sábado, 23 de abril de 2016

"ROJAS": REVOLUCIONARIAS Y REPUBLICANAS

La proclamación de la República

La Genealogía de cien años que floreció a partir del mismo 14 de abril de 1931, cuando se proclamó la II República, había unido a las mujeres españolas de manera ininterrumpida por eslabones de sororidad. Fue el magma a partir del cual, minorías adelantadas a su tiempo, propiciaron los avances  jurídicos y políticos, que se dieron a partir de 1931.
El ambiente de fiesta popular, que caracterizó los primeros días de fervor republicano en abril de 1931, fue acompañado por la presencia de las mujeres en las calles. Presencia que fue importante numérica y simbólicamente: una de las imágenes que más vivamente evoca aquellos días de abril es la de los grupos de modistas en Madrid, paseando cogidas del brazo y engalanadas con gorros frigios y escarapelas tricolores. Esta novedosa libertad femenina, la confusión de fronteras entre lo público y lo privado y el abandono del espacio doméstico para invadir la calle y hacerse presente en los reductos de la masculinidad, incluido el Parlamento, pasaron a representar la apertura del nuevo régimen, pero también la amenaza que podía suponer para otros sectores de la población.

C/ Atocha, Madrid
La República significó, para las mujeres que luchaban por la emancipación, la esperanza de que los gobiernos recogerían las propuestas en favor de un nuevo estatus para la mujer que implicase una cultura igualitaria en el plano jurídico que tuviera repercusiones en el ámbito laboral, cultural y educativo. El nuevo régimen  desarrolló, por primera vez en la historia de España, elementos políticos definitorios de la modernidad del Estado como son la democratización, la laicidad y la igualdad de sexos. Analizar el significado de la República en la vida de las mujeres supone analizar la mezcla de cambios y continuidades que caracterizaron a la condición femenina en este breve periodo de tiempo, así como la evolución del sistema de género escindido entre tradición y modernidad.
Los políticos republicanos fueron sensibles a la situación de desigualdad jurídica vivida por las mujeres, conscientes de que la mejora de la condición femenina era un elemento indispensable de la modernidad del nuevo régimen. Por tanto, el Gobierno Provisional (abril/junio 1931) de la República y después las Cortes Constituyentes (junio/diciembre 1931) y luego ordinarias, aprobaron leyes y decretos tendentes a su integración en la sociedad civil. Estas leyes resultaron, a veces, contradictorias y paternalistas, por ejemplo las del mundo laboral (las bases de trabajo elaboradas por los Jurados Mixtos prohibían expresamente la actividad laboral de las mujeres en algunos sectores para evitar el paro masculino; la reclamación del salario familiar para que las mujeres no tuvieran que trabajar fuera de casa defendido por la UGT y el PSOE). 

CLARA CAMPOAMOR

Otras resistencias a modificar el sistema de género se manifestaron claramente cuando se trató de plasmar en el texto constitucional la igualdad de los dos sexos y, concretamente, el derecho al sufragio. Clara Campoamor, que luchó denodadamente para que se aprobara el voto para la mujer, se expresó así cuando se estaba debatiendo el tema (encontrándose con la oposición de las diputadas del Partido Radical-Socialista, Victoria Kent y la socialista Margarita Nelken) y temió que no fuera aprobado:
El primer artículo de la Constitución podría decir que España es una República democrática y que todos sus poderes emanan del pueblo; para mí, para la mujer, para los hombres que estiman el principio democrático como obligatorio, este artículo no diría más que una cosa: España es una república aristocrática de privilegio masculino. Todos sus derechos emanan exclusivamente del hombre.

Con la adopción del sufragio femenino se puede hablar por primera vez de sufragio universal, de ciudadanía femenina y de una verdadera República democrática.
Además del sufragio femenino, en el artículo 43 se aludía al modelo de familia y se establecía un modelo de matrimonio civil, laico e igualitario, además de recogerse la posibilidad del divorcio. Se equiparaba en derechos a los hijos/as habidos dentro y fuera del matrimonio. Pese a estos avances, el modelo de familia seguía siendo el de la familia tradicional puesto que el Código Civil seguía considerando al marido como representante legal de la esposa.

En resumen, pese  a las resistencias al cambio, se favoreció  la participación de las mujeres en la “res publica” y el asociacionismo político femenino creció de forma exponencial. Además, apareció el interés de los partidos hacia las mujeres, convertidas en potenciales votantes y, por tanto, también su interés hacia temas que las atañían directamente. Lo que marca este periodo, por tanto, es la ocupación por parte de las mujeres de un espacio nuevo, el espacio público, en el que se desarrollaron posibilidades inéditas para la sociabilidad femenina.

Asociaciones y organizaciones femeninas
Como hemos dicho, la entrada de las mujeres en la arena política provocó un afloramiento sin precedentes de asociaciones y organizaciones femeninas.
Algunas que ya existían incrementaron notablemente su número. Era el caso de la ANME, el Lyceum Club, la Cruzada de Mujeres Españolas o las Agrupaciones Femeninas Socialistas.
En lo que respecta a las nuevas organizaciones de carácter republicano, algunas nacieron de un impulso individual como la Unión Repúblicana Femenina, creada por Clara Campoamor o la Asociación Femenina de Educación Cívica, de María Lejárraga, fundadas recién iniciada la República.
Otras organizaciones nacieron del contacto con movimientos de carácter internacional como el filocomunista Comité Nacional de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo (1933), sección española del Comité Mundial, con sede en París, que posteriormente cambió su denominación por la de AMA (Agrupación de Mujeres Antifascista). Esta organización, adherida a la Tercera Internacional, reunió a un amplio espectro político (desde comunistas a republicanas y católicas). 
Desde el obrerismo, CNT y UGT sirvieron de espacio para que miles de mujeres se organizaran sindicalmente y batallaran junto a sus compañeros por mejorar su situación laboral, fueron para ellas auténticas escuelas de militancia en las que intentaron moverse sin dejarse amilanar por los hombres. Este fue el origen de “Mujeres Libres”, ya que su germen se dio en ciudades industriales de Cataluña antes de acabar la Dictadura de Primo de Rivera y eran grupos procedentes de los sindicatos, especialmente del textil, que se reunían para preparar previamente las reuniones mixtas. Cuando se creó en Barcelona, en 1934, el “Grupo Cultural Femenino”, las mujeres que lo componían, que procedían de  la CNT, tenían ese objetivo de fomentar la solidaridad entre ellas y adoptar un papel más activo en los sindicatos y el Movimiento Libertario. 

MERCEDES COMAPOSADA
En Madrid, Lucía Sánchez Saornil y Mercedes Comaposada, constituyeron el grupo “Mujeres Libres” y emprendieron una tarea similar pero no idéntica ya que tenían objetivos más centrados en la cultura que en el sindicalismo. No fue hasta principios de 1936 cuando los dos grupos supieron de la existencia del otro y empezaron a reunirse conjuntamente. “Mujeres Libres” no tuvo como base el oficio sino  una organización autónoma, de clase y anarquista. Se organizaron en agrupaciones de pueblo o de barriada, en las ciudades, que constituían un Comité que se coordinaba por provincias, regiones y finalmente a través de un Comité Nacional.

Llama especialmente la atención la actividad organizativa y propagandista desplegada por las mujeres católicas y conservadoras, una actividad paradójica si tenemos en cuenta que esta agitación y activismo iba en contra de sus propios principios que postulaban el hogar y el espacio privado como el lugar apropiado para la mujer. La derechista Acción Femenina Nacional, que posteriormente cambió este adjetivo por Popular, cuyo lema era “Religión, Patria, Familia, Propiedad, Orden y Trabajo” contaba en 1931 con 8.000 afiliadas. La sociedad “Aspiraciones” con 3.000 afiliadas en 1932 era antirrepublicana, antilaica, antisemita y admiradora de Hitler. En 1934 apareció la Sección Femenina de Falange de ideología fascista. Pero las más activas en los inicios de la República fueron las mujeres católicas, en particular pertenecientes a la Acción Católica de la Mujer. Los ataques republicanos a los privilegios de la Iglesia, así como las reformas que afectaban a la familia, a la educación y a la condición femenina eran interpretados por el sector católico como ofensas a la propia “personalidad femenina”. Animadas por la propia jerarquía eclesiástica se movilizaron para luchar contra la laicización y la supuesta destrucción de la familia.

La victoria del centro derecha (1933-1936) y el consiguiente cambio de rumbo ideológico, con la formación del Gobierno Lerroux, marcó un crecimiento en la toma de conciencia política de las mujeres de centro izquierda, que se acentuó a raíz del movimiento revolucionario de Asturias en 1934. En un contexto de radicalización social y política, las organizaciones femeninas tendieron a unirse con las masculinas y las posiciones se hicieron más definidas y enconadas entre las izquierdas y las derechas. En definitiva, entre 1934 y 1936, se produjo una intensa movilización de las organizaciones femeninas de centro izquierda repartida entre acciones a favor de los presos, huelgas y manifestaciones. Fue un momento de extraordinaria actividad política en el que las mujeres recibían responsabilidades y eran llamadas a participar en la lucha por parte de los hombres.

En lo que respecta a las mujeres conservadoras, el proceso es en cierto modo el inverso y se detectó un retraimiento en el activismo anterior, un cierto “regreso a lo privado”, promovido por la Iglesia y los dirigentes políticos de derechas que estaban ahora al frente del Gobierno.

Debates feministas durante la Guerra Civil


Al producirse el alzamiento militar, miles de mujeres irrumpieron en el escenario público en defensa de la República y/o de la revolución social. Durante la guerra las mujeres alcanzaron una visibilidad y un reconocimiento jamás logrado

FEDERICA MONTSENY
Algunas llegaron a desempeñar responsabilidades políticas como fue el caso de la anarquista Federica Montseny primera mujer ministra en España al detentar la cartera del recién creado Ministerio de Sanidad y Asistencia Social. Montseny nombró como colaboradoras a la Dra. Mercedes Maestre (UGT) en Sanidad y a la Dra. Amparo Poch (“Mujeres Libres” y CNT) en Asistencia Social, cuando esta se trasladó en el otoño de 1937 a Barcelona fue directora del Casal de la Dona Treballadora dedicado a la capacitación de la mujer obrera. En los pocos meses que Montseny fue ministra (nov. 1936-mayo 1937) elaboraron, entre otros proyectos, uno de Despenalización del Aborto, inspirado en el que había aprobado el Conseller anarquista de la Generalitat, García Birlán. Otras mujeres de renombre fueron la socialista y posteriormente comunista Margarita Nelken o la conocida dirigente comunista Dolores Ibarruri, Pasionaria.

DOLORES IBARRURI, PASIONARIA
No se produjo una identificación unitaria en torno a un proyecto común entre las mujeres que se movilizaron por la causa republicana, divididas ellas, como las organizaciones mixtas, entre partidarias de la revolución social y contrarias.
La AMA llegó a aglutinar a más de 60.000 afiliadas, comunistas, socialistas, republicanas y católicas vascas. Su agenda de actuación se centró en la lucha antifascista, la defensa de la paz, la cultura y la libertad. Al actuar bajo la tutela del PCE, rechazó cualquier iniciativa de transformación revolucionaria y su actividad se vio absorbida por la lucha antifascista.
“Mujeres Libres” y el Secretariado Femenino del POUM se diferenciaron de la AMA al participar en la revolución social puesta en marcha en julio de 1936 junto con la guerra civil. “Mujeres Libres” movilizó a más de 20.000 mujeres, mientras la capacidad de movilización del POUM fue mucho menor.

AMPARO POCH
“Mujeres Libres” demostró un grado de conciencia feminista muy desarrollado al cuestionar el sistema patriarcal y vincular la emancipación femenina con la transformación revolucionaria, es decir, uniendo lucha de género y lucha de clases. Con una gran modernidad de planteamientos asentó la libertad femenina a partir del desarrollo de la independencia psicológica y de la autoestima, solo factible poniendo en valor la lucha individual, la llamada “emancipación interna” de la que habían hablado Teresa Claramunt y Emma Goldman. De este modo, las mujeres se convertían en sujetos de su proceso de liberación, que no solo se basaba en la independencia económica, sino en el empoderamiento y la afirmación de la personalidad femenina.

“Mujeres Libres”, a diferencia de la AMA si luchó por su autonomía dentro del Movimiento Libertario que no fue bien aceptada por éste, desarrollándose sus relaciones en un ambiente de considerable tensión. “Mujeres Libres” pagó un alto precio por su autonomía: nunca tuvo los fondos o el apoyo organizativo que deseaban. Les fue negado el acceso a las discusiones y a los debates sobre tácticas políticas en curso, limitación que intentaron superar solicitando, a través de un Informe (con información detallada sobre la organización femenina) en el Pleno Regional del Movimiento Libertario (octubre de 1938), su incorporación autónoma al Movimiento Libertario. La solicitud fue rechazada.

El fin de la guerra civil, que tuvo, como se ha visto, un componente de género, dio lugar al franquismo que cortó de tajo violentamente una genealogía femenina de más de cien años y con ella el camino de la emancipación femenina que la II República había acelerado en el aspecto jurídico y político.

DERROTADAS PERO NO VENCIDAS...
Una de las muchas mujeres olvidadas, poeta, activista feminista, lesbiana y anarquista, decía poco antes de acabar la guerra:
Por muy derrotados que estemos no nos consideramos vencidos; y desde nuestra miseria física aún podemos mirar con desprecio la miseria moral de un ultraderechismo (…). No nos importa. El antifascismo español siente la dignidad de su misión; sabe que ha realizado una obra; que ha escrito en la historia, para ejemplo del mundo, una página cuya profunda y luminosa huella no pueden borrar los inmundos escupitajos de la chusma fascista.
Lucía Sánchez Saornil, “Indomables”, Nosotros, 9 de marzo de 1939



miércoles, 13 de abril de 2016

LA ABSTENCIÓN COMO PROTESTA


La abstención en las elecciones es una de las maneras de mostrar el desacuerdo con el sistema político que provoca una unánime condena por parte de todo el arco político. En las últimas convocatorias electorales, las personas más entusiastas con las posibilidades de un supuesto cambio político, se han mostrado especialmente agresivas con quienes se mantienen en la abstención. Poco importa que quienes se abstienen de votar, sean activistas, utilicen cualquiera de los otros derechos políticos que hacen a alguien ciudadano/a (derecho de asociación, manifestación, libertad de expresión, etc), da igual, cometen el pecado de no andar camino de la urna y depositar el sacralizado voto que da derecho después a opinar y criticar. Si no votas, no te quejes, si no votas, cállate para siempre, exclusión por incumplimiento de las obligaciones cívicas.


Este es el motivo por el que un librito de 13/9 cm escrito por José Manuel Naredo, y que lleva por título el de este texto, me llamó la atención cuando paseaba por una de mis librerías preferidas en Zaragoza, La Pantera Rosa.

¿Quién se atrevía a cometer tal pecado y proponer la abstención como propuesta? Tras hojearlo brevemente decidí llevarlo conmigo y de vuelta a Barcelona lo leí con tranquilidad en el vagón silencioso del AVE. Pese a su brevedad, me parece una invitación lo suficientemente interesante como para mezclar mis palabras con las de Naredo para exponer su propuesta de abstención y luego pensar en algunos aspectos que han emergido con el movimiento 15-M y con aquellos partidos que como Podemos y las confluencias que han patrimonializado una multitud rebelde a la que han disciplinado y controlado (o eso parece). De hecho, como ya señalé en “Apoliticismo desde el margen”,  estas organizaciones son instituciones traductoras, puesto que su capacidad de negociación está basada en traducir su control respecto a los movimientos de los que proceden.

El librito de Naredo está editado en 2014 y su propuesta de abstención se refería a las elecciones europeas que se celebraron en mayo de dicho año.

Diagnóstico político
Dice Naredo que estamos en un cambio de fase o de era política porque no se trata de cambiar un partido político por otro sino el sistema que sostiene el actual neocaciquismo democrático del que han sido instrumento y parte los partidos políticos que participaron y urdieron la “transición política”, incluida IU. Denomina a tal sistema como neocaciquismo porque los gobiernos se han comportado como administradores al servicio de lobbies y corporaciones privadas, y no como representantes de la ciudadanía.



Desde mi punto de vista el hecho de que el actual sistema político provenga de la “transición” en nada influye respecto a que los gobiernos españoles se comporten como administradores del capitalismo. Como señala Owen Jones en  Chavs. La demonización de la clase obrera,  la política se convirtió en Gran Bretaña, desde la  etapa de gobierno conservador de M. Thatcher en la década de 1980, en el coto cerrado de los ricos y sus apologistas políticos que impulsan la idea de que los de abajo merecen su suerte. Tanto el thatcherismo como el neolaborismo, a partir de Tony Blair, promovieron un áspero individualismo que afectó negativamente a la solidaridad colectiva de las antiguas comunidades de trabajadores. La izquierda no supo detener la deriva individualista y las preocupaciones particulares e identitarias que sustituyeron a los propósitos sociales comunes; la política sin idealismo se convirtió en una forma de contabilidad social: la administración de cosas y personas. Este proceso, por tanto, es general y afecta a todos los sistemas democráticos. Es cierto que en España hay lastres como el de la corrupción que vienen condicionando la política desde el siglo XIX y que convierten esa contabilidad social en un fondo de beneficios para sus gestores políticos a diferencia de otros países de más larga trayectoria democrática y con una corrupción menor.

Afirma Naredo que la crisis económica actual ha permitido recortar derechos que antes eran universales para limitarlos a quienes pueden pagar por ellos (apoyo judicial, sanidad, educación etc.) o libertades (ley mordaza, etc.), y que por ello es necesario un proceso que establezca un nuevo marco institucional que ayude a desplazar el poder y el control de la toma de decisiones de los partidos políticos hacia la ciudadanía. Para que esto ocurra tiene que ser un objetivo ampliamente sentido por la población y apoyarse en una plataforma de movimientos sociales que tuviera como meta dicho saneamiento político. Estos requisitos, según Naredo, no se dan en 2014, mucho menos en 2016, pese a que el 15-M había impulsado el proceso deslegitimador y una revitalización de la democracia desde la base.

Coincido con Naredo en que el objetivo es el desplazamiento de las tomas  de decisiones hacia la ciudadanía, pero desde que él escribió este diagnóstico político hace casi dos años, los movimientos sociales han retrocedido y la rebeldía del 15M ha constituido la fuente de influencia de los nuevos partidos (Podemos y confluencias), que como auténticos parásitos de la rebeldía espontánea han transformado ese caudal en votos y en poder dentro de las instituciones, desmovilizando a la ciudadanía o integrándola en dichas instituciones.

Objetivos
Advertía Naredo que si el movimiento se consideraba como mera plataforma para la acción frente a las agresiones del sistema (…) está abocada a trabajar para partidos políticos existentes o a formar otros nuevos. Si así ocurría, la política electoral del movimiento conduciría a pedir el voto para los partidos a los que implícitamente serviría. Describe Naredo con acierto la situación actual, puesto que los movimientos sociales no han sido capaces de construir una estrategia y unos objetivos propios. Para cambiar el modelo de Estado hacia una democracia más real (más participativa y solidaria) había que hacer uso del mecanismo electoral para conseguir la mayoría suficiente que permitiera abrir un proceso constituyente. Como Naredo daba por hecho que no era factible lograr dicha mayoría era necesario posibilitarla forzando el proceso deslegitimador del status quo que impulsando movimientos sociales fuertes y coordinados en una amplia plataforma electoral consiguieran dicha mayoría.

Es cierto que las plataformas electorales se han formado, en este sentido las propuestas son múltiples y fragmentadas territorialmente, pero los movimientos sociales fuertes se han ido perdido por el camino. Auguraba acertadamente Naredo que si no se construían esas plataformas sociales con objetivos y estrategias propias, la creación de partidos, y, añado yo, confluencias varias, antes de reforzar la mencionada plataforma de movimientos sociales, sería como poner al carro delante de los bueyes, al desactivarla derivando activistas y esfuerzos hacia los actuales teatros electorales y parlamentarios.

Naredo considera que hay un objetivo común (¿al 99%?) que es establecer ese marco institucional más propicio a buenas prácticas acordes con una democracia más transparente y participativa. Un objetivo que me parece ingenuo puesto que pretende que es posible dentro del sistema capitalista actual un gobierno que no actúe con opacidad y teniendo en cuenta a la ciudadanía, que impulse el debate en los órganos deliberativos del Estado y que incentive las iniciativas ciudadanas de participación,  control y legislación. Tras lo ocurrido en Grecia con Syriza, cuando ganó las elecciones y pudo formar Gobierno en enero de 2015, me parece que, como recientemente ha señalado Varoufakis, se puede llegar al gobierno pero no al poder y mucho menos si fuera de las instituciones no existe un movimiento social potente que posibilite políticas valientes que se enfrenten a la troika europea y al boicot de los poderes económicos.

Abstención como protesta
La abstención que plantea Naredo es coyuntural, o táctica como dice Carolina Bescansa, claro que según esta diputada de Podemos, las tácticas no son políticas, solo lo son las estrategias (no he podido evitar el chascarrillo y la insustancialidad de las declaraciones de la diputada de Podemos). Volviendo a Naredo, la propuesta de abstención tendría como finalidad socavar la credibilidad del sistema y hacer que la ciudadanía despierte tomando conciencia de su fuerza y de fortalecer el propio movimiento social.

La abstención activa tiene un contenido de rechazo al sistema político, una forma de decir “no” al sistema subrayando la necesidad de reformarlo para establecer un sistema nuevo que propiciara las buenas prácticas políticas. La abstención podría tener una influencia preelectoral ya que los partidos para animar a los votantes tendrían que incluir entre sus programas y promesas algunas de las exigencias de la campaña abstencionista. En segundo lugar tendría una influencia cierta sobre los potenciales votantes, al incentivar su sentido crítico sobre los males del sistema político   y sobre los partidos que más han contribuido a alimentarlos. Además, la abstención evidenciaría el triunfo del “no” en este hipotético “referéndum antisistema político” y ayudaría a consolidar y reforzar el propio movimiento social. La abstención puede considerarse como un acto de desobediencia civil consciente al desobedecer al sistema cuando busca ser refrendado por el voto.



En conclusión, la abstención propuesta por Naredo no es un objetivo de fondo ni una estrategia, sino una opción táctica adaptada al momento actual. Naredo realiza, desde mi punto de vista, un salto en el vacío cuando hace esta afirmación y pocas líneas después afirma que más allá del marco institucional y la forma de gobierno, una sociedad será más o menos democrática en la medida en la que cuente con un mayor desarrollo comunitario que amplifique las relaciones, los contactos y la implicación de las personas en los asuntos públicos.

¿Qué relación tiene esta dimensión comunitaria, esta sociedad más viva y participativa con las prisas electorales? Naredo mismo contesta que en esa dimensión comunitaria no hay atajos ni golpes de sombrero políticos para conseguirlo. Totalmente de acuerdo. Quizás por ello la abstención puede ser un objetivo de fondo que puede ser interrumpida momentáneamente para dar una vuelta de timón favorable a los movimientos sociales que son quienes deben mantener el protagonismo, única garantía de que esa dimensión comunitaria no sea fagotizada por la dinámica electoral.

domingo, 3 de abril de 2016

JACQUES BAYNAC, Mayo del 68: la revolución de la revolución. Prólogo de TOMÁS IBÁÑEZ

No he leído el libro de Baynac, cosa que espero hacer en un plazo corto de tiempo, pero sí el prólogo de Tomás Ibáñez que, con su consentimiento, publico para animaros a buscar el libro.



La vida de Tomás Ibáñez está marcada por el anarquismo desde su infancia: hijo del exilio libertario en Francia, participó en los años 60 en los circuitos estudiantiles anarquistas cuando aún casi nadie se atrevía a cuestionar la hegemonía del Partido Comunista. En Mayo del 68, integrado en el Movimiento 22 de Marzo junto a compañeros anarquistas como Daniel Cohn-Bendit o Jean-Pierre Duteuil, se sumerge en la cotidianidad de los acontecimientos hasta que es detenido el 10 de junio y confinado en destierro por su condición de refugiado político. En 1973 volvió a España y participó en los fracasados intentos de reconstrucción de la CNT. Autor de referencia para las corrientes libertarias en España y el extranjero, ha enriquecido los planteamientos anarquistas básicos con las aportaciones del post-estructuralismo francés y, muy en concreto, de Michel Foucault. La trayectoria de Tomás Ibáñez es de enorme valor, porque rompe con la idea dominante que quiere hacernos ver a todos los protagonistas del 68 atrapados en la alternativa entre arrepentimiento, normalización, cinismo y/o autodestrucción. Y su pluma trabaja siempre para que la historia sea memoria viva y no lengua muerta, catapulta y no ancla, presente y futuro, no sólo pasado.

PRÓLOGO 
Por muy intenso que pueda ser nuestro deseo de que Mayo del 68 vuelva a acontecer algún día, de bien poco sirve alimentar la nostalgia de lo que nunca volverá a ser. La irreductible singularidad de aquel evento lo ha anclado firmemente en la historia convirtiéndolo en un episodio absolutamente irrepetible. Pero, cuidado, afirmar que Mayo del 68 no puede acontecer nuevamente no implica, ni mucho menos, que haya dejado de latir con fuerza en nuestro presente, ni que sus efectos se hayan extinguido con el paso del tiempo.

Definitivamente irrepetible, Mayo del 68 se reinventa, sin embargo, en cada gesto de colectiva rebeldía, desde la Selva Lacandona hasta la Plaza Taksim, pasando por Notre Dame des Landes, o por las abarrotadas plazas del 15M, entre muchos otros lugares. Pero, vayamos con cuidado, también en este caso, porque, decir que Mayo del 68 se reinventa en ocasiones, no significa que no presente notables diferencias con sus variadas reinvenciones.

Son esos extremos los que me gustaría abordar aquí, a modo de personal y fraternal homenaje al gran libro que Jacques Baynac nos ofrece. Sin duda, uno de los mejores que jamás se hayan escrito al respecto.

Mayo del 68 forma parte de esos raros eventos históricos que están dotados de la suficiente magia para espolear la imaginación, encender deseos y hacernos soñar.

Acontecimiento absolutamente inesperado, Mayo no solo causó una enorme estupefacción en el mundo entero sino que dejó atónitos a sus propios protagonistas. Nadie había imaginado que algo semejante pudiese ocurrir en aquel periodo que era relativamente prospero, y en aquel país que era tan apacible que hasta podía resultar aburrido.

Es más, lo que entonces estaba ocurriendo seguía siendo inimaginable y desconcertante para nosotros mismos en el atardecer de cada día de lucha, y en el misterio que envolvía cada amanecer de un continuo combate (1).

La magia de Mayo nos transformó hasta el punto de que nunca volvimos a ser los mismos y su impronta fue tal que para muchas de las personas que lo vivimosMayo nunca concluyó del todo, como así queda reflejado en el espléndido libro La libreta francesa. Mayo del 68, escrito por la entonces veinteañera Emma Cohen(2) que decidió fugarse del entorno familiar para sumergirse integralmente en las turbulencias de Mayo.

Para quienes lo vivimos intensamente resulta imposible hablar de Mayo desde cualquier otro registro afectivo que no sea el de la pasión. Es esa pasión la que aflora en cada línea del relato que nos ofrece Jacques Baynac, un relato que narra, desde dentro y con suma precisión, lo sucedido durante los acontecimientos (3), rescatando con incuestionable acierto tanto el extraordinario ambiente que hizo la singularidad de Mayo, como los novedosos contenidos políticos que lo agitaron.

En lo que sigue, trataré de contener mi propia pasión, absteniéndome de reincidir sobre un relato cronológico magníficamente elaborado por Jacques Baynac, limitándome a desarrollar dos aspectos. Por una parte, intentaré complementar, a mi manera, algunas de las claves ofrecidas en el libro para acercarnos a lo que fue Mayo del 68 y, por otra parte, intentaré enlazar la experiencia de Mayo con el momento presente.


Se ha escrito que 1968 fue “el año que conmocionó el Mundo” y, en efecto, Mayo del 68 participó plenamente de un contexto internacional sumamente ajetreado. En los primeros meses del año se sucedieron las espectaculares y violentas manifestaciones de los Zengakuren (4) en Japón, las ocupaciones de edificios universitarios en la Universidad de Columbia, las movilizaciones contra la Guerra del Vietnam, particularmente intensas en Berkeley, que culminaron en agosto con el multitudinario y tumultuoso asedio, liderado por Jerry Rubin, a la Convención Nacional Demócrata en Chicago. A principios de marzo la “Batalla de Valle Giulia”, en Roma, se saldó con 400 heridos, mientras que el 17 de ese mismo mes 30.000 jóvenes protagonizaron una batalla campal delante de la Embajada estadounidense en Londres, y el 22 de marzo un explosivo cóctel de anarquistas, trotskistas, maoístas y situacionistas ocupó el edificio administrativo de la Universidad de Nanterre.

Poco tiempo después, el 4 de abril, se produjo el asesinato de Martin Luther King, y el día 11 Rudi Dutschke resultó gravemente herido de bala en Berlín, lo que desató manifestaciones en toda Europa. También convendría añadir a todo lo anterior la radicalización, en Estados Unidos, de los movimientos por la igualdad racial con los Black Panthers y el Black Power, los ecos (finalmente engañosos) de la Revolución Cultural china, las exigencias de libertad que llegaban desde Praga o desde Varsovia, la seducción ejercida por las guerrillas latinoamericanas, el éxito multitudinario de las marchas anti-nucleares organizadas en semana santa y un largo etcétera.

Enclavada en ese turbulento contexto, la potente deflagración que representó Mayo del 68 superó, con mucho, el eco de los restantes eventos del año 1968 introduciendo, además, una diferencia importante. En efecto, las movilizaciones que sacudieron el mundo a lo largo de ese año especialmente convulso se articulaban en torno a reivindicaciones bien concretas y precisas. Sin embargo, aunque la protesta que se extendió por Francia aludía, ella también, a aspectos reivindicativos concretos, fueron unas exigencias de carácter mucho más general las que anidaban en sus motivaciones más profundas. Como dice Jacques Baynac, lo que latía en las energías dinamizadoras de Mayo era una sed de libertad en todos los planos y, más allá de tal o cual aspecto particular, lo que cuestionaba Mayo era directamente el tipo de vida, gris y vacío, que ofrecía el sistema. Una vida que no era vida sino simple y mortífera rutina (5). Ciertamente, Mayo no conquistó el Poder, pero consiguió politizar espacios, lugares, personas, instituciones, procesos… así como la propia palabra y el quehacer cotidiano, mostrando que la pasividad y el aislamiento se pueden romper.

Su radical inconformismo, su llamativa vertiente transgresora y creativa hicieron que, lejos de agotarse en una mera protesta, Mayo del 68 abriese vías de innovación y de cambio en múltiples ámbitos, a la vez que declaraba caducos buen número de esquemas heredados. Fue así, por ejemplo, como los latidos de Mayo hicieron fluir expresiones libertarias por doquier, arrancándolas fuera del exiguo gueto donde moraban, y proyectándolas repentinamente sobre las multitudes para que la gente se las apropiase y las reinventase a su modo. Quizás fue por eso por lo que la cuestión de la toma del poder nunca se planteó como una exigencia principal.

Mayo del 68 se considera a veces, y no sin cierta razón, como una revuelta eminentemente estudiantil. Sin embargo, con independencia del indudable protagonismo de los sectores estudiantiles, fueron en realidad las ocupaciones de fábricas las que inyectaron en Mayo las energías que le permitieron subsistir más allá de la primera noche de las barricadas, y fueron los millones de trabajadores en huelga quienes potenciaron la resonancia, tanto en intensidad como en duración, que tuvo Mayo en lo más hondo de la sensibilidad antagonista. Fue lo que ocurrió en el mundo del trabajo lo que confirió a Mayo su dimensión de auténtico acontecimiento histórico, una dimensión que difícilmente hubiese alcanzado si se hubiese quedado en un simple asunto de estudiantes.

Desde el lugar privilegiado que le brindaba su activa participación en los Comités de Acción Trabajadores-Estudiantes (CATE), cuya asamblea general y cuya comisión coordinadora, permanentemente abierta a todos, se reunían en el recinto universitario de Censier, Jacques Baynac relata de primera mano el proceso, no de simple alianza, sino de auténtica fusión, que se dio entre ciertos sectores estudiantiles y determinados sectores de trabajadores estando ambos sectores fuertemente comprometidos con el rechazo de cualquier forma de vanguardismo, de verticalismo y de burocratización.

Pese a los denodados esfuerzos de las centrales sindicales para levantar un muro infranqueable entre los estudiantes y los trabajadores, no cabe duda de que en el ánimo de los jóvenes trabajadores que emprendieron las acciones más decisivas también latían, de forma más o menos confusa, y por encima de las reivindicaciones laborales particulares, la misma sed de libertad y la misma insatisfacción global con la vida impuesta por el sistema, que animaban al conjunto del movimiento de Mayo. Fueron esa motivaciones las que les impulsaron a llevar a cabo las primeras ocupaciones de fábricas, los secuestros de directivos, y las que alentaron su decidida presencia en las barricadas o en los choques contra la policía.

Haciendo eco a las acusaciones de aventurerismo que se lanzaron entonces contra aquellos jóvenes trabajadores y contra los estudiantes más comprometidos con las luchas de Mayo, también se expresaron posteriormente fuertes críticas hacia la improvisación reinante, hacia la espontaneidad de las actuaciones, hacia la ausencia de precisos mapas de navegación y de detalladas hojas de ruta. En esa línea se argumentó (y algunos siguen argumentando hoy) que si el movimiento hubiese contado con un proyecto claro, con unas metas preestablecidas y con unas sólidas estructuras organizativas, se hubiese podido encauzar las energías en una dirección que le habría permitido derrotar el enemigo.

Sin embargo, lo  que esta forma de plantear las cosas no alcanza a entender es que fue, precisamente porque carecía de todos esos elementos, por lo que el movimiento pudo ir avanzando hasta donde llegó, que no fue poco, en lugar de haberse estancado en sus primeros pasos. El movimiento pudo progresar hasta topar, finalmente, con sus límites porque fue construyendo su proyecto sobre la marcha: un proyecto que no preexistía al inicio de la movilización, sino que se construía, se rectificaba y se formaba en el seno del hacer cotidiano. Fue ese hacer haciendo el que dio vida al movimiento y le permitió ir sorteando con inventiva, uno tras otro, los obstáculos que iban surgiendo en su camino.

De hecho, Mayo clausuró cierta forma de entender la revolución y eso enlaza con algunos de los planteamientos expresados por el Comité Invisible (6) en su último libro. Unos planteamientos que podemos reformular de la siguiente manera: el sujeto revolucionario no preexiste a la revolución, se constituye en el seno del proceso revolucionario, resulta de ese proceso, porque es la revolución quien lo crea a partir de su propia andadura.

En este sentido, fueron los propios sucesos de Mayo, las prácticas que allí se desarrollaron, las fórmulas que en su devenir se idearon y se expresaron, los que dieron cuerpo a un multitudinario y variopinto colectivo que no existía en lugar alguno antes de que los acontecimientos lo fuesen construyendo y fuesen acuñando sus señas de identidad. Lo sucedido el día 3 de mayo fue paradigmático a este respecto.

En efecto, el 3 de mayo se puede considerar como el inicio real del Mayo del 68 porque fue el momento en el que el enfrentamiento saltó fuera de los recintos universitarios para expandirse por las calles de París y empezó a adquirir, desde ese mismo instante, algunas de las características que lo fueron definiendo. Ese día los dirigentes, los principales militantes y las fuerzas de choque de las organizaciones estudiantiles estaban confinados en el patio de la Sorbona, cercados por un impresionante despliegue policial. Se ha comentado que fue precisamente esa circunstancia la que permitió que la revuelta pudiese prender con tanta fuerza en las calles del Barrio Latino.

Los escasos militantes que habían conseguido salir de la Sorbona se afanaban en calmar los ánimos, en intentar tomar el control de la situación y en prevenir contra las nefastas consecuencias de provocar a la policía. Sin embargo, carecían de fuerza para interponerse: la gente reaccionaba desde su sensibilidad, sin consignas, ni directrices, ni encuadramiento... Y ocurrió que, sin proponérselo, la gente la armó.

La reacción de las personas que circulábamos esa tarde por el Barrio Latino introdujo en el corazón de la lucha, desde el inicio, algo que no podía equipararse a una mera reivindicación porque se expresaba en términos de una exigencia ética: la solidaridad activa con los detenidos. También situaba en el corazón de la lucha la acción directa, sin mediaciones, y la autoorganización y, sobre todo, no se pedía que las instituciones accedieran a una determinada demanda, sino que el multitudinario grito de “liberad a nuestros compañeros”, era más un grito de guerra que una reclamación. Se actuaba contra los furgones policiales para liberar a los compañeros, no para pedir su liberación. Por fin, también se manifestaba una característica que marcaría todo el proceso de Mayo: la férrea determinación de unas personas que se mostraban decididas a poner su cuerpo, todo su cuerpo, en la lucha. Los más de 500 detenidos de esa increíble tarde-noche del 3 de mayo, o los más de 800 heridos del día 6 lo atestiguan sobradamente, pocos días antes de que estallase la famosa noche de las barricadas y sin esperar a la dantesca noche del 24 de mayo cuando París vivió unas escenas de auténtica insurrección.

No deja de ser llamativo que, pese a la extrema violencia de los enfrentamientos, solo se produjeran contadísimas víctimas mortales. La suerte estuvo, sin duda, del lado de los contendientes. Sin embargo, hay que precisar que, cuando poco a poco se fue restableciendo la normalidad, fueron muchos y muchas quienes no soportaron la perspectiva de renunciar a las promesas de Mayo. No pudieron resignarse a seguir viviendo como antes y se quitaron la vida, de una forma u otra, en las semanas, en los meses, o en los inmediatos años posteriores. Eso nos permite intuir cuál fue la pasión que engendró Mayo del 68, cuál fue la intensidad de las vivencias que suscitó, el entusiasmo que logró despertar y la fuerza con la cuál cambió, en cuestión de muy pocos días, unas historias de vida que parecían escritas de antemano y definidas de una vez por todas, con el trabajo, el consumo y la crianza de los hijos como único horizonte de sus deseos.

Quizás sea esa misma intensidad de las vivencias la responsable de que siempre nos produzca cierta sorpresa que se pueda hablar del fracaso final de Mayo del 68. De hecho, no parece muy procedente enjuiciar un acontecimiento en términos de éxito o de fracaso. Esas valoraciones solo se pueden aplicar, con propiedad, a un proyecto que se diseña para alcanzar tal o cual resultado, o a una acción que se emprende con tal o cual finalidad. Mayo del 68 no cayó del cielo, claro, respondió a determinadas causas, pero la realización de un proyecto no figuró entre ellas. Mayo fue, literalmente, un acontecimiento, es decir, una creación en el sentido estricto de la palabra, algo que no estaba precontenido en ningún momento anterior a su aparición. El éxito de un acontecimiento es, simplemente, el de haber acontecido, y su fracaso sería el de no haberse producido. Mayo del 68, simplemente, aconteció y ese es su incuestionable éxito a la vez que su indescifrable misterio, donde el papel del azar y de la concatenación de casualidades fue fundamental.

Interesarse hoy por Mayo del 68 no se reduce a rememorar lo ocurrido hace casi 50 años, no consiste en deslizarse por el registro discursivo de la memoria y del recuerdo, sino que encaja en el esfuerzo por intentar entender mejor nuestro aquí y ahora. La razón por la cual, reflexionar sobre Mayo del 68, no es tanto contemplar el pasado como pensar el presente, es bien sencilla: ciertos acontecimientos suceden, irrumpen con mayor o menor fuerza en una determinada situación histórica y, luego, se difuminan y desaparecen, dejando su memoria como único legado.

Sin embargo, otros acontecimientos marcan un antes y un después. Cuando eso ocurre, el acontecimiento excede su memoria, la desborda y se prolonga en lo que le sucede en el tiempo. Mayo del 68 es un acontecimiento de ese tipo: cierra una época y abre otra y, como resulta que la época que abrió aún no se ha cerrado, aquel evento sigue afectando nuestro tiempo en mayor o menor medida.

En tanto en cuanto lo que está aconteciendo actualmente en el territorio español mantiene una estrecha relación con lo ocurrido a partir del 15 de mayo de 2011, no resisto la tentación de retomar aquí, en su literalidad, algunos fragmentos de lo que publiqué en la revista Archipiélago (7) en 2008. Es decir, tres años antes de que se ocupasen las plazas:

(…) Mayo nos enseñó… que las energías sociales necesarias para hacer surgir potentes movimientos populares, y para hacer brotar prácticas antagonistas de cierta intensidad, surgen desde dentro de la creación de determinadas situaciones, no les preexisten necesariamente. No es que esas energías se encuentren en estado latente, y se liberen cuando lo permiten las situaciones creadas, es más bien que esas energías se engendran, se constituyen, cuando se crean esas situaciones.
Se trata, por lo tanto, de unas energías que pueden aparecer “siempre”, en cualquier momento, aunque en el instante inmediatamente anterior no existan en ningún lugar.
Aprendimos que, a menudo, esas energías sociales se forman cuando “lo instituido” queda desbordado, cuando se sustrae un espacio a los dispositivos de poder, y se vacía ese espacio del poder que lo permea. Cuando se consigue, en definitiva, crear un "vacío de poder". La creación de ese tipo de situaciones hace que las energías sociales se retroalimenten a sí mismas: van perdiendo fuerza y, de repente, vuelven a crecer como ocurre con las tormentas.
Por ejemplo, subvertir los funcionamientos habituales y los usos establecidos, ocupar los espacios, transformar los lugares de paso en lugares de encuentro y de habla, todo eso desata una creatividad colectiva que inventa de inmediato nuevas maneras de extender esa subversión y de hacerla proliferar.
(…) Mayo volvió a recordarnos, pero con especial intensidad, que los espacios liberados engendran nuevas relaciones sociales, que crean nuevos lazos sociales y que, en comparación con los lazos previamente existentes, esos se revelan incomparablemente más satisfactorios. Las personas experimentan entonces el sentimiento de que viven una vida distinta, donde gozan de lo que hacen, descubren nuevos alicientes, y se lanzan a una profunda transformación personal en muy poco tiempo, como si interviniese un proceso catalítico extraordinariamente potente.
La gente se conciencia y se politiza en cuestión de días, y no superficialmente sino profundamente, con una rapidez que resulta propiamente increíble.
(…) Mayo nos mostraba que son las realizaciones concretas, aquí y ahora, las que son capaces de motivar a la gente, de incitarle a ir más lejos y de hacerle ver que otras formas de vivir son posibles. Pero también nos advertía de que para que estas realizaciones puedan acontecer, la gente necesita, imperativamente, sentirse protagonista, decidir por ella misma, y es cuando es realmente protagonista, y cuando se siente efectivamente como tal, cuando su grado de implicación y de entrega puede dispararse hasta el infinito.

¿Acaso no fue eso lo que ocurrió efectivamente en las plazas en mayo de 2011 como ya había ocurrido en Mayo del 68? Cuando volvemos nuestra mirada hacia el movimiento que empezó a tomar cuerpo en mayo de 2011 es fácil reconocer en él varias de las características que mencionaba en aquel artículo. Sin embargo, si un acusado aire de familia entre Mayo del 68 y Mayo del 2011 fue perceptible mientras el Movimiento 15M se iba construyendo, no cabe decir lo mismo cuando se considera la ulterior evolución de una parte sustancial del 15M y lo que hoy acontece en el escenario político español


Volveré inmediatamente sobre ello, pero antes quiero mencionar algunas de las diferencias que se pueden apreciar entre el Mayo del 68 y el Mayo del 15M, por encima del mencionado aire de familia que les une y guardando todas las proporciones.

Por ejemplo, la cuestión de la violencia recibió en cada circunstancia un tratamiento bastante dispar. Es cierto que, tanto en el 68 como en el 2011, las instituciones y los medios de comunicación magnificaron los destrozos y los actos de violencia callejera, atribuyendo toda la responsabilidad a los manifestantes. Sin embargo, por parte de los actores de uno y otro Mayo la actitud hacia la violencia fue bastante distinta. Nadie, en ninguno de los dos casos la justificó o la pregonó, pero en Mayo del 68 no se criminalizó sistemáticamente su uso sino que, frente a la violencia de los cuerpos represivos y de las instituciones, la violencia de la correspondiente respuesta gozó de cierta legitimidad y se ejerció efectivamente. No solo no se rehuyó el enfrentamiento sino que, en determinadas ocasiones, como por ejemplo, en la noche de las barricadas, se preparó deliberadamente y concienzudamente la resistencia violenta frente a la más que previsible intervención policial. No ocurrió nada parecido en las plazas del 15M. La excepción fue, quizás, el bloqueo del Parlament de Catalunya en Barcelona, con unas consecuencias que aún colean.

Otra diferencia tiene que ver con la proliferación de los focos de activismo y con la extensión de las ocupaciones. Es cierto que el 15M acabó por emigrar hacia los barrios. Sin embargo, eso aconteció en París al día siguiente de los primeros enfrentamientos. Es decir, el 4 de mayo se lanzó un llamamiento para crear los Comités de Acción en todos los barrios y en los centros de trabajo a fin de esparcir y de multiplicar los focos de agitación. Así mismo, el movimiento de ocupaciones fue apoderándose de nuevos edificios donde se instalaron colectivos dispuestos a desarrollar de forma autónoma nuevas iniciativas.

Una tercera diferencia tiene que ver con la extensión al mundo del trabajo. Es cierto que muchos trabajadores acudieron a las plazas del 15M, pero esa incorporación de los trabajadores al Movimiento no supuso la incorporación del Movimiento a los centros de trabajo, como sí ocurrió en Mayo del 68 aunque en una medida insuficiente.

Ahora bien, cuatro años después del inicio del 15M las diferencias con Mayo del 68 se han ampliado de manera considerable si tomamos como punto de referencia la organización Podemos y las diversas alianzas que se han constituido para llevar los movimientos sociales a la conquista de las instituciones.

Mayo del 68 nunca se planteó seriamente la toma del poder. Su inclinación pasaba, más bien, por disolver el poder o por cortocircuitarlo. Mayo quería cambiar la vida y para ello había que salir del capitalismo, lo cual suponía creer en la exaltante posibilidad de hacer la revolución. Hoy, el componente utópico de Mayo ha dejado paso a un fuerte realismo [
pragmatismo] político y la aspiración consiste en regenerar tanto la política como la democracia y humanizar el capitalismo, lo cual supone conquistar el poder político, tomar las instituciones o, por lo menos, conseguir una presencia en su seno que permita enderezar su rumbo. La apuesta institucional ha sustituido la convicción de que hay que desertar de las instituciones.

Dicho de forma abrupta: Mayo del 68 pretendía abolir lo existente y trabajar para su radical mutación. Hoy se trata de regenerar lo existente.

La actitud hacia las elecciones resulta paradigmática. Cuando el General de Gaulle convocó las elecciones, la respuesta consistió en denunciarlas como una trampa para tontos (8). Sin embargo, hoy todo se fía a ganar los comicios.

Conviene recordar que Mayo también fue importante por todo aquello que declaró obsoleto, por los caminos que clausuró, por las prácticas de lucha, por los modelos organizativos y por las concepciones políticas que descalificó. Frente a aquellos planteamientos, quién no ve que Podemos significa una regresión a las concepciones anteriores a la explosión de Mayo del 68, poniendo a su servicio, eso sí, las tecnologías las más avanzadas. El diseño, entre unas pocas cabezas pensantes, de una estrategia para avanzar hacia la hegemonía política, la construcción de una potente máquina de guerra electoral, y la adhesión a una cúpula dirigente carismática, son algunos de los elementos donde afloran las trazas de vanguardismo y de rancio leninismo presentes en esa organización de nuevo cuño. Salvo que sea sorprendentemente ingenua, la voluntad de construir unos instrumentos realmente eficaces para conquistar poder político institucional no puede ignorar que está aceptando adentrarse en la vía de las inevitables concesiones, de los pactos y de un sinfín de renuncias que solo pueden servir para fortalecer el status quo, remozándolo. No cabe duda, parte de la herencia del 15M se sitúa hoy en las antípodas de lo que fue Mayo del 68, y basta con leer el libro de Jacques Baynac para convencerse plenamente de ello.

Contrariamente a lo que había anunciado, parece bastante claro que no he conseguido contener del todo mi pasión a la hora de escribir este prólogo. Lo siento, pero es como si un insaciable deseo de Mayo siguiese soplando persistentemente en el viento…
Tomás Ibáñez

Barcelona, junio de 2015

NOTAS:  
 
1. “Ce n’est qu’un début, le combat continue” (“Esto es tan solo un inicio, el combate prosigue”), fue uno de los lemas que más se gritaron durante las manifestaciones de Mayo, incluso cuando el combate ya tocaba a su fin.
2. Emma Cohen. La libreta francesa. Mayo del 68. Castellò de la Plana: Publicaciones de la Universitat Jaume I, 2010.
3. “Les événements” era la expresión con la que todo el mundo se refería a lo que sucedía entonces en Francia.
4. Federación Japonesa de Asociaciones Estudiantiles.
5. “Metro, boulot, dodo” (“Metro, curro, catre”) fue el lema que se usó para caracterizar la rutina de esa vida que no es vida.
6. Comité Invisible. A nuestros amigos. Logroño: Pepitas de Calabaza, 2015.
7. Tomás Ibáñez. “Más allá del recuerdo, pero muy lejos del olvido”. Archipiélago, nº 80-81, 2008, 131-136.
8. “Elections piège à cons” (“Elecciones trampa para tontos”).