viernes, 23 de diciembre de 2022

PERSPECTIVAS SOBRE LOS ANARQUISMOS I




Tomando como pretexto el libro de Tomás Ibáñez: Anarquismos en perspectiva. Conjugando el pensamiento libertario para disputar el presente, el autor nos convocó para establecer un diálogo en torno a tres cuestiones de carácter bastante general sobre las cuales intervendríamos unos cinco minutos.

Voy a recoger mi participación en el acto empezando por la primera pregunta: 

1ª Nuestra valoración de los problemas, desajustes o insuficiencias de los anarquismos en el momento actual.

DOS PROBLEMAS:
--Los enfrentamientos dentro del ámbito libertario, de por sí de reducidas dimensiones, que limitan su capacidad de agencia. Es cierto que, a veces, los grupos pequeños, sin afán de poder institucional, pueden convertirse en semilleros de ideas nuevas que se gestan en los márgenes políticos. No percibo ese pensamiento nuevo.

--Seguimos entendiendo (o teniendo en el imaginario) la revolución como revolución modelizada, es decir, como movimiento histórico conducido hacia un objetivo final previamente diseñado. Esta concepción implica pensar la revolución como un desplomamiento de la realidad, que interesa a casi toda la humanidad y que se inicia con lo que llamamos "la gran noche". La revolución debería salir de ese modelo clásico.

DOS DESAJUSTES:

--El pasado "glorioso" (especialmente 1936-1938) se ha convertido en una pesada losa que ha construido un corpus de pensamiento y acción que se fundamenta en una transmisión intencional de una generación a otra siguiendo la línea de progreso que marca la Modernidad. Esta concepción obliga a una relación constante de los anarquismos actuales con los del pasado (convertido en dogma, en doctrina inamovible). La historia no es una línea de causalidad, sino una acumulación de acontecimientos y factores dispersos, con errores, desviaciones, fracasos y múltiples contradicciones que van acumulando experiencias y saberes cuyo desarrollo es imprevisible.

--El hecho de que el modelo organizativo que se impone dentro del movimiento libertario actual sea el sindicalismo, eterniza la idea de que el sujeto de las transformaciones sociales es la clase obrera. El resto de sujetos encajan mal en el sindicalismo.

UNA INSUFICIENCIA

La escasa base teórica actualizada y adaptada al s. XXI. Comparto con Tomás Ibáñez o con David Graeber, que los anarquismos son más una actitud que un cuerpo teórico. Pero considero necesario también esa base teórica que hoy es insuficiente.

martes, 13 de diciembre de 2022

GENERISMO DE ESTADO

 

Bastien Lecouffe-Deharme 

No es mi intención intervenir en la polémica que está copando espacios en los medios de comunicación estos días de noviembre: me refiero a la reducción de penas para algunos agresores sexuales como consecuencia de la entrada en vigor el mes pasado de la conocida como «Ley del solo sí es sí». La Ley impulsada por Irene Montero desde el Ministerio de Igualdad ha propiciado estos días silencios y comentarios diversos dentro y fuera del Gobierno de coalición y declaraciones de la titular de Igualdad en el sentido de que había jueces que «estaban incumpliendo la ley por machismo».

Sorprende que Montero diga algo tan obvio como que los jueces y las juezas desprenden machismo (sí, las juezas también). El problema no es solo la judicatura sino el conjunto del Estado, en el que ella como ministra y su partido están integrados, y que está impregnado de generismo. Para entender lo ocurrido con esta ley, y otras muchas, hay que poner en el centro del debate la norma heterosexual como régimen político y económico que da pie a la división sexual del trabajo y a su vez origina las desigualdades estructurales entre los géneros que están atravesados por especificidades de raza/etnia, clase, disidencia sexual, etc.

Por tanto, hablamos de masculinismo[1] o generismo del Estado porque éste tiene unas características que dan significado, sancionan, sostienen y representan el poder masculino como forma de dominación. Esta dominación se expresa en la judicatura, y en cualquier otra institución del Estado, como el poder que tiene de establecer la descripción y la dirección del mundo en manos de los hombres.

La demanda de protección para las mujeres realizada por el lobby político del feminismo institucional hacia el Estado es un contrasentido si no se cuestiona su masculinidad, por ello el Estado es un instrumento esencialmente problemático para llevar a cabo un cambio político feminista. Los tratos con el Estado conllevan un alto precio a cambio de la protección política institucionalizada que implica siempre un grado de dependencia y un compromiso de actuación dentro del marco de normas dictadas por el protector. Cualquier agujero impensado puede ser aprovechado, además, para poner en cuestión la ley más protectora que una ministra pueda pensar.

A lo largo de la historia, la idea de que las mujeres necesitan la protección de y por parte de los hombres ha sido fundamental a la hora de legitimar la exclusión de las mujeres de ciertos ámbitos de trato y su confinamiento en otros. Así mismo, la vinculación de la «feminidad» con razas y clases privilegiadas pueden acabar convirtiendo las normas protectoras en marcas y vehículos de esas mismas divisiones entre las mujeres beneficiando a las privilegiadas e intensificando la vulnerabilidad y la degradación de aquellas que han quedado en el lado de la intemperie (mujeres pobres, racializadas, disidentes sexuales, etc.)

El poder del Estado es, por tanto, un conjunto inconexo y heterogéneo de relaciones de poder y un vehículo masivo de dominación y, por ello, está problemáticamente determinado por el género. El feminismo anarquista debe plantearse estas consideraciones y partir de una repolitización crítica en contraofensiva al generismo y masculinismo del Estado así como al lobby político del feminismo institucional, en el cual, mal que le pese, está Irene Montero y Unidas Podemos.

 



[1] De «masculinismo» habla Wendy Brown en su libro: Estados del agravio. Poder y libertad en la modernidad tardía y de «generismo» habla Sayak Valencia en «Trans-feminismos, necropolítica y política postmortem en las economías sexuales de la muerte». Ambas lecturas son clarificadoras del papel del Estado en las luchas feministas.

 

sábado, 3 de diciembre de 2022

¿Hasta qué punto el pensamiento revolucionario de Emma Goldman influye en Mujeres Libres?

 


Esta fue una de las preguntas que me hice en el curso y que traté   contestar (aquí solo queda recogida la reflexión final).

Desde luego, Emma G. es considerada por las redactoras de la revista Mujeres Libres como un referente,  su admiración hacia ella es patente en las cartas que Mercedes Comaposada le escribe en nombre de la revista.  Quieren que escriba porque eso eleva el prestigio de la revista y, por ello, podemos deducir que, al menos  algunas mujeres, conocen su pensamiento y les sirve como fuente de inspiración.

AGUSTÍN COMOTTO

No es que Emma Goldman esté influyendo directamente en estas mujeres, en el feminismo anarquista de Mujeres Libres, pero es indudable que hay un saber acumulado y hay mujeres que conocen y leen a Emma Goldman. La revolución feminista y anarquista es un episodio breve (dos años y medio) que tiene mucho de accidental y de contingente (nada anuncia que pudiera ocurrir) y que aporta una capa más que se acumula en la historia. Una historia más discontinua y contradictoria de lo que estamos dispuestas a aceptar por la visión lineal y de progreso en que nos ha educado la modernidad. Pero ese es el rico legado genealógico del que hoy disponemos, no lo ignoremos en estos tiempos de incertidumbre que nos ha tocado vivir.