jueves, 23 de enero de 2020

PALABRA DE MUJER (II): EMMA GOLDMAN


El volumen 2, de parecida extensión que el primero, abarcaba menos años: de 1912 a 1928. Como en el primer volumen, no es mi intención resumir los dieciséis años de vida que la autora recorre en este caso. Mi objetivo es resaltar los aspectos que me han interesado más de su lectura y que siguen en la misma línea temática que en el primer volumen.

Emma Goldman mantuvo durante estos años su entrega al activismo que le permitió ganarse la vida. Su fama en EUA le facilitó la subsistencia, siempre precaria, sin tener que trabajar en otras actividades que no fueran los mítines, las giras de conferencias, la venta de folletos y de su revista, Mother Earth. Su entrega a la lucha siguió acompañada de prohibiciones, detenciones y encarcelamientos.

Uno de los temas que resultó peligroso fue la incorporación a sus giras, desde que regresó de la Conferencia Neo-Malthusiana de París (1900), del tema del control de la natalidad. Pese a que no daba información concreta sobre métodos anticonceptivos, salvo cuando se lo pedían en privado, fue detenida y encarcelada.

Mucho más peligrosa resultó la campaña en la que se involucró decididamente cuando EUA decidió entrar en la I Guerra Mundial (1917). Goldman y otros /as anarquistas recorrieron el país dando conferencias en contra de la guerra y el militarismo. Resulta asombrosa  la represión desmedida que se abatió contra no combatientes y objetores de conciencia que llenaron las prisiones y penales. Y es que, como decía Goldman, «A lo largo y ancho del país cundía la locura de la patriotería» (p. 150). La suspensión de la libertad de expresión oral o escrita se extendió por el país, siendo cerrada también su revista Mother Earth.

GOLDMAN Y BERKMAN

Era cuestión de tiempo que fuera detenida y, tras ser juzgada, condenada a prisión donde estuvo durante dos años (1917-1919). El relato de las duras condiciones de trabajo y de su adaptación a la vida en la cárcel, resultaba muy ilustrativa de como Goldman consideraba la prisión como una nueva oportunidad para la lucha. Quizás fue por ese motivo por el que se adaptó bien y entabló buenas relaciones con sus compañeras presas por delitos comunes (sociales, como diría Goldman).
Cuando salió de la cárcel, el 28 de septiembre de 1919, encontró destruido todo lo que había levantado lentamente a lo largo de los años junto con un grupo reducido de anarquistas: la literatura confiscada, la revista y las obras escritas por ella y otros compañeros como  Alexander Berkman prohibidas. El dinero recolectado se había gastado en apelaciones en los casos de los objetores de conciencia, en actividades por la amnistía de los presos/as políticas y otras actividades.
«No nos quedaba nada, ni literatura ni dinero ni siquiera un hogar. El tornado de la guerra nos había dejado limpios, y teníamos que empezar de nuevo» (p. 213).
Pero ahí no quedaba todo puesto que se inició un proceso de expulsión del país y pérdida de la ciudadanía estadounidense por motivos políticos contra ella, Berkman y centenares más de hombres y mujeres que se habían movilizado contra la Guerra. El enjuiciamiento por sus opiniones sociales y políticas fue respondido por Goldman (y Berkman) con una declaración escrita en la que defendía la libertad de expresión y discusión, cuestionando un sistema que las reprime expulsando «a aquellos que no encajan en el esquema que los amos de la industria desean perpetuar a toda costa (217). Ese sistema tenía más de tiranía que de democracia.

Finalmente fueron expulsados a Rusia, su país de origen, junto con decenas de personas. El viaje se produjo en malas condiciones en un barco (el Buford) en el que estuvieron vigilados permanentemente por militares. Tras veintiocho días de navegación y traslado por tierra, fueron conducidos por Finlandia a la frontera rusa. De esta manera, en enero de 1920 empezaron sus casi dos años de vida en la Rusia soviética

No voy a extenderme en exceso en estos dos años porque tengo el propósito de dedicarle a esta estancia en Rusia otro escrito en el que incluiré el libro Mi desilusión en Rusia que escribió en 1923, poco después de abandonar este país en diciembre de 1921. Señalar, sin embargo, el convencimiento y la ilusión con la que ella y Berkman viajaron a la Rusia revolucionaria. Conscientes de que habría diferencias en la manera de entender la revolución por el carácter marxista del Partido Bolchevique, se mostraron dispuestos a colaborar en la revolución en la medida de sus posibilidades.

Enseguida fueron conscientes de que las manifestaciones de la revolución, mejor dicho de quienes dirigían la revolución, eran completamente diferentes a lo que ella había concebido y propagado. Quizás una de las primeras muestras de que aquella no era la revolución soñada era la indiferencia ante la vida y el sufrimiento del ser humano que percibió en los dirigentes bolcheviques. Siempre había pensado que revolución era la más alta expresión de humanidad y justicia, la dictadura bolchevique despojaba a la revolución de ambas. Su resistencia, sin embargo, a criticarla por la amenaza del ejército blanco que aún existía, la llevaron a sentir que sus viejos valores naufragaban.

La lucha interna, ella misma hablaba de «angustia mental» (p. 347), por estas contradicciones acabaron ante la represión que el poder bolchevique llevó a cabo en Krostandt (marzo 1921). A partir de ese momento asumió el fracaso de la revolución y, finalmente, su decisión de salir de Rusia.
El rechazo a la violencia, su militancia individual y la visibilidad de sus contradicciones personales, incluidas las de su vida privada, continuaron en la misma línea que en el primer volumen de esta autobiografía.

El rechazo a la violencia se manifestó en su posición contra la guerra que ya se ha señalado. Sin embargo, Goldman fue consciente de que la Revolución implicaba violencia por lo menos en sus inicios, es decir, el sacrificio de la pérdida de vidas humanas. Si esa lucha era compensada por una transformación profunda habría merecido la pena, si no era así y simplemente se producía un cambio de dictadura, como en Rusia, no valdría la pena el terrible precio a pagar.

Respecto a su militancia individual la mantuvo siempre. Así la sintetizó casi al final de este segundo volumen: «En mi carrera pública solo había estado relacionada con grupos de forma temporal. Trabajaba por ellos, no con ellos» (p. 482).

Y, por último, la visibilidad que daba en su autobiografía a sus luchas internas, contradicciones, dudas e incoherencias, incluidas las que se daban en sus relaciones íntimas, se manifestaron también en este volumen. Me ha llamado la atención cómo explicó las dudas y contradicciones con su pareja, Ben Reirman, hasta llegar a su ruptura definitiva. También resultan muy interesantes las reflexiones sobre la eutanasia en relación con su hermana Helena (p. 215).
Cuando marchó de Rusia, Goldman tuvo que deambular por diversos países para conseguir visados y poder vivir en algún lugar. En general, la concesión del visado implicaba su renuncia a seguir con su activismo político y social que ella no estaba dispuesta a aceptar. Otra fuente de problemas fue su denuncia de la dictadura soviética que le supusieron críticas desde la izquierda, tampoco estuvo dispuesta a renunciar a llevarla a cabo. Era un compromiso con sus compañeras y compañeros anarquistas que sufrían una dura represión en este país.

EMMA GOLDMAN EN FRANCIA

En este peregrinar por diversos países se casó con un viejo compañero anarquista inglés para lograr cierta estabilidad y poder asentarse en algún país (aunque Inglaterra no le gustaba por muchos motivos, entre ellos el clima). Fue la recaudación de dinero en varios países la que le permitió encerrarse a escribir esta autobiografía tan esplendida. Lo hizo en Francia, en una casita en Saint-Tropez,  a partir de 1928.

lunes, 13 de enero de 2020

LOLA ITURBE: FEMINISTA, ANARQUISTA Y SINDICALISTA (30 Aniversario de su muerte)


Lola Iturbe (Barcelona 1902- Gijón 1990), su escueta familia la componía su madre y ella misma. Micaela Iturbe,  había sido expulsada de la casa familiar en Navarra por quedarse embarazada estando soltera. Decidió trasladarse a Barcelona en busca de trabajo y en esa ciudad nació Lola Iturbe el 1 de agosto de 1902 en el Rabal, barrio obrero en el que proliferaban (y proliferan) inmigrantes y personas marginadas, escenario de luchas sociales al afincarse en él sociedades obreras y sindicatos de influencia anarquista[1].

Empezó a trabajar a los nueve años y se afilió a los catorce al Sindicato del Vestido de la CNT. Iturbe fue una obrera autodidacta en la mejor tradición de las trabajadoras industriales catalanas de la que, sin duda, Teresa Claramunt era un referente genealógico por muchos motivos. Anarquista de la FAI, escribió numerosos artículos en la prensa, especialmente en Tierra y Libertad. Sindicalista en la CNT por su oficio de pantalonera, era feminista aunque no estuvo vinculada orgánicamente a Mujeres Libres. Su colaboración con la revista fue relevante al facilitar su distribución en Barcelona y escribir en ella.


Antes de que apareciera Mujeres Libres (organización y revista) apoyó a Lucía Sánchez Saornil, con un artículo[2], en la polémica que sostuvo con Mariano R. Vázquez en las páginas de Solidaridad Obrera, mostrando su sintonía con la lucha contra el sexismo existente en el ámbito libertario. Quizás por esta sintonía, Lucía le pidió por carta su participación en Mujeres Libres, la respuesta de Iturbe le confirmó que ella misma se encargaría de la distribución de la revista en Barcelona, pero se mostró más reacia a escribir, de hecho no lo hizo hasta el número siete (marzo de 1937).

Fue crítica con el dominio que ejercían los hombres en la prensa obrera y anarquista y reivindicó la escritura femenina porque consideraba que las mujeres tenían mucho que aportar tanto por su manera de escribir, diferente a la del hombre, como por lo que habían aportado a la lucha social pese a todos los inconvenientes que habían sufrido. Así lo hizo ella misma cuando escribió su libro La mujer en la lucha social[3], culminando su proyecto vital de dar voz a las mujeres libertarias invisibilizadas, recogiendo y ordenando sus recuerdos sobre las mujeres que ella había conocido.

Sus planteamientos feministas eran evidentes en su activismo (sindical y político), en sus escritos y en su modo de vida. Especialmente interesante, aunque breve, fue su experiencia como directora de la página dedicada íntegramente a la mujer en Tierra y Libertad: «La Página de la Mujer». Fue inaugurada el 10 de diciembre de 1935, tenía una periodicidad mensual (no siempre aparecía el mismo día del mes), seis «páginas», por tanto, en los seis meses que duró: de diciembre de 1935 a mayo de 1936. El 26 de junio de 1936 se puso punto final a esta sección y apareció un texto breve en el que se podía leer lo siguiente[4]:
«Al aparecer en Madrid, la revista “Mujeres Libres” y disponer así de un vocero de las inquietudes femeninas, hemos decidido suspender la página mensual que veníamos dedicando a ese objetivo».
La sección era una página completa del semanal con diversos artículos, algunos firmados con nombre o pseudónimo, y otros anónimos (muchos de ellos de la propia Iturbe como el resto del periódico). Escribían hombres y mujeres y siempre había un editorial sin firma que hemos considerado que escribía Lola Iturbe como directora de la sección.

El editorial que presentó «La Página de la Mujer»[5], afirmaba que hacía tiempo que querían inaugurar una sección dedicada a las mujeres para recoger su sentir y aunar sus iniciativas dispersas. Los editoriales de esta sección conjugaban los temas de actualidad con la situación de inferioridad y explotación específica que sufrían las mujeres, intentando orientar a estas para afrontar y superar la secular esclavitud de la mujer. Romper con la consideración de que las mujeres eran solo reproductoras, objetos de placer y esclavas del trabajo, era prioritario. Para superar esa situación, la clave estaba, a corto plazo en la capacitación y el acceso al trabajo; a largo plazo, en la Revolución, que daría lugar a la emancipación de clase y de género al desaparecer la propiedad privada[6].

En dos de las seis «páginas» escribió firmando como Kyralina[7], afrontando dos temas de actualidad: la Revolución de Asturias y el aborto. Especialmente relevante fue su artículo sobre el gran número de mujeres muertas por las malas prácticas abortivas entre las clases populares. Su posición ante este tema fue muy clara: el gobierno, que «se precia de popular y demócrata», tenía que legalizar el aborto. Esta ley beneficiaría a las mujeres obreras sin recursos para sufragar un aborto, se acabaría con la plaga del infanticidio, con las procesiones de «niños grises» de las inclusas, con los niños y niñas de mujeres con taras venéreas, sifilíticas o alcohólicas, así como el incremento de la prostitución de mujeres embarazadas solteras.

El feminismo de Lola Iturbe era el de Mujeres Libres, su sintonía con sus ideas, métodos y realizaciones, era total, si no se vinculó orgánicamente pudo ser por sus compromisos en otras organizaciones del Movimiento Libertario, especialmente en la FAI y en su periódico Tierra y Libertad.


[1] Resultan interesantes las semblanzas que escribieron: Antonina Rodrigo (2003): Mujer y exilio, 1939. Barcelona, Flor del Viento, pp. 283-304. Antonia Fontanillas en Antonia Fontanillas/Sonya Torres (2006): Lola Iturbe. Vida e ideal de una luchadora anarquista. Barcelona, Virus, pp. 29-55. Así mismo, los recuerdos de la hija de Iturbe, Aurora Molina en Eulalia Vega (2010): Pioneras y revolucionarias. Mujeres libertarias durante la República, la Guerra Civil y el Franquismo. Barcelona, Icaria.
[2] Tierra y Libertad, Kyralina, «La educación social de la mujer», nº 9, 15 octubre 1935.
[3] Lola Iturbe (1974): La mujer en la lucha social y en la Guerra Civil Española. México, Editores Mexicanos Unidos.
[4] Tierra y Libertad, “La Página de la Mujer”,  Nº 25, 26 de junio de 1936.
[5] Tierra y Libertad, “Página de la Mujer. La mujer en la lucha social”,  nº 17, 10 diciembre 1935.
[6] Suplemento de Tierra y Libertad, “El comunismo anárquico libertará a la mujer”, junio 1933 en Fontanillas/Torres, 2006: 125-130.
[7] Tierra y Libertad, Kyralina, La Página de la Mujer” («¡¡Asturias!! Las mujeres de Octubre» y «¡Noli me Tangere!»), nº5, 7 febrero 1936 y  nº 19, 15 mayo 1936..

viernes, 3 de enero de 2020

GITANAS Y CULTURA GITANA CON CLAIRE AUZIAS. Comentarios y entrevistadora: Laura Vicente. Traductora: Alín Salom



El libro de Gitanas[1] es un libro en el que algunas mujeres gitanas europeas describen con sus propias palabras su historia, su cosmogonía, su cotidianeidad, sus retos, sus fuerzas, lo que hace que sean mujeres, lo que hace que sean gitanas. Cada una de las mujeres habla desde su singularidad, pero cada una de ellas se halla sometida a las reglas generales de la civilización gitana de la que son un pilar.
Sin duda alguna, uno de los aspectos más llamativos de este libro es que las mujeres gitanas hablan con voz propia, hablan desde su cultura, desde sus preocupaciones y problemas. El libro de Claire Auzias recoge un «coro de mujeres gitanas», un coro de catorce mujeres de las que la mitad viven en Francia, dos en España, el mismo número en Rumanía, una en Portugal y otra en Suiza. El libro se completa con un Prólogo de Sarah Carmona y un Preámbulo y Conclusiones de la autora. Por otro lado, hay un capítulo final de hermosas fotografías de Éric Roset de mujeres gitanas de diversos países.
Auzias, que utiliza en su libro el término «romnia» para denominar al conjunto de las mujeres del pueblo gitano del mundo, parte en su estudio de que estas mujeres se hayan muy alejadas tanto en el tiempo como en el espacio de sus consortes de otros grupos humanos del planeta. Las «romnia» entran con derecho propio en ese grupo «de los humildes, la historia de la gente sin historia ni escritura e incluso sin palabra» (p. 17). A estas, y otras, mujeres de los grupos desfavorecidos se les impone un plus de silencio que la autora intenta romper con su libro.
La dominación que sufren las mujeres se acompañaba siempre de un conjunto de relaciones jerárquicas de mando/obediencia. Hombres y mujeres son desiguales en términos de poder, incluso dentro de un grupo marginado del poder como el de los gitanos y gitanas. Las mujeres gitanas son expropiadas de las palabras y, en cierta manera, se les niega la humanidad como excluidas que son de los roles dominantes de la estructura social en general y de la cultura gitana en particular.
Si la oralidad marca una brecha de género, pocas mujeres gitanas se atreven a hablar en público, los hombres monopolizaban la palabra en el espacio público, la escritura marca además una diferencia de clase: se abre una brecha entre personas hablantes y escribientes, iletradas o letradas. No dominar la lectura y la escritura es percibido por algunas mujeres gitanas como una carencia que intentan paliar a  través del acceso a la educación. Aunque hay gitanas que saben leer y escribir, y que han accedido a la Universidad, su mundo es el oral, por ese motivo este libro de entrevistas orales tiene una riqueza inmensa para acercarnos a ellas.
Algunas de estas mujeres intentan algo muy difícil: hacer convivir el mantenimiento de su cultura que todas respetan y valoran con las transformaciones que desean para emanciparse. Algunas de ellas se consideran feministas y están en el intento de conciliar las realidades que viven con lo que quisieran vivir. Un auténtico encaje de bolillos que  las demás feministas debemos dejar hacer, observar y apoyar si nos lo piden. Todas las mujeres que nos enfrentamos al patriarcado vivimos y sufrimos un auténtico desgarro interior que no resulta nada fácil para ninguna, emancipémonos de modelos y paradigmas, cada mujer individualmente y en colectivo debe buscar su camino, que nadie nos dé lecciones del camino correcto porque estos pueden ser muy variados y diversos.
Es una realidad, leyendo a estas mujeres, que la modernidad se abre paso en su vida: «las madres solteras eran multitud, las familias monoparentales legión, las familias mixtas una proporción respetable  y que las clases medias formaban, junto con el lumpen y las capas rurales miserables, el resto de la población rom» (p. 321). Tenemos mucha tendencia, quienes ignoramos la cultura gitana (igual que africana o asiática), a uniformizar la situación de todas las mujeres gitanas, no es así. Este libro nos lo muestra en toda su riqueza de matices.
Dice Auzías en sus conclusiones que:
«Las mujeres romnia tienen el futuro de su pueblo en sus manos, y no los hombres, a no ser que quieran unirse a su causa. Son la vuelta de tuerca en la reproducción de la cultura romaní, no solo en el aspecto fecundativo (…), sino también por su función de transmisión, que permite mantener una cultura propia» (p. 321).
Esta música me resulta familiar porque la he oído y leído en más de una ocasión referida a las mujeres en general, y es que nada «nos permite afirmar que el patriarcado sea más virulento en este pueblo [rom] que en los demás. Lo realmente seguro es que lo es igual» (p. 323).
***

Como ya dijimos, completamos la entrevista con esta parte dedicada al tema de la cultura gitana y de las gitanas en particular.
Laura Vicente.- Explícanos de dónde viene tu interés sobre el pueblo gitano.
Claire Auzias – ¿Mi interés por los gitanos/as? ¡Es una larga historia! Intentaré abreviar. En 1980 defendí una tesis doctoral de Historia sobre la memoria oral de las y los militantes anarquistas franceses de la época de entreguerras. De gente que había nacido a principios del siglo XX y militado entre 1930 y 1939. Con ellos aprendí y comprendí el valor fundamental de la memoria en la Historia. También cuántas luchas y cuánta desesperación llevan dentro los seres humanos. Al contrario de lo que todo el mundo piensa, el anarquismo entre las dos guerras no es solamente España ni Makhno. Lo que hicieron en Francia es sumamente interesante desde el punto de vista de la Historia a largo plazo.
Luego  tuvo lugar la caída del muro de Berlín, es decir, la caída del comunismo existente. Como historiadora del anarquismo, deseaba firmemente examinarla en seguida y de muy cerca. Era un acontecimiento a nivel planetario. Para hacer este estudio de la caída del comunismo, me dirigí a la población que había vivido este comunismo desde el interior, pero que había también vivido otros acontecimientos antes del comunismo y uno de ellos sobre todo muy violento: el genocidio durante la II Guerra Mundial por el nazismo y los gobiernos fascistas de todos los países. Quise, pues, saber, gracias a esta gente dos veces negada en su expresión, por nazis y comunistas, cómo vivían la caída del comunismo. Porque nadie había pensado en estas personas como agentes de revelación de lo que estaba en juego a nivel mundial. Era una tierra virgen. Así es cómo estudié con ellos este fenómeno.
Ocurrió que los gitanos/as tenían una organización europea desde 1971, la Unión Gitana Internacional (URI) cuyos líderes intelectuales fueron los primeros en formular propuestas inteligentes para la Europa reunificada. Uno de los fundadores de 1971 es el español Juan De Dios de Heredia, de Barcelona. Está aún vivo, creo. Me adoptaron. Y les seguí. Me llevaron a pueblos por toda Europa del Este y me quedé veinte años siguiendo sus movimientos.
Al cabo de veinte años todo había cambiado. En primer lugar, mis amigas/os políticos próximos habían muerto. Luego las nuevas generaciones habían llegado a ser ejecutivos de la sociedad civil, de la nueva burguesía internacional gitana. Mi interés había cambiado. Por último, un movimiento catastrófico había comenzado a causar estragos entre los gitanos/as, igual que entre toda la juventud: esa famosa política identitaria, de inspiración americana, más próxima a la extrema derecha aunque no se diga. Dejé de interesarme de cerca por los asuntos gitanos. Es en España donde ocurren las cosas más interesantes desde el punto de vista gitano, porque la izquierda, la verdadera, la socialista, ha incluido en su agenda esta cuestión. Los y las socialistas son lo que son, amigos/as en todo caso. Tienen un punto de vista sobre el pueblo gitano nítidamente más inteligente que la burguesía de derechas o moderada. Entonces hacen cosas que he encontrado muy interesantes. Conservo aún amistades con hombres y mujeres militantes gitanos/as en España.
Además, tras la caída del muro de Berlín, esperábamos que una identidad común europea uniera todas las reivindicaciones políticas y cívicas de los gitanos y gitanas de toda Europa. Como se sabe, la política europea de Bruselas no ha parado de endurecerse, orientándose hacia el liberalismo y el ultraliberalismo. Y con la ayuda activa de  EUA, nunca llegó a existir una Europa política. Los Estados y las naciones se han fortalecido más aún, expulsando muy lejos, hacia un porvenir perdido, la hipótesis de una federación política europea. Los gitanos/as eran el emblema de una Europa así. Pero se perdió. Cada país se ocupa del estatuto y los derechos de los gitanos/as de su propio país, como ciudadanos/as de pleno derecho –es verdad–, pero ya no hay ciudadanía europea en la actualidad. Ni para el pueblo gitano ni para nosotros/as. ¡Otro fracaso más!
Ahora bien, mis trabajos demuestran que los gitanos/as del mundo entero están unidos por una misma cultura, desde Méjico hasta Jerusalén. Pero la reacción política ha vencido, incluido en estos gitanólogos/as brutas del mundo entero, que no tienen ningún sentido político y que «se inclinan todos, uniformemente, hacia pensamientos de derechas». Esta gente ha contribuido activamente a enterrar el movimiento político de los gitanos/as y encima están muy orgullosos/as.
L.V.- ¿Por qué crees que el feminismo ha abandonado a las mujeres gitanas?
C. A. – El feminismo francés ha abandonado a las mujeres gitanas – ¡se dice pronto!-. En Francia, al revés que en España, no hay un movimiento autónomo de mujeres gitanas. No hay ninguna figura de envergadura entre las mujeres gitanas que se haya levantado públicamente para decir que es feminista y que participa en la lucha de las feministas de cualquier origen. Ninguna. Ha habido mujeres gitanas directivas de asociaciones de la sociedad civil, en general gracias al Consejo de Europa que dijo que era importante promover la paridad. Lo cual quiere decir que las mujeres gitanas en Francia son, casi todas, candidatas a las actividades del Consejo de Europa. Lo he visto anteriormente en marcha y es mejor que nada. No hay que tirar al bebé por el desagüe junto con el agua de la bañera. Pero desde un punto de vista militante, ninguna mujer gitana francesa se ha rebelado. Hay figuras bastante conocidas, como la hija de Mateo Maximoff, uno de los ancestros de la URI; pero es una excelente embajadora del pueblo gitano en general; no es especialmente feminista. Es decir, mientras no haya ninguna mujer líder, que tome la palabra en público para proclamar su activismo feminista gitano, no habrá un movimiento feminista gitano.
¡Francia es un país arcaico en muchos terrenos! La vanguardia está en España. Es en España donde encontré más mujeres gitanas comprometidas en política y en los derechos de las mujeres. Tengo aún amigas entre ellas, como evidentemente Ana Giménez, la primera mujer gitana doctora de la Universidad y profesora en Castellón. Esta ausencia de movimiento feminista gitano en Francia se debe al dominio enloquecido de los directivos humanitarios no gitanos sobre la expresión de los gitanos/as de este país. No tienen derecho a expresarse personalmente ni de manera autónoma, salvo las asociaciones gitanólogas que hablan en su lugar. Es un colonialismo extraordinario. Y los gitanos/as son, por cierto, la única fortaleza donde la palabra y el papel de los interesados están prohibidos. Hoy por hoy rechazo participar en conferencias o mesas redondas donde no haya un colega gitano, o gitana, que tome la palabra en igualdad conmigo. Mi libro Gitanas tiene como objetivo dar a conocer que las mujeres gitanas de todas las condiciones son capaces de hablar, de decir sus problemas y analizar la situación, como cualquier ciudadano o ciudadana. Tiene como objetivo darles enteramente la palabra. Por eso los franceses no han apreciado este libro. Pero las feministas, por el contrario, en Francia, estuvieran encantadas de que hubiera hecho este libro. Daba existencia a nuestras conciudadanas en el plano feminista. Puedes ver en el libro que les planteo cuestiones típicas del movimiento feminista general.
En definitiva, en España el feminismo no abandonó a las mujeres gitanas, pero en Francia, sí. Porque la estructura del Estado francés es tan totalitario, tan jacobino, tan centralista, que está prohibido tener actividades disidentes, diferentes, particulares. Hay que ser anarquista para levantarse contra un Estado como este. Y los gitanos/as no son anarquistas. ¡Ya están suficientemente discriminados como para encima cargar con una actividad política peligrosa!
Por eso, los únicos gitanos (hombres y mujeres) que toman conciencia de esta expoliación de su palabra en el plano político llegan a ser identitarios. «Identitario» quiere decir racista, a la manera americana: «guerra contra los blancos, quedémonos únicamente entre gitanos, entre negros, entre indios americanos, etc., porque somos personas discriminadas y colonizadas». Va en contra de la emancipación anticolonialista de la filosofía de las Luces, pero es fiel a la ideología que domina en la actualidad.
Las feministas gitanas están en España y en Rumanía. Allí sí hay feministas reales, activas y proclamadas públicamente. Lo puedes leer en mi libro.
L.V.- ¿Explícanos cuáles son los perjuicios y los maltratos de toda índole infligidos al pueblo gitano (los más destacados)?
C. A. – Constato que a pesar del activismo de los y las militantes gitanos/as internacionales, en la caída del muro de Berlín, en coordinación con las instituciones sociales, no hemos conseguido erradicar la situación odiosa de la mayor parte del pueblo gitano de Europa. Esta acción inteligente de la Unión Gitana Internacional en los años 1990-2000 logró alertar a los y las responsables políticas respecto a la existencia de esta población desfavorecida en el seno de Europa, por todas partes del mismo modo. Esta acción consiguió crear una élite de directivos superiores gitanos que supervisan hoy por hoy todas las políticas internacionales orientadas hacia los gitanos/as (gitan, sinti, kalé, roms, etc.).
Pero no se puede decir más que una cosa: la democracia liberal ha ganado y, como siempre, en lugar de luchar eficazmente contra la exclusión de estas poblaciones, se ha contentado con crear minorías instruidas, alfabetizadas y aptas para ocupar puestos de prestigio y responsabilidad, sobre todo en Europa del este, también en España. En Francia, no; en Italia, tampoco; en Alemania, un poco; en Inglaterra, apenas. ¡En los Estados Unidos, por supuesto por lo menos dos!
Por tanto, el problema más grave de esta población es en general la pobreza. Aunque no todos los gitanos/as sean forzosamente pobres, la mayoría lo es. Luego está el analfabetismo, que no está erradicado y que es la fuente, como todo el mundo sabe, de todas las demás miserias: superpoblación, demasiados niños/as por mujer, niños/as mal alimentadas, mal escolarizadas, etc. Los miembros de las organizaciones humanitarias que se ocupan de estas poblaciones, religiosas en general, hacen creer a los gitanos/as que su tradición quiere que no vayan a la escuela, que hagan muchos niños/as, que rechacen la anticoncepción, etc. Todo eso es falso. Son solamente ideólogos reaccionarios y conservadores que se ocupan de los gitanos/as sin el más mínimo interés por su emancipación. Es necesario, entonces, que espíritus revolucionarios por lo menos modernos e interesados en la emancipación del género humano en su totalidad, se acerquen a los gitanos/as y compartan con ellos lo que sea posible compartir, para facilitar su evolución hacia una vida mejor, sin colonizarlos ni inventarles soluciones contrarias a sus deseos. Existen gitanos/as modernas en todos los países. Es con ellos y ellas con quien hay que continuar la lucha y no dejar el terreno libre a la reacción contrarrevolucionaria que está apoderándose del mundo.





[1] CLAIRE AUZIAS (2011): Gitanas. Hablan las mujeres «Roms» de Europa. Logroño, Pepitas de Calabaza.