Ascaso murió el día 20 durante el asalto al cuartel de Atarazanas en Barcelona. Las milicias, el “pueblo en armas”, asumieron la lucha contra el bando insurrecto y entre quienes murieron estuvo Durruti el 20 de noviembre de 1936 en Madrid.


Pero este 2018 vengo a hablar de mujeres que estuvieron junto a estos tres hombres como compañeras de vida o que compartieron ideales, proyectos y organizaciones. La coincidencia de que los tres se unieran a mujeres francesas tan solo nos habla de la agitada vida de exilio y expatriación que sufrieron por su activismo.
--Con Ferrer y Guardia, Teresa Sanmartí, su primera pareja; la maestra librepensadora Leopoldine Bonnard; Ernestina Meunier, que le dejó una importante fortuna con la que financió diversos proyectos; y Soledad Villafranca, una mujer que se movió en los ambientes del republicanismo y del anarquismo y que fue su última pareja.
--Con Durruti, Emilienne Morin, hija de Stephen Morin, militante anarco-sindicalista. Emilienne militó en las Juventudes Sindicalistas del Sena en París y, en 1924, se casó con el anarquista Mario Cascari, del que se divorció dos o tres años después. En 1927 conoció a Buenaventura Durruti en la Librería Internacional Anarquista de París, siendo su compañera hasta su muerte.
--Con Ascaso, la anarquista francesa Berthe Faber, pareja primero del también anarquista Severin Férandel con quien llevó la mencionada Librería Internacional Anarquista de París. Después de la marcha hacia México de Férandel, se unió, también en 1927, con Ascaso hasta su muerte.
Ninguna de estas mujeres se conformó con cumplir con el papel que el discurso de género les destinaba como madres y esposas en el espacio doméstico y fueron compañeras que compartieron vida e ideas anarquistas con ellos, especialmente Emilienne Morin y Berthe Faber, involucradas ambas en el proceso revolucionario que se inició en 1936.
En la revista MMLL, Durruti estuvo muy presente puesto que, en los diez números posteriores al inicio de la guerra, hay seis  textos dedicados a su recuerdo, dos de ellos, poemas. De su compañera Emilienne Morin hay dos cartas enviadas a la revista,  la primera poco después de su muerte y la segunda publicada en mayo de 1938 (nº 12). En ella afirmó lo siguiente:
Queridas compañeras:
Sigo con inmenso interés vuestro grandioso esfuerzo para hacer de MUJERES LIBRES una de las revistas femeninas más hermosas del mundo (…)
Yo no he sido nunca feminista, el sentido que las sufragistas le han dado a la palabra; pero vuestro movimiento es verdaderamente del puro feminismo, social y humano, del que tiende a cultivar en la mujer todas sus cualidades intelectuales y morales con frecuencia ignoradas por las mujeres mismas. La mayor virtud femenina es la sensibilidad, y esta virtud (…) puede servir a las mujeres modernas y libres para convertir a nuestras hermanas, esclavas de sus propios prejuicios, en seres sanos (…), con el valor de mirar la vida cara a cara y no a la sombra masculina.
En las filas de Mujeres Libres (revista y organización) encontramos mujeres pacifistas en un contexto difícil como fue la guerra civil. Es el caso de Amparo Poch y Gascón, de la que estamos conmemorando el 50 aniversario de su muerte este 2018. Poch fue presidenta de la Liga Española de Refractarios a la Guerra, pese a que no dudo en alinearse en el bando  antifascista, afirmaba lo siguiente en 1937:
Apresurémonos a hacer una declaración: Nuestra conciencia rechaza de plano la guerra; nuestro corazón no puede admitir la violencia como razonable y justa en ninguna ocasión. Ningún acontecimiento ha hecho vacilar nuestras convicciones refractarias a la guerra y seguimos creyendo que ninguna es noble, es justa, es buena porque todas tienen, aun las que en apariencia se hacen por móviles honrados, un verdadero motivo: el poder. El poder es, según las ocasiones, la conquista de un territorio, de un gobierno, la entronización de una familia, etc. etc. Y si se trata de guerrear por el ideal..., la imposición sobre el mayor número posible de individuos, de las normas de vida del grupo vencedor. He aquí la verdad.
Esta posición recuerda a la de otra mujer, Simone Weil, que llegó a Barcelona el 9 de agosto de 1936. Como escribió más tarde, lo único que la horrorizaba  más que la guerra era permanecer en la retaguardia. Así, sin renunciar al pacifismo, no pudo evitar tomar partido por el bando en el que el sector anarquista había puesto en marcha una revolución social. Se enroló en las milicias de la CNT y fue a Pina de Ebro donde se incorporó a un pequeño grupo internacional dentro de la columna Durruti. Esto le permitió conocer de primera mano las opiniones de los y las campesinas sobre las colectivizaciones.
De esta manera cerramos el círculo que hemos abierto con los hombres que hoy homenajeamos aquí y que cerramos con las mujeres que participaron en el mismo proyecto revolucionario inspirado por ideas sindicalistas, anarquistas, feministas, pacifistas y ecologistas.
Y que mejor manera de hacerlo, para acabar, que con un poema de una mujer, Lucía Sánchez Saornil, dedicado a un hombre: Buenaventura Durruti.
Se trata del “Romance de Durruti“, publicado en la revista MMLL en marzo de 1937 (nº 7). Un romance largo del que selecciono un fragmento:
¡Durruti es muerto, soldados.
Que nadie mengüe su obra!
Se buscan manos tendidas,
los odios se desmoronan,
y en las trincheras profundas
cuajan realidades hondas
porque a la faz de la muerte
los imposibles se agotan.
---Aquí está mi diestra, hermano.
calma tu sed en mi boca,
mezcla tu sangre a la mía
y tu aliento a mi voz ronca.
Parte conmigo tu pan
y tus lágrimas si lloras.
Durruti bajo la tierra
en esto espera su honra.
Rugen los pechos hermanos.
Las armas al aire chocan.
sobre las rudas cabezas
solo una enseña tremola.
Durruti es muerto. ¡Malhaya
aquel que mengüe su obra!


lunes, 3 de diciembre de 2018

MUJERES LIBRES Y AMPARO POCH Y GASCÓN EN SU 50 ANIVERSARIO (16 francos con 29 céntimos)


Este artículo ha sido publicado en la revista Libre Pensamiento nº 96
El 50 aniversario de la muerte de Amparo Poch (15 de abril de 1968) está sirviendo para que se produzcan algunos homenajes que, aunque tardíos, resultan merecidos[1]. Este artículo no pretende hacer una biografía hagiográfica, ni siquiera una biografía convencional, solo pretende homenajearla y recordarla en el momento en que Amparo Poch hizo su apuesta definitiva por un sueño emancipatorio en el contexto de la guerra civil española y de la revolución de 1936.

Amparo Poch y Gascón (1902-1968), nacida en Zaragoza, se dedicó desde muy joven  a la poesía, la escritura y el periodismo. Debido a la oposición de su padre a que estudiara Medicina, cursó Magisterio en la Escuela Normal Superior de Maestros de Zaragoza entre 1917 y 1922. Se licenció con premio extraordinario en la sección de Ciencias. Al acabar Magisterio se matriculó en la Facultad de Medicina y se licenció en 1929 con matrícula de honor en todas las asignaturas (28 matrículas de honor). En su promoción se licenciaron 97 hombres y 2 mujeres. ​ Sus tempranas colaboraciones en periódicos, como La Voz de la Región, reflejaron sus inquietudes como estudiante de Medicina.

  
Enseguida mostró inquietudes culturales, sociales, feministas, pacifistas y ecológicas y un gran deseo de autonomía personal que la condujeron a divulgar enseñanzas esenciales sobre maternidad, puericultura, sexualidad e higiene. En sus conferencias y artículos, trataba de erradicar tabúes, miedos, sentimientos de culpa y la condena del pecado en relación con la sexualidad.

Se casó civilmente con Gil Comín Gargallo en 1932 en Zaragoza, el matrimonio duró apenas seis meses. Ejerció la medicina en Zaragoza hasta 1934, marchó a Madrid donde abrió una “Clínica Médica para Mujeres y Niños”, además de pasar consulta en la Mutua de Médicos de la CNT, del Sindicato Único de Sanidad. En Madrid se unió libremente con Manuel Zambruno Barrera y conoció a Lucía Sánchez Saornil y Mercedes Comaposada con las que comenzó un proyecto ilusionante, la revista Mujeres Libres, que sacó a la calle el primer número el quince de mayo de 1936.

La revista, de marcado carácter cultural, cambió de orientación cuando estalló el conflicto bélico y la revolución social, convirtiéndose en un periódico de combate. Este cambio en la orientación de la revista fue acompañado por una circunstancia personal relevante: la participación de Poch en el ministerio de Sanidad y Asistencia Social que encabezó Federica Montseny (noviembre 1936-mayo 1937). La ministra anarquista constituyó dos Consejos, el de Sanidad y el de Asistencia Social, organizados sobre la base sindical de Consejos Nacionales con representantes de UGT y de CNT más una Secretaría General. Poch fue nombrada para ocupar el cargo de Consejera médica al frente del Consejo Nacional de Asistencia Social (diciembre 1936-junio de 1937)[2].  Este nombramiento ocasionó su traslado de Madrid a Valencia junto con el resto de los miembros del Gobierno.

El efecto de la guerra sobre la revista fue evidente en la periodicidad, formato y extensión de la misma. Además, los artículos no aparecieron firmados en los números 4, 5 y 6 (excepto uno de Emma Goldman titulado, “Situación social de la mujer”). En el nº 7, editado en marzo de 1937, aparecieron de nuevo los nombres de las tres redactoras y los de ocho mujeres que escribieron artículos o poemas, entre ellas, pese a ostentar aún su cargo en Asistencia Social, Amparo Poch.

Este artículo, que quiero que sirva de homenaje a esta mujer libre, se centra en analizar  la obra escrita firmada de Amparo Poch en Mujeres Libres. La mayoría de sus colaboraciones en la revista (diez artículos)  aparecieron bajo el seudónimo: Dra Salud Alegre[3]. Escribió también dos artículos sobre puericultura y uno sobre amor libre aparecidos en los primeros tres números. Por último, cuatro poemas que trataban sobre la guerra y la revolución.


Sanatorio de optimismo. Doctora Salud Alegre
Esta serie de relatos trataban del mundo de la sanidad, su mundo, tanto porque el escenario era un sanatorio (“de optimismo”), como porque ella, como médica, era uno de los personajes, la Dra. Salud Alegre. Estos textos fueron elaborados desde  una óptica basada en la alegría, el humor y la ironía fina, se acompañaban de dibujos hechos a línea por ella misma con afán ilustrador.

El programa de “Sanatorio de optimismo” antes de la guerra estaba recogido en el primer relato titulado “Apertura y marcha triunfal”[4]. En este texto la Dra. Salud Alegre, narradora omnisciente en primera persona, presentaba su sanatorio como la antítesis de lo que eran los centros médicos existentes: nuevo, divinamente desordenado y lleno de luz. Presentaba su personal formado por médicos y enfermeras que repartían sonrisas, brincaban y palmoteaban, cosa inusitada en los medios sanitarios (no se percataba del estereotipo de género que alimentaba con esta división sexual del trabajo).

Los nombres de su personal eran una declaración de intenciones de lo que debería ser un sanatorio con asistencia médica humanista: el Médico-director, Dr. “Buen Humor”[5], estaba acompañado por los doctores “Buen Apetito”, “Sueño Feliz” y “Amor Humano” y las enfermeras “Eterna Ilusión”, “Fantasía” y “Risa”. Esta combinación de elementos era la fórmula infalible para curar a los/las pacientes, es decir la “Humanidad triste”, compuesta por: el celoso, el suspicaz, el pesimista, el desconfiado, el agresivo, el razonador, el egoísta, el que vacila, el tímido, el rencoroso, etc.

La Dra. Salud Alegre confiaba, para curarlos, en recursos naturales y emocionales como el sol, las estrellas, las caricias, la esperanza, las sonrisas; no confiaba en la “Razón”, que habían tenido que encarcelar porque todo lo estropeaba queriendo volver serio y reflexivo al personal del sanatorio.
El primer cliente del sanatorio fue el celoso, un hombre siempre impenitente, molesto, fastidioso, pelma, una persona que afirmaba tener el corazón muy grande[6], pero que en realidad lo que quería era atar el corazón de la otra persona. Los celos eran la consecuencia de la propiedad privada, desaparecerían con esta según el relato.

En el segundo caso tuvo que intervenir el equipo de urgencias, se trató de un mitin feminista que sin piedad era calificado como el espectáculo más lamentable que ustedes puedan imaginar. Lamentable por la reclamación de que las mujeres fueran fiscales, jueces o notarios (lo que podía suponer no atender adecuadamente a sus criaturas), cuando lo que había que hacer era suprimir esos oficios. Y lamentable porque las feministas atacaban el amor libre y defendían el matrimonio que acababa, según su parecer, con el amor y la libertad. Este caso fue un fracaso, había que aceptar, se decía en el relato, que había “enfermedades” incurables, el feminismo burgués era una de ellas[7].

El conflicto bélico cambió el programa de enfermedades a curar en el sanatorio puesto que aparecieron otras que provocaron “doña Guerra” con su cesto lleno de bombas y “doña Revolución” con su cesto lleno de cartuchos. El tono de sus metáforas mostraba a la mujer pacifista que era, comprometida durante la guerra con la Liga Española de Refractarios a la Guerra de la que fue presidenta, organización afiliada a la Internacional de Resistentes a la Guerra.

No aparecieron relatos en el momento de mayor entusiasmo revolucionario (julio- septiembre de 1936). Cuando aparecieron el cuarto y el quinto relato (marzo de 1937)  se afirmaba que “Doña Guerra” había traído muchos cambios, entre otros, la desaparición de los doctores “Sueño feliz” (la revolución en retroceso hacía dudar de ese sueño) y “Amor Humano” (la guerra hacía desaparecer tal sentimiento). La tristeza y el escepticismo se fueron adueñando de la alegre doctora, el sanatorio fue decayendo y se fue deteriorando al compás de los acontecimientos.

Los relatos que aparecieron en la etapa en que la revolución estaba en retroceso, pero se creía posible salvar algo a través de la participación en el Gobierno de Largo Caballero, hicieron referencia a dos  “enfermedades” que no eran individuales sino colectivas: la  perversión y burocratización de los comités y las nuevas bodas.

Respecto a la perversión y burocratización de los comités, el relato era muy crítico con la intervención y control del sanatorio[8] por parte de los clientes (la humanidad triste) y, en consecuencia, con el mal funcionamiento del sanatorio, ya que nadie lo limpiaba, nadie lo atendía ni se esmeraba. La burocratización era denunciada con fina ironía cuando afirmaba que el Comité número 10.084,653.926,800 de la España leal, hace sus deliberaciones en la galería de curas, de espaldas a la Vida y al Sol.

Amparo Poch estaba en el Gobierno y era consciente del exceso de comités y de su burocratización, su capacidad crítica no se evaporó por tener responsabilidades políticas. Como miembro del Partido Sindicalista, no rechazaba la acción política, por tanto, no vivió mal su integración en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, pero ello no fue obstáculo para ser crítica con los defectos que iba observando desde su privilegiada atalaya política.

Sobre las bodas en serie, el relato empezaba así: la camarada Revolución nos ha dado cuenta de su gran desconsuelo porque la gente se sigue casando, demostrando con ello que amaban las diversas modalidades de opresión (incluidas las parejas libertarias). Proponía, entonces, una fábrica de bodas que tenía que emplazarse lejos de los núcleos urbanos, que produjera como churros  ceremonias rápidas y gratuitas, bastante desdicha tienen los que van, que leyera a los contrayentes los “Mandamientos del Sentido Común”, que besaran la tricromía del Comunismo Libertario y se les tirara, con sus papeles sellados (en rojo o en rojo y negro), por un tobogán[9].

La disolución del Gobierno de Largo Caballero y la salida de los tres ministros y la ministra del Gobierno dejó claro que la revolución había sido definitivamente derrotada al igual que el Movimiento Libertario. En este nuevo contexto, las críticas de Poch se endurecieron y su alegría se fue marchitando.

Ahí estaban las críticas a las fiestas mojigatas y cuasi religiosas de Asistencia Social, su antiguo ministerio (reconvertido en Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad) ocupado por el comunista Jesús Hernández; las críticas a la incompetencia, absentismo y enchufismo de los Ministerios; y la burla del uso y abuso de los avales políticos o sindicales para cualquier cosa.

Las llamadas fiestecitas superevangélicas e infrarevolucionarias en pro de Asistencia Social, recordaban a las fiestas de los colegios purísimos de dulces monjitas, solo que ahora las organizaba el PCE, principal protagonista de la lucha en contra de la revolución libertaria y el partido que estaba alcanzando más poder dentro de los gobiernos republicanos gracias a la ayuda militar cobrada de la URSS[10].

La crítica a la incompetencia, el absentismo y el enchufismo en los Ministerios de los gobiernos republicanos le valió la censura completa de uno de sus relatos (solo quedó el título de la sección)[11].

La crítica de los avales políticos o sindicales para cualquier cosa fue también objeto de ácida burla cuando el Dr. Buen Humor quiso comprarse unos calcetines rojos con ribetes morados. La necesidad para hacer la compra de un aval llevó al cariacontecido doctor a hacer veintinueve colas en quince días. Cuando, por fin, en medio de pesadillas, consiguió el aval y fue a recoger sus calcetines, le dieron unas piltrafas de lana roja que eran los restos de los calcetines que se había comido la polilla[12]. 

Tampoco se salvaron de la crítica la Sociedad de Naciones y la supuesta mejora que podían aportar los progresos técnicos. En el caso de la Sociedad de Naciones el relato se articulaba alrededor del hecho de que al Dr. Buen Humor le había salido un bulto en la región precordial que segregaba “la credulitas confiábilis”. Le fue recetada una cura enérgica en Ginebra a base de discursos, proclamas, comités e internacionales. Aunque mejoró, no se curó hasta que no tomó un medicamento de extracto vegetal: el “escepticismus”[13].

Una dosis de escepticismo aplicó también Poch a los avances tecnológicos, en este caso el relato adoptó la forma de un viaje a Marte con formato de ciencia-ficción[14].

Artículos
Los artículos que aparecieron en la revista con su firma fueron tres,  publicados antes de la guerra. Sus temas mostraban la línea pedagógica relacionada con la salud que pretendía desarrollar y que la guerra torció: maternidad, puericultura y sexualidad.

Los dos primeros artículos trataron sobre “El recién nacido” y “El niño sano”[15], en ellos la autora, ducha en la materia por su formación como puericultora, daba pautas sobre cómo afrontar los primeros meses del recién nacido: cómo conocerlo (repasaba los cinco sentidos y el psiquismo) y cuidarlo desde sus planteamientos higienistas (dejarle dormir, alimentarle a través de la lactancia y bañarle cada día eran los consejos básicos). Aunque su dedicación a la infancia (como médica y educadora) ocupó siempre una parte importante de su vida, era partidaria del control de la natalidad (a través del uso de anticonceptivos) para separar placer de reproducción. El control de la natalidad favorecía además la maternidad consciente que conllevaba la eugenesia positiva en favor de la procreación en las mejores condiciones posibles.

El tercer artículo trataba sobre el amor libre[16]. Amparo Poch tenía una concepción  espiritual, elevada y moralista del amor, del llamado “Buen Amor”:

En el buen amor pesa tanto lo alto como lo bajo, el Pensamiento como la Carne, la Dulzura como el Deseo; y es incompleto si le falta cualquiera de estas cosas.
Pero el buen amor debía desarrollarse sin ataduras, el cuestionamiento del matrimonio era claro:
Para él se necesita plena libertad, pero también capacidad plena, pues sin ésta la primera es una ficción.
Eros fue despojado de sus alas cuando el amor se convirtió en deber con el matrimonio. El adulterio nacía del matrimonio, que es como una carcajada fresca, entre burlona y honrada, el pleno derecho a la libertad de amar…

Había sido el hombre el que había provocado que el amor descendiera a la categoría de pecado al perder la espontaneidad, la sencillez y la naturalidad del goce. La mujer debía capacitarse para evitar convertirse en un ser de instintos, carne simple, monótona y limitada.

La reclusión de la mujer en casa, quedando  excluida de la producción que daba derecho a la subsistencia, era la causante de que las mujeres dieran al hombre sus servicios privados, incluso los sexuales, (considerados como prostitución dentro del matrimonio) y a cambio defendieran su posición, preocupándose de afianzar los lazos que la unían al hombre. Y ahí nació el sentido de la propiedad de entre la pareja.

Que a las mujeres no se les reconociera su perfil de trabajadoras las situaba en el precipicio de la prostitución (marital o extramarital). Las mujeres debían romper con todos los estereotipos de mujer creados por el discurso de género (la mujer-esposa, la mujer-prostituta, la mujer virtuosa):
La Vida está harta ya de la Mujer-esposa, pesada, demasiado eterna, que ha perdido las alas…; está harta de la Mujer-prostituta, a la que ya no queda sino la raíz escuetamente animal; está harta de la Mujer-virtud, seria, blanca, insípida, muda…

Si las mujeres querían recobrar su dignidad como personas, debían cambiar radicalmente, encontrarse a sí mismas y amar sin pensar que dicho sentimiento te da derecho sobre nadie ni te hace objeto de propiedad. La clave estaba en conocer el valor del “yo” libre.

Poemas
En la revista aparecieron cuatro poemas firmados por Amparo Poch, tres  de los cuatro estaban relacionados con la guerra y  aparecieron en el nº 8 de la revista, uno sobre el bombardeo de una casa habitada por un niño y su madre, ya que el hombre estaba luchando en el frente; el segundo era un breve poema sobre la muerte de un miliciano; y el tercero, sobre la muerte de un niño que estaba jugando[17]. El cuarto poema reclamaba más trabajo y esfuerzo a las mujeres para empujar la revolución[18].
***

Amparo Poch salió al exilio en 1939 como miles de hombres y mujeres derrotadas en la guerra civil, en Francia prosiguió su labor, clandestinamente, al no poder ejercer como médica. Mientras duró la II Guerra  Mundial, vivió las penurias del exilio, dibujando pañuelos para un gran almacén, en Nimes. Tras la liberación de Francia trabajó en el dispensario del Hospital de Varsovia (en Toulouse), más tarde, ejerció en el dispensario de la Cruz Roja Española hasta su muerte. Cuando murió solo disponía en su cartilla de la Caja de Ahorros de 16 francos con 29 céntimos, todo un símbolo de la vida de una mujer libre.

Conclusiones
1ª La manera de entender la medicina que tenía Amparo Poch era plenamente moderna puesto que era una médica vocacional. Su práctica médica se basó en la implicación empática con los y las pacientes, daba mucha importancia al talante humanista de la asistencia médica (así se apreciaba en sus relatos de “sanatorio de optimismo”). Destacaba  en ella también la función educadora y divulgadora.
2º El anarquismo, con su bagaje de neomaltusianismo, higienismo y eugenesia, sustentó muchas de sus ideas junto con sus lecturas y formación académica. Su formación como puericultora le permitió hacer una tarea educadora importante para que las madres (no los padres) asumieran su responsabilidad como tales, especialmente en los primeros meses de vida de las criaturas. No olvidemos, por otro lado, que la maternidad había sido muy valorada desde las pioneras del feminismo anarquista (Teresa Claramunt y Teresa Mañé) como factor revolucionario y que los hijos y las hijas no se entendían como propiedad privada sino como un bien social con un gran protagonismo en la transformación social.
3º El control de la natalidad, el goce sexual libre de pecado y la capacitación de las mujeres para ser libres y autónomas, favorecían el “buen amor”, libre y plural.
4º No rechazaba la acción política y, por ello, formó parte de la corriente trentista y del Partido Sindicalista, aceptando su integración en el Gobierno de Largo Caballero. Esta postura, que no era la mayoritaria en la CNT, no le nubló la vista a la hora de  criticar los Gobiernos republicanos, especialmente cuando se incrementó la presencian  comunista. También fue crítica  con las contradicciones de la revolución.
5º Ella, como nadie, demostró que el humor y la ironía permitían la crítica, la denuncia y la censura sin expresarlo de manera explícita o directa, sino dándolo a entender. Precisamente de esta forma sutil mostró su desagrado hacia el uso de la violencia en la guerra desde su conocida posición pacifista.

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[1] Inauguración de una placa dedicada a ella en Zaragoza aprobada por el Pleno del Ayuntamiento, la celebración de dos jornadas de debate los días 3 y 4 de octubre en la Casa de la Mujer de la misma ciudad, la inauguración de una exposición itinerante del Institut Català de les Dones y el Memorial Democràtic en Barcelona el 17 de octubre, el homenaje dedicado a su figura por parte de CGT de Aragón-La Rioja y Grupo de Mujeres de CGT de Aragón-La Rioja el 20 de octubre de 2018, entre otros actos.
[2] De octubre a diciembre de 1936 había ejercido como médica en la Milicia, en el Regimiento Pestaña nº9. 1º y 2º Batallón. Participó también en el hospital de sangre Frontón de Recoletos montado por iniciativa del Ateneo Libertario de Delicias (CNT).
[3] Alguno de estos artículos no aparece con esta firma pero tenemos la seguridad de que forman parte de este grupo de artículos al ser publicado posteriormente en forma de folleto con el título La Ciencia en la Mochila. Sanatorio de optimismo. Publicaciones Mujeres Libres. Sección de propaganda. Barcelona, 1938.
[4] Mujeres Libres, nº 1, mayo (15), 1936, p. 4.
[5] ¿Es el alter ego de Amparo Poch? Antonina Rodrigo así lo señala (Antonina Rodrigo (2002): Una mujer libre. Amparo Poch y Gascón, médica y anarquista. Barcelona, Flor del Viento, p. 189). pero ¿por qué un hombre y no una mujer?, ¿por qué con nombre diferente? En esta presentación que hace en el primer artículo la autora indica que el Médico-director es uno de sus empleados: “Tengo un médico-director muy simpático”, Mujeres Libres, nº 1, mayo (15), 1936, p. 4.
[6] En la narración el celoso se saca el corazón que olía muy mal, despedía humo y lanzaba estallidos como si fuera una fiesta (dibujo). El celoso fue dormido por el Dr. Sueño Feliz para así suturar su corazón. Mujeres Libres, nº 2, junio 1936, p. 3.
[7] Mujeres Libres, nº 3, “Terrible fracaso”, julio 1936, p. 14.
[8] El señor visitante del sanatorio “se ha quitado la corbata y se ha puesto la toalla al cuello y se ha convertido en el camarada visitante”. Mujeres Libres, nº 7, “Controlados e intervenidos”, VIII mes de la revolución (marzo 1937), p. 7.
[9] Mujeres Libres, nº 7, “Proyecto para la creación de una fábrica de bodas en serie (Churros auténticos)”, VIII mes de la revolución (marzo 1937), p. 8.
[10] Mujeres Libres, nº 9, “Fiestecitas superevangélicas” (XI mes de la Revolución, posiblemente junio de 1937), p.3.
[11] El titulado “Miasmas ministeriales” que tenía que haber aparecido en Mujeres Libres, nº 11 (sin fecha, posiblemente noviembre de 1937), p. 46.
[12] Mujeres Libres, nº 13, “La raza esforzada del <aval>” (otoño  1938), p.11.
[13] Mujeres Libres, nº 10, “¡OOOOOOH!, Ginebra” (II año de la Revolución, julio de 1938), p.15.
[14] Mujeres Libres, nº 12, “Un viaje de placer” (mayo de  1938), p.15.
[15] Mujeres Libres, nº 1, “El recién nacido”, mayo (15) 1936, pp. 12-13; nº 2, “El niño sano”, junio 1936, pp. 12-13.
[16] Mujeres Libres, nº 3, “Elogio del amor libre”, junio 1936, pp. 12-13.
[17]Mujeres Libres, nº 8, “La casa rota”, p. 3; “Canción breve del miliciano muerto”, p. 7; “El niño asesinado. Romance pequeño”, p. 10; X mes de la Revolución (mayo 1937).
[18] Mujeres Libres, nº 7, “Mañana”, VIII mes de la revolución (marzo 1937), p. 7.