jueves, 23 de marzo de 2023

«A mi aire»

 Hacía tiempo que no abría paso a esta sección más ligera, así que aquí está de nuevo


«A mi aire» (6 octubre)

La posibilidad real de un ataque nuclear controlado por parte de Rusia me provoca escalofríos, especialmente por la población ucraniana, pero también por toda Europa. ¿En qué escenario nos situaría algo así?

Aporta dosis de pesimismo (no sé si es posible más) a mi percepción de la izquierda silente ante la agresión rusa y las protestas de los hombres llamados a filas y su entorno.

No sé cómo bailar «a mi aire» ante el panorama que nos rodea.

«A mi aire» (13 octubre)

Me doy cuenta de que los últimos «a mi aire» han tenido un tono pesimista, desolado, lleno de incertidumbres, «líquido» …

Me gustaría pensar que es posible revertir la sensación de «pérdida del norte» que me invade por momentos, descabalgar el peso del futuro que veo sombrío y que el bienestar y la armonía que siento cuando veo amanecer perdure más allá de un fugaz instante. 

No sé si seré capaz, pero que no desaparezcan esos instantes en que recupero la vida «a mi aire».

«A mi aire» (20 octubre)

Cuando puedo ir a caminar temprano acostumbro a salir de casa hacia las 7:00 h. Ahora es de noche, no amanece hasta una hora después.

En casa me dicen que dónde voy de noche…

¿Cómo puedo explicar que me gusta caminar cuando aún es de noche y ver emerger el sol del mar? No me canso nunca de ver ese espectáculo. ¿Cómo explicar que me gusta caminar por calles y espigones solitarios? Esas sensaciones que atesoro con fruición (y otras muchas) forman parte de mi forma de vivir «a mi aire».

«A mi aire» (27 octubre)

Solo la amistad (y mis ideas de referencia, que no ideología) me hace emerger del pozo del escepticismo, no tengo muchas amigas/os porque no es fácil construir amistades que perduren en el tiempo.

Es cierto que, a veces, aparece alguna persona que desembarca con su amistad en mi vida y eso siempre es estimulante. También es cierto que pocas de esas amistades fulgurantes permanecen con el paso del tiempo, seguramente tengo mi parte de responsabilidad porque mi manera de entender la amistad es, quizás, demasiado parca en efusividades y sobrada de sinceridad.

Brindo porque las amistades nos salven de la incredulidad.

«A mi aire» (3 noviembre)

¡¡Por favorrrr, quiero otoño!!

Que este tiempo vuelva a su ser, que haga fresco, que los colores, los olores, las sensaciones, la calma del adormecimiento de la naturaleza se vaya imponiendo…

Y sé que esto irá a peor, el cambio climático no es una broma o una circunstancia puntual, lo hemos provocado la humanidad (una humanidad más que otras) con nuestra forma de vida dislocada y consumista inducida por un capitalismo completamente enloquecido y suicida.

Y mientras tanto nuestra clase política nos da azucarillos y nos desvía la mirada.

«A mi aire» (10 noviembre)

Me voy reconciliando con el hecho de participar en actos donde percibo que no está el mismo tipo de personas que era habitual.

Mi participación en el curso de posgrado de la Universidad Federal de Río de Janeiro ha sido un chute de positividad y de aprendizaje que no voy a olvidar fácilmente. Los lazos que voy estrechando con Brasil me proporcionan mucha alegría (y puede haber más sorpresas… que no desvelo para que no se fastidien).

«A mi aire» (17 noviembre)

Vida y pensamiento, esa es la fórmula que cuajó Emma Goldman y la que intento que funcione en mi existencia. Siempre, naturalmente, «A mi aire»

«A mi aire» (24 noviembre)

Por fin, la lluvia, el fresco, la calma, la armonía de la naturaleza que entra en fase de adormecimiento y que provocará luego su florecimiento.

También los seres humanos deberíamos poder disfrutar de esos ritmos al compás de lo que nos rodea (a poder ser no asfalto, ruido, prisas, estrés).

lunes, 13 de marzo de 2023

SALVADOR SEGUÍ: SU PENSAMIENTO

 


El 10 de marzo de 2023 se cumple el centenario del asesinato de Salvador Seguí, anarco sindicalista de CNT por parte de pistoleros del Sindicato Libre. Este es un resumen de su pensamiento.

Releyendo textos sobre Salvador Seguí, para preparar esta intervención, he confirmado una convicción que tenía cuando realicé la Tesis Doctoral sobre el sindicalismo en los años veinte del siglo pasado:  que estamos ante una persona que ha sido mitificada, entre otros aspectos por ser asesinado joven (35 años). Seguí se convirtió en su momento en una leyenda como líder del sindicalismo, se construyó una figura que acumuló un compendio de virtudes, íntimas y públicas, por su dedicación a la difusión y defensa de la emancipación obrera.

Seguí ha tenido sus seguidores/as ayer y hoy. Es más, o menos alabado y mitificado en función de las necesidades organizativas o de la aparición de nuevos movimientos que reclaman la memoria de este dirigente para justificar nuevas realidades.

Por un lado, en estos tiempos líquidos se ha ido construyendo el relato de que Seguí formaba parte de un grupo de anarquistas catalanes inteligentes, pacíficos (pese a que iba armado) y dispuestos a abandonar la utopía infantil del anarquismo, ya que estaban rodeados de grupúsculos de ácratas, que habían nacido fuera de Cataluña, y que soñaban con dicha utopía a golpe de bomba o de pistola star.

Por otro lado, hay pseudo-historiadores a los que la historia solo les interesa como una suerte de gran bazar en donde adquirir todos aquellos hechos que sirvan para apoyar un inamovible argumento de partida. La historia nacionalista catalana echa mano de aquellos elementos que le convienen, desecha como ajenos aquellos que no hilan el relato o la memoria que les interesa y ven en Seguí a un nacionalista partidario de la independencia y de la formación de un partido para lograrlo junto a Companys y Layret.

Por último, hay quien ve en Seguí un intelectual, incluso un filósofo, que supo reinventar el anarco-sindicalismo en Barcelona a comienzos del siglo XX. Seguí es el héroe de las huelgas obreras, el coloso de las luchas obreras que concita el odio de la patronal catalana y de las autoridades. Sin embargo, Seguí no fue el único: 205 sindicalistas y anarquistas fueron asesinados entre 1917 y 1923 en Barcelona. Un sindicalista de la talla de Seguí fue Evelio Boal, Secretario General de la CNT, ejecutado en Barcelona por la Ley de Fugas en 1921 junto con Antoni Feliu, tesorero del sindicato a las puertas de la Modelo (no fue gran orador pero destacó como escritor). ¿Quién a recordado a Boal?

Voy a intentar mostrar a un Seguí humano, alejado del mito y de las muchas manipulaciones que sigue sufriendo. Si lo logro o no es otra cuestión. Como Joan Zambrana ha explicado muy bien la biografía de Seguí, solo voy a detenerme en su pensamiento y en algunos aspectos biográficos que confirman que este sindicalista era un hombre con rasgos brillantes pero no excepcionales ni únicos dentro del ámbito libertario.

1. Salvador Seguí fue un trabajador «ilustrado», es decir, un  autodidacta formado a través de muchas y diversas lecturas, que tenía además una gran facilidad para expresarse oralmente en tertulias, mítines, conferencias, etc. Cuentan quienes le oyeron que era un gran improvisador y muy elocuente. Aspectos que no eran algo extraño entre algunos hombres y mujeres sindicalistas y anarquistas de aquella época en los que predominaba la oralidad. CLARAMUNT

Sin embargo, su oralidad fácil y convincente no se traducía en la escritura, algo que también era frecuente entre hombres y mujeres autodidactas y que trabajaban muchas horas en su oficio. A sus textos les falta coherencia, estructura, orden y tenían referencias cruzadas y reiteraciones, algo muy habitual cuando predomina la oralidad. La realidad es que tenemos muy pocos textos de Seguí, la mayoría son de autoría indirecta, es decir, son otras personas, que escuchan a Seguí en mítines, tertulias o conferencias, quienes reconstruyen y reelaboran lo que han escuchado, a veces, muchos años después cuando ya era considerado un mito. Por este motivo, Manuel Cruells, uno de sus biógrafos cuestionó su condición de escritor.

2.

¿Dónde se dio a conocer Seguí y se convirtió en el líder carismático que conocemos? Como tantos otros hombres y mujeres fue en la vida cotidiana de los sindicatos, en los conflictos sociales en que intervino (especialmente en la huelga de la Canadiense) y en la cárcel, verdadera escuela de militantes y de líderes (estancias en enero/junio 1920 y noviembre 1920/abril 1922). Estamos ante un gran organizador que se puso como objetivo que la CNT fuera un sindicato decisivo en el mundo del trabajo, que tenía una notable visión de futuro respecto a cómo lograrlo, un orador convincente y un líder carismático.

Si algo podemos afirmar con seguridad es que SS es un anarcosindicalista, por ello nos interesa sobremanera conocer cómo entendía el sindicalismo y el anarquismo. Seguí disponía de una genealogía muy rica para definir su pensamiento sindical. Esta genealogía arrancaba por lo menos desde la entrada del internacionalismo en 1870. Vamos a diferenciar dos etapas en esta genealogía:

1ª Etapa: 1870-1916 [FRE (1870) / FTRE (1881)] Respecto al sindicalismo, en esta etapa se fue definiendo un sindicalismo emergente con dos modelos organizativos, el de gestión de clara inspiración marxista y el radical (o revolucionario) de influencia anarquista.

El sindicalismo radical quedó definido alrededor de los rasgos siguientes:

·       En cuanto a la forma organizativa: unidad de los trabajadores/as en una misma organización de carácter económico, los intereses materiales eran el lazo natural y permanente que cimentaba la unidad de los trabajadores/as y aseguraba el descubrimiento del verdadero enemigo, el capital.

La base organizativa fueron las sociedades obreras de oficio.

·       La unidad estaba basada en la flexibilidad ideológica para lograr dicha unión de clase, esto implicaba, necesariamente, el apoliticismo que suponía dejar fuera del sindicato las ideas políticas. Se rechazaban además las peticiones de soluciones legales a los problemas laborales. Al reconocer a la lucha sindical un valor político en sí misma se negaba su subordinación a otros grupos como podían ser los partidos políticos. Es un sindicalismo pragmático y posibilista, ya que pretendía armonizar la implantación de mejoras con lo que permitían las circunstancias.

·       En cuanto a la táctica: acción directa, sin mediación política, a través de la acción huelguística para enfrentarse con eficacia a la patronal. El fracaso de las huelgas era valorado como un factor desmoralizador y que podía debilitar a la organización. La violencia estaba prácticamente ausente de los conflictos aunque éstos pudieran llegar a ser muy duros.

·       En cuanto a las reivindicaciones: la jornada laboral de las ocho horas como símbolo de la guerra abierta entre la burguesía y el proletariado.

El sindicalismo de gestión (UGT, fundada en 1888) se basaba en la idea de que toda iniciativa conflictiva debía estar sujeta a la organización. Los rasgos que definían este modelo de sindicalismo eran, sobre todo, de carácter táctico:

·       La perfecta organización y preparación de cualquier conflicto y, especialmente, de las huelgas. La huelga era un recurso más entre otros y sólo debía recurrirse a ella cuando no quedaba otro remedio. Cuando, agotados todos los recursos para obtener una mejora, se llegaba a la huelga, ésta debía estar perfectamente organizada, con fondos, para que no fracasara.

·       La gestión del comité directivo de la sociedad obrera en todo el desarrollo del conflicto tenía un gran protagonismo. En el comité, por tanto, estaban los sindicalistas más capacitados y los huelguistas se limitaban a suspender el trabajo. Las asambleas no eran necesarias puesto que el comité tenía capacidad de decisión para gestionar la salida del conflicto.

·       La prudencia y la cautela cuando se producía un conflicto. No se deseaba el enfrentamiento abierto y directo con los patronos y trataban de evitar la generalización de los conflictos para mantener la armonía social.

·       Respecto a las reivindicaciones, pretendían la dignificación del oficio a través de la defensa y mejora de las condiciones de trabajo, la clave era su moderación y su carácter estrictamente económico. Este sindicalismo procuraba ganarse el respeto y el favor de las autoridades planteando sus reclamaciones con prudencia y evitando que el conflicto saliera del marco legal convirtiéndose en problema de orden público

La genealogía del anarco-sindicalismo proviene de este sindicalismo radicalizado. Tenía numerosas similitudes con el sindicalismo revolucionario que se desarrolló en Francia en la primera década del siglo XX [carta de Amiens (1906)]. Pero el sindicalismo radical era un tipo de sindicalismo que no necesitaba de la influencia francesa ya que la evolución del sindicalismo español desde la Iª Internacional explicaban por sí solo este modelo sindical.

El problema principal de este sindicalismo era explicar la articulación de una lucha por reivindicaciones laborales (por definición integrada en el sistema) dentro de un movimiento que se definía como radical o revolucionario. Pero el anarquismo, especialmente a partir de 1906/07, argumentó que las luchas concretas podían favorecer la revolución:

·       Las reformas proporcionaban motivos para trabar batallas en la guerra entre burguesía y proletariado. Con ellas este último se preparaba para el combate, despertaba a la lucha, a la agitación y a la solidaridad.

·       Más que un adiestramiento material era una preparación psicológica con efectos concienciadores. En este aspecto, eran importantes las huelgas de dignidad, imposibles de conseguir (hacerse valer como persona, no aceptar las humillaciones o que lo degraden= sobre el trato recibido por parte de los empresarios, por ejemplo).

·       La lucha sindical, y la huelga especialmente, era la expresión espontánea de la rebeldía obrera y el medio más eficaz de «perturbar el orden» capitalista.

El sindicalismo también transformó al anarquismo abriéndolo a la acción de masas y a la alianza con otras organizaciones obreras. Esa unión de anarquismo y sindicalismo fraguó en la CNT, que se diferenciaba del sindicalismo radical en varios aspectos:

·       Por un lado, la existencia de un objetivo revolucionario de transformación social.

·       Por otro lado, la presencia de cierta influencia de la ideología anarquista que reducía la flexibilidad ideológica

·       Y, por último, un claro antipoliticismo que rechazaba la mediación de la acción directa también en la vía electoral.

Seguí mamó la formación de este sindicalismo, no tuvo que inventarlo ni reinventarlo puesto que nació en época internacionalista (1887), empezó a trabajar a los doce años (aprendiz de pintor), participando con 15 años en la huelga general de 1902 (Ahí conoció a una auténtica lideresa de esta forma de entender el sindicalismo desde el anarquismo: Teresa Claramunt).

Cuando se produjo el cambio de etapa (en 1916), Seguí tenía 29 años y una trayectoria dentro del sindicalismo, había conocido el populismo lerrouxista, la constitución de Solidaridad Obrera, la Semana Trágica, el nacimiento de CNT y tenía ya una experiencia como orador,  como organizador y como participante en numerosos conflictos sociales. Desde muy joven había entrado en contacto con el anarquismo y se definió como tal. Consideraba el anarquismo como una filosofía, una ética, una concepción del ser humano y de la sociedad que no podía realizarse de un día para otro. El anarquismo debía tener una traducción en la realidad cotidiana de la gente, si no era así podía caer en la mera especulación filosófica. Por este motivo, sindicalismo y anarquismo se complementaban.

2ª Etapa: 1916-(1923 para Seguí)1939. Se produjo un cambio transcendental: el sindicalismo revolucionario se transformó en un movimiento de masas, dando protagonismo al anarquismo que siempre fue minoritario. En el resto de Europa este sindicalismo casi desapareció en aras del sindicalismo de gestión posibilista y negociador unido al crecimiento de partidos socialdemócratas que soltaban el lastre del marxismo para, desde posturas reformistas, aceptar el capitalismo y la sociedad de clases. Al poco estalló la Revolución Rusa (1917) que pareció contradecir el triunfo del reformismo socialista y por eso resultó tan atractiva para el anarco-sindicalismo en un primer momento (CNT ingresó en la III Internacional en 1919). El «Informe Pestaña», que fue publicado en 1922, fue contrario a permanecer en la III Internacional por considerar la revolución bolchevique centralizada y burocratizada

¿Cómo se explica el arraigó del anarco-sindicalismo en España? Está muy relacionado con dos factores:

·       El contexto histórico.

·       Su habilidad para adaptar su práctica al contexto.

1-El contexto histórico: El sistema liberal denominado «Sistema de la Restauración» (1874-1931) fue un sistema basado en el bipartidismo y el turnismo que tenía su fundamento en la manipulación electoral a través del caciquismo o de los gobernadores civiles. Era muy difícil, durante la «Restauración», hacer atractiva una opción basada en la acción política y en las posibles mejoras sociales que podían producirse a través de una política reformista en la que confiaban republicanos y marxistas.

2-La habilidad para adaptar su práctica al contexto histórico.

En el contexto represivo y caciquil, el antipoliticismo y la acción directa resultaron más útiles para una parte importante de las clases trabajadoras que la táctica política.

La CNT supo construir un sindicalismo moderno, eficaz y efectivo en sus objetivos que lograba victorias en los conflictos sociales. No fue ajeno a ello el paso de la sociedad obrera de oficio, como base organizativa, a los Sindicatos Únicos de rama productiva, adoptados en Cataluña en el Congreso de Sans, junio/julio de 1918, que se generalizaron en toda la CNT en la 2ª mitad del año 1919. 

De esta manera, la CNT se convirtió en un sindicato fuerte, una organización de masas cercana al millón de afiliados/as a finales de la segunda década del siglo XX.

De esta genealogía sindical de casi 50 años se alimentó Seguí. Esta cultura organizativa se puso a prueba en la Huelga de la Canadiense en cuyo desarrollo tuvo tanto protagonismo SS y en la que impulsó la solidaridad y la colaboración desde la organización sindical. El fracaso final de esta huelga y la aparición de la violencia puso en cuestión el modelo normalizador que impulsaba Seguí y que buscaba construir una alternativa social con tranquilidad y a largo plazo, es decir, gradualista y moderada. Su concepción de la revolución, en efecto, respondía a una evolución progresiva que avanzara a la velocidad de la capacidad de preparación y organización del proletariado. Esta concepción gradualista le alejaba de los sectores impacientes que abogaban por provocar el estallido revolucionario a través, si era preciso, de la violencia.

Para Seguí, tan importante como la vertiente social de los Sindicatos Únicos era convertir el sindicato en herramienta de capacitación, para ello la CNT construyó dichos sindicatos como un espacio formativo de cultura y educación, como elementos de emancipación personal y colectiva. Se trataba de crear formas de contrasociedad igualitaria (cooperativas de producción, formas de vida colectivas, instituciones educativas y culturales, etc.) en el seno mismo de la sociedad desigualitaria. El Sindicato se considera un medio de capacitar a los y las trabajadoras en el oficio del autogobierno. Para Seguí el Sindicato es el epicentro social, político y cultural.

No obstante, recordemos que esta tarea de capacitación y de creación de formas de contrasociedad no contaba solo con los sindicatos sino con ateneos de barrio, escuelas, grupos excursionistas, naturistas, vegetarianos, grupos de mujeres, etc. Y sí, también grupos de acción. Seguí estuvo de acuerdo puntualmente con la violencia obrera como respuesta razonable al trato recibido del Estado y de la Patronal. Era el derecho a la legítima defensa. Sin embargo, la violencia es ineficaz por la correlación de fuerzas que nunca dará la victoria a la parte obrera. Además de por razones éticas derivadas del propio anarquismo.

Seguí podía aceptar pactos circunstanciales y flexibles con otros sindicatos e incluso con partidos políticos, pero rechaza que un partido pueda erigirse en representante de la clase trabajadora. Por lo mismo rechaza con claridad el marxismo por su exaltación del Estado y por su deseo de ejercer el poder sustituyendo a una minoría por otra con la consiguiente limitación de las libertades (la revolución rusa era un ejemplo práctico de este comportamiento del que Seguí marcó distancias). Esta manera de entender la revolución condujo a Seguí a rechazar la existencia de un partido obrero.

Seguí estuvo empeñado en seducir y atraer a la intelectualidad para que se incorporaran a los sindicatos y a la lucha sindical por su sentido de la libertad y la justicia.

Por último, la famosa cuestión nacional supuestamente planteada en un discurso que dio en el Ateneo de Madrid el 4 de octubre de 1919. Aclaremos algunos aspectos:

1º El 4 de octubre Seguí llegó a Madrid y no habló en el Ateneo sino en el teatro de la Casa del Pueblo, en un evento organizado por la Escuela Nueva.

2º El discurso de Seguí en el teatro de la Casa del Pueblo fue taquigrafiado y se publicó entero en el diario madrileño España Nueva (con repeticiones, reiteraciones y estructura de espontaneidad oral). También será recogido después en el folleto El Sindicalismo Libertario en Cataluña, aunque sin la parte de Seguí referente al catalanismo y a la Lliga Regionalista, así como en diferentes trabajos publicados en Francia e Iberoamérica desde los años 50, y en España tras el franquismo.

3º Pere Foix, un veterano anarcosindicalista pasado al catalanismo, tergiversó las palabras de Seguí al reproducir el discurso de la Casa del Pueblo en su obra Apòstols i mercaders, concluida al menos desde 1949 (ganadora de los Juegos Florales de Montevideo) y editada en México DF en 1957. ¿Intencionadamente? No lo sabemos. Quizá no; quizá lo escribiera siguiendo el guion de otro diario de la época y aportara el resto de memoria (en el libro, en general, abundan las imprecisiones).

Es el texto de Pere Foix el que ha tomado como referencia el nacionalismo catalán para señalar a Seguí como tal. En concreto este párrafo: «(…) nosotros, los trabajadores, como sea que con una Cataluña independiente no perderían nada, antes al contrario, ganaríamos mucho, la independencia de nuestra tierra no nos da miedo».

Si nos atenemos al resto de textos de Seguí, para él el conflicto que había en la segunda década del siglo XX en Cataluña era social, no nacional. En ese conflicto la burguesía y el catalanismo de la Lliga Regionalista  identificaba al anarco-sindicalismo como el enemigo a abatir y para ello puso en marcha el somaten, grupos de pistoleros, el sindicato libre, etc. Por su parte, Seguí consideraba a la Lliga (y Cambó) como el peor enemigo del anarco-sindicalismo y trató de transmitir en Madrid que no representaba a Cataluña, que pretendía utilizar el discurso de la autonomía para controlar la sociedad catalana.

Conclusión: Seguí es un sindicalista y anarquista que desarrolló un sindicalismo que procedía de una rica genealogía que siguió evolucionando hasta 1939. Tenía rasgos brillantes como líder sindical, como orador y como organizador. Un sindicalista a recordar pero no un mito ni un héroe a ensalzar o, peor, a manipular.

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Seguí y muchos otros sindicalistas y anarquistas podían estar en la línea del republicanismo federal de Pi i Margall que basaba el federalismo en la soberanía absoluta de individuos y municipios, no de Estados en que toda relación se basa en pactos libres, transitorios y revocables en función de las necesidades de los individuos o de las actividades.

 

 

viernes, 3 de marzo de 2023

RELEYENDO A BAKUNIN

 

DANIEL JONEZ

Para ser libre hay que carecer de deudas y lazos y, sin embargo, estamos atados al Estado, a la comunidad, a la familia; nuestros pensamientos están sometidos a la lengua que hablamos. El hombre aislado, completamente libre, es un fantasma. Es imposible vivir en el vacío. Consciente o inconscientemente, somos por educación esclavos de las costumbres, de la religión, de las ideologías; respiramos el aire de la época.

Stefan Zweig, Montaigne, p. 77. 

 

Leí el libro de Bakunin: Dios y el Estado[1] con apenas 20 años, no había vuelto nunca a él hasta ahora. Quién sabe porqué un día decidí releer esa vieja edición de Júcar que se desmadejó toda conforme iba leyendo (para evitarlo he comprado los dos primeros tomos de las Obras completas del autor que está publicando la editorial Imperdible).

No voy a decir que la relectura me haya deslumbrado, pero me han interesado mucho sus reflexiones sobre el Estado (mucho menos la parte de Dios, que tiene, sin embargo, algunos aspectos apeteciblemente irreverentes). Voy a prescindir por tanto de sus reflexiones sobre dios y las religiones.

Como bien señala Zweig: «respiramos el aire de la época» y Bakunin lo muestra en esta obra en la que el caldo de cultivo de su pensamiento fueron las ideas de la Ilustración. Sin duda alguna Bakunin sustenta sus ideas en este libro sobre principios propios de la modernidad entre ellos la propuesta de una revolución para el conjunto de la sociedad que se considera, por tanto, universal. La importancia de la razón y, por ello, de la ciencia. Y una concepción de la historia como línea de causalidad que construye un corpus de pensamiento y acción que se fundamenta en una transmisión intencional de una generación a otra siguiendo una línea de progreso.

Sin embargo, he encontrado algunas intuiciones brillantemente actuales y esa es la razón de esta breve reflexión.

1.

Su concepción de la autoridad no refleja el simplismo del dualismo: dominados/dominantes y la idea de que la autoridad está estáticamente localizada en los que tienen el poder, tal y como se aprecia en esta brillante afirmación: «Cada uno es autoridad dirigente y cada uno es dirigido a su vez. Por tanto, no hay autoridad fija y constante, sino un cambio continuo de autoridad y subordinación mutuas, pasajeras y sobre todo voluntarias» (p. 65).

2.

El papel de la «vida» en relación con la ciencia y la propia historia puede resultar en algunos aspectos muy actual. Bakunin pone el foco en la vivencia, en la multidimensionalidad de la experiencia, como punto de partida para la indagación crítica.

Dice Bakunin que: «La verdadera escuela para el pueblo y para todos los hombres hechos es la vida» (p. 76). Entiende la «vida» en contraste con la ciencia que tan admirada era en el siglo XIX: «(…) la ciencia es la brújula de la vida, pero no es la vida. […] La vida es fugitiva, pasajera, pero también palpitante de realidad y de individualidad, de sensibilidad, de sufrimientos, de alegrías, de aspiraciones, de necesidades y de pasiones. Es ella la que espontáneamente crea las cosas y todos los seres reales» (p. 94). Bakunin desconfía de la ciencia y por ello del gobierno de la ciencia (que bien nos hubiera venido pensar sobre estas afirmaciones en los dos años de covid por los que hemos pasado). Por este motivo, afirma que «(…) la ciencia tiene por misión única esclarecer la vida, no gobernarla», su rechazo a esa posibilidad es contundente cuando señala que el gobierno de la ciencia y de los hombres de ciencia, no puede ser sino impotente, ridículo, inhumano y cruel, opresivo, explotador, malhechor. Se puede decir que los hombres de ciencia «no tienen ni sentido ni corazón para los seres individuales y vivientes» (p. 95).

Bakunin intuye «que el gobierno de los sabios, si se le deja hacer, querrá someter a los hombres vivos a experiencias científicas», y todavía va más lejos al afirmar que si los sabios no pueden hacer experiencias sobre el cuerpo de los hombres, no querrán nada mejor que hacerlas sobre el cuerpo social y he ahí lo que hay que impedir a toda costa (p. 96). Bakunin parece presentir algo obvio en nuestro siglo, que la biopolítica, es decir, el ejercicio del poder, con la inestimable ayuda de la ciencia, sobre la vida de los individuos y las poblaciones, sería una realidad.

Y puesto que para los «seres reales, compuestos no solo de ideas sino realmente de carne y sangre, la ciencia no tiene corazón», Bakunin afirma que lo que «predico es, pues, hasta un cierto punto, la rebelión de la vida contra la ciencia, o más bien contra el gobierno de la ciencia. No para destruir la ciencia (…) sino para ponerla en su puesto, de manera que no pueda volver a salir de él» (p. 99). De hecho, hace tiempo que salió.

3.

Otra idea brillante tiene que ver con la indivisibilidad de la libertad: una persona no puede ser libre a menos que los demás sean igualmente libres. Por ello el sometimiento de cualquier sector de la sociedad no puede reducirse a algo que solo atañe a esa parte de la sociedad. Bakunin seguramente pondría en cuestión la soberanía de la(s) identidad(es). En este libro hay una «Nota sobre Rousseau» en la que aparece uno de los fragmentos más repetidos y conocidos de Bakunin que confirma esta clave de la indivisibilidad de la libertad:

«No soy verdaderamente libre más que cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres. La libertad de otro, lejos de ser un límite o la negación de mi libertad, es al contrario su condición necesaria y su confirmación. No me hago libre verdaderamente más que por la libertad de los otros, de suerte que cuanto más numerosos son los hombres libres que me rodean y más vasta es su libertad, más extensa, más profunda y más amplia se vuelve mi libertad. Es, al contrario, la esclavitud de los hombres la que pone una barrera a mi libertad, o lo que es lo mismo, su animalidad es una negación de mi humanidad, porque -una vez más- no puedo decirme verdaderamente libre más que cuando mi libertad, o, lo que quiere decir lo mismo, cuando mi dignidad de hombre, mi derecho humano, que consiste en no obedecer a ningún otro hombre y en no determinar mis actos más que conforme a mis convicciones propias, reflejados por la conciencia igualmente libre de todos, vuelven a mi confirmados por el asentimiento de todo el mundo. Mi libertad personal, confirmada así por la libertad de todo el mundo, se extiende hasta el infinito» (pp. 151-152).

4.

Bakunin cuestiona en cierta forma la existencia de la naturaleza humana, es contrario a pensar que el individuo sea un ser universal y abstracto, por el contrario afirma Bakunin, cada uno nace con una naturaleza o un carácter individual materialmente determinado (influyen desde acciones materiales a geográficas, etnográficas, climatológicas, higiénicas etc. etc.). El ser humano, señala Bakunin, no aporta al nacer ideas y sentimientos innatos, como lo pretenden los idealistas, sino la capacidad a la vez material y formal de sentir, de pensar, de hablar y de querer. No aporta consigo más que la facultad de formar y de desarrollar las ideas, un poder de actividad por completo formal, sin contenido alguno ¿Quién le da su primer contenido? La sociedad (pp. 158-159).

Y termino…

Sin duda alguna esta relectura ha sido mucho más enriquecedora que la de mi juventud, cuento en mi vista cansancio, pero también muchas lecturas que me han permitido encontrar intuiciones y razonamientos brillantes en un autor que resiste en algunos aspectos el paso del tiempo.

 LAURA VICENTE

[1] Miguel Bakunin (1871/1979, 4ª ed.): Dios y el Estado. Barcelona, Júcar.